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El brazo de su abuelo se apretó alrededor de sus hombros y la atrajo más contra su pecho. Cuando gritó dracarys, él se estremeció y ella recargó todo su peso contra él. Rhaenyra acababa de perder a su madre y un hermano, Ellion Martell acababa de perder a su única hija y un nieto.
Toda su familia materna estaba con ella. Mara Martell, la Princesa Gobernante de Dorne y la prima de la madre de Rhaenyra; Qoren Martell, el Heredero de Lanza de Sol y único primo de Aemma Martell, y sus hijos, Aliandra, Qyle y Coryanne, quienes eran más hermanos que primos segundos para Rhaenyra. Incluso el tío Daemon estaba con ellos, con ella.
Su padre estaba a metros de ella, solo, con Otto Hightower como la compañía más cercana.
Bien.
Viserys Targaryen no merecía el consuelo de nadie, no cuando había ordenado que mataran a su esposa, a la única madre de Rhaenyra. Y que tuviera a esa sanguijuela del Dominio como fuente de ánimo era sumamente apropiado; había alejado a su único hermano por Otto Hightower, entonces Otto Hightower podía ser su familia.
Las Llamas y la Madre Rhoyne sabían que para Rhaenyra, Viserys Targaryen había dejado de ser su padre.
…
Toda la Corte estaba reunida en el Salón del Trono.
El rey estaba sentado en Trono de Hierro, con Blackfyre en las manos, tratando de aparentar ser el gran rey Targaryen que se consideraba. Otto y Alicent Hightower estaban parados al pie del trono; él lucía presumido y arrogante, ella se mostraba nerviosa, pero había algo que la hacía levantar la barbilla, seguramente ya sintiendo que estaba por encima de todos.
Rhaenyra sabía lo que estaba pasando, lo que el rey estaba por anunciar.
Seguramente él y sus Hightower pensaban que hacer el gran anuncio a toda la Corte, desde el Trono de Hierro, haría menos probable que la gente mostrara su disgusto. Bueno, ellos estaban equivocados.
La Fortaleza Roja pertenecía a los Targaryen, pero desde que Ellion Martell llegó con su hija, la princesa Aemma Martell que se convirtió en esposa del heredero y después del rey, el castillo de los Conquistadores se doblegó a los dornienses, no que el rey o sus torres fueran conscientes de ello.
Otto Hightower era demasiado orgulloso y le gustaba que la gente lo viera como el verdadero poder detrás del trono, pero los Martell eran, de hecho, inteligentes y poco les importaba el reconocimiento mientras todo funcionara según sus deseos. De ahí que Rhaenyra y su abuelo supieran de las visitas nocturnas de la sirvienta de ésta en la habitación del rey y de la decisión que éste había tomado.
Su abuelo no había evidenciado nada porque estaba esperando que tanto el rey como los Hightower se sintieran seguros, que estuvieran en lo alto, antes de tirarlos al suelo.
—Buenos días, mis lores y damas —la voz del rey resonó por todo el salón —. He decidido tomar una nueva esposa.
Él no miró a Rhaenyra y definitivamente mantuvo sus ojos lejos de la comitiva dorniense, quienes contrario a los colores cálidos que eran conocidos por vestir, tenían rostros como si hubieran sido tallados en hielo.
—Pienso casarme con Lady Alicent Hightower antes del verano.
Un silencio pesado se apoderó de todo y todos.
Rhaenyra tomó la mano de su abuelo, su agarre fue correspondido con fuerza. Ambos estaban furiosos e indignados en nombre de Aemma Martell, independientemente de que estuvieran conscientes de las intenciones del rey. Coryanne, la hija menor del primo Qoren, quien formaba parte de la Casa de la Princesa desde que Rhaenyra tuvo edad para formar una, pasó un brazo por la cintura de Rhaenyra, transmitiendo su apoyo feroz.
Lord Corlys fue quien rompió el silencio.
—Esto es absurdo —la Serpiente Marina dio un paso al frente y la princesa Rhaenys no hizo nada para detenerlo —. Alicent Hightower es la hija de un segundo hijo, sin importar que éste sea la Mano del Rey, un matrimonio con ella no aporta nada a la Corona. No ejércitos, no oro, ni siquiera buena sangre.
Padre e hija enrojecieron por la humillación.
—De una princesa dorniense a una dama de una Casa menor que ni siquiera forma parte de la línea principal, me apena ver lo poco con lo que la Corona se está conformando.
— ¡Lord Corlys! —el rey se levantó, sonrojado de vergüenza, aparentando ser un dragón en su ira justa.
El grito hizo poco para acallar los susurros sobre comparación entre la princesa Aemma Martell y la dama Alicent Hightower.
—Parece que su opinión sesgada proviene de su deseo insatisfecho de que su hija, Lord Velaryon, no fuera elegida como nueva reina —Otto Hightower logró elevar su voz lo suficiente para atraer la atención de la Corte.
Todos los lores y damas presentes estaban ansiosos por escuchar cómo se desarrollaba la historia.
—Mi Laena no fue propuesta, Ser Otto, de principio porque Casa Velaryon y, al parecer, el resto del reino no estábamos informados de que el rey estaba buscando una nueva reina. ¿Cómo podíamos considerar tal cosa cuando el luto por la difunta reina Aemma no ha terminado? Nuestra amada Reina del Sol se ha ido por cuatro lunas, pero Lady Alicent de alguna manera encontró su camino al rey.
Nuevos susurros surgieron.
Alicent intentó hacerse pequeña y dio un paso atrás.
—No me gusta lo que está insinuando, Lord Corlys —el rey frunció el ceño, pero se notaba desequilibrado.
Obviamente no pensó que nadie se daría cuenta y mucho menos que señalaría cómo nació su interés por la hija de la Mano del Rey. Viserys Targaryen pensaba que todos eran tan estúpidos como él.
Antes de que Lord Corlys siguiera hundiendo la reputación de los Hightower, la princesa Rhaenys tomó la palabra.
—Casa Velaryon no propuso a su única hija, una dama con la sangre de la Vieja Valyria, descendiente directa de los Conquistadores y el Viejo Rey y la Buena Reina, porque respetamos el acuerdo hecho entre la Casa Targaryen y la Casa Martell. Si bien el nacimiento de hermosos niños de pura sangre valyria sería suficiente recompensa, nuestra Laena es muy joven, una niña ella misma, que estará mejor sin el peso de una Corona y sin la tristeza de nada para heredar a sus hijos.
Rhaenyra admiró el movimiento de su tía.
Si bien dejaba subyacente que Casa Velaryon tenía ambiciones, como todos, que no serían satisfechas con el matrimonio de más alto rango que existía en Westeros, proyectaba a su Casa de casada como una Casa recta que le importaba la salud y felicidad de su hija. Además de que destacaba la ambición de los Hightower de una manera que los pintaba como simples codiciosos sin escrúpulos, después de todo Alicent sólo tenía dieciséis onomásticos, apenas cuatro años mayor que la prima Laena. Sin mencionar que los niños que saldrían del nuevo matrimonio del rey no serían valyrios puros porque Laena tenía un linaje real impecable.
— ¿A qué acuerdo entre los Martell y los Targaryen se refiere la princesa? —fue el susurro demasiado fuerte de un lord.
— ¿Nada para heredar? —susurró una dama.
El abuelo de Rhaenyra respondió las dudas.
—La princesa Rhaenys ha mencionado un punto importante —Ellion Martell no necesitó elevar la voz, él tampoco se apartó del lado de Rhaenyra —. Rey Viserys, debes recordar que mi hermano, el anterior Príncipe Gobernante de Dorne, acordó con el Rey Jaehaerys que la unión de Dorne a los Siete Reinos, bajo la Corona Targaryen, se mantendría únicamente si un niño con sangre Martell se sentaba en el Trono de Hierro. Es por ese acuerdo que sucedió mi matrimonio con la princesa Daella Targaryen y es por eso que Dorne te entregó a una de sus princesas, a mi amada hija, como esposa.
El tío Daemon siempre se burlaba que el único matrimonio inteligente que la Buena Reina logró concertar fue el de la abuela de Rhaenyra con un príncipe Martell. No sólo fue políticamente inteligente, sino que Daella y Ellion aprendieron a amarse verdadera y sinceramente. Debido a la edad de su abuela, el nacimiento de su madre fue complicado y aunque no tomó la vida de ninguna, le impidió tener más hijos. Al abuelo no le había importado, él siempre estuvo más que satisfecho con su única hija –Aemma había sido su adoración– y agradecido por mantener a su esposa a su lado. Lamentablemente, la abuela Daella había fallecido un año antes que su propia hija debido a una enfermedad.
Rhaenyra casi podía escuchar la realización en cada uno de los presentes.
El rey miró a Ellion Martell como si fuera un pez fuera del agua.
Otto Hightower parecía que había sido abofeteado.
—Es tu derecho tomar una nueva esposa, rey Viserys —no había reverencia ni respeto en la voz de su abuelo al pronunciar el título del rey —. Cásate con Lady Alicent como es tu deseo, pero recuerda que ya tienes un heredero. La princesa Rhaenyra es la hija de la princesa Aemma Martell, la única niña con sangre Targaryen y Martell. Si quieres mantener el acuerdo del Viejo Rey, si quieres a Dorne como aliado, ella será reina.
Más susurros surgieron, estos más fuertes y urgentes.
Desacuerdos, aceptaciones, gritos sobre la ley y la tradición, gritos sobre respeto, miedo y desdeñosidad, todo fue de un lado a otro.
Al final sólo había una cosa que Viserys Targaryen, quien estaba tan empeñado en mantener la paz y ser la segunda venida del Conciliador, podía hacer.
…
El banquete de bodas del rey fue un asunto tenso.
Sólo los Hightower se esforzaban por lucir felices. Cualquier satisfacción que pudieron haber sentido en otra circunstancia era forzada ahora. Tenían una reina con su sangre y apellido, pero ninguno de los niños que ella diera a luz sería rey. No a menos que quisieran una guerra con Dorne.
Ellos eran los autores de los susurros de que la herencia de Rhaenyra iba contra la tradición, pero ésta no era nada cuando la ley respaldaba a la primera futura reina gobernante de los Siete Reinos. Cuando los lores y damas de todas las Casas del reino, grandes o menores, llegaron a la capital para jurar lealtad a Rhaenyra, la princesa Mara Martell se aseguró de que el rey cambiara la ley para que la herencia del Trono de Hierro radicara según el orden de nacimiento y no el género.
Hubo muchas quejas del Consejo, especialmente de la Mano del Rey, pero Mara convenció al rey bajo advertencias veladas. El rey era un hombre débil, así que cedió.
Además, Rhaenyra tenía Casas importantes aliadas a ella por sangre o por amistad. Joanna Westerling, una de sus damas, estaba comprometida con Jason Lannister; su madre la había ayudado a concertar ese compromiso. Todas sus damas eran de confianza, excepto por Alicent, claro estaba, pero la lealtad de Joanna no tenía duda ya que era diga sobrina de su tío, Ser Harrold.
Coryanne había tomado la difícil decisión de sacrificarse al comprometerse con Borros Baratheon. El heredero de Bastión de Tormentas era analfabeto y el peor machista que cualquier mujer podía tener la desgracia de conocer, pero era la cantidad justa de idiota para que Coryanne pudiera manipularlo a su antojo. Los Hombres de la Tormenta y los dornienses eran prácticamente enemigos naturales, pero nadie se atrevería a dejar escapar a una princesa como esposa, especialmente una princesa que estaba emparentada con la Heredera al Trono de Hierro.
La tía Rhaenys había sido la mediadora, alisando las plumas de su tío y primo, pero después de conocer a Coryanne, Lord Boremund parecía complacido con el compromiso de su hijo. Coryanne Martell era exóticamente hermosa, pero muy aterradora y extremadamente competente en cualquier cosa que se proponía.
Un bebé o dos, y me desharé de él. No es necesario prolongar este matrimonio una vez que obtenga el poder suficiente, Coryanne se había encogido de hombros cuando Laenor le preguntó si realmente iba a aguantar a su primo patán. Él y Laena la miraban con ojos estrellados desde entonces.
Sus primos pequeños, que estaban asistiendo a la boda junto con sus padres, vestían de negro al igual que Rhaenyra y todos los dornienses presentes. La mayoría de los lores y damas que no provenían del Dominio vestían colores oscuros o completamente negros; los Baratheon lo hacían por palabra de la prima Rhaenys, los Lannister por dirección de Lady Joanna y el resto por consejo de las hijas que servían a Rhaenyra.
El periodo de luto por la reina Aemma Martell no había terminado, después de todo.
— ¡Es tiempo de la ceremonia de cama!
Hubo quietud.
Ninguna mujer, ni ningún hombre se acercaron a los novios para empujarlos y desvestirlos. Después de un momento vergonzoso para el rey y la nueva consorte, las parientes femeninas de Alicent se acercaron a guiarla mientras Otto Hightower indicaba al rey que se levantara y fuera a la habitación.
El tío Daemon no había asistido a esa farsa de boda, como dejó claro en una carta, prefiriendo ver cangrejos y piratas sucios que a una bestia ándala en los brazos de un hombre valyrio.
Lord Corlys, como pariente por matrimonio, ni siquiera se ofreció para acompañar al rey. Mucho menos el abuelo Ellion, quien había sido un segundo padre para él y el tío Daemon desde el fallecimiento del abuelo Baelon.
—No te preocupes, rayo de sol —su abuelo se inclinó para besarla a un costado de la cabeza, en sus trenzas.
—No me preocupo, abuelito —ambos sonrieron, cómplices.
Alicent y el rey podían acostarse tantas veces como quisieran, ningún bebé saldría de eso.
