Actions

Work Header

Prendas con Aroma

Summary:

Cuando Aioros es enviado a una misión solo tiene como consecuencia que Shura se sienta solo, lo extrañe y recuerde los horribles años en que Sagitario estuvo ausente de su vida por su culpa.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Shura se despertó inmediatamente cuando escuchó la puerta de su habitación abrirse, claramente siendo un caballero de oro sus sentidos siempre debían estar alerta para captar el más mínimo cambio de energía dentro de su templo.

Dio un bostezo para luego sonreír ampliamente luego de reconocer el aroma de su Alfa y verlo acercarse hasta su cama.
Los rayos del sol todavía no daban algún indicio de que ya estuviera amaneciendo por lo que enseguida supo que todavía seguía siendo de madrugada.

No era extraño que Aioros entrará en su habitación, ambos tenían una relación, pero si era extraño que entrará en medio de la noche cuando el descansaba, mayormente Sagitario le daba su espacio para descansar o a veces se quedaba a dormir con él.

—¿Sucede algo?— su pregunta demuestra su preocupación.

—No pasa nada.

Aioros llegó hasta su lado y se metió entre las sábanas agradeciendo la calidez que logró encontrar luego de subir las escaleras de Sagitario hasta Capricornio.

Shura sintió los brazos de su pareja rodear su cuerpo y no pudo evitar estremecerse ante la diferencia de sus temperaturas corporales.

—Las mentiras no son lo tuyo.— su brazo rodea el cuerpo del arquero que reposa la cabeza sobre su pecho. —¿Tuviste alguna pesadilla? 

Era normal que Aioros tuviera insomnio o pesadillas luego de lo ocurrido en el pasado y eso era algo con lo que Shura no podía luchar.

—No, solo quiero estar contigo. Perdona por haber entrado como un ladrón y no haber pedido tu autorización para entrar hasta aquí.

—Descuida.— con cariño acaricia los cabellos castaños del griego. 

Anteriormente ambos sentían miedo uno del otro por su encuentro del pasado en el que uno de dos murió. Tuvieron que pasar meses desde su resurrección para que ambos pudieran enfrentarse a los hechos ocurridos, después de todo había algo superior que los llamaba a estar juntos y como tal decidieron descubrirlo, dándose cuenta en el proceso que Eros, el dios del amor había hecho de las suyas con sus corazones.

El amor y la justicia eran eso superior que los llamaba y que los unía. Desde niños se habían enamorado, pero eran tan jóvenes que confundieron ese bonito sentimiento con compañerismo y amistad, pero por fin después de pasar por tantas guerras el destino les sonreía poniéndolos como Alfa y Omega destinados.

Aioros aspiró la dulce fragancia a flores de jazmín. —¿Puedo quedarme a dormir?

—Esa era tu idea original, ¿no es así?— recibe una leve afirmación. —Ni siquiera esperaste una invitación de mi parte.— sonríe.

Tener a Aioros nuevamente en su vida es demasiado reconfortante y tenerlo como pareja es como tener ganado el paraíso después de la muerte.

Shura cerró los ojos nuevamente tratando de dormirse y Aioros poco a poco se iba contagiando de su calor.

—En unas cuantas horas salgo de misión.

El ibérico no estaba preparado para escuchar esas palabras. La última vez que Aioros se fue a una misión fue tres días después de que lo marcará como su Omega y recuerda haberlo extrañado mucho así como también sufrió al sentir todo eso como un abandono.

—Por eso viniste.

Sus ojos se volvieron a abrir en vano, no podía ver nada en medio de la oscuridad de su habitación, tan solo podía sentir el cuerpo y el aroma de Aioros.

—La diosa Athena me encomendó la misión está tarde, pero no dije nada durante nuestra cena.

—¿Puedo acompañarte?— pidió con la esperanza de obtener una respuesta positiva pues no estaba preparado para sentir la ausencia de su Alfa nuevamente y lo mejor sería acompañarlo

Aioros dejó de abrazarlo para apoyarse en sus brazos. —Lo siento, cariño. No puedo llevarte conmigo.

Shura no dijo nada. Comprendía que ambos fueran caballeros al servicio de la diosa Athena y que las misiones eran algo de su día a día, pero había más caballeros al servicio de la diosa. 

—Prometo cumplir con mi misión lo más rápido posible para regresar a tu lado.

De antemano sabía por todo lo que había pasado Shura al sentirlo ausente por tres largas semanas. Aioria se lo había comentado y se sentía culpable. Era propio de los Omegas querer sentir a su Alfa después de ser marcados así como obtener su cuidado, pero él en cambio se fue a una misión sin mencionarle nada a su amado.

—Entiendo. Debo entenderlo, no somos personas normales, tenemos que cumplir con nuestra responsabilidad como Santos dorados. Ten en cuenta que te extrañaré.

Sus cálidas manos sostuvieron las mejillas de Aioros y se acercó para depositar un suave besito.
No podía ser tan egoísta y cortar esas alas de su maravilloso ángel para mantenerlo por siempre a su lado. 

No, Athena confiaba en el trabajo de Aioros.

—Pedí consejos a algunos de nuestros amigos sobre qué hacer para que no te sientas desolado en mi ausencia. Yo no sé mucho de estas cosas.— se sonrojó y el décimo caballero solo pudo percibir el calor de sus mejillas.  

Murió en una etapa prematura antes de descubrir su casta y luego cuando fue revivido por la misericordia de su diosa solo se encargó de entrenar, perdonar a Shura y luego se dejó llevar por su instinto hasta marcar a su amado como suyo.

—Aioros no tenías que preguntarles a ellos…

—Fue Shaka quien me sugirió que te dejará unas cuantas prendas con aroma… mi aroma.

Se cansó de estar en esa posición donde sus manos sostenían su cuerpo así que dejó que su cuerpo cubriera al del ibérico y enterró su nariz en su cuello buscando esa glándula de aroma para aspirar ese suave y agradable olor a jazmín. 

—¿Shaka?

Era confuso y raro para él que el rubio de ojos azules le diera consejos a Aioros, después de todo también lo había asesinado con su filoso cosmos.

—Sí. Fue demasiado paciente al explicarme varias cosas de mi casta y la tuya, aparte me acerque a él porque es uno de los únicos Alfas dentro del santuario que resolvería mis dudas con seriedad.

Su nariz acarició el cuello de Shura y cuando quiso se atrevió a dejar suaves besitos en esa zona sensible.

—¿Y lo harás?

—Por supuesto, si eso te ayuda a no sentirme tan ausente no seré quien para negarme.— sonríe de manera cálida. —Esa es una de mis otras razones por las que estoy aquí. 

—No me ibas a decir nada, solo dejarías tu ropa aquí y te irías de misión… Eso es cruel Aioros.

—No, claro que no. Esperaría hasta que despertarás temprano en la mañana y te lo diría. Dejar las cosas claras entre nosotros siempre será mejor que cualquier otra cosa, así no piensas cosas que no son.

—¿Ese también es un consejo de Shaka de Virgo?

—No, eso es algo que he aprendido.

—Deberíamos dormir, necesitas descansar para ir a tu próxima misión.

Sus manos acarician con delicadeza la espalda desnuda de su arquero. 

—Shura.

—Dime.

—Te amo.

Esas simples palabras de amor con la fuerza de una exclamación de Athena lo hacen sentirse único y totalmente afortunado. 

—Yo también te amo, Aioros.

Ese sentimiento siempre estuvo con ellos y ahora los acompañaría hasta el día su muerte.

Los dos se quedaron dormidos instantes después de que guardaron silencio, sus corazones permanecen tranquilos y rebosantes de felicidad. 


A la mañana siguiente Aioros partió con su armadura en la espalda, Shura a penas había tenido un poco de tiempo para despedirse de él y de darle un pañuelo con sus feromonas. 
Mientras compartieron un bello momento en pareja durante la madrugada se dio cuenta de que Aioros parecía olfatear su aroma más de lo normal como si quisiera grabar ese olor en su mente, así que decidió darle algo para que también pudiera tenerlo presente en medio de esa misión.

—Estará bien, de todas maneras es Aioros de Sagitario.

—Eso es lo que me preocupa, Mu.— forzó una sonrisa. —Es un hombre fuerte, pero su nobleza es tan grande que a veces lo pone en apuros.

Si alguien sabía tanto de Aioros, ese era él. Lo conocía a la perfección y ahora no le quedaba más que alzar sus plegarias para que Athena le brindará la suficiente sabiduría a su amado para cumplir su misión

Con desánimo volvió a subir de Aries hasta géminis donde fue detenido por el mayor de los gemelos con quién cruzó unas cuantas palabras, pese a todo lo ocurrido, Saga mayormente lo protegió en la batalla contra Hades, así que todavía seguía teniéndole algo de respeto después de todo ese hombre era uno de los caballeros más fuertes al servicio de Athena.

De Géminis llegó hasta Capricornio, sinceramente no tenía demasiados ánimos para conversar con sus compañeros detenidamente por lo que solo pidió permiso para cruzar sus templos de regreso hasta su casa.

Tres días después, luego de abstenerse del olor de su Alfa, buscó la ropa que Aioros había dejado en su templo para olfatear por unos cortos minutos ese agradable olor a té verde en las prendas, solo para descubrir que no era suficiente, todavía lo extrañaba, pero al menos está vez sabía que regresaría después de unas semanas, pero de igual manera no pudo evitar volver a caer en ese túnel de incertidumbre en el que vivió por trece largos años.
Aioros no se había presentado como un Alfa en ese entonces, pero de igual manera luego de cometer el peor acto de su miserable vida, bajó a Sagitario se adentró a su habitación y buscando una manera de sentirlo cerca tomó de manera inconsciente sus ropas de entrenamiento sin saber que solo era algo propio de su instinto como Omega que apenas empezaba a desarrollarse.

Recuerda llorar noches enteras por su ausencia observando sus manos temblorosas en donde la sangre de aquel santo que admiraba se había quedado adherida.
Sufrió mucho, pero siempre sufrió en silencio porque nunca quiso sentir la lástima de otras personas.

Con delicadeza pasó las yemas de sus dedos por la marca que le había hecho Aioros cuando ambos se entregaron a los deseos de la pasión por primera vez luego de saber que sus sentimientos eran sinceros y verdaderos, tan fuertes y potentes como el mismísimo Big Bang que había creado al universo.


Cinco días después la nostalgia regresó esta vez recordando la vez en que Aioros se marchó sin decirle nada a una misión y sintió que lo había abandonado. Aquella vez se sintió tan miserable y culpable por no ser lo suficientemente bueno para que el Alfa al que amaba se quedará a su lado. 

Sí, seguía teniendo problemas de autoestima y seguridad en sí mismo, había sido llamado traidor, asesino y cobarde, así que todas y cada una de esas palabras lo marcaron en los últimos meses. Al principio todo le daba igual, pero al convertirse en la pareja oficial de Aioros solo desató que a su pésimo historial se le añadieran nuevas palabras para describirlo.

—Aioros… ¿Dónde estás?

Por la ventana de su habitación observó el paisaje del santuario. En sus manos tenía una prenda de Aioros y su nariz olfateó el aroma que con el paso de los días se hacía más inexistente.

Ir con Athena y preguntarle el paradero del Santo de Sagitario no era algo ético de su parte, así que seguía con la incógnita de saber cuál era la misión que estaba realizando Aioros y porque le estaba tomando tanto tiempo.

Sin poderlo soportar más, dos noches posteriores bajó hasta el templo del centauro y se adentró a su habitación la cual estaba impregnada de su aroma, así que en lugar de tomar otras prendas y llevárselas como cuando era un niño, decidió meterse en la cómoda cama de Sagitario, en la cual se quedó dormido al sentirse casi cobijado por los brazos de Aioros y su aroma a té verde.

 


 

La misión había sido exhausta, su tarea se había dividido en buscar tres aspirantes a caballeros de plata en diferentes países y aunque antes esta tarea se le hacía fácil de realizar, está vez se le complicó porque los niños de esta época ya no creían rápidamente en sus palabras hasta que lo veían portando su armadura o bien usando su poder contra los árboles.

Si algo le había dado fuerzas de continuar su camino y no desistir en su misión había sido ese pañuelo blanco con el aroma a jazmines de su amante. 
Deseaba regresar lo más pronto posible al Santuario para poder abrazarlo, llenarlo de besos y decirle cuánto lo extrañaba.

—Señor Sagitario, entonces nosotros llegaremos a ser tan poderosos como usted, ¿verdad?

Le había sorprendido mucho que uno de esos aspirantes a caballero compartiera su signo zodiacal con Shura, pero que la constelación que regia su cosmos era una constelación diferente a la de Capricornio.

—Si entrenan lo suficiente podrán llegar a ser más poderosos que yo, pero no olviden que ese poder que decide en ustedes solo debe ser utilizado para un bien común como lo es la paz y la justicia.

—Señor Aioros, yo ya quiero conocer el Santuario y a mi maestro, espero que sea tan buena persona como usted.

—Si tienen suerte, tal vez algún caballero dorado sea su maestro, todo depende de lo que diga la señorita Athena.

Al compartir unos cuantos días de su vida con esos niños su deseo de ser padre se hizo presente, sería lindo que Shura y él tuvieran a un precioso cachorro que se pareciera a ambos.

De manera disimulada, olfateó el pañuelo que todavía conservaba su olor a flores de jazmín y al cual había tratado de una manera cuidadosa guardándolo casi siempre en la caja de Pandora de su armadura o bien cerca de su pecho exactamente a la altura de su corazón.


Once días después en medio de una noche estrellada regresó al Santuario en compañía de los tres niños a los que hospedó en su vieja casa donde vivía con Aioria cerca del pueblo de Rodorio.

Atravesó los ocho templos sin problema, las alas de su armadura no contaban como medio de teletransportación así que podía ir y venir entre las doce casas sin ningún problema. 

Entró a su habitación queriendo darse un baño previo antes de subir hasta Capricornio, pero sus planes se vieron frustrados cuando observó en su cama el bulto entre las sábanas.
Su corazón saltó de alegría en su pecho, Shura se veía celestial durmiendo plácidamente sobre su cama respirando de manera calmada.

Sin querer despertarlo, el castaño camino de puntitas a ducharse y luego regresó solo con una toalla de baño amarrada a su cintura.

—Shura…— susurro bajito. —Estoy de regreso en casa.— recorrió unos mechones de cabello negro que cubrían la frente del caballero de Capricornio para dejarle un suave beso.

—Aioros.— la voz adormilada lo llamó.

—Sí, soy yo.

Shura se sentó en la cama esperando despabilarse y cuando supo lo que estaba pasando saltó de la cama a los brazos de su enamorado. —Aioros, estás en casa.

Sagitario no esperó encender la luz de las velas para iluminar su habitación, la luz de la luna llena ya hacía su trabajo iluminado la presencia del pequeño intruso en su habitación. 

—¿Qué haces aquí?— pregunta divertido.

—Los consejos de Shaka no son realmente buenos, tu ropa perdió tu aroma con el paso de los días así que me vi obligado a venir hasta aquí.

Sincero y honesto, a Aioros le encantaba eso.

—La próxima vez me aseguraré de convencer al Patriarca y a Athena para que me acompañes en mi próxima misión o viceversa.

Sus labios ansiosos por volverse a encontrar en una tórrida caricia se unieron llegando a un extremo alto donde Aioros despojo de sus vestiduras a su Omega para llevarlo nuevamente sobre la cama y esparcir caricias por todo su cuerpo.

Shura con gusto aceptó todo lo que esa madrugada Aioros estaba dispuesto a hacerle.

 

Días más tarde con una sonrisa en los labios y estando en las gradas del coliseo, el caballero de Sagitario observó el entrenamiento que su Omega le estaba dando a uno de esos niños que recién había reclutado para convertirse en caballero de plata.

 

 

 

•Fin•

 

Notes:

Esto es más corto de lo que normalmente escribo, pero espero sea de su agrado. 

Series this work belongs to: