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La media noche es perfecta para vivir un momento lleno de excesos, adrenalina y velocidad a las afueras de la ciudad de Atenas. Los amantes de las carreras clandestinas suelen reunirse a esta hora específica para hacer rugir sus motores y complacer sus oídos con las apuestas y ovaciones de sus seguidores.
Ante los ojos de la policía esto no es más que algo ilegal, pero a los ojos de los corredores y apostadores esto es un arte en todo su esplendor.
Automóviles lujosos y de bajo presupuesto hacen fila para llevarse la merecida gloria del triunfo.
Fogatas encendidas, latas de cerveza, botellas de alcohol y sustancias ilegales son la armonía perfecta para que los asistentes lleguen al éxtasis de la diversión.
En ocasiones algunos Alfas llevan a sus Omegas a disfrutar dicho espectáculo, pero después todo termina en peleas debido a que algunos Omegas son muy coquetos o los propios Alfas se pasan de irrespetuosos.
Los Omegas también suelen ser utilizados como un arma de doble filo, pues su aroma puede atraer a los Alfas competidores y hacerlos perder la cabeza obteniendo un pésimo desempeño en la carrera; por ello estos últimos antes de iniciar la carera se drogan o medican para controlar sus instintos.
Un Omega de apariencia andrógina vestido con un corto short blanco y un top negro se acerca a los competidores. —¿Están listos muchachos?— sus sensuales y largas piernas acaparan toda la atención.
—Lo estamos.— responden la mayoría.
—Bien, ¡Qué inicien las apuestas!— grita a los asistentes.
Recargado en la puerta de su auto con los brazos cruzados, Aioros observa el bullicio de la multitud. Hoy será una gran noche si logra ser el piloto que llegue en primer lugar.
Su hermano Aioria le extiende una cerveza embotellada con todo y la corcholata, con un gesto negativo rechaza dicha bebida. Debe estar completamente sobrio para manejar con mejor precisión.
Las tiras de su cinta roja que usa sobre la frente se ondean con el viento.
Es solo un simple Alfa mecánico que supo de estas carreras por su hermano menor.
—¡Apuesto 3,000 € a Saga!— con billetes en mano un conocido apostador italiano hizo su teatro.
El corredor de un glorioso BMW de color azul sonrió al escuchar aquellas palabras del mejor apostador.
Aioros hizo una cara llena de fastidio, aquel Alfa provenía de una familia adinerada por lo cual se sentía el rey del recinto y con una victoria asegurada.
—¡5,000 € por Aioros!— sonrió. Al fin alguien le apostaba a su viejo auto mejorado que heredó de su padre.
Y cómo no apostar por su preciosa máquina de velocidad, si se trata de un clásico de los 80's.
Esta es su quinta carrera de Aioros, así que ha obtenido algunos fanáticos como este tipo Milo que es amigo de su hermano.
—¡Yo apuesto por Aiacos!
Entre un montón de gritos escuchó jugosas cantidades de dinero. La mayoría de los asistentes eran Alfas adinerados con una vida resuelta a los cuales no les importaba despilfarrar dinero en eventos como este.
Estar entre los cinco mejores pilotos hinchaba su orgullo creciente que deseaba llegar al primer lugar para bajarle el ego al perfecto Radamanthys de Wyvern quien había obtenido tres veces consecutivas el primer lugar con un Ferrari de color morado.
Afrodita, el Omega de Saga movió sus caderas anunciando que deberían preparar sus motores porque en menos de tres minutos comenzarían la carrera a través de concurridas curvas adentrándose en la ciudad de Atenas y terminando exactamente en donde ahora están parados, una carrera a modo de circuito con avenidas y calles definidas por las que debían pasar sin saltarse ninguna.
Pequeñas cámaras fueron puestas en la parte superior del parabrisas de los autos para monitorear que ninguno hiciera trampa. Las cámaras se conectan directamente a una laptop para ver el desempeño de cada competidor.
El olor a prohibido del triunfo de una carrera clandestina se impregnó en la mente de Aioros, sabía que podía ser el digno merecedor de llegar en primer lugar.
Aioros siempre fue un Alfa que seguía las normas y hacia todo de la manera legal, pero todo cambio después de sentir la adrenalina corriendo por sus venas la primera vez que se adentró a la pista de carreras ilegales.
El sentimiento de liberación y la efusión del momento no se comparaban ni siquiera con lo que sintió en su última follada con un Beta dispuesto a cualquier cosa en el sexo.
—Te estaré esperando como ganador, hermano.— Aioria le dio unas cuantas palmadas en el hombro derecho.
—Ganaré está carrera y el dinero lo utilizaremos para invertir en la refaccionaria.
Con la meta visualizada, Aioros entró al viejo auto que para él era una joya.
Afrodita tomó una bandera verde, se puso frente a los autos, le envío un beso a Saga y ondeo la bandera en signo de salida, al mismo tiempo tres balas salieron de la pistola de otro indicando la salida.
Los motores hicieron su trabajo y entre aceleraciones Aioros avanzó en su quinta posición, teniendo por delante a Saga, Aiacos, Aldebarán y Radamanthys.
Estar a las afuera de la ciudad para adentrarse nuevamente a ella con pocos autos de personas civiles circulando es peligroso, pero esta misma palabra que tenía una calavera como referencia era la misma que marcaba la adrenalina que tanto disfruta.
El aire entró por la ventana, moviendo sus rizos y dándole la frescura perfecta para concentrarse para no ser rebasado por Krishna.
Las primeras curvas no tardaron en aparecer y junto con ellas una neblina propia de la temporada de invierno en Grecia. Pisó el acelerador y con la vista fija en la carretera alcanzó a divisar el automóvil amarillo del brasileño, Aldebarán. Espero un tramo de carretera en línea para darle alcance y antes de que se presentará la próxima curva, le cerró camino posicionando su auto en cuarto lugar.
Sonrió de medio lado al dejar a Aldebarán unos metros atrás.
Ya en la ciudad se dedicó a seguirle la pista a Aiacos quien fue superado por Saga. A diferencia de la carretera, las calles y las avenidas de la ciudad son más concurridas. Un giro en falso a máxima velocidad podría traer graves consecuencias como un choque inesperado.
Con un derrape de llantas oliendo a quemado por la fricción entre el caucho y el suelo, Saga sonrió burlón. Radamanthys estaba demasiado cerca. Ganaba mucho si lo superaba. Primeramente tendría el lujo de humillarlo, después vengarse por el doblegue de su hermano Alfa ante el rubio y por último obtendría el preciado premio de las apuestas generadas a su favor y en contra.
Con la dulce sonrisa de la victoria, Saga se vio a sí mismo pálido cuando Aioros aparecía en su campo de visión a través de los espejos laterales con su auto viejo.
—Ni en sueños, Aioros.
Aceleró más rápido.
Afrodita y la afición veían el progreso de los competidores a través de la pantalla, las apuestas habían incrementado al doble y todos reían gustosos, claro, otros Alfas preferían estar con sus Omegas besándose o haciendo otras cosas indecorosas en lo que los pilotos se acercaban a la línea de meta.
Aioria sonreía, tenía toda su fe puesta en qué Aioros ganaría la carrera tal y como se lo prometió.
Sintiendo las emociones a flor de piel, Aioros se mordió el labio inferior, pero no contó con que Saga le cerrará el paso a todas sus oportunidades de rebasarlo hasta que llegaron a una intersección.
Saga pudo maniobrar su auto haciendo un sonido estrepitoso, pero Aioros perdió el control debido al humo que salía del escape del auto del gemelo mayor.
El sonido del auto estrellándose contra un poste de luz delante de un barrio de Atenas causo conmoción.
Lo último que escuchó Aioros fue el sonido del parabrisas haciéndose mil pedazos.
Gracias a la seguridad tomada antes, su cuerpo no salió fuera del auto, el cinturón de seguridad lo mantuvo en su posición abrazándolo contra el asiento, pero el impacto lo llevó a perder el conocimiento y algunos cristales realizaron cortes en su cara.
Aioria inmediatamente gritó pidiendo ayuda para su hermano, pero estás eran carreras clandestinas que efectivamente eran ilegales y nadie podía hacer nada por su hermano y
ambos habían llegado al lugar en el mismo coche que se había hecho añicos, no tenía en que trasladarse hasta el lugar del accidente.
Milo bufó molesto por la perdida de su dinero apostado, pero al ver como su amigo sufre por el accidente decide tenderle la mano y decirle que lo llevará lo antes posible hasta el lugar donde ha sucedido el percance.
Los vecinos del edificio contactan de manera rápida los servicios del hospital público de Atenas que cuenta con ambulancias las veinticuatro horas del día gracias a la inversión del magnate hombre de negocios, Mitsumasa Kido, un Alfa que se mudó a tierras atenienses debido a graves problemas de salud.
Las sirenas de una ambulancia suenan avisando su llegada hasta el lugar, revisan el estado del Audi Quattro de los 80's y posteriormente con mucho cuidado revisan al hombre que estaba al volante.
Un rostro ensangrentado y un pulso bajo son las características más específicas que notan los paramédicos. Ponen un collarín en el cuello y posteriormente suben a la camilla al herido, la policía también llega al lugar de los hechos para hacer un peritaje conciso.
De camino al hospital, los paramédicos siguen haciendo su trabajo limpiando las heridas, revisando la presión sanguínea y la oxigenación del paciente.
A las 02:23 a.m. Aioros es ingresado al hospital ateniense para recibir mayor atención médica especializada. Al tratarse de un hombre con características propias de un Alfa, el moreno es atendido de manera rápida por el médico de guardia.
Por fortuna y dentro de lo que cabe solo se trata de golpes superficiales y un desmayo por el estrés del momento como medida de autodefensa del cuerpo humano, sin embargo lo más preocupante es si hay algún daño en los ojos.
El médico galardonado en medicina tradicional china, muestra su preocupación a las enfermeras que lo acompañan, así que les encomienda que le den aviso inmediato cuando el paciente despierte después de la administración de los analgésicos y antibióticos, pues aunque el accidente no provocó lesiones mayores teme que el daño se presente en el sentido de la vista como suelen pasar en algunos casos.
En la recepción, Aioria se muestra preocupado al preguntar sobre el estado de salud de su hermano mientras Milo solo puede tomar asiento.
—Aquí viene el doctor, joven.
Sin esperar un poco más, Aioria corre al encuentro del joven médico de ojos rasgados y de un color verde.
El hombre de bata blanca sonríe aligerando su preocupación.
—¿Cómo se encuentra mi hermano?
—Estable, ahora mismo se le suministró un analgésico para el dolor muscular que seguramente presenta y antibióticos para prevenir una infección en los cortes ocasionados por los vidrios.— explica al ver la similitud de rostros entre su paciente y el hombre castaño claro.
Aioria respira tranquilo.
—Estamos a espera de que despierte para asegurarnos de que no hay nada de que preocuparnos. Sin embargo, usted tiene que declarar a las autoridades, los paramédicos dijeron que se trató de un accidente por exceso de velocidad. No hay rastros de ingesta de alcohol, así que lo más probable es que no pase de una multa por exceso de velocidad.
Aioria cierra los ojos, si se descubre la verdadera razón por la que Aioros iba a exceso de velocidad todos estarán en graves problemas.
A las afueras de la ciudad de Atenas, algunos celebran el triunfo de Saga sobre Radamanthys.
Afrodita no hace más que darle besos al Alfa que no es exactamente su destinado y Radamanthys solo puede sentirse miserable por perder el orgullo en la carrera.
—Quiero la revancha.
—Cuando gustes, ¡Idiota!
El italiano cobra su apuesta multiplicando el valor inicial.
A pocas personas les importa lo que haya sucedido con Aioros, así son las carreras clandestinas, se arriesga todo o nada.
La noche continúa con algunos corredores novatos que se retan, pero lo más interesante para los espectadores ya pasó, por lo que algunos se dedican a explorar el mundo del éxtasis metiéndose drogas ilegales que venden algunos alfas poderosos.
Aioria entra al cuarto de su hermano que despierta algo desorientado.
—¿Qué pasó?
—Tuviste un accidente. Saga te rebasó en una calle angosta y te fuiste a estampar contra un poste de luz. Ahora mismo te encuentras en el hospital central de Atenas.— dice sin rodeos.
Aioros pestañea un par de veces. En su campo de visión solo puede observar destellos de luz acompañados de puntos negros.
Aioria nota su desesperación en abrir y cerrar los ojos. —¿Pasa algo?
Con voz temblorosa y el miedo corriendo por todo su ser, el mayor responde: —No puedo ver correctamente... Aioria, no veo claro.— las palmas de sus manos tallan sus ojos esperando a que solo se deba a la impresión del momento.
Aioria le detiene las manos. —¡Llamaré al doctor!
Tras el llamado de Aioria, Mu llega inmediatamente a la habitación donde un alterado alfa desprende un fuerte olor a tierra húmeda.
—Dice que no puede ver.
De manera rápida el doctor revisa los ojos de manera superficial pues su campo de estudio no es la oftalmología. —Le pediré a la enfermera que traiga una silla de ruedas para trasladar a su hermano, llamaré al oftalmólogo del hospital para que venga lo más rápido posible.
Dohko, no debería atender una llamada del hospital en medio de plena madrugada, pero al escuchar a Mu un tanto alterado, el viejo hombre de 68 años sale de su cama y se alista dejando a su Omega descansar.
En el hospital Aioria muestra su ansiedad al ver como el viejo hombre de cabellos canos con gran dificultad le coloca unas gotas a Aioros sobre los ojos.
El Alfa oftalmólogo padece párkinson, una afección que afecta su capacidad motriz, pero eso no le impide seguir ayudando a sus pacientes.
—Debemos realizar una oftalmoscopia debido a las miodesopias que son las moscas volantes o puntos negros en su visión acompañadas en algunos momentos por las fotopsias o comúnmente los llamados destellos luminosos.
Quiero descartar un desprendimiento de retina por el golpe al momento del impacto.
Aioria no comprende nada, pero le basta con saber que Aioros puede quedarse completamente ciego para sentirse responsable de todo lo que está pasando. Si al menos no se hubiera endeudado apostando, Aioros nunca hubiera puesto un pie en las carreras clandestinas y nada de esto estaría sucediendo.
Dohko observa la dilatación de la pupila del ojo derecho de Aioros, por lo que le pide de manera rápida que coloque su mentón sobre una superficie de apoyo para observar su ojo a través de una computadora y un lente especial y comprobar si la retina tiene alguna anormalidad.
Para desgracia del Alfa el resultado no es satisfactorio, pero afortunadamente en el accidente alcanzo a cerrar los ojos a tiempo impidiendo que astillas de hierro o vidrio se incrustarán en los ojos.
—Hay un desprendimiento de retina en el ojo derecho, vamos a ver en el izquierdo.
El mismo proceso realizado se vuelve a repetir con el ojo izquierdo solo para obtener el mismo resultado.
—Debemos operar a este muchacho con urgencia.— Dohko observa a Mu quien todo este tiempo ha permanecido en silencio.
Ni siquiera vendiendo todas las refacciones que tienen en su negocio es suficiente como para cubrir los gastos de una operación imprevista.
—Doctor, no se preocupe. No voy a tomar esta operación, no tengo los medios para cubrir los gastos.— Aioros de manera precipitada habla.
—Si no te operas, perderás la visión para siempre. El hospital tiene la modalidad de pagar las operaciones en mensualidades, pero para ello primero se realiza un estudio socioeconómico.
—Lo tomaremos, mi hermano no se puede quedar ciego, doctor.— Aioria se muerde el labio inferior y está dispuesto a vender su propia alma a Hades con tal de que su hermano no sufra sus errores cometidos.
—Bien, entonces nos preparemos, pero antes debo advertirles que la operación a veces no llega a ser un éxito y al contrario de ayudar puede perjudicar más rápido la perdida de visión. A veces puede llegar a presentarse una infección en los ojos, sangrando o aumento de la presión en el interior del ojo, esto último provocaría un glaucoma.
En otros casos es necesaria una segunda cirugía corriendo el mismo riego de que la retina no se vuelva a adherir correctamente o se vuelva a desprender con el paso del tiempo.
Pero la cirugía también puede ser sumamente beneficiosa si se realiza con cuidado. En este caso prefiero recomendar una cirugía de Retinoplexia neumática.
—Pero maestro Dohko, usted no está en condiciones de operar a una persona.
—Exactamente, por eso sí estos jóvenes se deciden llamaré a uno de mis colegas más jóvenes para que tome el caso en sus manos y yo solamente estaré presente en la cirugía.
Aioros con dificultad observa el rostro distorsionado de Aioria. No hay modo de que puedan pagar una operación así en años.
—Llame a su colega. Nos arriesgaremos a todo.— responde Aioria.
—Mu, lleva al joven con la señorita encargada de realizar dichos trámites y envíame a dos enfermeras para que vayan preparando al paciente en lo que intento contactar a Shura.
Mu asiente indicándole al hombre de ojos azules que lo siga.
Su teléfono celular suena de manera insistente que sin desearlo termina respondiendo la llamada en medio de la noche observando el nombre de su antiguo profesor que ahora no es más que su colega. —Profesor Dohko.
—Buenas noches, Shura. Lamento llamarte a esta hora, pero tengo un paciente que debe ser operado con urgencia por un desprendimiento de retina.
—¿Y necesita de mis servicios?
—Lo adivinaste, así que ven rápidamente al hospital de Atenas y te preparas mentalmente para realizar una operación de Retinoplexia neumática.— no lo deja ni siquiera aceptar la oferta laboral, simplemente cuelga y Shura sabe que el deber lo llama.
Se cambia el pijama por su ropa cotidiana, se prepara un café para vencer el sueño y termina saliendo de su departamento para ir rápidamente a atender la emergencia.
Aioros es preparado en un quirófano donde una enfermera le muestra la camilla dónde debe recostarse las siguientes horas. No sabe exactamente como conseguirá el dinero para pagar esta operación, pero espera que el otro oftalmólogo contactado pueda salvar sus ojos.
—El doctor Shura está aquí, debemos anestesiarlo ahora.— dice Dohko después de haberle hecho una serie de preguntas a Aioros sobre si consumía sustancias ilícitas debido a que eso afectaría la tarea de la anestesia.
Aioros sintió un leve piquete en su mejilla derecha, la enfermera finalmente había administrado la anestesia local y sedantes.
Cuando Shura entró, Aioros estaba completamente sedado que su aroma a Alfa no podía percibirlo.
El Omega cubrió con un inhibidor en forma de parche su glándula de aroma, provocando que su olor característico a dulces granadas quedará sellado hasta finalizar la operación.
Con cuidado coloco unas toallitas humectantes en el contorno del ojo derecho para mantenerlo hidratado.
Las enfermeras ya habían hecho su trabajo de preparar a su paciente.
—¿Cuántos años tiene?— con su cubrebocas azul a penas podía hacer que su voz fuera fuerte y clara.
—Tiene 30 años, sufrió un accidente que por suerte no fracturó ninguno de sus huesos o daño órganos, pero el movimiento del choque hizo que su cabeza se golpeara contra la ventana y después con el asiento, por ello se generó el desprendimiento en la retina.
Shura asintió, reviso las máquinas que monitorean los signos vitales de su paciente.
Al momento de comenzar con la operación, pudo distinguir un color de iris que nunca antes en su vida había visto. Es una mezcla de dos colores, verde y azul que crean una profundidad maravillosa.
Pero no solo los ojos del sujeto causan algo en su interior, también su rostro masculino llama su atención con sus labios de un suave tono rosa.
Sin más inconvenientes Shura se dedica a realizar la operación que consiste en colocar una burbuja de gas en el interior del ojo para empujar la retina y colocarla en su lugar para que pueda sanar de manera adecuada.
El proceso es difícil, pero la precisión de Shura es exacta con sus herramientas. Debido a ese pulso controlado es que ahora es un oftalmólogo capacitado para realizar cualquier tipo de cirugías en los ojos.
—¿Y qué harás ahora?— Milo interroga al Alfa. —Le debes demasiado dinero a Thanatos y estoy seguro de que no se quedará de brazos cruzados. ¿Aioros tan siquiera lo sabe?
—Él pensaba que el dinero que ganaríamos hoy sería para renovar la refaccionaria automotriz que nos heredó mi padre, no para saldar mis deudas.
—Ahora no tienes ni auto, ni piloto, ni nada. Thanatos se cobrará todo con tu vida.
—Lo más importante en este momento es mi hermano, después me preocuparé por las deudas.
Cuando Milo conoció a Aioria, supuso que era un Alfa precipitado e imprudente con el que no se equivocó. Los dos son tan parecidos, por eso lograron entablar una buena amistad, pero Milo a diferencia de Aioria antes de meterse en problemas estudia el terreno.
—La presión ocular es estable.— notifica una enfermera.
Dohko supervisa cada movimiento del joven pelinegro que termina por colocar gasas y vendar el área con extremo cuidado y delicadeza.
—¿Te quedas para el postoperatorio?
—No lo sé Dohko, depende de ti.
—Hazlo con total libertad, como un favor más para este anciano.
—Una operación pagada a pagos y ahora esto.— sonríe quitándose los guantes. —Espero al menos una carta de recomendación para cuando regrese a España.
—Puedo redactarla ahora mismo.
—No es necesario, todavía no pienso irme del país.
—Te llevaré a conocer al familiar directo del paciente para que le expliques acerca de los cuidados que deberá seguir de ahora en adelante.
Minutos después, Aioros es llevado a una habitación para su comodidad y monitoreo.
El Omega camina por los pasillos, mantenido una conversación interesante con el que fue su profesor en la universidad de la maravillosa ciudad principal griega.
El olor a desinfectantes de limpieza del hospital es reemplazado por un intenso aroma a menta.
—Joven Aioria, Shura le notificará los pasos que deben seguir usted y su hermano después de esta operación.
El joven de ojos azules asiente. Milo se acaba de ir dejándolo con todos sus tortuosos problemas.
Shura guía con cortesía al griego hasta el consultorio de Dohko.
—Fue una operación riesgosa y sumamente importante, por lo cual su hermano debe guardar reposo absoluto por dos semanas. Veré si es posible que se quede internado aquí para monitorear el proceso o si se requiere transferirlo a la clínica de salud visual en la que trabajo.— Aioria asiente. —La burbuja de gas colocada debe permanecer en su lugar, así que no debe hacer sobre esfuerzos en estas semanas, posteriormente la burbuja será remplazada de manera natural con líquido que llena el ojo, el cuerpo es una máquina impresionante.
—Le agradezco mucho por su trabajo.
—Veamos la evolución del paciente con el paso de los días y después me agradece.
El amanecer no tarda en llegar y con el dos oficiales que investigan el accidente. Shura sigue en el hospital por lo que notifica a los policías sobre el estado de salud del paciente llamado Aioros.
El oftalmólogo desconoce por completo la razón del accidente por lo que no es de mucha ayuda, así que los policías se dirigen directamente con Aioria quien regresa de la cafetería con un vaso de café.
—Doctor, el paciente ya está despierto.
Aioros siente comezón en el área donde las vendas cubren sus ojos. Al ser un hombre muy activo en su vida cotidiana intenta levantarse de la camilla, pero le es inútil pues no sabe ni siquiera donde está.
El parche farmacéutico que Shura usaba para controlar su aroma se desprende de su glándula de aroma y sin darse cuenta así entra a revisar a su paciente.
—¡Demonios! ¿Qué hace?— pregunta al ver al Alfa de pie cerca de la camilla.
El olor a dulces granadas rojas llega hasta el olfato del Alfa, que intenta seguir el sonido y el aroma del recién llegado que desconoce.
—Acaba de salir hace unas horas de una operación sumamente delicada, si no tiene cuidado puede provocar que la burbuja de gas se mueva de lugar.— preocupado hace que el Alfa tome asiento sobre la cama.
El aroma es más agradable para Aioros de cerca, nunca había olfateado un aroma similar al de su fruta favorita.
—No me gusta estar recostado.— responde con voz profunda. —No me pida que me mantenga en un solo lugar porque...
—Tendrá que hacerlo de lo contrario mi trabajo habrá sido en vano así como el esfuerzo de su hermano por conseguir que el hospital aceptará que pagará esta cirugía en plazos.
Por lo menos, trate de no hacer esfuerzos en dos semanas.
Maravilloso y exquisito olor dulzón que lo hace sentir tranquilo.
—¿Usted es un Omega?
Los ojos de Shura se abren ante la pregunta repentina de su paciente. Sus mejillas toman un suave rubor natural y se siente apenado. Lleva su mano hasta el parche que tiene en el cuello solo para darse cuenta de que se desprendió dejando en evidencia su segundo generó.
—Eso no importa. Estamos hablando de su salud.
El castaño se limita a dibujar una amplia sonrisa en su rostro. —Hay un suave y dulce aroma en el aire a granadas, ¿es usted?
—Debe guardar reposo y omita hablar de mi aroma natural como Omega.
Aioros obedece con tal de inhalar más ese aroma que le parece atractivo.
—Mantenga la cabeza en una posición recta, no gire a ninguno lado y por lo que más quiera evite hacer movimientos de arriba a abajo. Si necesita ir al baño solicite a una enfermera para evitar accidentes que pongan en riesgo su salud visual y motora.
—Tengo comezón en la parte de las vendas.
—Es natural, pero, evite tocar esa zona. Si siente molestias como dolor puedo suministrarle algunos analgésicos que lo ayuden a lidiar con el dolor.
En una semana se le van a retirar las vendas, pero por ahora evite sentirse nervioso o ansioso.
Mantenerse fuera de ansiedad le será complicado cuando el aroma a granadas lo está matando y volviendo un tanto loco.
—Yo estaré a cargo de todo lo relacionado con usted, vendré dos veces al día a checar que no presente alguna molestia. Cuando sé le de el alta le daré otros cuidados propios que debe mantener en casa.
Sin nada más que decirle por el momento, paso a retirarme y recuerde no hacer ningún esfuerzo.
Sin quererlo, el Omega que alteró sus demás sentidos se marcha dejando el rastro de un aroma que causa un estallido en su presión sanguínea, algo parecido a la adrenalina de sentir el viento en su cara a medida que avanza a toda velocidad a lo largo de la pista de carreras.
Shura lleva su mano derecha a la altura de su pecho, el también pudo sentir como el aroma a tierra húmeda causa cosquillas en su interior.
—¿Cómo se llama el médico que me operó, Aioria?
Si Dohko lo había mencionado hace horas debía estar ese nombre fresco en su memoria.
—Shura.
—Es extranjero, ¿verdad?
—El médico de guardia comentó que es español y a decir verdad su acento único al pronunciar algunas palabras en griego lo dejan en evidencia.
—A de ser un Omega sumamente lindo como la dulzura de su aroma.
Aioria se sorprendió ante esas palabras, cuando él conversó con el guapo hombre no sintió ningún olor propio de los omegas.
—Es guapo, pero no sabía que era Omega.
—¡Por el mismo Zeus! Su olor es a granadas rojas.— todo un manjar que le hace agua la boca.
—Tal vez tu gusto por las granadas rojas te hace alucinar aromas, yo no pude olfatear un aroma así en su presencia.
—Puede utilizar un supresor de aroma, pero de verdad, estoy contando las horas en qué vuelva a cruzar por esa puerta con ese aroma.
Aioria niega con la cabeza, Aioros no es un Alfa que se deje llevar por el olor de los Omegas, es más, podía jurar que su hermano es inmune al maldito veneno que es el aroma de los Omegas, pero ahora ve que todo es diferente.
Con el paso de los días, Aioros se vuelve más dependiente de aquel aroma que desprende la glándula de aroma del Omega, así que cada vez que están solos aprovecha el tacto que le da el Omega al revisarlo al igual que lo hace molestar, ya que de esta manera el médico desprende un olor más intenso.
—Siento que la revolución de empleos creada por los Omegas vino a destruir la vida de muchos Alfas. No entiendo por qué que los Omegas querían trabajar sí un Alfa de aquel entonces podía brindarle todo lo que quisiera.— sus palabras buscan molestar al hombre que de manera atenta está cambiando sus vendas.
—Eso es lo que opina de nosotros.— Shura se muerde el labio con molestia. —Si un Omega no hubiera acudido a operarlo se hubiera quedado sin ojos.— reprocha. —Los Omegas buscaban igualdad entre castas.— su tono molesto de voz causa satisfacción en el Alfa que comienza a olfatear el desprendimiento de feromonas de olor.
—Observe a mi hermano y a mí. Si los Omegas no hubieran tenido esos ideales que la sociedad consintió, ahora mismo no tendría que estar pasando por esto.
—Corrección a sus palabras. Su falta de empleo no se debe a los Omegas, ni siquiera somos una amenaza para ustedes, todavía somos parte de la casta débil que es vista solo para procrear. Usted está en esta situación por imprudente, nadie lo obligó a unirse a una carrera clandestina.— ambos habían tenido mucho tiempo para hablar de lo sucedido aquella noche que las mismas autoridades ni enteradas estaban. —Lo único por lo que me siento mal es por su automóvil clásico que ahora no será más que chatarra del montón.
Imprudencia es lo que está a punto de hacer aprovechándose de que está sentado en el borde de la camilla y el Omega está entre sus piernas.
—¿Así que piensa que los Alfas solo vemos a los Omegas para procrear?— sonríe burlón tocando con sus manos la pequeña cintura del médico.
Shura arde de coraje. —Intenta intimidarme, pero eso no funcionará conmigo.
¡Oh, bendito aroma!
Si hablan de procrear, Aioros puede imaginar un montón de escenarios en los que pude dejar al Omega preñado, pero como no hablan directamente de ello, el Alfa solo se dispone a acercar más al Omega a su cuerpo para impregnarse un poco de su aroma dulce.
—El fin de semana retiraré las vendas y veremos si la operación fue exitosa.
—Espero haya sido un éxito, así podré ver su cara finalmente y saber si su aspecto físico puede ser igual de dulce que su aroma.
Los parches ya no hacen efecto, Shura ha perdido la guerra contra su cuerpo que reacciona a cada palabra o acción de su paciente Alfa, dejando salir su aroma a pesar de la barrera del parche.
—Aioros... Deje de decir esas cosas.— porque lo pone en una situación difícil de procesar.
Aioria no puede evitar reírse de la triste situación de su hermano siendo rechazado de manera sutil por el Omega que cada vez tiene que poner una excusa más absurda que la anterior para salir de la habitación.
Después del paso completo de una semana, los cortes en la cara de Aioros han sanado dejando leves cicatrices que solo son notadas con mucho detenimiento que Shura emplea en cada visita que le hace al Alfa.
El aroma a granada y a tierra húmeda se complementan de una manera única en la habitación 12 del hospital general de Atenas.
Dohko está presente, pero no dice nada sobre la tensión que siente provenir de su colega y el paciente. Al igual que Aioria guarda silencio.
Los pequeños roces entre los dedos de Shura con la piel de su rostro es suficiente para despertar al Alfa que dormitaba como la lava de un volcán esperando estallar.
—Abre los ojos de manera lenta y suave.— dice Shura al retirar los parches de los ojos del castaño.
En su interior el oftalmólogo se siente ansioso por volver a ver el precioso tono azulado y verdoso de los ojos de Aioros.
Los abanicos de pestañas castañas tiemblan a la par que los párpados se abren poco a poco acostumbrándose a la luz.
La retina es la parte del ojo que transforma el recibimiento de luz para procesarla en imágenes en vivo. Para Aioros es encantador que lo primero que ve es un rostro alargado que es borroso, pero poco a poco es más nítido. El Omega es lindo con sus cejas perfiladas y sus ojos verdes.
Es bueno pasar de la oscuridad a la luz.
—¿Y bien?
Está ansioso puede percibirlo por su aroma.
—Puedo verte... Verlos.— corrige de manera rápida.
Aioria solo puede sentirse feliz de esa respuesta.
La visión de Aioros pronto se ve de un color diferente debido a la colocación de unos lentes de sol.
—Necesitas utilizar lentes de sol por lo menos un mes, debes cuidar tus ojos y evitar lo más que puedas acercarte a fuentes de calor. Así que todavía no puedes regresar a tu vida de mecánico por completo. No esfuerzo y evita la adrenalina de las carreras de autos durante una temporada.
Aioros no ha podido despegar su mirada del bonito rostro del Omega, así que cada gesticulación de sus palabras se queda grabada en su memoria, así como tal vez el olor a granadas porque durante una semana no ha podido realizar un movimiento más atrevido con el oftalmólogo.
—Acuda una vez por semana a mi consultorio para una revisión.
El viejo doctor, solo mueve de manera negativa su cabeza. Frente a él están un par de destinados que son sumamente tontos y ciegos para reconocerlo.
Después de un año de cuidados vergonzosos que lo hicieron ver como un Alfa débil, Aioros es dado de alta por Shura.
—Puedes acompañarme esta noche a un lugar, claro pasarías tú por mí antes en tu auto.
El Omega gira su rostro hacia otro lado tratando de ocultar su sonrisa ante la tonta manera en que el Alfa lo invita a lo que seguramente es otra cita espontánea en su relación, porque sí, en el noveno mes Aioros dejó las cosas en claro y lo invitó a su primera cita.
Aioros había desarrollado sentimientos por él durante la semana que permaneció con los ojos vendados.
—De acuerdo.
Aioria sigue debiendo mucho dinero por las apuestas y cuando Aioros se enteró de la verdad detrás de todo, lo único que pudo hacer fue seguir apoyando a su hermano, después de todo siguen siendo familia.
Aproximadamente a la media noche de luna llena, Shura se sorprende al ver el paisaje que desconoce de Atenas. Aioros ha decidido llevarlo exactamente a las afueras de la ciudad.
—¿Qué hacemos aquí?— su rostro se vuelve pálido al ver una serie de autos en fila y un montón de personas al rededor de unas cuantas fogatas.
—Por esto nos conocimos, ¿no?
Por supuesto que no exactamente.
—Aioros, ¿esto no es lo que me estoy imaginando?
La sonrisa del griego le indica que lo es.
Aioros toma las llaves del auto después de estacionarse para que Shura no pueda quitárselas.
—¡AIOROS ESTÁ DE VUELTA!— grita un emocionado Afrodita corriendo a abrazarlo.
La molestia de Shura se incrementa al ver la escena.
—¡Guau!, Tu nuevo auto es muy bonito.— el sueco pasa sus manos por la carrocería del auto verde metálico de Shura.
—¿Así que vienes a saldar las deudas de tu hermano?— Saga interroga.
Afrodita le abre la puerta a Shura quién se muestra indignado. —Por lo que se nota tú eres el Omega de Aioros y su musa de esta noche.— el de cabellos celestes puede olfatear la impregnación del olor de Aioros en el Omega.
Quisiera negar que tiene una relación con Aioros, pero el Alfa llega nuevamente hasta donde se encuentra para tomarlo por la cintura y besarlo frente a todos los que los observan.
—Tomaré prestado tu auto está noche, mi lindo Omega.— con gran atrevimiento coloca su nariz sobre la glándula de aroma para poder llenar sus pulmones con ese olor a granadas.
El oftalmólogo en el fondo es tan sumiso que cada palabra del Alfa lo hacen hacer lo contrario a lo que cree es lo correcto, pero no se trata de manipulación, porque sabe que con su simple aroma puede tener al castaño donde él quiera.
—Alfa...— de su boca sale un pequeño ronroneo cuando Aioros pasa sus manos por sus glúteos y los aprieta.
Todos toman sus posiciones, Thanatos está en primer lugar en las gradas esperando observar el espectáculo. Ha sido tan misericordioso al esperar el regreso del Alfa que no delató sus carreras clandestinas y por ello le extendió un plazo de vigencia a Aioria sobre sus deudas.
Shura está en el asiento del copiloto, se muestra un tanto preocupado, pero los besos de Aioros sobre su cuello son placenteros.
—Concéntrate en la carrera, no quiero que mi bonito auto termine estrellado como el auto clásico de tu padre. Y asegúrate de ganar.
—Lo haré porque tú y tu dulce olor están aquí conmigo.
Afrodita nuevamente toma una bandera verde para ondearla cuando le sea indicado.
—Si en unos meses consigo mi propio auto, te aseguro que tú serás quien tome una bandera tal y como Afrodita lo hace.
Shura no puede evitar toser, no se ve a sí mismo en diminutas prendas que no dejan nada a la imaginación de los Alfas.
—No te preocupes, me voy a asegurar de marcarte como mío antes de que eso suceda.— lleva los nudillos de Shura a sus labios para depositar un beso.
El auto se llena del olor del Omega que se vuelve tímido al escuchar las palabras de su Alfa.
•Fin•
