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Characters:
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Language:
Español
Series:
Part 2 of La Vida Diaria de Haruka y Kouya
Stats:
Published:
2023-12-14
Words:
4,070
Chapters:
1/1
Comments:
3
Kudos:
11
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1
Hits:
91

La Primera Cita

Summary:

Besar a Haruka resultó fácil... Pedirle una cita y enfrentarse a él no tanto, o quizá no al comienzo.

La cosa con Haruka era que ponía patas arriba el mundo de Kouya... Y Kouya no podía (y no quería) hacer nada para evitarlo.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Kouya y Haruka se habían besado en su apartamento el día anterior... pero Kouya realmente no tenía idea de qué hacer después o qué significaba.

Si esto le hubiese ocurrido con otra persona (una mujer preferentemente de su edad) su primera acción en la lista habría sido llamarla e invitarla a salir. Pero, ¿eso era lo correcto a hacer con Haruka? ¿Debía invitar a salir a un adolescente que ni siquiera tenía la edad legal para beber? ¿Debía encontrarse con él y pedirle que fueran novios?

Sin embargo, entre más lo pensaba, más dudas aparecían. Haruka era joven (sí, su mente ya se lo había recalcado de muchas e innumerables maneras), así que le causaba incertidumbre el pensamiento de que fuesen novios... ¿Y si Haruka se arrepentía y le daba vergüenza romper con él por su diferencia de edades y posturas de poder? ¿Y si Haruka solo lo veía como un "algo de una sola vez" con quien no quería comprometerse en nada? ¿Y si...?

¿Y si Haruka en realidad no sentía lo mismo que Kouya y lo había besado en un momento de impulsividad?

Porque Kouya sabía lo que era ser adolescente. Maldición. Sabía lo que era que te gustara una persona un día y, al siguiente, ya hubieses cambiado de opinión. Sabía la desesperación que uno tenía a su edad por saber lo que era besar y, ante todo, lo excitante que podía ser meterse con alguien mayor.

Lo sabía. Lo sabía.

Y se convenció de que en realidad Haruka no lo veía como algo serio. ¿Cómo pedirle que lo hiciera? ¿Cómo hablar de eso con él?

El corazón de Kouya se le estrujó y trató de no pensar en eso. De verdad que lo intentó. Una punzada atacó su pecho y se cubrió el rostro con las manos.

Estaba sentado en las gradas viendo la carrera de práctica de Haruka, y se sintió horrible por estar pensando en todo eso mientras el chico debía estar concentrado justo ahora en la carrera.

Había momentos donde Kouya quería apagar su cerebro y olvidarse de la moral... pero sabía que no podía hacer eso. Y empezó a odiarse aún más al pensarlo.

Más tarde cuando las prácticas acabaron, Kouya tuvo el instinto de huir; sin embargo, no lo hizo. Le había prometido a Haruka por mensaje que no volvería a sopesar la idea de dar media vuelta y esconderse para ahorrarse la vergüenza. En cambio, esperó a que Kotaro y Futoshi dejaran la estancia tras cambiar los frenos del vehículo y Haruka les convenciera de que después los alcanzaría en casa. Kouya sabía bien por qué quería que ellos se marchasen primero.

No habían hablado desde el día anterior. Desde el día que se besaron como si Kouya no fuese un adulto con la moral suficiente para saber que eso estaba mal. Y fue raro; todos esos pensamientos que había estado guardando para sí murieron en el momento que Haruka posó sus ojos en los suyos. Tragó saliva y se quedó inmóvil, sin saber qué decir o hacer.

—¿Qué ocurre? —Haruka todavía tuvo el descaro de preguntar y, a juzgar por el brillo en sus ojos, bien sabía lo que ocurría.

Se acercó. Otra vez Kouya no tuvo la fuerza de retroceder y se limitó a mirarlo en silencio. Miró la forma en que la luz del sol se filtraba por las ventanas altas del recinto e iluminaba el perfil de Haruka y su vehículo detrás... Todavía llevaba su uniforme y eso le causó un cosquilleo en el estómago a Kouya, cuya mirada viajó de los ojos de Haruka a sus labios, y de sus labios a su cuello.

—Tenemos que hablar —soltó de la nada, decidiendo enfocar su mirada en un punto invisible del suelo—, sobre lo que sucedió ayer...

Haruka arqueó las cejas.

—¿Qué hay que hablar? —indagó—. Nos gustamos... ¿o acaso hay algo más que deba saber?

Kouya parpadeó sorprendido. Extrañado con la certeza con la que Haruka lo dijo, como si fuese un hecho que nadie podía contradecir. "Nos gustamos".

—Yo... eh... —comenzó diciendo, sintiéndose torpe y patético con ese tartamudeo. Meneó la cabeza y agregó—: No puedo pedirte que seas mi novio...

—¿Por qué no? ¿Hice algo mal?

Haruka lo miró con una mezcla de culpa y miedo. Inmediatamente Kouya supo que Haruka estaba pensando en otros motivos y se sintió estúpido. Esbozó una sonrisa incrédula y al acto decidió retractarse de sus palabras; como prueba de ello, se acercó hasta apoyar sus manos en las mejillas del chico, acunando su rostro y mirándolo a los ojos.

—No, por los cielos, no —murmuró con suavidad—, perdón, no lo decía en ese sentido... Es solo que, Haruka, una relación es un compromiso.

—¿No crees que esté listo para un compromiso? —El chico dibujó una mueca.

—Tampoco es eso. Mira... no quiero que te sientas atrapado conmigo. Está bien si solo me besaste por impulsividad o algo así; está bien si en realidad solo te sientes atraído físicamente y no quieres algo más. De verdad está bien. No te voy a pedir nada a cambio.

Haruka frunció las cejas. Luego se inclinó para besarlo. Fue un beso efímero y terminó casi tan pronto como empezó, pues Haruka ya estaba hablando mientras Kouya aún procesaba el toque de sus labios:

—No fue un impulso. Llevo tiempo queriendo besarte. Y, Kouya, por favor no seas tonto. Me gustas tanto que podría volverme loco. ¿Tienes idea de todo lo que me haces sentir? Es lindo que te preocupes, pero no es necesario; de verdad no lo es... Quiero tener más contigo. Una relación. Esas cosas que se ven en las películas... Jamás lo he hecho, pero creo que quiero intentarlo solo si es contigo.

Kouya parpadeó varias veces, apretando los labios ante aquella confusión directa y honesta de Haruka. Su sonrisa se tornó amable y suspiró.

—De acuerdo —murmuró—, pero tengo una condición.

Haruka ladeó la cabeza.

—¿Cuál?

—Que si algún día te aburres de la relación o quieres estar con alguien de tu edad, me lo dirás de inmediato... No tienes que preocuparte por mí, ¿de acuerdo?

—Kouya...

—Solo prometelo.

—Bien. —El tono de resignación de Haruka no pasó desapercibido para Kouya—. Te lo diré, asumiendo que eso ocurra alguna vez.

Kouya se relajó y se sintió mejor. Al menos así sentía que aquello era un poco más legal y moralmente aceptable. Apoyó su frente sobre la de Haruka y deslizó sus manos desde su rostro hasta su cintura.

—En ese caso —prosiguió. Su corazón latió con fuerza y el chico le miró con entusiasmo. Hubo un breve momento de suspenso entre ambos—, Haruka... ¿tendrías una cita conmigo?

—¡Creí que ibas a pedirme que fuera tu novio! —se ofendió Haruka.

—¡No! No puedo pedírtelo en un momento así... Necesito tiempo. Sal conmigo hoy y te lo pediré de una forma más romántica, ¿bien?

Haruka se rio y sacudió la cabeza.

—Eres un tonto —susurró con humor—. De acuerdo, Kouya, saldré contigo en esa cita.

Una ancha sonrisa tiró de los labios de Kouya y se inclinó, besando a Haruka. Las manos de él sobre su cabello; sus respiraciones agitadas y sus corazones latiendo al unísono. Todo era maravilloso.

Kouya se separó a los pocos momentos cuando percibió que Haruka tenía intenciones de ponerle más pasión al beso; decidió que aún no era el momento y le puso un dedo sobre los labios.

—Nos veremos después —le dijo—, pasaré por ti a las seis.

Haruka asintió con la cabeza, y luego dibujó un mohín de disgusto en su rostro.

—Eso es mucho tiempo —se quejó.

—Tiempo que necesito preparar nuestra primera cita; no te quejes... Ve a buscar algo en qué matar el tiempo hasta entonces.

—Bien...

...

 

Más tarde, Kouya cumplió su parte y pasó por Haruka en su auto. No supo qué tanto les dijo Haruka a Kotaro y Futoshi o si siquiera les avisó que saldría con él (lo que sí se imaginaba era que se había reservado para sí mismo sobre que iría a una cita), pero se alivió de que al menos no tuviese que hablar con ellos cuando vio al chico salir de casa y dirigirse a él.


Entró al auto y se deslizó sobre el asiento del copiloto, poniéndose el cinturón de seguridad. Kouya se quedó unos momentos mirando a Haruka con sorpresa y sonriendo como un tonto. Llevaba un suéter que le quedaba un poco grande, unos jeans oscuros y una bufanda color pastel rodeándole el cuello. El frío de la tarde le había puesto la nariz y las mejillas rojas, y eso sin hablar del brillo en sus ojos cuando se volteó a mirarlo. Tenía el cabello un poco desordenado y se retorcía los dedos en visible nerviosismo.

Haruka era increíblemente hermoso.

Kouya tragó saliva y tardó en recordar que era él quien debía conducir, por lo que no debía distraerse. Carraspeó con la garganta y volvió su vista al frente.

—¿Qué pasa? —preguntó Haruka con un tono que sugería que de nuevo sabía lo que pasaba. Porque Haruka, incluso viéndose como un chico inocente e ingenuo que no sabía acerca del romance, sabía demasiado. Irónicamente, sabía menos que Kouya y, justo ahora, se sintió como si el chico fuese el que tuviera la experiencia.

Decidió despejarse la mente y fingió que le restaba importancia al asunto. Encendió el auto y empezó a conducir a través de las calles silenciosas de la ciudad, que ya estaban empezando a iluminarse por lo oscuro que iba poniéndose el cielo tras la puesta del sol.

—Nada —murmuró Kouya, meneando la cabeza y concentrándose en la calle que se extendía frente a él.

Haruka arqueó una ceja. Por suerte, cambió el tema.

—¿A dónde vamos? —Su voz se volvió algo vacilante y ansiosa. Tamborileó sus dedos sobre el borde del asiento y apretó los labios.

Era bueno saber que Kouya no era el único muerto de nervios.

—Es una sorpresa —contestó.

—Quiero saber —insistió el chico, frunciendo las cejas.

—Si te digo, dejará de ser una sorpresa.

—¿Por qué tiene que ser una sorpresa?

—Porque es nuestra primera cita... Tiene que ser especial.

Una sonrisa asomó a los labios de Haruka.

—Incluso si fuera debajo de un puente sería especial solo estando contigo —respondió, ladeando la cabeza—. Pero bien, entiendo el punto... dejaré de hacer preguntas.

—Hum, podría darte una pista: estamos a una hora de llegar.

—¿Una hora? Se oye lejos.

—Lo está... un poco.

Lo cierto era que Kouya había hecho reservaciones en un hotel considerablemente alejado de donde vivían con la intención de que no fuesen reconocidos ahí. Se sentiría con mayor libertad y no tendría que estarse preocupando de que la gente los mirara (igual se preocuparía; pero tendría la certeza de que nadie le daría importancia).

Llegaron en el tiempo estimado y, durante el trayecto, compartieron diálogos al azar sobre temas aleatorios. Un poco sobre el clima y un poco más sobre la próxima carrera.

Y luego llegaron.

Kouya dejó el auto en el estacionamiento del hotel, subiendo las ventanas y saliendo. Se aseguró de escuchar el suave "click" de sus llaves antes de sentirse con la seguridad de alejarse del carro. Se dirigió hacia Haruka y le sonrió.

—¿Un hotel? —inquirió el chico, alzando las cejas.

—Hay un restaurante en la planta baja —se vio obligado a explicar Kouya, sabiendo que seguro Haruka se estaba imaginando otras cosas.

—Ah.

La decepción en su rostro confirmó lo que pensaba.

Sacudió la cabeza con aire de desaprobación y, con todo el valor que consiguió reunir, titubeó y tomó la mano de Haruka, entrelazando sus dedos con los de él y sintiendo la calidez de su piel. Su corazón latió con fuerza y la garganta se le secó. Haruka le miró con una incipiente sonrisa creciendo en su rostro.

No se dijeron nada y entraron al hotel, dirigiéndose al restaurante a su izquierda que tenía una matiz que combinaba la elegancia con el minimalismo. No era precisamente lujoso, porque Kouya sabía que ninguno se sentiría cómodo en un ambiente así... En cambio, se había guiado a través de reseñas en internet para dar con un restaurante que fuese agradable a la vista y tuviera un ambiente ameno hacia los clientes, junto con un menú variado y que no gritara "clasismo". No era precisamente barato (¿a quién le importaba que lo fuese? Kouya rápidamente se olvidaba de los precios al pensar que lo hacía por Haruka), pero valía la pena. Una chica en la recepción los atendió y los guio a su mesa (si pensó algo respecto a ellos dos tomándose de la mano, por suerte no dijo nada) y les pasó los menús. Luego se inclinó y se marchó, prometiendo volver a los pocos minutos.

Kouya había tomado asiento frente a Haruka; ambos estaban en una mesa al fondo y junto al gran ventanal que mostraba lo pronto que empezaba a salir la luna. Debían ser alrededor de las siete de la noche, porque anochecía muy pronto y ya se sentía como si fuese más tarde. A través de la ventana también se veía un pequeño bosque repleto de árboles altos y abundante maleza; otra razón por la que había elegido este restaurante era esa.

—Vaya, aquí venden hamburguesas —murmuró Haruka con visible sorpresa al echarle un vistazo al menú. La luz pálida y azúl que entraba por el grueso cristal le iluminaba el rostro y la mirada. Kouya se entusiasmó—, es increíble.

—¿Te gusta?

Haruka despegó la mirada del menú para verlo a él. Y sonrió. Como seguían tomados de las manos, le dio un pequeño apretón.

—Me encanta —respondió con tono suave—. Aunque más que el restaurante, me encanta estar así... contigo... —Las mejillas se le sonrojaron y miró hacia la mesa—. Siendo honesto, Kouya, no pensé que fueras a tomarme en serio.

Kouya le miró. Sus ojos fluctuando entre la curiosidad y la confusión.

—¿Uh? ¿Qué quieres decir? —inquirió, animándolo a hablar.

—Pues... cuando te besé, lo hice en serio. Y cuando te dije que llevabas tiempo gustándome, tampoco mentía... Sin embargo, me preocupaba que no le dieras importancia a mis sentimientos y me dijeras que era muy joven para saber lo que quería...

Una risa nerviosa emergió de los labios de Kouya. Parecía como si hubiera leído cada uno de sus pensamientos guiados por sus inseguridades.

—Sí pensaba eso —admitió, mordiéndose el labio inferior y acariciando el dorso de su mano con el pulgar—, pero también sabía que eras demasiado terco para aceptar que te dijera eso.

Haruka se rio. Lucía temeroso y vacilante, como si no estuviera seguro de cómo proceder.

—Es cierto —coincidió. Aún seguía mirando hacia la mesa—. La verdad también tenía miedo de que yo no te gustara... o no tanto para querer iniciar algo conmigo. Quiero que sepas que me lo tomo completamente en serio, ¿de acuerdo, Kouya? Si tú y yo salimos juntos, lo daré todo de mí. De verdad.

El corazón de Kouya se le estrujó y se contuvo para no lagrimear. La sonrisa se le ensanchó. También tuvo que contenerse a no besarlo justo en ese instante, porque mierda, Haruka se veía maravilloso ahí bajo la luz de la luna que poco a poco sobresalía sobre la ciudad a la lejanía. Su rostro sonrojado. La suavidad de su piel. Cada pequeña parte suya... La curvatura de su nariz, sus largas y oscuras pestañas, sus labios adorables y rojos. Se olvidó por unos momentos que debía darle una respuesta.

—Yo también —acabó diciendo con seriedad—. Me gustas mucho, Haruka... Haré todo lo posible por tratarte bien y jamás lastimarte... Por los cielos, de verdad eres hermoso.

Eso último lo había dicho como un pensamiento en voz alta que sorprendió al chico. Parpadeó varias veces y el sonrojo se le intensificó. Abrió la boca para responder, pero en eso fueron interrumpidos por la muchacha de antes que venía a recoger sus pedidos.

Ordenaron justo en ese momento y el resto de la tarde pasó con cierta rapidez. Comieron y compartieron conversaciones sin gran importancia. Al menos lo más importante en relación a sus sentimientos había sido dejado un poco de lado y se enfocaron en divertirse. Se sentía raro compartir ese tiempo solo con Haruka... No había carreras ni patrocinadores involucrados. Tampoco otras personas. Solo eran ellos dos hablando sobre sus vidas y conociéndose aún más. Kouya ni siquiera tenía idea de que había tanto por conocer de Haruka, y le emocionó que así fuera. Quería saberlo todo. Quería descifrar cada pieza de su pasado y aprenderla. Quería eso.

Quería a Haruka.

Cuando salieron del restaurante, no se dirigieron de forma automática hacia el auto. Kouya no tenía intenciones de que se fueran de inmediato. Se dedicaron a pasear por el bosque que había frente al hotel, tomados de las manos y con sus hombros rozándose. La luna ya se había puesto en lo alto del cielo y las estrellas brillaban sobre el firmamento. Todo en la escena era perfecto.

Llegaron a un mirador que había más allá en el bosque, deteniéndose ahí y acercándose al borde. No había más personas ahí; incluso podría decirse que estaba abandonado y que hacía tiempo se habían olvidado de su existencia. Se detuvieron frente a la barda que rodeaba el lugar.

Kouya pasó un brazo por los hombros de Haruka y lo acercó a él, respirando el olor de su cabello y sintiéndose como la persona más afortunada en el planeta. ¿Qué más podía pedir teniéndolo ya todo?

—Haruka —murmuró, moviéndose para apoyar su frente en la del chico y apretando los labios—, ¿me concederías el honor de ser tu novio?

Haruka lo miró a los ojos y sus labios se entreabrieron; formaron una sonrisa a los pocos momentos y sus manos se dirigieron a su cabello por detrás de su nuca. Sus dedos moviéndose y formando pequeños círculos sobre su cabello estremecieron a Kouya.

—Hum, es una pregunta algo difícil —murmuró con tono de humor—, no lo sé... creo que debería pensarlo.

Kouya esbozó un puchero.

—No es gracioso —se quejó. Haruka se rio.

—Solo bromeo... Por supuesto que quiero ser tu novio, Kouya. —Inclinó el rostro para besarlo y, apenas separándose, agregó—: Tú también eres hermoso.

Un sonrojo cubrió el rostro de Kouya, y volvió a besar a Haruka para que no se diera cuenta. Exhaló con delicadeza y se sintió maravillado por la forma en que sus narices encajaban una junto a la otra; sus alimentos combinándose y sus manos buscándose con deseo. Cuando la lengua de Haruka buscó tentativamente la suya, esta vez Kouya no retrocedió ni se apartó y le permitió entrar a su boca. Apoyó sus manos en sus caderas y lo acercó más, inclinando ligeramente la cabeza hacia un lado y decidiendo que debía ser imposible que fuese así de feliz. Pero no lo era. Sí era posible y estaba sucediendo.

Se separaron solo cuando se quedaron sin aliento. Kouya inhaló y exhaló con fuerza, tragando saliva y respirando con dificultad.

—¿Deberíamos quedarnos en el hotel por esta noche? —inquirió.

—¿Qué insinúas? —Haruka arqueó las cejas con tono sugestivo.

Kouya se rio.

—¡Basta! No es lo que piensas —dijo—. Es solo que ya son las diez y no quiero conducir una hora de regreso en la noche... Eso es todo.

—¿Solo eso? —El chico de verdad lo iba a volver loco.

—Sí, solo eso.

Haruka se encogió de hombros.

Volvieron al hotel y Kouya pagó por una habitación por una noche (aun cuando solo tenía intenciones de dormir, le entró pánico y pagó con efectivo). Trató de no pensar en la mirada que le dedicó el recepcionista que le dio la llave del cuarto.

La habitación de hotel era como cabía de esperar... Espaciosa, pero no tanto; con una cama matrimonial al fondo, un balcón a su izquierda y unos cuantos muebles a los que no les prestó importancia. Porque claro, Haruka no pareció entender el "solo dormir" y se lanzó hacia él en cuanto la puerta se hubo cerrado.

Kouya jadeó cuando la boca de Haruka se encontró con la suya. Retrocedió por inercia y el chico avanzó, llevando sus manos hacia su pecho y acariciando su piel por encima de la camisa que llevaba (no hacía falta ser un genio para saber que deseaba quitársela). Las manos de Kouya, por otro lado, parecieron cobrar vida propia y se dirigieron a las caderas del chico, asomándose por debajo de su suéter y sintiendo un intenso hormigueo cuando descubrió lo bien que se sentía su piel desnuda. Joder. Se sentía demasiado bien. Haruka dejó de besarlo y, unos momentos después, sus labios ahora estaban sobre su cuello. Kouya gimió y abrazó al chico por la cintura, con cosquillas por el cabello de Haruka contra su mandíbula y sintiéndose malditamente excitado por los besos húmedos que combinaban su lengua en la superficie de su piel.


A los pocos momentos, por fin comprendió (sí, le costó tener un pensamiento cuerdo en medio de aquella situación) los intentos del chico de llevar su relación al siguiente nivel. Sin embargo, teniendo en cuenta que esa relación tenía menos de una hora de existir, Kouya no se sentía cómodo haciendo algo más. Le costó llevar sus manos hasta los hombros de Haruka y empujarlo con suavidad. Lo hizo incluso cuando a los pocos segundos se sintió fatal, porque Haruka ya no estaba besándolo en el cuello y tampoco haciéndole cosquillas con su cabello hecho un caos.

—Maldición —gruñó con un nudo en la garganta por la posición de las manos del chico en su pecho (el desgraciado le había desabotonado los primeros botones. Quién sabía en qué momento) y lo acelerado que estaba su corazón—, Haruka... —esto lo dijo más como implorando; porque sabía que si Haruka insistía, Kouya no hallaría la fuerza para resistirse. Porque lo quería tanto que incluso en ese momento se sintió frustrado consigo mismo y su moral extraña que decidía aparecerse cada tanto.

Haruka sonrió. ¿Le parecía divertido tener bajo su control a un adulto que le sacaba varios años de edad y al que podía hacer jadear con solo besarlo apasionadamente? Al parecer sí.

—¿Qué pasa? —inquirió, sabiendo de nuevo a la perfección lo que pasaba.

—La habitación es para dormir —murmuró Kouya, sintiendo cómo el corazón le daba un vuelco al mirar a Haruka con un mejor panorama. Su cabello revuelto y alborotado. El sonrojo que ahora hacía resaltar la clavícula que Kouya no podía dejar de ver. Sus labios ahora ligeramente hinchados y rojos (además de entreabiertos). Sus pupilas dilatadas y su pecho subiendo y bajando con rapidez.

—¿Estás seguro?

—Sí, Haruka... —descubrió que le gustaba decir su nombre. Amaba su nombre, y amaba cómo se escuchaba saliendo de sí mismo. Sonrió y meneó la cabeza—. Incluso si quisiera, no tenemos las cosas que necesitamos.

—Nada que no venda una farmacia abierta las veinticuatro horas...

—¿No ves que trato de ser responsable? ¡Por favor! Ayúdame con eso y no lo hagas difícil.

Haruka se echó a reír. Así que sí le parecía divertido hacer desesperar a Kouya.

—Ya, está bien —le tranquilizó—. No intentaré nada, lo prometo...

—Gracias. —Kouya tragó saliva y suspiró pesadamente—. Entonces... ¿fue una buena primera cita?

—No tengo un margen de referencia, porque no he tenido una cita antes... —empezó diciendo Haruka con una sonrisa de oreja a oreja—, pero yo diría que fue bastante bien. Especialmente la última parte, ¿sabes? Me causa algo de gracia que seas tan susceptible a mí.

Kouya rodó los ojos.

—¿Te causa gracia? —repitió—, para mí no es gracioso. Me pone los pelos de punta que me gustes tanto que hasta me cueste coordinar mis pensamientos estando contigo.

Haruka lo miró con tono curioso.

—¿Te das cuenta que siempre estás diciendo cosas así? —inquirió—, hablando en voz alta y diciendo lo que sientes por mí. Me parece maravilloso.

La verdad era que Kouya no opinaba lo mismo. La razón del porqué decía ese tipo de cosas se debía a que ni siquiera pasaban por su cabeza antes de soltar todo eso. Se sonrojó y se aclaró la garganta.

—Vayamos a dormir —le pidió, agregando a los pocos segundos—: Solo dormir, Haruka.

El chico se rio.

Más tarde, recostado sobre la cama con Haruka durmiendo plácidamente y rodeándole el pecho con un brazo, Kouya no pudo sentirse más en paz.

Cerró los ojos y pensó que acababa de tener la primer cita más increíble en la tierra.

Notes:

Sí, no tardé demasiado en escribir otro fanfic de ellos dos.

Confieso que es mi primera vez explorando un romance como este y escribiendo escenas que, para un escritor novato en el género del romance, se sienten subidas de tono. La verdad es que me fascina esta dinámica de parejas donde la diferencia de edades se compensa con la alta iniciativa del personaje menor (junto a la torpeza irónica del personaje mayor) y quise retratarlo aquí.

No podría escribir algo más explicito (creo), así que lo dejaré así.

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