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Los alfas y omegas tienen algo llamado, instinto primitivo.
La época y el ritual de apareamiento por el que pasaban ambos géneros era completamente normal, nadie podía evitarlo a menos que: a) Tuvieran un control excepcional sobre sí mismos b) Estuvieran usando drogas para evitar perder su consciencia y aparearse.
La segunda opción no era viable para los jugadores olímpicos y jugadores profesionales en diferentes áreas deportivas, incluyendo el fútbol, los alfas y omegas no podían recurrir a las drogas o medicamentos, puesto que estos podrían, o afectar su desempeño, o hacer que tengan algún tipo de preeminencia por encima de los demás.
Se les exigía y obligaba a los jugadores a tener autocontrol y llevar una vida sexual responsable, puesto que de ello dependían sus carreras.
Cuando Kaiser se presentó como alfa a la edad de 15 años, los doctores le dijeron que era defectuoso porque no podía percibir las feromonas de los omegas con su olfato y mucho menos cuando estos estaban en celo. Michael lo consideró una ventaja, no tenía porqué recurrir a drogas ni tampoco preocuparse por verse afectado a causa del olor o épocas de apareamiento de otros omegas.
Hasta que conoció a Isagi Yoichi y todo se fue a la mierda.
—Es extraño, Ness. —Kaiser volvió a taparse la nariz por décima vez en el día. —Yoichi es un beta según su ficha informativa pero por alguna razón, percibo algo diferente en mis fosas nasales cada vez que nos cruzamos.
Alexis, quien también era un alfa, usó su excepcional nariz más agudamente tratando de encontrar algo fuera de lugar en el ambiente. —Yo no puedo oler nada.
Michael soltó un gruñido de frustración y salió del campo de entrenamiento completamente empapado en sudor mientras ignoraba la presencia de Yoichi al otro extremo.
Podría jurar que por un par de segundos sus miradas se habían cruzado creando una conexión invisible.
Azul con azul, casi como si se estuvieran llamando con la mirada.
Las cosas se habían puesto mucho más tensas con el paso de las semanas, hasta que llegó el partido contra UBERS.
Isagi había metido el segundo gol que le dio la victoria al Bastard München junto con Hiori y se había sentido tan eufórico por tal logro que saltó a los brazos de su compañero sin darse cuenta que estaba desprendiendo feromonas propias de un omega.
—Isagi-kun… —Hiori fue el primero en notarlo. —Estás a punto de entrar en celo…
—¿Qué? —La sonrisa en su rostro se borró. —¿De qué estás hablando? Soy un beta, yo no puedo tener celos…
Lo siguiente que sintió fue una corriente eléctrica recorriendo todo su cuerpo, quitándole el aliento y haciendo que cayera de rodillas al suelo.
Comenzó a temblar mientras sentía el calor quemando cada rincón de su ser, sus mejillas se pusieron rojas y sintió como algo húmedo se producía en su entrepierna y se deslizaba por sus muslos.
Estaba jodidamente lubricando, él, un maldito beta.
Tenía que estar en medio de una pesadilla, porque lo siguiente que percibió fue el fuerte olor a rosas invadiéndolo y haciendo que sintiera un cosquilleo en su vientre mientras le daba espasmos.
Dolía, dolía demasiado.
Alfa, alfa, alfa.
Un alfa completamente a su disposición se encontraba frente a él.
Michael Kaiser.
Sus pensamientos se volvieron incoherentes, sus ojos azules estaban vidriosos y lo único que quería en ese momento era que lo follaran duro y bien por días hasta que se sintiera satisfecho, ¿así se sentían los omegas cuando entraban en celo?
Era agonizante, nunca antes se había sentido tan receptivo sexualmente y peor aún en frente de millones y millones personas sin contar a todos los alfas dentro de la cancha que parecían prepararse para atacar y saltar sobre él cualquier momento, sin embargo su lado omega solo quería a un alfa.
Y sabía que era algo recíproco porque pudo sentir a través de las feromonas de Kaiser que él también sentía el fuerte e instintivo impulso de aparearse con él.
Todos en la cancha estaban expectantes, ninguno fue indiferente al olor de un omega entrando en su ciclo de celo mientras que Kaiser gruñía y amenazaba a cualquiera a menos de tres metros para que se alejaran de Yoichi.
De su Yoichi.
Normalmente un alfa perdería el control en una situación similar y se cogería al omega sin esperar ni un segundo, pero Michael era diferente, se inclinó para cargar a Isagi e hizo que rodeará su cuello con ambos brazos.
—Alfa te necesito… —Suplico el omega en un susurro.
Antes de que siquiera pudiera responder la voz de Ego Jinpachi resonó por todos lados, “Michael Kaiser, no tienes permitido…”
—Tranquilízate maldito cuatro ojos, no voy a follarme a Yoichi aquí y ahora.
“No esperaba menos de alguien tan arrogante y excepcional como tú.” Y la transmisión se cortó.
Kaiser podría ser muchas cosas pero era bastante consciente y tenía la capacidad de controlar sus impulsos, además, no iba a dejar que nadie se deleitará viendo a su omega siendo satisfecho y follado por él.
Mientras se llevaba a Isagi en dirección a la enfermería para que recibiera atención, recordó lo que su doctor le había dicho una vez.
“Puede que lo que te diga ahora sea algo irracional, pero no pienso que seas un alfa defectuoso, dicen que las almas gemelas solo nacen una vez cada mil años y si algún día llegas a percibir el celo de un omega o sus feromonas, ten por seguro que es tu destinado. No lo dejes ir si lo encuentras.”
Kaiser dibujó una sonrisa en su rostro. Isagi Yoichi y su peculiar aroma a lavanda resultó ser su omega destinado.
Que pequeño era el mundo.
