Work Text:
Llovía a cántaros cuando salieron del hospital dos días después, como si fuera una señal de que algo terrible iba a ocurrir. No se consideraba alguien supersticioso, mucho menos un hombre de fe, a diferencia de su compañero, pero Megumi podía darse cuenta sin mirar ni a Shintaro, sentado detrás del volante, ni al hombre visiblemente más bajo que parecía estar a punto de quedarse dormido en el asiento trasero en cualquier momento que al menos uno de ellos tenía una vaga idea de lo que estaba pensando. Y se dio cuenta de la verdad en su suposición tácita cuando escuchó al escolta preguntar si necesitaba que buscara a alguien más antes de llevarlos a él y a Azalea al aeropuerto.
—No me preguntes por qué, pero desde hace un tiempo tengo la extraña impresión de que el hombre que vino contigo no aguantó ni un minuto más aquí y se fue solo... Y huir es indigno de cualquier Acuario; o al menos no me imaginaría a Tetsuya siendo tan idiota...
—Idiota es un eufemismo, Midorima-san... —declaró Fushiguro, la frustración demasiado evidente en su voz y su expresión —No estoy seguro si Azalea te mencionó algo sobre Geto-san. Bueno, además del hecho de que es Acuario. De todos modos, la cosa es que puede ser un maldito cobarde si así lo desea...
—Afortunadamente no conozco a alguien así entre mis amigos. A quienes, por cierto, te presentaría con gusto si así lo deseas...
Megumi nunca había estado muy interesado en conocer gente nueva. Sin embargo, por otro lado, sabía que aquellas personas que Shintaro probablemente le presentaría ahora eran los nuevos amigos de su amiga. Entonces, ¿qué mal le haría conocerlos? Después de todo, en realidad no tenía prisa por volver a casa. Había tenido una videollamada con sus amigos, Yuji y Nobara, la noche anterior. Por lo tanto, sabía que la situación allí estaba bien por ahora.
—Creo que tu amigo necesita un poco de descanso, así que será mejor que paremos para dejarlo dormir antes de ir a encontrarnos con tus amigos. Si no te importa, podemos pasar por mi antiguo apartamento. Parece que tú también necesitarás un poco de descanso. No pregunté antes, pero ¿qué le sucedió a tu amigo?
—En primer lugar, su nombre es Takao Kazunari; de igual modo, si así lo quieres, puedes solo llamarme Shintaro. Por otro lado, y respondiendo a tu pregunta, Fushiguro-san, era una vieja herida que venía arrastrando desde hacía casi un año; sin embargo, no requirió cirugía hasta que recayó hace tres meses. Más bien, alguien cayó sobre su muñeca lesionada y la lesión se volvió dos veces más grave. No le dije esto a Miyagi-san, pero debí prácticamente reajustar su brazo derecho, si entiendes lo que quiero decir...
Fushiguro asintió. Recordaba haber tenido lesiones similares más de una vez mientras usaba su técnica maldita. De hecho, la primera persona que lo hirió de ese modo fue Yuji; o mejor dicho, Sukuna, durante su intento de exorcizarlo. Ninguna de sus heridas había requerido cirugía simplemente porque tenían una persona cuya técnica maldita servía precisamente -y únicamente- al propósito de curar. La técnica maldita invertida de Shoko Ieiri.
— ¿Fushiguro-san? ¿Estás acostumbrado a hablar contigo mismo de forma regular? No puedo decir que me asuste; un amigo mío tiene un hábito bastante similar, aunque su situación es un poco... complicada de explicar. A menos que alguna vez te hayas topado con una persona que sufre una especie de síndrome de personalidad múltiple...
—En mi mundo, y no soy médico, eso se llama demencia o esquizofrenia...
—Debería decir que fue más de lo segundo... —confesó el escolta cuando finalmente se detuvieron frente a un complejo de departamentos —A veces sentía como si... tuviera dos personas en una; y te puedo asegurar que el dominante podía resultar aterrador en ocasiones. Sin mencionar que fuimos otro amigo nuestro y yo quienes lo descubrimos cuando teníamos catorce años... Su nombre es Seijuro Akashi, aunque dudo que lo conozcas, ya que se fue a Italia el año pasado y no ha regresado desde el mes pasado...
Bajaron del auto y, para sorpresa del hombre más alto, Fushiguro ayudó a Takao a salir del auto, pidiéndole a Midorima que fuera a dejar el auto en el estacionamiento mientras él llevaba a su amigo a su departamento. Afortunadamente, señaló, estaba en el segundo piso, por lo que el ascensor no tardaría mucho. El hombre de gafas y ojos verdes asintió, explicándole que tomaría su bolso en un momento, en caso de que fuera necesario cambiar las vendas. En cuanto a su sugerencia anterior de que descansara un poco, Shintaro admitió que estaba un poco confundido, sin mencionar que todavía estaba tenso y, por lo tanto, dudaba que fuera capaz de pegar un ojo.
—Debes... —lo amonestó prácticamente Megumi —No solo tuviste un procedimiento que duró seis horas, sino que incluso ayudaste a tus amigos a evacuar el hospital solo una hora después. Por cierto ¿cómo están? Kagami y Aomine eran sus nombres, ¿verdad?
Shintaro asintió, dándose cuenta después de ese breve movimiento de que Megumi tenía razón acerca de que necesitaba dormir. Una repentina náusea lo invadió y se apoyó en el auto, llevándose una mano a la frente. Esos últimos días habían sido realmente agitados, tenía que admitirlo. El trabajo en el hospital no era menos estresante; sin embargo, nada de lo que había experimentado allí como médico se podía comparar con lo que había sucedido desde la llegada de esa mujer. Aunque, siendo honesto, no estaba seguro de poder culparla.
Megumi se disculpó en el momento en que entraron al apartamento, admitiendo que no tenía un lugar más cómodo para dormir para ofrecerle al escolta que el gran sofá de la sala de estar. Que, de hecho, era un futón. Aun así, había otro problema que, supuso, el hombre más alto se daría cuenta de cuál era. Midorima no pudo evitar soltar una sonrisa amable ante eso. Si; estaba acostumbrado a que su estatura supusiera un problema siempre que debía 'arreglárselas', por así decirlo, para dormir en otro sitio que no fuese una cama normal. Por otra parte. En realidad no era su intención dormir más de un par de horas, lo suficiente para descansar de su ciertamente agitado día. De hecho, su principal preocupación eran Takao y el propio Fushiguro, señalando con una ceja arqueada que posiblemente Azalea debía haber estado demasiado metida en sus propios problemas como para no darse cuenta de que él también se había lastimado.
—Conociéndola como la conozco, estoy bastante seguro de que ella sí se dio cuenta, pero optó por no decir nada...
Un suspiro y un grito ahogado escaparon de su boca mientras llevaba a un armador casi de peso muerto a su habitación. Fushiguro era más alto que Takao por escasos centímetros. Pero eso no hacía que fuera más fácil llevarlo apoyado en su hombro cuando el otro hombre apenas despertaba de los efectos de la anestesia posquirúrgica y, por ende, su cuerpo estaba prácticamente entumecido y apenas y podía moverse por su cuenta. Al darse cuenta de eso y a pesar de su propia fatiga persistente -que no podía importarle menos en ese momento-, Shintaro se paró en el lado opuesto de Megumi y abrazó a su mejor amigo rodeándolo por su espalda media, provocando otro suspiro, esta vez de evidente alivio, de parte del hechicero cuando notó que el peso sobre sus hombros se redujo significativamente. Aunque internamente se preguntaba cómo Midorima podía soportar sostener tanto el peso de Kazunari como, indirectamente, el suyo propio siendo tan delgado como lucía a simple vista.
— ¿Te he mencionado alguna vez que uno de mis amigos mide al menos quince centímetros más que yo? ¿Y que he tenido que cargarlo en más de una ocasión también? Hablando de eso, ese muchacho, Yuji, no parece mucho más delgado que tú...
Suspiraron casi al unísono y, al darse cuenta, se rieron entre dientes. Un momento después, Megumi se disculpó con Shintaro y llevó al hombre de ojos plomizos a su dormitorio. Aproximadamente una hora después, regresó con el mayor, quien inmediatamente se dio cuenta de que algo andaba mal con él.
— ¿Fushiguro-san? ¿Estás bien?
—Y-yo... acabo de recibir un mensaje de Azalea... Algo pasó en el hospital; uno de tus amigos está gravemente herido. Creo que mencionó que era un oficial de policía...
El hombre de gafas se quedó helado. Un momento después, respiró hondo y se llevó una mano al pecho, como si esa acción le hubiera provocado un dolor agudo allí. Sin embargo, rápidamente se compuso para que Megumi no notara ese breve "desliz". Afortunadamente para él, el hechicero de cabello negro no se dio cuenta.
—Quédate aquí, Fushiguro-san... —dijo el escolta tras un breve momento de silencio —Volveré al hospital. ¿Te di mi número, por si acaso?
—Lo hiciste cuando nos vimos por primera vez; a menos que lo hayas cambiado con el tiempo, por supuesto...
Shintaro sacudió la cabeza, señalando que ahora tenía dos números, por razones más que obvias. Es decir, uno de ellos tenía el código de residencia de su ciudad actual.
—Creo que no te mencioné eso, pero ya no vivo en Japón. Aunque no creo que sea el momento adecuado para tales trivialidades, considerando que no me mudé por ninguna razón seria. Si entiendes lo que quiero decir...
Sacudió la cabeza y le repitió a Megumi su pedido anterior, pidiéndole que lo llamara sin importar lo que le pasara a él o a Takao, admitiendo que no estaba ni la mitad de preocupado por su mejor amigo como si lo estaba por él, ya que obviamente era muy consciente de las posibles secuelas que un procedimiento como al que se había sometido Kazunari podrían tener tanto a corto como a largo plazo.
—Entonces tampoco te preocupes por él. No soy médico, lo sabes. Sin embargo, he tenido un par de amigas, Azalea es una de ellas, que me han enseñado los conceptos básicos de primeros auxilios. Quiero decir, al menos puedo limpiar la herida de tu amigo y cambiarle las vendas cuando sea necesario... Además, sé que pasará otra semana hasta que le quiten los puntos...
Midorima asintió. Desafortunadamente, tendría que dejar que otra persona lo hiciera, ya que ese mismo día jugaría un partido amistoso fuera de casa con la selección nacional. Bueno, eso era lo que le habían dicho; sin embargo, ni él ni sus amigos imaginaron que sus planes cambiarían abruptamente.
"Oh, no, no, no... ¿Qué diablos hice? ¿Por qué diablos tuve que hacer esto ahora precisamente?" Azalea estaba desesperada, agachada junto al hombre moreno de cabello índigo cuya cabeza descansaba en su regazo y tenía los ojos cerrados y los dientes apretados como si un vendaval helado hubiera literalmente recorrido su columna vertebral. Lo cual había sido realmente lo que había sucedido. Aomine se había interpuesto entre ella y lo que él pensó que habían sido fragmentos de cristal roto, que habían sido literalmente disparados hacia ella, cuando en realidad eran fragmentos de hielo que se suponía que no podía ver. ¿Por qué los vio entonces? La verdad es que tanto Geto como Azalea se dieron cuenta un segundo demasiado tarde de que esa era la técnica maldita del espíritu maldito contra el que estaban luchando. Dominaba el hielo y el fuego, por lo que también había causado las explosiones que habían escuchado en el momento en que Megumi tuvo que literalmente enviar a Shintaro, junto con otro chico en ese momento en una sala de cuidados intermedios y los empleados de ese piso afuera. Una vez que se marcharon y estuvieron aparentemente a salvo, Suguru se dio cuenta de que el espíritu se había empeñado en atacar a los no hechiceros que los ayudaban a ellos y al personal médico restante. Esos eran, por supuesto, Aomine y Kagami. Lo que ninguno de los dos esperaba era que usaría a Miyagi como cebo para llamar su atención.
Mientras tanto, Kagami había salido al estacionamiento para asegurarse de que no quedara nadie allí cuando notó que un auto negro azabache muy familiar se detenía no muy lejos de su posición. Casi como si su conductor se hubiera dado cuenta de que no sería prudente aparcar cerca del edificio. Corriendo hacia allí cuando el conductor bajó la ventanilla de su lado, dijo:
— ¿Me harás convencerte de que no des un paso más o te irás solo?
—Sé que Aomine está allí; y sé que él, y probablemente Miyagi-san, también podrían estar heridos, Kagami. ¿Eso responde tu pregunta? Ahora, dime la verdad, ¿tienes una mínima idea de lo que está pasando allí o tendré que descubrirlo yo mismo?
Shintaro bajó de su auto y miró hacia el segundo piso cuando notó que un espeso humo negro salía por la ventana más grande. Y obviamente sabía cuál era la causa. Fue una explosión de gas, aunque no exactamente del sistema de caldera. Éste estaba ubicado en uno de los tres sótanos que tenía el lugar; los demás eran utilizados como depósitos de almacenamiento. En ese lugar se encontraba en realidad uno de los sistemas de calefacción.
— ¿Normalmente hay alguien ahí, Midorima? ¿Un vigilante nocturno o un empleado de mantenimiento?
—De hecho, son tres hombres los que asumen ambas funciones. Deben limpiar el sistema de cañerías tres veces por semana, precisamente, para evitar esto. Sin embargo... algo me dice que eso no fue sólo una fuga... ¿Tú o Aomine notaron algo extraño cuando entraron? No importa; dímelo mientras vamos adentro. Y, antes de que preguntes, Takao está a salvo en la casa de alguien a medio camino de aquí; me aseguraré de presentártelo más tarde... Aunque, si mal no recuerdo, ya le conoces...
Entraron corriendo al edificio y se separaron poco después. Especialmente, cuando vieron la escena que los recibió en la misma entrada. Sin embargo, lo primero que encontraron fue en realidad un frío ártico que los golpeó de frente. De nuevo, el hombre más alto miró hacia el segundo piso y se dio cuenta de que había una fina capa de hielo alrededor de cada ventana a la vista. Eso le hizo preguntarse si el sistema de refrigeración también se habría roto de alguna manera, aunque eso no explicaría el humo espeso que había visto antes. Eso, hasta que recordó que utilizaban tubos de hidrógeno líquido como medio de refrigeración y que también estaban instalados en la misma zona que la calefacción. Luego su mirada se posó en las dos personas frente a ellos y jadeó.
—Iré arriba... —anunció Kagami de repente, sacudiendo al escolta de su shock —Sácalos ahora; y ve con ellos. Dudo que puedas hacer algo por alguno de ellos aquí...
—Tienes que estar loco si crees que te dejaré solo aquí, Kagami... ¿Debo recordarte lo que pasó en el aeropuerto?
Taiga le devolvió una mirada claramente de advertencia, casi amenazadora, a la que Midorima encontró imposible responder. Así, suspirando en evidente derrota pero, al mismo tiempo, frustración, sólo le pidió al pívot que tuviera cuidado. Especialmente, porque aún no sabían qué estaba causando todo eso. Y la única persona que posiblemente podría decirles algo al respecto no parecía estar en condiciones más que de humor para hablar en ese momento. Una vez que se separaron definitivamente, Shintaro se acercó a una todavía agachada -y cabizbaja- Azalea y, levantándole la cara con dos dedos en la barbilla, agarró uno de sus instrumentos y revisó sus ojos.
— ¿Cuánto tiempo estuviste en contacto con ese aire frío? Me sorprende que tus ojos no tengan más daños que estar inyectados en sangre. ¿De verdad necesito decirte que contener las lágrimas no es la mejor opción cuando tienes resequedad en los ojos? Hazme un favor y mira hacia arriba. Necesito aplicarte gotas antes de que esto empeore. Y en cuanto a Aomine, no te preocupes; no tengo idea de lo que pasó, tendrás que explicármelo más tarde, pero simplemente está inconsciente...
Tuvo que advertirle una vez más que no se moviera cuando se dio cuenta de que estaba a punto de mirar su regazo para verificar la verdad en sus palabras. Sin embargo, no pudo evitar que la mujer de cabello rojo posara sus ojos verdes preocupados -y también con un gesto de sospecha- cuando lo escuchó sisear en voz baja en el momento en que terminó de aplicarle las gotas para los ojos y la ayudó a levantarse, colocando el cuerpo de su amigo moreno sobre su rodilla izquierda aún flexionada. Aomine no era obviamente más alto que él, pero de hecho pesaba un par de libras más.
— ¿Duele? ¿Tú también te lastimaste?
—Lo hice, pero no ahora, ni en el incidente del aeropuerto. Tengo una lesión de rodilla de larga data, más precisamente, desde el año pasado, de la que ya he sido operado dos veces y es muy probable que tenga que operarme una tercera en breve. Pero no deberías preocuparte por mí ahora...
Un nuevo siseo escapó de su boca cuando notó que Aomine se movía bastante incómodo, recargando casi todo su peso en su pierna por una fracción de segundo y presionando un poco más fuerte la rodilla aún flexionada del escolta. Hasta que, unos agonizantes segundos después -aunque Shintaro difícilmente delataría el más mínimo atisbo de dolor-, el pívot de cabello índigo abrió sus ojos igualmente azules oscuros e, incorporándose lenta y dolorosamente, se llevó una mano a la nuca y dijo:
— ¿Debería advertirte que no vuelvas a hacer algo así, Midorima? Y, antes de que preguntes, nunca perdí el conocimiento en primer lugar, excepto los escasos cinco minutos después de... ¿Qué diablos pasó?
Se llevó una mano al lugar donde recordaba haber sido herido, dándose cuenta, para su total sorpresa, de que no había ni el más mínimo indicio de que alguna vez hubiera habido una herida allí. Excepto por el evidente daño a su ropa. No quiso explicar por qué, pero sus ojos se posaron instantáneamente en Azalea y, arqueando una de sus finas cejas añil, le preguntó si no tenía nada que decir al respecto.
—No creo que este sea el momento adecuado para eso, Aomine. Más bien, deberíamos sacarlos a ustedes dos. Kagami está arriba; Yo... no estoy seguro de cómo está ahora, pero... esperemos lo mejor...
El mismo comenzó a sentir una extraña sensación de frío en el pecho, e incluso sus labios se abrieron dejando escapar un vapor helado, provocando que el hombre a su lado apoyara una mano en su espalda, preguntando si se encontraba bien, para luego volver una vez más la mirada, con una ceja arqueada, a la mujer frente a él. Aterrada al darse cuenta de lo que probablemente había ocurrido, Azalea sacudió la cabeza, pidiéndole apenas en un susurro que se marcharan. Y que no volviera a pedirle explicaciones, puesto que no podía decirle una palabra. Daiki hubiera insistido, si no fuera porque, en ese mismo instante, vio a Kagami bajar las escaleras, llevando sobre sus espaldas a una joven y, al pasar junto a él, le pidió que salieran de inmediato.
Un par de confundidos ojos plomizos se abrieron lenta y cansinamente, sólo para que su dueño se diera cuenta de que todavía estaba en la cama, pero que ya no era una cama de hospital. Se sentía mucho más cómodo, aunque también notó en un instante que ni siquiera era la casa de su mejor amigo, donde dormía de vez en cuando cuando trabajaban hasta tarde en el hospital y el escolta prefería pasar por su casa en lugar de llevarlo a su propio apartamento. Takao se frotó los ojos para quitarse el sueño y, sentándose lentamente, miró a su alrededor para comprobar si era al menos la habitación de uno de sus otros amigos, ya que podía recordar haberse quedado en casa de Kuroko y Kagami también. Al no reconocer ningún detalle de la habitación en la que se encontraba, jadeó, no por pánico, sino simplemente por la sorpresa. ¿En casa de quién estaba? Un momento después, escuchó dos golpes suaves en la puerta y una voz masculina que le preguntó si ya estaba despierto y le señaló que había preparado el almuerzo. Kazunari se dio cuenta de eso cuando el olor a arroz frito y costillas llegó a su nariz. Aunque había algo más que no estaba acostumbrado a comer. O que nunca lo había comido como acompañante -o condimento- en ese tipo de platos.
—Ven... entra, por favor...
Notó que un hombre de la altura de Kise, con cabello negro y ojos azul profundo, aunque no tan oscuros como los de Aomine, ingresaba a la habitación. Dicho hombre parecía, además, un par de años más joven que él y sus amigos. Hizo una reverencia a modo de saludo, colocando la bandeja con el almuerzo en una mesa de desayuno que luego acercó al base, admitiendo no estar seguro de lo que solía beber con sus comidas, pero que solo podía ofrecerle jugo por el momento.
—No te preocupes... —admitió Kazunari con una sonrisa —No tengo gustos ni hábitos tan extraños como los de Shin-chan. Oh discúlpame; ese fue un comienzo horrible, creo...
El hechicero sonrió, señalando que sabía que se refería a Midorima, aunque no preguntó por qué lo llamaba así. Por otro lado, agregó, su nombre era Fushiguro Megumi y estaban en su departamento. Finalmente conocía a su amigo; eran "viejos conocidos", por así decirlo.
—Oh... —comentó el base con una mano en la barbilla —Ahora me doy cuenta de por qué tu nombre me sonaba familiar. Aunque es posible que sólo nos hayamos visto un par de veces. Pasé tres años en Yokohama... ¿Juegas o has jugado baloncesto alguna vez, Fushiguro-kun?
—Cuando conocí a tu amigo, estaba jugando con mi mejor amigo en un equipo de baloncesto local. Pero nunca nos tomamos el baloncesto demasiado en serio. Teníamos... otras responsabilidades en aquel entonces, por así decirlo. Si me disculpas, creo que debería llamar a Midorima-kun para hacerle saber que estás despierto...
Megumi había salido al jardín delantero cuando se dio cuenta de que alguien a quien conocía muy bien caminaba hacia él. Arqueando una ceja, se preguntó si ese hombre había estado espiando a Azalea una vez más, pues no encontraba otra razón para aparecer en ese momento. Suguru Geto se inclinó seriamente ante el joven hechicero, señalando que había algunas noticias serias que necesitaba contarle. Y no sólo se referían a Azalea, sino también a los chicos del aeropuerto, cuyos nombres había olvidado en ese momento.
—Fushiguro, debes saber que tuve que informar a los demás sobre esto. Y Gojo sugirió que esos chicos vinieran con nosotros a la escuela. Sé que la idea suena loca porque no saben nada acerca de que somos hechiceros pero, por otro lado, si pretendes protegerlos, e incluso a Miyagi-san, me temo que no tendremos otra opción. Y una cosa más; la situación en el hospital se salió completamente de control y los dos hombres enviados allí, además de tu viejo amigo, tuvieron que ser trasladados a otro centro médico para recibir atención inmediata...
Fushiguro quedó paralizado. ¿Eso realmente estaba sucediendo? ¿Cuándo llegaron a una situación tan terrible? ¿Y cómo? Recuperándose lentamente, y no sin bastante dificultad, de su shock inicial, le explicó al mayor de cabello negro que necesitaba llamar a Midorima, ya que debía informarle que su mejor amigo estaba despierto y que sus heridas estaban aparentemente sanando como se esperaba.
—No tardes mucho, Fushiguro-kun... —advirtió el otro —Esto es realmente serio...
Mientras tanto, Azalea, Aomine y Kagami, junto con el joven al que había rescatado de la habitación en llamas en el hospital, habían sido llevados a un centro médico cercano. El escolta también estaba allí, pero se había negado a recibir atención médica y en lugar de eso ayudó a Daiki y Taiga. La persona que los había recibido no pudo evitar mirar alternativamente de él a las dos personas que estaba atendiendo, hasta que posó un par de preocupados y profundos ojos azul grisáceo en el hombre más alto, preguntándole si tenía alguna experiencia médica. O al menos si conocía los conceptos básicos de primeros auxilios, señalando que no recordaba haber visto a alguien tan joven tratar lesiones como las que especialmente tenía Taiga con tanta habilidad. Sin volverse a mirar al otro doctor, Shintaro respondió:
—En primer lugar, yo también soy médico graduado; en segundo lugar, estoy acostumbrado a atender cualquier lesión que puedan sufrir, a pesar de que me he especializado en Trauma y Fisioterapia; finalmente, soy basquetbolista profesional. Por lo tanto, créame; esta clase de lesiones no me son ajenas, en absoluto...
Se puso de pie con sumo cuidado apenas acabo de atender las heridas y lesiones de sus amigos. Sabía que debería también tratar las propias; sin embargo, en ese momento, el sonido de su móvil le impidió cualquier acción al respecto. En cambio, y excusándose con el médico, se retiró a la salida de la oficina en la que se encontraban, alejándose varios metros de allí para no ser escuchado siquiera por sus amigos.
—Puedes hablar, Fushiguro-kun; ¿qué sucede?
—En primer lugar... —comenzó el hechicero —tengo buenas noticias. Tu amigo, disculpa que haya olvidado su nombre, está despierto y, aparentemente, se encuentra visiblemente recuperado. Aunque hay algo más que necesito decirte. Y necesito pedirte que escuches con atención...
El escolta palideció cuando, a continuación, Megumi le relató no solo el plan de Suguru, sino que incluso debió explicarle su 'sucio secreto' y, obviamente, el de Azalea. Antes de finalizar la llamada, le pidió que, si realmente deseaba comprobar aquello, fuera solo a Tokio y, una vez que que se hubiera asegurado de la verdad en sus palabras, llevara consigo al resto de sus amigos, puesto que, no estaba seguro por que, pero quienes atacaron el aeropuerto, y más tarde el hospital, parecían estar buscando algo particularmente de sus dos amigos heridos y de él mismo. Tal vez, porque habían sido las personas mas cercanas a Azalea desde su llegada a Tokio.
—Ah, y antes que lo olvide, Midorima-kun, asegúrate de que alguien examine esa pierna. Han pasado tres años desde entonces, ¿pero crees que no me di cuenta?
Shintaro terminó la llamada sin responder al comentario no demasiado sutil de Megumi. Nuevamente, era consciente de que debería haber revisado su rodilla, ya sea que permitiera que el médico que había atendido a Kagami y Aomine lo hiciera o que, en cambio, lo hiciera él mismo. Sin embargo, en ese momento, tenía algo más importante de qué preocuparse. A saber; cómo les diría a sus amigos que necesitaban abandonar ese lugar lo antes posible, pero que no podía explicarles por qué, simplemente porque a él mismo todavía le estaba costando bastante procesar las palabras de Fushiguro. Así, soltando un largo suspiro, regresó a la oficina del médico y, cuando, precisamente, Azalea le cuestionó si todo estaba bien, el escolta volvió a suspirar, antes de pedirle que lo acompañara afuera, disculpándose con sus amigos y compañeros en el proceso.
Esa actitud era completamente diferente a él, pero, en el momento en que estuvo a solas con Miyagi, habiéndose asegurado de que no tuvieran espías a la vista, Shintaro literalmente arrinconó a la mujer de ojos verdes y gafas contra la pared detrás de ella, colocando una palma abierta contra la misma, bastante cerca de su rostro para asegurarse de que no intentara escapar.
—Hazme, pero, ante todo, ¡hazte un favor y cuéntame qué carajos ha sido todo eso! Si pretendes que te ayudemos, tendrás que ser honesta por una vez en tu maldita vida... ¿Debería preguntarte por qué tu amigo nos sugeriría que abandonáramos este lugar?
Midorima dio un par de pasos hacia atrás, completamente sorprendido por su propia reacción cuando notó que Azalea parecía igual de confundida. Y, por un momento, se preguntó si había sido idea de Fushiguro pedirles eso sin decirle una palabra al respecto. Encontró al menos un pequeño indicio de respuesta cuando ella le cuestionó si Megumi alguna vez le había mencionado su "sucio secreto", por así decirlo. Rápidamente se dio cuenta por la expresión aún más asombrada del hombre más alto que definitivamente ignoraba esa información. Por lo tanto, le pidió que fueran a otro lugar donde pudieran hablar tranquilamente. Bueno, excepto por la presencia de su no tan discreto guardia.
— ¿El tipo que ha estado siguiendo desde el aeropuerto, quieres decir? Creo que no me equivocaría demasiado al suponer que él desconfía más de la gente que yo mismo... Sin embargo, no es un rasgo común en Cáncer; tal vez soy solo yo...
—Por el contrario, sí es bastante habitual en Acuario. Apuesto a que no adivinarás cuál es el signo del mejor amigo de Geto-san...
Shintaro la llevó a su auto sin responder a su pregunta. Luego, mirando por el retrovisor, se dio cuenta de que el coche negro aparcado a pocos metros del suyo también se habia puesto en marcha. Y sólo entonces entró en pánico y le preguntó a Azalea si el hombre del que hablaba también era propenso a perseguirla más que vigilarla.
—N-no... Geto-san se iría tan pronto como se haya asegurado de que todo estaba bien. Ese... ese no es él, Midorima-kun; es mi guardián. El sujeto del que he estado huyendo...
El escolta de cabello verde temía preguntar por qué se escapaba de él. Sin embargo, y en otra actitud aún más inusual en él, se sintió obligado a preguntar. Palideció cuando Azalea le explicó que ese hombre pertenecía a una familia de la que ella debía asumir el liderazgo, hasta que Megumi fue elegido en su lugar. O, mejor dicho, decidió ocupar su lugar por voluntad propia. Aún así, ese hombre quería casarse con ella.
—Supongo que ahora entiendo por qué Fushiguro estaría tan preocupado; aterrorizado, diría. Entonces hagamos esto; te llevaré a casa y haremos las maletas. Por el momento, sería mejor si sólo yo supiera esto. Y espero que no me malinterpretes; ellos también lo sabrán, pero no ahora. Prefiero acompañarte solo a casa ahora, y luego, cuando esta situación se haya calmado un poco, personalmente les diré a los demás dónde estamos...
Shintaro tomó un hondo respiro, como intentando procesar lo que acababa de escuchar y, sacudiendo la cabeza, se disculpó, llevándose una mano a la sien como si un repentino dolor de cabeza lo hubiera asaltado.
—Lo juro... —murmuró con la cabeza gacha —No suelo actuar así. No te diría que le preguntes a Fushiguro cuando lo veas porque no nos conocemos mucho. Pero puedes preguntarle a Aomine; si lo deseas, por supuesto. Las personas pueden ser muy diferentes según el día en que hayan nacido; sin embargo, ustedes dos son demasiado opuestos para ser ambos Virgo, si debo admitir...
—¿Debería preguntarte con qué signo te llevas mejor personalmente?
—Mi mejor amigo, Takao, es Escorpio; Mi antiguo mejor amigo, sin embargo, es Sagitario como Fushiguro, excepto que tu amigo está en su sano juicio. Entonces no; no hay diferencia entre ellos. Quiero decir; Nos llevamos bastante bien con Akashi, incluso hoy... Y a pesar de todo...
Se habían metido tanto en la conversación que ninguno se dio cuenta de que ya habían llegado al apartamento de Takao.
Cuando llegaron allí, la mujer de cabello rojo se dio cuenta nuevamente de que el mismo auto negro se había detenido a un par de metros cerca de donde estaban. Peligrosamente cerca, debía admitir. Así, y sin saber honestamente por qué, tomó la mano de Shintaro con medida fuerza, aunque él ni siquiera dejó escapar un grito ahogado. Y mucho menos cuestionó su ciertamente sorprendente reacción. En cambio, giró su mirada verde hacia el otro auto, dándose cuenta en ese momento que un hombre de cabello rubio claro, más claro que el de su amigo Kise, descendía de ese vehículo, caminando casualmente en dirección a ellos. El escolta le entregó las llaves del apartamento y le pidió que fuera allí rápidamente y llamara a la policía, admitiendo sinceramente sentirse incómodo por molestar a Aomine con tanta frecuencia, aunque confesando al mismo tiempo que no confiaba en nadie más en la estación.
— ¿Qué harás mientras tanto, Shintaro? Lo lamento...
El escolta le lanzó una mirada acusadora al darse cuenta de por qué se estaba disculpando. Sin embargo, un momento después y sin pensarlo ni un segundo, insistió en su petición anterior, esta vez, con un poco más de vehemencia.
—Vete, por favor. Estaré allí en un momento. No tengo idea de lo que ese tipo quiere contigo, pero te prometo que sea lo que sea, no lo conseguirá. A menos que sea sobre mi cadáver...
Azalea no se había dado cuenta de que todavía tenía su mano sobre la de Midorima. Sin embargo, cuando lo hizo, susurró una disculpa y, cerrando los ojos, la presionó aún más, hasta el punto que él no sólo siseó de dolor sino que, un momento después, sintió un escalofrío recorrer su espalda que tenía muy poco que ver con un repentino ataque de fiebre o una brisa recorriéndole la espalda. Mientras el vapor helado escapaba de sus labios, bajó la mirada y preguntó:
— ¿Por qué lo hiciste...? ¿Qué has hecho?
—No lo entenderías, y tampoco espero que me perdones por esto. Pero mientras mi estancia aquí signifique ponerte a ti y a tus amigos en peligro, prefiero ir con él. Prometo que estaré bien; sé cómo lidiar con ese idiota. Pero ninguno de ustedes debería...
Tomó su móvil mientras caminaba hacia Naoya y, cuando la voz al otro lado respondió, Miyagi simplemente le explicó que necesitaba que él fuera a buscar a alguien al apartamento de Takao. Más bien, en la entrada del mismo. Sin embargo, no le mencionó a Megumi quién era esa persona. Por alguna razón que ni el propio hechicero de ojos azules comprendería, sin embargo, pareció hacerse al menos una vaga idea no solo de quien seria esa persona, sino incluso de que haría ella.
Reconoció el auto de color borgoña intenso estacionado frente a aquel complejo de apartamentos incluso antes de detener su propio auto, a pesar de que recordaba que su amigo tenía un vehículo mucho menos llamativo para uso normal. Ese era el de Azalea, quien, como había observado en uno de los compañeros de Shintaro, estaba acostumbrada a conducir autos deportivos extranjeros, generalmente de colores muy brillantes. Ese era posiblemente el más discreto que Fushiguro conocía. Sin embargo, su siguiente descubrimiento fue lo que realmente lo sorprendió; no era ella la que estaba al volante sino, precisamente, el escolta con gafas. Y, como si eso no fuera suficiente, parecía haber estado estancado allí durante bastante tiempo. Por lo tanto, mirando al hombre mayor y un poco más alto, que lo había acompañado en esa ocasión, después de haber enviado a Geto de regreso para informar a Gojo, dijo:
—Un Zenin estuvo aquí hace un momento... Y me da miedo pensar que haya sido quien creo que fue ya que, de ser así, hay muchas posibilidades de que el hombre en el auto haya recibido una buena paliza si ha intentado siquiera evitar que Naoya se lleve a Azalea con él...
— ¿Sabes quién es esa persona, Fushiguro-kun?
El rubio desvió su mirada de Megumi al auto frente a ellos cuando notó que la puerta del conductor se abría lentamente. Un momento después, una figura como él solo podía recordar que era uno de los hechiceros de Kioto, en lo que a estatura se refiere, descendió del auto, aunque instantáneamente cayó sobre su rodilla izquierda, con una palma abierta en el suelo y su mano libre en su pecho, jadeando como si intentara recuperar el aliento. También notó que algo parecido a un vapor frío escapaba de su boca, a pesar de que el día era contrariamente cálido. Y fue entonces cuando tanto él como Megumi se dieron cuenta de lo que realmente había sucedido.
—No... —murmuró Kento, incrédulo, a pesar de que su expresión no delataba emoción alguna —Dime que no fue ni la mitad de temeraria como para no solo irse con ese sujeto sino incluso usar su técnica maldita en un ser humano completamente común y corriente. ...
—Ambos sabemos que ella puede ser el doble de irracional de lo que podría ser temeraria, si me preguntas, Nanami-san. Hazme un favor; toma el auto y vuelve con los demás ahora. No debe saber que en realidad somos más que los que ya conoce. Al menos no hasta que la situación lo requiera...
Nanami entendió que Fushiguro no quería causar un revuelo aún mayor en ese hombre, y Dios sabía en cuántos más que pudieran haber estado en contacto con Miyagi. Por lo tanto, asintió sin decir mucho y, en el momento en que el hechicero de ojos negros descendió del auto, se fue. Antes de ir con su amigo, Megumi convocó a su perro gigante y lo envió tras los rastros que Azalea había dejado para encontrarla y rescatarla más tarde, una vez que se reuniera con sus amigos.
Probablemente era de noche cuando volvió a abrir los ojos. O tal vez no podía ver nada por no tener puestas las gafas. De todos modos, todo lo que Shintaro podía decir con certeza era que estaba acostado en una cama y que había alguien más con él. ¿Cómo podía saber eso? Podía escuchar claramente a alguien jadear a su lado, como si esa persona hubiera estado cargando un peso demasiado grande durante Dios sabe cuánto tiempo y ahora tuviera problemas para recuperar el aliento. Midorima nunca sabría cómo, pero finalmente pudo encontrar sus gafas justo al lado de la cama en la que estaba acostado y, poniéndoselas, giró su rostro hacia su izquierda, dándose cuenta finalmente de quién era su compañero y también de por qué estaría en tal estado.
—Dime que al menos usaste el ascensor para llegar hasta aquí... Son sólo dos pisos, pero cargar sobre tu hombro a una persona unos diez centímetros más alta es, bajo todos los estándares, insalubre...
—Primero, no necesité ascensor porque vivo en una casa y el dormitorio principal está en la planta baja. Segundo; he escuchado este tipo de advertencias de Azalea más de mil veces, así que ahórrate el sermón... Y, hablando de sermones, ¿debo realmente preguntar qué estaban tratando de hacer ustedes dos cuando ese idiota se la llevó?
Sentándose lentamente, y con una buena cuota de esfuerzo, Shintaro se ajustó las gafas como solía hacerlo y suspiró. Megumi pareció darse cuenta de algo en ese momento y le entregó un vaso de agua, disculpándose por no haberlo hecho antes. El escolta sacudió la cabeza y dijo, después de tomar un par de largos sorbos:
—Está... Está bien, Fushiguro-san. En cuanto a tu pregunta, debo admitir que ahora mismo tengo la cabeza hecha un desastre, pero lo último que recuerdo es haber sentido un frío terrible en la espalda...
—Espera... ¿dijiste frío?
—Efectivamente, ella... Ella sostuvo mi mano por bastante tiempo y lo último que escuché antes de que eso sucediera fue su disculpa. Por qué, no tengo ni idea...
Megumi dudó si explicar -o confesar- la verdad al escolta o no. Sin embargo, al darse cuenta de que no sólo él, sino también algunos de sus amigos podrían estar en peligro, decidió que probablemente sería mejor confesarlo de una vez por todas. Por muy difícil que pudiera resultar para Shintaro procesar la verdad. Considerando que no podría ver pruebas de lo que le diría debido a que carecía de energía maldita. Aun así, necesitaba explicarse. Y así lo hizo.
—Debo pedirte que te recuestes nuevamente, Midorima-san. Además del hecho de que todavía es bastante evidente que lo que ella hizo te afectó, lo que debo decirte ahora te sonará extraño, impactante como mínimo... Y necesito que estés tranquilo, en la medida de lo posible...
— ¿Sabes? Preguntaste antes qué estábamos haciendo en ese lugar, ¿verdad? Bueno, esa es la casa de mi mejor amigo, donde vive ahora; y estábamos a punto de hacer las maletas para viajar a algún lugar que aún no entiendo dónde sería. Sólo mencionó que la mayoría de sus amigos, pero también sus tutores, vivían allí...
Megumi asintió y luego le explicó que, primero, ni Azalea ni él eran en realidad "personas normales", aunque él no lo hubiera notado en su primer encuentro, hace tres años. Por otro lado, necesitaba pedirle que no hablara de eso con nadie en su círculo más cercano, excepto que hubiera habido alguien más involucrado en cualquiera de los incidentes en los que Miyagi había estado. Shintaro le dijo entonces que efectivamente había otros dos hombres; sin embargo, para salvaguardarlos, y también a Megumi y Azalea, mantendría todo lo que hablaran allí entre ellos.
—Y lo agradeceré, de verdad... —admitió Megumi asintiendo —Bueno, lo haré breve para no confundirte más de lo que ya estás después de los recientes acontecimientos. Pero la verdad es que... soy un hechicero, y Azalea también. Y la razón por la que experimentaste esa sensación de congelación en lugar de frío hace un momento es porque ella posee lo que llamamos una técnica maldita que le permite dominar el agua y el hielo. En otras palabras, si así lo desea, podría matar a alguien congelando su torrente sanguíneo; de hecho, eso es lo que ella te hizo, a un grado mucho menor al que realmente puede hacerlo, por supuesto...
Megumi bebió de otro vaso de agua que él mismo se había servido cuando se dio cuenta de que sentía la garganta seca y, después de un momento, continuó:
—Además, te preguntabas por qué se disculparía; eso es porque esta no es la primera vez que tuvo que hacer eso con alguien que no es un hechicero, pero, la primera vez, no salió bien, si entiendes a lo que me refiero...
—Es por... ¿Es por eso que el tipo que se la llevó la perseguía? ¿Tiene la intención de tomar esta... técnica maldita o como sea que la llames de ella?
—No... —respondió Fushiguro, mirando fijamente a los ojos aterrorizados del mayor —Naoya y su familia son sus guardianes; la acogieron en su clan. Sin embargo, él está obsesionado con ella más que simplemente enamorado. Por eso digo que estás en peligro... Azalea se enamoró de ti, por muy difícil que te pueda resultar creerlo...
De hecho, no sólo era difícil de creer, sino aún más difícil de procesar para Shintaro. Tanto fue así que se llevó ambas manos a las sienes, masajeandolas, y cerró los ojos. Un dolor de cabeza como no recordaba haber experimentado ni siquiera durante sus largas noches de estudio sin dormir lo asaltó en ese momento y ahogó un grito de dolor apretando los dientes. Megumi tomó eso como una señal para dejarlo solo por un momento, aunque en realidad fue al baño a buscar un analgésico. Dudó en prepararle un baño caliente, ya que era consciente de que no encontraría entre su ropa nada que le quedara bien debido a la estatura del escolta. Dejando ese pensamiento a un lado, finalmente decidió que no podía perder el tiempo en tales trivialidades y, en cambio, puso a correr el agua caliente. Escuchó a Midorima llamarlo en un tono visiblemente débil y, cuando regresó al dormitorio, el hombre de cabello verde con gafas dijo:
—Es ropa deportiva, pero estoy acostumbrado a llevar una muda de ropa de repuesto en el bolso, junto con el botiquín de primeros auxilios, donde encontrarás un antiinflamatorio bastante fuerte si lo necesitas...
Fushiguro no se detendría a preguntar cómo se había dado cuenta de que su hombro había comenzado a dolerle debido a que había cargado al hombre más alto dentro de la casa. Y durante un tiempo bastante considerable.
—Ya te mencioné que me especialicé en Trauma, ¿no?
—Gracias... —dijo finalmente el de cabello negro —Quizás lo tome más tarde, pero ahora mismo eres tú quien me preocupa más. El baño está listo. Deberías ir ahora antes de que el entumecimiento se vuelva irreversible incluso para nuestro médico. Porque, efectivamente; antes de que preguntes, ella tampoco es una mujer normal, y su técnica maldita es precisamente esa. Pero ha habido pocas ocasiones en las que ha tenido que tratar a personas 'normales' y necesitarás un descanso bastante extenso tras su 'tratamiento'. Por cierto, no he preguntado; ¿cómo está tu rodilla?
Midorima jadeó, esta vez en shock, antes de explicar que no había sentido ningún dolor desde hacía un tiempo pero que, por otro lado, apenas podía mover su pierna izquierda. Fushiguro asintió con dos dedos sosteniendo su barbilla en un gesto pensativo, admitiendo no saber por qué habría sucedido aquello. Carecía de conocimientos básicos en ese tipo de tratamiento como para aplicar cualquier cosa que pudiera tener ese efecto mientras, por otro lado, la técnica de Azalea sólo afectaba el área en que aplicaba su energía y, por extensión, las áreas circundantes. En su caso, ella sólo había paralizado la parte superior de su cuerpo hasta el cuello.
—Quiero decir; ella debe haber tocado la articulación de tu muñeca, por lo que su energía maldita recorrió toda tu espalda...
—Eso hizo...
Megumi solo asintió en respuesta, repitiendo que el baño estaba listo y que, mientras tanto, prepararía algo ligero para comer. De nada serviría ir tras Azalea en ese momento si ni siquiera sabían por dónde empezar a buscarla. Además, añadió el hechicero de cabello negro, había al menos otras tres personas a las que necesitaba presentarle y que le ayudarían en esa búsqueda.
—Aceptaré lo que propones con una sola condición, Fushiguro-san...
Megumi lo escuchó atentamente, sin intentar intervenir, aunque podría hacerse una idea no sólo de lo que Shintaro le pediría, sino incluso a quién -o a quiénes- involucraría. Y, de hecho, el escolta simplemente le pidió que le permitiera al menos contarle a Aomine sobre su plan. Fushiguro podía imaginar por qué él sugeriría precisamente al moreno de cabello índigo y no a su otro compañero. No es que este último careciera de la capacidad para realizar esa tarea; después de todo, era bombero. Sin embargo, Daiki poseía, por así decirlo, una herramienta extremadamente importante en ese tipo de 'misiones'. Sintió un dejo de recelo, e incluso un mal sabor de boca, al considerar a un perro como una herramienta, aún a pesar de que tenía nada menos que dos perros entre sus sombras.
—Está bien, hagámoslo. Sin embargo, por el momento, concentrémonos en descansar y planificar cómo vamos a manejar esto. Por cierto, nunca pregunté, pero ¿está tu amigo asignado a una unidad específica del Departamento de Policía?
—Si, lo está; yo mismo tengo experiencia en ciencia forense, si entiendes lo que quiero decir. Me tomó dos años más, pero en realidad me gradué en Trauma a los 24 y luego decidí tomar ese curso de Ciencias Forenses... Aomine fue asignado recientemente a Narcóticos, pero ha estado en Homicidios desde hace seis años...
—Supongo que entonces puede portar un arma...—. Ante el asentimiento de Midorima, Megumi le devolvió el gesto y, caminando hacia la cocina, dijo —De todos modos, contactémoslo mañana... Mientras tanto, cuéntame; ¿la ducha te ayudó un poco, al menos?
—Si preguntas por mi rodilla, sí me duele, pero ni la mitad que antes... Sobre ese otro asunto, no sé cómo explicarte, pero tenías razón; de hecho, el entumecimiento es peor que antes. Apenas puedo mover mi brazo izquierdo...
Fushiguro entró en pánico al escuchar eso y, sin poder contener su curiosidad, le preguntó al escolta si Azalea le había hecho algo más que tomarle la mano como ya había mencionado. A eso, Midorima respondió cuestionando al hechicero si el estado de ánimo de una persona afectaba el uso de su técnica de alguna manera, explicándole que Miyagi estaba aterrorizada al darse cuenta de quién era la persona que los seguía.
—Sí, y más de lo que puedes imaginar. En otras palabras, tal vez se disculpó porque no esperaba que la situación terminara de esa manera. Quiero decir; era probable que ella sí intentara detenerte para que no fueras tras ella, pero tal vez nunca fue su intención usar tanta energía maldita...
—Ya veo... —dijo el hombre de gafas, asintiendo —Ahora, si me disculpas, Fushiguro-san, necesito recostarme un momento... Tengo... no se si describirlo de esta manera, pero... es como un latido persistente, y por demás doloroso en las sienes y creo que... Mi presión arterial también bajó un poco...
Nuevamente, Megumi solo asintió, anunciando que al menos le llevaría un poco de agua en un momento. Cuando se quedó solo, el hombre de ojos azules se apoyó en una pared al lado de la puerta que separaba la cocina de la sala y se llevó una mano a la frente, cerrando los ojos brevemente. Un momento después, y dejando escapar un largo suspiro, dijo, apenas por encima de un susurro, como si no quisiera que nadie lo escuchara.
—Yo solo... solo espero que te encuentres bien, dondequiera que estés... Y que esta situación termine pronto. No estoy seguro de cuánto tiempo más soportaré arriesgando la vida de esos hombres en una pelea que, para empezar, ni siquiera era tuya...
—Aomine-kun...
Dijo una voz femenina, atemorizada y temblorosa, por teléfono. Una voz que, para sorpresa del susodicho, no era la de su novia Satsuki sino, más bien, la de la novia de Kuroko, Riko Aida. La mujer castaña respiró hondo, lo que hizo a Daiki darse cuenta de que era un vano intento de reprimir las lágrimas, antes de continuar con la charla.
—Aomine... necesito preguntarte algo y, por favor, sé honesto. ¿Has tenido alguna noticia de Midorima? Y te lo pregunto porque sé que tienes los medios necesarios para buscarlo si fuera necesario...
—Primero, sí sé dónde está y puedo decir que se encuentra perfectamente. Sin embargo, lamentablemente no puedo compartir esa información contigo porque podría ponernos en peligro a todos, especialmente a él... Todo lo que debes saber, y por favor, transmítele esto a Satsuki también, es que la persona que está con él preferiría morir antes que permitir que sea asesinado...
Aomine terminó la llamada antes de que Riko pudiera interrogarlo más que cuestionarle nada más. Sacudiendo la cabeza, volvió a guardar el teléfono en su cartera y a poner ambas manos en el volante, observando, de reojo y con expresión triste, al hombre ligeramente inclinado en el asiento trasero de su auto y luego a su copiloto. Estos eran, precisamente, Midorima y Megumi.
—No necesitabas ser tan duro con tu amiga, Daiki-san. Ella sólo estaba preocupada...
—Primero, recuerdo haberte dicho que me llamaras Aomine, Fushiguro-san; segundo, ¿qué más esperabas que hiciera? ¿Decirle que ese idiota del asiento trasero casi se suicida intentando salvar a esa mujer?
Los ojos de Megumi instantáneamente se posaron en la pareja en el asiento trasero. De hecho, Shintaro, de manera quizás demasiado imprudente para su gusto, había entrado corriendo a la habitación donde Naoya mantenía a Azalea casi como su prisionera. Sin embargo, por otro lado y aunque su aspecto físico -o la expresión de su rostro, visiblemente fatigado- no revelaba tal cosa, lucía mucho más íntegro que cualquiera de ellos. Incluyendo a la mujer de cabello rojizo, a quien sostenía en sus brazos como si temiera que fuera a caerse pronto.
—Aomine... —habló el escolta después de bastante tiempo —Por favor... Hay alguien más con quien necesito hablar. ¿Podrías por favor virar hacia el este y dirigirte ya sabes dónde? Prometo que no tardaré; no debo, o de lo contrario mi propio cuerpo colapsará aquí y ahora... Sin embargo, él... él necesita, más bien, merece saber que ella está bien...
Daiki no preguntaría de quién estaba hablando su amigo por una sencilla razón. Por razones de seguridad, Takao había regresado con el resto de sus amigos. Y desde entonces sólo habían podido hablar con él un par de veces. No sabía por qué Shintaro quería hablar con él en un lugar tan aislado. Quizás, incluso a pesar de la distancia que los separaba en ese momento, todavía tenía miedo de que algo le pudiera pasar.
—Está bien... —dijo finalmente Aomine —Fushiguro-san, espero que no me malinterpretes, pero esta es una situación bastante... privada...
—Él conoce a Takao, Aomine; no hay necesidad de eso. De hecho, Fushiguro-san, ¿puedo...?
—Por supuesto; ella es mi amiga, después de todo. Tu eres mi amigo...
Aomine condujo hasta un lugar que era bastante familiar para ambos, pero que no habían visitado en un largo tiempo. En realidad, desde sus tiempos de estudiantes de secundaria. Luego se volvió hacia Megumi y le dijo:
—Honestamente aprecio lo que has hecho por ellos, de verdad. Y, por muy peligroso que esto pueda llegar a ser eventualmente, no me gustaría perder el contacto con ninguno de ustedes...
—Tampoco a mi... —respondió el hechicero de ojos azules —Ahora vete; puedo entender perfectamente cuánto debes necesitar contactar a tu mejor amigo. He estado extrañando a los míos desde hace algún tiempo... Sin mencionar a mi propia novia...
Los dos hombres más altos sonrieron y luego salieron del auto. Megumi, mientras tanto, miró por encima del hombro a su amiga, recordando los acontecimientos que los habían llevado a la situación en la que se encontraban en ese momento.
Flashback
Nunca sabría cómo, o tal vez lo sabía, pero no lo admitiría en voz alta, pero, al salir de su apartamento esa mañana, Megumi recibió una llamada que hizo que se le helara la sangre. Había pensado que Naoya se aseguraría de aislar a Azalea de cualquier contacto externo al deshacerse de su único medio para comunicarse con los demás, pero al final no fue así. Por lo tanto, cuando escuchó la voz de la hechicera con gafas de ojos verdes literalmente instándolo a buscar a Shintaro y sus amigos y llevarlos a la escuela técnica de hechicería con él y los demás, supo que definitivamente algo andaba mal con ella. Sin embargo, Fushiguro no tuvo tiempo de preguntarle sobre eso, pues en ese mismo momento escuchó una voz entonces bastante familiar llamándolo desde afuera del apartamento y tuvo que cortar la llamada.
—Fushiguro-san... —llamo Midorima cuando el hombre de ojos azules los recibió a él y a Aomine —Necesito pedirte que no hagas preguntas ahora y me digas si has tenido noticias de ella...
Megumi miró del hombre de cabello verdoso al moreno, para luego preguntar a este último si su móvil, o su auto, tenía algún tipo de dispositivo que pudiera rastrear llamadas, alzando su propio móvil, con la llamada aun activa de Miyagi. Daiki preguntó si creía que ese era el sitio en el que su amiga podría estar secuestrada, para luego señalar que podía no solo rastrearla utilizando su propio móvil, sino incluso la radio de su auto. En este último caso, señaló, puesto que la utilizaba para comunicarse con la estación o con cualquiera de sus otros compañeros que estuvieran trabajando en la calle, esta recibía las ondas de sonido de cualquier área cercana al sitio donde se encontraba Azalea. El de cabello negro asintió, y, antes de retirarse siguiendo a los dos mayores, Daiki volvió sus orbes indigos hacia el y advirtió:
—Asegurate de cerrar con seguro; dudo sinceramente que alguien venga en nuestra ausencia, sin embargo, no pierdes nada con ser precavido...
Debieron de haber conducido alrededor de cuatro horas hasta que Megumi ordenó a Aomine que se detuviera. Tanto el moreno como Shintaro se sorprendieron al observar el sitio donde se habían detenido. A la entrada se alzaba una enorme estructura que solo podían describir como un torii de los que era habitual hallar en templos budistas en todo Japón. Por lo tanto, y con una ceja arqueada, el oficial de cabello índigo volteo hacia Megumi, inquiriéndole tan solo con ese gesto acerca del por qué le había pedido detenerse, justamente, en un lugar así. A lo que Fushiguro respondió que probablemente no lo comprendería si intentara explicarlo, para luego bajar del vehículo sin más palabras. Aomine entonces dirigió una mirada por demás significativa a su amigo, cuestionando silenciosamente quién de los dos debería ir tras Fushiguro.
—Tu debes quedarte en caso de que necesitemos apoyo, aunque... Algo me dice que Fushiguro-san debió de haber previsto eso antes de venir...
Midorima apunto apenas de soslayo en dirección de un vehículo negro, estacionado justo en frente del torii y dentro del cual habían al menos tres personas, aunque solo dos de ellas descendieron del mismo eventualmente. Un hombre que probablemente tuviera su misma edad y un joven de la edad de Megumi.
—Ninguno de ellos es quien acompañó a Fushiguro-san y a Azalea la última vez, aunque... creo haber visto a ese hombre antes...
Mientras tanto, los dos hechiceros en cuestión se dirigieron al interior de aquel templo abandonado tras despedirse de su 'chofer' aunque, apenas llegaron a la entrada, el mayor se detuvo al observar el vehículo estacionado a pocos metros de donde se había detenido el suyo y arqueo una ceja.
—Itadori-kun... —llamo Nanami al de cabello rosado y ojos castaños — ¿Has visto alguna vez ese auto? Creo recordar que no hay vehículos así en la escuela...
—De hecho, es un móvil policial... —respondió Yuji, arqueando una ceja —Aunque no se parece a ninguno de los que recuerdo haber visto. Además... ¿Quién llamó a la policía?
—Tendrás a bien no preguntar, al menos por ahora, Itadori-san...
La voz que respondió, particularmente el modo en que su dueño se refirió a él, llamaron poderosamente la atención no solo de Yuji, sino especialmente de Nanami, quien alzó apenas sus orbes azulados a los verdosos de su acompañante y, sin poder evitarlo, preguntó qué estaba haciendo allí. A Shintaro no pareció sorprenderle en lo más mínimo que no averiguase siquiera su identidad, por lo que simplemente sacudió la cabeza y respondió que había acompañado a Megumi hasta allí junto a un amigo suyo. Este último era el dueño del móvil de policía y era, en efecto, un oficial.
—Antes que pregunte o diga nada, sé perfectamente quienes, o más bien que son, pero temo que eso no es lo que nos incumbe ahora...
—Ciertamente tienes razón... —asintió Nanami —Sin embargo, debo preguntar nuevamente, ¿que los trajo aquí?
—Miyagi-san... —respondió el escolta —Fui yo quien la recogió en el aeropuerto, como también soy médico y estuve en el incidente en el hospital. De hecho, solo he venido en caso de ser necesario...
Se inclinó apenas ligeramente para luego darles la espalda y dirigirse al auto de Aomine. Sin embargo, se detuvo abruptamente, llevándose una mano al hombro derecho, en el que no recordaba haber sufrido lesión alguna. Intentó ignorar aquello, aduciendo para sí que probablemente debía estar demasiado tenso aun, cuando de pronto sintió una mano algo curtida sobre su hombro, seguida de una exclamación de sorpresa que, aun sin verlo, supo que venía de Yuji.
— ¿Debo sinceramente preguntar qué fue eso?
—Recuerdo que le pediste a Itadori, y cito "tendrás a bien no preguntar, al menos por ahora"... —respondió Nanami mientras él mismo le daba nuevamente la espalda al escolta de gafas —Solo ten cuidado la próxima vez...
Si antes estaba confundido, en ese momento el escolta no podía describir como se sentía con exactitud. Sin embargo, optó por ignorar aquello y seguir su camino, hasta que lo detuvo, primero, un nuevo grito de parte de Yuji y, por otro lado, una explosión dentro del templo frente a ellos. Antes de que cualquiera de ellos pudiera hacer nada, sin embargo, un segundo auto negro similar al que había llevado a Nanami y Yuji se interpuso y de el descendieron un hombre, por así decirlo, de rasgos orientales y cabello azabache y una mujer castaña de cabello largo.
—Itadori-kun...
Llamó Nanami, aunque el de ojos castaños no necesito escuchar lo que le pediría y simplemente asintió, acompañando a los recién llegados dentro del templo. El rubio de gafas luego volvió hacia Shintaro y dijo:
—Acompañame. Probablemente debas saber que está sucediendo si es que, como dijiste hace un momento, sabes que somos en realidad...
Se dirigieron al vehículo donde aún estaba Aomine y Shintaro le pidió que se marchara, señalando que dudaba que él pudiera hacer algo allí cuando nadie entre los que se encontraban dentro del templo era en realidad un civil ordinario. Es decir, no estaba seguro de que las balas pudieran tener efecto alguno en ellos.
—En efecto, la persona que tiene a Miyagi-san prisionera es la única a la que una bala podría afectarle como a cualquier humano. Aunque, de todos modos, nuestra única 'peculiaridad', si quieres llamarlo de ese modo, es la de ser hechiceros. Más allá de eso, también somos seres humanos...
Midorima asintió y, volviendo la mirada a Daiki, le pidió que se marchara, pero que no reportara el incidente a nadie. El, por su parte, permanecería allí solo en caso de que su asistencia fuese necesaria.
Eventualmente, ni el escolta ni el pívot lamentarían no haberse marchado, puesto que no solo Azalea, sino incluso Megumi requerirían de su ayuda.
Fin del Flashback
— ¿Dónde...? ¿Dónde estoy?
Inquirio Azalea apenas abrió sus ojos verdes, dando un rápido vistazo a su alrededor para luego parpadear con evidente confusión. Se sobresaltó apenas ligeramente, dejando escapar una exclamación de sorpresa, al sentir que alguien retiraba un objeto que no lograba ver con claridad de su brazo izquierdo. Más que retirarlo, parecía estar desajustándolo o algo por el estilo, para después si removerlo. Alzó la mirada a su acompañante quien, curiosamente, no llevaba sus gafas puestas y, sin poder evitar un dejo apenas sutil de burla, comento que no imaginaba cómo podría ver en la penumbra de la habitación, cuando era evidente que necesitaba sus gafas.
—Tengo... una leve jaqueca y mis ojos me estaban molestando. Solo me las quité por un par de horas. A propósito, ¿cómo te sientes? Por fortuna, tus signos son completamente normales... Desgraciadamente no... No puedo decir lo mismo de Fushiguro... Alguien más está atendiendo, nunca la he visto...
—Oh, debes estar hablando de Shoko-san. Entonces... ¿Eso significa que estamos en la escuela de hechicería? ¿Quiénes más, me refiero a tus amigos, esta aqui? ¿Y qué sucedió con Naoya?
Una voz femenina y con un tono por demás calmo le pidió justamente que intentara tranquilizarse, al tiempo que ingresaba a la habitación, deteniéndose a un lado de Shintaro. El escolta solo la observó por un par de minutos, percatandose de que, en cierto modo, aquella mujer le recordaba a su propia hermana, exactamente de la misma edad de Azalea. La mujer Zenin se sabía observada, aunque simplemente sonrió a su acompañante antes de hablar:
—No me sorprende que no me recuerdes, aunque estaba con Megumi en ese momento...
Extendió su mano, ofreciéndola al escolta, y dijo:
—Maki Zenin; digamos que... el desgraciado que secuestró a Azalea es mi primo...
—Entiendo... —respondió el más alto, poniéndose de pie y provocando que Maki justamente alzara la vista para verlo a los ojos —Midorima Shintaro... No se si pueda decir que es un placer, dadas las circunstancias... A propósito, ¿tiene idea de cómo se encuentra Fushiguro?
La mujer de cabello verdoso y gafas asintió con una sonrisa apenas sutil, señalando que ahora estaba descansando, pero que se encontraba sumamente cansado aun. Sin embargo, señaló, su amiga se preguntaba quién lo había atendido, quien le había proporcionado los primeros auxilios antes de llevarlo con ella, admitiendo que debió haber sido necesariamente alguien con conocimientos médicos. Midorima asintió, señalando que habían sido dos personas, de hecho. Él mismo, que era médico, y su mejor amigo y compañero en la selección de baloncesto, que era enfermero en Urgencias.
—Aunque tenía algunas heridas de gravedad que solo pude tratar lo suficiente para evitar que empeoraran. En realidad, tan solo pude contener la hemorragia hasta que ese hombre, creo que Azalea mencionó que su nombre era Nanami, lo trajo aquí...
Precisamente, una voz masculina, calma pero grave se escuchó en ese momento, señalando que debía estarle agradecido por lo que había hecho por Megumi o, de lo contrario, no hubiera resistido el trayecto hasta allí. De hecho, su compañero solo tuvo que terminar lo que él había empezado. Es decir, tratar con más profundidad las heridas.
—A propósito, hace un momento Itadori-kun mencionó que alguien llamado Aomine te estaba buscando. Si quieres verlo ahora, Yuji lo lleva a su habitación...
—Ven; te mostraré el camino... —ofreció Maki, dándole la espalda y señalando la salida de la habitacion —Ademas, creo que tú mismo deberías descansar...
Shintaro solo inclinó ligeramente la cabeza a modo de agradecimiento y de despedida hacia Nanami y Azalea antes de marcharse. Antes de que se alejara lo suficiente, oyó a la joven hechicera repetirle que no se preocupara por ella y que intentara descansar el tiempo necesario. Considerando que no estaban seguros de cuando regresarían a casa.
Caminaban lenta y tranquilamente por el largo pasillo en que estaban las habitaciones de la escuela cuando Shintaro, tras colocarse nuevamente sus gafas, noto un detalle no demasiado disimulado en el rostro de su acompañante, a pesar de que apenas y la estaba viendo de soslayo. Tenía sendas cicatrices en todo su rostro, e incluso en sus hombros desnudos, o parcialmente descubiertos por la chaqueta que vestía.
—Disculpe la pregunta, Maki-san; no responda si lo cree inapropiado, pero... ¿qué le sucedió?
—He estado esperando el momento indicado para preguntarte algo similar desde que te vi, asi que no; no es inapropiado, Midorima-san. No se si Megumi, Yuji, o la propia Azalea te lo hayan dicho, pero somos hechiceros. Digamos que estas lesiones fueron... gajes del oficio. Y antes que preguntes, no me importaría que eches un vistazo, pero primero procura hablar con tu amigo y descansar. Podemos hacerlo mañana. A propósito, imagino que esa molestia en tu pierna no tiene nada que ver con tu profesión en el hospital...
Shintaro sacudió la cabeza, sonrió apenas sutilmente y señaló que, de todos modos, tenía relación con su otra profesión. Era basquetbolista profesional y había recibido una cirugía de rodilla apenas un par de meses atrás. Maki asintió. Minutos después, llegaron a la habitación en la que se encontraba Aomine. Antes de marcharse, Zenin dijo, aun con la sonrisa en su rostro:
—Gracias por todo. Y sinceramente espero que ella pueda ser feliz, al fin lejos de mi familia...
—Puede estar tranquila de que me aseguraré de ello, Maki-san. No solo yo; estimo que Fushiguro-san no me perdonaría si algo llegara a pasarle...
Pasarían tres meses hasta que finalmente Midorima y Aomine regresaran a sus vidas 'normales'. Pero había algo que ya no sería igual para ellos. Aquellos curiosos personajes a quienes conocieran gracias a Azalea se convertirían, especialmente los más jóvenes, en visitantes recurrentes a sus encuentros de baloncesto y, con el tiempo, en grandes amigos. No solo de ellos dos, de Kagami y Takao, sino también de los restantes miembros de la Generación de los Milagros y sus ya inseparables amigos y compañeros ex-Seirin.
