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Isagi pudo reconocer a metros ese olor cuando Kaiser entró al campo de fútbol con los demás para comenzar a calentar.
Jazmines.
En todo Blue Lock el único jugador que olía a Jazmines era Chigiri Hyoma.
Tanto alfas como omegas, e incluso betas, se sentían complacidos al percibir un aroma tan seductor y sensual como el del velocista pelirrojo de cabello largo y brillante.
Isagi inmediatamente frunció el ceño y empezó a desprender un aroma amargo que delataba su creciente molestia.
¿Por qué Kaiser olía a Chigiri? Se suponía que los Estratos no podían mezclarse. Chigiri pertenecía al Estrado de Inglaterra y Kaiser al Estrato de Alemania, ¿que demonios significaba esto?
¿Acaso Kaiser y Chigiri estaban juntos…?
No, no, era imposible.
Yoichi rememoró que hace unos días, en el partido contra Manshine City, Michael descaradamente le había dicho que Hyoma era bueno, rápido y sobre todo hermoso.
Lo último que sintió fueron escalofríos cuando recordó su última frase: “Ese pelirrojo es excepcional, no puedo esperar para aplastarlo. Si sigues perdiendo… podría perder el interés en ti, Yoichi.”
Y aquello hizo que su sangre comenzará a hervir de la furia y la ira.
¿Kaiser estaba hablando en serio? ¿Realmente lo estaba desplazando y olvidando quién era su rival ahí?
¿Cómo se atrevía a quitarle los ojos de encima para ir tras otro maldito omega?
Hiori y Kurona notaron que su amigo estaba cabreado y se alejaron cuando el alfa alemán se acercó a ellos.
—Yoichi, ¿puedes controlar tus feromonas? —Kaiser se tapó la nariz fingiendo que le disgustaba el olor que estaba desprendiendo el omega para provocarlo. —Estás incomodando a todos aquí.
El alfa era bastante inteligente y era consciente de lo que estaba sucediendo ahí. Aunque Kaiser no tenía la intención de poner celoso a Yoichi, aún así lo terminó haciendo.
—Apestas a otro omega. —Fue la respuesta cortante de Isagi.
—¿Y? ¿Te molesta que otro omega haya impregnado su aroma en mí, Yoichi?
—No, pero perturba mi concentración, imbécil.
Lo siguiente que sucedió fue algo que ni siquiera Michael anticipó.
Isagi se acercó y abrazó a Kaiser con fuerza, rodeando su cintura con sus manos, cerró los ojos y empezó a liberar su olor natural a Lavanda y Gardenias.
Kaiser se desconcertó por un minuto mientras sentía como sus fosas nasales se llenaban del aroma característico del omega.
Se sonrojó ligeramente y sintió una corriente eléctrica recorrer su columna vertebral haciendo que sus piernas se pusieran débiles.
Era una maldita bomba de feromonas.
Después de un par de minutos más, el omega se sintió satisfecho al dejar su olor natural completamente impregnado en el alfa.
Sonrió para sí mismo cuando no pudo percibir nada más que su aroma, se alejó de Kaiser y continuó con los estiramientos como si nada hubiera pasado.
Michael ya no olía a Jazmines ni a Chigiri Hyoma, Michael olía a Lavanda, Gardenias y a Isagi Yoichi.
¿Qué carajos acababa de suceder?
Todos estaban de acuerdo en que Isagi Yoichi marcó su territorio, su propiedad y nadie se atrevió a decirle nada.
En un rincón del campo de fútbol, Noa, expectante de todo, soltó una pequeña risa. Ese hombre que parecía un cyborg y que nunca mostraba emociones, había sonreído y aquello hizo que Kaiser se avergonzara y soltara un gruñido de molestia.
Más tarde se encargaría personalmente de que Yoichi pagara por su atrevimiento.
Aunque la realidad era que no le disgustaba la idea de tener a un omega posesivo y celoso con él.
