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Do you believe in eternal bonds?

Summary:

Ambos han estado viviendo felices por un buen tiempo, pero todo puede acabar en un día. Bakugou temía eso, pero aún así, su miedo no podía hacer algo para evitarlo.

Ese día, cuando alguien los ataca, Bakugou descubre un nuevo tipo de desesperación, una que no se frena hasta consumirlo todo.

Notes:

AHHHHH, no pude escribir nada durante enero, así que esto lo hago al momento. No sé si estoy siendo creativa o no. Nunca puedo escribir tanto en tan poco tiempo, pero lo estoy haciendo. Admito que estoy muy disgustada con mis resultados, pero bueno, solo toca rendirme y aceptarlos. En un futuro lo corregiré.

Cierto, cierto, para el segundo día del Angstruary: Hospital.

PD: volví al fandom de Bnh! No he consumido de este fandom por años, así que estoy un poco oxidada, lo siento.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Solo había tres sonidos en ese lugar.

 

Solo tres.

 

El ruido del reloj. Perpetuo con su tic tac.

 

El ruido del monitor cardiaco. Un continuo bip.

 

El ruido de su propia respiración. Como si se arrastrara, un ah que se alarga con el dolor de sus pulmones.

 

Eran solo tres y eso lo tenía abrumado.

 

Bakugou Katsuki, uno de los héroes más fuertes de su generación, alguien que estaba acostumbrado al ruido y al silencio, estaba abrumado por unos tres sonidos casi inaudibles.

 

Estaría bien si un cuarto sonido apareciera y se sobrepusiera sobre todos los demás. Si alguien entrara y le mostrara que todo está bien.

 

"Eso sería perfecto"

 

Pero incluso si eso fuera algo que deseara, decirlo en voz alta era simplemente tonto.

 

No tenía sentido.

 

"Ya nada lo tiene"

 

Bakugou había estado echado en una cama de hospital por horas. Al inicio no estaba solo, no. Él estaba con su compañero, su pareja, luego también estuvieron unos héroes que piden informes. Había estado acompañado. Pero los héroes se fueron a hacer sus trabajos, y luego a Shouto fue llevado a otro lugar. Él quedó olvidado en un cuarto muy grande para una persona.

 

—Shouto… —susurró con dolor.

 

[...]

 

 

El día había iniciado como a él más le gustaba. En una cama grande y suave, con su pareja en su regazo plácidamente dormida. Ellos ya llevaban unos años juntos.

 

No estaban casados, eso era demasiada presión para ambos y no porque tuvieran miedo al compromiso. Ser un héroe significa hacer enemigos, ser uno de los más importantes significaba hacer varios. Estaban dispuestos a enfrentarse a todos los villanos que vinieran, pero querían un espacio de paz, uno de solo ellos. Un anillo en sus dedos era muy llamativo y peligroso.

 

Quizás si le tenían miedo al compromiso.

 

Miedo de que un día apareciera alguien muy fuerte, o que ellos tuvieran mala suerte, que solo se necesitara un día para romper su relación. Eso era a lo que temían.

 

En realidad, no era tan malo no estar casados. Le agregaba un toque de jovialidad a su relación, eran como adolescentes que siguen descubriendo el amor y maravillándose al vivirlo en conjunto.

 

Bakugou se quedó unos minutos mirando a su pareja sin moverse. Amaba la tranquilidad que le daban esos momentos, eran parte de lo que más amaba cada día de su vida. Cuando pasaron esos minutos que dijo que iba a esperar, se preparó para levantarse. Movió con suavidad a su pareja para no despertarlo y cuando supo que era libre se sentó. Se puso sus pantuflas y una bata de dormir. Quería preparar el desayuno.

 

Sería algo sencillo, unos panqueques con fresas en trozos y un poco de crema batida. Prepararía jugo de naranja con las que habían comprado hace unos días y ya estaría todo listo.

 

Era una idea muy simple, pero que a ambos les gustaba. Era algo que siempre los hacía sonreír.

 

Bakugou era bueno en la cocina, había aprendido desde muy pequeño y el poder concentrarse en algo lo aliviaba. Podía cargar sus preocupaciones del trabajo en su cocina para olvidarlas. Luego se sentaría a comer con Todoroki mientras ríen por alguna tontería. Al final, lo malo lo dejarían atrás para ser felices un poco más.

 

A Katsuki le gustaba vivir eso, así que siempre se esforzaba por cocinar bien, que cada corte sea perfecto, las cocciones adecuadas y las especias precisas. Unos panqueques no tenían casi nada de eso, pero estaba bien, la repostería tenía su propia dificultad, ambos lo sabían.

 

Bakugou exprimió el jugo de las naranjas y las dejó repostar en el refrigerador para poder beberlo fresco en esa temporada de verano. Luego se puso un delantal que había comprado hace mucho para cocinar y alistó sus ingredientes para la masa de los panqueques.

 

Con una balanza pesó la harina, azúcar y polvo para hornear. Los mezcló pacientemente y los tamizó. Batió el aceite con la leche, huevos y esencia de vainilla, y combinó ambas mezclas de líquidos y secos. Al final, puso un poco de sal y se preparó para freír.

 

La sartén con la mantequilla debería calentarse un poco para freír la masa, pero no se pudo.

 

Bakugou había girado la manija de la cocina, pero el gas no salió. Él frunció el ceño y trato de ver que era lo que sucedía. Habían pagado todas las cuentas y eso no debía suceder.

 

Él sabía perfectamente que eso no debería suceder.

 

No entendía bien la situación, pero su instinto se activó, “peligro”, era lo que gritaba cada parte de su cuerpo.

 

No sabía a dónde debía ir. No sabía a qué se enfrentaba, era un completo desconocedor de su situación e ignorando todos los consejos que daba a los aspirantes a héroes, no siguió los pasos.

 

  1. Identifica el problema.
  2. Plantea diferentes soluciones.
  3. Delibera cuál es la mejor por sus pros, contras y facilidad.
  4. Actúa.

 

Él no había identificado el problema, no sabía que podía hacer y por ende tampoco qué era lo mejor. Solo siguió a su instinto: “Muévete”.

 

Tenía que moverse.

 

La puerta estaba cerca, solo tenía que dar unos veinte pasos, diez si corría y uno si usaba su quirk.

 

Pero no lo hizo.

 

Cuando estaba por dar el primer paso, recordó que no era el único ahí. Shouto estaba en el cuarto.

 

Tenía que moverse, pero no a la puerta, tenía que subir, subir los escalones y entrar a su habitación, tenía que ser rápido, tenía que lograrlo.

 

La masa de los panqueques quedó olvidada sobre la mesa mientras Bakugou empezaba a moverse hacia las escaleras. Los panqueques comenzaron a burbujear y reventar. Es lo que hacen cuando reposan.

 

También cuando empiezan a cocerse.

 

Cuando Bakugou estaba a la mitad de la escalera un olor penetró sus fosas nasales con fuerza, era un olor potente. Uno a gas.

 

No iba a llegar, pero podía gritar, pudo hacerlo desde el principio, pero las palabras no salían. No sabía cómo expulsarlas.

 

“Grita, grita, tienes que gritar”, repetía en su cabeza.

 

Debería ser sencillo, desde joven estaba acostumbrado a ser muy vocal, gritaba o hablaba en voz alta, no importa qué, todos lo llegaban a escuchar y notar; sin embargo, no pudo.

 

—¡Shou…! —forzando su garganta logró soltar un pequeño grito, uno que era inútil, inútil ante el ruido ensordecedor de la explosión que abarcó toda la casa.

 

Katsuki vivía entre explosiones, ese era literalmente su quirk, algo a lo que estaba tan familiarizado como respirar. Era uno de los mayores conocedores de las explosiones, sus formas, causas y alcances, las conocía como a las líneas en la palma de sus manos. Sabía que esta explosión estaba a la par de las mayores suyas. Era destructiva, demasiado.

 

Cuán fácil hubiera sido si todo hubiera terminado ahí, realmente podría haber sido un buen final. Alguien se vengó y les jodió la casa, pero todo estaría bien. La explosión solo lo desestabilizó y muy probablemente despertó a su compañero, tras ello ambos se resguardarían y después verían como arreglar su casa.

 

Era simple.

 

Solo tenía que terminar ahí.

 

Pero no lo hizo.

 

Tras esa explosión Shouto salió alarmado mientras lo buscaba con la mirada. No tardó y suspiró de alivio al verlo bien. Bakugou estaba punto de hacer lo mismo cuando lo sintió. Una segunda explosión.

 

Ese día estaba empeorando a cada segundo.

 

Lo odiaba. Lo hacía profundamente.

 

Shouto estaba caminando a pasos rápidos hacia él cuando el piso empezó a iluminarse de un color en parte dorado y en parte negro. La segunda explosión estaba debajo de ellos.

 

Ambos eran héroes profesionales que sabían que tenían que actuar inmediatamente. Ambos estaban aclimatados al fuego y las quemaduras.

 

Katsuki estaba habituado a las explosiones. Shouto no.

 

Entonces, ¿por qué el primero en reaccionar fue Shouto?

 

Simple, la respuesta era simple. Bakugou Katsuki se congeló.

 

Él quería proteger ese hogar que tenía con Shouto, quería tener un bello espacio de paz y temía que este desapareciera. Tenía tanto en su cabeza que no revisó los pasos que enseñaba. No los recordaba, pero Shouto sí.

 

Cuando el piso crujió y se rompió en pequeños pedazos que serían seguidos por una explosión, Shouto fue el que más rápido pensó.

 

Si ambos se movían en sentido contrario podrían esquivar, no sin daños, pero sí con pocos. Debían moverse, pero Bakugou no lo hacía y Todoroki no huiría.

 

Él levantó su brazo y creó un bloque de hielo, uno grueso y largo que empujó a Katsuki de las escaleras, lo empujó tan lejos que su cuerpo chocó contra la pared de la casa en el lado opuesto. Tan lejos que no estaba en el rango de la explosión.

 

Bakugou lo vio y temió más.

 

Hoy quizás se habían acabado sus días tan amados.

 

La segunda explosión salió, pero Todoroki ya no pudo evitarla.

 

Con una debajo de él causando daño directo, ya no pudo moverse para evitar las otras.

 

Katsuki contó cada una de ellas.

 

Fueron cinco. Cinco explosiones.

 

La primera lo desestabilizó y despertó a Shouto.

 

La segunda golpeó a Shouto que lo ayudó a esquivar.

 

La tercera hizo que el techo cayera sobre Shouto mientras él corría hacía su pareja.

 

La cuarta cayó sobre él que intentaba sacar a un Shouto inconsciente de los escombros.

 

La quinta hizo que todo estuviera negro.

 

No supo si hubo más. Solo recordaba el rojo que manchaba toda su visión antes de volverse negro. Luego despertó en el hospital y se enteró.

 

Fueron diez.

 

[…]

 

En cierto sentido los héroes eran como el personal médico, difíciles de atender. Siempre creen que están bien y que no necesitan ser tratados, a veces aciertan; otras, erran.

 

Aunque con ellos esto no aplicaba, no esta vez al menos. Tras la décima explosión, el villano, que era uno al que Bakugou había enfrentado en numerosas ocasiones por lo similares que eran, se detuvo. Se burló de la poca resistencia del hombre que decía ser un maestro de las explosiones, se burló y comenzó a destrozar cada pequeña parte de la casa que no hubiera sido destruida. Fue complicado ya que casi todo era cenizas.

 

Otros héroes llegaron poco después, pero el villano ya se había ido, en la escena solo habían quedado dos cuerpos con heridas que, sin un usuario de un quirk de curación en el lugar, hubieran decretado una muerte instantánea.

 

Había un rostro sonriente dibujado con aerosol que cubría ambos cuerpos, el sello personal del villano. Ellos habían sido marcados, una burla.

 

Con pesar y molestia los héroes atendieron las heridas lo mejor que pudieron y los llevaron al hospital, un lugar adecuado para la recuperación de héroes profesional. Ahí fue donde Bakugou se despertó tras muchas horas. Se enteró del número de las explosiones y aunque estuvo molesto, lo olvidó. Todoroki estaba en la otra cama del cuarto. Su monitor cardiaco sonaba indicando de su corazón seguía latiendo y había un sonido suave y continuo que le afirmaba que seguía respirando.

 

Bakugou estaba feliz. Incluso con todo lo que pasó, incluso si el villano se burló y destruyó mucho, no importaba. Estaban vivos. Ambos estaban vivos. Y nada podría arruinarlo.

 

O bueno, eso creía él.

 

Al cabo de unas tres horas sonó un ruido fuerte y una alarma se prendió de la cama contraria. Él preguntó que sucedía, pero nadie se lo dijo, solo se llevaron a Todoroki y él se quedó solo.

 

Solo y sin saber qué pasaba.

 

Temía, temía profundamente que sus días amados no volvieran.

 

Miró sus manos y notó que estaban vacías, no había ningún anillo ahí y recordó cuando Shouto le preguntó si podían casarse. Que no necesitaban usar un anillo, hay parejas que usan collares o pulseras, podrían hacerlo así, no tenía que ser algo grande ni llamativo, estaba bien si era pequeño y simple, algo que pareciera intrascendente. No importaba porque ellos sabrían el significado, sabrían lo hermoso y valioso que era, lo que significaba y lo que abarcaba, mientras ellos lo supieran no importaba nada más. El mundo se enteraría que están juntos de algún modo algún día, son como celebridades, así que no debería hacer mucho problema si luego notan hasta qué punto llegaron.

 

Debería haber aceptado porque un anillo era hermoso y cálido, aunque fuera metal. Kirishima se había casado con Mina hace unos meses, estaban en su etapa de luna de miel, una donde no había problemas y si aparecía uno se solucionaba acariciando un anillo en su dedo.

 

Bakugou quería hacer eso. Quiso hacerlo varias veces. Había ocasiones en las que algunas misiones parecían que podrían quitarle la vida, veces en las que se angustiaba o quería apoyo de alguien que al momento no estaba. Quería tener un anillo en esos días, pero luego recordaba, si no hay anillo, entonces si uno muere no habrá problemas. Si quieren terminar todo, no habrá problemas. Si alguien los quiere atacar, no habrá problemas, porque no saben cuánto se aman.

 

—Que idiotez, ¿realmente crees que esas baratijas sirven de algo? —había gruñido— Son una tontería que hacen para que gastes tu dinero en una falacia de eternidad, no necesitamos algo como eso.

 

—Sé que un anillo no hace que algo sea eterno, solo creo que sería agradable —replicó Todoroki.

 

—Estamos bien así —había afirmado él.

 

—Supongo que tienes razón, nada es eterno —murmuró— No hay que gastar en eso, ¿no?

 

Bakugou aún recordaba que esa vez discutieron. Fue una pelea fría, se ignoraron por un tiempo hasta que calmaron sus mentes y dijeron que no necesitaban estar casados para ser una pareja. Había estado bien, pero ahora realmente quería ese anillo.

 

Se preguntaba cómo habría sonreído Shouto si un día le daba uno. Era un hombre con las expresiones faciales muy limitadas, actúa serio, pero cuando se emociona Katsuki siente que puede iluminar el mundo. Se vería bien, no tenía que ser un anillo feo o barato, tenía que ser uno hermoso con una piedra en el centro brillante. Bakugou en ocasiones veía algunos modelos e imaginaba la mano de Shouto con ellos, estaban bien, pero quería algo más, algo más único.

 

Ahora realmente quería tener un anillo, acariciarlo y poder decirse que todo estará bien porque ellos hicieron un vínculo, uno para la eternidad. Pero lo cierto es que no lo hicieron, no hay vínculo, no hay promesa, no hay algo en lo que apoyarse y sabe que si uno muere sí habrá problemas.

 

—Shouto… Icyhot, si te atreves a morir yo…

 

¿Qué podía hacer Bakugou? ¿Matarse? ¿Deprimirse? ¿Atrapar a quien los atacó?

 

Tenía muchas opciones, pero no quería escoger. Escoger una era como aceptar, aceptar la muerte. Bakugou no podía, él no era tan fuerte como creía.

 

—Cuando te despiertes —dijo en cambio en la habitación vacía—, cuando lo hagas te prepararé los panqueques más deliciosos que hayas comido en tu vida, tienes que probarlos, las fresas están de temporada así que sabrán aún mejor.

 

—¿Era tu pareja? —una mujer entró en el cuarto, era la enfermera que lo había atendido al inicio—. El chico que estaba en esa camilla, ¿estaban saliendo?

 

—Sí, llevamos juntos cinco años, tres conviviendo—normalmente la habría ignorado, no quería que alguien se metiera en su relación, pero lo necesitaba.

 

—Son una pareja no registrada en ese caso, como no tenemos los documentos que muestran su relación no podemos comentar sobre el progreso de cada uno en su situación.

 

Ahí Bakugou recordaba otra traba que tenían. Los documentos de convivencia. Legalmente no se les consideraba pareja, no una formal. Él no podría saber sobre el otro sin esos papeles, papeles que ahora debían estar completamente destruidos. Debió aceptar la propuesta de Shouto de casarse. Esto era algo que habían enfrentado mucho, cuando en ocasiones uno se hería y el otro no podía verlo porque por la preocupación no trajeron el maldito documento.

 

—Si les preguntas a nuestros conocidos, ellos te dirán —afirmó Bakugou, si necesitaba pruebas él podría darlas, solo quería saber, ¿cómo estaba Shouto?

 

—No te pido que me demuestres nada, solo estaba comprobando. Te seré honesta, no creo que pase la noche —sin cambiar su expresión soltó cada palabra que se quedaba grabada con fuerza en la cabeza de Bakugou, ella no titubeó, no dudó en cada entonación dio, solo lo dijo y ya. Solo necesitó decirlo fríamente para que el cerebro de Bakugou se congelara como si no pudiera entender el significado de sus palabras—. Sus heridas son muy graves, hay varias quemaduras de tercer grado y huesos rotos. Uno pequeño parece estar cerca de perforar el pulmón, pero no es el órgano más preocupante, hay varios que están fallando ya. En este punto está vivo porque lo estamos obligando a estarlo.

 

—Tú…

 

—Eres diferentes, tu cuerpo tiene resistencia a las explosiones, incluso si no son tuyas puedes soportarlas mejor, lograste evitar una según dijiste hace poco cuando vinieron los héroes por un reporte, todo se sumó, eres afortunado —afirmó.

 

—No quiero esta maldita fortuna.

 

—Pero es lo único que hay. Contactamos a los familiares comprobados, su padre y hermanos vinieron, han decidido desconectarlo.

 

—Yo soy su pareja, yo debería ser quien ve eso, ellos no… —Ellos no saben la situación, no la entienden, debería ser él quien diga que hacer, es él quien estuvo ahí desde el principio, es Bakugou quien siempre estuvo ahí, desde que iban a la academia, desde que eran adolescentes, siempre fue él, no ellos, entonces, ¿por qué ahora vienen?

 

—La ley no nos lo permite, los derechos de convivencia no abarcan tanto, lo lamento, incluso si lo hicieran, no se le consideraría en su mejor estado mental por lo que la decisión seguiría pasando a sus parientes consanguíneos —explicó la enfermera.

 

—¿Por qué mierda me estás diciendo todo esto? —Bakugou no podía pensar en una razón, ¿ella se estaba burlando? ¿Demostrar lo impotente e inútil que era en esa situación? ¿Explicarle todo lo que iba a pasar para que solo espere?

 

—Solo creo que todos tienen derecho a despedirse, si no lo hace nunca se lo perdonara.

 

—Si muere nunca lo haré.

 

—Esa, lamentablemente, ya no es una opción.

 

Bakugou realmente odiaba ese día.

 

[…]

 

Pasaron unas dos semanas antes de que Bakugou fuera dado de alta. Varios de sus amigos vinieron a verlo durante el tiempo que estuvo internado, le dieron saludos y palabras de consuelo, pero hoy no había alguien con él, solo la enfermera con la que habló ese día.

 

Bakugou había pedido explícitamente que no le informaran a nadie el día de su alta, quería estar solo por un tiempo y terminar de aclarar su mente, algo muy difícil en un cuarto cerrado de paredes blancas, en uno en el que tuvo que decir adiós a alguien que quizás no lo escuchaba.

 

Katsuki caminó por horas, estaba tomando el camino más largo posible para ir a donde antes estaba su casa. Pasó por muchas calles pequeñas y en ocasiones lo hacía nuevamente para atrasar su llegada. Aunque las cosas que están destinadas a suceder no se pueden evitar, incluso si caminaba todo el día, en algún momento llegaría.

 

Así lo hizo, él llegó a una calle que era tranquila, fue hacia esa esquina que visitaba casi todos los días, excepto cuando tenía una misión larga y tediosa. Ahí estaba esa esquina que tan bien recordaba, tan distinta a antes. El pequeño jardín verde y llamativo que antes había, estaba completamente quemado y destruido. Las paredes de cemento pintadas de un melón suave ya no estaban erguidas, los trozos de cemento se derramaban por toda el área sin orden, la madera oscura de la que estaba hecho el piso estaba en pedazos tan pequeños como las uñas de Bakugou. Los muebles y los electrodomésticos no tenían forma o el color de antes. Todo era diferente a antes.

 

Dolía.

 

Dolía profundamente de una forma que Bakugou nunca creyó posible.

 

Sus ojos se empezaron a pintar de rojo, no sabía si por el dolor y tristeza, o la ira e impotencia. Quería gritar, gritar tan fuerte que su garganta doliera, tan fuerte que se quedara sin voz, tan fuerte que todos sabrían lo que está pasando.

 

Notó la pintura de aerosol, aún seguía estando ahí, aunque sin ellos en el dibujo, el sello tenía menos sentido, pero era suficiente para que Bakugou supiera quien fue. Él lo conocía, él lo había atrapado una vez. Él solo lo había atrapado y entregado a la policía. Él no lo había matado.

 

Un héroe no daña, un héroe protege.

 

Había tanto que se decía que hacían los héroes.

 

Pero no importaba.

 

“Ya nada lo hace”

 

Antes de que sus amigos se enteraran de su alta, Bakugou Katsuki desapareció del mapa. Nadie pudo encontrar información de él, nadie sabía dónde estaba o qué iba a hacer; sin embargo, todos tenían miedo. Miedo de que podría él hacer.

 

—Él una vez me preguntó para casarnos, ¿lo sabías? —preguntó.

 

Nadie respondió.

 

—Dije muchas tonterías y se molestó conmigo por eso, no sabes cuánto me arrepiento de ello —sonrió

 

Empezó a llover.

 

—Compré un anillo, no es nada impresionante, no quería ser encontrado después de todo.

 

Se comenzaron a mojar.

 

—No pude dárselo, él ya se fue y su familia decidió incinerarlo, que jodida broma, ¿no? Fuego, siempre es fuego —rio.

 

La tierra se humedecía.

 

—Sé que las bodas no funcionan así, pero, quizás si lo uso pensando en él, cuente. No por los registros, solo la promesa, el vinculo de la eternidad, espero que el que sea barato no baje su fuerza —dijo acariciando un anillo en su dedo.

 

El lodo se formaba debajo suyo.

 

—No despertó, ni siquiera cuando le hablé. Dijeron que despertarlo sería solo dolor.

 

El lodo tenía un poco de rojo.

 

—Conocimos a Eri hace mucho, no puedo creer que no la dejaran ayudar, era… ella hubiera podido.

 

El rojo se arrastraba por todo el piso.

 

—Al final tenías razón, los héroes, las normas, todas son una mierda, una jodida mierda. Por esa tontería vivías y reías ese día, ¿realmente no tienes nada que decir? —cuestionó al hombre en el suelo.

 

—Solo que no importa que digas, el que ganó fui yo, héroe —el hombre tenía heridas, heridas por todo su cuerpo, el rojo salía de él y mojaba la tierra en piso.

 

—Sí, creo que tienes razón, quizás debí jugar con tus reglas, ¿te molesta si empiezo ahora?

 

Aquella noche, en medio de la lluvia, un cuerpo se tiño de rojo mientras reía en burla. Había ganado, ¿y qué si moría? Nada lo cambiaría.

 

[…]

 

—Shouto, yo… no puedes, por favor, tú habías dicho para casarnos, ¿recuerdas? Hay que hacerlo, vi varias marcas buenas, podemos llamarles, solo… —Katsuki había sido movido con su camilla para verlo. Él estiraba su mano para tocar la otra, sentía el pulso y su respiración, estaba vivo, mientras estuviera vivo aún se puede hacer algo.

 

—Él no va a despertar —había afirmado la enfermera rompiendo su burbuja.

 

—Él puede…

 

—Debes aprovechar para despedirte —su voz era suave, como si lo entendiera, pero era imposible, nadie puede entender ese tipo de dolor, incluso si has pasado por lo mismo. Es simplemente diferente.

 

—No quiero.

 

—Si no lo haces no podrás salir adelante.

 

“No lo necesito”, pensó. Seguir adelante sería dejar a alguien atrás, ¿cómo la gente puede soportar eso?

 

—Shouto yo… —tenía que fingir que lo hacía.

 

“Te acompañaré, solo espera”, juraba en su cabeza.

 

—Por favor, perdóname, te amo —solo si creen que es una despedida podrá hacer algo más, solo tiene que decir unas verdades para ocultar otras.

 

“Siempre lo haré”, afirmó en su corazón.

 

Siempre afirmaría eso. Incluso con sus manos llenas de rojo y un cuerpo sangrante que deja atrás.

 

—Dije que te seguiría, así que no te lo oculté, no te mentí.

 

Era una noche de tormentas fuerte y ruidosa. Cuando Bakugou llegó a su antigua casa, la lluvia tocaba todo lo destruido, no había techo que protegiera su hogar, ya no tenía un hogar.

 

Por un momento pensó en su familia, era cruel lo que hacía, pero no podía pensar en algo más. Una suave disculpa salió de sus labios y caminó hacía el centro de las ruinas. Donde el aerosol ya se había borrado y solo quedaban los cuerpos de sus cuerpos juntos ahí tirados.

 

La noche era lluviosa, perfecta para él.

 

Acarició el anillo que se había comprado hace poco y sonrió. Había dicho que lo acompañaría y lo haría. Debe ser solitario en el más allá. No es justo ir solo, hay que estar acompañados, ojalá sus padres lo entiendan y no lo juzguen.

 

Un ruido que sentencia el fin sonó, pero un trueno lo calló. Al igual que en el hospital, nadie lo notó.

 

La noche era ruidosa y oscura. El piso estaba mojado, pero se sentía cálido. Quizás era solo que su cuerpo estaba cada vez más frío.

 

Al final, no importaba cuál era la respuesta. Solo importaba que tras el impacto todo se puso negro, antes era una sensación aterradora, pero ya no, ahora, eso le dio calma.

 

“Ya estoy cerca, ¿me esperas?”

 

 

Notes:

Si alguien sintió algo con esto, no sé qué decir, que emoción me dan, aunque yo no puedo sentir lo que es nada.

No entiendo las cosas de los anillos y las bodas, y todo lo especial que dicen que es, me parece tonto, pero creo que para los que están enamorados o son sentimentales es algo valioso, así que lo respeto, pero no son ideas que comparto. ¿Qué puedo decir? Me gusta leer y escribir sobre tontos enamorados, pero realmente me da asco y parece absurdo en la vida real. Esa es una gran razón por la que ya no consumo dramas.

Lo de los derechos de convivencia me sorprendió, es una pena para esas parejas, a decir verdad.

Lo siento por todo lo malo de esta historia, hay mucho, pero tengo prisa, soy perfeccionista, esto me esta matando, pero tengo mucho que hacer y poco tiempo.

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