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Dia 2: Voz

Summary:

En un mundo en dónde cada persona tiene un alma gemela y dónde los alfas pueden identificarla al escuchar su voz, para los dioses, con su naturaleza inmortal, era casi imposible conocerla algún día. Es por ello que Beelzebub se había resignado a nunca encontrarle.

Y entonces, de la manera más desastrosa que podía ocurrir, Beelzebub conoció a Nikola Tesla.

Notes:

Día 2 del Omegacember de Es de Fanfics

Es posible que esto se convierta en un trabajo completo en un futuro ^^ es mi día favorito hasta ahora.

Work Text:

Beelzebub estaba acostumbrado a la sensación de tener a Satanás molesto en lo profundo de su mente ya que ambos eran alfas en la etapa más controversial de su existencia.

Pero, debía aceptar que, incluso si su orgullo le gritaba lo contrario, su otra personalidad tenía sentido en su actuar, él también podía escuchar el zumbido constante en la parte trasera de su oído.

Había escuchado muchas teorías sobre la procedencia de aquel sonido tan peculiar, siendo que era un objeto de estudio tanto en el mundo humano como en el divino, los alfas eran los más afectados en ese ámbito, percibiendo de vez en cuando un zumbido molesto en los oídos cuando se encontraban aún en busca de su alma gemela, el problema es que, al ser un dios, era complicado averiguar quién de todos los seres existentes en esa eternidad sería el destinado a estar a tu lado por siempre.

Muchos simplemente ignoraban el sonido en pos de evitar comerse las entrañas con la expectativa de esperar a una persona que de seguro jamás llegaría, Beelzebub en sí mismo estaba acostumbrado al pitido horroroso que casi le reventaba los tímpanos en las malas noches de invierno.

Al parecer la única cura era encontrar a su destinado, la llamada alma gemela que con solo el sonido de su voz sería capaz de apaciguar cualquier ruido irritante que osara acercarse a sus tímpanos. Esa era la solución más confiable, pero a su vez la más complicada.

Todos tenían un alma gemela, el problema es que no todos los alfas la encontraban. Beelzebub era una prueba de ello.

Por ese motivo, y no porque de verdad quisiera ocultarse en lo profundo de su retorcida mente, es que se concentraba demasiado en las palabras de los demás, encontrar la voz correcta era una tarea complicada, más de una vez se había visto envuelto en charlas triviales con tal de olvidarse del zumbido que le trastocaba la cabeza y abandonar los intentos de callar a esa parte de su anatomía.

Aunque también estaba el hecho de que Beelzebub no era una sola persona, Satanás también contaba como un ente separado y es por ello que ambas partes no tenían descanso en ningún momento.

El dios estaba tan acostumbrado a evitar pensar en el constante chirrido que terminaba por ignorar cada suspiro involuntario que salía de sus labios. El sonido era constante y la idea de permanecer así por el resto de su eternidad era agotador, inhumana, pero no imposible.

Beelzebub se encontraba esforzándose continuamente en espera de un momento de paz antes de caer en la locura, Satanás no estaba mejor, pero eso no podría importarle en lo más mínimo. Beelzebub no era el culpable de no tener un alma gemela y además tampoco era el causante de las horribles reglas de ese mundo. El ruido no desaparecería por más que se esforzara por ignorarla, ya lo había comprobado con anterioridad.

Y entonces, de la manera más espantosa que podía existir, Beelzebub conoció a Nikola Tesla.

Al principio el dios se sintió en extremo receloso por estar tan rodeado de gente, el Ragnarok no era una tarea fácil de afrontar, luchar para vengar a Hades, el cual había sido derrotado en la ronda anterior, era lo menos que podía hacer por aquel que consideraba su amigo y confidente. El desprecio de los demás dioses era algo que no le quitaba el sueño, luchar por ellos no era su prioridad, pero luchar por Hades... Era algo a lo que debía estar dispuesto.

La presentación fue extravagante, la octava ronda del Ragnarok había comenzado y su contrincante se acercaba a él con pasos lentos.

Beelzebub pensó que todo se decidiría rápidamente siendo que el humano de seguro buscaba terminar con él antes de sufrir el menor daño, pero, como si fuera un juego de mal gusto, en su lugar se encontró siendo rodeado e inspeccionado por lo que suponía era un omega demasiado interesado en él y lo que podía obtener de su inspección.

Lo habían llamado "El único mago en la historia de la humanidad", aunque este hombre parecía más un científico loco engatusado con un nuevo descubrimiento que una persona capaz de usar magia en primer lugar. Nikola Tesla era el nombre de su adversario.

Beelzebub se había preparado para todo, de verdad que lo había hecho, pero nada podría ayudarle a apaciguar la sensación que le adormeció el cuerpo cuando escuchó su voz. Esa voz.

—Bien, Oh—las primeras palabras habían salido de sus labios al instante en que Beelzebub quedó mudo por lo que acaba de suceder—. Así que... Tú eres el señor de las moscas—, esto no podía estar pasando, debía ser la broma más cruel de todas—Mmh... Eres muy diferente al de la literatura—Y entonces Beelzebub lo comprendió.

El zumbido se había ido, ya no quedaba más que solo claridad. Una estúpida claridad que solo le humedecía los ojos al verse libre del sufrimiento perpetuo. Ya no existía y eso le atemorizaba.

Porque... ¿Qué tan cruel podía ser la vida como para mostrarle a su destinado en ese escenario?

El mismo omega no se veía cómo si tuviera noción de lo que estaba provocando en el dios, su voz había sonado tan clara que incluso Satanás estaba callado, Beelzebub levantó la vista para encontrarse con los ojos verdosos del que ahora sabía era su alma gemela. Nikola Tesla era su perdición en ese momento.

Generalmente los dioses nunca encontraban a su destinado, la vida eterna era terrible en esos aspectos, sin embargo, encontrarlo en ese momento era... Lo más horrible que podía suceder.

El humano se inclinó para mirarle a los ojos y le sonrió de la manera más encantadora que podía imaginar. Beelzebub sintió que su mundo se oscureció al presenciar esa sonrisa.

—Espero que esta sea una gran pelea— Ahí estaba otra vez esa voz, Beelzebub se perdió en cada sílaba dicha por su destinado, las saboreó hasta que ya no quedaron más de ellas en su memoria, ¿De verdad debía eliminar a tal persona? —. Oh... ¿Te encuentras bien?

Si debía ser sincero, no, este era el peor día de su vida.

La voz del llamado Nikola Tesla había deshecho muchas barreras que, en su momento, Beelzebub se había esforzado por alzar, no podía ser cierto que su omega estuviera mirándole de tal manera; como si fuera alguien por quien debía preocuparse, el propio Beelzebub se había resignado a nunca encontrarle, incluso había previsto una manera de ignorar el sonido a pesar de tener que vivir siempre con él.

Según las leyendas, cuando un alfa encuentra a su alma destinada el sonido desaparecía, pero, si el alma gemela dejaba de existir el ruido volvería peor que antes. ¿Estaba dispuesto a pasar su vida conviviendo con el constante murmullo de haber hechado todo a perder de nuevo?

Observó de cerca el rostro del omega, él no entendía la gravedad del asunto, puede que él mismo ni siquiera entendiera que estaba destinado a ser su pareja. ¿Siquiera era justo que Beelzebub fuera el único que sufriera?

—No lo estoy —fue lo que terminó por salir de su boca, la arena entera pareció detenerse ante la mención de su mal estado mental. Los dioses lo miraban estupefactos desde las gradas y los humanos no entendían a qué se refería con lo que estaba diciendo.

Nikola ladeó la cabeza prestándole toda su atención a la oración, quizás su brillante cerebro estaba maquinando una respuesta a esa frase.

—¿Cuando te refieres a no estar bien es por mi culpa?

Curiosamente nunca se había encontrado mejor y a la vez peor. ¿No era un escenario en extremo ridículo?

Sin dudas, era extraño ver a los contrincantes hablar de manera tan informal, pero Beelzebub no podía evitarlo, no cuando su cuerpo se negaba a callar la voz del omega. Sus propias feromonas estaban esparciéndose por la arena buscando atraerlo como un cazador a su presa. Como un dios moribundo por falta de afecto.

—¡Esto es un inesperado giro de los acontecimientos! —gritó Heimdall como el narrador orgulloso que era, aceptando el reto de demostrar lo extraño de la situación—. Los luchadores están hablando entre ellos, ¿Puede haber un motivo para las palabras del Señor de las Moscas?

Beelzebub detuvo su mirada en las facciones varoniles de Tesla, su alfa estaba regocijándose de por fin tener a su otra mitad consigo, algo que era propio de su naturaleza, pero no apropiado para la situación. Los alfas tenían sentidos limitados por barreras invisibles que solo serían rotas cuando su otra mitad se reuniera con ellos. Si continuaba al lado de Nikola su oído se volvería más agudo, luego lo haría la vista y después los demás sentidos, era una especie de evolución a la que habían llegado con el motivo de mejorar la especie. Por eso mismo los alfas eran incapaces de producirles daño a sus destinados.

—Me rindo—soltó antes de arrepentirse, por más que lo intentara, él no podría ir en contra del humano. Su cuerpo preferiría morirse antes de hacer tal cosa.

Un grito incrédulo se escuchó en toda la arena, todos estaban impactados por las palabras que había dicho en un momento de debilidad, ellos no comprendían nada de lo que pasaba por la cabeza de Beelzebub. Incluso el propio Beelzebub no podía comprenderse a sí mismo.

—¿No tienen la sensación de que esto ya ocurrió antes?— mencionó el dios narrador. A decir verdad, lo mismo había sucedido en la primera ronda cuando Thor decidió rendirse antes de continuar con la pelea—¿No es una extraña coincidencia que esto haya pasado dos veces? ¡El dios del trueno se negó a continuar por culpa de sus propios instintos protectores! ¡Un alfa encontrando por fin a su media naranja! ¿Estará sucediendo lo mismo con el dios maldito?

Beelzebub no quiso escuchar más y solo se concentró en la mirada atónita de la denominada luz de la humanidad. Su rostro era un poema de incertidumbre y curiosidad mal mezclada, de tal forma que incluso podía ver a los engranajes en su cerebro haciendo cortocircuito.

El pelinegro entrecerró los ojos previendo que su vida se había complicado demasiado, desvió la mirada a la parte de las gradas en las que estaba Brunhilde observándoles desde lo alto. Ya era demasiada la coincidencia de que, de las ocho rondas que se habían desarrollado hasta ese momento, dos de los contrincantes hubieran terminado siendo las almas gemelas de los dioses a los que se enfrentaban. Un alfa no podría hacerle daño a su otra mitad, eso hacía que, al rendirse, el punto pasara inmediatamente al bando de la humanidad.

Ella de seguro tenía mucho que ver en esto, pero... ¿Si un dios no podía encontrar con tanta facilidad a su destinado por su naturaleza inmortal, una simple valquiria podría lograr tal hazaña?

—¿Hay algo que pueda hacer por ti?—habló Nikola luego de entender toda la situación.

—Solo... nunca dejes de hablarme.

¿Estaba perdido? Sí, lo estaba.

 

 

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