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Helaena
No era una chica muy expresiva, era considerada extraña y hasta tonta, nadie la respetaba. Su madre creía que era retrasada, Aegon era cruel con ella, lo había sido aún más desde que se casaron, Aemond era un chico tranquilo y era lindo hasta el incidente del ojo pero la trataba con aprecio (era el único) y su padre no recordaba su existencia.
Ella también sabía que no era normal, se sentía tan fuera de lugar, no era Hightower pero era tratada y educada como tal, no era Targaryen pero los sueños de los dioses la perseguían y era una jinete, una a la que no dejaban volar. Se sentían que no pertenecía.
Hasta que ellos llegaron. Solo recuerda mucho dolor, el llorar con tanta fuerza que quedó ronca, llamando por su madre, por quién sea pero nadie vino. Pero cuando los pusieron en su pecho y los abrazo, al sentirlos retorcerse y manifestarse en este mundo con un grito. Se sintió un dragón, uno que protegía a sus crías con fiereza.
Cuando dos semanas después de que ellos llegaron al mundo, y en sus sueños vio sus destinos. Lloro con dolor mientras los abrazaba.
Jaehaerys y Jaehaera eran inocentes. Sus destinos no deberían estar atados a los deseos de poder que tenían los adultos, por lo que no lo pensó mucho y los tomó, dos bolsa con cosas para ellos, algo de comida y vestidos de plebeyo que había conseguido, dos bolsas con monedas de oro bien escondidas en su cuerpo y algunas joyas, suficiente para vivir varios años con sus pequeños.
Tomó un diario y las pinturas para el cabello que consiguió en un mercado en el puerto en una de sus escapadas a la ciudad.
Nadie esperaba que la princesa Helaena Targaryen se escapara a la ciudad vestida de mozo para comprar baratijas y beber cerveza (lo único bueno que le mostró Aegon si excluyen el burdel al que la llevó al final de ese día).
Con sumo cuidado y en medio de la noche, pintó su cabello de un castaño claro y cubrió las cabezas de los bebés con gorros y se escapó por los pasadizos hasta el puerto y subió a un barco que iba hacia el norte al amanecer, ahí nunca la encontrarán porque nadie esperaba que estuviera en el norte.
Habían pasado cerca de dos semanas cuando el barco ancló en Puerto Blanco. Suspiro con frío y miró a los pequeños que estaban amarrados en su pecho cálidos por las pieles que el capitán le había dado en un acto de bondad. El hombre creía que era una viuda de un herrero.
Bajo con ayuda del capitán y camino por el mercado, buscando alojamiento antes de moverse más al norte, tenía la intención de llegar a los dominios de la casa Stark y asentarse en alguna de las aldeas de alrededor. Cuando entró al mercado trago al ver la gran cantidad de gente, arrullo a Jahaerys cuando este chillo, tenía hambre y ella también camino hasta que encontró una taberna, con duda, entro y camino a la barra.
Una mujer regordeta y con cabello rojo como el fuego, le dió una sonrisa.
—¿Qué te ofrezco,linda?
Helaena la miró con nerviosismo.
—Comida…y algo caliente para beber. -- le dijo, la mujer le guiño un ojo y le dijo que en seguida le traería su comida, miró alrededor y vio hombres bebiendo, mujeres llevando bandejas con cervezas. El ambiente era animado y ruidoso.
Meció a Jaehaerys inquieto, Jaehaera había despertado y tenía el ceño fruncido, su pequeña era sensible al ruido, rogó a los dioses que no comenzarán a llorar.
—Aquí tienes…oh qué hermosos niños…—la mujer le había traído la comida, pero antes de que Helaena pudiera agradecer la mujer se acercó a ella que intentaba calmar a los bebés sin éxito. —...tranquila niña no llores.—le dijo la desconocida al ver a Helaena llorando silenciosa, ambos bebés comenzaron a llorar con fuerza llamando la atención de todos.
—No se que le pasa…—dijo a la mujer intentando calmarlos, señaló a Jahaerys que se veía rojo, mocoso e incómodo.
La mujer se compadeció de ella al parecer y la llevó del otro lado de la barra hacia un cuarto al fondo al ver que los clientes comenzaban a molestarse, le dió de comer y le ayudó a calmar a los bebés.
—Eres una forastera. —le dijo mirándola con los ojos entrecerrados mientras mecía a Jahaera que ahora estaba más calmada.
—Soy viuda…—soltó sin dudar, su mentira la había ayudado dos semanas, y la mantendría. —...yo, estoy sola, busco un hogar seguro para ellos. —dijo, meciendo a Jahaerys, quién ya no lloraba pero si estaba algo rojo, frunció el ceño, no sabía que tenía normalmente siempre había una doncella quien le ayudaría con los recién nacidos en estos casos.
—Yo también lo soy…—Helaena la miro en cuanto le dijo eso, la mujer le sonrió y puso a su hija en las mantas sobre la mesa. —...te entiendo, tenía tres hijos cuando mi marido murió y estaba embarazada de otro más, pero lo soporte y salí adelante. —se acercó a ella y tocó la frente del bebé.—...este pequeñín tiene fiebre.
Helaena la miró con miedo, ella le dio una sonrisa calmada y le dio una palmada en el brazo.
—Calma, llamaré a la curandera llegó hace unos días de visitar a su hermana, así que tienes suerte. ¿Cuánto tienen estos pequeños? —le pregunto guiandola a una silla junto a dónde estaba la pequeña Jaehaerys.
—Tienen una luna…—dijo en voz baja, estaba nerviosa y cansada. Bajo la mirada al ver a la mujer abrir los ojos sorprendida.
—¿En qué pensabas niña? Son muy pequeños para un viaje así, y tú acabas de pasar por un parto no puedes viajar así.—le reprendió y ella sintió que las lágrimas se saldrían de sus ojos en algún momento, la mujer resopló y tomó una respiración profunda.
—Disculpame niña, ni siquiera nos conocemos y ya te estoy regañando como lo hago con mi hija Betty…es solo que debes cuidarte y cuidar a esos bebés, eres lo único que tienen. —Helaena la miro entre lágrimas. —¿Cómo te llamas?
Helaena dudó por un momento, cuántas mujeres con su nombre había en Poniente.
—Halaena…—le dijo esperando una reacción.
—Hermoso nombre, así se llamaba mi querida abuela…—le dijo con una sonrisa y ella suspiro. —¿Y estas pequeñas lunas? —pregunto acariciando la mejilla de Jaehaera quien movió sus puños con vigor provocando una risa en ambas mujeres.
—Ella es Hera…él es Rys…—dijo y miro a los bebés con pesar, amaba sus nombres pero ningún niño westerosi tenía nombres valyrianos a menos que fuera de la familia real, al bebé quien le dio una sonrisa a pesar de su enfermedad, al parecer le gustaba el nombre, por lo que lo beso en la frente.
La mujer la felicito por los nombres y se levantó anunciando que le traería más pieles y que había un catre al final de la habitación para que los tres descansaran.
—Iré a buscar a la curandera…—le dijo a lo que ella agradeció, la mujer le dio una mirada extraña, era suave y con empatía. —Helaena… ya están a salvo. —la respiración de Helaena se atascó y sus ojos se humedecieron, se sintió feliz, cansada y en paz. Viendo que su viaje no había sido una pérdida de tiempo, ella asintió sonriéndole.
La mujer estaba por salir:
—¡Espera! No sé tu nombre, si pudiera decírmelo yo…
—Margery, pero todos me dicen Mar.
La oji violeta asintió: —Gracias por todo, Mar.
[...]
7 días antes. Fortaleza roja.
Rhaenyra
Estaba molesta, estaba furiosa. Cuando la misiva llegó a Dragonstone anunciando el del secuestro de su dulce hermana y sus pequeños sobrinos se sintió furiosa, cuando tomó a Syrax y dejó al pequeño Aegon de seis lunas junto a sus hijos y las niñeras y viajo junto a su marido a la capital, sentía el calor corriendo por sus venas. Era una ofensa total que su hermana no estuviera segura en los malditos muros de la fortaleza.
Cuando llegó y vio a una histérica Alicent sintió pena, pero toda esa pena se esfumó al escucharla culpar a todos y manifestar que los príncipes, el primogénito de su hermano borracho había sido robado sin siquiera mencionar a la dulce Helaena. Se sintió más enojada al escuchar por las mucamas que el príncipe Aegon tenía días sin volver a la fortaleza por lo que mandó a su marido por él, quién a regañadientes y rodando los ojos lo encontró lanzando lo medio borracho, oliendo a mierda, vino y golfas en el salón del trono.
Alicent lo abofeteó enfrente ella, pero lo que la hizo estallar es que después de cuatro días de su desaparición su padre entró a trompicones a sus aposentos manifestando su alegría al verla, cuándo le hablo sobre su hermana y su plan para buscarla el la miro confundido y dijo.
—¿Helaena?
Ahí estalló.
—¡Mi hermana está desaparecida! ¡Deberían estar buscándola por todo poniente, debieron haber cerrado todo King's Landing para encontrarla!—gritó dando un golpe a la mesa, donde se encontraba reunido el consejo pequeño, sus hermanos, Daemon y Alicent.
—Princesa, debe mantener la calma personalmente me encargaré de…
—¡Silencio! No quiero escucharte hablar. —le dijo apuntándole con un dedo a Otto Hightower.—¡Mi hermana y sus bebés tienen una semana desaparecidos y nadie ha hecho nada! ¡Están tan calmados, como si a nadie le interesará!
—Porque a nadie le interesa. —murmuró Aegon para recibir una mirada asesina de Aemond.
La reina Alicent Hightower, saltó ante la acusación —Ella es mí hija…—recalcó aquello. —...me ofende que insinues eso.
Rhaenyra alzó la barbilla. —Si fuera tan buena madre no se ofendería mi reina, sus acciones dicen más que sus palabras.
—¡Ya basta! —gritó el rey ante el intercambio de su esposa e hija, miró a su alrededor y apuntó a los lores presentes. —Ustedes, fuera de aquí.—intentaron replicar pero este los silenció con un movimiento de mano y salieron.
Se dirigió a las mujeres enfrentadas y suspiró dejándose caer en la silla.
—Lord Mano, envié cuervos a cada casa del reino anunciando la desaparición de mi hija y mis nietos, que estén alertas ante cualquier movimiento e información. —declaro, Otto asintió y dio una reverencia antes de salir dejando a su esposa, hijos y hermano con él. —Rhaenyra…—le llamó. —...no puedes dar esas declaraciones frente al consejo, Alicent se preocupa por Helaena, es su hija. —la peliblanca intentó replicar pero el rey alzó la mano para que guardara silencio, la mujer se mordió el labio frustrada y sintió a su marido junto a ella, por otro lado Viserys miró en dirección a su esposa e hijo mayor. —...Alicent, tu actuar ante esta situación ¿Cómo te atreves a no comunicar está situación? Y tú muchacho…—Aegon quién durante toda la pelea, solo miro divertido el intercambio de palabras palideció al escuchar que se dirigían a él. —...¿Dónde estabas? Tu esposa acaba de dar a luz, tu deber era estar junto a ella. —le dijo serio y con el ceño fruncido.
—Y-Yo estaba…—tartamudeo el chico. Rhaenyra frustrada intervino.
—Es claro que mi hermano no ha recibido la educación adecuada padre, es más que obvio que la reina no se ha enfocado en enseñarles sus deberes a Aegon y solo ha provocado que se ahogue en vino y golfas…—escupió lo último.
—Rhaenyra…—susurro Daemon.
—¡Cómo te atreves!
—P-Padre…
Aemond
—¡Silencio! —El rey Viserys se levantó enfadado dando un golpe en la mesa con fuerza. Aemond quien se mantenía al margen de todo se acercó a su madre para jalarla antes de que se lanzará sobre su hermana, Daemon hizo lo mismo ya que Rhaenyra está furiosa con su madrastra. —¿A dónde quieres llegar? Habla ahora Rhaenyra. —dijo con voz alta hacia Rhaenyra.
—Dejame criar a Daeron, tráelo de regreso de Antigua y permite llevarlo a Rocadragón antes de que también se pierda por las ideas estúpidas de los Hightower como Aegon y deja que Daemon tomé a Aemond como su escudero.
Aemond miró sorprendido a Rhaenyra, Alicent gritó negándose y llevando a Aemond detrás de ella como si intentará poner una barrera, por el hombro de su madre pudo ver a su tío Daemon quien miraba desconcertado a su hermana.
—Y déjame dirigir la búsqueda de mi dulce hermana, por favor. —dijo esto último acercándose a su padre tomándolo de la mano. “Bruja astuta” pensó Aemond al ver a su padre pensarlo.
—¡Viserys, no puedes permitirlo, son mis hijos! —le gritó su madre con histeria al rey. Vio como su padre se llevaba la mano a la cabeza haciendo una mueca de dolor.
—Está bien. Haz lo que tengas que hacer, Daemon irás personalmente por Daeron.—su padre miró a Daemon y Rhaenyra y les dijo. —Traigan a mis hijos a casa, a su sangre. —y sin más salió del salón.
—¡Viserys! —gritó su madre corriendo para salir detrás del rey.
—Mierda…—dijo Aegon y Aemond por primera vez en sus trece veranos no pudo estar más de acuerdo con su hermano.
[...]
7 días después. White Harbor
Cuando Helaena vio entrar a la sanadora sintió un escalofrío y las voces en su cabeza se apagaron, la mujer era bella con largo cabello negro, ojos azules que parecían tempanos de hielo y un porte regio. En cuanto Mer salió del cuarto hacia el bar, la sanadora revisó a los dos bebés sin perder tiempo enfocándose en Jaehaerys, vio como desvestir al niño y no pudo evitar acercarse para ver qué hacía, está la miro y le dio una pequeña sonrisa que la dejó nerviosa.
—Un simple resfriado para el principito.
Helaena retuvo el aire ante el apodo a su hijo y no dijo nada, la sanadora siguió revisando al bebé dándole unas gotas de brebaje que le aseguraban dormir y bajar la fiebre del infante, mientras revisaba a Jaehaera, su hijo se durmió. En cuanto terminó con su hija, la arropó y la puso junto a su hermano, silenciosamente se llevó la mano al vientre.
—Si te duele te puedo revisar, Mar me dijo que diste a luz hace una luna.
—Y-yo…no es necesario…—le aseguró Helaena pero la sanadora la ignoró y la hizo recostarse, mientras palpaba su bajo vientre, vio a la mujer concentrada.
—Relájate…—le dijo y Helaena lo intentó suspirando. —...estás a salvo alteza.—dijo.
Helaena abrió los ojos asustada y se sentó con rapidez agarrando la muñeca de la mujer.
—¿Cómo te diste cuenta? —le pregunto firme. —Habla mujer…—dijo mirándola con frialdad.
—Los dioses no son los únicos que le hablan y le muestran, princesa.
—Detente con eso, soy Helaena solo Helaena Waters, una viuda. —la sanadora sonrió y asintió.
—Bien Helaena Waters, no eres la única con dones, yo también veo más allá de lo posible por el ojo humano. —lentamente se soltó lentamente del agarre de Helaena, quien alzó la barbilla desafiante. —Admito que de todos los futuros posibles, mueres en la mayoría al parecer elegiste uno de los tres que vi donde vives.
—Eres una bruja. —afirmó Helaena después de una pausa. La mujer simplemente le sonrió y giró su bolso de donde sacó un vial.
—Esto te ayudará a detener el sangrado y evitar que te enfermes. —Helaena la miró dudosa. — Los dioses enlazaron nuestros destinos Helaena…Waters.
—¿Cómo puedo confiar si ni siquiera sé tu nombre? —La sanadora río bajo por esto y dejo el vial en la mesa.
—Tiene que confiar majestad. Vendré en dos días para revisar el estado del principito. —le dijo dirigiéndose a la salida, Helaena apretó los puños sintiéndose frustrada. —Mi nombre es Alys Rivera, majestad. —le hizo una reverencia y salió.
Helaena sintió que perdía fuerza en las piernas y se sentó llevándose la mano al cabello y jalandolo, de reojo miro el vial y suspiro. Si había detenido las voces furiosas de los dioses era de fiar. De un trago y sin respirar bebió el brebaje haciendo una mueca.
Sabía a mierda. Oh bueno, eso diría Aegon.
