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Había fuegos artificiales y el corazón de Kouya estaba latiendo con una anormal velocidad. ¿Sería que estaba por tener un ataque cardíaco? Las palmas de las manos le sudaban de forma inusitada y sentía su garganta cerrada, muy cerrada; casi como si no le dejara respirar.
Y luego estaba Haruka.
La luz que emanaba de los fuegos artificiales que se expandían por el firmamento iluminaba su rostro, volviéndolo un poco menos pálido de lo usual. Los ojos de Haruka estaban fijos en el cielo, abiertos de par en par y con la sorpresa asomando por sus pupilas. Impresionado. Feliz. Kouya no podía dejar de mirarlo.
Había gente a su alrededor, pero nadie se fijaba en ellos... A nadie le importaba en realidad lo que estaba sucediendo dentro de esa pequeña burbuja que se había formado para ambos; cada quien iba ensimismado en sus propios asuntos.
Y luego sucedió.
Haruka finalmente advirtió en la mirada de Kouya y se volvió para verlo. Y sonrió. Fue la sonrisa más linda que Kouya alguna vez había visto... El corazón le latió más fuerte (¿acaso eso era posible?) y las rodillas le temblaron.
—Los fuegos artificiales son geniales —dijo Haruka con media sonrisa. Kouya asintió vagamente, sintiéndose embelesado e incapaz de despegar la mirada de él.
Tragó saliva nerviosamente.
—Lo son —coincidió. Inhaló y exhaló. Debía trabajar en calmar sus acelerados latidos.
Haruka ladeó la cabeza.
Se miraron a los ojos por lo que pareció ser una eternidad. Las diferencias de sus alturas se resaltaron. Haruka se acercó hacia él; se puso de puntillas. Kouya inclinó la cabeza y sus manos, por inercia, se movieron hacia su cintura.
Después de besaron.
Fue abrupto, repentino... y maravilloso. Los labios de Haruka eran suaves y encajaban bien contra los de Kouya; y Kouya era un manojo de nervios, pero justo así se sentía como si todo estuviera bien. Como si aquello fuese algo destinado a ocurrir.
El beso al comienzo fue delicado y suave, sin mucho que decir más allá de un simple roce. Haruka suspiró y entreabrió los labios; sus manos sobre el pecho de Kouya y los fuegos artificiales aún iluminando su alrededor.
Y luego Kouya despertó.
Lo hizo en un sobresalto. Asustado. Temeroso. Como un gato al que acababan de pisarle la cola.
Se quedó paralizado y confundido, mirando el techo de su habitación y con los ojos abiertos de hito en hito. El corazón le latía a mil por hora y sentía un hormigueo por todo su cuerpo. Su rostro se calentó cuando rápidamente sus pensamientos fueron directo al sueño que acababa de tener.
¿Había soñado que besaba a Haruka? ¡¿Había soñado eso?!
Kouya enterró su rostro entre sus manos y se giró sobre la cama, maldiciendo entre dientes y sintiéndose como la persona más sucia que había en el mundo. ¿Cómo podía soñar eso...? Haruka no era solo su amigo, sino que para el chico Kouya representaba algo parecido a una figura paterna, ¿cierto? ¡¿cierto?! Mierda. Además, ¿qué edad tenía Haruka? Kouya estaba seguro de jamás habérselo preguntado, pero teniendo en consideración que seguía en la preparatoria, no pasaba de los dieciocho... Entre más lo pensaba y analizaba, se sentía peor. Como una especie de pervertido.
Por soñar que había besado a un chico que lo veía como un padre.
Luego de eso Kouya no pudo dormir.
Tampoco se sintió capaz de ver a Haruka, así que realmente lo evitó durante los próximos días... y eso implicó hacerse el enfermo para evitar tener que ir a verlo en las carreras. Sabía que era estúpido, es decir, vamos, ¡fue un sueño! ¿Por qué le daba tanta importancia? ¿Por qué no podía dejarlo ir?
Kouya gimió de frustración contra su antebrazo mientras esperaba que su café estuviese listo.
Se incorporó cuando la cafetera silbó y, mientras terminaba de preparar su café, decidió recurrir por ayuda.
Esto, en realidad, signficaba llamar a su ex-esposa. Mientras esperaba que entrara la llamada, empezó a replantearse toda su existencia... ¿qué estaba haciendo? ¿Por qué estaba tan nervioso y frustrado por un sueño que había tenido? No signficaba nada. No implicaba que Kouya sintiera algo por Haruka, ¿verdad? Se frotó los ojos y, justo cuando estaba por colgar la llamada, se asustó tras ver que por fin había entrado.
—¿Kouya? —La voz de Saeko, como era de esperar, estaba llena de extrañeza. Claro. Porque no solían llamarse a menos que fuese algo urgente o que involucrara la vida profesional del otro; estaban en buenos términos, pero no tanto—, ¿pasa algo? Haruka me dijo que estabas enfermo...
—Oh, no, no —se apresuró por aclarar Kouya. Al final, pensó que no podía irle mal su ayuda; sin embargo, eso era igual a sincerarse—. En realidad... Uh, resulta que no estoy enfermo.
Saeko se quedó en silencio en la otra línea por unos breves instantes.
—Ya veo —dijo finalmente con tono de intriga—, ¿puedo preguntar qué estás haciendo entonces?
—Escucha... Hum, esto es complicado. —Kouya masculló. Se pasó una mano por el cuello y se mordió el labio con fuerza. Suspiró profundamente.
—Kouya, temo decirte que no tengo todo el tiempo del mundo...
—Ya, está bien; perdón. Es solo que... tuve un sueño.
—De acuerdo.
—Y en ese sueño pasaba algo con... con Haruka... y bueno, siento que no puedo verlo, ¿sabes? Y hum, me sentí en la necesidad de alejarme unos días, así que fingí estar enfermo...
Saeko soltó un respingo de sorpresa.
—Kouya —contestó, hablando con cierto aire sugestivo—, ¿tuviste un sueño erótico con el chico?
Mierda.
—¡¿Qué?! ¡No, no...! Por los cielos, Saeko, eso sería una locura. —El rostro de Kouya se sonrojó por complejo y los nervios lo atacaron. Tal cosa habría sido mil veces más horrible y el triple de vergonzosa... si así hubiera sido, ya estaría en otro país cambiándose el nombre para iniciar de cero con otra identidad—. No fue eso, ¿de acuerdo? Mira. Soñé que lo besé, ¡ya está, lo dije!
Ella se echó a reír.
—Con lo avergonzado que te oías, en serio pensé que había sido algo peor —admitió.
Kouya hundió los hombros. En serio le alegraba que Saeko no pudiese verlo justo ahora.
—Me siento como un pervertido —confesó de golpe, jugueteando con sus pulgares y mirando de forma vaga la taza en la que seguía humeando su café—, por eso siento que no puedo ni siquiera mirarlo a los ojos...
—Por favor, Kouya. Eres irremediablemente tonto. Soñaste que lo besabas, ¿por qué eso te hace un monstruo? Escucha, siento que le estás dando mucha importancia a esto porque te preocupa cómo te ve el chico... ¿es eso? ¿Te da miedo que Haruka te lea la mente de alguna manera y descubra lo que soñaste, y que luego le parezcas desagradable y se aleje de ti?
Kouya titubeó.
—Sí, un poco —murmuró.
—Todos tenemos sueños así de vez en cuando. No signfican particularmente algo... A veces el cerebro se aburre y ya está; yo una vez soñé que besaba a una de mis colegas de trabajo, y una vez en preparatoria soñé que salía con mi profesor. Son de esos sueños raros que no tienen un significado y simplemente piensas en ellos cinco segundos y luego sigues con tu vida, y ya está.
—Supongo que tienes razón...
—Por supuesto que sí, cariño. Yo siempre tengo la razón. —Saeko se rio entre dientes—. Es adorable que te hayas traumado tanto por un sueño, pero no creo que debas darle importancia... Escucha, tengo que irme, ¿de acuerdo? Si tienes algún otro sueño, realmente estaría interesada en saberlo.
Y luego colgó.
Kouya se quedó reflexionando en sus palabras unos momentos y luego se encogió de hombros. Era verdad, pensó, ¿qué hacia escondiéndose de Haruka por un sueño? El chico ni siquiera tenía por qué enterarse y, definitivamente, nadie más lo sabría. Eso era todo. Kouya con el tiempo se olvidaría de lo que había soñado y eso sería todo.
Soltó un suspiro.
Y alguien llamó a la puerta.
Se asustó tanto que casi tiró su taza de café; logró evitarlo por meros reflejos que no tenía idea de dónde había sacado. Algo apresurado, se dirigió con rapidez hacia la puerta y la abrió de golpe.
Ahí estaba Haruka.
Demonios.
Kouya parpadeó varias veces, paralizado y atónito. Se le quedó viendo al chico... y los colores le subieron al rostro cuando pensó en el sueño.
Pero Haruka no tenía forma de saberlo. Haruka no podía leer su mente. Estaba a salvo.
—No estás enfermo —señaló el chico, frunciendo las cejas y, ladeando la cabeza, agregó—: Escuché tu conversación.
Oh.
Quizá no era necesario que Haruka pudiese leer su mente.
Por unos momentos, Kouya pensó en fingir demencia. "¿Qué conversación? ¿De qué hablas? ¿Quién eres?", o algo así. Por lo que se quedó callado una larga cantidad de tiempo mientras sus neuronas trabajaban a gran velocidad, tratando de pensar en una respuesta coherente... o solo en una respuesta. Cualquier cosa
Al final, nada salió de la boca de Kouya.
Haruka suspiró y apartó la mirada. El miedo de pensar que, justo ahora, Haruka lo estaba tachando de pervertido hizo que Kouya reaccionara.
—L-lo siento —balbuceó. Meneó la cabeza y se frotó los ojos—. Haruka, de verdad lo siento....
—¿Te disculpas por haber mentido al decir que estabas enfermo o por el sueño?
Kouya vaciló.
—Lo siento —logró articular, sabiendo que no tenía sentido. Haruka se cruzó de brazos; a juzgar por la bolsa de plástico que llevaba, quedaba claro que había venido bajo la mentira que Kouya estaba enfermo y con la intención de ayudar. Eso solo causó que su corazón se conmoviera por la buena acción. Se forzó a agregar—: Soy un idiota... no sabía qué hacer...
Una sombra de sonrisa asomó a los labios de Haruka. De esas pocas veces que lo veía sonreír.
El corazón de Kouya latió fuertemente.
—Debo admitir que no estoy seguro de cómo sentirme respecto a tu sueño —murmuró Haruka, mirando hacia la punta de sus zapatos—, pero no creo que sea razón para que te alejes... honestamente, ¿tan mal besaba en tu sueño?
Kouya tardó en procesar que Haruka trataba de aligerar el ambiente con bromas. Muy apenas consiguió sonreír y tragó saliva trabajosamente.
—Al contrario —soltó de golpe, y se sintió estúpido por haberlo dicho. Sus mejillas se colorearon de rojo y quiso golpearse en la frente por idiota—. Yo... perdón, Haruka. Tuve un sueño tonto y no supe cómo manejarlo, así que necesitaba algo de tiempo. No debí haberles mentido.
El chico se encogió de hombros.
—¿Si te dijera que yo he soñado algo parecido, te haría sentir que estamos a mano? —indagó, y le cambió un poco el semblante. Titubeó y su rostro se sonrojó con visible timidez.
Kouya pestañeó con fuerza.
—¿Q-qué quieres decir? —se atrevió a cuestionar en un hilo de voz. Haruka se removió con incomodidad sobre el suelo y pasó el peso de su cuerpo de un pie a otro.
—Bueno, una vez soñé lo mismo... contigo —reveló, levantando la mirada y mirándolo a los ojos. Kouya se maldijo a sí mismo por la cantidad de pensamientos que vinieron a su mente durante una fracción de segundo.
—¿En serio?
Más que confundido, Kouya se sentía extrañado... y una parte suya estaba complacida. Eso no podía estar bien. Vaciló y miró hacia otro lado.
Ambos se quedaron en silencio durante unos momentos.
—Kouya, ¿tu sueño significó algo para ti? —cuestionó Haruka de la nada, ladeando la cabeza.
Kouya en realidad no sabía. Carraspeó con la garganta.
—Entremos al apartamento —murmuró—, siempre tengo la impresión de que los vecinos escuchan todo...
Sin embargo, cuando hubo cerrado la puerta y los dos estuvieron dentro, Kouya descubrió que estaba aún más asustado que antes. ¿Y por qué? Maldición. Ni siquiera lo sabía. Escuchar que Haruka había tenido el mismo sueño le parecía surrealista... e intrigante. Quería saber más.
—Así que... —empezó diciendo el chico con lentitud, dejando la bolsa que había traído en una esquina del apartamento—, ¿me dirás la verdad?
—No lo sé. Realmente no lo sé... —Kouya carraspeó con la garganta.
—¿Cómo era tu sueño?
—Había fuegos artificiales. —En realidad, Kouya no sabía por qué se lo estaba contando en primer lugar si Haruka era la última persona que quería que se enterara. Y sin embargo, siguió hablando—: Estábamos los dos en una especie de montaña, o algo así... Había gente a nuestro alrededor, y entonces nos mirábamos y sucedía... Realmente no hay mucho qué contar.
Haruka se rio por lo bajo.
—En mi sueño estábamos en un día de carreras —relató, perdiendo un poco la timidez y acercándose con lentitud—, yo ganaba el podio y todos celebraban y vitoreaban... Entonces tú me tomabas una foto y luego te acercabas a mí, y me besabas. Fue muy repentino, pero increíble.
Kouya se sorprendió cuando Haruka empleó el término "increíble" para describir un beso que había soñado. Tensó la mandíbula, y sin darse cuenta, se había estado acercando hacia el chico; pensó en retroceder, pero realmente su cuerpo no le obedeció.
—Haruka —murmuró—, ¿entonces no te parece mal que haya soñado contigo de esa forma?
—¿Te parece mal que yo haya soñado contigo?
—No realmente...
—¿Entonces? No veo por qué debería pensar diferente hacia ti.
En realidad, Kouya sí hallaba razones para que lo hiciera, mas se las calló. Miró a Haruka y se perdió en su mirada, en sus ojos... Algo muy parecido al primer día que lo conoció. No había dejado de pensar en eso. Tal vez fue por ello que decidió ayudarlo. Tal vez era por eso que justo ahora estaban así: uno frente al otro en un apartamento algo a oscuras por la luz del atardecer que lentamente se extinguía.
Haruka sonrió y se acercó aún más. Tomó la iniciativa y apoyó sus manos sobre el rostro de Kouya.
—Si nos besarámos justo ahora —dijo—, ¿eso estaría mal?
"Sí, terriblemente mal. Por motivos de sobra", pensó Kouya en respuesta, y se mordió la lengua para no decirlo en voz alta.
—Tal vez —susurró, sintiéndose en la necesidad de hablar bajito. El corazón le latía tan rápido... pero dolía, y era un dolor un poco satisfactorio. No era como en su sueño. Aquí no había fuegos artificiales ni un escenario jodidamente perfecto. No había espectadores que aprobaran su relación ni una burbuja en donde hicieran a un lado la moralidad y la razón. Era la realidad, y la realidad hería un poco por lo cruda que era—. Haruka, eres un adolescente... no creo que eso esté bien.
—¿No tienes curiosidad por saber si el sueño es parecido a la realidad?
Kouya se inclinó inconscientemente. Sus manos apoyadas con suavidad en los hombros de Haruka, incapaz de tocar o ir más lejos que ahí. Se sentía fatal e irresponsable; sabía que de él dependía detener eso. Pero no podía. No podía.
Y en cambio, decidió besarlo.
Realmente no fue como en el sueño.
La cosa era que Haruka no había besado a nadie más en su vida... como adolescente, era normal que estuviera curioso al respecto, y que definitivamente no lo hiciera bien. Kouya sonrió, encantado por alguna extraña razón por la inexperiencia del chico; tal vez porque sabía que eso era real, que eso tenía sentido y no como en sueño. Se separó con suavidad y subió sus manos hasta apoyarlas en la mandíbula de Haruka, acariciando la superficie de su piel con suavidad y trazando pequeñas líneas invisibles con su pulgar.
—Si vamos a hacerlo, al menos déjame guiarte —murmuró Kouya. Era extraño, pero el beso le había matado cada rastro de moralidad suya; que si eso estaba mal, que si sus diferencias de edades y etapas de la vida volvían la situación extraña y turbia... Dejó de pensar en eso, y se enfocó en el hecho de que Haruka también quería que esto ocurriera. Que sus ojos le veían con anhelo y deseo, y que estaba tan nervioso que podía escuchar su corazón latirle contra el pecho a toda velocidad.
Haruka no contestó y se limitó a asentir con la cabeza. Kouya volvió a acortar las distancias entre ambos, y esta vez procuró guiar con suavidad el rostro de Haruka, besando sus labios con delicadeza y procurando no pasarse de la raya. Definitivamente nada de lengua. Si bien el chico seguro se moría por experimentar más, Kouya era el adulto responsable en la escena... Y al menos debía marcar un control, en vista de que había perdido el primero para evitar besar a Haruka.
El calor se expandió por su pecho cuando el chico no tardó en hallar el ritmo y sintió que pasaba sus manos por su nuca, acariciando su cabello y entrelazando sus dedos. Kouya arqueó la espalda ante este toque y sintió que Haruka retrocedía.
"Maldito mocoso", fue lo único que alcanzó a pensar Kouya cuando vio los planes del chico. Ambos cayeron sobre el sofá. Haruka abajo y Kouya tratando de no apoyar todo su peso sobre él, sabiendo a la perfección que podía lastimarlo. En cambio, acabó hallando una posición distinta y medio se puso a horcajas sobre su regazo y medio se mantuvo hincado. Siguió besando a Haruka y se sorprendió cuando los labios del chico se entreabrieron, buscando más.
Kouya decidió que era suficiente y se separó.
Respiraciones agitadas, mejillas sonrojadas y labios ligeramente hinchados. Kouya parpadeó varias veces y tardó en recuperar el aliento... y cuando vio a Haruka, se quedó paralizado. Él realmente era hermoso. Y justo ahora y aquí, sintió que no existía alguien más increíble y maravilloso que él. Tragó saliva y le prestó suma atención a cada uno de sus detalles. A los mechones de su cabello oscuro que caían sobre su frente. Al color azul intenso de su iris. A la palidez de su piel y el sonrojo que viajaba hasta la curvatura de su cuello. A la forma en que le miraba.
Todo en él era perfecto.
Apretó los labios y se quedó atontado mirándolo.
Haruka sonrió.
—¿Fue mejor que en tu sueño? —bromeó—, porque en el mío sí...
Kouya se rio nerviosamente y apoyó su frente contra la suya.
—Ya no sé quién influenció a quién aquí —ironizó—. Supongo que no dejas de ser un mocoso lleno de hormonas...
—¿No es mejor así? Creo que, de otra manera, no habrías tomado la iniciativa.
Kouya lo besó en los labios de forma rápida y fugaz.
—Suficiente de esto —dijo—, ya perdí mucho tiempo haciéndome el enfermo... tengo pendientes que hacer.
—¿Como tomar una ducha fría?
—Ah, estos adolescentes de hoy en día —gruñó Kouya completamente sonrojado—. ¡Vamos, vete de aquí!
Haruka se carcajeó.
—No será la última vez que haremos esto, ¿verdad? —inquirió con un brillo de picardía en sus ojos. Hasta ese momento, Kouya desconocía por completo esa faceta de Haruka... ¿realmente era el mismo que había conocido? Es decir, no le molestaba en lo absoluto; pero era raro.
—No lo sé... Ya veremos, Haruka.
Al chico le bastó con esta respuesta.
Poco después, ya se había ido.
Luego de eso, Kouya tuvo sueños un poco diferentes. Haruka comenzó a aparecer en ellos con mayor frecuencia.
Sí, no se arrepentía del desarrollo de los sucesos.
Sin duda, aun pudiendo regresar en el tiempo, volvería a hacer lo mismo.
No cambiaría nada.
