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Aioros no sabía por dónde comenzar, pilas de documentos lo esperan día a día para ser revisados uno por uno. Si Shura no lo hubiese postulado al puesto de patriarca esto no estuviera pasando y todavía tendría tiempo para vigilar el entrenamiento de su pequeño hermano, Aioria, pero no puede culpar a su mejor amigo por postularlo, después de todo Shura también postuló al Santo de Géminis y Shion junto con Arles habían leído en las estrellas el decreto de Athena, el elegido era él, el Santo de Sagitario.
Con las vestiduras propias del cabecilla del santuario entró al décimo tercer templo y observó a la Diosa Athena dormir plácidamente en brazos de su nodriza para luego sonreír sonrió. En unos años la tierna cachorra crecería para comandar a todo su ejército y luchar contra Poseidón y Hades, tal y como lo dictaban las antiguas profecías pues cada cierto número de años, Athena bajaba a la tierra para enfrentarse a las fuerzas del mal.
—Su ilustrísima.— Arles, el caballero de plata y el antiguo ayudante del patriarca lo recibió.
Se le hacía complicado que ahora todos en el Santuario lo vieran como una figura suprema teniendo tan solo 14 años de edad.
—Buen día.— su sonrisa no llegó a ser apreciada por el caballero de plata pues la careta que traía puesta para ocultar su rostro le impedía mostrar sus emociones a las demás personas.
Arles lo había instruido correctamente como Shion se lo ordenó, ahora comprendía muchos términos de administración y buscaba ayudar a otros desde la cima de su nivel jerárquico.
—Como sabrá no falta demasiado tiempo para que los caballeros de oro regresen a tomar su puesto a excepción del maestro caballero de libra que se encuentra en los cinco picos y los otros que se encuentran ya aquí, así que le sugiero tome nota de que algunos de nuestros gastos se multiplicarán, eso sin contar que luego de un tiempo algunos se presentarán como Omegas y estos necesitarán una especie de salario para cubrir sus necesidades como lo son los supresores, collares de protección entre otras cosas, ¿me estoy dando a entender?
Aioros todavía ni siquiera se presentaba en alguna de las tres castas que regían a los humanos y Arles ya se estaba proyectando a futuro. —Lo entiendo.
Llegó hasta la oficina y se sentó para poder iniciar su trabajo tomando nota de los recientes gastos del Santuario en donde brillan las facturas de los artículos de cuidado para la bebé Athena, porque aún teniendo a una mujer soldado Omega como nodriza todavía generaba otros gastos, Shion había decidido darle todo lo que estuviera al alcance de sus manos sin reparar en gastos, después de todo es su Diosa.
Pasados unos cuantos meses, Saga se presentó como un Alfa y un año después el antiguo caballero de Sagitario también se convirtió en uno.
—¿Necesitas algo, Aioros?— el dulce niño de tiernos ojos verdes lo observó con detenimiento. —¡Oh, lo siento!— cubrió su boca con sus dos manos. —¿Necesita algo, Patriarca?
Podía morir de ternura. De entre todos los caballeros dorados, Shura destacó por ser leal a Athena con un cosmos impresionante y por ser su mejor amigo.
—No te preocupes por eso, Shura. Somos amigos.
—Pero las reglas son reglas y debo cumplirlas como tal.
Siempre tan respetuoso con ese sentido de justicia emanando de su propio cuerpo.
—Como gustes, pero recuerda que en mí tienes todavía a tu mejor amigo.
Antes de que subiera al puesto como Patriarca, Shura y él eran demasiado inseparables, no había lugar al que fuera sin que el pelinegro no estuviera presente.
El menor asintió. —Lo sé, aunque debo admitir que la armadura de Sagitario te quedaba bastante bien.
Shura lo extrañaba y podía notarlo, desde que se convirtió en el patriarca ya no tenía tiempo para salir a pasear con él ni tampoco tenía tiempo para sus largas conversaciones bajo la luz de estrellas.
Todo había cambiado, pero su amistad seguía como si nada. Capricornio lo entendía y es por eso que ambos logran congeniar tan bien.
—Si quieres ayudarme, coloca estos libros en el estante del fondo de la biblioteca, no olvides organizarlos de acuerdo a su título.
El pequeño realizó lo que se le indicó en el menor tiempo posible por lo que Aioros notó esa capacidad y destreza, no era una actividad que requiera hacer grandes esfuerzos, pero teniendo a un ayudante más joven y familiar que Arles todo se le haría más cómodo, así que ideó la manera en la que Shura siendo un caballero de oro pudiera ayudarle con pequeñas tareas como esta y quizás en el futuro pudiera ayudarlo realizando misiones.
—¿Te gustaría comer conmigo?
Con un gesto positivo, le indicó que le agradaba la idea y minutos después, Shura no podía estar más que feliz, nuevamente había podido ver el rostro de su mejor amigo al compartir un platillo de comida griega.
—Esto no tiene mi sazón, recuerdo cocinar para ti y para Aioria, ¿lo recuerdas?
En ese entonces el santo de Capricornio apenas tendría alrededor de 7 u ocho años, acababa de llegar con el desde las frías montañas de los Pirineos de España.
—Lo recuerdo.
Afrodita y Deathmask fueron los siguientes en unirse a la familia de santos de oro al regresar de sus entrenamientos en sus países de origen, el italiano al presentarse ante el patriarca no evitó bromear con que tendría que darle una remuneración económica mientras estuviera al servicio de Athena algo así como un pago y Aioros negó con la cabeza. El entrenamiento de Deathmask necesitaba ser un tanto mejorado para que entendiera con exactitud la razón por la cual era un Santo de Oro.
Afrodita en cambio presentó sus respetos y en cuanto tuvo la oportunidad fue a ver a la pequeña diosa de dos años que gateaba a unos cuantos metros en el mismo salón.
Y luego, el resto de los caballeros dorados regresaron al Santuario, pero el regreso que más le causó felicidad al Patriarca fue el de su querido hermano Aioria que galante y presentable se postró ante él luciendo la gloriosa armadura de León.
—Su ilustrísima.
Ni siquiera la presencia de Arles le importó al ex guardián de Sagitario, pues se levantó de su majestuosa silla para abrazar a su hermano.
—Aioria, finalmente estás aquí.
Decir que lo había extrañado no sería suficiente, día y noche rezó a la diosa para que Aioria regresará con bien al santuario.
Y si, tener a la mayoría de los santos de oro significó un incremento en los gastos del santuario tal y como se lo había mencionado el caballero de plata, eso sin contar que nadie aparte de Saga se ha presentado en una de las tres castas.
Un día común años después decidió bajar hasta el coliseo para observar los entrenamientos entre algunos caballeros de plata.
—Son fuertes.— Shura estaba a su lado.
Después de pensarlo mucho le ofreció el puesto que ocupaba Arles al caballero de Capricornio, quien acepto gustoso, pero se negó a usar una túnica y un casco como el que usaba el caballero de plata que ahora yacía en los cinco picos junto a Shion y el anciano maestro.
—Están en un nivel inferior al de un caballero dorado, pero su espíritu de pelea es igual, todos tienen el mismo ideal, luchar por el amor y la justicia al lado de nuestra diosa.
Su mirada bajó a la pequeña niña que sostenían ambos. Habían acordado todos llamarla Saori hasta que estuviera en una edad en la que pudiera comprender su misión como la reencarnación de la diosa Athena, para lo cual no faltaba mucho.
Aioros había cumplido los 21 años recientemente y en un mes Shura cumpliría 17 años, confirmando su casta como un beta. No había cambios en su olor ni había presentado ningún celo.
—¿Estarás bien mientras vaya a cumplir la misión que me has encomendado?
—Soy el Patriarca, por supuesto que estaré bien.
—Lo estarás siempre y cuando no dejes apilar montones de facturas con números que después te darán dolor de cabeza.
—Shura, ¿te vas?
Los ojos de la diosa lo observaron, el tono azul de sus orbes era maravilloso y su cosmos comenzaba a despertar.
—Solo iré a una corta misión. Traeré a una nueva persona hasta este lugar para que la conozcas.
La niña de 7 años arrugó la nariz, conocía a demasiadas personas en el Santuario, pero todas entrenaban o hacían cosas que ella no comprendía, no había niños de su edad y con los únicos que podía compartir su tiempo era mayormente con los santos de oro, como los conocía.
Por ello para ella no tenía caso que Shura fuera a buscar a nuevas personas si solo las traería para hacer lo mismo que las demás.
—Durante mi ausencia, el Patriarca se encargará de enseñarte muchas cosas… ¿Los ves a ellos?— su mano extendida donde reside Excalibur señaló a los caballeros de plata que tenían un enfrentamiento.
—Sí, los veo.
—Una vez dijiste que era impresionante que lucharán con técnicas así. Aioros se encargará de enseñarte lo teórico de eso y quizá cuando regrese de mi misión puedas sorprenderme.
Aioros sonrió, Shura era muy cercano a la Diosa Athena y ella se sentía cómoda en su presencia.
—Aparte podrás jugar con Saga en el laberinto de Géminis.
—¿Conmigo?— Saga negó, estaba a unos metros de ellos, pero escuchó las palabras de Capricornio.
—Así es, Saga.
El caballero de Géminis tenía una buena fama entre las personas del pueblo debido a su gentileza y bondad, pero su apariencia hostil con la armadura lo hacía ver imponente. Athena también estaba bien con su presencia así que no había nada de que preocuparse.
Todos los santos de oro tienen una buena comunicación y a veces sus diferencias, pero nada va más allá de discusiones, todos tienen que estar íntegros para las próximas guerras que se avecinan.
Shura toma unas cuantas pertenecías de su habitación, entre ellas su cuaderno de viaje para llevar en su misión.
Con la armadura de Capricornio en su espalda, baja hasta el primer templo donde Mu de Aries le pide su ayuda para abrochar su collar de protección.
Desde la época del mito, los caballeros que se presentan como Omegas son obligados a utilizar un collar de protección para evitar ser marcados por algún Alfa, ya que ser marcados solo traería como consecuencia la formación de un lazo que interfiere directamente su desempeño en las Guerras Santas, claramente está norma sigue vigente con el tiempo, pero solo en la élite dorada pues al tener un cosmos más fuerte que el de los demás caballeros de rango inferir es difícil que un lazo se rompa.
Los caballeros de oro Omegas pueden tener amoríos, incluso formar una familia, pero nunca dejarse morder por otro Alfa del mismo rango.
—Te lo agradezco, Shura.
El caballero de Capricornio asintió. Mu se veía incómodo con ese collar de protección hecho de un material tan resistente como el de las armaduras de oro.
—¿No te lastima?
—Solo en lo que me acostumbro.
Mu era unos cuantos años menor que él y se había presentado como un Omega al igual que unos cuantos más como Afrodita de Piscis.
—Eso… ¿Se utiliza para siempre?
—Debería, pero mi maestro implementó desde la anterior Guerra Santa que solo se usará durante nuestros días de celo, ya sabes, los Omegas somos más propensos a ser mordidos cuando estamos en temporada de apareamiento que cuando no lo estamos.
Shura se ruborizó, le causaba tanto conflicto escuchar por todo lo que tenían que pasar sus compañeros Omega.
—Entiendo. No te olvides de tomar tus supresores y tomar tus debidas precauciones.
—Por supuesto.
El caballero de Capricornio termino por salir de Aries para atravesar todo el santuario hasta llegar a un punto fuera de este donde pudiera transportarse con su cosmos hasta la ubicación que le proporcionó Aioros.
Primero llegó hasta Japón a un barrio de japonés exactamente uno de los más lujosos, según Aioros dependía de él buscar al niño nacido bajo la constelación de Pegaso para que esté recibiera el entrenamiento necesario como un aspirante a caballero a la armadura de su constelación guardiana.
Camino por las aceras hasta sentir el cosmos cálido dentro de una mansión, esto sería difícil. Recordó que Aioros había tenido esta misma misión con ellos, los santos de oro y ahora a él le tocaba cumplir la misma encomienda pero buscando a dos de los cinco niños aspirantes a las armaduras de bronce de Pegaso y a la del Dragón.
Tocó el timbre dos veces hasta que fue atendido por un hombre robusto y calvo, quien lo llevó de inmediato con su jefe, el señor Mitsumasa Kido a quien le habló sobre el poder que residía en el interior de su hijo. Para el anciano no fue difícil creer en sus palabras debido a que era un fiel seguidor de la cultura griega.
En el jardín encontró a una niña y a un niño jugando, esto sería lo difícil de su misión, ambos niños se veían tan unidos.
—No puedo ir con usted, quiero quedarme aquí con mi hermana… con mi familia.— el niño de cabellos castaños gritó.
—Seiya obedece al caballero de Capricornio, cuando ganes la armadura del Pegaso podrás volver a tu hermana, te lo prometo.
La niña de cabellos rojizos lloró al verlo llevarse a su hermano y en efecto, el niño Seiya también lloró mientras gritaba el nombre de su hermana.
Aioros se lo había dicho, lo más difícil de encontrar a un niño que tuviera el poder del cosmos en su interior era separarlo de su familia, si tenía una.
Claramente cuando él fue reclutado por el ángel de alas doradas no sufrió nada, al contrario se alegró de encontrar la luz y la calidez en medio del frío acompañado de la latente oscuridad.
Aioros de Sagitario había sido su salvación.
—No llores.— nunca había sido bueno con los niños de Rodorio, es más estos corrían a esconderse cuando lo veían llegar al pueblo usando su armadura de cuernos de oro.
La única con quién había sido cercano y dejó que le acercará fue Saori desde que era una bebé, así que no estaba preparado para consolar a Seiya.
Con un niño extra, Shura abandonó las tierras de los grandes Samuráis que deseo haber podido explorar más, Japón se le hacía un destino increíble, ya que en su entrenamiento había conocido la cultura y el código Bushido, él era un español con el alma de un samurái, Aioros así se lo había planteado.
Del país nipón llegó hasta China que a diferencia del lugar anterior, esta vez le tocó visitar un orfanato.
El aspirante a caballero del Dragón había nacido en la desdicha tanto o más que él. Por el director del orfanato supo que había llegado unos días después de nacido con ellos.
Seiya espero pacientemente en la sala de espera y él fue hasta un salón del orfanato para encontrarse con el niño de cabello largo.
Siendo Shiryū un huérfano, Shura tuvo que pasar por largos papeleos, si Aioros hubiera venido por sí mismo está seguro que terminaría con una jaqueca terrible.
A diferencia de Mitsumasa Kido, el director del orfanato tuvo que verlo usando su armadura de oro para creerle y luego sentir el poder que emanaba del interior del niño de ojos verdes.
Shura partió en la noche con los dos niños que tan pronto como se conocieron se hicieron amigos aunque la barrera del idioma era muy clara y tenía que servirles como traductor para saber lo que el otro decía.
—Shiryū te llevaré con la persona encargada de ser tu maestro y corriste con suerte, él también es chino al igual que tú.
Shura finalmente conocería a ese caballero de antaño que había peleado en la Guerra Santa contra Hades en siglo XVIII.
Cargando a Seiya en su espalda y tomando a Shiryū de la mano, con su brillante armadura llegó finalmente hasta los cinco picos.
Los dos niños estaban maravillados de ese poder tan sorprendente, pero para Shura esa manifestación de cosmos no era la gran cosa. Aioros había hecho un trabajo mejor con él y los demás santos de oro.
Camino unos cuantos pasos hasta observar al anciano maestro cerca de la cascada de Rozan, por primera vez en mucho tiempo se sintió nervioso, el maestro Dohko había conocido a su antecesor, al gran cazador de demonios, Izô de Capricornio.
—Es bueno tenerte aquí muchacho.
Shura le presentó sus debidos respetos. —Maestro Dohko.
—Has traído buenas noticias para mí.
Una niña de aproximadamente la edad de Shiryū estaba al lado del maestro Dohko.
—Así es. El nuevo patriarca me encomendó traerle hasta aquí al niño que será aspirante a la armadura del Dragón.
Los arrugados párpados de Dohko apenas pudieron levantarse un poco para admirar al joven de ascendencia China. —Es grato tener compañía. Shion partió hace unos días a Jamir para cuidar del castillo que Mu dejó.
—Maestro, disculpe mi indiscreción, ¿dónde está el maestro Arles?
Dohko dio un largo suspiro. —Luego de que su misión estuviera concluida y el Santuario estuviera en calma, Arles vino conmigo y con Shion solo para despedirse, su cosmos se ha fundido con las estrellas del cielo.
Shura no supo que decir, el maestro Arles estaba muerto, lo cual lo impresionó muchísimo.
—Sunrei, trae algo para nuestros invitados.
Seiya apenas despertaba y se quedó maravillado al ver el bonito lugar en el que se encontraba.
—Así que él será mi discípulo.
Shiryū sonrió mostrando sus dientes, ese hombre podía convertirse en el padre que anhelaba tener.
—Mi nombre es Shiryū, maestro Dohko, Shura me habló de usted. Me siento afortunado que alguien como usted sea mi maestro.
En este punto el aspirante a la armadura de Dragón no sabía nada sobre el pasado del anciano que tenía enfrente.
Sunrei llevó el té y les sirvió a los recién llegados.
El maestro Dohko percibió un olor a flores, algo suave en el ambiente, pero desconocido por lo cual adjunto ese olor a margaritas al español recién llegado.
—¿Eres un Omega, Shura?
La pregunta le tomó por sorpresa, pues no era uno o al menos no se había presentado como tal cuando tenía 15 años.
—No, soy un beta.
Dohko se ríe. —Estás tan emocionado por estar aquí que no captas que algo ha cambiado. ¿Qué aroma percibes?
Apenado respondió. —La brisa fresca de la cascada, maestro.— cerró sus ojos y olfateó más a fondo. Era cierto su sentido del olfato se había agudizado. —Y el aroma intenso a arce.
—Ese último es mío, soy un Alfa y tú debes ser un Omega que se presenta de manera tardía. Debes protegerte.
El Omega que pensó ser un beta se cubrió el rostro, es algo sumamente vergonzoso que estando frente al Santo de Libra su casta se hiciera presente.
—Sunrei dale al caballero de Capricornio el collar de protección de plata que está guardando bajo llave, tú sabes donde se encuentra.
La vergüenza no podía ir más en aumento en su rostro y su tono de piel no lo ayudaba mucho. Shiryū y Seiya solo veían la escena, ajenos a su sentimiento de bochorno. —Yo lamento mucho mi falta, maestro Dohko.
—No tienes por qué disculparte, son cosas de la naturaleza.
No se sentía aliviado, al contrario varios síntomas iban en aumento, siendo el calor uno de los principales.
—Athena exige que los Omegas utilicen uno de estos collares para evitar la mordida de un Alfa, no porque esté en contra de la formación de lazos.— el maestro observó a la niña que regresaba con lo que le había pedido. —A lo largo de la historia hubo caballeros dorados que se unieron entre sí, por lo cual cuando uno de los dos caía en batalla el otro moría inmediatamente.
—Había escuchado algo sobre ello.
Ante sus ojos observó un collar parecido al de la diosa Athena, el cual se resguardaba en el décimo tercer templo para cuándo la diosa alcanzará la madurez, pero este collar de la diosa a diferencia del collar de los Omegas tenía otras funciones.
El color plateado brilló bajo la luz de la luna.
—Cuando llegues al santuario deberás sustituirlo por uno de oro, este solo te puede proteger de los soldados o los caballeros de menor rango. De igual manera preferiría que te quedarás aquí por lo menos hasta que te sientas seguro de regresar al Santuario.
Los ojos verdes de Shura observaron el collar y luego al pequeño niño que se escondía en su capa. —Nos quedaremos aquí un par de días Seiya, espero no te importe.
Aioros suspiró, había pasado una semana completa en la que varios documentos se apilaron en su escritorio, la mayoría eran papeleo de los nuevos reclutas así como reportes de algunos aspirantes queriendo escapar del refugio de Athena.
Claramente esto no hubiese pasado si no hubiera enviado a Shura en una misión hasta oriente.
Lo extrañaba, no solo porque le ayudará a organizar los documentos más bien lo extrañaba por algo más.
—Esto es un desastre.— Saga regresaba con Athena de un paseo por los alrededores del coliseo.
—Tal vez si estuvieras en mi lugar podrías hacer un trabajo mejor que el mío.
—Lo haces bien, solo te falta ser más disciplinado, Patriarca.— alzó los hombros. —Shura se va por una semana y ya estás hasta el tope de documentos por analizar.
Aioros había descuidado un tanto su trabajo debido a que empezó a entrenar a la pequeña Diosa para que pudiera controlar su poderoso cosmos, así que podía excusarse un poco.
Shura se despidió del maestro de los cinco picos así como de los dos niños de cabellos negros y tomó a Seiya una vez más para regresar al Santuario.
—¿Mi maestro también será tan viejo como el de Shiryū?
La pregunta de Seiya le causó gracia más porque el niño desconocía el poder de aquel hombre que llamaba "viejo".
—No y deberías tener más respeto por los mayores.
—Solo dije la verdad.
Llegaron a los dominios de Athena.
En todo este tiempo que habían estado juntos, Seiya nunca había mencionado algo de su hermana Seika, así que Shura pensó que finalmente Seiya comenzaba a aceptar su propio destino.
—¿Este es el Santuario?
Seiya escuchó gritos y se cubrió los oídos, el ruido provenía de los soldados que estaban entrenando su resistencia junto con algunos caballeros de Plata.
—No te asustes, no todo será así.
Sus palabras buscaban tranquilizar al niño, más sin embargo otra voz se unió.
—¡Vaya hasta que por fin te apareces!
Esa voz no venía de alguien más que de Aioria de Leo, el santo prominente que se encarga de vigilar los entrenamientos de los caballeros de rango inferior.
—Aioria.
El Santo no porta su armadura, pero su sola presencia ya es intimidante.
—¿Es el nuevo aspirante?
—Así es, lo llevaré directamente con Marin de Águila como su ilustrísima me lo pidió.
—Ella se encuentra cerca de las gradas del coliseo.
Shura asintió y llevó al niño hasta aquel lugar. Seiya veía todo con miedo y temblaba, no entendía muchas cosas que sucedían a su alrededor.
Todo era tan extraño y se sentía como si estuviera viajando al pasado, claramente el caballero de Capricornio es como su máquina del tiempo.
—El gran Patriarca desea que te conviertas en la maestra de este niño, él también viene de oriente por lo que será más fácil que convivan entre ustedes.
Marin asintió, Seiya no podía ver su cara, pero sus cabellos rojizos le recordaban tanto a su hermana Seika.
—Así lo haré, Caballero.
Shura se dio la media vuelta y continúo su camino hacia las doce casas.
En una semana habían cambiado muchas cosas en su vida, ahora podía olfatear el olor de sus demás compañeros presentados como Alfas y Omegas como el agradable olor a orquídeas de Mu o el olor tropical de Aldebarán.
En Géminis su guardián no se encontraba presente, pero el olor a cítricos estaba marcado en el ambiente.
Con sus mejillas sonrojadas entró a Cáncer pensando en el aroma que tendría Aioros.
—Así que has vuelto.
El intenso olor a alcohol venía del cuarto guardián que olía intensamente a vino tinto.
Shura no había tenido problemas en ninguno de los templos que había recorrido con anterioridad, pero parecía que con Deathmask los tendría.
—¡Eso es un collar!
Ni siquiera los rostros de las personas que Deathmask había matado en el pasado le causaron tanto escalofrío como verse descubierto.
—Aioros por fin podrá mirarte con otros ojos.— el tono de burla era sumamente molesto. En el interior, Shura detestaba a Deathmask. —Me preguntó, ¿Cuánto pagaría Aioros por saber tu sucio secreto?
Esto le desagrada. El Santo de Cáncer siempre quería obtener un intercambio monetario por todo.
—¿Aioros todavía no sabe que estás enamorado de él?
—No conseguirás nada con mi secreto Deathmask.— su rostro serio reflejaba el enojo que sentía. —Ahora si me disculpas, tengo que ir a entregar el reporte de mi misión.
—No te olvides de agregar un "Estoy enamorado de usted, Patriarca."
Exasperante.
Solo le faltaba recorrer ocho templos más y vería a Aioros, ciertamente lo había extrañado tanto como cuando se fue a entrenar por dos años en las altas y frías montañas de los Pirineos en España.
Pensando solo en el antiguo caballero de Sagitario, Shura terminó de subir los doce templos culminando con una caminata sobre pétalos de rosas pertenecientes al caballero de Piscis.
Suspiró profundamente antes de adentrarse al décimo tercer templo, dar su reporte de manera verbal y luego hacerle saber a Aioros que se había presentado como un Omega.
El orden de los factores que había enumerado se fue por el caño, apenas entró Aioros había olfateado su olor y Saga había salido del templo luego de saludarlo.
—¿Eres un Omega?— preguntó el hombre al ver el collar plateado sobresalir en el color dorado de la armadura.
—Yo… sí. Por eso mismo mi misión fue extensa, pero no te preocupes, el anciano maestro me ayudó a sobrellevar mi presentación.
Sus ojos verdes observaron la alfombra roja como si en ella se ocultara la octava maravilla del mundo.
Aioros sonrió para sí mismo, el olor a margaritas aunque era tenue podía percibirlo perfectamente.
Se levantó del trono y caminó hacia el caballero arrodillado. —Debemos buscar un collar que sea digno de ti.
Por supuesto que el collar de Shura no le iba a desagradar facturarlo, el caballero de Capricornio era diferente a todos los demás, por él movería cielo mar y tierra si Athena no se lo prohibiera.
—¡Shura…!
Aioros estaba por decir algo cuando la pequeña Diosa entró al lugar gritando el nombre del Santo con quién compartía la mayor parte de su tiempo.
—Aioros me dijo que soy la reencarnación de la Diosa Athena y ya pude formar un pequeño campo de protección con mi cosmos.
—Eso es muy bueno porque en un futuro podrás protegernos a todos.
Días después el collar de plata fue reemplazado por uno de oro, tan resistente y con unas cuantas esmeraldas incrustadas. El castaño había elegido el diseño argumentando que el color de las piedras combinaría perfectamente con el color de ojos del español.
—Esto es demasiado.
Es llamativo, Shura quería hacer pasar desapercibida su casta, pero tal parecía que Aioros quería gritarle al mundo que es un Omega porque incluso cuando Mu le dijo que Shion implementó el uso de los collares de protección solamente durante los celos de un Omega, el castaño le dijo que lo usará todos los días y como no podía ir en contra del Alfa con olor a mar, lo hizo.
Durante los siguientes dos largos años, usó el collar de protección y solo se lo quitaba cuando debía limpiarlo.
Su amistad con el Alfa continuaba igual que siempre, solo mejores amigos y nada más, así que se hizo a la idea de que sus sentimientos eran unilaterales.
—Iré a observar el entrenamiento de los caballeros, Saga me llevará.
Aioros asintió ante las palabras de Athena mientras él ordenaba unos cuantos libros que contenían información sobre los dioses gemelos del inframundo y de Hades. Todos escritos por caballeros de la antigua generación.
La Diosa salió del templo y los dejó que continuarán haciendo su trabajo.
Para Aioros lo que empezó como una bonita y grata compañía ahora se está convirtiendo en una tortura inmensa, el olor a margaritas entraba por sus fosas nasales y se metía en lo más profundo de su mente.
Shura había crecido, ya no era ese niño tierno que conoció hace años, ahora era guapo, lindo y sensual sin esforzarse.
Su entrenamiento de años había dado frutos exquisitamente prohibidos que a sus ojos no eran más que un manjar dándole una invitación para probarlo.
—La anterior Guerra Santa…
Las palabras de Shura no llegaron a sus oídos, estaba luchando internamente con la palpitante erección que la túnica milagrosamente lograba ocultar.
Sus feromonas salieron, el olor salado y fresco del mar inundó la habitación.
Lo estaba llamando.
Lo quería.
Lo necesitaba.
Está cayendo bajo, lo sabe. El Santo de Capricornio no merecía ser visto de esa manera lasciva con la que él lo estaba viendo. Shura es demasiado bueno… es como una flor inalcanzable y prohibida de los Elíseos. Una flor que desea cortar.
Shura sintió el golpe de feromonas y se ruborizó, pero continúo hablando de cosas que se le hicieron interesantes de la anterior Guerra Santa que Shion había relatado en un libro.
Posteriormente sus manos acariciaron la cubierta de un libro más viejo que los anteriores. Le gusta la literatura pero no es un amateur como el caballero de Acuario.
Con cuidado abre la portada, pero el libro cae de sus manos cuando siente ser presionado contra el estante.
—Aioros…— su intención no era soltar un gemido después de nombrarlo, pero lo hace.
El castaño no tiene una fuerza de voluntad que lo obligué a poner en práctica los entrenamientos que recibió para comportarse de una manera correcta siendo un Alfa.
Su casco y su máscara los ha dejado sobre su escritorio, por lo que puede realizar movimientos peligrosos con su boca.
—Shura, ¿Te has dado cuenta de lo mucho que has cambiado?— susurra.
Sus manos se adhieren fuertemente a la cintura del español.
El nombrado solo puede sonrojarse más.
—Eres lindo, muy lindo.
Entra en pánico y a como puede, Shura se da la media vuelta para encarar al hombre de piel bronceada, pero sus palabras no salen de su boca, algo más las detiene.
Sus ojos verdes se agrandan, los labios de Aioros están sobre los suyos.
Siente estar soñando, sus manos que descansaban a sus costados luego de que el libro cayera al suelo, ahora son sostenidas con firmeza una a cada lado de su cabeza. La lengua demandante de Aioros presiona sus labios dándole una orden indirecta de que abra la boca y así lo hace.
Un solo beso y ya está derritiéndose como mantequilla. Sus piernas tiemblan, todo se siente irreal.
—Aioros…
Un hilo de saliva los une, pero luego se extingue, trata de regular su respiración, pero Aioros está muy cerca.
—¿Qué significa esto?
Lo que obtiene es silencio. Las manos de Aioros lo sueltan solo para adentrarse por debajo de su camiseta para repartir caricias por su espalda y abdomen.
—¡No, espera!
Una de esas manos traviesas ha llegado hasta uno de sus pezones.
—¿No lo quieres, Shura?
Otro beso no lo deja responder, pero por supuesto que lo quiere y también lo desea, pero primero deberían hablar y poner sus sentimientos sobre la mesa.
La tibia lengua acaricia el lóbulo de su oreja derecha y siente una corriente pasarle por todo el cuerpo, cuando menos se lo espera, Aioros ya le ha quitado la camiseta. Los labios trazan caminos de besos en su pecho.
Todo se siente bien, pero están en un lugar sagrado. —Aioros, aquí no por favor.— pide entre jadeos.
La pequeña Athena puede volver en cualquier momento y eso es lo que más le preocupa.
—Puedo darte lo que quieras, todo lo que pidas… pero aquí no.
Aioros besa su cuerpo con tanto ímpetu, que no puede creer que alguien como él pudiera comportarse de esa manera.
—Shura, este no es el momento correcto, pero… Necesitó tenerte solo para mí.
Estaba siendo posesivo, Shura lo sintió en sus besos y en su forma tosca de tocarlo, el Alfa podía estar entrando en celo que otra cosa más justificaba sus recientes acciones.
Sumiso ante él, lo besó con todo el cariño que reprimió su corazón con el pasar de los años. Necesitaba mostrarle al Alfa que lo amaba, que sus deseos no eran parciales, que él también lo quería, pero no aquí, no en un lugar bendecido por la Diosa Athena.
Aioros se dejó guiar por sus besos delicados y tímidos.
—Sé mío, Shura… solo mío.
—Ya lo soy, mis pensamientos y mi corazón te pertenecen, pero si vas a tomarme hazlo en otro lugar.
Sus ojos suplicantes parecieron tocar la comprensión del mayor y cuando menos lo pensó su espalda estaba tocando las finas mantas de la habitación de Aioros en Star Hill. No supo cómo llegaron exactamente, la teletransportación no estaba prohibida solo era imposible atravesar la barrera de Athena, pero alguien con un poder similar a un dios como el de Aioros pudo sacarlos del décimo tercer templo o bien este había vuelto a usar su armadura alada… No lo recuerda con exactitud.
Aioros se complace con su cuerpo mientras le recita palabras bonitas que lo hacen sentir especial.
Sus piernas se abren de par en par como una puerta dejando entrar a un invitado, segrega lubricante de manera natural y siente tocar el infierno cuando Aioros se despoja de su túnica azul que es la única prenda que cubría su escultural cuerpo.
Sus manos pasan por ese abdomen trabajado y luego llegan a los pectorales donde quisiera dormir todas las noches.
Es abrumador todo el calor que siente, el Alfa besa su hombro y se encamina hacia su cuello que está protegido por el collar.
—Detesto esto.— gruñe al saber que no podrá enterrar sus dientes donde desea hacerlo. —Pero si lo luces así completamente desnudo para mí, se ve bien.
Hace un intento en vano, el material es resistente a su mordida, pero se siente extrañamente feliz, su Omega puede entregarle algo mejor a cambio y él está dispuesto a llevarlo a ver las estrellas en esa cama sin salir de su habitación.
Tres días, Shura tuvo que soportar tres días completos al Alfa saciar sus deseos con su cuerpo. Ahora está exhausto, hay marcas por todo su cuerpo a excepción del cuello. En su frustración Aioros le mordió el cuerpo,
—Lo siento mucho, cariño.
Escucha al mayor susurrarle mientras lo cubre con las mantas y abraza su cuerpo.
Shura quisiera que las Guerras Santas no existieran para así mismo en este momento soñar con un destino alentador donde cada mañana pueda despertar de esta manera, con Aioros cuidándolo después de hacer el amor varias veces.
—Prometo no volver a comportarme de esta manera... Yo...
—No necesitas prometer nada, Aioros. Estaré bien.
En el escritorio, más documentos se apilan, Saga niega en silencio él sabe exactamente el motivo de la desaparición de sus dos camaradas, pero no le comenta nada a la pequeña Diosa solo le dice que están "ocupados" y él como buen amigo se encarga de lo más primordial en el Santuario hasta que su ilustrísima regrese de sus vacaciones de amor.
•Fin•
