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El rubio solo lo observaba atentamente a cada paso que daba, ignorando que el joven de cabello rubio prácticamente blanco había notado aquello desde hace tiempo. Sin embargo, ninguno de los dos diría una palabra, aunque asimismo ninguno de los dos tenía idea por que. En especial, porque N, como era simplemente conocido el albino en ese lugar, era plenamente consciente de que lo que su compañero en el orfanato del que fueran llevados ya no le seguía simplemente por su afán de probarle que era mejor que él. Siempre se le había llamado genio, pero su inteligencia siempre estuvo por detrás de la del chico de cabello pálido y aún más extraños ojos grises. Sin embargo, a pesar de ello, había algo en Near -ese era su nombre, o alias- que llamaba aun mas su atencion. Y que le obsesionaba aún más. El propio Near.
— ¡Rayos! ¿En qué carajos estoy pensando?
Exclamó arrojando la taza entre sus manos al darse cuenta de que, una vez más, estaba pensando en el chico de orbes grises como algo más que un rival. Y la idea de que ese pensamiento atravesó su mente más de una vez al día -demasiadas para su gusto-, lo desesperaba. No podía permitir que sus sentimientos se vieran expuestos. No en la situación en que estaban. Es decir, no podía pensar en que su obsesión era más bien un irrefrenable deseo de tener a aquel albino entre sus brazos.
—M…
Llegó de pronto la voz de un sujeto al que honestamente no esperaba, no estaba de ánimos de escuchar en ese momento. Light Yagami; como siempre, acompañado, notablemente a regañadientes, por la molesta rubia pegada a él como si de una goma de mascar se tratase. Se levantó del sillón donde estaba y siguió al joven castaño hacia la mesa en que los esperaba Near. Para variar, sostenía entre sus manos uno de esos complejos, inexplicables juegos que acostumbraba hacer. Algo así como el popular cubo multicolor de fabricación rusa.
— ¿Debo sinceramente preguntar que se te ofrece? Sin mencionar que no comprendo qué hace ella aquí…
Dicho aquello, se puso de pie dándoles la espalda, hasta que la voz de Near lo detuvo. recordandole que debian aún resolver la identidad de Kira. Y que necesitaban de él para ello. Sacudiendo la cabeza, el de ojos azules simplemente respondió que dudaba que eso fuera cierto cuando tenían allí al más inteligente entre ellos. Por supuesto, según los directivos de su antiguo orfanato. Se marchó, dejando la Misa únicamente viéndolo con una expresión entre sorprendida y confundida. Los dos hombres jamás modificaron la expresión impasible en sus rostros.
—Deberíamos continuar con esto mañana…
Sugirió Light, a lo que, poniéndose de pie con cierta brusquedad, el de ojos grises nego:
— ¿Y permitir a ese sujeto seguir asesinando a gente inocente solo por el capricho de un engreído, obstinado?
Light no dijo nada más, aunque finalmente debieron dejar allí su trabajo.
Caminaba por las calles prácticamente solitarias de Tokio a esa hora de la noche hasta que finalmente encontró a quien buscaba. Mello parecía haber permanecido en ese lugar específico por alguna razón en particular y desde hacía bastante tiempo. Probablemente, desde que abandonara la reunión en la agencia. Near se acercó lentamente a él, como si temiera que pudiera hacerle daño si lo abordaba de manera repentina. No fue ese el caso, aunque lo que realmente sucedió no fue menos sorpresivo, especialmente, para el de cabello rubio platino. Apenas estuvo a centímetros del rostro de su compañero -no difieren demasiado en estatura-, lo tomó entre sus manos y dejó un beso por demás forzado en sus labios. Acorde a la reacción de Mello fue la respuesta de Near, quien mordió con medida fuerza el labio inferior del contrario hasta que un horrible sabor a hierro entró en su boca y supo que había logrado su cometido.
— ¡Bastardo! —respeto el de cabello rubio, empujando a Near para alejarlo de él y limpiando la sangre en sus labios con el puño de su camisa — ¿Porque rayos lo hiciste?
Ninguno de los dos osaría exponer ante el otro sus lágrimas. No era para lo que, por decirlo de alguna manera, habían sido creados más que criados en el orfanato. Pero ninguno de los dos negaría que aquello les dolía a partes iguales. ¿Cuál era la diferencia? El motivo. Para Mello, aquello significaba que el objeto de su obsesión más que interés lo estaba rechazando por enésima vez, mientras que para Near no era más que la confirmación de que su compañero estaba enfermo, y que no le importaban los extremos a los que debiera llegar para estar con él. Se encontró de pronto siendo nuevamente apresado por el rubio, quien, esta vez, se aseguró de que no escapara de él. Así, empujandolo lentamente hacia la puerta a sus espaldas, la abrió lentamente y condujo a su ‘víctima’ a la única habitación que había en la planta baja de aquella propiedad por demás desvencijada. Poco le importaba a quién había pertenecido, pero era un lugar especial para él y esperaba que lo fuera para ambos.
—Espera… ¿Qué demonios haces? ¡Mello, por todos los santos, estas demente! ¡Dejame ir!
Mello no lo escucharía. Poco le importaron sus súplicas. En cambio, lo recostó en la cama y comenzó lentamente a abrir tan solo los botones superiores de su camisa, repartiendo pequeños besos en el escaso espacio descubierto por la misma, para luego moverse a su cuello, rostro, pasando por sus párpados cerrados y, finalmente, por sus labios. Near no estaba seguro de cuánto tiempo más podría soportar aquello. A esas alturas, prácticamente podía escuchar los latidos de su corazón, junto con los jadeos para nada acompasados del hombre encima de su cuerpo, como si un tambor retumbara en sus oídos. Sin embargo, antes de ceder finalmente a los perturbadores deseos de su compañero, rival, o como carajos quisiera llamarle, lo empujó hasta bajarlo de la cama y, ajustando apropiadamente su camisa, se marchó de allí.
A duras penas pudo caminar unos doscientos metros cuando el cansancio que arrastraba provocó que colapsara en plena calle. En ese preciso momento, un auto de color rojo por demas llamativo paso a su lado y el conductor detuvo el mismo, descendiendo rapidamente de este, no sin antes exigir a su acompañante que permaneciera en el vehiculo. Misa Amane debió sinceramente tragarse sus protestas cuando Light le devolvió una mirada que probablemente era peor que ver a los ojos a Rem, su Shinigami. Volviendo su atención al muchacho tirado en el suelo, lo levantó cuidadosamente, llevándolo a su auto.
Pasó una noche entera hasta que Near abrió, lenta y cansinamente, sus ojos grises, encontrándose en una habitación de hospital. ¿Quién lo había llevado allí? No tenía ni idea y no quería pensar en ello. Sin embargo, en ese preciso instante, las imágenes de lo ocurrido la noche anterior volvieron a él, prácticamente bombardeando su mente, y apretó los ojos para contener el grito que amenazaba con escapar de su garganta.
—Oh, veo que estás despierto. Que alivio…
Dijo de pronto, y en un tono de alivio evidentemente fingido, el mismo sujeto en quien estaba pensando, o a quien estaba recordando en ese momento. Esta vez, no pudo evitar el jadeo de sorpresa que escapó de sus labios. Aunque, obviamente, no fue por la vista ante sus ojos, sino por las acciones de su acompañante. Importandole muy poco donde estaba, Mello apoyó ambas palmas abiertas a los lados del rostro de Near, acercando peligrosamente su rostro al de este. Adivinando sus intenciones, Near exclamó, con toda la intención de que quienquiera que pasara por allí le oyera:
— ¡Detente ahora o llamare a alguien para que te saque de aquí! ¡O peor, a la policía!
Pero el rubio no planeaba ceder. Y hubiera continuado de no haber sido porque escucho el grito aterrado de una enfermera, apenas sofocado por su mano cubriendo parcialmente su boca, cuestionando que estaba haciendo con el paciente. A lo que, casi en un tono cínico, y hasta siniestro, Mello respondió:
— ¿No puedo acaso besar a mi novio?
Near abrió enormemente los ojos ante esas palabras, aunque su propio intento de responder se vio impedido por la propia mano de Mello en su rostro. Luego, removiéndola sutilmente, dejó un rápido pero para nada suave beso en los labios del de cabello platinado y le dio la espalda, dirigiéndose a la puerta. Antes de salir, sin embargo, volvió sus orbes azulados sobre su hombro hacia su compañero y dijo:
—Nos veremos mañana, mi amor …
Mello regresó al trabajo al día siguiente, obviamente, solo. Aunque Near había salido ya del hospital. No se encontraba en su apartamento, sin embargo, aunque el rubio de ojos azules jamás revelará su verdadero paradero si fuera cuestionado al respecto.De hecho, y cómo de alguna manera lo había esperado, la pregunta llegó, de parte de Light. El castaño, para variar, acompañado de su melosa pareja rubia se detuvo frente a él apenas atravesó el umbral de la oficina y, arqueando una ceja, inquirió:
— ¿Tienes idea de donde pueda estar N ahora? Según entiendo, salió del hospital esta mañana y estaba en condiciones de regresar…
— ¿Quién te dijo eso? —rebatió el de ojos azules, fingiendo demencia —No escuche que haya salido ya y, aun si así hubiera sido, es muy pronto para que regrese, ¿no crees?
Yagami no respondió. Sin embargo, lejos estaba de conformarse con esa respuesta. Hallaría el modo de descubrir que había sucedido con Near. Después de todo, sabía donde se encontraba su hogar, si es que realmente había salido del hospital.
— Dime… —dijo una voz casi de ultratumba y en un tono de evidente ironía — ¿A ti, de todas las personas, los humanos que conozco, te interesa un sujeto como ese?
—Sabes que no… —respondió Yagami, sin devolverle la mirada a la imponente, aunque lánguida criatura de pie tras él, con una manzana en las manos tal era su costumbre —Pero, ya sabes, tal vez eso me basta para descubrir algo más sobre él. Mejor dicho, su nombre… Necesito deshacerme de esos dos idiotas…
—Ahora si estás actuando como el Light Yagami que conocí…
Fue la respuesta de Ryuk antes de marcharse, al percatarse de que alguien había abierto la puerta de la oficina. Era Misa, aunque de todos modos el Shinigami decidió marcharse. Minutos después, y antes de que la rubia siquiera se acercara a intentar abrazarlo tal como acostumbraba, también Light se puso de pie, dispuesto a marcharse. Aunque, antes de salir, volvió brevemente su vista sobre su hombre hacia Amane y anunció, en un tono de advertencia:
—tengo algo que hacer ahora, Misa. Solo te advertiré una cosa; es personal, no tiene nada que ver con el caso, así que no intentes seguirme…
Por supuesto, las mejillas de la joven de cabello rubio se inflaron en un evidente gesto de frustración, aunque no protestó ante el pedido. Yagami solo chasqueó la lengua, sacudió la cabeza con idéntica frustración, y luego se marchó.
Mientras tanto, una vez que hubo acabado su trabajo, Mello también se marchó, con toda la intención de regresar a su apartamento, donde había dejado a Near. Mientras se dirigía hacia su vehículo, vio a Light retirarse en el suyo y, temiendo que fuera en busca de su ‘prisionero’, subió rápidamente a su vehículo, importandole verdaderamente poco la velocidad a la que iba y tomó un pequeño atajo para llegar más rápidamente a su destino. Una vez allí, ingresó lentamente, sin encender las luces, y dejó sus llaves sobre una mesita junto a la puerta. Quitándose los zapatos a la entrada, se dirigió a la escalera y, aún en penumbras, subió a su habitación, siempre con el mayor sigilo posible. Una vez dentro, se acercó a la cama en la que mantenía a Near únicamente con una venda cubriendo su boca y, retirando lentamente la misma, se acercó a su rostro dejando un beso en sus labios, creyéndole dormido producto de los sedantes que le aplicaran en el hospital. Grande fue su sorpresa cuando, una vez más, el de cabello platinado mordió su labio inferior para luego apartarlo bruscamente de él apoyando ambas palmas en su pecho, haciéndole caer prácticamente de espaldas.
— ¿Por qué me tratas así? ¿No me amas acaso?
—Estás enfermo… No podria, jamas podria amar a un demente como tu… Y creí que Kira era un monstruo por asesinar personas inocentes…
Jadeo al darse cuenta de que había pasado todo el tiempo que había estado allí sin beber un sorbo de líquido y, por ende, su garganta se siente reseca, además de que sentía una horrible jaqueca cuyo motivo no podría explicar. Antes de que pudiera decir o hacer nada, se encontró siendo nuevamente acorralado, como en el hospital, por el rubio apresando literalmente su rostro apoyando sus manos abiertas a cada lado del mismo. Nuevamente acercó sus labios a los de Near, pero esta vez se aseguraría de que el de cabello platinado no intentara oponer resistencia. Tomó un arma de su cinturón y la apoyó sobre el lado derecho del otro, por debajo de su camisa. El de ojos grises ahogó una exclamación de horror más que sorpresa al sentir el frío del metal sobre su piel. Momentos después, y mientras se acercaba una vez más, y casi de manera lasciva a su rostro, Mello murmuró:
—Entiende que si no eres mio no seras de nadie, cariño… No saldrás de aquí a menos que yo lo diga…
Y en ese momento el miedo se apoderó por completo de Near, aunque le fue imposible expresarlo en modo alguno, ya que el de ojos azules estaba por enésima vez sobre él, sosteniendo con su mano izquierda su rostro y con la otra el arma que mantenía presionada a su cuerpo, para finalmente besarlo, aún más profundamente, o más bien posesivamente que antes. Aunque la escena se vio interrumpida, en primer lugar, por el sonido de la puerta de entrada siendo derribada y, en segundo lugar, por una voz familiar llamándolos.
— ¿Yagami? —inquirió Mello, furioso, aunque sin apartarse por completo de Near — ¿Cómo supo el bastardo que estaríamos aquí?
—Creo que en ocasiones subestimas la inteligencia de la gente… —murmuró Near, mientras intentaba recuperar el aliento e intentando sonar lo más irónico, o sarcástico posible —Después de todo… siempre has sido un maldito bastardo que solo intentaba alcanzarme… Sin mencionar a L… Te sorprendería saber que, aun después de que te asignaran como su reemplazo, la agencia aún continuaba buscandome como consejero…
Un quejido de dolor que, sin lugar a dudas, el visitante inesperado oyó claramente, escapó de los labios de Near cuando Mello le dio una bofetada directamente en el rostro, e incluso presionó aún más su arma contra la piel de su ‘víctima’. Hasta que un tiro proveniente de otra arma lo hizo apartarse abruptamente de su prisionero, provocando que solo rozara su brazo derecho. Girando bruscamente hacia Light, con su propia arma en mano, Mello exclamó, casi histérico:
— ¡Vete de aquí! El es mío, nadie debe tenerlo más que yo. ¡VETE O TE MATARE!
—Quisiera verte intentarlo, M… —replicó el castaño, con una sonrisa de lado — ¿Sabes? L dijo exactamente lo mismo alguna vez….
Aquello último lo dijo en un tono lo suficientemente bajo para no ser escuchado, aunque estaba convencido de que no lo hubieran oído aun si hablaba más alto. Mello estaba demasiado sumido en su ira; Near aún lucía claramente aturdido. Acto seguido, tomó su arma y disparó nuevamente, aunque con la sola intención de herir a Mello para ganar tiempo y llevarse al platinado de allí. Aun a pesar del dolor, el rubio se puso nuevamente de pie y, mientras los otros dos se marchaban, exclamó:
— ¿Sabes que no te dejaré en paz, cariño, verdad? Como dije, nadie más podrá tenerte mientras yo esté alrededor…
Por supuesto, los otros dos lo ignoraron. Al salir del lugar, Yagami abrió enormemente los ojos al encontrar junto a su auto un deportivo que le era sumamente familiar. Y a su dueña para junto a la puerta del conductor, viéndole con un enorme puchero en sus labios. Una vez más, sin embargo, la ignoró olímpicamente, dirigiéndose a su propio auto. Minutos después, se marchó.
—Discúlpame por eso. Te llevaré a que te examinen; luego debemos ir a la estación…
Near no estaba seguro de que esa fuera buena idea. No obstante, sabía que probablemente no habría otra manera de impedir que Mello continuara persiguiendolo de esa manera. ¿Novios? ¿Suyo? Él no quería nada de eso. Su único interés era, y sería capturar a Kira. Aunque lejos estaba de suponer siquiera que tenía a su objetivo primordial sentado a su izquierda. Y Light buscaría el modo de aprovechar ese ‘conflicto’ entre los dos detectives asignados a su búsqueda para su ventaja. Especialmente, sabiendo que eran dos sujetos de excepcional inteligencia. Pero de momento, continuará actuando como si estuviera de su lado. Tanto en su investigación como en la situación actual, particularmente, de M.
—Aquí estamos. ¿Prefieres que te espere?
—No; estaré bien. Solo… Gracias por todo, Yagami. Sin embargo, ¿realmente crees que nos hayamos librado de ese sujeto?
Light se encogió de hombros. De momento, estaría retenido en la estación de policía, pero dudaba que sus acciones bastaran para que recibiera siquiera una condena mínima. Y solo había un testigo; la propia víctima.
—No te preocupes; se resolverá. De una manera u otra, esto acabará. De momento, ve a que te examinen; y si necesitas que pase por ti, solo avisame…
El de cabello platinado asintió en agradecimiento y bajó del vehículo, dirigiéndose a paso lento hacia el centro médico. Light lo observó hasta que ingresó al establecimiento; luego encendió el auto y se marchó de allí.
