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Lan XiChen siempre supo que el matrimonio de sus padres era difícil. Sin embargo, nunca esperó que todo terminara de aquella manera. Finalmente se habían dado cuenta que su matrimonio era violento e insano, y decidieron ponerle fin.
Eso era algo que XiChen había deseado desde hacia tiempo, pero sus padres lo sorprendieron cuando se pusieron de acuerdo en que ponerle fin a su matrimonio significaba dejar atrás todo lo relacionado con ello. Incluyendo a sus propios hijos.
Era algo doloroso, pero XiChen todavía podía perdonarlos por eso, él era un adulto ahora, y no se fueron dejándolo en la calle para valerse por si mismo.
Pero nunca jamás les perdonaría que dejaran a WangJi. Su pequeño hermano, quien vino a este mundo en un intento enfermizo de su padre por rescatar su matrimonio y contener a su madre, no tenia la culpa de nada. No merecía pagar por sus errores. Él merecía una vida feliz y amorosa, rodeado por personas que lo quisieran.
XiChen amaba a su hermano, era lo único bueno y hermoso de su familia. Su carácter tímido y demasiado serio, pero leal, era adorable y dulce.
Desde que nació estuvo con él siendo más un padre que un hermano.
Antes de entrar a la habitación de su didi, tomó aliento tratando de mantener todas sus emociones en orden. Él siempre podía leerlo, pero no quería que se sintiera culpable. Nunca debió irse de casa y dejarlo solo con sus padres.
El pequeño WangJi de siete años estaba sentado frente a su televisor mirando atentamente con sus ojos dorados abiertos y curiosos lo que parecía ser un documental de animales, que después del dibujo era su pasatiempo favorito. Toda su habitación estaba repleto de dibujos de animales y flores del jardín de su madre.
En sus manos sostenía el conejo de peluche que él le regalo cuando se despidió de él antes de mudarse a su residencia universitaria, hacia dos años.
—Hola didi —lo saludó llamando su atención, y su hermanito lo miró de inmediato dándole una pequeña sonrisa de saludo.
Nunca era demasiado efusivo con nada, porque su padre los había criado desde el principio para ser personas racionales e independientes. Algo hipócrita viniendo de alguien con su carácter.
Siempre deseoso de complacer a sus padres WangJi adoptó esa vida desde muy pequeño. A pesar de sus intentos por hacer que se suelte y se comporte como un niño, seguía siendo un pequeño demasiado serio y formal. Aunque XiChen había aprendido a leer las leves señales de emoción que a veces no podía contener.
—Dage, sabias que los pingüinos pueden casarse entre chicos. — preguntó de pronto.
— No lo sabía —respondió caminando hacia su cama para sentarse en la orilla.
—Dos chicos no pueden casarse en este país. Dos chicas tampoco.
XiChen se preguntó porque su hermanito había estado averiguando esas cosas. Ya le había dicho que no navegara solo en internet, pero WangJi era terco a veces. Seguramente había tomado el teléfono de algún empleado para su búsqueda, porque XiChen tenia controles en sus aparatos.
—No, no pueden. — dijo sin ánimos para regañarlo.
WangJi frunció el ceño como cuando algo le parecía realmente ilógico e injusto.
—¿No te casaras con MingJue-ge?
XiCheng se obligó a mantener la sonrisa en su rostro, a pesar de que la pregunta se sintió como una puñalada en su corazón. No podía atar a A-Jue al caos que seria su nueva vida, no cuando él estaba tan cerca de cumplir sus sueños.
—Aún no hablamos de eso —respondió vagamente.
—Él me agrada. —WangJi murmuró y apagó el televisor.
Se quedó sentado allí pensativo un momento, y luego se levantó y se sentó a su lado con las piernas cruzadas apoyando su barbilla en la cabeza del conejo que todavía abrazaba.
—Mamá me llevó al museo, dijo que podría ser artista famoso y ella compraría mis dibujos.
XiChen trago el nudo de su garganta. A pesar de que su padre la engaño para concebir a WangJi, su madre siempre había tenido una conexión especial con él. Cuando ella estaba bien, WangJi fue el centro de su universo. Lo llevaba de viajes, a zoológicos, a museos, a parques temáticos. Y luego, pasaba días encerrada en su habitación bebiendo.
—Puedes si quieres.
—No quiero, ella se fue. Dijo que no volvería. Él también.
Su didi no lloró, pero abrazó su conejo con más fuerza.
—Dicen que no volverán —XiChen respondió reuniendo valor —pero no te preocupes. Volveré a casa, y solo seremos nosotros. Estaremos bien.
WangJi asintió con claro alivio, luego volvió a encender el televisor, y XiChen se quedó con él hasta que el documental acabó.
Luego, le pidió a su hermanito que lo ayudara a desempacar y comenzar su nueva vida. Tendría que renunciar a mucho, pero no le importaba, aunque su corazón se estaba rompiendo por MingJue.
—
Dos días más tarde fue al aeropuerto a recibir a su novio. Éste sobresalía entre la multitud, por su altura y la sonrisa que XiChen amaba.
MingJue llegó a él y lo abrazó murmurando lo mucho que lo había extrañado. Después, fueron al departamento al que se mudó con él secretamente desde hacia unos meses. XiChen condujo con cuerpo tembloroso, mientras su novio le contaba sobre el trabajo en aquella compañía a la que había aspirado, y el nuevo departamento donde se suponía que se mudarían el próximo año.
XiChen no había querido dejar a su hermano, pero se había dejado llevar por la libertad y el deseo de formar una familia con su novio. Solo ahora percibió lo egoísta que hubiera sido irse tan lejos.
—¿Pasó algo? Estás muy callado. —MingJue dijo en cuanto llegaron al departamento y XiChen se dirigió directamente a la cocina.
—Tengo que decirte algo —respondió juntando coraje para decirle lo que tenia que decir.
—¿Estás bien cariño?
MingJue parecía preocupado y XiChen se sintió horrible por cambiar su ánimo. Debian estar celebrando su nuevo trabajo. Su novio se había esforzado tanto para obtenerlo, y él fue tan feliz cuando le pidió que lo acompañara. Incluso ya había pedido su traslado en la universidad para el siguiente año. Ahora, probablemente debía tomarse un año libre para estar con WangJi y asegurarse que estuviera bien.
—Mis padres se fueron. —soltó y se alejó de MingJue para sentarse. Su novio lo siguió y se agachó frente a él para mirarlo a la cara, pero XiChen miró su regazo para evitar su mirada. Pero tomó su manos cuando su novio lo ofreció. —Mi padre dijo que nuestro apellido estaba maldito y que se iría lejos de todos. Dejó la empresa a mi tío, creo que va a vender su parte. Y mi madre dijo que iba a intentar recuperar su vida.
MingJue frunció el ceño y apretó los labios, él siempre había odiado a sus padres por cómo lo afectaban.
—¿Y tu didi?
—Lo dejaron en casa con los sirvientes. —seguía molesto por eso, no les habría costado nada decirle antes para estar allí cuando se fueran.— Cuando los empleados me llamaron mi padre ya se había ido unos días antes, y mi mamá esa mañana. Los llamé y eso fue lo que me dijeron. WangJi y yo somos parte de la vida que quieren dejar.
—Son unos egoístas imbéciles.
MingJue acarició su mejilla y los ojos de XiChen se llenaron de lágrimas.
—Ya no podré ir contigo, lo mejor será que terminemos—se lamentó.
MingJue acentuó la línea entre sus cejas con enfado, pero cerró los ojos y tomó aire, antes de volver a mirarlo.
—Cariño debes dejar de terminar conmigo cada vez que tus padres hacen una estupidez. —respondió seriamente.
XiChen jadeó y lo miró confundido.
—¿Qué pasará con WangJi? ¿Dejaron algún tutor legal?.
—A mi...
—Bien, ¿Entonces cuál es el problema? ¿Por qué quieres terminar conmigo?
—Tendré que cuidar de él, no es justo que también tengas que cargar con eso.
—Si fuera al revés, si yo tuviera que cuidar de A-Sang, cómo te sentirías si yo intentara alejarte.
XiChen no supo qué responder a eso, por supuesto que estaría feliz de cuidar de A-Sang junto a él.
—Te amo, A-Huan. Hicimos planes para formar una familia, y yo estoy dispuesto a hacer eso realidad. Necesitamos estar en la misma página. Créeme que entiendo lo que sientes, y quisiera que tus padres no fueran tan idiotas. No te mereces pasar por estas cosas. Pero sigue intentando superarlo ¿Bien? Lo estás haciendo muy bien. Yo estaré contigo. ¿De acuerdo?
XiChen suspiro con alivio y asintió dejando que las lágrimas fluyan libremente ahora que podía llorar en el pecho de su novio. Sabia que nunca tendría una relación normal con sus padres, y que el hecho de que sus padres decidieran dejar sus vidas, era lo mejor, pero aún así, todo lo había afectado.
MingJue lo abrazó y espero pacientemente a que recuperará algo de control.
Finalmente se irguió y tomando el rostro de MingJue entre sus manos lo besó con agradecimiento y amor. Nadie lo conocía como él, y nadie más podía bajarlo a tierra cuando las preocupaciones le hacían pensar, y actuar de manera estúpida.
—Yo también te amo, A-Jue. Gracias por estar conmigo.
