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déjame ser para ti por última vez (a menos que quieras más)

Summary:

Morir es un deseo bastante cuestionable pero muy querido por dos personas.

Cellbit y Roier.

Aunque el último aprendió a crear excusas e impedimentos para aplazarlo, tal vez pueda ayudar al ojiazul.

De lo contrario, por lo menos deseaba que fuera con él y no solo.

Notes:

—te guardo de silvana estrada.
—save yourself de one ok rock.
—los malaventurados no lloran de pxndx.

TW: tendencias y pensamientos suicidas, ligeras autolesiones.

un escrito de ficción que toma elementos canónicos pero mezcla headcanons y análisis propios de los personajes.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 

La tranquilidad era agobiante para su mente por más irónico que suene; esa ausencia de gritos, del metal chocando contra armaduras y el olor a sangre, no era algo fácil de acostumbrarse cuando estuvo días en el mismísimo infierno. Incluso el sonido de la brisa arrastrar algunas hojas secas del suelo hacía que su piel se erizara, sea por el frio o por sus sentidos estando alerta en vano. Aunque, no negaría que ese alivio le quitó la tensión de sus hombros y en su mente se coló la pequeña idea —probablemente absurda— de que no siempre será así de desastroso desde que pueda mantenerse vivo.

A decir verdad, es una pequeña ilusión que lo mantenía vivo desde que lo traicionaron por primera vez en esa isla hasta la muerte de Bobby, o eso se repetía a sí mismo. De lo contrario ya hubiera… muerto.

Roier abrazaba su hacha pensativo, ese día se había anunciado que desembocaría un barco en el puente de la casa de Foolish, llevaban varios días desde que la federación decidió tomar acción con el tema de los miembros desaparecidos y poco a poco se fue revelando la conexión con la isla donde se ejecuta el purgatorio. En ese mismo tiempo Cucurucho terminó dando fin a su ‘castigo’, no estaba seguro de cómo el oso tomó esa decisión pero sospechaba que se debía por las alertas de ataques, era de más interés que su querida máquina cambia-mentes.

Cuando estaban revirtiendo el experimento escuchó, en un estado mental que rozaba el idilio, que Doied tenía una nueva tarea.

“Te necesito en otra área.”

“Pero Roier aún no sufre lo suficiente.”

“No es prioridad ahora mismo, en la tarde te trasladarán a otra oficina.”

“Pero que sea cerca de un puesto de empanadas porque si sigo saliendo tan tarde por lo menos quiero cenar bien, aunque…”

Y eso fue lo único que pudo recordar antes de ser noqueado y transportado a la fuerza de igual forma a como fue secuestrado; arrastraron su cuerpo por el suelo de varios lugares hasta llegar cerca de su castillo, donde lo tiraron en plena vía. Sus piernas y parte de su abdomen se llenó de cortadas, raspones y moretones, también ganas vomitar.

Yacía un mes desde que fue liberado, tiempo donde ha tratado de recomponerse y no tirarse del balcón de su castillo cada vez que recuerda la sensación de ratas caminando por su cerebro, pequeñas garras que enterraban sus uñas y le generaban las peores jaquecas que pudo conocer. Tampoco es como si quisiera seguir como si nada hubiera pasado o superarlo, intentó saltar una vez, su pasatiempo los primeros días era balancearse por el borde y esperar si el viento era lo suficientemente fuerte para empujarlo por accidente.

Sin embargo, antes deseaba ver su cuerpo con las heridas sanas, no quería que encontraran su cuerpo en peores condiciones de las esperadas.

Qué dirán mis fans si no me ven en mis mejores pintas, uh.’  Se recordaba. Sus traumas, sus chistes.

Fue así por las siguientes tres semanas, donde siempre había un impedimento para no tirarse, agregando que Pepito llegó una tarde y decidió no dejarlo en paz ni un minuto de ahí en adelante, se tomaba su precioso tiempo para contarle todo lo que ha hecho en su ausencia, si lo callaba solo hacía que se pegara a su lado acosándolo con sus ojos verdes. Como ahora, por ejemplo.

Aquel día fue de los más matutinos que pudo tener Roier con Pepito, la dichosa compañía que no pidió y después de regresar se lo volvieron a tirar como si no tuviera suficiente con su vida; era un niño más pequeño que los demás, algo torpe y no entendía cómo, sin que ninguno de sus padres adoptivos lo hubiera parido, tenía un rasgo de los cinco. Cada vez esa isla lo perturbaba más, siempre había algo y nunca era algo objetivamente normal.

Pero bueno, a él lo hicieron una rata, no tiene mucho derecho de sorprenderse.

Volviendo al tiempo actual, fue una tarde consiguiendo cosas para reclamar las galletas con cara de su torturador, le dijo al pequeño que se fueran a descansar en un lugar alto para ver el amanecer antes de llevarlo dormir, por suerte Richas le contó por muy encima sobre compartir cuarto con su hermano, se llegó a sentir aliviado de poder estar sólo esta noche. Su intuición le advertía que tendría otro episodio de insomnio y no deseaba arrastra a la pobre criatura en su tortura nocturna.

Puede que esa sea otra razón que no quería admitir así mismo; no deseaba traumar a ese niño, ya había hecho suficiente y por lo menos esperaba que otro de sus padres se apareciera antes de atentar contra sí mismo, hasta entonces lo cuida con el paso de los días. Aunque le daba crédito al niño, se había hecho querer demasiado por los demás, esa cría había durado más de lo que pensaba y lo respetaba por eso.

Sus ojos se enfocaron en el atardecer que ya acababa, el sol siendo cubierto por las espesas nubes y el cielo siendo consumiéndose por la plena oscuridad. La pequeña figura se acercó más a él por el frío, no se inmutó pero tampoco quiso alejarlo, lo había visto con sus párpados pesados y sospechaba que lo usaba para poder acomodarse y dormir.

Roier frunció los labios cuando una imagen atravesó por su mente en el momento que la luna apareció delante de sus ojos.

Cellbit.

“Supuse que sólo estabas harto de todo pero espero que te hayas arrepentido de haberme dejado solo, culero.” Murmuró acariciando sus propios nudillos hasta sentir algo frío, tiró de su anillo de matrimonio y optó por guardarlo en el bolsillo de su chaqueta “Más cuando sepas que eras todo lo que quise en esta isla.”

Algo se removió a su lado mientras escuchaba una nariz mocosa, frunció el ceño y miró la cabeza de Pepito quien se quedó inmóvil. El niño esperaba que así su padre ignoraría el hecho que lo había escuchado hablar solo. Especialmente de su otro padre que aún no conocía.

“¿A ti qué? ¿Por qué lloras?” Dijo el de cabellos oscuros pinchando la mejilla del menor quien cerró los ojos quejándose.

“P-Porque aún extrañas a apa Cellbit.” Se quejó Pepito mirando al frente, frunciendo su nariz en una expresión divertida  a los ojos de Roier, cosa que lo hizo sonreí ligeramente “Y aún no soy un Pepito suficiente para que puedas des-desho….”

“…desahogarte, se dice desahogarte, mijo.” Continuó el mayor desviando la vista hacia las estrellas que empezaban a destellar suavemente en el cielo oscuro “No lo necesito, tú, por otro lado, parece que sí”

“No puedo, soy un Pepito grande ya.” Pepito se quejó bajito, haciendo un puchero con sus labios mientras respiraba hondo, su padre negó con la cabeza “Pero apa, tú no lloras…”

Roier lo miró de reojo, su brazo se acercó aquellos cabellos desorganizados para palmearlo, tres veces exactas “Eso es porque tu padre es incapaz de sentir más emociones humanas, tú aún eres un niño, llora si quieres.”

El pequeño se aferró al borde de su camisa a rayas rojas antes de liberar los sollozos que llevaba reteniendo desde hace unos minutos, las lágrimas caían pesadas contra su prenda mojando el cuello de la misma y su cuerpo inocentemente se apegaba más al de su padre, el cual se tensó sin saber cómo controlar la situación.

Nunca tuvo que lidiar con Bobby o Richas llorando. Bueno, nunca alcanzó a verlos así por lo menos.

“Mejor pensemos en otra cosa así te calmas.” Comentó Roier estirando sus piernas para que todo su cuerpo descansara en la hierba algo húmeda por las recientes temporadas de lluvias.

Era un ambiente melancólico el que había creado y se sentía responsable por el niño “Por ejemplo, si fuera el fin del mundo ¿Qué te gustaría saber?”

Pepito se limpió el rostro con sus mangas, tomando la máscara de gas entre sus brazos y abrazándola como si fuera un peluche “¿Te caigo bien?”

“No me caes mal exactamente, creo que eso ya es algo.” Bromeó el castaño con una sonrisa burlona que se borró en segundos cuando los ojos del niño se hicieron mas grandes —si era posible— y soltaba otra ronda de lágrimas “Eh, era broma, Pepiux, no llores más. Anda.”

El mayor se irguió y le arrebató la máscara, aquel niño siguió sus movimientos con una mirada triste, negando con la cabeza a punto de disculparse. Tal vez su papá le quitaría su máscara por no saber calmarse pero, contrario a ello, Roier la ubicó en su cabeza para atarla a un lado y peinar su cabello. Se levantó y el niño lo  imitó, su padre lo cargó hasta sostenerlo con un solo brazo y con su mano limpiaba los rastros de tierra de su ropa. Ningún hijo suyo iba estar sucio.

Y, a su vez, eso calmó a Pepito, arrullándolo contra su hombro para poder llevarlo con Richas ¿Cómo es que le viene a tocar el niño más pequeño de todos?

“Es tarde y seguro tienes hambre.” Murmuró Roier dirigiéndose a la cabaña, Pepito asintió llevando su pequeña mano a su boca y empezar a succionar su dedo pulgar, algunos espasmos por haber llorado tanto persistían pero estaba tranquilo, el castaño agradeció internamente “Te haré una colada con leche en polvo y luego a mimir, ha sido un día duro para ti.”

El pequeño apoyó su cabeza en el hombro de su papá, su mano libre se aferró la chaqueta de su padre.

 

(…)

 

La llegada del barco fue en la madrugada, Roier había escuchado un gran estruendo cerca de la casa de Foolish y su cuerpo no le permitió descansar hasta llegar al lugar, revisar que Leonarda y su padre estuvieran seguros. También era una exageración suya el estar ‘descansando’, en realidad había caminando por lugares familiares después de darse una ducha y cambiarse por un hoodie negro —ya que la isla también estaba en una temporada muy fría y su chaqueta era más por estilo—. Aprendió que los ataques pasaban a media noche y no podía evitar sentirse alerta, probablemente una secuela de todo lo que pasó a la par con su insomnio.

No quiso acercarse, prefería encontrar un lugar poco visible en la panorámica de los trabajadores pero perfecto para él y su intención de ver quiénes habían llegado sin arriesgarse a sentirse intimidado. No había ningún isleño aparte de él, era claro que todos estarían durmiendo, en cambio varios integrantes de la federación rodearon el lugar con aras de recibir a su jefe, quien fue el primero en bajar, seguido de Baghera y…

Oh.

Era Cellbit.

¿Cellbit?’ Había algo pesado en su pecho.

, con una camisa blanca sin mangas algo gastada, sorpresivamente limpia, con su hoodie rojo amarrado a su cadera, su piel portaba más cicatrices de las que recordaba y de lo que alcanzaba a ver a la distancia, en su muslo había un estuche. Tristemente no alcanzaba a ver su rostro, sólo que su cabello era más largo y lo tenía atado con una media coleta, aquel mechón blanco persistía rebelde en su frente.

“Espera a que el maestro se entere, tiene mejores reglas que tú. Él sí es divertido.”

“Ja ja ja.”

“Déjalo, Bags, la lealtad no se compra con un ‘rescate’ que nadie pidió.”

Roier apretó sus puños enterrando sus uñas en sus palmas, su pulso empezaba acelerarse gradualmente hasta hacerlo sentir inquieto y su cabeza se sentía pesada, incluso apostaría que sus ojos empezaban a desenfocarse ¿Se iba a desmayar?

No, no puedo, podrían llevárselos a cualquier lugar.’

Desorientado pero consciente de sus acciones, alcanzó a palmear su espalda donde cargaba su espada y rozó su dedo para darse una ligera cortada, el dolor trayéndolo un poco más a tierra de forma forzada. Inhaló y exhaló sin perder de vista a quienes ahora discutían con Cucurucho, confundido por ver lo sometidos que parecían inclinó su rostro un poco para ver la razón y, claro, estaban esposados.

“Serán interrogados mañana. Disfruta la isla.”

“Jódete Cucurucho ¿Cómo nos encontraste? ¿Por qué ahora?”

“Ja ja ja.”

“No necesitábamos volver a tu maldita isla, hijo de puta. Nuestro fin y destino era en la isla del purgatorio.”

Roier se dejó caer en su rodilla por el cansancio y con esa acción terminó pisando una rama, el sonido era ligero y con las bestias que recorrían por la isla se dejaría pasar pero para Cellbit no, estando cara a cara con Cucurucho se hizo detrás de Baghera sin querer levantar sospecha para buscar de dónde pudo haber salido aquel sonido.

El ojiazul miró hacia arriba por casualidad y capturó una melena oscura entre la colina cerca del spawn de Foolish, unos cabellos ondulados que reconocía hasta con sus manos por las noches en las que jugaba con ellos mientras esperaba que Roier se durmiera.

Guapito.  Guapito.

Oh, Roier.’

El mayor seguía escuchando que Baghera provocaba a Cucurucho, sin embargo, su mente estaba demasiado concentrada en comprobar que era su esposo, quien ahora deseaba desesperadamente ver bien, incluso su cuerpo reaccionó nervioso ante la idea, estaba ahí por su llegada. Por él ¿no?

“¿Cellbit?“ Llamó Baghera dando un codazo a su costilla, él giró su cuerpo y trató con todo su ser que en su rostro se reflejara la necesidad de que los dejen solos. La chica enarcó una ceja antes de mirar donde su compañero se enfocaba con tanto empeño, llevándose una idea de lo que podía hacer. Asintió.

El castaño bufó antes de regalarle una sonrisa ladina a Cucurucho “No me apetece estar aquí más tiempo y creo que es mejor dejarnos en paz, tenemos hambre y no es conveniente estar cerca.”

Los trabajadores que estaban cerca dieron un paso atrás hasta esconderse detrás de la figura de su jefe, algunos empezaron a silbar lejos hasta desaparecer por las escaleras. Ambos asesinos estaban logrando que despejaran el lugar pero no era suficiente aún, necesitaban a Cucurucho lejos.

“Ajá, no había mucha carne de animal allá y tuvimos que tomar otras medidas.” Continuó la chica híbrida con el relato, relamiendo sus labios cuando inclinó su cabeza para fijarse en un trabajador que miraba al suelo “Si saben a lo que me refiero, los híbridos de osos creo que sería innovador para mi paladar.”

El híbrido de oso con voz robótica tomó la pistola de su cintura y dio un tiro al suelo, el ojiazul y la semi rubia no se inmutaron, contrario a eso le regalaron una mirada aburrida, ambos levantaron los brazos para señalar las esposas.

“Sólo quítanos la esposas, en serio, no das miedo como antes.” El tono burlesco de Cellbit hizo sonreír a su compañera.

Después de minutos donde al parecer un trabajador había confundido las llaves de las esposas —que terminaba siendo una excusa, en realidad temía acercarse a los caníbales—, todos se retiraron y Cellbit se adelantó a subir las escaleras para llegar al lugar donde vio la sombra de Roier, la desilusión se instaló en él cuando vio huellas en el césped húmedo, camino al bosque. Baghera llegó a su lado cuestionando si todo seguiría igual o habrían quemado su castillo, sin contestar, consideraba que dejarla sola sería poco oportuno pero la incertidumbre en su corazón le pedía que fuera a buscar a Roier, las huellas eran recientes y era fácil perseguirlo

¿Por qué no te acercaste?’

Decidido a tener respuestas, detuvo a la chica por el antebrazo evitando que siguiera avanzando “Bags, creo que estaré recorriendo el lugar por un tiempo.” Comentó palmeando su muslo en busca de su machete “También si puedo encontrar a… ya sabes quién ¿Necesitas mi arma?”

“Puedo apostar que se deben una buena charla, y no, tengo la mía.” Respondió levantando su camisa para mostrar el machete rojo escondido en su cintura, incluso en su cinturón habían unas cuantas bombas que la camiseta ancha lograba tapar, Baghera palmeó su hombro con una sonrisa culpable “Tranquilo, puedo cuidarme bien, sólo… sé honesto con él, contigo, lo que vivimos en el purgatorio nos hizo aceptar nuestra realidad.”

“Lo sé.” Aseguró el castaño aferrando su mano al nudo del hoodie gastado que aún portaba “Aún hubiera querido que todo haya acabado con esa explosión.”

 

(…)

 

Seguir el rastro de Roier fue sorpresivamente fácil, o eso aparentaba, bien podía ser el desespero de encontrarlo. Un instinto que desarrolló por él cuando estaban separados por mucho tiempo; era importante saber cómo estaba, asegurarse que estuviera bien como había planeado, es una prioridad que ni la muerte podrá arrebatarle. Las huellas lo llevaron a una colina alejada de las zonas construidas de la isla, el sector parecía abandonado y por precaución empuñó su arma antes de avanzar, ahí en la cima veía una silueta con prendas negras dificultaban su visión, casi como un camuflaje en la oscuridad del lugar. La luz de la luna sólo servía cuando se acercaba poco a poco, con pasos pesados, aquella silueta.

Se arrepentía un poco no haber tomado algo de tiempo para preparar un diálogo u organizar sus puntos a tratar con Roier, internamente bufaba con burla porque sabe bien que siendo presa de los nervios no lograría decir algo coherente ni propio de la razón. Habría un vómito verbal, uno con una pizca de anhelo donde no acabara en el divorcio de ambos porque sabía que todo estaba mal, el simple hecho que Roier desapareció en vez de acercarse a su reencuentro es un mensaje sutil, dudaba, pero eso no se comparaba a las ganas de verlo, iba a comprobar que pudo tomar una decisión correcta por fin y verlo normal, feliz.

Tienes que estarlo’ Se repetía acortando los pasos. Si era una afirmación por culpa, ni él pudo decidir.

Roier se impulsó en su mano derecha para levantarse de un salto y sacudir su ropa, fue rápido en girarse para encarar a Cellbit, la expresión en su rostro era extraña pero tan, tan destruída.

Las ojeras fueron lo que menos le alarmó, que si bien eran peores de las que vio cuando desaparecieron los huevos, éstas iban acompañadas con una mirada dirigida hacia él totalmente vacía, sus labios tenían distintas cicatrices, el mayor supuso que por mordidas. Habían otros detalles en su apariencia que aumentaban la inseguridad en el pecho de Cellbit, el hoodie que usaba estaba remangado y veía algunas cicatrices profundas en proceso de cicatrizarse, sus muñecas eran adornadas por unas marcas de ¿Cuerdas? ¿Esposas?

“Qué te hicieron, Guapito…” Fue lo primero que se atrevió a decir, deteniéndose al ver que el de ojos marrones retrocedía unos pasos.

Su corazón se encogió.

“¿A quién le das tu lealtad, Cellbit?” Cuestionó el joven señalando el machete que Cellbit empuñaba como si estuviera orgulloso, el color rojo resaltando con un sutil símbolo en la cuchilla, incluso el llavero que colgaba hacía que una sonrisa ladina se posara en los labios de Roier “¿A un puto ojo? pensé que tenías estándares mejores, deja que le comente a Richas y ambos nos burlaremos de ti.”

“¿Eso harás? ¿Burlarte de esto?” Contestó el ojiazul, guardando el arma en el estuche que colgaba de su muslo, empezaba a picar en su mano después de las burlonas palabras “Ese ‘ojo’ me tuvo vivo a la fuerza y reconozco cuando debo luchar para sobrevivir, sabes muy bien que mi instinto no tiene moral ¿Me vas a juzgar por lo que dije a Cucurucho?”

Roier frunció el ceño mientras acortaba la distancia, sus ojos marrones escanearon los rasgos del contrario y logró sentir su pecho achicarse con aquellos ojos cansados y labios partidos, era casi como ver su propio reflejo, soltó una risa forzada y con su dedo índice empezó a dar constantes golpes en el pecho del castaño por cada palabra, como si deseara que fueran cuchillas para enterrarlas en su corazón  “¿Me lo dices a , que te tuve que atacar a ti y a mis amigos? no vengo con un discursito moral, tú también deberías saber muy bien que la moral me parece patética y más cuando tiene que ver con nosotros.”

Cellbit negó con la cabeza resignado a seguir con la conversación, no esperaba una bienvenida con globos de colores y un pastel pero esperaba tener, por lo menos, un cruce de palabras con Roier y dar unas disculpas que se sentían pesadas en su lengua ¿De qué? No sabía aún pero todo sea para después abrazarlo, besarlo y acurrucarse, poder descansar con un corazón latiendo tranquilamente bajo su oreja. No iba a ser así, reconocía la tensión entre ambos, una distancia absurda que podían eliminarla con una buena charla pero no creía poder estar listo para decir las cosas que su esposo necesitaba oír.

Estoy bien’ ’ Volví para recuperar lo que perdí’

‘Te estoy mintiendo’ ‘ Lo siento, ahora mismo es más fácil morir’

“Sobreviví por el maestro y junto a Bags, todo pasó tan rápido que sólo me percaté cuánto tiempo llevaba vivo hasta el día en que ambos atacamos a los otros participantes del purgatorio, fue como un episodio de...” Quiso explicar de forma resumida, sin profundizar en sus pensamientos durante ese tiempo, sus manos se movían para sentir control de algo y evitar los ojos fijos en él “…algo que hace mucho retenía.”

Aún no creía que estuviera en esa situación, partiendo de la idea que nunca creyó volver a ver aquel chico del cual se enamoró tan absurdamente que lo hizo creer, fielmente, en que tendría una vida distinta. Ahora ambos se miraban a la defensiva, queriendo gritarse e insultarse pero no queriendo perder el orgullo al ser el primero en desbordarse. Débiles por el otro, temerosos de arruinar todo lo que vivieron los meses pasados por culpa de eventos que sólo barrieron de vuelta sus tragedias, se aferraron a ese amor y los mantuvo a flote sólo para dejarlos caer contra el suelo.

“Ese instinto de venganza y lastimar, matar, es lo que me hizo seguir, aquí no sé qué lo hará.” Murmuró Cellbit relamiendo sus labios.

Roier cruzó sus brazos sobre su pecho, mirando a un lado y caminar al rededor del ojiazul “¿Y qué pasa ahora que Richas y los demás están vivos? ¿Mhm?” Acusó llevando una de sus manos a sus propios labios, dando ligeros golpes al inferior de forma pensativa, si el mayor no lo conociera tanto no creería que estaba haciendo todo con tonos sarcásticos “En serio esperaba que eso te diera ganas de volver y te seré honesto; poco me interesan tus acciones porque sé qué piensas detrás de ellas, pero cuando dejas que otra… cosa, te maneje, pierdo a la persona que amo y es frustrante.”

“Me sentía como una cáscara, yo vi a Richas morir ante mis ojos, vi en la isla sus últimos mensajes.” Argumentó Cellbit al sentirse señalado, solo recibió una ceja enarcada, esperando más respuestas “También pensé en ti, rogué cada noche para que estuvieras bien sin mí en ese barco. Mis últimos deseos se cumplieron y sólo me quedaba poder desaparecer sin arrastrar a nadie en mi sufrimiento.”

“¡Pero yo no sabía y te esperé! me cansé de hacerlo y decidí buscarte, perdí hasta mi humanidad porque me cambiaron por una puta rata. Oh sorpresa, la federación me jodió cuando buscaba una mínima señal de vida tuya.” Sus gestos, su rostro, todo de él demostraba frustración y traición “Maldita sea, Cellbit, te entiendo, entiendo las ganas de morir, entiendo lo que es prepararte para eso y que te lo estropeen, pero ahora estás aquí ¿¡Y quieres volver a eso!?”

Roier respiraba agitado frotando su rostro en busca de enfriar su cabeza, Cellbit calló evitando cualquier palabra que su miserable mente fuera a decir antes de que se acaloré la discusión de la peor forma posible. Tomó la mano de Roier que aún reposaba en su pecho y, dando un último apretón donde sintió el metal del anillo a juego, se separó con intenciones de retirarse, empujando su hombro con el contrario sin cuidado.

Sin embargo, Roier puso los ojos en blanco perdiendo la poca paciencia que tenía y lo tomó del brazo para tirar de su cuerpo haciendo que choque contra el suyo. Fue natural el cómo ambos se fundieron en un abrazo que se debían, los dedos del joven rozaron la parte trasera de su cuello hasta los cabellos largos que sobresalían de la coleta y ahí encontraron lugar para aferrarse, Cellbit tembló más de lo que esperaba, siempre débil al tacto de quien podía ser su alma gemela, la rapidez en que su rostro buscó refugio en la curva de su cuello fue vergonzosa pero eso no lo detuvo de envolver la cintura de su esposo con ambos brazos. Atendiendo por fin esa necesidad física de fusionarse con Roier, sentir su calidez y aroma, agobiarse con tantas emociones y sentimientos como amor, alivio, nervios y miedo que resurgen en ambos.

Tristemente eso no evitaba que su dilema mental volviera como los fantasmas de su pasado; ¿qué tiene de bueno haber sobrevivido si al final regresar es estar en la misma situación que antes e incluso peor? Todos estaban vivos pero lidiando con el peso de sus acciones y viendo la amarga realidad de persistir ahí, con temor a que se repita como un círculo vicioso tal cual fue y es su vida. Nunca vio a Roier en ese estado ni cuando lo conoció, esa preciosa sonrisa tan genuina y burlona que siempre tenía despareció y él mismo estaba con más ganas de morir que esa vez donde vio al barco partir, esperando ser incinerado por la bomba nuclear.

“Cellbit.” Susurró Roier cerca de su oreja, llamando su atención del mar de pensamientos por el que está pasando el ojiazul, una corriente de nervios lo hizo aferrarse a su hoodie.

Cellbit volvió a negar con la cabeza “No quiero… ya no puedo, no soy como antes con la conciencia limpia, no soy aquel que todos amaban e incluían.”

“No creo que interese mucho cuando todos ya tienen un muerto en el armario.” Contestó inmediatamente Roier, acariciando su cabello para distraerlo inconscientemente “¿Aún quieres matar a los trabajadores? Puedo ayudarte, ahora soy la eminencia del pvp.”

“No, no, en parte sí pero…” Cellbit se separó de golpe, apoyando sus manos en sus hombros con el ceño fruncido. Otra vez esas bromas que camuflaban algo más, incluso así, sus adentros se retorcían con egoísmo por haber extrañado eso, algo que solo él podía leer “¿Acaso eres consciente de lo que dices? Mereces algo mejor que yo, vales más que cadáveres para ocultar y una mala fama por estar con un psicópata.”

“Creo que la mala fama ya está.” Argumentó el de ojos marrones encogiéndose de hombros, inclinando su rostro a un lado sin dejar de mirarlo directo a los ojos, su voz tan sincera caló el corazón del ojiazul.

Los brazos de cellbit cayeron a sus lados incrédulo, las respuestas son tan tranquilas, con algunos tintes de promesas, en algo que él esperaba más gritos de rencor y odio. Merecía la crueldad ajena, todo esto sólo le daba vagos recuerdos de sus votos matrimoniales, una promesa que siente fallida. Roier acercó su mano a la contraria, indeciso de si el castaño quería contacto físico, y entrelazó sus dedos suavemente para chocar ambos anillos de matrimonio.

Con esa acción cayó en cuenta que se sentía triste, fue raro darle un nombre a ese sentimiento después de tanto tiempo y no era el momento oportuno cuando quería convencer al mayor de que se quedara con él, a su lado, no veía otra alternativa para ambos. Esa traición de que Cellbit se quiera ir, que lo haga con él, esa inseguridad de que ya no lo quiere en el momento que más lo necesitaba, por lo menos que se lo diga directamente.

Todo este tiempo que estuvo buscando esperanzas para seguir, podía compartirlas con él, y si no funciona…

Pues nos vamos juntos’ Se contestó a sí mismo el joven.

“Cellbit, te busqué por tanto tiempo que es injusto perderte sólo porque tú quieres tomar la decisión por mí, de nuevo.” Su cuerpo estaba tan quieto y tenso, sólo esperaba que Cellbit dejara de alejarlo físicamente como lo hizo emocionalmente “Vuelve alejarme así y te juro que me voy a separar de ti para siempre.”

Podría ser una amenaza vacía. Cellbit había pasado por tanto, como torturas y batallas, que las palabras suelen ser menos emocionantes cuando hay acción en juego, pero aquí Roier sólo lo miraba esperando algo más claro que su inseguridad, hace unos minutos lo había abrazado como si su vida se tratara de eso y ahora sólo conseguía un ligero rose de manos, no, de dedos. Le debía una respuesta aún cuando no desea arrástralo a una muerte insulsa como él deseaba.

“Si eso te hace feliz, entonces adelante.” Sentenció el semi arácnido rozando su pulgar por el dorso de su mano.

“¿Uh?” Sus sentidos se pusieron alerta con aquellas palabras, tomó la mano completa del contrario con la intención de jalarlo hacia sí mismo y evitar que se alejara.

“Irte.” Continuó Roier ante los ojos curiosos y el cuerpo tenso del castaño.

“Para eso primero tendría que siquiera querer vivir.” Confesó Cellbit sin percatarse de lo vulnerable que quedaba al decirlo en voz alta, delante de quien amaba.

El castaño nunca pensó que su vida fuese triste, tal vez injusta; no le desearía lo que vivió a nadie, sólo unas cuantas partes pero no el relato completo, la simpatía y preocupación son privilegios que consiguió en la isla Quesadilla cuando presentó otra faceta de él, una cara más normal que todos acepten esperando a tener una vida medianamente normal.

No todo de él fue falso pero tampoco fue tan genuino como lo pintaba; sí le gustaba matar, no le temblaría la mano acabar con un huevo si eso indica salvar a quienes tiene como prioridad, pero sobre todo, sabe que no merece un amor honesto porque si él no los aleja para evitar arrastrarlos con sus pecados, ellos terminan huyendo por el asco que le desarrollan.

Entonces no tiene sentido ¿Por qué con Roier quisiera llorar para tener consuelo? ¿Por qué lo hace pensar que merece este amor y familia para redimir todo su sufrimiento? Esos ojos marrones brillaban tanto de tristeza como de dolor, él nunca creyó ver unos ojos tan bonitos y tan melancólicos.

“T-Tampoco es que quiera vivir solo, sin ti y richas, la favela y bolas.” Aclaró siguiendo con su hilo de conversación que se había tornado bastante depresivo para su gusto pero era difícil tapar el sol con un dedo. Roier sólo asintió sin intención de interrumpirlo, suavemente jaló su mano animándolo a seguir mientras los dirigía lejos de esa colina “Guapito… yo esperaba morir en la isla.”

No obtuvo respuesta. No es como si fuese algo fácil de escuchar, Cellbit sólo miró de reojo cómo el joven fruncía sus labios sin soltar su mano, aún cruzando algunos arbustos y cortando con su espada las ramas que se interponían en su camino, evitando que le golpearan en la cara.

Es cómica la forma en que ambos tomaban las cosas y hacían lo que les nacía para lidiar con estos escenarios de la mejor forma posible, la última vez causó la pausa de su matrimonio pero todo salió bien al final. Tenían mucha fe en su amor, era hasta una prueba de rebeldía contra la federación y todo lo que pasa en esa isla, insistían y luchaban por estar juntos.

Por eso Roier no se quería rendir a que le arrebaten lo poco que le hacía sentir algo más allá del dolor.

“Te miro así y no puedo creer que sigues siendo tan maravilloso para mí, Guapito.” Dijo Cellbit mirando la espalda del contrario, la falta de horas de sueño estaban cobrando cuenta y no contaba con cafeína cerca para su desgracia “Ven aquí.”

Lo detuvo tirando de su brazo en dirección contraria para encontrar un árbol con una copa lo suficientemente grande y evitar que se mojaran si llegaba a llover, sin soltar su mano se sentó en el suelo esperando a que imitara su acción y cuando lo hizo, lo tomó de los hombros para abrazarlo nuevamente.

Una pequeña recarga, una pequeña pausa para que su corazón dejara de molestarlo por haberlo soltado antes a su pequeño rayo de luna. Sonrió cuando Roier buscó espacio entre sus piernas para acomodarse mejor y devolverle el abrazo, esta vez siendo él quien apoye su frente en la curva de su cuello.

“Si no fuera por el amor que siento por ti, podría hacerme el pendejo y odiarte, pero te entiendo como si fueras yo.” La voz ahogada no impedía que pudiera entender lo que dice “Estaré sonando como un culero, egoísta, insensible, antipático…”

El castaño asintió “Queda claro.”

“No hemos hablado hace un mes, déjame tener mi momento, pendejo.” Reclamó Roier saliendo de su escondite por unos minutos para mirarlo directamente a los ojos “Puedo entender que no hayas querido volver, incluso que era tu elección morir que volver pero yo merecía algo más claro que un adiós.”

“¿Qué querías que te dijera? ¿’Me quiero morir, vienes o qué’? No es Romeo y Julieta, no voy a condenar nuestro amor por mi miseria, tenías más oportunidades de seguir, eso es lo que más importa.” Aquella mano llena de cicatrices rozó la mejilla del joven repasando sus rasgos con lentitud “Eres más fuerte que yo, física y emocionalmente, eres alguien que merece la pena vivir, yo no.”

Roier sujetó su rostro con una mano enterrando sus dedos en sus mejillas con firmeza, reduciendo su fuerza para no lastimarlo directamente. Cellbit apreció esa chispa de enojo aparecer en sus pupilas, casi encantado.

“¿Quieres un resumen de mi vida estos meses? Llegué y me traicionaron con un hachazo en el pecho, vi cómo mataron a mi hijo, después secuestraron a la única persona que conectó conmigo en mi miseria, secuestran a mi hermana y mi hijastro, te veo decaer en tus traumas y no pude hacer nada más que acompañarte porque me sentía patético estando peor. Nos tiran al purgatorio, maté personas con las que compartí mis mejores momentos, perdí a dos de mis mejores amigos, uno por sacrifico y otro por suicida.”

Cada palabra iba sonando más alta y cruda que la otra, el sentimiento de ira y burla cruzaban por todas las facciones del joven. El ojiazul con sus labios sellados escuchaba un dolor ajeno que acompañaba al suyo y culpa, pero no como un peso por no hacer nada, sino por estar ausente en la peor parte del relato. Roier lo buscó, lo quería vivo para él.

“Cellbit, he perdido a cada maldita persona que le solté un te quiero o he dado mis días enteros con ellos.” Continuó relamiendo sus labios “Me arriesgué a insistir en quedarme con sólo una persona para mí, una. Te lo prometí y esa promesa es lo único que me queda en esta isla.”

“¿Y qué querías que hiciera?” Fue su respuesta.

“Vive por ti pero conmigo, no me dejes en la maldita sombra de nuevo.” Con la mano que sostenía su rostro lo sacudió, deseaba desquitarse.

Te vuelves una condena muy dulce de cumplir, Guapito Pensó Cellbit para sus adentros. Una sentencia que no le daría a saber a menos que en sus acciones, como su mirada enamoradiza, lo delatara.

“Odié que no me dijeras la verdad sobre esa decisión, odié quedarme solo, odié sufrir y verte de nuevo para saber que querrías repetir esa decisión de nuevo.” Concluyó soltando su rostro e inclinándose hacia atrás usando sus brazos de apoyo.

“¿Qué esperabas de alguien mentalmente inestable, Roier?” Contestó el castaño sarcásticamente e imitando su acción, dejando caer su espalda contra el tronco del árbol.

“Que no fuera igual que yo y con peores tendencias.” Roier estiró sus brazos hacia el cielo con pereza, algo cansado de la conversación pero con ganas latentes de seguir, saber qué se había perdido de su esposo. Lo había extrañado demasiado.

Cellbit pensó antes de preguntar, temiendo por la respuesta “¿Y aún así me quieres contigo?”

“Hasta la muerte.” Sentenció el de ojos marrones con una sonrisa cansada, él se dejó caer hacia adelante en el pecho del mayor cuando éste extendió sus brazos esperando recuperar su cercanía.

“Creo que puedo intentarlo si después de todo sigues ahí para regañarme cada que no quiera.” Bromeó Cellbit, resignado, dejando su mentón encima de la cabeza del joven “Pero voy a necesitar más incentivos.”

Roier rió mientras se acomodaba para estar cara a cara y depositar un beso en la mejilla del ojiazul, el contrario soltó una pequeña risa siguiéndolo. Rozó su nariz con su mejilla hasta sus labios, lentamente frotando con los propios hasta por fin juntarlos con ternura en pequeños besos cortos que se alargaron cuando el joven acunó su rostro, decidido a alargar el beso.

“Te amo, Guapito.” Confesó Cellbit como si fuera la primera vez, acarició sus hombros hasta su espalda baja donde entrelazó sus manos. Su cabeza aún descansaba en el tronco del árbol, el cabello de Roier le daba cosquillas “Y te extrañé.”

Poniéndose el gorro de su hoodie, Roier se acostó de lado para escuchar los latidos acelerados de Cellbit “Ugh, yo no tanto.”

“Filho da puta.” Ofendido, pellizcó su costilla, sólo consiguió un pequeño salto de sorpresa junto a un golpe en su muslo.

El castaño levantó sus caderas para retirar el hoodie que llevaba amarrado y usarlo como manta para protegerse del frío, si bien el cuerpo de Roier cubría el suyo por completo y su calor corporal era arrullador, quería asegurarse que ambos estén lo suficientemente cálidos para no tener que moverse, por eso extendió la prenda sobre su espalda. No quería dormir en una cama, el purgatorio le dejó demasiados traumas como para descansar en una zona tan obvia tal cual es una habitación, cualquiera podría acceder. Descansar no era una buena idea tampoco, podían atacarlos o secuestrarlos.

Pero… estaban lejos de las zonas más conocidas, Roier había hecho un buen trabajo en llevarlos a un lugar donde no los interrumpieran y también que no los encontraran. Su cuerpo le pedía dormir lo que no hizo durante la isla Purgatorio y durante el viaje en barco, también podía ver los ligeros bostezos que el menor trataba de esconder. Estaban juntos, en caso de emergencia ambos podrían luchar, bien se sabe que son un dúo demasiado bueno en asesinar y defenderse.

Quería, necesitaba , pasar esa noche con él en sus brazos para sentirlo real y no querer huir de ese lugar de nuevo. Si sus ojos se aguaron ante la idea nadie lo sabría aparte de Roier que lo miraba desde su pecho con tanto amor antes de esparcir besos por su rostro hasta sus párpados cerrados.

“También te amo, pendejo. Ah, y se me pasó decirte que tengo otro hijo, eres el padre.”

El corazón de Cellbit se detuvo “¿¡Qué!?”

 

 

Notes:

espero les haya gustado (metomócincoperrosdías) y cualquier opinión o comentario es apreciado. <3 &lt