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Ronroneo Omega

Summary:

Shura es un joven maestro de física que imparte clases en una secundaria de Atenas. Muchos Alfas han querido cortejarlo, pero ninguno da la talla hasta que el nuevo profesor de deportes llega tocando a su puerta.

Notes:

O bien, esto es aplicando las leyes de la física con Aioros y Shura <3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Si algo odia Shura es la maldita reunión de consejo técnico entre todos los maestros. La detesta más que cualquier otra cosa que le desagrade. Son solo profesores armando planes de trabajo que al final de cuentas no pondrán en práctica, claro a diferencia de él que se apega estrictamente a sus propios planes así como a los del sistema educativo.

Hoy es el tercer viernes de mes, día en que los alumnos festejan dos horas completas en las que los profesores están fuera de las aulas, y el día en que Shura sufre dolores de cabeza por una pérdida innecesaria de tiempo en la que podría enseñarles a sus alumnos a realizar experimentos en los que pongan en práctica lo aprendido en clases y no digan que es un profesor aburrido.

Con cierto desinterés llega hasta el salón donde espera que los profesores de otras materias ya estén reunidos. Son pocos con los que realmente tiene una buena comunicación, tal es el caso de Camus, el profesor del curso adicional de Francés.

—Eres sumamente puntual, Shura.

Ese es el recibimiento que le da Afrodita, el profesor sueco encargado de impartir clases de biología. Uno de los pocos que se apega a sus planes presentados en el consejo.

—Lo mismo digo.

Afrodita está entretenido en una página de internet, curiosamente leyendo el horóscopo, siendo un profesor entregado a la ciencia todavía tiene tiempo de creer en cosas como esas. Shura niega con la cabeza.

—Buen día.

Camus camina despacio, está en su sexto mes de embarazo. El pelinegro al verlo se levanta de su asiento para ayudarlo. —Los Omegas deberían tener derecho a la incapacidad en el trabajo por embarazo.

—Shura, sigue soñando.— está vez Afrodita se une a su conversación sin despegar la vista de la página de internet. —Así Camus de a luz aquí debe presentarse a trabajar, no estamos exentos solo por ser Omegas, trabajo es trabajo. La línea jerárquica…

—Lo sé. Los Alfas se excusan con la estupidez de que nuestros antepasados lucharon por mantener una igualdad entre castas y que ahora nos quejamos por trabajar, pero para un Omega en estado de gestación es complicado. 

—Shura, está bien. Todavía puedo atender mis propios asuntos, no es tan malo.— suspiro tomando asiento. 

—Eso debería exponerse también en esta reunión y en todo el mundo. Los Omegas tendríamos que tener derechos laborales cuando estamos en periodo de gestación o en lactancia. Un Omega no puede alimentar a sus cachorros en vía pública y…

—Si ya sabemos Shura, apoyas los movimientos de incapacitación durante el embarazo, lactancia segura y la decisión de un Omega que desea interrumpir su embarazo por no ser deseado y cosas así. Eres un Omega liberal, pero despierta, este es el mundo real en el que vivimos, las leyes que nos rigen son las de los Alfas y debemos aceptarlas como tal.

Afrodita es un conformista que pertenece al bando de Omegas conservadores.

—Por eso sigues soltero.

¿Debía recordarle eso? 

—Sigo soltero porque es mi deseo, no porque ningún Alfa se me acerque.

Camus que se mantenía sereno decidió hablar. —En eso tiene razón, tiene una larga lista de conquistas.

—Solo es una expresión. Ya sé que a Shura lo persiguen los alfas como las abejas a la miel.— bufa molesto. —Tiene al profesor de Historia y a su hermano gemelo babeando por él.

—No olvides a mi amigo Surt.

Shura puso los ojos en blanco, todos los mencionados eran solo unos Alfas tontos y desagradables.

—Por cierto tu horóscopo dice "Hoy llegará el amor tocando a tu puerta." 

—Pues dile al dichoso amor que menciona el horóscopo que no toque mi puerta.— dice de manera desinteresada. —Deberías dejar de leer eso Afrodita, eres un hombre de ciencia.

—La astrología es una práctica de pseudociencia.

—No deja de ser una creencia. Además eso de que hoy alguien vendrá tocando mi puerta, es una mentira.

No pasan ni siquiera diez segundos cuando Afrodita se está riendo. Alguien ha tocado la puerta para captar la atención de los tres profesores reunidos. —¡Buenos días! 

Camus devuelve el saludo y observa al extraño hombre que permanece en la puerta. Es alto, guapo, de cabellos castaños, usa ropa deportiva y una cinta roja en la frente.

Shura suspira, solo es parte del destino, realmente lo que Afrodita acaba de leer de su horóscopo son puras mentiras.

—¿Aquí es el consejo técnico de maestros?

Ninguno lo había visto antes, pero sus rasgos son tan parecidos al profesor de ciencias del deporte que ha sufrido una lesión en medio del campo deportivo de fútbol la semana pasada.

—Así es.— responde Camus señalando el letrero en la puerta que dice "Consejo técnico" 

El recién llegado lo observa y sonríe. —Gracias.

Pasa directamente a tomar asiento al lado del pelinegro, cosa que Afrodita observa con los ojos abiertos.

—Mi nombre es Aioros Sagitario y bueno, deben conocer a mi hermano, Aioria.

—Es un gusto conocerlo, Aioros.— Afrodita no pierde el tiempo, todavía estando comprometido se muestra interesado en el hombre moreno. —Yo soy Afrodita Fiskarna.

El sueco no obtiene la atención del griego, Aioros observa a Shura con atención esperando el momento en que pueda escuchar su voz.

—Ya veo.— el de cabellos celestes observa al Omega embarazado para compartir una mirada cómplice. —Shura no has dicho nada, ¿te han comido la lengua los ratones? 

No es eso, solo está impresionado por conocer a un Alfa como Aioros, se siente nervioso. El hombre lo intimida sin siquiera saberlo.

—Descuida Aioros, Shura así es de callado, por eso sigue soltero y sin compromisos, ¿no es así Shu?

Se ruboriza ligeramente, no puede controlar a sus hormonas y antes de que pierda por completo la cara haciendo un sonido atrayente, sale corriendo de la sala de profesores sin dar una sola explicación.
Es descortés de su parte abandonar una conversación que lo incluye a él como tema principal, pero Afrodita tiene la lengua muy larga.

En su camino se topa con algunos maestros que se dirigen a la reunión, pero él huye despavorido hasta los baños donde deja salir su vergonzoso ronroneo que indica que se sintió tan cómodo con la presencia del Alfa que se relajó por completo. 

Espera poder tranquilizarse rápidamente porque de lo contrario no se presentará en la junta de profesores, no con ese sonido que sale de su laringe y que no puede controlar.

El ronroneo Omega es un arma propia de los pertenecientes a esta casta. Ese zumbido es casi comparado con el canto de una sirena del mar que atrae a los marineros.

Para los Alfas es un sonido atrayente, melodioso, claro como una nota musical, relajante y sumamente íntimo. Entre los cachorros denota protección por parte de su progenitor Omega, lo cual los calma cuando están nerviosos o los arrulla para conciliar su sueño.

Un ronroneo no es sinónimo de debilidad.

 

—¿Estamos todos presentes?

El nuevo profesor observa la silla a su lado, el Omega salió despavorido en cuanto el sueco empezó a molestarlo.

—Falta Shura.— el francés responde.

—¿Dónde está?— pregunta el director que no es más que un anciano que acaba de llegar. —Él siempre es muy puntual. 

Ninguno de los Omegas encuentra la excusa correcta. 

—Fue al baño.— toma la palabra queriendo salvar al Omega que ha logrado captar su atención.

—Esperemos unos minutos.

El Alfa realmente espera que regrese rápido de lo contrario él perderá la cara frente a todos sus compañeros en su primer día de trabajo en la institución supliendo a su hermano.

Pasados unos cuantos minutos lo ve entrar nuevamente con un semblante frío y distante, supone que se enojó por los comentarios hechos por el hermoso Omega de cabellos celestes.

—Shura, esperábamos por ti.

La sonrisa que le dedica un hombre robusto con un suéter a cuadros y cabellos azules al Omega con olor a peonías no pasa desapercibida por él.
Afrodita comentó que el pelinegro era alguien soltero y sin compromisos, por lo cual intuye que ese hombre llamado Saga le coquetea vilmente a Shura.

—Lamento hacerlos esperar.— es una mentira piadosa de su parte.

Aioros se siente ansioso de poder conocerlo mejor, parece una persona interesante, su voz es suave y ligera, grata de escuchar por horas sin cansarse.

—Entonces comencemos esto.


El ruido proveniente de las aulas pueden escucharlo perfectamente en medio de la junta, pero a nadie parece importarle a excepción de Shura.

Las siguientes dos horas, el profesor de Física no está aburrido, ni siquiera se muestra molesto de estar presente o de escuchar a sus compañeros hablar de los reportes de varios alumnos que conoce como la palma de su mano por ser indisciplinados.


—Profesor, Shura.

No esperaba que el griego dedicado al deporte lo detuviera en un pasillo luego de terminar el consejo técnico.

—Se le cayó esto.

Observa su bolígrafo de tinta negra ser levantado por el hombre musculoso.

—Gracias.— sus pálidos dedos sujetan el delgado lapicero, acariciando los dedos contrarios sin desearlo.
Es una caricia delicada, apenas perceptible, pero que provoca una descarga eléctrica en ambos, de manera literal.

Si Shura tuviera que explicarles a sus alumnos la ley de la fricción podría usar un ejemplo como ese, pero no es su caso, el romanticismo no va con él.

—Si me permite, me gustaría conocer un poco más las instalaciones, ¿Podría darme un tour? 

Solo hay dos opciones: un sí o un no.

Aioros y Aioria son como los dos polos opuestos de un imán, un polo norte y un polo sur. Aioria es el campo del polo norte, por ello tenía una relación bastante conflictiva con él, son amigos, pero a veces chocan demasiado al ser tan parecidos.

—Puede pedírselo a otro profesor, yo ya he perdido bastante tiempo este día.

El castaño lo cree increíble, un Omega negándose a la petición de un Alfa, es algo ¿nuevo?

Shura se da la media vuelta con su libreta de notas y su computadora portátil abrazadas a su pecho, no le interesa mantener una conversación con el Alfa, no cuando sabe que puede ronronear en cualquier momento.

Al llegar hasta su clase los gritos fueron más legibles, pero cuando abrió la puerta todos sus alumnos guardaron silencio, al menos está vez no habían formado un ring de pelea en medio del salón.
Acomoda sus lentes y les da la despedida, no puede hacer otra cosa debido a que otro grupo ya se prepara para tomar su clase. 


Hablar de las leyes de la física, la relatividad y unos cuantos temas más, le apasiona de una manera desmedida.
Su campo de estudio es inmenso, basado principalmente en observaciones experimentales y mediciones de fenómenos naturales que ocurren dentro de nuestro universo.
Para Shura ser profesor de esta materia es su vida misma, por eso da lo mejor de sí mismo en cada clase, pero aun así sus alumnos dejan evidenciado su claro desinterés en la materia, pocos son los que realmente muestran un tipo de interés.


—¿Y cómo te fue como mi suplente?

Aioria tenía el pie derecho enyesado, con unas cuantas firmas de sus amigos en este.

—Bien, supongo.

—Ese supongo suena más bien a que conociste al dichoso profesor más nefasto que existe en el plantel, mi queridísimo amigo, Shura.

La mención del solo nombre de aquel extraño Omega que conoció llamó su atención. Shura no le parecía nefasto, al contrario parecía un excelente profesor, su plan de estudio de su materia impartida sonó realmente increíble cuando lo expuso. 

—¿Es tu amigo? 

—Lo es. Me cuesta admitirlo, pero es uno de los pocos profesores que tolero.

—Me pareció alguien interesante, uno de los otros profesores mencionó que está soltero.

Aioria carcajea fuertemente, no puede creer que su hermano se haya fijado en el cerebrito de lentes. —Está soltero porque le es fiel a su soltería y porque es un Omega liberal, pero aun así tiene a muchos Alfas detrás de él, uno de ellos el profesor de Historia, Saga. 

Aioros asiente, el Alfa es demasiado notorio con sus coqueteos.

—Sin embargo Shura nunca le hará el más mínimo caso, el reglamento para maestros prohíbe estrictamente que se relacionen dos profesores entre sí.
Así que suerte Aioros, olvídate de Shura.

—Un momento Aioria, recuerda que yo no soy profesor de esa institución, soy tu reemplazo por incapacidad.

Si, los Alfas obtienen más permisos de incapacidad que los Omegas, por ello la frustración de Shura con el instituto. 
Aioros recuerda como expuso el Omega pelinegro su descontento por la incapacidad de Aioria comparándola con el profesor de francés que en sus seis meses de gestación todavía tiene que seguir impartiendo clases.

—Mientras seas mi reemplazo, eres un maestro de esa institución y debes seguir las normas como siempre lo has hecho.

—¿Tienes el contacto de Shura?

—Por dios, ¿Acaso Shura es un imán para Alfas?— niega con la cabeza y enciende el televisor de la sala. —Tengo su contacto, pero no te lo daré.

Previamente Aioros estuvo buscando el contacto del profesor entre los números del chat grupal de profesores, pero su sorpresa fue que tres contactos ni siquiera tienen su nombre o foto de perfil.

—Lo conseguiré yo mismo, no te preocupes.

—Shura tiene una defensa de acero, dudo que te acepté, pero has tu mejor intento, hermano.

Por supuesto que lo iba a hacer, su flecha estaba apuntada en esa dirección y no la desviará ni aun cumpliendo su cometido.

Por ello, después de simular pequeños encuentros casuales siempre le dirigía de manera respetuosa un cordial saludo al profesor de las leyes físicas.
Debía empezar por un acercamiento simple para no espantarlo o ponerlo sobre alerta.
Aioros es un Alfa experimentado en los temas del amor, ha tenido múltiples parejas, pero después de obtener lo que quiere se aburre, pero Shura parece ser un gran reto en su lista y no cree aburrirse tan fácilmente.

Últimamente usa camisetas más ceñidas a su cuerpo, así Shura nota sus músculos y puede atraerlo con ellos, varios Omegas que se han acercado a él siempre se sienten atraídos por su físico.

Shura es difícil, realmente lo es. En un mes no ha obtenido un avance, solo saludos correspondidos y nada más.


—¿Cuál es tu signo zodiacal, Aioros?

El profesor de biología está sentado frente a él comiendo una ensalada y revisando su teléfono.

No ve por qué no responder a su pregunta. —Soy Sagitario.

Afrodita frunce el entrecejo. —Shura es Capricornio por eso repele tus acercamientos, no serían una pareja funcional.

Aioros sonríe, no cree demasiado en el horóscopo, pero le han dolido las palabras de Afrodita. 

—En su idioma de Shura o en el mío, eso significa una fuerza eléctrica de repulsión. No eres su tipo, Aioros.— alza los hombros.

—Es eso o a tu amigo le gusta nadar a contracorriente.

—Como sea, en ambos casos el significan lo mismo, Shura se da la vuelta ante tu presencia.

Si ese es el caso, entonces él debe darse también la vuelta y tomar la mano de Shura para estar caminando en la misma dirección.

Teniendo en cuenta ambas materias impartidas, Aioros traza un nuevo plan en su mente que no puede fallarle con el Omega, no importa lo que todos digan, si tan solo el pelinegro voltea a verlo por más de 2 minutos estará contento.


—Profesor, ¿Puedo hablar con usted? 

Con un balón de baloncesto en manos y su silbato colgando en su pecho se acerca al joven Omega obstruyendo su paso.

—Si, lo escucho.

Al menos está vez se ha detenido y puede apreciarlo frente a frente dándose cuenta de que sus ojos son verdes y que su piel está libre de impurezas, es lindo.

—Recuerdo haber escuchado en su planeación que quería que sus alumnos prestarán más atención a sus clases, tal vez si nos aliamos pueda obtener un mejor resultado.

—¿Aliarnos?

Shura se cruza de brazos.

—Si, eso dije. Verá en la mayoría de los deportes se ponen en práctica varias leyes de la física, si usted y yo nos aliamos sus alumnos podrían comprender todas esas leyes sin aburrirse en un salón de clases.

—Está diciendo que mis clases son aburridas y por eso mis alumnos no aprenden, ¿cierto?— una de sus perfectas cejas perfiladas se arquea. 

—No quise decirlo así.

—Pongamos las cosas en claro, Profesor Aioros. Mi materia y la de usted aunque tienen muchas cosas en común son diferentes, si los alumnos disfrutan su clase solo es porque se divierten jugando. Usted solo les explica las reglas de un deporte y ya. Se ha convertido en el maestro favorito de los alumnos, pero no por su destreza sino por su simpatía con ellos.

El movimiento de sus labios es como un hechizo y debe controlarse para no mostrarse como un depredador. 

—Yo…

—Sus músculos son impresionantes, ojalá que toda esa masa muscular fuera su cerebro. 

Debía sentirse ofendido, pero Shura ha notado sus músculos, así que tiene un punto extra en su tablero.

—Mi oferta seguirá en pie y si gusta, puedo redactar un documento…

—No hace falta, ni siquiera pensaré en su propuesta, manténgase ocupado en hacer que los alumnos se diviertan, yo me encargo de aburrirlos.

Esto estaba resultado peor de lo que imaginó.

—¿Le gusta el básquetbol?— al hacer su pregunta hace girar el balón sobre su dedo índice aplicando unas cuantas leyes de Newton.

—¿Eso qué tiene que ver con lo que me ha comentado?

—¿Si o no? 

Debe persuadirlo con algo.

—Si, durante mis estudios en España solía practicar el deporte, hasta que me mudé aquí a Grecia a los 18 años.

Hace bastante tiempo de eso, pero Aioros no piensa discutir sobre el tiempo.

—Le propongo algo, juguemos un partido, usted enumera cada una de las leyes de la física, debatimos sobre ellas y luego me encargo de mencionarle cosas vistas en su materia a mis alumnos.

—Es un pésimo profesor, su hermano Aioria hace un mejor trabajo.

Sonríe, su as bajo la manga es ese, hacerse ver inferior a Aioria, porque claramente desde luego le ha explicado a sus alumnos la relación de las clases teóricas del Omega y los deportes.

—Tal vez lo sea, pero usted ¿acepta el reto? 

Es como hacer un poco de trampa, Shura es delgado, pero no se ve como el tipo de Omega que realiza deportes.

—Acepto, pero yo le envío la dirección de una cancha de baloncesto que conozco, no estará planeado que tengamos una reta de básquetbol aquí mismo…

—No, creo que no estaría bien.

Lo estaba considerando.

—Bien, deme su número de teléfono.

Ni corto ni perezoso, inmediatamente le dicta los dígitos de su número telefónico al físico matemático.

Afrodita y Aioria tendrán que tragarse sus palabras, Aioros está seguro de ello.

—Nos vemos después.

El Omega nuevamente sale corriendo, Aioros no se explica ese comportamiento suyo, pero tarde o temprano lo descubrirá.


Shura aguanta la respiración durante un minuto, todo para no soltar ese sonido que lo lleva fastidiando desde que Aioros tocó a su puerta, literalmente y ahora por tratar de esquivarlo de manera rápida tiene un partido pendiente de básquetbol con él.

Aioros es como el dios de la tentación, un Adonis completo que lo está atrayendo notoriamente como un imán, son tan opuestos que sus polos magnéticos se atraen, aunque quiera demostrar lo contrario.

—¿Estás bien?

El francés se acerca hasta colocar su mano en su hombro.

Es imposible que siga aguantando la respiración, así que respira e inmediatamente ronronea haciendo que Camus se sorprenda.

—Shura, ¿Por qué ronroneas?

A una cierta distancia logra divisar a Aioros que lanza el balón a la canasta del tablero.

Shura no responde ninguna palabra, al contrario antes de seguir siendo cuestionado se aleja de Camus.


Por la tarde ya en su casa se alista debidamente para su "cita" en la cancha de básquetbol que ha elegido para llevar a cabo ese desafío que el Alfa propuso.
Toma sus píldoras para disfrazar su aroma así como para evitar sentirse estimulado por la presencia del guapo hombre y termina colocándose sus lentes de contacto.

Llega diez minutos antes y comienza a hacer estiramientos sin importarle si hay más personas presentes paseando o simplemente observando, no se preocupa de que otros Alfas sientan su olor ni por nada.

Respira el aire fresco y bebe un poco de agua, minutos después llega el Alfa con un bolso deportivo y su balón de baloncesto.

—Justo a tiempo.

Asiente, no sabe cuál será el resultado, las probabilidades de que uno de los dos gane el partido están divididas en un 50%, pero lo que sí sabe es que Aioros es su rival y necesita dar lo mejor de sí mismo.

—¿Te parece bien un juego de 21?

—Es para niños, pero está bien, somos dos personas no tiene caso jugar uno a uno, sin embargo puede haber diferencias en lo que yo considero "El veintiuno americano"— lo último lo dijo en su idioma natal. —y el 21 que tú sueles jugar.

—"El veintiuno americano"— hizo una mala pronunciación, pero Shura no dijo nada. —Conozco la manera en la que los españoles suelen jugarlo, lo investigue hace unos momentos, pero no creo que yo pueda adaptarme a sus reglas, además no quiero que tengamos un accidente, su manera de jugarlo es algo ruda.

Shura sonríe y es la primera vez que Aioros puede apreciar el resplandor de esa sonrisa que se abre paso para quedar grabada no solo en su mente sino también en su corazón.

—Está bien que sea tu 21, ¿quién empieza primero?

—Los Omegas primero.

El énfasis que Aioros hace en su casta no lo molesta, al contrario se valdrá de ese sentido de caballerosidad del Alfa para ganar el juego. 

Los dos se turnan, Shura toma el balón en sus manos y se pone el la línea de tiro libre, si logra anotar obtendrá dos puntos, su meta es llegar a 21 puntos sin pasarse, de lo contrario si la suma de sus puntos da como resultado números mayores a 21 entonces el juego pasa a ser un 31.

Aioros lo observa concentrarse, y luego observa detenidamente que Shura utiliza un conjunto deportivo especial para jugar básquetbol, su camiseta tiene el número 12 y su nombre, por primera vez el profesor de deportes odia esas prendas holgadas que no le permiten apreciar de manera correcta el cuerpo curvilíneo del Omega.

—¿Mide algunos ángulos profesor? 

Se burla, necesita ver si el menor es de esas personas que se dejan llevar por comentarios o no.

—Pienso en el tiro parabólico y obviamente debo saber el ángulo, no solo es concentración esto también implica matemáticas y leyes de la física.

—Lo sé. 

Shura se prepara flexionando sus rodillas, levanta sus brazos llevando el balón en sus manos, salta y dispara con su mano derecha. 

El ángulo en qué tira y la fuerza aplicada son los correctos, el balón entra en la canasta, anotando dos puntos a su favor. Aioros no se sorprende, piensa que es "suerte de principiante".

Tres tiros seguidos de Shura después de los dos puntos suman ocho puntos en total, el cuarto tiro lo falla y Aioros entra en acción al rebote del balón anotando desde una distancia cerca del tablero, después recoge el balón posicionándose en la línea de tiro libre y lanza 5 veces más metiendo el balón en la canasta antes de obtener una mala puntería en su sexto tiro.

Los ocho y once puntos suben hasta que Aioros llega a 23, subiendo así el juego hasta un 31.

Si, el reto es para niños, Shura suspira, venía preparado para algo más y ahora va perdiendo. 

Al intentar llegar al rebote del balón, los cordones de sus zapatillas deportivas lo hacen caer al suelo. Aioros se preocupa, precisamente por esa razón no quiso que el juego de baloncesto se diera como un verdadero juego donde corrieran de un extremo de la cancha al otro para anotar.

—¿Te encuentras bien?

En algún otro momento como jugando con Aioria le daría risa un accidente como ese, pero es Shura quién ahora se ha caído, así que no puede reírse aunque lo quiera, su instinto de protección es verificar que el Omega del que no siente su aroma esté bien.

La rodilla raspada es suficiente para que el Alfa se preocupe y vaya rápidamente a su bolso a buscar un pequeño botiquín de primeros auxilios que siempre lleva consigo siendo un deportista.
Lava sus manos con el agua embotellada que había preparado para beber.

Shura observa como desinfecta su herida con un antiséptico para después colocar debidamente una gasa estéril y luego un parche adhesivo.
El suave toque del Alfa es relativamente suave. 
Sin quererlo nuevamente, el Omega está ronroneando y está vez en presencia del Alfa, por lo cual su rostro se sonroja inmediatamente.

Los ojos curiosos de Aioros lo observan. —¿Estás ronroneando?

Dejan de hablarse respetuosamente para pasar a una manera más cercana.

—No me hagas sentir más vergüenza de la que ya siento.

Intenta levantarse, pero resulta que su tobillo también se ha torcido.

—No deberías sentir vergüenza, es lindo escuchar a un Omega ronronear, y es más lindo si tú eres ese omega.— sonríe y se atreve a acariciar las mejillas sonrojadas del pelinegro. —Eso me hace saber que te sientes seguro conmigo.

El balón se terminó rodando lejos de su alcance, a Aioros no le preocupa, tiene más balones de básquetbol en su casa.
Toma en sus fuertes brazos el cuerpo de Shura como si se tratará de una simple muñeca.

—¡Oye!

—No puedes caminar, déjame llevarte hasta mi auto.

Shura se cubre el rostro con ambas manos, parece un lince que ha sido exitosamente domesticado, no deja de ronronear. Aioros lo sienta en la banca solamente mientras toma las pertenencias de ambos.


Para Aioria es sorprendente que Aioros llegué a casa con Shura en brazos, no sabe exactamente que pasó, pero sonríe forzosamente.

—¿Y esta visita, Shura?

—Hola a ti también Aioria, veo que estás bien.

No puede con la vergüenza, siente que morirá en algún momento, Aioros lo deja en la sala conversando con el menor.

—Sí, estoy bien, con un pie enyesado y por lo menos tres firmas que me hacen parecer a Woody de Toys Story con su bota marcada con el nombre de su dueño.

Shura niega ante el comentario, Aioria no es de muchos amigos debido a su pésimo humor.

—No me digas que Aioros logró conquistarte y ahora vivirás con nosotros.

El español abre la boca.

—¿Todavía no te dice nada?— Aioria es maravillosamente indiscreto. —No le digas que te lo dije y disculpa mi indiscreción.— aprieta los labios. —Al menos tú deberías decirme lo que pasó.

—Jugábamos un 21 en una cancha del parque, Shura se cayó, se raspó la rodilla y al parecer se torció el pie.

Aioros regresa con un ungüento en frío, como deportista que es sabe de lesiones graves.

—Viendo el panorama es mejor que los deje a solas.— toma sus muletas. —Supongo que deben hablar y… no sé, cualquier cosa estaré en mi habitación.

El mayor no dice nada, escuchó todo lo que su chismoso hermano dijo, así que solo se dedica a atender al Omega que por suerte solo ha sufrido una torcedura que comienza a inflamarse.

Shura se estremece al sentir el frío ungüento ser esparcido por su piel.

—¿Lo que dijo…?

—Es verdad.— dice de manera directa sin rodeos. —Desde que te conocí me interese por ti, incluso hablé con Afrodita al respecto, pero sus consejos de horóscopos no me ayudaron en nada, al menos tenía razón en algo, siempre huyes de mí. 

El pelinegro se muerde el labio inferior, el Alfa tiene el semblante decaído mientras venda su tobillo. 

—Sobre ello, hay una razón. 

Los ojos brillantes dejan de poner atención a la venda para mirarlo a él directamente, creando contacto visual.

—Cada vez que huía de ti… no era porque estuviera algo mal contigo o me sintiera fastidiado, es por mí.— su ronroneo continúa en cuanto deja de hablar. —Cada vez que estás cerca de mí, yo terminé ronroneando, por eso huía antes de que me escucharás.
Siento vergüenza de no poderlo controlar y…

—Y para mí está bien, es un sonido hermoso que disfruto.— sonríe. —Debo ser sincero, al principio llamaste mi atención por tu belleza que no es como la de cualquier otro Omega. Yo solo quería llevarte…

—A la cama.— hay un toque de decepción en su voz y en su semblante. Incluso el ronroneo suena adolorido. —Lo sé, todos los Alfas son iguales, por eso no me interesa estar en una relación. Pensé que eras diferente, pero al final de cuentas eres un Alfa, reaccionas por instinto.

Intenta levantarse, pero ahora el Alfa se lo impide.

—Escuché tus reclamos a la institución, deseabas obtener una incapacidad para tu amigo.

—E incluso después de escucharme seguiste pensando en eso.

—Lo hice, hasta que me di cuenta de que no deseaba tomarte como a otros Omegas.

La paciencia de Shura estaba llegando a su límite. —¿Otros?

—Me refiero a mis ex. Pero de verdad Shura, ahora quiero conocerte seriamente, saber que tanto tenemos en común.

—Aioros, solo me veías como tu próximo Omega en tu lista y yo estoy en contra de esos Alfas. Estoy en contra de todos los que nos ven por debajo del hombro solo por ser Omegas, estoy cansado de vivir en una sociedad desigual donde los Alfas piensan que tienen el control de todo.

—Déjame terminar, Shura.

El Omega guarda silencio.

—Sé que cometí errores en el pasado y que no soy la mejor persona, pero yo realmente comienzo a sentir cosas por ti, si no fuera diferente a muchos otros, ahora mismo en lugar de estarte ayudando estaría haciendo otra cosa...

Su rostro recibe una bofetada, es la ley de acción reacción, pero debe ser sincero.

—Shura me gustas y me gustas muchísimo, tu carácter es sorprendente y tú fuerza para luchar por la igualdad entre castas también. No te pido que me aceptes ahora mismo, solo te pido que me des tiempo para demostrarte que mis palabras son sinceras.

—Lo reitero, tus músculos son más grandes que tu capacidad de pensar, agradezco lo que has hecho por mí hasta el momento, pero es mejor que todo quede aquí, además la institución prohíbe las relaciones entre su personal.

Aioros termina de vendarle el pie. —Soy un maestro suplente.

—Eres necio y terco.

—No me voy a rendir Shura, quiero que seas mi Omega.

—La posesividad no va conmigo. 

—No estoy siendo posesivo, solo te dejo en claro mis deseos.

 

 


 


Ojalá no hubiera aceptado esa reta de baloncesto porque ahora tiene que lidiar con pequeños detalles que son dejados en su puerta, detalles de cortejo que solo buscan de su aprobación para que el Alfa pueda acercarse de una manera segura.

—Es el último día del profesor Aioros aquí.— escucha decir a uno de sus alumnos antes de partir al consejo técnico.

Por suerte, Camus si obtuvo la incapacidad semanas antes de que diera a luz a su primer cachorro sin preocuparse por su goce de sueldo.

Nuevamente en una reunión su mirada verde se cruza con la del profesor de deportes que ha hecho de todo por obtener una sola oportunidad. 
Debido a la presencia de ese hombre, los consejos técnicos ya no son una pérdida de tiempo, pero ahora que se va, todo regresará a la normalidad o no.

—Aioros.— lo detiene llamándolo simplemente por su nombre.

El moreno se gira a verlo. —Aioria regresa la próxima semana, espero con él puedas realizar el proyecto que te sugerí.— su tono de voz es apagado.

—No vine a hablar de Aioria.— suspira. —Creo que fui muy duro contigo, me dejé llevar por mi lado liberal, pero no podía creer que habías jugado con varios omegas.

—No jugué, me enamoré y perdí tantas veces en el amor que después no le vi importancia, claro hasta que te conocí, pero nunca toque a nadie sin su consentimiento.

Shura se acerca. —Te daré una sola oportunidad, solo una, si me fallas ten por seguro que me encargaré de que nunca en tu vida te olvides de mi nombre.

El español nunca ha conocido el amor, Aioros es su primer prospecto.

—¿De verdad me das una oportunidad? 

Shura ya no avanza, ahora es el Alfa quien toma la iniciativa y lo abraza fuertemente cuando recibe un asentimiento.

En medio del patio de la institución se dan su primer beso como pareja oficial y Afrodita sonríe viéndolos desde la distancia.

—No desafían las leyes de la física, pero sí las del horóscopo.

El biólogo niega con la cabeza, al menos podrá invitarlos a ambos como pareja a su boda. 

 

 

 

 

•Fin•

Notes:

El juego de baloncesto del 21 se juega diferente en muchos países, así que bueno no me lancen tomates si hay algo que no cuadra debidamente.

Estoy muy retrasada, pero aquí vamos lento pero seguro. Tal vez los próximos OS no sean tan extensos.

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