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Ojos de cachorro

Summary:

Luego de todo lo ocurrido en el pasado, Shura no puede negarse a nada que le pida Aioros y menos si este le hace esos ojitos de cachorro que lo persuaden más que un trueno atómico.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Después de dar una vuelta por las estrellas y fundirse entre ellas, Shura solo había tenido un deseo en mente antes de morir, y ese era volver a ver al hombre que sus manos sedientas de justicia mataron vilmente bajo órdenes llenas de mentiras, intrigas y engaño por parte del mayor de los hermanos Géminis.

Los dioses o al menos Athena había escuchado su deseo. Luego de la batalla contra Hades y perecer nuevamente en el muro de los lamentos junto con el arquero y sus demás compañeros, la benevolente diosa usó su cosmos para traerlos de nuevo a la vida.

Una vida donde el remordimiento de sus acciones pasadas seguían torturando su miserable corazón hasta que Afrodita de Piscis se acercó hasta él y le dio unas palabras de aliento.

—Ve con él, estoy seguro de que podrá perdonarte. Mis rosales antes de florecer son simples varas verdes con espinas, la amistad que tenían puede florecer entre las espinas de su pasado.

La metáfora era buena, sin embargo él se consideraba como la verde y ponzoñosa maleza que Afrodita a menudo tenía que arrancar para que sus preciosos rosales florecieran.
Nunca sería suficiente postrarse hasta besar el suelo para pedirle perdón a Aioros. Su falta había sido grave y luego años después de enterarse de la verdad y perder la esperanza en la humanidad se había convertido en un fiel seguidor de Saga y su doctrina utópica. ¿Aioros podría perdonarle después de saber todo eso? 

La respuesta resultó ser lo contrario a lo que pensó que sería, el Santo de Sagitario se había acercado a él días posteriores a su resurrección y sin decirle más que hacer lo abrazó fuertemente y le susurró un:

—Te extrañé, has crecido mucho.

Ese día recuerda haberse derrumbado entre los brazos del Alfa y llorar amargamente, ensuciando con sus lágrimas la ropa de entrenamiento que usaba ese día el griego.

Aioros seguía siendo tan bueno, gentil y tierno con él que creía estar soñando. Sagitario no podía tenerle ese mismo cariño que cuando era un niño, cometió actos imperdonables, pero su mejor amigo solo los tomó de una manera tan optimista como si hubiera realizado pequeñas travesuras.
Sagitario limpió cada una de sus culpas argumentando que solo era un niño de diez años cargando con una gran responsabilidad sobre sus hombros.

—Shura no necesito que me veas como al héroe que mataste bajo intrigas, quiero que me veas como lo que era… Tu mejor amigo.
Ese que sin importar sus responsabilidades siempre tenía tiempo para ti. ¿Lo recuerdas? Éramos tan felices.

Aioros dejó su pésimo historial en modo incógnito y puso sobre la mesa esa oportunidad de retomar su amistad, de seguir siendo esos mejores amigos que fueron en el pasado y él aceptó, está vez haría las cosas bien, le sería fiel a Aioros hasta el final y no dejaría que nadie volviera a persuadirlo.

Ahora que la luz estaba nuevamente con él, no la dejaría marcharse, protegería y daría su vida por el Santo de Sagitario como siempre debió haber sido y por ello se sintió inmensamente feliz cuando se enteró de que Athena retomaría la decisión de Shion para poner a Aioros en el puesto del Patriarca.

Finalmente las piezas lograban encajar en su lugar, épocas de paz vendrían con Aioros siendo la cabecilla de todo el Santuario.

—Shura, quiero pedirte un favor.— el arquero nuevamente llegaba a su templo.

Los papeles se estaban invirtiendo, hace más de trece años era él quien no salía del templo de Sagitario.

—Tus deseos son órdenes.— respondió de manera sarcástica.

Aioros parecía nervioso. —Tal vez ya estés enterado de la decisión de Athena.

—He escuchado algo sobre ello.

—Ella quiere que yo tomé el puesto del Patriarca. No es como que tenga opciones, es una orden directa de nuestra diosa y yo debo aceptarla.

Su amigo estaba feliz por la noticia, Shura podía notarlo y si bien en años anteriores, Aioros quiso desistir del puesto está vez se veía ilusionado.

—Me gustaría pedirte que fueras mi mano derecha.— ese era el favor.

El Alfa fue directo y claro como una flecha, pero alguien como él tan odiado no podía aceptar eso.

—Estuve conversando con Saga y me comentó que durante un tiempo le ayudaste con las finanzas del Santuario entre otras cosas.

Si eso sucedió no fue por decisión propia, Saga lo había obligado a aceptar ese cargo a diferencia de Deathmask y Afrodita que estaban a su entera disposición del Santo de Géminis con tal de recibir algo a cambio.

—Realmente no le ayudé, él me obligó a hacerlo.— alzo los hombros recordando aquellos días oscuros donde los números mantenían su mente ocupada.

Capricornio notó como Aioros tensaba su mandíbula luego de escuchar sus palabras. Saga había dominado al Santuario tanto como quiso y entre su larga lista estaba él.

—No voy a negar que compartía algunos ideales con él, pero nunca quise ayudarlo con el papeleo y los números.
Y siendo honesto contigo, no creo que muchos estén de acuerdo con que yo sea tu ayudante, tal vez tu propio hermano Aioria te sea de más ayuda que yo.

Aioros negó, nunca había escuchado a ningún soldado, aspirante o a los propios caballeros hablar mal de Shura por sus acciones cometidas en el pasado, claramente a excepción de su querido hermano Aioria.

—Aioria tiene un espíritu libre, preferiría mil veces observar el entrenamiento de los soldados que ayudarme con las labores del Santuario. Shura, Athena también me recomendó a cualquiera de los gemelos para que me ayuden con esta tarea, pero yo… preferiría tenerte a mi lado.

La combinación de palabras no fue la mejor y Shura terminó con las mejillas sonrojadas.

—Eres mi amigo Shura, somos cercanos, ambos nos conocemos o al menos me conoces lo suficiente a mí.— esos ojos de precioso color aguamarina lo observaron. —Creo que haríamos un gran equipo.

Los ojos de cachorro del Alfa podía tomarlos como una manipulación para que aceptara ser su ayudante, pero al menos Aioros no estaba utilizado su voz de mando como Saga lo hizo en el pasado bajo la misma razón.

—Creo que hace tiempo dije que haría cualquier cosa por ti como una remuneración a mis acciones.

—Tampoco quiero obligarte, tal vez lo tuyo tampoco sea estar encerrado en una oficina y…

—Y está bien, te ayudaré en lo que pueda. 

La sonrisa en el rostro del moreno finalmente apareció, no importaba mucho si se aburría en el trigésimo templo ordenando documentos y siendo como un secretario para Aioros, haría cualquier cosa que estuviera en sus manos para verlo sonreír de esa manera tan genuina.


Una semana después, Aioros ya estaba ocupando la oficina que le correspondía luego de su nombramiento como Patriarca y él estaba a su lado, no muchos estaban de acuerdo con la decisión del nuevo patriarca de tenerlo como su ayudante, en su mayoría personas ajenas como soldados y aspirantes que se atrevían a criticar cosas que ni siquiera sabían con exactitud como habían pasado, pero no le importó. Aioros estaba feliz con su presencia y eso debía ser suficiente... Siempre y cuando las habladurías no llegarán a sus oídos.


Tal y como lo pensó las primeras semanas fueron un completo caos, el moreno desconocía muchas cosas y aquí era donde el ibérico entraba a ayudarlo, le explicaba con detenimiento todo lo que desconocía, acomodaba viejos papiros en su respectivo lugar así como libros en los estantes de la biblioteca.

—Shura, ¿cómo controlas tu aroma?

El hombre de túnicas azules le preguntó durante la hora de la comida, la única ocasión en la que podía quitarse el casco dorado de Patriarca.

Shura se sorprendió por la pregunta, pero era algo normal, le había confesado a Aioros que era un Omega y era natural que le preguntará cosas sobre su casta
Su amigo revivió como un Alfa de 27 años, pero había muchas cosas que desconocía de las castas.

—La mayoría del tiempo uso inhibidores de olor.

Eso explicaba por qué el mayor nunca había sentido su olor.

—¿Y cómo pasas tus celos? ¿Ya tienes a alguien? 

Se sentía un poco incómodo, pero debía ser sincero con el curioso hombre que estaba preguntando detenidamente sobre su vida privada. —Mis celos mayormente los controlo con el poder del cosmos y no, no tengo a nadie en mi vida. Soy un caballero de Athena, no puedo vivir una vida como cualquier otro Omega fuera del Santuario. 

—¿Nunca te has enamorado? 

Un caballero velaba por preservar el amor y la justicia en la Tierra, pero era tan contradictorio que pocos de ellos pudieran vivir un romance puro y sincero.

—No.— su mirada verdosa dejó de observar el rostro del Alfa porque en el fondo estaba mintiendo, desde luego que amaba a una persona. —¿Y tú?

El heleno sonrió. —Es algo precipitado, pero sí. Hay alguien que me llama la atención.

Su valentía decayó en preguntar de quién se trataba. No estaba listo para enfrentarse a sentir su corazón hacerse añicos, pero después de todo no podía seguir alimentando alguna esperanza con el arquero, el mismo fue su verdugo y los ojos del antiguo caballero de Sagitario nunca podrían mirarlo como él quisiera, así que con tenerlo cerca ya era suficiente.

—¿Puedes dejar de tomar inhibidores?

Esta conversación estaba tomando un rumbo que no le terminaba de agradar, de ante mano sabía que Aioros era sumamente curioso, pero esa característica suya lo está poniendo en apuros.

—Me gustaría saber cuál es tu aroma como Omega, eso es todo.— alzo los hombros.

Desde su perspectiva eso no sonaba bien, si a Aioros ya le gustaba alguien que tenía que saber a qué olía él. 

—No puedo.— se negó.

Aquí venían esos ojitos nuevamente, Aioros tenía esa arma secreta que lograba hacerlo cambiar de opinión tan rápidamente a como viera las pupilas de su amigo dilatarse para reflejar la luz del sol en ellos, ojalá hace años hubiera hecho esos ojos y hubiera desistido a matarlo.

Aioros tenía un poder fan grande como el trueno atómico con esa simple acción.

—Bien, pero si te desagrada no es mi problema.


Ojalá le hubiese desagradado al Alfa su aroma al día siguiente cuando se presentó en la oficina dejando al descubierto sus feromonas con olor a sandía, pero no, Aioros le dio unos cuantos cumplidos que hicieron su corazón se acelerará como el de una cabra escalando las montañas de los Pirineos.

Los halagos por parte de Aioros los había recibido desde que era un niño, pero ahora se sentían diferentes. Aioros es un Alfa y él un Omega.
Si su pasado fuera diferente, Shura tomaría la iniciativa de hablarle de sus sentimientos, de expresarse libremente, podría ser atrevido dejando que sus feromonas actúen para atraer al Alfa, incluso podría enamorarlo...

Si tan solo Saga no hubiera sucumbido ante los deseos de su contraparte malvada y a sus deseos, todo sería diferente. 

—Al parecer Saga no supo administrar bien los recursos del Santuario.— Aioros revisó unos documentos encontrándose con la grata sorpresa de que Saga había hecho sumamente un despilfarro de los fondos del refugio. —De no ser por Athena ahora mismo estaríamos en una bancarrota total.

—Ya empiezas a comprender los términos.

—¿En qué lo gastó?

—Vino, mujeres, hombres Omega, banquetes para su harem.

—¿Saga tuvo un harem?— preguntó sorprendido.

—Así es. La mayoría de ellos eran aspirantes a caballero, amazonas, simples sirvientes y uno que otro caballero.

Aioros observó a Shura detenidamente, sus manos apretadas en fuertes puños apretaron el papel de las hojas que estaba revisando. —¿Tú…?

Shura palideció. —No, de ninguna manera.— se mostró ofendido. 
Si bien Saga quiso unirlo a su lista de conquistas, él desistió.
Ya había perdido el sentido del por qué era un caballero de Athena como para que también perdiera su dignidad y virginidad con alguien como el griego de cabellos azules.

—Eso me tranquiliza.

Una de sus cejas forma un arco buscando una explicación a las palabras del arquero. 

—No me hubiera gustado que Saga te hiciera más daño, eso es todo.

Por su parte el ex caballero de Sagitario también tenía que callar sus verdaderos motivos detrás de su comportamiento con el español, cosa que cada vez se le hacía más difícil.

Olfatear un par de días el aroma a sandía fue suficiente para sentirse hipnotizado, el olor dulce y fresco era agradable, pero luego Shura volvió a utilizar sus inhibidores y todo lo que un Omega emplea para no dejar al descubierto su casta, por lo cual termino frustrado, pero verle todos los días era un placer.
Shura había crecido y comenzaba a notarlo, su cuerpo estaba estilizado por su cintura pequeña y caderas anchas, su belleza era apreciable en su rostro ibérico, su perfil era impresionante y sus ojos le encantaban.

Su deber se veía comprometido cada vez que se distraía de escuchar las palabras de Shura por observar la gesticulación de sus delgados labios.


—Hermano, deberías buscar a alguien más que te ayude con tus responsabilidades como patriarca.— sugirió Aioria.

—Estoy bien con Shura, ambos nos entendemos y vamos a nuestro ritmo.

—La gente del santuario comienza a murmurar cosas de ustedes dos como que quieres cobrar venganza con Capricornio tomándolo como tu Omega o que él te está seduciendo.
Shura no es de mi agrado y nunca le perdonaré lo que te hizo, pero todavía es un caballero de oro que debe ser respetado.

Aioros mordió su labio inferior detrás de la máscara que usaba, por supuesto que quería a Shura como su Omega, pero no precisamente para tomar venganza.
Lo ama de manera sincera y es algo que nadie podría comprender, ninguno de los habitantes del Santuario lo conocía como para saber que nunca tomaría venganza porque de ser así, Saga no estaría tan tranquilo en la casa de Géminis.

—Entiendo tu punto de vista y todos deberían conocer a Shura como la persona respetuosa y recta que es, no por haber cometido un error en el pasado pueden inventar que me está seduciendo.

Ojalá así fuera, se lo agradecería muchísimo porque de esa manera le daría luz verde para conquistarlo. Porque uno de esos motivos para ocultar sus sentimientos era que Shura no mostraba interés en estar en una relación.

—Solo te estoy dando un consejo Aioros, si no quieres que la gente hablé mal de tu protegido o de ti…

Esta era la primera vez que se daba cuenta que realmente las personas si hablaban a espaldas de su camarada.

—Podría darle la autorización a Shura para que vaya a cortarles la lengua a esos irrespetuosos, lastimosamente no soy partidario de la violencia, pero veré la manera de tomar cartas en el asunto Aioria. 

—No sé para qué me desgasto viniendo hasta aquí para ponerte al tanto, no te importa lo mal que hablen de ti, solo te interesa la reputación de Capricornio.

—Solo me importa mi desempeño ayudando a la señorita Athena y si en partes también me preocupo por Shura.

Por trece años había sido tildado de traidor, así que lo que hablar de él le daba igual y tampoco es como que estuvieran equivocados todas esas personas, quería a Shura como su Omega... Lo deseaba.


Entró nuevamente a la oficina y lo observó bebiendo café y hasta realizando esa pequeña acción Shura se veía etéreo ante sus ojos, así que si o si tendría que hacer un movimiento rápido, antes de que alguien más llegará y descubriera todas las virtudes de su caballero favorito.

Llevarlo hasta Star Hill para observar las estrellas juntos fue su mejor idea, lo invitó sutilmente y ahora estaban en ese lugar que había pasado a ser su casa luego de mudarse del templo de Sagitario.

—Las estrellas son lindas.

Shura parecía un niño emocionado, admirando todas esas estrellas reunidas que les dan un espectáculo único a ellos dos, porque en ninguna otra parte del mundo podrían apreciarse de manera tan clara esos puntos luminosos.

—Me hace feliz saber que esto es de tu agrado porque eso me hace saber que elegí el escenario perfecto.

—¿A qué te refieres?— su seriedad cobró vida. 

—A que es lindo que de alguna manera tengamos gustos en común, a mí también me encanta ver las estrellas.

Ambos están sentados uno al lado del otro, por eso a Aioros no le es difícil entrelazar los dedos de su mano derecha con los de la mano izquierda del Omega.

—Y sería lindo si pudieras sentir lo mismo que yo siento.

Los verdes ojos lo observaron pidiendo una explicación.

Ahora mismo no llevaba la máscara o el casco como Patriarca tan solo su túnica y su característica cinta roja en la frente, si iba a hablar de sus sentimientos era mejor que Shura lo viera así como Aioros y no como una figura suprema.

—Estoy enamorado de ti Shura, esa es una de las razones por las que siempre te he querido cerca de mí.— sus ojos brillan esperando ver la reacción en el rostro español. —Siempre te he amado.

El ibérico permanece en silencio procesando lo que sus oídos acaban de escuchar. 

—Comprenderé si tú no sientes lo mismo, solo quiero que sepas que tú sola presencia me hace muy feliz como siempre lo ha hecho.

El silencio lo está matando y justo cuando está a punto de levantarse con lágrimas en los ojos por un supuesto rechazo, el Omega lo detiene pegando sus labios con los suyos. Debió esperar una acción así, para su amado las acciones dicen más que sus las palabras.

El beso es lento, inexperto, descuidado, pero es la mejor caricia que han experimentado entre ambos.

—Había soñado con infinidades de momentos como este que pretendí querer vivir de ellos, no quería hacerme falsas ilusiones. Nunca pensé que estarías interesado en mí, así que yo preferí guardar silencio sobre mis sentimientos y… no sé si sea lo correcto, pero una vez prometí que está vida que me ha dado Athena solo la utilizaría para hacerte feliz y seguirte fielmente como debí hacerlo en el pasado.

Los dos sienten alegría, su deseo de estar juntos permanece, porque también antes de morir Aioros deseaba tanto volver a reencontrarse con Shura. 

—Ten por seguro que tú sola existencia ya me hace feliz Shura.— besa su mejilla y luego su frente. —Hay muchas cosas que las personas dicen de nosotros, ¿Las has escuchado? 

—Afrodita me ha puesto al tanto.

—Entre todas ellas hay algo que es verdad y esa es que quiero que seas mi Omega.— sonríe con emoción. —Desde que me dijiste que eras un Omega, recurrí a métodos con los que quizá te sentiste incómodo, un ejemplo de ello fue cuando te pedí fueras mi mano derecha o que dejarás de usar los inhibidores, lamento eso, quería sentirte cerca de mí y mi nuevo cargo comprometía eso, también quería oler tu olor, saber a qué olías.
Quería grabarte por completo en mi memoria.

—No tienes por qué disculparte. Me sentí incómodo un par de veces, pero también me sentí halagado, dijiste cosas tan bonitas de mi aroma y siendo sincero yo también quería estar cerca de ti. Amo cuando pones ojos de cachorro para persuadirme o pedirme algo.— suelta una risa nerviosa.

—Siempre estaré eternamente agradecido con la diosa Athena por ponerte en mi camino, Shura.

—Y yo estoy agradecido con ella por traernos de nuevo a la vida para obtener momentos como este.

Bajo el manto nocturno cubierto de estrellas, ambos se abrazan susurrando palabras de amor para el otro.

 

 

 

 

•Fin•

Notes:

Sentí esto muy plano al escribirlo, pero ya editando vi que había quedado algo decente.
El título del día no me ayudó mucho, incluso tuve un pequeño bloqueo y aunque tendría que haber terminado todo esto en algo sexual porque la descripción del día implicaba el "deseo", preferí dejarlo hasta aquí en algo romántico.

Aioros solo le hace ojos de cachorro a Shura para que acepte ser su ayudante y para que deje de usar inhibidores para sentir su olor.
Necesitaba poner algo tierno y lindo antes de que vuelva a caer en la tentación de hacer sufrir al cabrito de ojos verdes.

Agradezco que AO3 tenga la modalidad de cambiar la fecha de publicación 🤫

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