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Reporte de un astronauta

Summary:


En una misión espacial en solitario, Cellbit, un astronauta, se sumerge en la serenidad del cosmos mientras Roier, un técnico, llega para ocupar el lugar de otro miembro del equipo. En el silencio del espacio, la quietud permite a ambos explorar no solo los misterios astronómicos, sino también conocerse mutuamente en un nivel más profundo, revelando sus propias historias y reflexiones mientras conviven en esa íntima soledad cósmica.


 

[...]

 

Astronaut!Cellbit
Technical!Roier

- Ambientado en un universo alterno al QSMP

Work Text:

El ser humano, desde tiempos ancestrales, se ha sentido atraído por el espacio y sus misterios debido a la curiosidad innata por lo desconocido. La inmensidad del universo, llena de estrellas, planetas y galaxias, despierta la imaginación y el deseo de explorar lo inexplorado. Además, la búsqueda de respuestas sobre nuestro origen, el lugar en el cosmos y la posibilidad de vida más allá de la Tierra ha impulsado a la humanidad a investigar y aventurarse en el espacio en busca de conocimiento y comprensión de nuestro lugar en el universo.

 

Eso nos centra en Cellbit, un joven brasileño con sueños del espacio que cruzan la simple fascinación, refiriéndose a tal como el mayor enigma que tenía el ser humano en sus manos. Su familia decía que no existía ningún indicio particular que formara tal fascinación. Solamente ocurrió y nunca desapareció. Podía pasar horas hablando al respecto: Teorías, misterios, constelación, nebulosas. Su hermana, Bagi, tenía que detenerlo de balbuceos incoherentes cuando el tema era abordado. Cellbit quería saberlo todo, hasta el más mínimo detalle. Bagi se refería a él como el niño que completaba todas las misiones en los juegos, inclusive las más aburridas y extensas. En el aspecto astral, no era la excepción.

 

Cuando se le presentó la oportunidad de convertirse en astronauta y mezclarse con el vacío profundo pero tan extenso y brillante del espacio, no dudó dos veces. Hoy en día realiza misiones de manera diaria. El cincuenta por ciento de su vida transcurre en el espacio de manera cotidiana. Coloca sus pies en la Tierra, con una media sonrisa en el rostro, solo para tomarse descansos de vez en cuando y visitar a su familia. 

 

Su familia estaba muy entusiasmada con su elección; el transcurso de sus estudios y finalmente, recibir su merecido título para ser reconocido como astronauta. Por un momento lo vió como la única cosa buena que venía adherida a su vida, sumando el lienzo maravilloso, brillante y una de las cosas más hermosas que el ser humano es capaz de apreciar; que representaba el universo. Pero, la calidez que siente cuando cruza la puerta y sus hermanos, cuñada y sobrina, lo reciben, es algo que no cambiaría por nada del mundo. En determinados descansos, sus pensamientos igualan a la cantidad de estrellas en el cielo, concluyendo en la soledad que tiene en la tierra. Probablemente su cuerpo quiere estar constantemente en el espacio porque allí la soledad no es una sensación abrumadora. La inmensidad del espacio ofrece una perspectiva que hace que la soledad sea diferente. En la tierra, la soledad puede ser agobiante, pero en el espacio, rodeada por la vastedad del universo, esa soledad se convierte en una conexión con algo mucho más grande que uno mismo. Cellbit, al estar en el espacio, encuentra en esa soledad una compañía diferente, una conexión con el cosmos que le permite sentirse parte de algo más grande y significativo.

 

Cuando vuelve a la tierra, además de encontrarse con su familia, se siente muy vacío. Es bastante complicado. No es igual al que tienes en una misión solitaria del espacio, más bien, querer estar con alguien, que lo haga feliz y se mantenga a su lado hasta la muerte. Le gustaría tener a alguien con el cual llegar a casa. Que lo reciba, hacerlo sentir amado de una manera no fanática. Aun así, interesarse en eso ahora no estaba en sus aviones.

 

Estas semanas ha estado preparándose para una misión en solitario. No se le otorgaba una hace bastante tiempo, así que está fuera de práctica. Generalmente, suele hacer misiones tripuladas con Baghera, Philza, incluso Jaiden, que conformaba otra área del cuartel. 

 

Estas misiones requieren de un entrenamiento duro, no solo físico sino también mental y lógico del cerebro humano. Sumándole el hecho de que, previo al viaje, tiene una lista de entrevistas a las que asistir. 

 

Iba a ser una aventura extensa, pero cuando se trataba del espacio, los números o cifras eran irrelevantes para Cellbit. La emoción que bullía en Cellbit al embarcarse en esta misión en solitario era indescriptible. La sensación de flotar en la ingravidez, de observar la Tierra desde una perspectiva que pocos alcanzan, era como un llamado irrefrenable. La soledad de la misión, lejos de ser un obstáculo, se convertía en una oportunidad para explorar los confines del universo, para sumergirse en la calma del espacio y encontrar respuestas en la inmensidad silenciosa que lo rodeaba. Era una experiencia que le llenaba de un entusiasmo desbordante, sabiendo que cada momento en el espacio sería una nueva oportunidad para descubrir algo único y maravilloso.




[...]





Era el segundo día desde que había partido. Tendría que realizar informes de manera diaria con respecto a ondas planetarias y solares. Es básico y sencillo. Más tiempo para ejercitar su oralidad en las entrevistas. 

 

Tenía un pequeño espacio solo dedicado a aportar informes. Un sistema de comunicación con la Tierra y con el técnico encargado de anotarlos y guardarlos, luego, se encargará de realizar varios cambios con respecto a informes pasados. Algo así como una actualización de software, con el fin de actualizar artículos científicos o varios fines. 

 

A la medianoche, recibiría la llamada de su técnico, listo con sus hojas en mano. Miró por la ventanilla que mostraba el vacío oscuro y frío que le plasmaba una sonrisa en los labios. Un pitido retumbó y sus audífonos se llenaron por una breve interferencia para después presionar un botón en el comunicador y la llamada iniciara. 

 

—¿Hola?— preguntó, la interferencia había finalizado y un profundo silencio inundó la otra línea.

 

—¡Señor Lange! lamento la espera, estábamos teniendo un par de problemas pero ya está todo resuelto ..—

 

Cellbit miró sus nudillos por un momento, desconcertado. Éste no era Pac, su técnico habitual, ni siquiera Mike, que tendía a reemplazar a susodicho. Era alguien nuevo y su amigo tecnicista no dijo nada de un cambio antes de la misión. La voz del nuevo era confusa. No lograba reconocer si era femenina o masculina debido a la interferencia temprana de las llamadas. No había una característica que le ayudara a descifrar; lo perceptible fue el acento y el no haber un límite entre el tono de voz. No podía ver y apreciar a la persona del otro lado. Tenía intriga por saber quién era ya que tendrían que trabajar juntos de ahora en adelante.



Oh-



—Hola, ¿eres nuevo?— Mantuvo su voz habitual a pesar de estar un poco nervioso sin razón aparente. ¿Dónde había ido Pac? ¿Quién era esta persona? ¿Por qué la primera definición que se le ocurrió de la voz fue que era tierna?

 

Sí señor. Le prometí a Pac acompañarlo a usted si nada se interpone en mi camino. Además, él está ocupado con el director Fit—  río ante la insinuación y Cellbit tardó en entender, sintió el fuego recorrer sus mejillas al entender a qué se refería. Finalmente, ¿Pac hizo con Fit…?

 

Continuó luego de recuperarse de sus risas: — Pac está bien, lo único que mencionó es que quería unas vacaciones con Fit y no te dijo nada porque sabía que te enojarias— sus palabras fueron leves y monótonas, manteniendo un tono neutral con carisma. Hacía que los huesos de Cellbit se sintieran tensos. 

 

Pac– ese hijo de puta se había ido y no dijo nada. ¿Enserio acaba de dejar a un interino en esta misión por más sencilla que sea? 

 

No lo malinterpretes, no tiene problema en ayudar en sus primeros trabajos a interinos, lo dice como un astronauta que alguna vez fue visto como interno. Sin embargo, es mejor mantener la práctica en un área aparte y luego trasladarla al área profesional cuando se considere que el discipulado está listo.

 

Cómo si el individuo leyera sus pensamientos, habló para irrumpirlos: — No soy nuevo señor. Estoy en este campo laboral hace años, tal vez hasta más que usted [...]



[...] Estaba tomándome unos días libres pero decidí volver para ver si mis huesos no son de viejo—



—Ridículo, nasci naquele quartel! Sin duda tengo más años que usted!—bromeó. La risa del individuo vitoreó la llamada haciendo que ambos soltaron carcajadas. Su técnico se calmó luego de un tiempo tratando de recuperar el aire, recordando su meta del día.

 

— ¿ Tiene los informes del día?—

 

—Si, los tengo aquí conmigo— Se sintió en confianza. Era raro generalmente tardaba aunque sea un par de días en familiarizarse con la gente de su profesión. Aun así, quería conocer al nuevo o nuevo encargado de los Múltiples informes.

 

Estos archivos estaban anotados, ya no había necesidad de comunicarse. Pero Cellbit quería continuar hablando.

 

—Gracias , Lange. Nos vemos mañana, un gusto—

 

No logró corresponder la despedida o despedirse porque la llamada fue cortada y reemplazada por el molesto pitido inicial de la llamada. Mañana tendría más tiempo para conocer al nuevo. Era cuestión de tiempo. Por un segundo, jura que el silencio eterno del espacio infinito se sintió como una amenaza.

 

La pizca de soledad que experimentó al finalizar la llamada fue inesperada pero reveladora. Anhelaba más interacción humana, especialmente al estar aislado en el espacio. El silencio arrepentido, aunque breve, parecía un recordatorio ominoso de la desconexión abrumadora que podía sentir en la vastedad del universo. Cellbit se prometió a sí mismo aprovechar al máximo el tiempo con el nuevo técnico, ansiando conocer más sobre esa persona que, aunque distante esencialmente, era su puente con la humanidad.




[...]




Cellbit se encontraba bastante curioso a la edad de veintisiete años, recordando sus tiempos de adolescencia. En especial con el individuo que le confirmó que era un chico cuyo nombre aún no sabía porque según él:

 

No te lo diré por chismoso y también, en caso de que las cosas se pongan incómodas. Puedes sacar eso como tema de conversación—

 

Fueron capaces de conocerse, tal como lo habían hecho con sus otros compañeros de trabajo. El chico era peculiar. Generalmente no mantenía esa profesionalidad que los trabajadores de la NASA tratan de poner en un pedestal. Realmente se sentía intrigado. Los días concurren y él esperaba con ansias poder dar su informe como pretexto para hablar un poco con el chico. Hubo ocasiones en las que las llamadas finalizaban y se olvidaban de anotar los informes, así que retomaban la comunicación a los segundos. El chico le recordó que tenía que eliminar las llamadas para que sus superiores no le llamaran la atención por la falta de capacidad profesional.

 

¿Para Cellbit? Era una idiotez que estaba decidido a correr con tal de ahogar su curiosidad.

 

—¿Así que tienes una hermana?— Cellbit preguntó con los brazos cruzados y apoyados en el escritorio, de vez en cuando acomodando su auricular para oír la otra línea correctamente. En la llamada había unos susurros externos, probablemente de los trabajadores realizando sus tareas detrás del joven.

 

—Sí , apuesto a que eres hijo único —considerado. Haciéndolo jadear ante la insinuación, tal ofensa descarada lo hizo reír.

 

—En realidad tengo dos hermanos; una hermana y un hermano menor— respondió, con una sonrisa en alto cuando el otro jadeo en sorpresa ante su testimonio.

 

Pensé que eras hijo único al principio por tu personalidad pendeja, tener hermanos hace que madures más rápido. ¿No lo notas en mí? — susurró la última parte con una voz grave, simulando esa madurez que debieron haber adquirido al conocerse, junto con el profesionalismo.

 

Luego de la afirmación inesperada, el silencio descendió suavemente sobre ellos, como una manta cálida. Entre los destellos de las estrellas que se asomaban tímidamente en la noche, la complicidad de aquel instante envolvía sus pensamientos. El brasileño, sorprendido por la sinceridad inusual de su acompañante, reflexiona unos segundos antes de responder.

 

—Es cierto, a veces lo percibo. Supongo que la vida en soledad ha moldeado mi perspectiva de ciertas cosas, pero tu visión es diferente. Se nota la influencia fraternal en ti, aunque lo disimules con esa voz seria y esa actitud—

 

—Era broma, bobo. ¿Ahora te pinchó lo profesional o que? — Liberando las risas en la llamada por la repentina seriedad de la conversación.

 

La complicidad entre ellos creció, una mezcla de entendimiento mutuo y respeto por sus diferentes caminos de vida. La noche se prolongó en un diálogo tranquilo, donde las estrellas fungieron como testigos silenciosos de aquella conexión entre dos almas que, a pesar de sus divergencias, encontraban un punto en común en medio del vasto universo.

 

—A tú familia le gusta el espacio ?— Cellbit escuchó luego de un silencio prolongado. Observó como el reloj digital, a un lado del panel de control, avanzaba en milisegundos y lo convertía en segundos. El tiempo parecía comprimirse cuando estaban juntos. Cada palabra, cada pausa, cada gesto se expandía en un mundo propio, ajeno al tic-tac del reloj. Cellbit, con una mirada fija en los números digitales que marcaban el paso del tiempo, sintió cómo cada instante con aquel compañero inesperado se desvanecía con una rapidez asombrosa.

 

—A ellos les fascina. Mi hermana solía pasar noches enteras observando el cielo con su telescopio. Mi hermano menor, en cambio, se sumergió en la astronomía desde pequeño. Sin embargo, no les gusta tanto como a mí— respondió, casi como si los segundos se agolparon para escapar, consciente de la fugacidad del tiempo compartido.

 

La curiosidad por conocer al otro fluía naturalmente entre ellos, desafiando la fugacidad de los minutos que transcurrían. La charla se expande, abriendo puertas a relatos sobre la infancia, las fascinaciones compartidas y las diferencias que enriquecen su encuentro. En aquel pequeño rincón del universo, el tiempo pasaba inadvertido, eclipsado por la conexión que surgía entre dos mentes ávidas de explorar el mundo y, en este momento, el espacio que los rodeaba. Calcula que han pasado cuarenta minutos hablando, la llamada no puede durar más de cincuenta por temas de protocolo.

 

¿Cómo es el espacio? ¿Es siquiera bonito?—

 

Lo pensé por un momento. Estos días esa pregunta rondaba por sus foros. Siempre era afirmativa e instantánea: ¡ Sí! Es la cosa más hermosa que llegue a apreciar. Pero a veces, solo cree que está exagerando demasiado.

 

Cuando lo piensas, estás enamorado de un vacío que no puede otorgar calidez en las noches de frío o susurrarte palabras de amor en tiempos de miseria. Era solo el espacio, un supuesto vacío lleno de materia ya su vez una baja densidad de partículas.

 

Se sumergió en sus pensamientos, buscando en las profundidades de su alma una respuesta a esa pregunta aparentemente simple pero inquietante. ¿El espacio era bonito o alguna otra palabra del diccionario? Dudaba de sus respuestas automáticas, cuestionando si la fascinación que proclamaba era genuina o solo era su niñez hablando como representante.

 

El espacio, en su grandeza indescriptible, era un misterio infinito, un lienzo negro salpicado de estrellas, planetas y galaxias. Sin embargo, ¿era belleza pura o solo un espectáculo visual? Dudaba de la calificación de "hermoso" que con tanta convicción había proclamado en ocasiones anteriores.

 

Podía visualizarlo, esa vastedad sin fin que se extendía ante sus ojos cada vez que miraba a través de un telescopio o veía imágenes de nebulosas. Pero en medio de esa admiración, se encontró una especie de desencanto, una duda que germinaba lentamente en su corazón.

 

—Es... imponente, majestuoso en su magnitud. Pero a veces me pregunto, ¿es realmente belleza o simplemente es la ausencia de todo lo que conocemos? Es un espacio vacío, frío, sin vida aparente. ¿Puede ser hermoso algo que no tiene la capacidad de ofrecer consuelo o afecto?— susurró, con la voz cargada de incertidumbre. 



¿Por qué tenía esta clase de dudas después de todo el trabajo duro que atravesó para llegar hasta aquí?



En su búsqueda por definir la belleza del espacio, se encontró ante un dilema emocional. ¿Podía el vacío ofrecer la misma calidez que un abrazo o la misma conexión que una mirada cómplice? Dudas y reflexiones que, en medio de la inmensidad del universo, desafiaban su percepción sobre lo que verdaderamente consideraba hermoso.

 

Tal vez si era una exageración y aún no había conocido a la cosa más hermosa del mundo.

 

—Es maravilloso— resumió, aun pensando en sus próximas palabras: —aun así, no lo llamaría la cosa más hermosa del mundo—

 

El chico no dijo nada. Un simple entendimiento susurrado, se escucharon movimientos de la otra línea. Lápices cayendo, hojas siendo trasladadas de un lado a otro, hojas arrugadas. 

 

¿Está listo para dar su informe?— Cellbit podía sentir una sonrisa en el rostro del chico. De esas que solo te delatan por el tono que tu voz sostiene cuando la adquieres. 

 

—Si– ¿porque tan feliz de arrepentirse?— preguntó sonriente, incluso halagado por ser el responsable de una sonrisa que aún no conocía.

 

No sé, hablar del espacio me pone feliz— respondió, sintiéndose lejano por la interferencia que se hacía presente cuando estaban a punto de cruzar el límite de tiempo en la llamada.

 

—A mi también...— Ambos sonrieron sin la vista del otro. Cellbit dictando su reporte y el otro anotando con facilidad. La llamada terminó con un pitido como siempre. El rubio estiró su espalda en el respaldo de la silla, escuchándola chirriar. 

 

Sonrió una vez más sin saber la razón realmente, mientras, apreciaba la ventanilla que demostraba el profundo espacio.




[...]




En el vigésimo día. Cellbit está frustrado porque su jefe ordenó que no habrán informes por un par de días. Quería realizar unos cálculos con un resultado exacto. Si el resultado era correcto, lo reanudarán. 

 

Hasta entonces, no más comunicaciones con el chico técnico. 

 

Esos días se habían vuelto aburridos. En sus primeras misiones, cuando algo se averiaba, lo arreglaba porque era su trabajo. Pero, ahora la tecnología había avanzado tanto que algo averiado era como ganar la lotería: Había una probabilidad de una en un millón. Descubrió muchas cosas respecto al chico en los días que conversaron. Cellbit las había anotado en una lista para pasar el rato, incluso si eso sonaba espeluznante.



 

  • Le encantan los números y la recopilación de archivos. Aun así, el espacio no era de sus cosas favoritas. Por lo que trabajar en la NASA parece irónico. 

 



 

  • Vive en un pequeño apartamento.

 



 

  • Les gustan los videojuegos. Con su primer pago compró el “Marvel's Spider-man 2”

 

 

 

  • Hizo karate de niño 

 



 

  • Tiene una hermana.

 



 

  • De pequeño quería ser abogado.

 



 

  • Le parece irreal trabajar en la NASA y está muy agradecido al respecto. Pero, según él, el Área 51 es diez veces mejor.

 



 

  • Quiere tener un hijo y llamarlo Bobby (???)

 




La lista continuaba y continuaba. Completando dos hojas enteras. Se sintió enfadado que el chico conociera casi todo de él porque apareció en las noticias y era bastante reconocido. ¿Y Cellbit? No conocía casi nada del chico técnico. Susodicho se burlaba de él a carcajadas porque, con tan solo buscar: “Cellbit Lange” en internet, ya es capaz de recibir las últimas noticias del individuo y su biografía completa de pies a cabeza.

 

—¡¿ Tu hermano es Bagi Lange?!— El chico preguntó asombrado en una de las comunicaciones tras adentrarse en la biografía aportada por Wikipedia. A la par que se burlaban de las falsedades del sitio web biográfico: — ¿La detective super famosa que logró descubrir el caso de la Federación? ¡Y está casada con la pintora Tina! — 

 

—Sí, es bastante buena, se alejó de su trabajo un tiempo para enfocarse en su familia— dijo con entusiasmo, siempre fue el fan número uno de su hermana. A veces se pregunta si hay alguien con tal título para él —Es increíble. Incluso loco pensar que de pequeña ella me cambiaba los pañales y ahora estamos aquí, siento que nunca podré alcanzarla—río.

 

Se escuchó un murmullo incoherente que hizo a Cellbit reír aún más. Sonaba como un niño caprichoso que no lograba conseguir lo que quería.

 

—¿Qué fue eso?— 

 

¡No te das el suficiente crédito por lo que lograste !— Exclamó con determinación. Por un momento, Cellbit le da la razón apenado de sí mismo — eres una persona increíble. No solo en términos laborales, sino también como persona—



—Deja de compararte con el mundo, eres el universo. Sin ofender a tu hermana...—



Cellbit cierra los ojos y se deja idealizar una imagen para el chico detrás de estas palabras. Sabe que están grabadas, probablemente pida una copia para reproducirlas aunque sea a diario.

 

El brasileño se sumergió en un mar de emociones encontradas. A pesar de las palabras reconfortantes, un peso invisible aún anidaba en su pecho como un visitante indeseado, aferrándose a sus pensamientos, sembrando dudas sobre su valía y logros. Agradece sinceramente las elogiosas palabras de su compañero, siente que puede creerlas de alguien que aún no conoce físicamente.

 

Las frases resonaban en su mente, como una melodía que anhelaba adoptar como su propia verdad. Aquella comparación con el universo, esa afirmación de grandeza y valía, chocaba con la imagen distorsionada que a menudo tenía de sí mismo.

 

Entre parpadeos, imaginó al chico que le hablaba, intentando retener esa imagen idealizada, como si fuese un amuleto para desafiar los días de inseguridad. Apreciaba cada palabra, cada gesto de apoyo, ansiando grabarlas en lo más profundo de su ser, como una armadura contra los embates de esta mierda de cabeza.

 

La posibilidad de obtener una copia de esas palabras le ofrece un rayo de esperanza. Una herramienta para contrarrestar los momentos de autocrítica y cuestionamientos. Se prometió a sí mismo recurrir a esa grabación en momentos de duda, buscando fortaleza en las palabras que le otorga valor cuando él mismo luchaba por reconocerlo.

 

Así, entre la gratitud y la lucha interna contra sus propias inseguridades, Cellbit se aferraba a esas palabras como un faro de luz en medio de la oscuridad, una constante que esperaba transformar en su propia realidad.

 

Suspira y muere su labio, escucha el monólogo restante del moreno con atención absoluta. Quiere repetirle las mismas palabras, podría ser rebajado por ser un simple técnico pero reconoce que es una de las personas más inteligentes y brillantes que fue capaz de conocer en tan poco tiempo.

 

—Gracias, guapito— murmura. Reservando el resto para el merecido abrazo que le otorgará y palabras de aliento por si son necesarios.

 

Cellbit, flotando en la vastedad del espacio, siente una mezcla de gratitud y afecto hacia el chico. Cada palabra de apoyo y aliento que le brinda su técnico resuena profundamente en su ser, generando un vínculo especial que va más allá de la distancia física. Admiraba la habilidad y la sabiduría del joven pero también valoraba la conexión emocional que habían desarrollado a través de estas llamadas espaciales. A pesar de la lejanía, la figura de su guapito se había convertido en un faro de apoyo y confianza en medio de la inmensidad del espacio, y Cellbit anhelaba poder expresar toda esa gratitud de manera más tangible.



—No hay necesidad de agradecer, gatinho—




[...]





Cellbit quiere volver a la tierra.

 

Por primera vez, desde que el término “espacio” se le fue introducido por una caricatura animada. Quiere volver a la Tierra, pero no puede. Aún le quedan un par de meses para terminar la misión. 

 

Cellbit siente la necesidad imperiosa de regresar a la Tierra. La Tierra, donde reside Roier, su técnico. A pesar de la fascinación y el privilegio de estar en el espacio, el deseo de conocer en persona a la persona que ha sido su apoyo y guía desde la distancia crece con cada día que pasa. La sensación de limitación se hace más evidente al recordar que aún le quedan meses para completar su misión, prolongando su anhelo de un encuentro cara a cara con Roier.

 

Sí, también descubrió que el nombre del chico es Roier, luego de tantas insistencias. Aun así, prefiere mil veces llamarlo guapito.

 

Lo escucha atentamente describir su imagen. Se refirió a sí mismo como una persona horrenda. Cellbit piensa lo contrario a pesar de no haberlo visto con sus propios ojos: Ojos marrones, cabello castaño y desordenado usualmente sostenido por una vincha azulada y el mismo overol azul característico de los empleados para trabajar. 

 

Cellbit imagina constantemente su imagen. 

 

A pesar de no haber visto a Roier en persona, Cellbit recrea meticulosamente cada palabra dicha sobre su apariencia. Las descripciones, lejos de reflejar la "horrendez" que Roier menciona, pintan un cuadro de sencillez y autenticidad que atrae a Cellbit de una manera singular. La imagen que se forma en su mente, llena de matices y detalles, desafía la autocrítica de Roier.

 

En silencio, Cellbit se regaña por tejer constantemente la imagen de Roier en su mente. Sin embargo, no puede evitar fantasear sobre cada característica mencionada, alimentando su curiosidad y creando una figura que supera cualquier definición superficial. Los rasgos descritos cobran vida en su imaginación, generando una sensación de familiaridad y conexión emocional que lo lleva a desear aún más poder encontrarse cara a cara con aquel hombre que, a pesar de su autodepreciación, cautiva su interés y aprecio.

 

Roier le insiste constantemente en que, si no fuera astronauta, fácilmente ganaría millones trabajando en la industria del modelaje. Porque él según: tiene buenos perfiles. Cellbit no quiere hacerse ilusiones, pero esa es una de las cosas más idiotas que le han dicho gracias a su rostro. Así que, asume que fue una mentira descubierta y poco enmascarada.

 

Al principio, tenía curiosidad por su técnico; principalmente, en su personalidad juguetona no muy recurrente en los trabajadores de la NASA. Se siente agradecido de finalmente conocer las características del chico.

 

En serio, ¿por qué estás tan intrigado conmigo?—

 

Cellbit se asustó. Quedó congelado. ¿Había sido tan evidente? Comenzó a engañarse a sí mismo por causar en Roier un sentimiento de incomodidad. Suspiro, avergonzado.

 

La vergüenza se apoderó de Cellbit. No solo se sentía incómodo por haber incomodado a Roier, sino que también se reprochaba por lo que había descubierto dentro de sí mismo. ¿Cómo había permitido que una simple curiosidad se transformara en algo más profundo? Se sentía desconcertado y, al mismo tiempo, inquieto por las implicaciones de sus propios sentimientos.

 

—Lo siento, no era mi intención…— murmuró Cellbit, buscando desesperadamente las palabras adecuadas para deshacer la tensión que se había creado. Pero antes de poder explicar sus pensamientos, la voz tranquilizadora de Roier interrumpió sus auto cuestionamientos.

 

No te preocupes por eso. Tal vez estoy siendo muy directo, pero es solo que me sorprende un poco tu interés — respondió Roier con calma y con una perceptible sonrisa en rostro, su voz resonando a través de la conexión espacial, deshaciendo las inseguridades de Cellbit. — Al fin y al cabo solo soy un técnico que pasea por los pasillos de la Nasa

 

La sorpresa de Roier por la curiosidad de Cellbit actuó como un bálsamo para los sentimientos encontrados del astronauta. La comprensión y la falta de juicio en las palabras de Roier le proporcionaron un respiro, desafiando la incomodidad que había sentido y brindándole un atisbo de aceptación. 

 

Lo preguntaba porque, yo también quiero saber más de ti, no solo lo que hay en internet— susurró, tratando de desviar las palabras anteriores de Cellbit y reenviar la conversación a sus principios:

 

Siento que algún día podría desaparecer y solo te conocería por la mierda que pone la Wikipedia y eso sería mi puto cargo de conciencia— agregó entre breves risas.

 

Suspir aliviado ante el testimonio de su chico. A su vez sonreía por las palabras que salieron de la boca de su compañero, refiriéndose a él.

 

—Cuando vuelva a la Tierra te lo contaré, ¿si?—

 

—Okey, más te vale invitarme un pinche café, ¿no?—

 

—A tomar un café ya donde tú quieras, guapito— soltó, provocando risas nerviosas en el otro.

 

Cellbit está decidido. Quiere volver a la Tierra lo antes posible y estrellarse contra esa persona que provocó que sus pensamientos dieron un giro inesperado. ¿Quién diría que Cellbit: persona no muy amorosa y amante enclave del espacio, decidiría querer volver por alguien a quien ya ama?

 

La conversación entre ellos se deslizaba entre momentos cómplices y risas, pero para Cellbit, cada palabra de Roier resonaba con una fuerza especial. El alivio de compartir sus inquietudes con alguien que no juzgaba lo hacía sentirse reconfortado, pero también despertaba un sentimiento más profundo dentro de él.

 

—Cuando regreses a la Tierra, te buscaré. Te contaré todo, cada detalle que no se pueda encontrar en la Wikipedia— aseguró Cellbit, con una determinación renovada en su tono.

 

La respuesta juguetona de Roier desencadenó una sonrisa radiante en Cellbit. La mera idea de reunirse para tomar un café, incluso más allá de las formalidades, le llenaba de emoción. Esa conexión virtual que habían forjado, ahora se transformaba en una promesa de encuentro en el mundo real.

 

A medida que colgaban la llamada, Cellbit se encontró con una certeza que había surgido inesperadamente: su regreso a la Tierra no era solo por la finalización de su misión, sino también por el anhelo de encontrarse con la persona que, a pesar de su amor. por el espacio, había desencadenado un giro inesperado en sus pensamientos y emociones. La idea de ver a Roier se convirtió en un motivo aún más poderoso para anhelar el reencuentro con el lugar donde nació.




[...]




Hoy es el último día de la misión. 

 

Cellbit se despierta, y una extraña sensación de luminosidad en el vacío oscuro del espacio le eriza la piel. Es algo nuevo, excitante. Reconoce que este sentimiento ha sido provocado por la presencia del chico de cabello desordenado guardándolo detrás del transbordador espacial. Por primera vez, las emociones de Cellbit respecto al final de la misión son diferentes. Solía entristecerse al concluir sus misiones, ansiando la siguiente. Pero ahora, la perspectiva de volver no es por algo, sino por alguien.

 

Por primera vez, no puede esconder sus emociones de volver. Generalmente se entristecía y contaba los días para que otra misión se le sea otorgada. Nunca creyó que sus pensamientos llegasen a este punto. No por algo, sino por alguien. Enciende el comunicador y escucha la breve interferencia con alegría, la última comunicación de la misión –que había salido exitosamente–. Sus jefes estaban esperándolo con champaña y probablemente una mini fiesta privada de celebración alejada de los reporteros. 

 

No era una misión tan importante, pero los jefes eran así, ¿cualquier astronauta que haya realizado la misión con éxito? Recibía una fiesta. La interferencia se detuvo dando a entender que habían respondido y Cellbit saludo con ansias al chico del otro lado. Una respuesta vivaz a su saludo inundó sus foros. Hizo que el corazón del astronauta se llenará de calidez.

 

¡Hola, gatinho! ¿Listo para el último informe?— Preguntó entre risas débiles, un poco cansadas o tal vez alguno de sus superiores estaba cerca observando. Produciendo que el de cabello marmolado sonriera visiblemente. Pasó el día contando los segundos para volver y poder conocer en persona al chico cuyo carisma lo atrapó.

 

Pensó constantemente en lo agradecido que está con Pac por tomarse unas vacaciones, si no fuera por eso, no se habría topado con Roier. Definitivamente tendría que darle las gracias al volver, tal vez incluso pedirle que consiga una jubilación adelantada y el puesto de técnico quedará reservado para el mexicano.

 

—Estoy demasiado preparado— pronuncia lentamente, haciendo énfasis en cada palabra, tenía una duda en mano que lo estaba poniendo nervioso: 

 

—¿Estarás esperándome?— La emoción de Cellbit es palpable en cada palabra y gesto. Su sonrisa visible refleja la alegría contenida tras haber pasado el día ansiando este momento, la oportunidad de conocer a la persona que ha capturado su atención en medio del espacio. Sin embargo, tras la confianza aparente, se esconde una incertidumbre latente.

 

A pesar de su aparente preparación, sus palabras salen lentas, enfatizadas, revelando la inseguridad que le embarga. La simple pregunta sobre si esa persona estará allí esperándolo provoca un nerviosismo evidente en su voz. La anticipación y el deseo de encontrarse con Roier, el chico que ha alterado sus emociones en esta misión, generando una inquietud palpable en su actitud serena.

 

Un silencio llenó la línea. Probablemente, Roier carecía de seguridad sobre si debería esperarlo. ¿Qué ocurriría si recibe un llamado de atención de sus superiores por dejar su puesto de trabajo brevemente?

 

Escucha un aclaramiento de garganta por parte del cabello castaño: — No estoy seguro..—

 

Diz que sim...— Cellbit comenzó a actuar como un niño malcriado, suplicando la atención de sus mayores —por favor?— Roier pone los ojos en blanco, sabiendo que está haciendo un puchero detrás de la línea.

 

No lo sé— vuelve a decir.

 

—¡Si dices que si, yo haría de tu mundo mi universo!— 

 

Ay, Romeo– ¿a dónde tan galán ?—

 

—Un hombre como tú merece lo mejor de lo mejor— Se escuchó risas del otro lado de la línea, y Cellbit prometió allí mismo en silencio que, en el momento en que se vieran en persona quería, dejarlo sin aliento de mil maneras distintas.

 

Okey, estaré allí..— Parecía otorgar sus últimos esfuerzos solo para encontrarse con el rubio. Hizo se ríe de Cellbit. El informe fue anotado y la comunicación terminó. Cellbit estaba demasiado ansioso como para pensar si se puso su traje de aterrizaje correctamente. Solo lo hizo y se enfocó en tocar la Tierra a salvo y conocer al moreno.

 

Cellbit se sumerge en un torbellino de emociones mientras se prepara para ese encuentro esperado, manteniendo una calma aparente frente a los demás. La anticipación de ver a esa persona especial que ha marcado su vida recientemente se entrelaza con la necesidad de ocultar cuidadosamente su relación.

 

A pesar de sentir un latido acelerado en su corazón por encontrarse con aquel que ha dejado una huella profunda en su vida, Cellbit sabe que debe mantener cierta discreción en la situación. Internamente, se promete a sí mismo sorprender y cautivar a Roier de muchas maneras al encontrarse cara a cara, pero frente a otros, debe mantener su compostura para no revelar demasiado el poco profesionalismo que tuvo últimamente.

 

Mientras se asegura de no dejar entrever la conexión especial que comparte con Roier, canaliza su nerviosismo y expectativas hacia el control de detalles prácticos, como verificar el correcto ajuste de su traje de aterrizaje. A pesar de que sus pensamientos están inundados de emociones, su enfoque principal es aterrizar de manera segura y, por fin, conocer personalmente al moreno que ha iluminado sus días en los últimos meses.




[...]



A pesar de que parece un proceso sencillo, el viaje de vuelta y aterrizaje puede tomar horas que, en su contexto, se regresarán eternas.

 

Los últimos momentos de descenso y el contacto con la tierra se difuminaron en la mente de Cellbit, ensombrecidos por la obsesiva búsqueda de cualquier indicio sobre Roier entre los directivos. Pero su empeño se vio interrumpido por la invasión de camarógrafos y entrevistadores que, como un enjambre voraz, cercaban su espacio personal, abrumándolo con sus preguntas y equipos.

 

Entre la confusión, Cellbit sintió una mezcla de frustración y determinación. La urgencia de encontrar a Roier se volvió un anhelo abrumador en medio del caos impuesto por la atención mediática. Cada segundo que pasaba sin noticias de su desfile lo sumía en una preocupación palpable, mientras trataba de mantener la compostura ante la avalancha de intrusos ávidos de obtener declaraciones.

 

Cuando llegó a la sala de reuniones fue felicitado por sus compañeros de trabajo, por todos y cada uno de ellos. Nunca lo hacían, ¿por qué tenía que ser así ahora cuando estaba apresurado? Cada vez que algún desconocido se le acercaba, lo examinaba sigilosamente, y si preestablecía facciones similares a las descritas por su guapito, trataba de entablar una conversación para reconocer la voz de su técnico. Aún así, nadie recordaba o conocía al joven.

 

Realmente mantuvo un perfil bajo, pensó y rió para sí mismo. 

 

—¡Cellbit!— Escucho una voz demasiado conocida y chillona que lo hace poner los ojos en blanco ante la falsa ilusión que le generó el identificar de quién era la voz: Pac. 

 

—Felicidades por aterrizar sin asfixiarte!— Cellbit no puede evitar sentir como sus testículos son jalados hacia abajo irónicamente, se limita a sonreír, luego abraza a su compañero. 

 

—Lo agradezco pero— muerde sus labios por un momento mirando alrededor como último avistamiento de la ausencia de alguien — ¿sabes donde está Roier Brown? ? El técnico que dejaste en tu lugar..—

 

Pac frunce el ceño y sus hombros se tensan. Ambos están un poco desorientados. En el caso de Cellbit, literalmente tenía sus emociones rebalsando el vaso. El moreno prometió esperarlo pero se estaba escondiendo bastante bien para que los jefes no le pusieran una tarjeta roja. Cellbit rió ante la falta de respuesta de su viejo técnico, puso las manos en los bolsillos de su pantalón para esconder su nerviosismo: —Siquiera sabes dónde está tu maestro?—

 

Le pareció irónico hacer ese tipo de broma. Después de saber sobre los conocimientos de Roier, reconoce públicamente que sobrepasa a Pac, a pesar de que el castaño tendía a hacerse el tonto e humilde. Tal vez se sobrepasó con su broma porque Pac trata de sonreír de una manera demasiado forzada que da miedo. Sus manos se envuelven y retuercen en los bolsillos de su pantalón, de repente se siente como si ahogaran sus manos.

 

Él está grave, Cellbit ..— responde, desviando la mirada.

 

—¿Quién?—

 

—Roier— 

 

Cellbit se siente completamente desconcertado por la noticia arrepentida sobre la condición de Roier. Hasta hace poco tiempo, habían hablado, y la voz de Roier transmitía vida y vitalidad. No había rastro de indicios que indicaran algo preocupante en su comportamiento durante esa conversación, lo que agrega una capa de confusión a su estado.

 

El contraste entre la imagen que tenía de Roier, llena de vivacidad y emociones positivas durante su última conversación, y la noticia de su estado grave, lo deja sumido en una profunda perplejidad. Cellbit se debate entre la incredulidad ante la situación actual de Roier y la posibilidad de que haya sido tan hábil ocultando cualquier indicio de malestar emocional o físico. La preocupación y la confusión se entrelazan, creando una mezcla de sentimientos difíciles de procesar para Cellbit.

 

Trata de hablar y accidentalmente las palabras salen en tartamudeos: —¿A que te refieres?— Traga saliva audiblemente, sintiendo la acidez de su bilis. Siente que su presión decae levemente. Tal y como en los momentos en donde se levanta muy rápidamente de la cama y no hay suficiente oxígeno en su cerebro. 

 

Pac suspira y sigue impidiendo la mirada penetrante y desconcertada de Cellbit.

 

—Él ha estado grave hace tiempo, Cellbit. Está en un hospital privado en estos momentos a causa de una leucemia aguda . Se había mantenido muy estable y los doctores dijeron que podía volver a trabajar. Pero decayó repentinamente—



. . .

 

El peso abrumador de saber que la enfermedad estaba presente en alguien tan cercano y querido como Roier, sin que él ni siquiera lo sospechara, lo sumerge en un torbellino de emociones abrumadoras. La confusión y el dolor lo invaden, combinados con una sensación de desconcierto y vergüenza por no haber identificado los síntomas en la persona que más le importaba.

 

Se siente como si el universo estuviera burlándose de él, riéndose en su rostro, mezclando su dolor con una sensación de impotencia frente a lo impredecible de la vida. La incomprensión y el desasosiego lo embargan, enfrentándolo a la realidad desgarradora de lo que Roier estaba atravesando sin que él pudiera notarlo.

 

Su compañero aclaró su garganta y continuó: —ideó distintos programas de alto nivel que están siendo utilizados por lo directivos, fueron presentados en una de las reuniones. Todo con el fin de simular su voz para hablar contigo, seguro estarás orgulloso— le tendió una media sonrisa al recién llegado.

 

Cellbit se encuentra sumido en un abismo de autodesprecio. Se ve a sí mismo como un inepto, incapaz de reconocer la realidad que acechaba a alguien tan cercano como Roier. Se compara con un niño de preescolar, capaz de descubrir constelaciones en el firmamento, pero fallando estrepitosamente en detectar las señales evidentes de dolor y sufrimiento en aquel que tanto le importa.

 

El resentimiento hacia sí mismo arde en su garganta, abrazándolo desde adentro con una rabia y frustración incontrolables. Se odia por no haber estado presente, por no haber sido capaz de detectar los signos visibles de la enfermedad que afectaba a Roier. La ira hacia su propia incapacidad lo consume, haciéndolo sentir impotente y abatido por no haber estado ahí cuando su técnico más lo necesitaba.

 

—Dónde está ahora—

 

—Cell— Pac, preocupado, intenta intervenir para calmar la situación, pero la ansiedad y la preocupación de Cellbit lo impulsan a buscar respuestas de manera inmediata. La intensidad de sus emociones se desborda, ignorando el entorno y las miradas que se posan sobre él en ese vasto pasillo, su única preocupación es encontrar a Roier.

 

—¡En qué hospital está ahora!— La desesperación se apodera de Cellbit, su voz cargada de angustia se eleva en un grito desgarrador. Su necesidad de saber dónde se encuentra Roier, su urgencia por estar con él en este momento tan crítico, supera cualquier límite de contención emocional.

 

El miedo, la frustración y la impotencia se reflejan en la voz temblorosa de Cellbit, generando una escena que detiene las actividades cotidianas de los transeúntes, quienes observan con asombro y desconcierto ante la intensidad de sus emociones.

 

Pac no esperó ni un segundo para decirle cada cosa que sabía al respecto mientras estaban trotando de camino. Algunos entrevistadores trataban de detenerlos y Cellbit no dudó dos veces para apartarlos con demasiada fuerza. El mismo pitido familiar de los reportes sonaba en sus oídos, como si estuviera pregrabado. Su visión borrosa era constante y solo volvía a la normalidad cuando estaba a punto de chocar con alguien. Pac estaba a unos metros detrás suyo mientras corrían, contándole de antemano cómo empezó la situación de Roier. Pac tampoco estaba al tanto de que le escondía su estado a muchos miembros de trabajo. Mucho menos a Cellbit. 

 

Cellbit se encuentra sumido en un torbellino de emociones. La sensación áspera y reseca en su labio interno es evidencia de su ansiedad y nerviosismo, provocando que sus mordidas lo lastimen y el sabor metálico de la sangre le genere un nudo en la garganta. El silencio abrumador durante el viaje hacia el hospital acentúa aún más su inquietud, permitiendo que el pitido sordo resuene con fuerza en sus oídos.

 

Sus pensamientos vuelan a los momentos que había imaginado compartir con Roier: abrazos reconfortantes, cumplidos que lo hicieran sonrojar, disfrutar de un café juntos, trabajar en más proyectos en equipo. Sin embargo, la realidad cruel y dura lo golpea cuando recuerda por qué no debería idealizar tanto esas situaciones. Los mensajes inquietos y la solicitud de sus superiores para verlo una vez más, probablemente para otorgarle un regalo, le provocan una sensación de ardor en la piel.

 

El deseo ferviente de que Roier, un joven que merecía compasión, pudiera recibir al menos unas últimas miradas de simpatía, choca con su propia ironía. La palabra "finales" resuena en su mente como una broma cruel, confrontándolo con la crudeza de la situación y las incertidumbres que lo atormentan en ese momento incierto.

 

La urgencia impulsaba a Cellbit, su corazón latía desbocado mientras se adentraba en el hospital, dejando atrás a su compañero, quien intentaba seguirle el paso, recuperando el aliento tras el apresurado sprint. Las miradas curiosas de pacientes y médicos lo rodeaban, observándolo con extrañeza por su frenético comportamiento. La recepcionista, alarmada por su estado agitado, le ofreció ayuda médica urgente, pero Cellbit solo ansiaba una cosa: 

 

—Necesito que me diga la habitación de Roier– Roier Brown !—

 

Con un tono urgente, casi desesperado, Cellbit exige saber dónde se encuentra Roier. La preocupación y la ansiedad se reflejan en sus ojos, pero su impaciencia supera cualquier otra emoción. Ignora cualquier gesto de compasión que la recepcionista pueda ofrecerle, prefiriendo no profundizar en el significado de esas expresiones compasivas. La advertencia de la recepcionista para mantener la calma antes de ingresar a la habitación de Roier pasa desapercibida mientras la prisa y la angustia lo consumen, agitando aún más sus nervios.

 

—Lo lamento [...] solo quiero saber si mi amigo está bien..— dirigió su mirada al suelo, tratando de retener el nudo que se transformaba en lágrimas. 

 

La mujer le señaló la habitación y dejó que un enfermero los guiará allí. Estaba en terapia intensiva, una de las salas ubicadas al fondo del hospital.  El enfermero les contaba un poco más a detalle con respecto al estado de Roier en el transcurso breve del camino:

 

—¿Cómo está Roier? Realmente... ¿cómo se siente?— pregunta mientras frota y trata de eliminar la frialdad que invade sus manos.

 

El enfermero toma una bocanada de aire mientras busca las palabras adecuadas: —Lo siento mucho. Roier está luchando, y aunque trata de mantener el ánimo alto con sus bromas, su estado es delicado. Es un chico valiente, pero la leucemia aguda le ha afectado profundamente—

 

—Él... es fuerte, ¿verdad? Siempre ha sido alguien capaz de encontrar la luz incluso en los momentos más oscuros— Después de esas palabras, Cellbit se sumerge en un torbellino de emociones entrelazadas. Sus expresiones revelan la profunda admiración y el cariño genuino que siente por Roier, pero también dan indicios de un sentimiento más profundo, algo que va más allá de una simple conexión amistosa.

 

Una sensación de admiración se mezcla con un atisbo de amor y preocupación. Cellbit contempla la fortaleza innata de Roier, reconocida por su capacidad para encontrar luz incluso en los momentos más oscuros. Este rasgo de fortaleza y resiliencia de Roier resuena profundamente en el corazón de Cellbit, creando un sentimiento de cariño y atracción que se mezcla con la preocupación por la difícil situación de su ser querido.

 

Se siente un poco desamparado al no poder cambiar las circunstancias, pero al mismo tiempo, está ansioso por brindar todo su apoyo, amor y cuidado a Roier en estos momentos desafiantes. La mezcla de sentimientos intensos deja entrever un aspecto más romántico, aunque indirecto, que revela la profundidad de los lazos emocionales que comparten, algo más allá de una simple amistad.

 

—Sí, es admirable su espíritu y su fuerza interior. Aún así, la situación es difícil para él—

 

—¿Hay algo más que podamos hacer? ¿Qué necesita? ¿Cómo puedo ayudarlo?— pregunta, la persistente necesidad de su corazón se hace presente en su voz.

 

—En este momento, lo más importante es brindarle apoyo y amor. Tu presencia significa mucho para él, habla mucho de tí y su familia. A veces, el simple acto de estar allí es más reconfortante de lo que podemos imaginar—

 

—Si pudiera, daría todo por él. Quiero estar allí, sostener su mano, recordarle lo increíble que es, lo importante que es para mí…— presiente su llanto como una catarata acercarse, aprecia las palmadas que le otorga Pac en su espalda mientras se acercan a la habitación.

 

—Comprendo tu amor por él. Mantén la calma, Cellbit. Tu apoyo es invaluable para Roier, cada gesto de amor cuenta mucho en estos momentos difíciles— el enfermero se limita a susurrar la última frase cuando otros pacientes cruzan a un lado.

 

El corazón de Cellbit se rompió al escuchar tal aclaración. Mientras él estaba disfrutando del espacio, de sus maravillas, su compañero estaba aquí sufriendo de una enfermedad detestable.

 

—Agradecerá que vinieran aquí, le hace mucha falta en este estado—

 

Toda esa revelación provocó un torbellino de pensamientos en la mente de Cellbit. Recordar los comentarios que su guapito solía hacer sobre su enfermedad fue como descubrir una puerta que había pasado por alto antes. Siempre estuvo ahí, frente a él, pero tal vez por miedo o negación, había optado por ignorar esas menciones.

 

Ahora, cada comentario resonaba con una nueva profundidad, como si cada palabra hubiera sido una llamada de auxilio encubierta, una forma sutil de comunicar lo que Roier estaba enfrentando. La conciencia de haber pasado por alto esos mensajes llenó a Cellbit con una sensación de remordimiento y tristeza, preguntándose si habría podido hacer algo más si hubiera prestado atención a esos indicios desde el principio.

 

"Siento que algún día podría desaparecer y solo te conocería por la mierda que pone la Wikipedia y eso sería mi puto cargo de conciencia”



“Sí señor. Le prometí a Pac acompañarlo a usted si nada se interpone en mi camino”




. . .



Cellbit se hundió en una profunda sensación de culpa. Se sentía como el más grande de los idiotas al darse cuenta de lo mucho que había pasado por alto. La puerta decorada con flores y dibujos infantiles lo golpeó con un sentimiento de conmoción y desolación.

 

La expresión de Pac reflejaba una mezcla de preocupación y ansiedad compartida, sus miradas se encontraron y ambos comprendieron la gravedad de la situación que se avecinaba. Tragaron saliva audiblemente, un nudo se formó en sus gargantas, mientras la puerta adornada con inocentes dibujos infantiles era un recordatorio constante de la realidad que aguardaba detrás de ella.

 

—Seguro que quieres entrar?— Pac pregunta detrás suyo cuando se toma unos segundos mientras toma el picaporte entre sus manos temblorosas

 

—Que pregunta tan estúpida, por supuesto que sí. Tu querrías que tu amigo viniera a verte y solo se largue sin siquiera decir hola solo porque te tuvo miedo?—  responde Cellbit, luchando por controlar sus emociones, mientras el humo del aire frío escapa de sus labios, reflejando su agitación interna.

 

Pac se encogió de hombros y puso una mano en el hombro de Cellbit, animandoló a entrar.

 

—¿Me dejas entrar solo a mí? —Pregunta Cellbit a Pac, con una voz monótona y temblorosa. Evita momentáneamente su mirada, y cuando finalmente lo hace, Pac nota la lucha interna reflejada en sus ojos. Algunas lágrimas se asoman, sostenidas precariamente en las orillas de sus ojos, como si fueran delicadas esferas a punto de caer.

 

Pac, con la voz ahogada por el nudo en su garganta, apenas logra articular palabra alguna. Su respuesta se reduce a un asentimiento silencioso. Las emociones lo embargan, impidiéndole expresar con palabras lo que su corazón y su mente están experimentando en ese preciso momento. Su silencio habla más que cualquier palabra que pudiera pronunciar en ese instante de angustia y preocupación. 




[...]




Cuando Cellbit abre la puerta de la habitación, lo primero que capta su atención es el tono blanquecino de las paredes. Su mente inquieta siempre buscaba encontrar significados y simbolismos en las cosas que lo rodeaban. En este caso, esa blancura aparentemente inocua adquiere un significado particular, llevando a Cellbit a reflexionar en voz baja sobre su posible significado.

 

Para él, el blanco de las paredes del hospital se convierte en una especie de ironía dirigida a los pacientes, una representación que puede ser interpretada como una metáfora visual de un camino trazado hacia el cielo, una referencia simbólica a la vida después de la muerte. En ese instante, se pregunta si el color blanco simboliza la inevitabilidad del final, un camino ya predestinado hacia un destino más allá de la vida terrenal.

 

La visión de esas paredes blancas le provoca una reflexión interna sobre la resignación, la aceptación o la falta de opciones frente a circunstancias difíciles e inevitables, sugiriendo la idea de que quizás ya no hay más por hacer, más allá de enfrentar lo que parece ser el destino final.

 

Hay jarrones con flores y dibujos con cartas esparcidos en las sábanas de la cama, agregando un toque de color y calidez a la habitación vacía y silenciosa. Cellbit se toma un momento para absorber la atmósfera, cada detalle significativo que habla de vida en medio de la lucha.

 

Cuando abre completamente la puerta, sus ojos se encuentran con la escena de un joven sentado en un escritorio, su cabeza cubierta por una bandana azul apenas oculta la escasez de cabello castaño. Viste la típica bata de hospital, con una sábana resguardando sus hombros, sumergido en la concentración de escribir algo con determinación.

 

La visión conmueve profundamente a Cellbit. Las lágrimas comienzan a deslizarse por sus mejillas y un sollozo escapa de sus labios, captando la atención del joven. Por primera vez en meses, sus miradas se encuentran. Observa las ojeras debajo de los ojos del moreno, pero lo que realmente resalta es la vitalidad y la intensidad en sus iris grises que parecen cristalizarse cuando se fijan en él. Es un momento lleno de emociones encontradas: la tristeza por la condición de Roier y la alegría por finalmente estar frente a él después de tanto tiempo.

 

—Gatinho... — Un susurro apenas audible escapa de los labios del moreno, tintado por una leve vibración. Sus labios tiemblan ligeramente, transmitiendo una mezcla de emoción contenida y debilidad física, pero también revelando una cariñosa familiaridad en esa única palabra.

 

Eso es suficiente para que Cellbit se lance a abrazarlo. Siente la necesidad de protegerlo de cada cosa insignificante, atraerlo a su pecho y dejar que sus preocupaciones queden encerradas en lo más profundo de sus memorias.

 

El abrazo es un refugio, un encuentro de dos almas aferradas en medio de la fragilidad. Cellbit envuelve a Roier con ternura, colocando con suavidad la cabeza del moreno en su pecho, sintiendo su piel fría y dejando que los sollozos desgarradores llenen la habitación. Siente el temor palpitante de quebrar a Roier, un miedo punzante a perderlo.

 

Los brazos de Roier encuentran consuelo alrededor del cuello de Cellbit, anhelando el calor humano después de largos meses de tratamiento. A pesar de su debilidad, su cuerpo tiembla levemente y lucha por sostenerse unos segundos más en pie. Sintiendo la necesidad de unirse más profundamente, Roier toma las mejillas de Cellbit, juntando sus labios en un beso que llevaba tiempo anhelando desde que su relación comenzó. Las sonrisas se esbozan tímidamente entre ellos, revelando su fragilidad compartida.

 

Cellbit se aferra a las caderas de Roier, sosteniéndolo con cuidado para que no caiga, permitiendo que la emoción y el amor se entrelacen en ese momento íntimo y conmovedor.

 

Se separan, pero la conexión entre sus miradas perdura, transmitiendo un sentimiento reconfortante de compañía mutua. Para Cellbit, en esos instantes, se siente como si estuvieran en el espacio: un vasto vacío que, aunque desafiante y solitario, se torna soportable gracias a la presencia del otro.

 

En silencio, sin palabras audibles, sus ojos se encuentran y parecen intercambiar mensajes profundos. En medio del abrazo y el beso compartido, una sensación de protección y tranquilidad envuelve su intimidad. Y en ese diálogo silencioso, las miradas dicen más que cualquier frase:



—Estoy aquí, no te preocupes—

 

Entre charla y charla, la debilidad comenzaba a asomarse, aunque era ignorada por la presencia reconfortante del otro. Cada palabra compartida actuaba como un bálsamo que calmaba sus inquietudes, mientras que los roces de sus manos entrelazadas se convertían en un lenguaje más elocuente que cualquier conversación.

 

Aquella noche, en ese momento de intimidad, Cellbit confirmó lo que había estado dudando. Descubrió que para él, Roier superaba la belleza del espacio, era su propia constelación más brillante en medio de ese vasto universo. Era la luz que iluminaba sus días más oscuros, un recordatorio constante de que el amor podía trascender incluso las fronteras cósmicas.

 

En la quietud de la habitación del hospital, con el susurro de las máquinas y el palpitar constante de sus corazones, Cellbit comprendió que la conexión que compartían era mucho más que una simple relación. Era un lazo que desafiaba la gravedad, irradiando una belleza mucho más profunda que las estrellas del firmamento.

 

—Gracias por ser mi reporte más preciado en este viaje, mi amor. Eres la historia más hermosa que he contado en este vasto espacio— 

 

Las últimas palabras de Roier resonaron en el corazón de Cellbit como asteroides cayendo en el vacío cósmico de su estómago. Cada sílaba se convirtió en una constelación de emociones, dispersándose como estrellas fugaces en su interior. Su voz, antes llena de vitalidad y esperanza, ahora era un eco distante, como el susurro de una galaxia lejana perdida en la inmensidad del espacio.

 

Las palabras de despedida se sintieron como agujeros negros, absorbiendo cualquier atisbo de luz y calidez en su ser. Cada frase resonaba con la gravedad de un universo que se estremecía, recordándole que incluso las estrellas más brillantes pueden extinguirse en la vastedad del cosmos.

 

Roier, quien alguna vez fue su constelación más radiante, ahora parecía desvanecerse en la inmensidad sideral. Las palabras finales, como meteoritos ardientes, dejaron una marca indeleble en el corazón de Cellbit, recordándole la fragilidad de la existencia en este vasto y misterioso espacio que compartieron.

 

Pero en algún rincón del universo, una estrella se desvanecería en silencio. Sin palabras ni advertencias, una de esas luces que habían compartido juntos se extinguía lentamente. Y, aunque no se mencionara explícitamente, esa noche marcaba un punto de inflexión. 

 

Era el momento en que una constelación perdía uno de sus destellos más brillantes, dejando un vacío en el vasto cielo estrellado, una ausencia que solo ellos dos entenderían en su totalidad.



Porque Roier falleció el 16 de junio de 2023.