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Nagi nunca imaginó que se encontraría envuelto en una situación como esa, elegantemente vestido de pies a cabeza y llevando puestas unas de esas ridículas gafas que llevaban la forma del año venidero. El sonido de la música clásica, interpretada en vivo por músicos profesionales contratados por el señor Mikage, parecía clavarse modestamente en sus tímpanos. La cantidad de gente a su alrededor, el frío de la noche que se colaba bajo su ropa... Todo parecía un fastidio. Sin embargo, había algo que iluminaba la noche, y, si era honesto consigo mismo, prometía iluminar todo el año: la sensación de tener a Reo abrazado, su mano delicadamente posada en la cintura delgado. Esa noche, además de las frías manos del invierno, también había en el aire una promesa de algo más cálido: la posibilidad de poder finalmente besar a Reo después de tanto tiempo de delicadas insinuaciones -las cuales en Nagi, consistían en quedarse mirándolo fijamente por más tiempo del necesario-.
Aunque no era alguien profundamente versado en las tradiciones de año nuevo, recordaba de las películas de comedia romántica que, secretamente, disfrutaba ver junto a su compañero en sus momentos de tiempo libre, que era costumbre dar un beso a una persona para atraer buena suerte en el año entrante. En el fondo, Nagi se consideraba bastante escéptico en relación a estas creencias. No era que pensara que un simple beso mejorarían su camino o que harían desaparecer su pereza de un día para otro; sin embargo, un beso de Reo... eso debía ser un elixir, un destello brillante de emociones compartidas que prometía mucho más que la simple suerte de un año por venir.
Ah, Reo. Nagi lo miró a su lado, observándolo mientras reía junto a señores mayores que parecían poseer suficiente dinero para comprar no solo su apartamento, sino incluso sus vidas si así lo deseaban. En ese instante, los detestaba por eclipsar la atención de lo que estaba a punto de ser su primer beso del año -y de siempre-. El agarre en su cintura se intensificó, intentando captar su mirada, y como siempre, Reo atendió su súplica con afecto. -¿Ocurre algo, tesoro? -preguntó con una calidez que logró apaciguar la tormenta de pensamientos que se gestaba en la mente de Nagi.
-Ya falta poco para Año Nuevo -susurró en su oído, disfrutando de la satisfacción que brotaba al observar cómo la piel de Reo se erizaba al chocar con el cálido aliento- ¿No quieres salir de aquí?
-¿Esa es tu manera de decirme que te aburriste de la fiesta? -La sonrisa de Reo se oscureció, y Nagi realmente no comprendía por qué no había captado su indirecta. Por lo general, una sugerencia de escapar de la multitud implicaba privacidad; privacidad para ellos significaba el anhelado beso. ¿No era obvio? ¿O es que Reo no quería ser su beso de medianoche? Ah, debió haber considerado eso. Robarle un beso de sorpresa sería de mala educación, y lo más probable es que Reo lo odiara. Ahora, se dio cuenta de que necesitaba ser más directo si quería lograr su cometido
-Esta es mi manera de decir que quiero estar a solas contigo, Reo -observó cómo las mejillas de Reo se ruborizaban y sus ojos se abrían de sopresa. No pudo evitar sentir una intensa satisfacción al ver esa reacción.
Aprovechando los escasos cinco minutos que tenían antes de que los fuegos artificiales iluminaran el cielo, Nagi tomó el brazo trajeado, sacándolo de su momentáneo aturdimiento y llevándolo directamente al balcón, el cual había sido decorado para la ocasión. Abrazándose de su cintura, lo atrajo más cerca de su cuerpo, escondiendo su rostro en su cuello. -¿Te saturó tanta gente? -preguntó con ternura y preocupación, una que le recordó la oleada de afecto de la que se había enamorado.
-Reo es inteligente -“Reo es inteligente. Reo se dará cuenta de que estoy enamorado de él y que quiero besarlo” pensó para sí mismo. Mientras tanto, Reo acariciaba su cabello, con una mezcla de confusión y delicadeza- Nuestra promesa se extiende este año también, ¿cierto?
La risa de Reo se fundió con el susurro del viento, mezclándose con el olor del licor. La combinación de estos elementos logró que su rostro se encendiera levemente -Este año, y el próximo... —la mano enguantada se deslizó de su cabeza hasta tomarlo por el mentón para encontrarse con la mirada grisácea—. Y el siguiente... Hasta siempre, mi tesoro. ¿Por qué la duda?
-No sé, tú eres el empresario, quizás querías renovar contrato -Establecieron una lenta danza, moviendo sus cuerpos de un lado a otro sin seguir ningún ritmo específico. Amaba ese momento. Estar a solas con Reo era la verdadera felicidad; la perfección que el padre de Reo pretendía lograr con su fiesta no podía compararse con el sentimiento de las manos de Reo sujetando la chaqueta del molesto traje, el calor que trasmitía superaba con creces cualquier molestia que el traje pudiera causar.
Cuando las campanadas resonaron, impulsado por la emoción, Nagi aprovechó la profundidad con la que se fundían el gris y el púrpura para tomar su mejilla y finalmente depositar un beso en sus labios. Culparía su inexperiencia, pero en el instante en que sintió los delicados labios de Reo sobre los suyos, experimentó una sensación de renacimiento que lo llevaron a abrir sus ojos. Vio al chico con los párpados fuertemente apretados, mejillas tan rojas que parecería explotar en cualquier momento haciéndole preocupar un poco, estuvo a punto de separarse pensando que lo había odiado, pero el otro lo animó a continuar cuando sus manos se deslizaron hasta sus hombros para abrazarlo. Todos los mitos y leyendas sobre las tradiciones de Año Nuevo cobraron sentido en ese dulce intercambio. Por supuesto que un nuevo año traería consigo un torrente de posibilidades si estaba siendo recibido con el delicado sabor de los besos de alguien tan especial como Reo. Se movieron en un compás suave, tomándose su tiempo el uno con el otro, saboreando lo que sería su primer beso.
Reo finalmente se separó, lo que llenó a Nagi de un ligero pesar. Observó los ojos morados, que brillaban ligeramente con lágrimas, lo que lo llevó a preocuparse por un instante hasta que escuchó la voz hermosa murmurar: -¿Realmente querías hacer esto?
Con ambas manos en sus mejillas, transmitió de manera silenciosa que no dudara ni por un segundo de sus sentimientos -Feliz Año Nuevo, Reo -expresó con ternura -Te amo. Espero que este sea el año en el que logremos nuestro sueño.
Reo sonrió, quizás incluso más hermoso que de costumbre -También te amo, tesoro. Feliz Año Nuevo
Era un comienzo, un arranque de un año que prometía ser particularmente especial para ambos ahora que finalmente podría llamar a Reo suyo. Solo esperaba que el final del próximo fuera abrazando el preciado tesoro que era la Copa del Mundo, pero sobre todo, recibiendo otro de los adictivos besos de su ahora novio -o eso Nagi decidió-
