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Michael Kaiser se dio cuenta que Isagi Yoichi no era un omega común y corriente después del partido contra Manshine City.
Usualmente la voz era una herramienta poderosa que sólo los alfas tenían para transmitir dominio o tranquilidad.
Kaiser nunca había escuchado que un omega tuviera la voz dominante característica de un alfa. Cuando Isagi lo tomó bruscamente por el cuello de su camisa y lo arrastró cerca de su rostro mientras le decía con una voz rica y resonante, “Dime Kaiser, ¿cómo se siente ser el payaso en mi historia?” , lo único que sintió fueron escalofríos en su columna, y si no hubiera sido porque recuperó sus sentidos a tiempo, hubiera caído de rodillas ante él.
Isagi Yoichi era la excepción a la regla, ¿cómo era posible que un omega tuviera la voz de un alfa?
Definitivamente Isagi, considerado por la sociedad como alguien sumiso, estaba tratando de someter a Kaiser, el ser más fuerte dentro de la cadena alimenticia. Y al parecer solo los dos eran conscientes de ese hecho. Más tarde, en la soledad de su habitación, el alfa llegó a la conclusión de que Yoichi estaba tratando de atraerlo, o mejor dicho, de cortejarlo como pareja usando su voz en él.
Tan solo pensar en aquel momento hacía que creciera una erección bajo sus pantalones y lo único en lo que podía pensar era en el omega mientras se masturbaba imaginando un sinfín de escenarios sucios a su lado.
Una noche después de los entrenamientos, Isagi se coló en la habitación de Kaiser, ambos frente a frente y sin decirse una palabra, el omega aseguró con llave la puerta detrás de él y se acercó al alfa mientras dibujaba una sonrisa burlona y provocativa en su rostro. Ninguno de los dos se quitó la mirada de encima y parecía que sabían perfectamente lo que iba a suceder a continuación.
—Siéntate, Michael. —Ordenó el omega con una voz profunda, segura y llena de confianza. Esa no era la voz común de un omega tratando de buscar cumplidos y cariño por parte de su alfa, era la voz de un omega tratando de demostrar su autoridad y dominio.
Y Kaiser no tuvo otra opción más que obedecer.
Yoichi módulo su voz para transmitirle a Michael que estaba complacido, —Que buen chico. —Ahora quítate esa bata por mí.
El alfa soltó un bufido y lo hizo mostrándose como dios lo trajo al mundo ante el omega. —Realmente eres hermoso. —Fue lo que le dijo Isagi mientras se sentaba en el regazo del alfa con sus piernas a cada costado de su cadera. Sin ninguna vergüenza deslizó la yema de sus dedos por el brazo izquierdo del alfa, despacio y con premura, delineando aquel precioso tatuaje de lianas, espinas y rosas azules hasta su cuello. —¿Alguna vez te dije que mi color favorito es el azul?
—No lo hiciste. —Kaiser susurro cerca de sus labios. La voz de Isagi se hizo ronca y gutural al igual que la de él y estaban desencadenando una respuesta sensual en el otro.
El agarre de la mano derecha del omega en el cuello del alfa se hizo un poco más fuerte y el alfa soltó un gruñido ronco que calentó al omega. Los segundos se sintieron como horas, Michael solo estaba esperando la orden de Yoichi para actuar y cerró los ojos mientras se dejaba llevar por aquel momento tan íntimo.
—Hazme tuyo, alfa.
Y fue lo único que necesitaba escuchar para desgarrar la ropa de dormir del omega y tirarlo a la cama mientras se ponía encima de él.
Si se trataba de Yoichi, a Michael no le importaba renunciar a su voz de alfa para ser completamente domado.
