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Por 16 años pensó que era un caballero fuerte y leal a la diosa pese a su condición como Omega. Mató a Aioros de Sagitario y de remate al caballero de Géminis.
Asesinó con sus propias manos a los dos Alfas que le brindaron su calidez cuando fue elevado al Santuario de Athena en el universo; a uno le dio fin con su poderosa espada sagrada Excalibur por ser un traidor y al otro por desconocer el poder que residía en su interior.
Shura se sintió miserable cuando se enteró de toda la verdad, mató a un inocente y el otro se burló de él patéticamente fingiendo su muerte.
Frente a él estaba la verdadera Diosa Athena, esa que había tildado de traidora y la misma a la que una vez quiso matar.
Bajo el casco de su armadura, el caballero de Capricornio estaba llorando en silencio sin emitir ningún ruido recordando la fatídica noche en la que Aioros cargaba en brazos a una bebé de unos días de nacida.
—Yo voy a cuidar de todos. Es una promesa. Antes que cualquier cosa, de aquí en adelante, mi misión será protegerlos.— Saori Kido, la reencarnación de la diosa Athena se veía gloriosa portando su báculo de oro, hablándole a todos los ciudadanos atenienses, en su mayoría caballeros y soldados.
Si tan solo Aioros le hubiera explicado todo a través del cosmos, él lo hubiera comprendido, pero no hubo tiempo hace 16 años para ello. Él solo recibió la orden y salió corriendo detrás del traidor sin importarle el lazo que habían formado como Alfa y Omega, ese lazo que se debilitó hasta extinguirse horas después de que terminará con su vida.
—Shura, ¿todo bien?— la formación que tenían alrededor de la diosa ya se había disuelto y ahora Shaka de Virgo dirigía a Athena al templo que debía ocupar, pero él se había quedado pensando en cosas del pasado y Milo lo había notado.
—Si, todo bien.— respondió.
La pelirroja no estaba convencida, después de lo sucedido con Aioros, ella se volvió demasiado cercana al español, tanto como para que hoy en día pueda jactarse de conocerlo por completo como caballero y como el simple humano elevado desde la Tierra hasta al Santuario.
Como Alfa, la mujer podía percibir el hecho de que su amigo estaba desmoronado por completo y cuando iba a darle unas palabras de aliento, el Alfa guardián de Leo se les acercó.
Así era, la mayoría de los santos de oro tenían una buena relación entre ellos. Aioria nunca le había reprochado nada a Shura por lo acontecido con su hermano, solo veía al Omega como un ejemplo a seguir, ya que siempre había antepuesto su fidelidad a la Diosa Athena antes que sus sentimientos por Aioros, lo cual era de admirarse, pero ahora que la verdad estaba a flote, ni Milo ni Shura sabían cómo reaccionaría Aioria.
—No te culpes por todo lo que ha sucedido.— Aioria conocía al español desde que Aioros lo reclutó como el Santo de Capricornio a la edad de 7 años, siendo sincero, había crecido a la par con Shura como para considerarle un hermano antes de que Aioros oficialmente lo hiciera parte de la familia. —Todos fuimos engañados vilmente por Saga y ahora todo lo que nos toca es por velar por el bienestar de la niña que él protegió con su vida.
Shura desearía haber enviado su Excalibur directamente a Saga cuando sostuvo a Aioros para que le diera el golpe de gracia, pero desearlo ahora no marcaría una diferencia.
—Agradezco tus palabras Aioria.— asintió. —Ahora debo regresar a Capricornio.
Ambos alfas no le creyeron, era más probable que fuera directamente a Sagitario que a Capricornio, pero ninguno lo detuvo y solo lo dejaron ir.
—Si antes sufrió por matar a un traidor y por el lazo que los unía, ahora es probable que se sienta completamente miserable por matar a la persona que amaba y el mismo que ahora se dice fue el salvador de Athena.
—Debemos darle tiempo para que asimile las cosas, todos debemos asimilar que fuimos traicionados y engañados por uno de nosotros mismos. Después debemos concentrarnos en lo que se avecina, la Guerra Santa contra Hades.
Milo asintió ante el rubio de ojos azules.
Shura acaricia la pared donde el mensaje de Aioros fue escrito con su propio cosmos. El relieve de cada letra bajo su tacto sigue siendo cálido, tan cálido como sus primeros besos en el templo de Sagitario con el arquero.
—Perdóname.— la máscara que cubría su rostro se abre dejando al descubierto sus lágrimas.
La marca sobre su cuello punza causándole dolor y ardor, tal y como si estuviera recién hecha.
De no haber sucedido las cosas como sucedieron, está seguro que ahora mismo Aioros y él tendrían la familia que siempre desearon, dos maravillosos cachorros planeados para nacer bajo sus constelaciones regentes, Sagitario y Capricornio.
—Caballero de Capricornio.— inmediatamente al escuchar a alguien llamándolo, se limpió las lágrimas y se giró hacia la fuente que lo llamaba.
—Mu de Aries.
—Hay algo que debes saber.
El silencio se hizo presente en la casa de Sagitario anteriormente destruida y ahora vuelta a la normalidad por el poderoso cosmos de Athena.
—Durante el descenso de Aioros a la Tierra, él seguía vivo.— acomodó sus anteojos. —Eso ya lo sabías o al menos algo.
—¿Cómo que algo?— su entrecejo se frunció exigiendo más explicaciones.
Siendo cauteloso, Aries continúo. —Vengo del templo de Athena… Aioros se selló por completo en la armadura de Sagitario antes de entregársela al señor Kido.
Las posibilidades detrás de esas palabras eran muchas, el corazón de Shura volvió a latir de una manera que en 16 años no lo había hecho.
—Eso significa que…
—Aioros no murió realmente, él se selló en la armadura de Sagitario.
—¿Entonces?
—Athena planea traerlo de regreso a él y a los demás caballeros muertos en esta batalla… solo a los más justos.
Shura se sorprendió, el aliento que le daban las palabras de Mu eran suficientes para alimentar la esperanza de volver a ver al hombre que amó. Al cual extrañaba con todas sus fuerzas.
—Es por eso que la marca que te hizo no desapareció en años.— argumenta Mu.
—¿Por qué me estás diciendo todo esto?— no dejó que su debilidad se mostrará en sus palabras. Ahora menos que nunca debía mostrarse débil.
—Athena planea que le brindes un poco de tu cosmos para regresarlo. Perdona la indiscreción de Shaka, él fue quien le habló de tu relación con Aioros y ella pidió tu presencia.
—¿Aioria sabe de esto?— el caballero de Aries negó. —Él podría serles más útil que yo. Es su hermano.
—La señorita Athena fue clara. Si algo llevó a Aioros a sellarse en cuerpo y alma dentro de la armadura no solo fue su convicción como caballero, si no por el lazo que lo unía a ti.
Lo de Shaka revelando su vida amorosa podía pasarlo por alto porque fue a la diosa a quien se lo contó, pero de eso a ser una de las razones principales de Aioros para sellarse en sagitario estaba de más, eso no lo compraba, pues en los dulces ojos de Aioros antes de darle el golpe final vio su decepción.
—Yo…
—En tus manos está regresar a Aioros, tú eliges.
Si lo hace, nada le garantiza que el arquero lo siga amando o que lo perdone por su osadía cometida en el pasado, pero al menos le dará a Athena la oportunidad de tener a un gran guerrero entre sus tropas, un santo que quizá los llevé a la victoria contra Hades.
No importa si Aioros no lo quiere más como su Omega, él será capaz de soportarlo con tal de verlo a lo lejos.
—No necesitas convencerme Mu, si yo fui quien lo llevó a estar en ese estado yo mismo lo traeré de regreso, no porque haya sido mi Alfa, lo haré para enmendar mi error ante Athena.
Mu dibuja una sonrisa en su rostro, detrás de ese porte rígido y fuerte se esconde un caballero bondadoso y bueno, capaz de aceptar sus errores y enmendarlos.
—Hazlo por lo que tú decidas.
En el templo de Athena, la diosa recién recuperada por el ataque de la flecha del caballero de plata se preparaba mentalmente para su siguiente acto. Tal y como lo acababa de prometer, protegería a todos.
La armadura dorada de Sagitario estaba en medio del templo, siendo observada por los caballeros de bronce y por Shaka de Virgo.
—Saori, ¿estás segura de esto?— pregunta el caballero de Pegaso.
—Él salvó mi vida y yo debo devolverle el gran favor.— responde con una sonrisa.
—Shura está aquí.— anuncia Mu llegando a la par de él.
Shura hace una reverencia ante la diosa e Ikki lo ve de mala manera, después de todo Capricornio lo dejó en vergüenza luego de que tratará de defender a su hermano, Shun.
La diosa se acerca a él con una sonrisa. —Gracias por venir.— su cosmos cálido controla el nerviosismo dentro del caballero de Capricornio. —Y deberías alegrarte, él regresará a tu lado.
Ni siquiera porque Athena lo dijo quiso creerlo. Aioros debe regresar a la vida, sí, pero no a su lado.
—No soy digno de ello, señorita Athena.— su máscara de oro le cubre el rostro, no quiere que nadie vea su aflicción. —El caballero de Leo debería estar presente también.
La diosa lo entiende y se gira hacia Mu, quien asiente con la cabeza y se dispone a contactar a Aioria a través de vía cosmos.
—Ven.— la diosa toma su mano, esa mano que posee la espada sagrada que le abrirá camino en la batalla contra Hades. —Es un sello impuesto por el mismo, pero para desactivarlo debes tocar la armadura de Sagitario. Ustedes formaron un lazo como Alfa-Omega, ahora está roto, pero cuando toques la armadura ese lazo volverá a unirse.— explica la diosa. —Vamos Shura, enciende tu cosmos.
Llegando hasta la armadura en medio del templo, Shura observa como el cosmos de Athena se intensifica mostrando un aura dorada a su alrededor.
El portador de Excalibur a medida que acerca su mano a la armadura de oro de Sagitario, siente su corazón salirse de su pecho, la marca en su cuello arde en calor y su olor a uvas se intensifica.
Los caballeros solo observan que cuando Shura toca la armadura acompañado de Athena esta brilla aún más de lo que ya lo hacía.
Seiya está ansioso por conocer al hombre que salvó a Saori de las garras de la muerte y Shura, siente que en cualquier momento puede caer de rodillas frente a los presentes, siente un poderoso cosmos habitar dentro de la armadura.
El salón se ve iluminado por gloriosos rayos de luz, la armadura toma su forma objet y después pequeñas partículas de cosmos van dándole forma a un hombre.
Shura siente como la felicidad se instala en su pecho al ver ante sus ojos al ángel que hace años persiguió hasta derribarlo desde el espacio.
—Caballero de Capricornio.— Andrómeda es quien se compadece de él cuando cae de rodillas. Ese cosmos bondadoso del caballero de bronce le brinda tanta tranquilidad que lo lleva a desmayarse por completo cuando logra observar al rubio de ojos azules que fue su pareja.
—¡Shura!— Mu se alarma llegando de inmediato a la par de su amigo. —Se ha desmayado por la impresión.
Milo y Aioria van llegando al décimo tercer templo juntos, Milo más por saber que Shura está allí que por lo que está pasando.
Aioria siente sus ojos humedecerse, la figura de su hermano está presente observando lo que está pasando a su alrededor. —¡Aioros!— como el niño pequeño que alguna vez fue, el rubio se lanza a los brazos de su hermano.
—Llévenlo a una de las habitaciones de este templo.— ordena Athena.
Milo va detrás de los caballeros de Aries y Andrómeda, el hombre que se ha desmayado es su mejor amigo.
—Aioria.— el Alfa mayor responde. —¡Cuánto has crecido, hermano!— dice con una sonrisa.
Está desorientado, lo primero que vieron sus ojos al abrirse fue a su pequeño Omega portando su armadura y realmente quería correr a abrazarlo.
En este momento siente que él ya debe saber por completo que no es un traidor como Saga se los hizo creer.
—Aioros de Sagitario, gracias por todo.
Cuando Aioria deja de abrazarlo, logra observar a una linda joven de cabello corto y lacio, ella es la reencarnación de la diosa Athena, logra saberlo al sentir ese cosmos cálido que hace años sintió.
—Diosa Athena.— con todo y su armadura de alas se postra ante la divinidad. —No tiene nada que agradecerme.
El centauro de la armadura se ajusta perfectamente al cuerpo de Aioros a diferencia de cuando la usó Seiya, pues al usarla pegaso está seguía en su forma objet del centauro alado, pero Aioros la utilizaba sin esas patas traseras, lo cual Seiya pensó era algo injusto, pero claro, el sagitario mayor es su legítimo dueño.
—Saga ha sido derrotado por la flecha de Sagitario y el cosmos divino de Athena.— dice Aioria poniendo de manera rápida en contexto a su hermano.
Shura es colocado sobre la cama por Mu, Shun busca algo que le sea útil para despertar al mayor y Milo en cambio espera que Aries se aparte para quitarle el casco de la armadura para que pueda respirar mejor.
Revuelve sus cabellos negruzcos con cariño y luego se ríe. —Eres patéticamente adorable amigo mío.
—Shura recibió el impacto de la unión de su lazo con Aioros.
—Lo sé, Mu. No es que sea una inexperta en el tema.— responde la pelirroja. —Pero al menos debieron darle un poco de tiempo, son demasiadas emociones para él en un solo día.
—Aioros necesitaba ayuda.
—Tal parece que no recuerdas que Shura sufrió lo suficiente todo este tiempo.— suspira. —No culpo a nadie, solo estoy preocupada.
Shun se resigna a escuchar la discusión de los mayores y Shura abre los ojos ante el ruido, al menos sirvió el intercambio de palabras para despertarlo.
—¿Cómo te sientes?— pregunta Milo.
Con un quejido logra sentarse sobre la cómoda cama. —¿Aioros, está aquí? ¿No fue un sueño?
—Él está aquí, caballero.— responde Shun.
Siente su corazón alegrarse, al menos de esta manera puede estar más tranquilo, sabiendo que le regresó la vida que un día le quitó.
Mu no necesita ser adivino, la mirada de Milo le dice que salga de la habitación al igual que a Andrómeda.
—Debiste al menos considerarlo un poco, habías desgastado parte de tu cosmos en tu encuentro con Andrómeda y el Fénix, sé que eres fuerte, pero recuperar un lazo así de fuerte es como recibir de frente un "trueno atómico", ¿me entiendes?
Shura gira su vista a otro lado de la habitación en un punto donde no pueda ver a la pelirroja regañarlo.
—No puedes morir antes, todavía tienes que luchar contra los espectros de Hades.
La puerta se abre y Shura dirige su mirada inmediatamente a esta, es Aioros quien se presenta en la habitación sin mostrar un poco de respeto. Se ve mayor a como lo recuerda.
Shura muerde su labio inferior por los nervios que siente.
Milo solo observa al recién llegado que parece lanzarle una flecha de oro con los ojos, de igual manera la Alfa no teme a la presencia del Alfa con olor a vino añejo.
Aioros siente que la amazona de Escorpio está invadiendo el espacio de su Omega, así que como un perro defendiendo su territorio se atreve a gruñir.
Recién regresa al Santuario y se encuentra a su Omega ser rodeado por una mujer Alfa.
Recuerda a Milo como alguien impulsiva y también como la niña más rápida entre toda la orden dorada.
Su mirada azul se encuentra con la escarlata de la pelirroja, sus colmillos se muestran y ante el ruido Shura se vuelve sumiso.
Milo se pone de pie y ríe cínicamente, ella también gruñe mostrando sus colmillos, Shura es como un hermano para ella, aunque es menor que Capricornio, su casta es superior. Sabe que Aioros la ve como una intrusa.
Ayudó a su amigo en sus celos, tal vez Sagitario ya se dio cuenta de ello por el olor de valeriana, sin embargo está equivocado en la manera en que piensa ayudó al Omega en su ausencia. Nunca se metió con Shura, solo utilizaba su olor para sedarlo durante sus periodos de celo, las feromonas de Shura nunca la afectaron como para encender algo más entre ellos. —¿Cómo te atreves a dudar de Shura, Aioros?— le molesta que Aioros piense lo peor de la cabra dorada.
Igual ninguno de los dos Alfas deja de gruñir mientras Shura se siente débil.
—Aioros te dije que esperaras…— Aioria se sorprende al ver tal escena de los dos Alfas gruñendo.
—Sal de aquí.— el rubio mayor le ordena a la mujer que no usa su casco.
—No, me iré.— se cruza de brazos. —No hasta decirte unas cuantas cosas.— su aguja escarlata está tan afilada como para enviar un ataque. —Shura es mi amigo, lo cuidé durante todo este tiempo y déjame decirte que sufrió mucho cuando tuvo que hacer lo que hizo, así que si lo lástimas no me importará que hayas salvado a Athena.
Shura se pone de pie con dificultad, si no para a esos dos, pueden iniciar una guerra de los mil días, Milo nunca se llevó bien con Aioros a diferencia que con Aioria se llevaba de maravilla a pesar de que ambos decían que se harían pedazos entre ellos. —Milo es mejor que te retires.— sugiere tomando del brazo a la Alfa. —Aioria tú también, debo hablar con Aioros a solas.
Aioros al ver como se preocupa por la pelirroja y su hermano gruñe más fuerte, le molesta esa actitud del Omega, así que cuando tiene la oportunidad, cierra la puerta con fuerza y retiene a Shura en la pared. No es correcto que lo haga, pero su instinto le gana.
Shura se siente dominado por la imponencia del Alfa recién revivido, Aioros es más corpulento y su voz es más gruesa que hace 16 años. Se siente intimidado y ese gruñido no deja de salir aun sí Milo ya se fue.
—Ella se toma muchas atribuciones contigo.
Está celoso puede sentirlo.
—Milo solo es sobreprotectora conmigo. La considero como una hermana.— responde.
Aioros lo observa a los ojos, no miente, así que dejá de gruñir para no asustar de más al Omega… a su Omega.
Su posición dominante se relaja, Shura lo comprende y en seguida lágrimas cubren sus mejillas.
—¿Te asusté?— Aioros se siente mal por ello, sus gruñidos debieron asustar al Omega de 36 años. —Shura yo…
—Lo siento Aioros.— en su rostro se puede ver la aflicción. —Siento mucho haberme cegado por la ira y haber obedecido órdenes incorrectas. Entenderé si quieres dejar todo lo que tuvimos de lado.
¡Oh! Así que de eso se trataba.
—Así debían ocurrir las cosas Shura.— su mano derecha acaricia la mejilla izquierda del español y luego desciende hasta esa cicatriz en forma de equis en su mentón. —Saga sabía que yo solo podía morir en tus manos porque te amo tanto que nunca podría lastimarte, antes prefiero volver a morir bajo tu sagrada espada a levantar mi puño contra ti.— sus manos toman las de Shura que están protegidas por los guantes de la armadura, pero no le importa mucho ese detalle porque de igual forma deja un suave beso sobre sus nudillos.
—Aioros.
—¡Quiero que sigas siendo mi Omega!— expresa abrazándolo por la cintura. —Si quieres que borremos nuestro pasado, lo hago; pero debes saber que deseo estar contigo en el futuro.
Sabes, tontamente cuando vi a los caballeros de bronce pensé que, de haber sucedido las cosas de manera diferente, tú y yo tendríamos un hijo de su edad.— sonríe y las arrugas se notan en sus ojos, pero todavía es guapo ante los ojos del español.
Shura sonríe con amargura.
—Viéndolo bien, todavía estás en una edad fértil, podemos intentarlo.— se siente feliz al ver el sonrojo de su Omega y con un poco de diversión besa sus delgados labios.
—Hablas demasiado Aioros.— responde abrazando al Alfa sintiendo su olor.
—Y tú sigues siendo demasiado callado.— ríe con diversión.
La Guerra Santa contra Hades ha comenzado, la mayoría de las doce casas se vieron destruidas por completo debido a los ataques de los espectros de Hades.
Milo dio su vida junto con Aldebarán al proteger sus templos.
La valiente reencarnación de Athena, en lugar de esconderse como los caballeros se lo sugirieron les hizo frente a algunos espectros al lado del Patriarca que ella misma había elegido para dirigir el Santuario y sus Tropas.
Al estar Hades en el inframundo situado en la Tierra, los pocos caballeros de oro y Aioros descendieron de los cielos para enfrentarse al resto de su ejército en el infierno.
Los caballeros de plata se deshicieron de más de la mitad de espectros terrestres, dejándole así la tarea a los caballeros de oro de enfrentarse a los jueces del inframundo.
Dohko de Libra, el anciano maestro de los cinco picos, fue el encargado de llevar consigo la armadura de Athena luego de que ella con ayuda de Shura logrará bañar con su sangre la inmensa estatua de Athena en el santuario.
El viejo maestro con apariencia joven también fue el encargado de dar aviso cuando el sello que sellaba a los espectros se rompió.
Shaka con su inmenso poder y su rosario de cuentas, llevó a todos los santos de oro y de bronce hasta el inframundo junto con Athena, pero todos se repartieron alrededor de las prisiones y el castillo de Hades.
Kanon, el hermano gemelo y perdido de Saga se enfrentó a Radamanthys junto con sus demás espectros.
Aioros y Shaka le abrieron paso a Athena en el castillo de Hades, mientras Shura se quedó peleando con Pandora y Camus (caballero revivido para la guerra) se enfrentó con Zelos de rana.
Frente al trono de Hades, Aioros escuchó un quejido, un suave gruñido que provenía de su Omega que recién había dejado atrás.
Ante la incertidumbre, Athena asintió para que Aioros acudiera al llamado de Capricornio, argumentando que ella podía protegerse sola y que además estaba en compañía de Shaka y dos bronces pronto vendrían a suplirlo.
Con el alma saliendo de su cuerpo, llegó hasta el salón donde Pandora tocaba el arpa. Hyoga de cisne sostenía a su maestro que pronto dejaría nuevamente este mundo después de haber cumplido su misión de proteger a Athena.
En otra parte Ikki y Shiryū sostenían el cuerpo del Omega al que buscaba, Shura gruñía de manera débil y cansada. Sus ojos del rubio se llenaron de lágrimas.
Ambos prometieron que saldrían victoriosos y después cuando los tiempos de paz llegarán finalmente formarían la familia que siempre habían deseado.
—Shura.— arrebato el cuerpo de manos de los adolescentes.
—Él logró derrotar a pandora.— Fénix lo puso al tanto.
Exactamente a unos metros más allá estaba el cuerpo de Pandora, Shura la había decapitado sin importarle la barrera de Hades que solo hacía lucir a los caballeros como un bebé indefenso.
—Sin embargo, ella lo hirió con su lanza.— está vez fue Shiryū quien hablo.
A la altura del abdomen, Shura tenía una gran herida por la cual se desangraba.
Los dioses así lo tenían destinado, su maldito destino era ese ver morir al contrario.
—Estoy aquí, mi amor.— con delicadeza acarició sus cabellos, ya que su casco había caído lejos durante su batalla.
Reteniendo sus lágrimas, dejó salir sus feromonas de olor para que actuaren como un calmante y su Omega no sufriera tanto en su muerte.
—Perdóname por no cumplir nuestra promesa.— le dijo con voz débil el santo de Capricornio. —Te amo.— sus ojos escarlatas se cerraron.
Shiryū e Ikki omitieron hacer un comentario y solo guardaron silencio mientras escuchaban los desgarrados gritos de dolor del caballero de Sagitario, el cual era su nuevo patriarca y el general del ejército de la diosa de la sabiduría.
Tanto el dragón como Fénix lamentaron la muerte de un caballero leal que no dudo dar su vida para terminar con la representante de Hades, Pandora.
•Fin•
