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Todo ser humano es poseedor de emociones e impulsos regulados por el cerebro, aunque las respuestas de este no siempre estarán subordinadas a la razón...
El corazón acelerado, los latidos resonando en sus oídos, la respiración irregular y el terrible deseo que llenaba cada fibra de su ser hacía que Lisa recordara aquel informe que tan descuidadamente había redactado, no era raro, simplemente la carga teórica y la ciencia habían dejado de ser preocupaciones en su vida pues tras diferentes eventos y circunstancias decidió dedicar su atención a la persona que llenaba su vida de la tórrida emoción que satisfacía todos sus deseos, tanto los carnales como aquellos que escapaban de lo sensible.
El origen del centro emocional precede al cerebro racional que el ser humano ha buscado desarrollar durante toda su historia, por lo cual no es raro encontrar reacciones carentes de lógica y decisiones faltas de razón, no por ello privando a la persona de su capacidad pensante como ser humano.
Claro, en ese mismo momento tenía que recordar el informe que no le había dado más que un poco más de extensión a su trabajo, un poco más para presumir con los eruditos o no quedarse atrás pero ¿Quién podía culparla? necesitaba aferrarse a su razón en ese momento, se suponía que a pesar de los ciclos de celo, las feromonas, alfas y omegas, todo humano era pensante y Lisa no podía cometer el error, no cuando alguna vez despreció a quienes se entregaban a sus instintos sin responsabilidad y quienes justificaban toda clase de actitudes bajo el velo del instinto.
Debía aferrarse a su razón pero era diferente cuando sentía el calor aumentar gradualmente, cuando el perfectamente estudiado y cuidado ciclo de celo decidía tener un cambio no previsto en medio de la plaza, un lugar público, donde podía ser percibida por todo tipo de personas.
No dudaba de los habitantes de Mondstand, todos eran honestos, prudentes y de una moral aceptable... al menos la mayoría de los que conocía pero tampoco era raro escuchar de los "accidentes" con omegas en celo involucrados, aun cuando ella no lo llamaría de tal manera cuando el ciclo de celo convertía a los omegas en cúmulos de feromonas y cuerpos dispuestos a la procreación, situación en la que no quería verse involucrada, no cuando empezaba a mejorar la relación con su amada pareja pero la mordida en su cuello no estaba presente hasta el momento.
Bajo ciertos estímulos, especialmente los que involucran la supervivencia, el sistema límbico declara un estado de emergencia, tomando los recursos del cerebro para ejecutar su tarea, como una especie de "secuestro neuronal", actuando incluso antes que el neocordex (cerebro pensante).
No debía ceder, sabía que había ciertos momentos donde su instinto, su parte más básica encargada de la supervivencia tomaba el control pero debía mantenerse en razón, después de todo no quería acabar en la cama de cualquier persona y verse marcada como un animal, sólo debía seguir pensando, mantener su razón, sin embargo su cuerpo en ese punto se había movido, impulsado por el calor y la liberación de las feromonas que involucraba un anuncio de la fertilidad, había comenzado a caminar, lejos de las feromonas que sentía abrumadoras, desagradables o desconocidas.
Mantener la razón era necesario pero sobre todo, mantener el dominio en ese momento era lo primordial aunque empezaba a llamar la atención y con ello los caballeros que patrullaban las calles notaron la emergencia, acercándose a Lisa para tratar de mantenerla segura aunque claro, un omega en calor, lejos de su pareja podía tener una mala reacción, justo como la de Lisa, con la ira y el rechazo, con ese intento por alejarse de lo desconocido aunque el calor y el alivio podría ser tentador.
No quería ser otro "accidente" más en los registros, por ello el rechazo a otras personas era la reacción, incluso con los conocidos, aquellos a quienes llegaba a saludar sólo lograron que la erudita mostrase hostilidad con sus feromonas y con su poder, con aquel elemento que pondría en peligro a aquellos que intentasen tocarla y por ello debían proceder con cautela.
La situación siguió su curso, había muchas reacciones por parte de los alfas y los omegas en celo, de las más peligrosas era la ira, más cuando eso impedía brindar seguridad o ayuda a menos que fuera una persona en específico, su pareja o la familia.
—Acércate otro poco más y sangrar será lo menos dañino que obtendrás — amenazó a un caballero que pretendía acercarse, Lisa podía jurar que olía como un alfa pero con tantos aromas mezclados bien podría abrumar sus sentidos y hacerla entrar en caos.
Una de las reacciones que acompaña a tales secuestros neuronales es que los individuos, tras el momento crítico, no saben lo que acaba de ocurrir. Esta clase de situaciones no son aisladas y pueden ocurrir de manera cotidiana en todo tipo de situaciones, desde la ira hasta la alegría.
—¿Lisa?— una voz preocupada se abrió paso entre toda la gente y aunque Lisa escuchó su nombre, no era seguro bajar la guardia y responder, no cuando el calor la distraía hasta querer cegarla, cuando el cúmulo de aromas aturdía su cerebro y cuando por sus pensamientos se recordaba la mala idea que había tenido al querer salir a dar un paseo.
—No lo repetiré, no se acerquen a mí— para ese punto había varias personas rodeándola, no por atacar, era la curiosidad por la situación, la eterna inquietud por saber lo que ocurría y alteraba la cotidianidad.
Sin embargo, desde la perspectiva de Lisa alguien parecía no entender las palabras, claro, ella misma no estaba en la mejor posición de declararse pensante cuando estaba actuando sin medir las consecuencias del todo, era un mero estado de defensa, uno provocado por el estrés de un celo inesperado en un lugar desfavorable.
En cuanto sintió una mano rodeando su cuerpo no dudó en atacar, lanzando una descarga de energía eléctrica que cayó sobre ella y quien la sostenía, dándole un dolor agudo, una decisión falta de razón por que sólo la dejaría más vulnerable pero que le hacía creer que así estaría defendida.
Debía correr aunque sus piernas parecían perder fuerza, con la conciencia embotada, las feromonas emanando y comenzando aquel proceso de excitación sexual que era más fisiológico que placentero para ella en ese momento.
Lo que no esperó es estar abrazada por Jean, quien comenzó a emanar sus feromonas para demostrarle que su pareja estaba allí, cuidandola, lista para defenderla, protegerla y apapacharla, dispuesta a recibir el daño con tal de poder calmar a su pareja y mantenerla segura.
Lisa al percibir el aroma trató de despejar un poco su aturdimiento para comprobar que se tratara de Jean aunque no abandonaba su tensión y su espíritu de lucha, no cuando seguía en ese estado guiado por el instinto.
—Aquí estoy cariño, soy yo, soy Jean— repitió la alfa para tratar de apaciguar a su omega y llevarla a un lugar seguro, con menos gente, donde pudiera dejar esa defensiva que comenzó.
Y Lisa, como si sintiera que algo era mentira la llamó un poco temerosa, volviendo a percibir su aroma para comprobar lo que escuchaba y asegurarse de que tuviera el control de verdad, de poder confiar en quien la abrazaba en ese momento.
Pese a esta clase de reacciones del cerebro humano, no se pueden justificar los crímenes, todas las acciones o crear una impunidad pues como humanos dotados de inteligencia no sólo aquella relacionada a lo intelectual, también existe la inteligencia emocional y el autocontrol, aquella capacidad que permite regular las acciones e impulsos de forma voluntaria.
Lo sabía, Lisa lo sabía, entendía que no podía ceder a sus impulsos e instintos, pese a la creencia popular del celo y la lujuria, no todos eran ligados al sexo y la reproducción, Lisa entendía que aún cuando era elogiada por su inteligencia, sus instintos y su autocontrol, este último necesitaba ser trabajado para no causar daño a los demás.
