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Bozal

Summary:

Shura quiso confiar en Aioros por un instante y luego, la bebé Athena lo inmovilizó. Esos ojitos azules y su tierna sonrisa lo hicieron flaquear y confiar en su mejor amigo, el mismo que el patriarca llamó traidor.

Con el peso a sus espaldas de la armadura de Sagitario y el cuerpo de un Aioros moribundo, Shura escala el risco, no sin antes poner a salvo a la bebé.

Años más tarde Aioros ataca a todo aquel que se acerca a Shura y como medida debe portar un bozal, en partes para no terminar atacando al lindo Omega que creyó y confío en él.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Shura levantó su brazo derecho y lanzó su poderosa espada Excalibur hacia el caballero de Sagitario, el vil mentiroso y traidor del Santuario, ese mismo que le había enseñado cosas maravillosas como el poder del cosmos.

Sus ojos verdes miraron con recelo la caída del caballero de alas doradas, por un momento quiso creerle, darle el tiempo de hablar, pero el sentirse traicionado lo cegó. Aioros traicionó sus ideales de ambos queriendo vender a Athena al ejército de Hades.

Para asegurarse del éxito de su misión intentó dar unos cuantos pasos hacia el peñasco, pero el bebé que Aioros traía en sus brazos se interpuso en su camino y no pudo moverse, sus ojos que eran los únicos que podían realizar tal acción observaron su propia sombra. , no había ninguna flecha oscura en ella, este no era el poder de Aioros de Sagitario sino de alguien superior. 

La niña gateó hacia la dirección que él iba y temiendo que le pasara algo a la inocente criatura, Shura pudo moverse para tomarla en sus brazos.

—¡Imposible!— murmuró incrédulo al sentir como la pequeña criatura irradia calidez y un cosmos débil, pero magnífico.

—Caballero de Capricornio.

Los soldados que seguían a Aioros lo encontraron, así que debía actuar rápido.

—Avisen al patriarca que Aioros está muerto.— muerde su lengua después de decirlo, pues en el fondo desea que no sea verdad. —Voy a deshacerme de esta niña, regresaré en unos minutos al santuario, mientras tanto anuncia al patriarca que el traidor fue detenido.

Siendo un caballero de oro, todos los soldados debían obedecerlo, sin importar si solo era un niño portando una armadura de oro. —¡¿Qué esperan?!— gritó con furia, más por desahogar su angustia por su mejor amigo que por otro motivo.

Los soldados asintieron y corrieron a darle las buenas nuevas al supremo representante de Athena.

Shura observó enternecido los movimientos de las manos del bebé de siete meses. —Perdona mi osadía, Athena.— sus ojos se mojaron en lágrimas. —Aioros no era un traidor.

Con el corazón haciéndose pedazos, Shura tomó la capa de su armadura del suelo y envolvió a la niña, no hacía bastante frío, pero era mejor procurarla que lamentar algo peor. Observando a todas direcciones dejó a la niña en un lugar apartado del borde del acantilado, tomando en cuenta su seguridad.

—Aioros, tienes que estar bien.— con su casco de cuernos y sin pensarlo dos veces se lanzó por el acantilado. 
Sus heridas provocadas por un errado ataque de Aioros no eran tan importantes.

Esperando caer de pie como los gatos sintió el aire abrirle paso en la inmensa oscuridad. A un caballero de oro no le provocaría la muerte caer desde esa altura, pero por lo que había visto Aioros estaba herido antes de su combate.

Shura logró realizar un buen aterrizaje, todo estaba oscuro, pero a unos cuantos metros pudo observar las alas de Sagitario que apenas brillaban entre las penumbras y se apresuró lo más rápido que pudo para llegar hasta su amigo.

—Aioros.— al ver el cuerpo se petrificó.

El castaño tenía sangre a la altura de su frente y múltiples cortes en sus extremidades, Capricornio se sintió culpable y más lágrimas mancharon sus mejillas abultadas. 
Llenándose de valentía se hincó ante el cuerpo de su amigo y se inclinó hasta que su oído derecho estuvo sobre el corazón del arquero, los latidos eran débiles, pero seguía con vida.

—Athena… Shura, protege a Athena…— los murmullos de su voz apagada y sus gemidos de dolor llamaron la atención del pelinegro.

—Aioros, no digas nada, estoy confiando en ti y en ese bebé.— su mano apartó un mechón empapado de sangre. -Lo siento.

Con delicadeza busco en el cuerpo del arquero la estrella central de la constelación de Sagitario y luego sus dos manos se posaron sobre su pecho, cerró sus ojos y concentró todo su cosmos en ese punto para darle una transfusión esencial de su propio cosmos que no solo Haría que se sintiera vital nuevamente, sino que cerraría todas sus heridas provocadas por su Excalibur y otros ataques más.

—Shura…— Aioros es capaz de sonreírle agradeciendo su ayuda en un momento como este.

—En tus condiciones subir hasta allá arriba puede ser perjudicial, por favor sigue portando la armadura de Sagitario, yo me encargaré de nosotros dos.

Aioros siente una inmensa felicidad, finalmente Shura cree en él, lo cual es suficiente, pero teme lo que Saga pueda hacerle si se entera de esto.

El caprino cambia la tiara de Sagitario por su casco de cuernos, a Aioros no se le ve bien, pero por cualquier cosa que pueda suceder prefiere darle toda la protección a su amigo.
Aioros sigue debilitado, así que lo endereza. —Es imperdonable lo que te hice, pero… ¡Demonios Aioros!, Se supone que la armadura de Sagitario tiene alas, pudiste darles un buen uso.— al verso presionado no puede hacer algo mejor que regañar al castaño para aligerar el ambiente y alejar todos los fantasmas que lo abruman.

Aioros es pesado, es mayor que él y ambas armaduras pesan 200 kg en total porque sí, todavía portando una armadura como tal tiene ese peso.

Escalar con un cuerpo casi desmayado es una tortura para el caballero de Capricornio. 

—Atenea, ¿dónde está?

—No te preocupes, ella está bien.

Sus manos se adhieren a las rocas. Por fortuna es el santo que puede presumir tener las piernas y brazos más fuertes del santuario, su entrenamiento siempre consistió en eso, escalar, dividir rocas y muchas otras cosas más. Tiene la fortaleza necesaria para cumplir con su deber, la diosa Atenea lo espera.

Cuando se siente fatigado solo busca una piedra amplia en la cual poner el cuerpo de Aioros para después continuar su camino. Si Sagitario escalara por sí solo con todas esas heridas anteriores, está seguro que moriría poco después de llegar a su meta.

El sudor en su frente se acumula, la respiración de Aioros la siente cerca de su cuello e incluso se ruboriza un poco por esa cercanía. Como una lagartija adaptándose a las condiciones logra llegar hasta su objetivo. —Aioros, debes subir primero en lo que yo me sostengo.— susurra bajito, el noveno caballero ya debería estar mejor luego haber curado sus heridas.

Velando por la seguridad de Shura, Aioros logra subir a la superficie y luego extiende su mano para ayudar a Capricornio, pero este la rechaza para subir por su propia cuenta.

—Debo huir lo antes posible.

Todavía se siente mal, Shura puede verlo, pero eso de dejarlo huir solo no le convence.

—Iré contigo, estamos juntos en esto.

Su mirada verde como el jade se ilumina, no quisiera llevar con él, pero el santuario no es seguro para nadie y eso le duele porque su hermano menor se ha quedado viviendo cerca.
Aioria se convertirá en el caballero de Leo y… Todo puede suceder. Quisiera poder ir corriendo para llevarse también con ellos, pero no puede, hay una misión que debe cumplir.

—Gracias por creer en mí y ayudarme.

Las estrellas y la luz de la luna son testigos de un abrazo cálido y sincero entre dos mejores amigos.

—¿Estás mejor? 

—Algo así.— se quitó el casco de Capricornio y se lo entregó a su dueño, solo para que este copiara su acción y le devolviera la tiara de Sagitario.

Aioros tomó a la niña en brazos cuando llegaron al lugar donde Shura la había resguardado. Athena dormía plácidamente y los ojos de Shura brillaron al saber que había hecho bien al seguir lo que su corazón le dictaba.

En medio de la noche y aprovechando estar fuera del refugio de Athena, Aioros y Shura continuaron su camino, ocultándose entre la maleza y cargando sus armaduras en la espalda para no llamar la atención.

Al llegar a un punto turístico, Aioros cayó de rodillas, Shura que se había mantenido en silencio para no despertar a la bebé, habló. —Sigues débil.— es una afirmación y no una pregunta. —Déjame ayudarte.

Sus brazos son más pequeños que los de Aioros, pero todavía con esa diferencia puede cargar a la diosa y sentir su cosmos cálido.

Los rayos del sol de una mañana de abril se levantan sobre las montañas iluminando los vestigios que los lugareños piensan son parte del pasado, pero que ambos caballeros se sienten tan conocidos con ellos.

—Debes descansar, Aioros.— dice mientras arrulla a la bebé en sus brazos.

—Necesitamos salir de aquí, cuando Saga note tu ausencia mandará a Afrodita ya Deathmask a buscarte o matarte.— responde.

¿Saga? Shura desconoce toda la verdad detrás de lo acontecido, hasta donde sabe el santo de Géminis desapareció hace tiempo sin dejar señales de vida o muerte. Tampoco indaga en el tema, si Aioros gusta hablar de eso con gusto lo escuchará, pero si no es el caso, él no exigirá nada.

—En ese caso, cuida de Atenea. Yo me encargaré de que salgamos de aquí.

Con la luz del sol, Aioros nota un golpe en la mejilla de Shura y se siente culpable por ello al lanzarle un trueno atómico hacia su persona. Se siente miserable y se odia por atacar a su pequeño ser querido. 

—No, Shura.— intenta ponerse de pie, pero sigue débil por los ataques de Saga y Excalibur. 

Shura regresa a Athena a los brazos de su benefactor y sale corriendo antes de que Aioros lo detenga. Él buscará ayuda sin importar lo que tenga que hacer.

Aioros tristemente piensa en su hermano y en el futuro que los espera. Si Shura no estuviera a su lado y no hubiera curado sus heridas, ahora estaría muerto.


El pequeño caballero del décimo templo observa con su mirada verde a un grupo de turistas recién llegados a los vestigios de los templos antiguos de Athena y los demás dioses del Olimpo cuando estos vivían en paz y en armonía en la Tierra.

Su armadura está cubierta por la capa de la armadura de Aioros.

Los turistas comienzan a desperdigarse entre las ruinas para tomar fotos y apreciar el paisaje, sabe que esta es una de las principales actividades turísticas dentro del país heleno.
Entre todos esos rostros desconocidos logra sentir la calidez humana de un hombre de cabellos cenizos que está acompañado por un hombre calvo. 
Ellos pueden ayudarlo, así que con su gran valentía se acerca a hasta ellos, no se le hace difícil entablar una conversación, pues uno de los idiomas que estudió con fluidez fue el japonés al saber que el antiguo caballero de Capricornio del siglo XVIII provenía de la tierra del sol naciente.

—Necesito su ayuda, señor Kido.— pide con ojitos llenos de ternura, ese truco lo aprendió de Afrodita quien siempre pegado a Saga le hacía esos ojos de cachorro para que el mayor le cumpliera sus caprichos de darle dulces o la manzana más grande recolectada de los arboles.

El hombre calvo negoció, pero Mitsumasa Kido le dio una oportunidad.

—Mi amigo está herido y también con nosotros está un bebé que necesita cuidados, huimos del Santuario de la diosa Atenea, al parecer hay una conspiración en ese recinto.

—Solo son patrañas.— dijo Tatsumi. Él no le creía ni una sola palabra al niño.

—Por favor ayúdeme.— viendo que estaban apartados de unos cuantos turistas. Shura se quitó la armadura de la espalda y la puso en el suelo. —Esta es la armadura de oro de Capricornio.— descubrió la caja de Pandora.

Ambos Alfas lo observaron con los ojos muy abiertos. En su mente de Shura aparecieron los ojos de su mejor amigo y eso lo llevó a tomar una difícil decisión para convencer a los hombres.

Athena había creado con ayuda de los lemurianos las 88 armaduras para proteger los cuerpos de sus caballeros que fieles y dignos atendían su llamado para protegerla, así que si su armadura la podía ofrecer para ayudar a la pequeña divinidad ya su amigo, la ofrecería. —Si me ayudan…— le costó decirlo. —Si me ayudan, la armadura de Capricornio es suya.— trato de no llorar, su fiel amiga lo entendería.

Mitsumasa Kido ya había creído sus palabras poco después de observar la obra maestra que era esa caja reluciente. —Llévanos hasta donde está tu amigo.

—Yo llevaré esto.— Tatsumi al ver qué su amo aceptaba el trato, intentó tomar la armadura, pero por más que hizo esfuerzo no pudo levantarla ni un centímetro del suelo. Era pesada.

—Cuando estemos a salvo, te la podrás llevar.— dijo Shura.

El multimillonario japonés siguió al pequeño niño pelinegro que volvió a tomar su armadura luego de darle una gran reverencia para después indicarle el camino con una gran sonrisa.

Aioros, intentó distraer a la bebé con su collar de piedra jade y ella intentaba tomarla en sus manos.

—Volví.— dijo el pequeño capricornio acompañado de dos hombres que suponían eran Alfas. —Señor Kido, él es mi amigo y ella es la bebé de la que le habló durante el camino.

Aioros sintió lo mismo que Shura, el extraño hombre era una presencia sumamente agradable. 

Mitsumasa Kido solo pudo sonreír, las palabras en español eran ciertas, pero había algo que no podía confirmar y eso era si la pequeña bebé realmente era la Diosa Athena, pero la vestimenta de ambos "niños" era sumamente diferente a la que se utilizaba en la actualidad, así que decidió confiar en sus palabras.

—Por favor señor, si no quiere llevarnos con usted, tan solo proteja a este bebé, es la reencarnación de la diosa Atenea que cada doscientos años baja a la tierra para luchar contra las fuerzas del mal.
En unos años unos valientes caballeros vendrán a protegerla.

Shura no tenía idea de lo que Aioros decía, pero debía creerle, su amigo estaba postulado a ser el próximo Patriarca así que sabía de lo que hablaba. 

—No te preocupes caballero, nosotros nos haremos carga de los tres y tu niño no necesitas ofrecernos nada a cambio.

Los ojos del Capricornio se nublaron por lágrimas de agradecimiento, siendo sincero nunca había recibido la ayuda desinteresada de nadie que no fuera la de Aioros.

El hombre mayor sostuvo a Athena en sus brazos, Tatsumi en cambio le ofreció agua al moreno.

—Dame tu armadura, Aioros.— pidió el menor, de esa manera el mayor no haría sobre esfuerzos.

Y así con ayuda de esos dos extraños, los tres habían tomado un vuelo de Grecia hasta Japón antes de que cualquier enemigo proveniente del Santuario fuera detrás de ellos.
Kido no les pidió muchas explicaciones, solo los instaló en una gran mansión luego de pedirles su nombre.

—¿Es seguro estar aquí?

Su naturaleza desconfiada de Capricornio salió a relucir, pese a sentirse seguro en la mansión Kido desconocía el verdadero peligro al que se enfrentaban y no, no le había pedido ni una sola explicación a Aioros, solo sabía que Saga aquel caballero dorado que también admiraba había dañado a Aioros.

—Supongo que sí. Podemos confiar en el señor Kido y en su mayordomo.

Tatsumi no tardó en importunar, llevaba una bandeja con comida tradicional japonesa y un biberón con un sustituto de leche de Omega.

Su rostro tenso no le hacía competencia al de Shura. 

—Tomen lo que gusten, después el señor Kido hablará con ustedes dos.

—Puedo pedir un botiquín.

Cierto, las heridas de Shura durante su combate junto con los cortes y raspones en sus manos, no habían sido atendidas debidamente.

Tatsumi ascendió, el japonés de Shura era excelente y Aioros estaba orgulloso de eso. El antiguo maestro también lo estaría.

Ambos comieron en silencio su segunda comida del día y Athena bebió el contenido de su biberón.

Hablar con el señor Kido solo los tranquilizó más, él dijo que adoptaría a Athena y la haría pasar como su nieta, para no ser descubiertos, la registraría bajo un nombre común del país nipón y en cuanto a ellos podrían tomar lecciones en un instituto bajo otros nombres.

Una luz de esperanza estaba con ellos y ahora tendrían que vivir una vida común sin levantar la más mínima sospecha, pero al menos estaban juntos y Aioros no tendría que cargar con un peso tan grande sobre sus hombros solo.


—Sh… Shu.— a los dos años y medio Athena solo podía balbucear su nombre, el nombre que usaba dentro de la mansión porque fuera de ella era conocida con otro nombre.

Todo había cambiado significativamente, los dos Santos seguían entrenando, pero solo su físico, pero por separado porque luego de un año ambos se distanciaron cuando Aioros cumplió 15 años y su casta se presentó como la de un Alfa.

—Saori, no te lleves las manos a la boca luego de estar jugando con la Tierra.— su instinto estaba marcado, debía proteger a su diosa de cualquier peligro como su caballero más leal.

Aioros observa a ambos desde la ventana del estudio del señor Kido, sintiéndose mal de no poder convivir con ellos tanto como quisiera debido a su casta ya sus otras responsabilidades que incluyen buscar a los caballeros que mencionaba la profecía que Shion le había dicho luego de elegirlo. como su sucesor.

—Sus instintos se están desarrollando Aioros, Shura no es lo que pensamos que sería.— el hombre de cabellos grises llegó hasta su lado.

Sus palabras son claras, la casta de Shura sería diferente a la suya y debido a su comportamiento grotesco que presentaba, Aioros tenía miedo de lastimarlo.

-Perder. 

Y sus temores se hicieron presentes, tres años después en su cumpleaños número 15, Shura se presentó como un Omega con olor a manzanilla.
Un olor atrayente y adictivo del que tuvo que huir en plena celebración entre los empleados de la mansión y el pequeño pelinegro, pero nada de lo sucedido en ese momento se compara con el hecho de lanzarse a morder de manera asesina al Alfa japonés que buscaba cortejar a un Shura de diecinueve años que se asustó al verlo comportarse de una manera violenta y con la boca llena de sangre.

—Shura… Yo lo siento mucho.— murmuró a la puerta de la habitación de Shura al percatarse de su error.

Si tan solo podía usar su cosmos para controlar sus instintos, todo sería más sencillo, quería pensar que su comportamiento se debía a que veía a Shura como parte de su familia, pero estaba equivocado y hoy finalmente se había dado cuenta de ello con sus acciones.

Hacía mucho tiempo que había dejado de ver a Shura como un amigo para verlo con otros ojos. 

—Aioros.— su pequeña diosa llegó hasta él para tomarlo de la mano. —Mi abuelito quiere hablar contigo.

Dejaría el tema para después al igual que muchos otros tantos temas de los que debía hablar con Shura, porque en este momento era más importante ir con Mitsumasa Kido, quien seguramente tendría información sobre el desempeño de los aspirantes a caballeros de bronce.

Grande fue su sorpresa que al llegar a su estudio del millonario, Tatsumi abrió una caja mostrándole su contenido.

—Tu comportamiento de esta tarde fue demasiado severo, Aioros. Habíamos hablado del tema de no comportarte de manera territorial con aquel que es tu compañero.

En la caja no había otra cosa más que el bozal que había usado hace cuatro años, cuando su comportamiento agresivo lastimó a uno de los guardaespaldas Betas que vigilaba la seguridad de Shura durante sus celos como Omega luego de su presentación. 

—Es más por la seguridad de Shura que por otra cosa que tomaremos la misma medida de hace años. Los supresores no te ayudan a controlar ese comportamiento violento.

—Entiendo.

Nuevamente dejó que el bozal creado por la tecnología de la fundación Graad fuera colocado en su boca por Tatsumi, pero está vez lo llevaría sintiéndose avergonzado pues Shura ya no era un niño y ahora sabía el por qué un Alfa usaba un bozal. 

—¡Vamos más rápido, Shura!

Cuando salió del estudio llegó al jardín solo para escuchar las risas de su pequeña diosa. Al menos la niña había podido sacar a Shura de su habitación para que jugará con ella llevándola sobre sus hombros y corriendo por todo el jardín.

El olor a manzanilla en el ambiente es muy poco perceptible, Shura utiliza supresores comunes que inhiben su olor y sus celos.

—¡Aioros!— exclama la pequeña niña extendiendo sus brazos para correr hacia él cuando Shura la baja. — ¿Qué llevas puesto?

La mirada verdosa lo juzga en silencio.

Aioros había sido una persona tierna y agradable… ahora Shura no logra reconocerlo.

—Lo entenderás cuando estés más grande, Saori.— al menos puede comunicarse a través de ese molesto bozal. —Ahora quiero hablar con Shura, ¿puedo robarte un momento su compañía?

Athena da su consentimiento y luego sale corriendo para encontrarse con Tatsumi.

El joven de cabellos negros entrecierra los ojos, está cansado de ese comportamiento estúpido por parte de su mejor amigo.

—El castigo ante tu falta es usar eso, pareces un perro o peor aún, un caballo salvaje que ha sido domesticado para usar un bozal.

Sus frías palabras lastiman al Alfa y no le importa.

—Shura, yo lo siento… No era mi intención agredir a otro alfa.— intenta serenar el ambiente tenso que los rodea. —Pero debes comprenderme. Somos caballeros y que estamos en una relación será perjudicial para el futuro.

Shura se ríe de manera dolorosa. —Eres cruel al querer hacerme creer esa excusa barata, pero tranquilo no lo he olvidado, Aioros.
Soy un caballero de Athena, un caballero que agradece haber confiado en ti hace años atrás, pero no tenías por qué atacar a alguien que solo se estaba acercando a mí de manera cortés, pensaba rechazarlo enseguida porque sé cuál es mi misión.

—Entonces si lo sabes, no crees falsas ilusiones en alguien.

Su malestar no podía escalar a un nivel más alto. —No lo hago y si tú no eres honesto con esto yo hablaré. Sabes que me gusta hablar de frente y no andarme con rodeos.— de manera descuidada se acercó hasta el moreno, cerró los ojos y dejó que las palabras fluyeran, si su corazón se hacía pedazos ya encontraría la manera de repararlo. —Es la segunda vez que atacas a alguien por mi culpa, así que quizás después de confesarte esto puedas estar tranquilo.— sus manos tomaron las del arquero. —Esto será más difícil de lo que pensé.— los nervios comenzaron a invadirlo. —Aioros, creo que… Creo que no podría aceptar el cortejo de ningún otro Alfa porque estoy enamorado de ti.

Su mayor secreto era ese. Su admiración por Aioros comenzó a cambiar poco después de presentarse como un Omega, pero era todavía muy joven para darle un nombre a ese sentimiento que le quemaba el pecho cada vez que su amigo estaba a su lado pese a separarse por largos periodos de tiempo y sentirlo lejano.

Para Aioros ver a su mejor amigo ruborizado como hace mucho tiempo no lo veía era algo sumamente satisfactorio, su ego creció expandiéndose. Shura, su pequeño español de ojos preciosos y sonrisa divina estaba enamorado de él.
Capricornio era sumamente valiente al expresar sus sentimientos y en cambio él siendo un Alfa prefería callarse para después actuar de una manera grotesca con todo aquel que se le acercará al Omega.

—Aioros… olvida lo que he dicho.— se retractó al darse cuenta de lo que su impulso le hizo decir. —Somos caballeros de Athena, una guerra contra un falso patriarca se avecina y la Guerra Santa contra Hades también. Es iluso pensar en…

—Tienes razón Shura, las dos veces que he atacado a las personas ha sido por ti.— su corazón se siente contento. —Y no tienes por qué pedirme que olvide tu confesión.— su mano derecha levantó el mentón del ibérico para perderse en esa mirada. —Sé que las guerras son inevitables y que pronto tendremos que decirle toda la verdad a Saori para poder brindarle las herramientas necesarias para cuándo regresaremos al Santuario junto con los cinco caballeros de bronce para derrotar a Saga.
Ante todas estas palabras quiero decirte que yo también tengo sentimientos por ti y que por eso me he comportado como una bestia que hasta te he asustado y decepcionado.

Shura no necesitará pegamento para su corazón, pero si la fortaleza para resistir todo lo que se avecina. 

—No eres una bestia y perdona mis palabras. Esto debe ser incómodo.— su mano derecha pasa sobre las gruesas correas del bozal diseñadas exclusivamente para que Aioros no las pueda desatar. 

—No lo quites.— sus manos impiden que Shura continúe haciendo su trabajo. —Esto también es por tu seguridad, no quiero dañarte.

—Está bien, lo entiendo. Pensaré en un entrenamiento adecuado para que Athena pueda comenzar a entrenar. 

—Shura.— lo abraza. —Gracias por enamorarte de mí, no sé qué haría si mis sentimientos fueran unilaterales.

Capricornio corresponde el abrazo, luego de una confesión lo más normal es darse un beso entre las parejas, pero el abrazo es reconfortante luego de sentir un terremoto en su interior.

—Caballero de Capricornio.— lo llama por su título la siguiente pregunta lo amerita. — ¿Quieres ser mi novio?

El ibérico se ruboriza y se ve tan lindo a los ojos de Aioros.

—Nada me haría más feliz que eso.— responde apoyando su cabeza en el hombro de Sagitario observando su perfil griego, pero el bozal le impide disfrutar de la belleza completa del Alfa.


Años después la mansión Kido se ve empañada por la tristeza, el hombre que los ayudó a salir de Grecia y les brindó todo lo necesario ahora está muerto.

No pueden evitar que su pequeña diosa se sienta triste, Shura permanece cerca de ella para brindarle su apoyo. 
Esta es la razón por la que la diosa renace como una humana para comprender los sentimientos humanos y entender su convicción de ayudar a todos los habitantes de la Tierra. 

Aioros y Tatsumi se encargan del papeleo y todo lo que tiene que ver con el funeral.

La muerte de Mitsumasa Kido finalmente marca un antes y un después en Saori, Shura la combate había instruido en cuerpo a cuerpo, pero nunca le habló del poder que residía dentro de ella y ya es tiempo de hacerlo. 

—¿Atenea? 

Mayormente su abuelo era quien le hablaba de todas esas maravillosas historias que creía ser fantasía como las caricaturas que veía en la televisión después de realizar sus tareas.

—Así es señorita, usted es la diosa Athena.— Tatsumi se une a los dos caballeros que ahora portan su armadura de oro.

Aioros toma la iniciativa y le cuenta todo con lujo de detalle, él es la persona sucesora de Shion así que es el indicado para hablarle por completo de su misión en la Tierra y aunque solo una niña, Saori confía en las palabras de los hombres que han cuidado de ella.

Los entrenamientos para que Saori desarrolle su cosmos comienzan, Aioros es quien le da las clases teóricas y Shura quién le muestra lo maravilloso que es el poder del cosmos.

El despertar de las armaduras y el poder de su cosmos alerta al impostor que solo esperaba el preciso momento de atacar.

Una tarde otra como cualquiera en la que están recibiendo a los Santos de bronce, poniéndose al tanto de sus entrenamientos y desempeños, todos se sorprenden al ver llegar a Ikki el caballero del fénix que a Aioros le recuerda tanto a Aioria. 

Han pasado tres años desde su huida del santuario, finalmente la profecía se está cumpliendo, Aioros puede sentirlo, el impostor caerá y él estará listo para demostrarle a todos sus compañeros que no es el traidor que Saga les ha hecho creer.

—¿Estás bien?— los ojos de Shura lo observan.

—Lo estoy.— su vista está fija en las estrellas. 
El caballero de Pegaso le ha hablado del maestro que llama "Arles" que no es otro más que Saga. Seiya dijo que parecía un hombre bondadoso, pero él sabe que tiene dos caras.

—Aioros, sabes que puedes confiar en mí, te sigue hasta aquí, planeé darle mi armadura al señor Kido como pago y me he jugado todo por ti. Ellos no tardarán en venir por nosotros y yo al menos necesito saber todo lo que sabes.

—Nuestro camino desde aquí es incierto. Necesitamos aliados, con el único que contamos hasta este momento es con el maestro del caballero de Dragón, pero es un anciano.

—Bien, siempre has sido positivo… o bueno, la mayor parte del tiempo lo eres. No pierdas la esperanza.

Aioros se da la media vuelta y Shura puede ver que sigue usando el bozal, el Alfa no estará tranquilo hasta que lo haya marcado.

—Ven, no necesitas eso. Debí ser claro con Tatsumi y decirle que por más que se lo pidieras no te volviera a colocar esta cosa.— sus cálidos dedos tocan la malla del bozal. —Tus preocupaciones no girarán mucho en las guerras. Yo…— su rostro se sonroja. —Yo finalmente estoy listo para que me tomes como tu Omega, no necesitas controlar más tus instintos… No necesitas usar más esto.— finalmente logra vencer a las correas que sujetan el bozal. 

Los dos están en el balcón de la habitación del Alfa, Shura toma su mano y lo adentra a la habitación, cierra las ventanas, las cortinas y la puerta. Agradeció internamente que la mansión cuente con un sistema de insonorización.

—Athena está conviviendo con los caballeros de bronce, cualquier cosa ellos están para ella.— sus brazos rodean el cuello del castaño. —Estoy listo, Aioros.

Los brazos de Aioros están sobre su cintura, ahora mismo ninguno porta sus armaduras tan solo su ropa civil. 

—Shura, no te sientas presionado por todo esto, yo esperaré.

—Aioros, te amo. No me siento presionado, yo de verdad quiero estar contigo.— susurra cerca de sus labios acortando la distancia, besando esos labios abultados que ama besar cuando sagitario no usa ese tonto bozal. —Pero aceptaré si tú decides…— se traga sus propias palabras.

Aioros lo toma fuertemente entre sus brazos, está decidido lo marcará como su Omega y así podrá regresar al Santuario en paz. 

Shura espera no arrepentirse, ha sido testigo de lo rudo que puede llegar a ser su amado en algunas ocasiones.
Su espalda toca las sábanas de seda, los besos de Aioros bajan por su cuello y siente sus dientes acariciar esa parte sensible de su cuerpo. 

No puede ser ruidoso porque no puede darles ese ejemplo a los jóvenes de bronce, pero las manos de Aioros hacen magia en su piel desnuda.

Si mueren en la guerra al menos se llevarán el recuerdo de su amor y de sus buenas acciones.

 

 

 

 

•Aleta•

Notes:

El bozal de un Alfa se muestra para representar su responsabilidad sexual y su deseo.

Aquí Aioros le busca pelea a cualquier extraño que esté cerca de Shura y su responsabilidad sexual es no querer atacar a Shura directamente sin obtener su consentimiento, por ello también usa el bozal.

 

Estoy retrasada en un día (en algunos países dos días) lamento que su calendario de adviento de Aioros y Shura se retrace tantito, pero veré la manera de ponerme al corriente.

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