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Jim tenía un plan perfecto.
La cronosfera lo llevaría al día en el que había conseguido el amuleto, y tendría meses para prepararse para el enfrentamiento con la Orden Arcana.
Primero le diría a Toby que fueran por el camino largo y a la vuelta de clases le diría que atravesara el canal para recoger el amuleto de Merlín que se encontraba debajo de los restos de Kanjigar. No pensaba decirle esas palabras exactas, pero si le diría que quizás conseguiría algo interesante si regresaba a casa por ese camino.
Después de hablar con su mejor amigo, se apuntaría a la obra de teatro y haría la audición para el papel de Romeo (esta vez sin la armadura del cazador de trolls), para poder acercarse a Claire y conseguir que se enamorara de él de nuevo. Y esta vez, le haría conocer el mundo de los trolls antes, preferiblemente en una situación en la que ninguna de sus vidas estuviera en peligro.
También hablaría con Strickler después de clases y le diría que fuera a su casa a cenar con su madre, para que pudiera recuperar la relación que había tenido anteriormente con Bárbara. Una vez encontró repulsivo el hecho de que estuvieran juntos, pero después de todo lo que hizo Strickler por él, solo podía rezar porque en esa línea temporal ellos pudieran tener su final feliz.
Definitivamente también se encargaría de recuperar a todos los aliados que había tenido en su vida anterior que una vez fueron sus rivales o enemigos. Steve, Draal, Strickler, Nomura, NotEnrique, Chompsky, Angor Rot y Morgana. Y se aseguraría de que todos ellos sobrevivieran hasta después de la batalla final contra la Orden Arcana.
Porque no sabía que haría si volvía a perder a algunos de ellos.
Sin importar que tuviera o no el amuleto de Merlín, era el cazador de trolls, y aunque Toby fuera elegido en esa línea temporal, su deber seguía siendo protegerlos a todos. Merlín podía ser un bastardo manipulador, pero lo que él le enseñó era cierto. Él era el cazador de trolls, con o sin el amuleto. Era un héroe, independientemente de que tuviera una armadura mágica o no.
No sabía cómo en algún momento pudo pensar que lo era simplemente porque un amuleto decidió elegirlo. El amuleto vio dentro de su corazón. El amuleto supo que él era el correcto. El amuleto supo que él era un héroe. Fue por eso por lo que se convirtió en cazador de trolls. No al revés. No era especial porque fue elegido por Merlín. Merlín lo eligió porque era especial. Y tener o no el amuleto no tenía importancia. Él guiaría a sus aliados hacia la victoria de cualquier manera. Solo tenía que preparar a sus aliados para enfrentarse a la Orden Arcana.
Por eso, después de todo el plan que había elaborado en su cabeza para asegurar la victoria de su equipo- no, de su familia, no pudo hacer otra cosa más que quedarse paralizado cuando descubrió que no se había despertado nada más sonar la alarma de su despertador, sino que había aparecido en el mismo día en el que Strickler y él pelearon para conseguir el amuleto o la ubicación del puente de Killahead.
Estaba en el pasado, sí. La cronosfera había funcionado. Pero no tuvo tiempo de celebrarlo porque se dio cuenta de que todo estaba mal. No se suponía que debía aparecer ahí. Tenía que volver al día en el que descubrió el amuleto, no justo al día en el que se enfrentó al cambiante.
Strickler lo atacó con un cuchillo y apenas pudo poner el tenedor en medio para que no le cortara con él antes de sentir que se desconectaba del mundo.
Eso no debería haber sucedido así. La cronosfera no debería haberlo llevado a ese día. Había cometido un grave error. Y al haber aparecido en un momento diferente al esperado, no sabía como podía evitar algunos de los problemas que tuvo en la línea del tiempo anterior.
Tenía planeado todo lo que quería hacer y la cronosfera lo había arruinado.
Tenía planeado convertir a Toby en el cazador de trolls, pero…
Un sudor frío recorrió su cuerpo.
No. No puede ser. Su corazón comenzó a latir rápidamente contra su pecho. No puede ser posible. Se acababa de dar cuenta de algo crucial. Si Strickler estaba peleando con él, eso significaba que tenía el amuleto.
Él no podía ser el cazador de trolls.
Debía ser Toby. Si él mismo era el elegido, entonces a todos sus seres queridos les esperaba el mismo futuro que ya tuvieron una vez. Toby volvería a morir, y la única razón por la que había decidido que su mejor amigo debía ser el cazador de trolls era porque quería evitar precisamente eso. Ser el cazador de trolls haría que las probabilidades de Toby de sobrevivir al enfrentamiento con la Orden Arcana aumentaran considerablemente, y aunque eso reduciría sus propias probabilidades de sobrevivir, estaba dispuesto a hacerlo si eso significa que su amigo viviría.
Porque no podía perder a Toby, no otra vez.
Jim estaba en pánico mientras avanzaba entre los restos del titán de fuego. Por mucho que recorriera ese lugar, no encontraba a Toby, y sintió como su respiración se aceleraba cada vez más, hasta que finalmente lo encontró. Levantó la piedra que había caído encima de él y su corazón dio un vuelto. Él estaba herido. Estaba herido, con cortes por su cara. Parecía estar muy débil. Parecía estar muerto. Sintió su corazón detenerse. No podía ser posible. «Oh no...» musitó Jim.
—¡No! —oyó el grito de Claire detrás de él.
Jim sintió su corazón latir más rápidamente. Todo su cuerpo temblaba, y no sabía como era capaz de mantenerse de pie, sin derrumbarse. No podía ser posible que le estuviera sucediendo algo así a su mejor amigo. Tenía que ser un sueño, o una pesadilla. No podía ser real.
—Compinche… —musitó Aaarrrgghh.
Aaarrrgghh miró a Toby con los ojos llenos de terror, y Jim acercó su mano a la de su mejor amigo, agarrándola levemente. Sus ojos se cristalizaron, y justo cuando estuvo a punto de gritar por el dolor de haber perdido a Toby, sintió que su amigo le devolvía el apretón con suavidad. Le miró sorprendido, acercándose un poco más a él.
—Toby… —dijo ligeramente esperanzado. Si estaba despierto era una buena señal, ¿verdad? Eso significaba que aún no era demasiado tarde para salvarle la vida.
—Jimbo… ¿Hemos salvado el mundo? —preguntó Toby débilmente.
—Sí. Así es. Toby, te curaremos. Con un médico, con magia, o con tecnología.
La voz de Jim sonó entrecortada. Estaba desesperado. Eso no podía ser el fin. Su mejor amigo no podía terminar así. Su amistad no podía acabar de esa manera. Tenía que haber algo que pudiera curarlo, algo que pudiera evitar que le pasara lo mismo que a Strickler. «No». Apretó con más fuerza la mano de Toby. Demasiado doloroso era lo que estaba sucediendo para acordarse también de la muerte del hombre que consideraba su padre.
—Amo Jim… Lo siento —dijo Blinky detrás de él, y Jim pudo sentir el dolor en su voz.
—¡No! ¡Tiene que haber un modo! ¡Siempre hay un modo! —gritó Jim con la voz quebrada, casi a punto a punto de llorar. Miró a Blinky durante un par de segundos y luego volvió a mirar a Toby. Se negaba a perder a su mejor amigo, a aceptar que lo estaba perdiendo, o que lo había perdido—. Toma, ten esto —se quitó el amuleto y sujetó el brazo de su amigo para que lo agarrara—. Úsalo. No puedes rendirte.
—No me estoy rindiendo, Jimbo —apartó su mano, sin coger el amuleto. Jim sintió un sudor frío. No podía estar hablando en serio—. Me lo enseñaste tú —miró a sus amigos—. Todos me habéis enseñado mucho. Me habéis dado mucho.
—Compinche… —dijo Aaarrrgghh. Su voz sonaba quebrada.
—No pasa nada, colega —Toby miró a Aaarrrgghh y después a Jim.
—Por favor, Toby, no me dejes. Siempre has estado conmigo.
Jim sintió las lágrimas deslizándose por sus mejillas y acercó la mano de Toby a su mejilla. Todo aquello tenía que ser una pesadilla. No podía ser real. Tenía que estar soñando o alucinando.
—Siempre he estado y siempre estaré —dijo con la voz cada vez más quebrada y débil.
—Empezamos los dos juntos… y seguiremos juntos hasta el final —Jim sintió sus labios temblar. No podía estar sucediendo lo que creía que estaba sucediendo.
—No pasa nada, Jimbo. No lo pensé —miró hacia arriba—. Me convertí —cerró los ojos.
La mano de Toby dejó de apretar la suya y darse cuenta de lo que había sucedido hizo que su corazón se rompiera en mil pedazos. Sintió como una parte de él murió con su mejor amigo. Se inclinó para abrazarlo y gritó su nombre con desesperación, como si eso pudiera hacer que Toby despertara. Como si eso pudiera hacer que él volviera a la vida.
Tenía que hacerlo. No podía perder a su mejor amigo. No podía perder a Toby, que siempre había estado ahí para él, que le había salvado la vida, que consideraba parte de su familia. No podía perder a otra persona que le importaba. Demasiado doloroso era imaginarse una vida sin su padrastro como para vivir también sin su mejor amigo.
—¿Joven Atlas? Joven Atlas, escúchame. Tienes que respirar.
La voz de Strickler le sacó de sus pensamientos y solo cuando vio que estaba en el suelo, con su profesor arrodillado frente a él, apretando suavemente sus brazos, se dio cuenta de que solo había sido un recuerdo. Solo había imaginado la muerte de Toby. No fue real.
Excepto que sí lo fue, en otra línea temporal que ya no existía. En otra línea temporal que quería evitar a toda costa.
Pensar eso no hizo que se calmara, solo hizo que respirar fuera incluso más difícil de lo que ya era. Bajó la cabeza, con los ojos cerrados. Su corazón golpeaba su caja torácica con fuerza, y el aire no era capaz de entrar a sus pulmones, pero por mucho que quisiera, por mucho que lo intentara, no era capaz de tranquilizarse. Era imposible hacer lo que Strickler le decía. Sentía como si se estuviera ahogando, y aún así no podía forzarse a respirar.
—Jim. Jim, tienes que escucharme. Respira.
—Yo no… No…
—Vamos, joven Atlas. Puedes hacerlo.
—No puedo… —dijo débilmente.
Jim apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Strickler pasara un brazo alrededor de sus hombros, acercándolo a él, y comenzara a susurrarle una y otra vez palabras que pretendían ser tranquilizadoras, mientras subía y bajaba la mano por su brazo, intentando calmarlo. Jim no supo qué fue lo que le hizo detener su ataque de pánico. No supo si fue por sentir la calidez de un cuerpo humano, o porque era la primera vez que él y Strickler se acercaban lo suficiente como para casi abrazarse, pero su respiración finalmente comenzó a ralentizarse hasta su ritmo normal.
Aún a pesar de que pudo calmarse, Jim no se movió de donde estaba. Cerró los ojos y bajó la cabeza, acercándose a la persona que tenía un brazo envuelto alrededor de sus hombros. Sabía que debía decir algo, dar una explicación de por qué había tenido esa reacción, pero no podía. Solo pudo temblar por el terror de haber tenido un ataque de pánico.
—Joven Atlas…
Jim se apartó levemente de su profesor (porque todavía era su profesor, no su ex-profesor ni su director, se dijo a sí mismo) para mirarlo, y un nudo apareció en su garganta al ver la preocupación que había en sus ojos. Una emoción que no debería sentir en ese momento. Una emoción que le recordaba al Strickler que había perdido. El Strickler que, después de todo por lo que habían pasado, después de lo que se habían hecho el uno al otro, decidió dar su vida por él. A pesar de que una vez le dijo que velaba por sus propios intereses, él hizo algo tan desinteresado como sacrificarse para salvarlo. Eligió protegerlo del titán de hielo antes que dejar que resultara herido, incluso si eso significaba morir. ¿Cómo podía haberle salvado? ¿Cómo podía haber elegido salvarlo antes que asegurarse de que Bárbara y él tuvieran un final feliz?
Sus ojos se llenaron de lágrimas y se apartó completamente de Strickler. Apoyó su espalda contra la pared, levantó sus rodillas y envolvió sus brazos alrededor de ellas, escondiendo su cara.
—Joven Atlas, ¿qué te pasa?
Jim soltó una risa quebrada, pasándose una mano por los ojos para intentar que las gotas de agua no cayeran de sus ojos. La pregunta correcta era qué no le pasaba. Qué no le había pasado desde que descubrió ese amuleto en el canal. Su profesor de historia, que era casi como un padre para él, resultó ser un cambiante que lo traicionó e intentó matarlo. Él secuestró a su mentor, lo manipuló para liberar a un troll malvado de su prisión y despertó a un troll asesino centenario para matarlo. Utilizó a su madre para que no pudiera hacerle daño y cuando el anillo que controlaba al troll asesino fue roto tuvo que ayudarlo para proteger a su madre. Fue a un páramo oscuro y frío para recuperar al hermano pequeño de su novia y casi no salió vivo de aquel lugar. Vio un futuro alternativo en el que todos sus amigos y su madre morían por culpa de la liberación de Gunmar. Y después de todo eso, y muchos más sucesos que fueron destruyendo su corazón poco a poco su corazón, tuvo que enfrentarse a una orden que despertó a tres titanes que casi acabaron con el mundo. Vio morir a su padre, a su mejor amigo y a otros aliados, y reinició el tiempo para arreglarlo todo, teniendo que lidiar con el hecho de que sabía de la existencia de otra línea temporal.
—Qué no me pasa —contuvo un pequeño sollozo—. La pregunta es qué no me pasa, señor Strickler.
—Joven Atlas…
—No —levantó sus manos, que temblaban casi sin control, deteniendo sus palabras, todavía sin atreverse a mirarlo—. No me llames así. Demasiado doloroso es que lo digas… tú.
—¿Qué quieres decir? Siempre lo he dicho yo.
—No tú tú. Esta versión de ti —dijo en voz baja, sin levantar la cabeza de sus rodillas.
—¿A qué te refieres con esta versión de mí?
Apretó con más fuerza sus rodillas, apretándose más contra la pared, como si eso pudiera evitar tener una conversación con Strickler. No debía decir nada. No debía contarle sobre la anterior línea temporal. La primera vez que había viajado en el tiempo se lo había dicho, pero esa vez dudó en hacerlo. Si lo hacía, los efectos que pudiera tener el contarle la verdad serían definitivos. No habría ningún mago que pudiera llevarlo de vuelta a cierto momento del tiempo para corregir ese error.
Pero, ¿realmente sería capaz de soportar el hecho de que era el único que provenía de otra línea temporal? ¿Realmente sería capaz de ver a Toby, a Draal y a Vendel sin derrumbarse por haberlos fallado? ¿Realmente sería capaz de lidiar con el peso de dos mundos sobre sus hombros?
Dejó de apretar sus rodillas con tanta fuerza. Tuvo un ataque de pánico simplemente por el hecho de recordar la muerte de Toby. Ni siquiera tuvo que verlo para sentir como su mundo volvía a derrumbarse. ¿Cómo podría mirarlo a él y a sus otros aliados sin sentir su corazón romperse de nuevo por no haber sido capaz de salvarlos?
—Joven Atlas.
Jim levantó su cabeza.
—¿Qué te pasa?
Los ojos de Strickler no reflejaban la rabia que había percibido una vez, sino preocupación.
Preocupación.
Strickler estaba preocupado por él, no por el amuleto.
Y él ya había visto esa preocupación en su mirada una vez. Antes de viajar en el tiempo, antes de que Strickler se sacrificara por él, antes de que todo se arruinara.
—¿Sabes qué, Jim? Una vez intenté matarte con todas mis fuerzas. Y ahora… bueno, nunca me he sentido tan bien por fracasar.
Jim volvió a rodearse a sí mismo con sus brazos, con los ojos cerrados. El nudo en su garganta se hizo más grande y respiró temblorosamente, intentando no llorar delante del cambiante. ¿Cómo pudo permitir que Strickler se sacrificara por él? ¿Cómo pudo no intentar con más ímpetu levantarse del suelo para intentar detenerlo? Después de todo por lo que habían pasado juntos, después de que estuvo a punto de convertirse en su padrastro, ¿cómo fue capaz de dejarlo morir?
Oh, no.
Contuvo la respiración.
No, no, no, no, no.
No solo perdió a Strickler. No solo dejó morir a su enemigo convertido en aliado. Dejó morir a su padre.
Perdió a su padre por segunda vez.
Sintió como su cuerpo temblaba con más fuerza e intentó controlar sus lágrimas, pero el hecho de haber perdido a Strickler, la persona que había considerado su padre antes de ser elegido como el cazador de trolls, y que eventualmente había vuelto a apreciar, fue suficiente como para que no pudiera evitar derrumbarse.
—¿Jim?
Jim notó la sorpresa y la preocupación en la voz de Strickler, pero no pudo contestar. Por Deya. Perdió a su padre de nuevo. Y todo sucedió tan rápido después de eso que no pudo ni siquiera detenerse a procesar lo que había pasado. Strickler murió. Murió, y ni siquiera tuvo tiempo de llorarlo adecuadamente porque el destino del mundo estaba en juego. Solo pudo tener una breve conversación con su madre antes de que Toby le dijera que tenían que ir a Hong Kong.
Y fue solo entonces, estando a salvo y sin el mundo estando en peligro inminente, cuando permitió que todas las emociones que había estado conteniendo desde que Strickler murió se desbordaran. Sintió su corazón romperse más que cuando vio morir a su padrastro y a su mejor amigo, y a pesar de que sabía que ellos estaban vivos, no pudo evitar sollozar como si fuera la primera vez que lo hacía.
Perdió a su padre y a su mejor amigo.
Por Deya, ellos murieron, y si no hubiera viajado en el tiempo habría tenido que vivir una vida sin ellos. Strickler se habría ido de nuevo, y esta vez jamás volvería con él y con su madre, y su mejor amigo, el que había impedido que se hundiera en un vacío después de que su padre biológico le abandonara, nunca podría volver a pasar el tiempo con él.
Ni siquiera pudo despedirse de ninguno de los dos. No pudo decirles que le importaban, o que les apreciaba. Ellos murieron sin saber lo mucho que los quería.
—Jim, ¿qué ocurre?
No se suponía que debían morir. Se suponía que ganarían, se suponía que vencerían a la Orden Arcana, que Strickler y Barbara se casarían, y que todos conseguirían su final feliz. No estaba en sus planes que sus aliados murieran y tuviera que viajar al pasado para salvarlos por haber sido un imprudente y un estúpido que no pensó en una estrategia mejor.
—Jim.
No tendrían que haber muerto ni Nomura, ni Strickler, ni Toby, ni Nari. Tendría que haber sido él.
Debería haber muerto él.
Si alguien tenía que pasar por eso, si alguien debía hacerse el héroe y morir para protegerlos a todos, era él.
Dos manos se apoyaron en sus hombros, y lo sacudieron, y solo entonces se dio cuenta de que había vuelto a desconectarse del mundo. Strickler lo miraba con más preocupación que antes, y no sabía si era solo su imaginación, pero sintió sus manos temblar. Y tener a su profesor tan cerca solo le hizo querer comprobar que realmente estaba ahí con él, que no era solo su imaginación. Sin darle tiempo a Strickler para alejarse, lo rodeó con sus brazos, apretándolo con fuerza, como si fuera a desaparecer en cualquier momento.
Unos segundos después, sintió que el cambiante le devolvía el abrazo y eso fue la gota que colmó el vaso. Aunque antes había pensado que no le diría lo que había sucedido, que no le contaría que era de otra línea temporal, ni nada que pudiera hacerle pensar que lo era, no pudo evitar decir las palabras «Lo siento».
—¿Lo siento por qué, joven Atlas?
—No se suponía que esto resultara así —cerró los ojos—. No se suponía que debías morir.
—¿Qué? —Strickler lo separó levemente de él, mirándolo con sorpresa y confusión—. ¿Qué quieres decir con eso?
—Quiero decir que ya he pasado por esto una vez, señor Strickler —ante el ceño levemente fruncido de Strickler, continuó—. Esta no es la primera vez que tenemos esta pelea.
Sin esperar que Strickler reaccionara ante sus palabras, le contó todo lo que había sucedido desde que acabaron la pelea de ese día. Desde que consiguió su amuleto y después secuestró a Blinky para forzarlo a abrir el puente de Killahead y poder liberar a Gunmar, hasta que meses después, por ciertas razones, Gunmar fue liberado y él, habiéndose convertido en su aliado, regresó a Arcadia junto a Nomura para entrenarlo.
Y cuando llegó al punto de la historia en la que tuvo que narrar su muerte, no pudo contener las lágrimas que había mantenido contenidas durante todo el relato.
—Tú y mi madre os prometisteis, pero antes de poder casaros, tú… diste tu vida para salvarme —dijo con la voz quebrada de nuevo.
—Joven Atlas, yo…
Bárbara abrió la puerta justo en ese momento, sujetando la tarta de manzana con sus manos, y vio la escena que había frente a ella. Frunció el ceño, dejó la tarta sobre la mesa del comedor y se acercó a ellos.
—¿Walt? ¿Jim? ¿Qué ocurre? —apoyó una mano encima de las rodillas de Jim—. ¿Por qué estás llorando?
—Mamá —Jim suspiró temblorosamente—. Tengo que contarte algo.
* * *
—Eres el cazador de trolls porque fuiste elegido por el amuleto de Merlín.
Barbara lo miró y Jim asintió levemente, sin estar seguro de que su voz no se quebraría si hablaba.
—Y tú eres un cambiante.
Strickler le dirigió una mirada a Jim, y aunque no parecía que estaba enfadado con él, no pudo evitar dirigirle una pequeña sonrisa de disculpa. Contarle la verdad a Bárbara sobre el mundo de los trolls también significaba revelar la naturaleza cambiante de Strickler, por desgracia para él. Estaba seguro de que no estaba completamente de acuerdo con haberlo hecho, pero cuando antes aceptara su madre que su profesor de historia era un cambiante, y cuando antes pudiera cambiar de bando, antes podrían estar juntos y ser la familia que deberían haber sido en la primera línea temporal.
—No pretendía revelarlo tan pronto, pero sí.
—¿No pretendías revelarlo tan pronto? —Bárbara pareció ofendida ante esas palabras—.¿Entonces cuándo me habrías dicho que no eres humano? ¿Cuando la invasión de los trolls hubiera comenzado?
—Bárbara… —empezó a decir Strickler, pero fue interrumpido por Bárbara.
—No, Walt. ¿Cómo pudiste ocultarme..?
—No —Jim levantó sus manos, intentando calmarlos antes de que empezaran a discutir. Miró a su madre—. Sé que te duele que te haya ocultado algo así —su mirada se dirigió a Strickler— y ocultárselo no estuvo bien. Pero… —sus manos temblaron—. Ahora no, por favor.
—Jim… —apoyó una mano encima de las suyas y Jim la apretó con fuerza, mirando a su madre con los ojos cristalizados. El anillo no estaba en su mano. Y no debería haberle afectado tanto, pero lo hizo.
—Lo siento —su voz se quebró.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Mamá, ibais a casaros. Ibais a casaros y yo lo arruiné todo. Lo habíamos aceptado en la familia, y ahora… —volvió a mirar sus manos y sus lágrimas cayeron—. Todo el progreso que hicimos…
—No —para su sorpresa, Strickler fue quien habló—. Tú no arruinaste nada, joven Atlas.
—Tu muerte fue mi culpa. Si no hubiera sido tan imprudente, si no hubiera pensado que unos simples explosivos serían capaces de acabar con el titán de hielo, entonces tú...
—No —dijeron Barbara y Strickler a la vez.
Jim parpadeó, mirándoles con incredulidad. ¿Como podían pensar que no fue su culpa? Todos los amigos que habían muerto murieron por él. Draal murió porque no fue lo suficiente rápido como para apartarse del camino antes de que Angor Rot lo atacara con uno de sus cuchillos. Vendel murió porque fue un imprudente que no se lo pensó bien antes de ir a las Tierras Sombrías. Strickler murió porque no fue capaz de pensar antes que unos simples explosivos no serían capaces de detener el titán de hielo. Nomura murió por decirle que fuera con Douxie mientras aún era de día. Nari murió porque no fue capaz de pensar en protegerla mientras ella se enfrentaba a Skrael. Y Toby murió porque no se le ocurrió utilizar antes la idea de utilizar el cañón anti-magia.
Si hubiera pensado mejor en el plan, si no hubiera actuado como lo hizo, entonces todos habrían sobrevivido al enfrentamiento contra la Orden Arcana. No tendría que haber visto a sus amigos morir, y no tendría que haber viajado al pasado. No tendría que volver a vivir su vida, y todo el progreso que había hecho con Strickler y sus otros enemigos, que eventualmente se habían convertido en sus aliados, no habría sido en vano.
Cerró los ojos con fuerza. ¿Cómo se suponía que tenía que volver enfrentarse a algunos de sus enemigos sabiendo lo que algunos de ellos habían hecho por él en la anterior línea temporal? ¿Cómo se suponía que debía luchar otra vez contra Nomura, Morgana y Angor Rot, después de que ellos cambiaran de bando por él y sus amigos?
Después de ir a las tierras sombrías para recuperar al hermano de Claire, la única persona que hizo que pudiera estar completamente cuerdo fue Nomura, y al estar en peligro, ella le salvó la vida. Le salvó la vida a pesar de haber sido su enemiga, y decidió regresar a Arcadia Oaks para entrenarlo y para que pudiera vencer a Gunmar. Podría haberse alejado lo más posible de esa ciudad y mantenerse al margen, pero tomó la decisión de ayudarlo.
Al enfrentarse a Morgana, una de las únicas razones por las que fueron capaces de derrotarla fue Angor Rot. Él decidió atacar a la hechicera en vez de a él, y eso les dio la oportunidad de contraatacar. Si el troll no hubiera dejado de obedecerla, si no hubiera elegido ayudarlos, estaba seguro de que no habrían podido evitar la noche eterna. Una gran parte de la población mundial habría desaparecido por culpa de los gumm-gumms, como sucedió en el futuro alternativo que Merlín le enseñó después de que deseara no haber sido elegido por su amuleto, y no habrían podido evitarlo.
Cuando se convirtió en un troll completo y estuvo bajo el control de la Orden Arcana, sus amigos tuvieron que enfrentarse a él y al Caballero Verde. Morgana podría haber seguido las órdenes de la Orden Arcana también, pero en vez de eso decidió ayudar a sus amigos. Al igual que Angor Rot, cortó las cadenas que la ataban a sus maestros y tomo la decisión de vivir siguiendo sus principios, no siendo la marioneta de otra persona. Si no hubiera cambiado de bando, estaba seguro de que la Orden Arcana habría ganado antes de que siquiera tuvieran la oportunidad de pensar en un plan para vencerlos.
Jim les debía mucho, incluso su vida. ¿Cómo sería capaz de luchar de nuevo contra ellos teniendo en cuenta eso?
—Jim…
—Joven Atlas…
Jim miró a su madre y Strickler y sus ojos se cristalizaron.
—Oh, Jim.
Su madre lo rodeó con sus brazos y Jim le devolvió el abrazo casi de inmediato. Sus manos temblaron mientras apretaba con fuerza la camisa de su madre, emitiendo pequeño sollozos. Cerró los ojos, aferrándose a Bárbara como si fuera a desaparecer. Sabía que no lo haría, pero después de haber perdido a Strickler, le aterrorizaba la idea de perderla a ella también. Lo último que quería era enfrentarse a la realidad de que en realidad no estaba en el pasado, y que todo lo que sucedió hasta ese momento fue solo su imaginación.
No.
No sería capaz de soportar que todo lo que sucedió fue simplemente una alucinación. ¿Cómo podría lidiar con eso? Demasiado doloroso era ver a Strickler vivo después de lo que le sucedió, y si resultaba que todo eso era un sueño, eso destruiría su corazón más de lo que ya lo estaba. Habría visto morir a su profesor por tercera vez. La primera fue cuando Merlín le mostró un futuro alternativo, la segunda fue cuando se enfrentaron al titán de hielo, y si la versión de él que estaba viendo era irreal, eso significaría que perdería a Strickler por tercera vez, y a su padre por cuarta vez.
—Jim.
—¿Eres real? —se apartó de su madre y miró a Strickler, antes de mirar a los dos adultos—. ¿Sois reales?
—Jim, claro que somos reales.
—¿De verdad? —una lágrima cayó de sus ojos—. Porque si no lo eres, yo… —estuvo a punto de bajar la cabeza, pero se negó a hacerlo. Si aquello era irreal, al menos se aseguraría de que esta vez Strickler supiera lo que significaba para él—. Yo no puedo perderte de nuevo, Strickler. No puedo perder a mi padre otra vez.
—¿Qué?
Bárbara miró con los ojos abiertos a Jim, sin poder creerse lo que acababa de escuchar, y al mirar a Strickler vio que él estaba pálido como un fantasma, mirándolo con incredulidad, como si tampoco pudiera creerlo.
—¿Tu… padre?
—¿Creías que veía a Blinky como el sustituto para mi padre? —soltó una risa quebrada—. ¿Quién me ayudó cada vez que lo necesitaba? ¿Quién me dio consejos para hablar con Claire? ¿A quién acudí cuando descubrí que era el cazador de trolls, Strickler?
—A mí. Tú me veías a mí como el sustituto para tu padre —dijo con la voz ligeramente temblorosa, como si oír esas palabras hubieran hecho que se diera cuenta de algo en lo que nunca había pensado. Como si le hubieran desequilibrado por completo.
—Sí —afirmó Jim. Sus ojos estaban llorosos—. Tú eras mi padre, Strickler. Y después de eso, tú resultaste ser uno de los cambiantes que servía a Gunmar. ¿Cómo crees que me hizo sentir eso..?
Antes de que pudiera terminar la frase, fue abrazado de nuevo, y aunque la primera emoción que sintió fue sorpresa y desconcierto, cuando oyó a Strickler decirle «Lo siento» en voz baja, casi en un susurro, no pudo evitar que las lágrimas cayeran de nuevo. Por Deya, ¿por qué esas palabras le habían afectado tanto? ¿Por qué había llorado ya tres veces si nunca había sido una persona que se dejara llevar fácilmente por la tristeza?
—Jim…
Su madre también lo abrazó, y fue en ese momento, en los brazos de sus padres, cuando se dio cuenta de que pasara lo que pasara, fuera real o no ese momento, ellos siempre serían una familia. Sin importar que tuvieran que viajar en el tiempo, sin importar que perdieran los recuerdos y tuvieran que recuperarlos, sin importar quién fuera el elegido por el amuleto de Merlín, siempre encontrarían el camino de regreso a su hogar.
Y cuando al día siguiente se despertó en su casa, y vio a Strickler y a su madre en la cocina, sonrió.
Realmente había viajado al pasado.
