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Día 3: Aroma

Summary:

Beelzebub sabía que debía cuidar a los hermanitos menores de Hades mientras éste trabajaba, recogerlos de la primaria era el primer paso. La cuestión era que el profesor tenía el olor más atrayente de todos.

Notes:

Día 3 del Omegacember de Es de Fanfics

Solo añadiré que Nikola como profesor me encanta haha Beelzebub puede soportar todo, menos las ganas de olfatear más el olor del maestro.

Work Text:

Beelzebub suspiró cuándo no hubo encontrado una excusa lo suficientemente convincente como para negarse a la petición de Hades.

La propuesta era sencilla, ayudarle a encargarse de sus hermanos menores para permitirle trabajar durante el día. Según las palabras de su amigo, solo tenía que recogerlos en el colegio, llevarlos a casa y entretenerlos hasta que su turno en la cafetería hubiera terminado. Nada complicado.

Hades trabajaba muy duro para mantener a su familia, así que, por supuesto, no podía negarse a eso, es solo que Beelzebub era una especie de amante de la soledad que prefería mantenerse en su laboratorio antes de compartir tiempo de calidad con cualquier otra persona, pero su amigo era una de las pocas personas que soportaba.

La tarea era fácil, solo recoger a los niños, quizás llevarlos a pasear por el parque y entretenerlos hasta que el hermano mayor llegara de su trabajo, Hades ya los había llevado a la primaria, por lo Beelzebub solo debía llegar a la hora estipulada y volver a casa antes de que alguien le sacara un tema de conversación.

Beelzebub suspiró de nuevo como si se hubiera estado conteniendo desde que supo la noticia, no es que se llevara mal con los hermanos menores de Hades, pero no podía ignorar que estar con ellos era, sin dudas, un dolor de cabeza. Eso le hizo pensar en el pobre del profesor que tuviera que soportarlos toda la mañana.

Con pasos lentos Beelzebub se encaminó hacia la escuela primaria tarareando de vez en cuando alguna de las canciones que sonaban en la radio en esos días, tal vez debía comprarles un videojuego a esos mocosos antes de que ellos le hicieran perder la cabeza, llenarles la boca de dulces hasta que cayeran rendidos por el azúcar o pasar de ellos hasta que se aburrieran de que no les prestara atención. ¿Hades se enojaría si se enteraba de los planes que tenía su amigo para con sus preciados hermanitos? Ni siquiera debía preguntárselo.

Según su reloj, ya era la hora de la salida, de seguro el profesor encargado estaría despidiendo a los niños y quedándose con los que aún no habían sido recogidos. A decir verdad, no tenía muchas ganas de ponerse a hablar con el docente, sin embargo otra de las cosas que le había pedido Hades era que le dijera si alguno de sus queridos hermanos se estaba comportando mal.

Beelzebub nunca había sido del tipo hablador, prefería mil veces quedarse callado en las reuniones antes que inmiscuirse en las conversaciones ajenas, ese era uno de sus principales defectos según Lilith. Uno que no estaba dispuesto a solucionar.

La escuela estaba adornada con la temática navideña que el tipo de fiestas que estaban viviendo requería, algunos renos de papel y árboles de navidad de cartón estaban por los pasillos, aunque a pesar de todo, no podía decir que el lugar se veía mal.

Al llegar al salón con el cartel con la letra “A” en la puerta supo que ya no había escapatoria. Ese mismo día debía romper su voto de silencio y hacer contacto visual con un desconocido.

Esperaba que el maestro no fuera un parlanchín sin remedio de esos que hablaban hasta el punto de marearle con solo respirar. El mismo no podría soportar tantas habladurías sin un motivo de por medio, Hades podía decepcionarse, pero Beelzebub hacia su mejor esfuerzo.

No tuvo que esperar mucho para que el profesor abriera la puerta, lo cual fue lo peor que le pudo haber pasado.

Quizás era por el ambiente navideño qué acompañaba la escuela, tal vez todo se debió al hambre que había estado aguantando con el fin de llegar más rápido a la escuela, o quién sabe, podría ser que el destino era tan asquerosamente mierda como para hacerle ese tipo de bromas a Beelzebub, pero, en el instante en el que vio a la persona frente suyo, sus emociones no pudieron controlarse.

El olor, si se debía describir de una manera mundana, era tal cual como unas galletas de chocolate recién horneadas y listas para ser decoradas con chispas de colores, Beelzebub incluso podía sentir la calidez del horno acariciándole la nariz mientras el frío de la noche le acurrucaba en su cómoda habitación. Un omega, un jodido omega con el olor más apetecible de todos le estaba recibiendo.

El chico, que según la identificación que tenía en la camisa se llamaba Nikola, le miraba con una sonrisa expectante, no se veía tan viejo, quizás podía suponer que era un par de años mayor que él. Era aproximadamente una cabeza más alto que Beelzebub y llevaba una diadema con cuernos de reno en la cabeza. Cosas del espíritu navideño quería pensar.

Beelzebub ya no era un alfa hormonal, había pasado por esa etapa hacia muchos años, por lo que no debía preocuparse por un descontrol en sus feromonas, pero el olor lo estaba matando, había despertado un hambre insaciable en su estómago y provocado que su boca empezara a salivar sin poder detenerse. Esta no era la escena más cautivadora de todas, frente a él solo tenía a un omega que no tenía porque saber lo que ocasionaba en su sistema, mientras Beelzebub se moría por inhalar todo el aroma que estaba en el aire. Por supuesto no lo haría para no quedar como un depravado.

—Buenas tardes… ¿A qué niño viene a buscar? —la voz varonil lo sacó de su ensoñación, él no tenía ni idea de lo que estaba sucediendo y Beelzebub no sabía si eso era esperanzador o un caos total. Beelzebub quiso responder, intentó tragarse toda su estupidez inicial para no quedar como un tonto, pero una pequeña cabeza rubia lo interrumpió antes de poder decir la primera palabra.

—Llegas diez minutos tarde—la voz infantil de Poseidón había llegado para reclamarle por su poco compromiso en el trabajo encomendado, Beelzebub quiso fruncir el ceño ante la mirada de decepción que el niño le dirigió.

—¿Es amigo tuyo, Poseidón?—preguntó Nikola en una muestra de que, a pesar de parecer buena persona, jamás le entregaría uno de sus alumnos a un desconocido. Poseidón, por su parte, solo chasqueó la lengua como si estuviera molesto por la comparativa, de seguro estaba pensando en las mil y un maneras de negar esas afirmaciones para proteger su orgullo. De acuerdo, era el hermano de Hades que menos le caía bien, ¿Quién le había enseñado tales actitudes en primer lugar?

—Es un conocido de mi hermano—dijo Poseidón al entender que no podría irse tan a la ligera si negaba a Beelzebub como un conocido confiable—. Él nos recogerá de ahora en adelante, Hades está muy ocupado ahora.

Lo sorprendente era que el niño no se veía molesto con la presencia del omega, según lo que Beelzebub conocía del hermanito de Hades, Poseidón no era el tipo de Alfa al que le gustaba estar rodeado de gente que consideraba inferior, tal vez el olor a galletas recién horneadas era el tipo de aroma que hacía caer a los niños en sus encantos demasiado rápido, incluso si eran unos maleducados sin remedio.

Poseidón, como el orgulloso que era, dio una vuelta sobre sus pies para recoger su mochila y avisarle a sus hermanos que ya habían venido por ellos, ignorando por completo la presencia de Beelzebub.

—Oh, claro—dijo el omega de repente, entregándole un papel con algunas notas en una letra algo meticulosa, Nikola señaló con su dedo índice algunos de los puntos anotados en el papel—Poseidón tiene problemas para comunicarse correctamente con otros, tienen que hablar más con él para que logre abrirse a los demás niños— comenzó a enumerar cada una de las actitudes de los infantes, inclinándose hacia Beelzebub que no hacía más que sentirse mareado por el olor dulce—. Adamas tiene algunos problemas de conducta, hoy estuvo a punto de morder a uno de sus compañeros, al parecer regañarlo no es suficiente, deberían pensar en qué tipo de castigos son más eficientes para que haga caso—. Sabía que debía prestarle atención, el propio Hades había puesto la tarea en sus manos, pero nada entraba en su mente en ese momento—. Zeus tiene un grave problema cuando se trata de interactuar con sus compañeras. No digo que esté mal ser cariñoso, pero algunas de las niñas se ponen muy incómodas con él, hay que hablar de eso con él. Aparte de eso, son niños maravillosos, es un alivio que los tenga ustedes, pero me gustaría hablar más a fondo con el señor Hades ya que es el tutor legal.

El profesor volvió a mirarle con esa expresión alegre que tanto le estaba descolocando, los niños habían vuelto cada uno con sus mochilas a sus espaldas, lo que significaba que ya era momento de despedirse, Nikola se tomó el tiempo de acariciar cada una de las cabezas antes de sonreírle de nuevo a Beelzebub.

—Estoy seguro de que se comportarán bien en casa.

Beelzebub quiso carraspear la garganta por lo irreal que eso sonaba, sin embargo, el olor de Nikola se había vuelto más dulce al referirse a sus alumnos.

Adamas le tomó de la mano guiándole lejos del salón.

—Te le quedaste viendo como imbécil—dijo Poseidón sin apartar su mirada del camino, Beelzebub creyó que debía regañarlo por el uso de esa mala palabra, juraría que ellos no veían el tipo de programas basura que les haría tener esa clase de vocabulario, debía decirle a Hades sobre el mal uso que esos niños estaban haciendo con el internet.

Estuvo a punto de replicar antes de notar que no había dicho ni una sola palabra enfrente del profesor.

—Sí, eres un imbécil.

Y, por una vez, estuvo de acuerdo con Poseidón.

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