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Lo hizo.
Lo mordió.
Lo marcó de por vida.
Ambos habían cedido a sus instintos y ahora estaban vinculados hasta la muerte, una vez que las endorfinas del orgasmo desaparecieron, lo único en lo que pensaba Isagi era en que ahora le pertenecía a Michael Kaiser. Debería sentirse relajado, exhausto, incluso hasta feliz , sin embargo parecía que un camión había pasado sobre él, se sentó al borde de la cama completamente desnudo con la mirada perdida en la nada, asimilando todo lo que acababa de suceder. La herida fresca en su cuello comenzaba a molestarle. Era un picazón doloroso, sin esperar ni un segundo más dirigió una de sus manos hacia su cuello, en el acto la yema de sus dedos se mancharon de sangre.
Probablemente le iba a doler por días hasta que empezara a cicatrizar.
Mierda, mierda, mierda y más mierda.
¿Cómo iba a ocultar aquella mordida de las miradas curiosas ahora?
¿Cómo le iba a explicar a sus padres?
El omega estaba tan ensimismado en sus pensamientos y preocupaciones que no se dio cuenta que el alfa se había levantado para buscar un botiquín de primeros auxilios en el aparador de la habitación del hotel donde se encontraban en ese momento.
—Yoichi… —Kaiser intentó llamar su atención sin resultados favorables, por lo que tuvo que recurrir a los gritos. —¡Yoichi!
Isagi parpadeo varias veces saliendo de su propio trance y se encontró a Michael frente a él sosteniendo una caja que reconocía muy bien. —¿Qué quieres?
—Creo que sabes muy bien lo que quiero. —El alfa se sentó a su lado sin dejar de mirarlo.
—No es necesario que…
Kaiser lo interrumpió. —No te lo estoy pidiendo, —El alemán lo miro a los ojos con seriedad, —Muéstrame tu herida, tengo que curarla adecuadamente.
En otras circunstancias, Isagi habría protestado, pero ahora que eran una pareja , tenía que dejar que su alfa le diera los cuidados posteriores y la atención que claramente merecía luego de permitir que se unieran.
Era casi considerado como un ritual de apareamiento, luego de la vinculación, el alfa tenía el deber de facilitar y priorizar la recuperación física y emocional del omega.
—Esto va a dolerte un poco, Yoichi. —Luego de limpiar la herida cuidadosamente, Michael le aplicó un antiséptico para evitar que se infectara y que la herida cerrara sin problemas. Poco a poco la molestia inicial había desaparecido. —¿Mejor ahora?
—Un poco…
Kaiser guardó todo lo que había usado dejando un parche sobre la cama, una vez dejó el botiquín en su lugar volvió a lado de Isagi, —¿Quieres que te ponga el parche?
Si se ponía aquella cosa todos alrededor del mundo iban a preguntarse si algún alfa ya lo había marcado, —Me la ponga o no, de todas formas sabrán que ya estoy enlazado con alguien.
El alfa soltó un pequeño bufido y procedió a quitarle los seguros al parche para pegarlo en el área de la mordida, cubriendola por completo.
—Listo, ¿te sigue doliendo?
—No, ya no. —Isagi comenzó a relajarse.
—Volvamos a la cama. —El omega asintió y se tapó con las sábanas mientras el alfa apagaba todas las luces.
En medio de la oscuridad y antes de que ambos sucumbieran al sueño, el alfa le preguntó, —¿Cómo te sientes, Yoichi?
—Muy extraño…
Parecía que Isagi estaba tratando de buscar consuelo pero era demasiado orgulloso para admitirlo. —Todo estará bien.
Puede que esas palabras no significaran la gran cosa, pero para el omega lo eran todo. Ser escuchado en medio del desastre de emociones intensas del que estaba hecho en ese momento lo hicieron sentir seguro y amado.
Por supuesto que al día siguiente todos notaron que llevaba un parche en el cuello, un fan le tomó una foto y las redes sociales se volvieron un completo caos.
“¿¿¿CÓMO QUE ISAGI YOICHI TIENE UN PARCHE EN EL CUELLO???”
“¿Quién fue el alfa que lo marcó?”
“¿TENÍA PAREJA PARA EMPEZAR?”
“Apuesto mil yenes a que Kaiser lo mordió.”
“Como era de esperarse de La Mejor Pareja del Mundo.”
“Sigo en negación…”
“Yo creí que era bastante obvio, esos dos siempre andan queriendo comerse la boca en cada partido.”
