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Memories in front of a grave

Summary:

No hay mucho que hacer cuando alguien visita una tumba, las actividades son cortas y el regresar es algo que se hace pronto. él no quiere eso, quiere estar ahí y perder el tiempo, como en el pasado cuando todo estaba bien y podían sonreír sin ocultar las ganas de llorar.

Notes:

OMG, primera vez que escribo para Bsd, que emoción.

Día 3 del Angstruary: Recuerdos.

Puedes tomarlo como cosa de amigos, pareja, no correspondido, como quieras, realmente no me preocupe por eso. No tengo ningún cp en Bsd, pero me gusta consumir los fics que hacen.

Advertencia: La historia no me convence del todo, tiene muchos posibles errores.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 

La brisa era fresca contra su rostro y el sol era cálido.

 

Era un día perfecto para salir a caminar por los parques. Era primavera, la estación del año en el que todas las plantas florecen y muestran sus hermosos colores.

 

El césped era un verde vibrante y las flores estaban de colores vivos y llamativos. Él estaba sobre el pasto húmedo, parecía recién regado. Sabía que probablemente su pantalón estaba mojado, pero siguió sentado.

 

Su espalda contra el tronco de un árbol, árbol cuyas hojas le daban sombra. Estando debajo de la sombra era más sencillo quedarse sentado por horas.

 

Sentado frente a una tumba.

 

Él contaba historias, cosas que habían sucedido hace poco. Había temas serios como la situación del país que acompañaría con una burla suave, había pequeñas anécdotas de los días en los que no vino, comentarios cortos sobre algunas personas que conoció y un palabreo determinado de lo que planea para el futuro.

 

Él no lloraba frente a la tumba.

 

Él ya había dejado de llorar hace mucho. El perder a alguien tan importante lo afectó, pero de alguna manera se logró sobreponer.

 

Era lo menos que podía hacer por los muertos.

 

Aunque no todos estaban de acuerdo. En realidad, quien más pensaba que lo que hacía era poco, era él mismo.

 

Hoy quería intentar algo nuevo, algo un poco diferente, quería que sus visitas fueran un tanto más interesante. Agarró una bolsita de regalo que era poco más grande que su mano y la abrió. En su interior había un libro sellado.

 

Hoy él quería leerle una novela.

 

—Espero que te guste —dijo antes de abrir la envoltura y sacar el libro—. Creo que sería una buena tradición hacer esto cada mes, te gustaban los libros.

 

[...]

 

Era solo un adolescente cuando se conocieron, un niño para la perspectiva del resto.  Ciertamente, era joven, pero ya era alguien imponente en la mafia. Alguien cuya mención haría temblar a los oyentes.

 

Oda Sakunosuke fue su mejor amigo. Una palabra que el niño no entendía del todo, pero que le gustaba. Algo tonto, no entender, pero querer. Así era en parte la relación que tenían.

 

Odasaku, que fue cómo lo llamó, lo miró con cuidado y precaución al principio. Era un niño delgado con una herida de bala en mal estado y con un fajo de billetes en mano. Su apariencia dejaba a uno perturbador, el que hubiera decidido cuidarlo fue quizás una acción un tanto tonta.

 

Ese fue el inicio de ellos.

 

Oda había decidido cuidarlo no mucho después de eso, casi como si lo acogiera, era algo que a Oda le gustaba hacer, lo hizo con unos cinco niños más.

 

“Es raro”, pensaban las personas sobre su relación. Uno era el ejecutivo más joven de la PortMafia, una persona que no parecía tener respeto por las vidas incluyendo la suya misma; mientras que el otro era un miembro de bajo rango que no asesinaba, algo totalmente risible en una mafia, aunque ellos eran inconscientes de mucho.

 

Incluso Chuuya, Nakahara Chuuya, quien era el compañero de Dazai, no lo podía llegar a comprender del todo. Para él, Dazai Osamu era un ser despreciable, alguien cuya personalidad era una mierda, pero cuyo poder e inteligencia eran asombrosos, una mayor mierda. Él no creía que hubiera una persona capaz de quedarse cerca suyo por mucho tiempo y por elección propia, quizás solo Ryunosuke Akutagawa. Para él, el descubrir que eso era un error fue la mayor sorpresa que pudo haber tenido, no era solo una persona, eran dos: Oda Sakunosuke y Ango Sakaguchi.

 

Dazai pasaba el tiempo entre misiones con ambos generalmente, a veces solo con Oda, a veces solo.

 

Para Dazai, Oda era especial. Una especie de único que no podía describir del todo a pesar que conociera una variedad de palabras. No era que Ango no fuera especial para él, era solo que era diferente.

 

Odasaku intentó comprenderlo y acompañarlo, él fue sin duda quien mejor lo logró. Hubo veces en las que Oda quiso hacerlo cambiar, veces en las que trató mostrarle que lo que hacía estaba mal, se tomaba su tiempo en ello como si fuera muy importante. Luego lo dejaba porque consideraba que era hipócrita. Que él no podía hablar libremente del valor de la vida con su pasado, uno que era igual de sangriento que el de Dazai.

 

“Un verdadero cabeza hueca”, terminaba diciendo Dazai cuando quería describirlo.

 

“Alguien amable y con un buen corazón”, decía en ocasiones.

 

Oda lo sabía, no podía cambiar a Dazai, no era algo de lo que Oda fuera capaz. Así que solo fue una presencia constante en la vida del otro, una que cada día le contaba sus ideales, sus planes en un futuro que deseaba llegara. Dazai siempre lo escuchó atentamente, incluso si hacía pequeñas mofas mientras él hablaba.

 

—Quisiera poder leer tu libro —dijo el chico mientras sostenía un vaso con licor.

 

—Me temo que no será posible, no he podido escribir aún —respondió con pesar.

 

—¿Tengo que esperar? ¿No me puedes contar una parte? —había insistido.

 

—Aún no sé qué escribir.

 

—Entonces, cuando hayas escrito tu libro, ¿puedo ser tu primer lector?

 

—El primero seré yo.

 

—Tú no cuentas porque eres el escritor, yo sí, y definitivamente tengo que leerlo antes que cualquier editor —Dazai se quejaba, lo hacía con unas expresiones exageradas que harían reír a las personas que no supieran quién era. Pero Oda lo conocía, él lo conocía mejor que todos, él pudo reír tranquilo, para él ese no era el aterrador ejecutivo de la PortMafia, solo era Dazai.

 

Habían sido buenos días.

 

Días en los que podían beber en Lupin sin preocuparse si el mundo se desmoronaba.

 

El problema fue que eso pasó, y ellos estuvieron en el centro de todo.

 

Luego de ello nada fue igual. No habían salidas en grupo para ir a beber por los buenos tiempos. No había bromas que contar, no había anécdotas para compartir. No había con quien hacerlo. No había los ánimos para hacerlo.

 

El mundo de Oda se tiño de rojo bastante rápido. Quizás debió sospecharlo un poco más, no aceptar tan rápido la misión de Mori, quizás, si él hubiera hecho eso todo habría sido diferente, no la catástrofe que siguió.

 

Pero él quería encontrar a Ango, su amigo no era muy distinto a él. Era un miembro de la PortMafia y, aunque tenía un mejor puesto y rango que él, se mantenía, generalmente, alejado de todo lo oscuro y sucio propio de una mafia. Intentar encontrar a Ango fue el inicio de todo, cada paso que dio por ello fue un paso que cambió su futuro a uno cada vez más nublado, uno en el que se percató que pronto sería esotérico. Terminó teniendo que enfrentarse a un hombre cuya habilidad era como la suya: visualizar unos pocos segundos del futuro posible. Gide, era un hombre que buscaba libertad, paz y emoción a través de la muerte. Era en cierto punto parecido a Dazai, pero el sentimiento era totalmente diferente.

 

Oda perdió todo en ese entonces. Primero fue su amigo, encontrarlo, creer que lo salvó para luego notar que todo fue un engaño, uno de varias partes. La separación del grupo de tres fue inevitable para ese momento, estaban, quisieran o no, en los diferentes lados de una recta.

 

Y aunque Oda quería que eso cambiara, que él podría cambiar cuando los niños que cuidaba crecieran, que dejar las sombras era algo posible para él, todo se le arrebató con una explosión, una que se llevó a sus pequeños protegidos, niños completamente inocentes que nunca habían manchado sus manos de rojo.

 

Esa fue una escena desgarradora para él. Primero, notar que los pequeños no estaban. Segundo, encontrar el mapa hacía la camioneta. Tercero, ver a los niños gritar y llorar por él. Cuarto, el final inevitable, la camioneta explotando.

 

El ruido fue demasiado para sus oídos. Todo zumbaba, sus sentidos se adormecieron, su ser dolía. Dolía inmensamente.

 

Estuvo gritando bastante. Las lágrimas salían y caían sobre el asfalto y se borraban con los segundos. Había mucho calor en ese lugar. La explosión hacía que eso pasara, que todo ardiera, como si representara al mismo infierno que condena a las almas pecadoras por toda la eternidad.

 

Almas como la suya.

 

¿Era ese su castigo divino?

 

¿La penitencia que tiene que pagar por todos los que cayeron bajo su pistola cuando era más joven?

 

Era cruel, lo entendía, era un pecador, alguien cuyas manos, sin importar cuanto limpiara o cuando guardara, siempre estarían con un rojo que gotea mientras los sonidos de mil lamentos y maldiciones suenan. Lo entendía, él merecía ser castigo, merecía pagar con mil torturas y una muerte lenta y dolorosa, pero era él quien lo merecía. No esos niños, no unos pequeños que estaban creciendo entre tanto dolor por las pérdidas que sufrieron.

 

Eso era injusto. Demasiado.

 

—No vayas —le había dicho Dazai con una voz que apenas parecía suya. Sonaba como una súplica mal hecha, como si fuera la primera vez que pide algo con desesperación, algo que realmente desea.

 

“Eso es imposible”, había pensado Oda porque así él lo creía. Que Dazai nunca se apegaría tanto a algo, que él nunca podría ser satisfecho con algo este mundo.

 

—Lo siento —él se fue, tenía qué. Era un pecador y nada lo cambiaría, eso se le había mostrado, entonces, mancharse un poco más no haría tanto cambio, solo cubriría su alma por completo para que pueda ser castigado correctamente y quizás así pueda volver a ver a esos niños.

 

Oda comprendió a Gide en ese momento. El momento en que solo buscaba la muerte grupal, matarlos a ellos y caer también, expiándose.

 

Pero Dazai no.

 

Él se quedó parado, rodeado por decenas de personas que no le importaban, rodeado de tanta gente viva que lo hizo sentir más vacío.

 

Odasaku se había ido hace unos segundos, pero la soledad parecía haber estado por miles de años. Era aterrador, nublaba su juicio y lo hacía tropezar.

 

Eso no era algo típico en Dazai, no era natural para él. Necesitaba encontrar a Oda, incluso si él o quería ser salvado, incluso si lo odiaba por eso. Dazai era bueno irritando a las personas, haciendo que lo odien, haciendo todo lo contrario a lo que ellos querían.

 

Él sabía que todo fue por Mori, que él había provocado eso. No sabía el objetivo ni si podía cambiarlo. Sabía que con Mori arruinar los planes de Odasaku sería más sencillo, pero no si él colaboraría.

 

Él era como un niño en ese lugar, un niño que no sabe a donde ir mientras que los adultos se mueven sin pestañear. Él lo sintió, claro y nítido, como cuando era niño, él era solo… insignificante. Un niño en un mundo demasiado grande.

 

[…]

 

—Esta historia es tan aburrida —rio el hombre con tranquilidad —, pero me gusta, no sé si realmente si adapta a tus gustos, quizás no.

 

Él se quedó contra el tronco leyendo varios capítulos. La historia era simple, tomaba en cuenta los aspectos de la vida diaria. Los personajes estaban bien construidos, tan imperfectos, como las personas. Algo tan humano.

 

Él leyó tranquilamente, con una voz adecuada para el libro, en ocasiones hacía énfasis en algunas palabras por las escenas representadas, él realmente sentía que se lo leía a alguien, no una tumba cuyo cuerpo quizás ya estaba descompuesto.

 

El día se hizo noche, el sol se ocultó y la luna salió a relucir con varias estrellas en el cielo. Él tenía que irse. El cementerio ya iba a cerrar y no quería cometer ningún error.

 

Ya solo le quedaba el epilogo del libro, unas cuantas hojas, y la dedicatoria. Dedicatoria que no había podido mencionar a pesar que fue lo primero que vio al abrir la novela.

 

«Para Dazai Osamu, el hombre que menos he conocido o entendido, cuya personalidad es tan compleja que cuando hablábamos solo podía sonreír por no encontrar respuesta que dar. Soy escritor, pero él siempre me ha dejado sin palabras. Este libro es por él, que me salvó cuando no quería para ser mi primer lector. Espero que te guste, me disculpo, probablemente no lo hará. Soy aburrido y ya no tengo con quien bromear».

 

[…]

 

Oda debería estar muerto.

 

Oda debería ser quien moría en ese lugar.

 

Él iba a entrar, mataría a todos en ese lugar y luego iría por Gide para morir juntos.

 

Eso debía ser.

 

¿Por qué está vivo?

 

¿Por qué no…?

 

¿Por qué no murió?

 

Su cerebro se detuvo.

 

Era diferente a los niños. Era un tipo de dolor diferente, no era uno que lo permitía pararse tras llorar y gritar, no era uno que le dejara llorar o gritar.

 

Sus ojos ardían, estaban húmedos, pero nada caía.

 

Su boca estaba abierta, la garganta palpitando con un nudo en medio, no podía decir algo.

 

Su cerebro no reaccionaba, no había una orden o comando que tuviera que seguir. Solo estaba ahí. Sentado sobre el piso con dos cuerpos desangrándose frente suyo.

 

¿Por qué eran dos?

 

Solo debería ser Gide. Gide y él.

 

Pero él no estaba muerto. Su corazón late, lo puede escuchar, es muy fuerte y muy rápido. Demasiado.

 

Tiene que concentrarse, concentrar su mente en analizar lo que está pasando.

 

Hay dos cuerpos frente suyo sangrando. Solo reconoce a Gide, el otro rostro se ve borroso, no puede ver. No puede, no… no quiere.

 

Hay mucha sangre en el piso. Hay tres fuentes, hay dos cuerpos y él. Él es la tercera fuente, por eso duele, por eso está aturdido, está perdiendo mucha sangre. Se va a desmayar, no sabe porque, pero no puede morir por pérdida de sangre, no se lo perdonaría, no puede morir, tiene que vivir, no recuerda porqué, solo sabe que es así, que así se lo prometió a alguien, alguien que no recuerda.

 

Hay mucho ruido. Pasos, hay personas acercándose. N pueden ser de Mimic, ya no hay Mimic, deben de ser de la PortMafia le dicen sus recuerdos.

 

Él tiene dos amigos en la PortMafia.

 

No.

 

Solo tiene uno, el otro era un espía, no trabaja con la PortMafia, él sí.

 

La PortMafia debería ayudarlo, él está aquí por ellos. Ellos lo hicieron terminar aquí, ellos…

 

No puede confiar en ellos.

 

Su mente sigue aturdida, no recuerda porqué no debe confiar en ellos, solo sabe que es así, quien se lo dijo no mentiría. Tenía que obedecer, alejarse de la mafia, y si ellos vienen él tiene que irse.

 

Oda se levantó.

 

Sus piernas temblaban y hormigueaban por el tiempo que estuvo sentado sangrando. Se sentía como una corriente que lo atacaba, pero era un dolor pequeño, era insignificante frente a todo lo demás.

 

Dio su primer paso.

 

Luego el segundo.

 

Se detuvo en el tercero.

 

¿No eran dos cadáveres?

 

¿Por qué escucha a alguien más en la habitación si los mafiosos no entrar y él es el único vivo?

 

No lo es.

 

El cuerpo cuyo rostro está borroso, ese hombre aún respira, débil y bajo, cubierto por los gemidos de dolor, debe ser horrible morir desangrado, es lento y doloroso. Así es al inicio, primero duele mucho, luego todo se va adormeciendo hasta que lo único que queda despierto es tu cerebro que ya no puede controlar a tu cuerpo hasta que este también se apaga.

 

Que desagradable debe ser morir así.

 

Oda regresa entre sus pasos. No entiende que lo motiva. No cree que pueda ser bondad.

 

Visualiza mejor al hombre, viste de traje como los mafiosos de la PortMafia, aunque el suyo tiene unos cuantos detalles más, Más importante, mayor rango.

 

Debería dejarlo. Debe irse, los mafiosos podrían entrar en cualquier momento, si activa su habilidad entonces lo vería, ellos…

 

No los ve.

 

No puede ver algún futuro.

 

El hombre le está agarrando la pierna. Su mano está fría y no tiene fuerzas, más parece un roce que un agarre.

 

—Odasaku… —tartamudeó un poco antes de llegar a decir ese nombre.

 

Era un nombre tonto, una broma, un juego, pero le parecía tan conocido que dolía más que su cuerpo.

 

Debió apartarse, debió hacerlo; sin embargo, no lo hizo. Se agachó y sujetó con ambas manos la palma que tocó su pierna. Ni con sus dos manos podía calentar esos dedos, probablemente porque él también se está enfriando.

 

Oda miró detenidamente al hombre que parecía satisfecho por su acción.

 

Y recordó.

 

Recordó quien le llamaba Odasaku. Era su mejor amigo, con quien iba a tomar en Lupin, el lugar que tienes que visitar antes de morir, era el hombre que le había advertido sobre la mafia, el hombre que quería una muerte sin dolor, el hombre que estaba muriendo lentamente por su culpa.

 

Era el hombre que quería ser si primer lector.

 

La humedad en sus ojos estalló y no pudo detenerse. Las lágrimas empezaron a brotar en demasía, no podía pararlo, no era posible, solo caían.

 

El nudo en su garganta se amplió, era horrible, no podía hablar, pero podía gritar. Un sonido ronco y entrecortado salió de sus labios, no era muy fuerte, no podía hacer más fuerza, era débil, esa era toda su fuerza.

 

 

Sujetó con más fuerza esa fría palma, la sujetó contra su cara y frotó con cariño y devoción, como si fuera su objeto más preciado, un tesoro que tenía que proteger.

 

Él debía protegerlo. Él dijo que lo haría.

 

Dazai, Dazai Osamu, ese era su nombre. Era alguien que nunca debió venir, pero lo hizo, llegó muy rápido y solo, no había ningún hombre que lo acompañara. Él vino solo, sin la PortMafia, sin un plan, sin un arma.

 

Era solo un hombre, pero se las arregló para cambiarlo todo en ese salón.

 

Oda Sakunosuke, que debió haber muerto estaba vivo, mientras que Dazai Osamu, que debería vivir estaba agonizando.

 

Él no le decía nada, quizás la mayoría de sus fuerzas las usó para llamarlo de nuevo. Como lo hizo antes de venir aquí.

 

“No vayas”, le había dicho él.

 

“Lo siento, tienes razón, no iré, no iré, me quedaré aquí, así que tú tampoco puedes ir”, debió haber dicho Oda.

 

Pero no lo hizo, él fue. Él fue decidido a morir; sin embargo, él era quien estaba vivo.

 

No puede usar su habilidad en Dazai, él se escapa de eso. Al igual que escapa de la habilidad de Gide.

 

—Por favor… —fuera de sus expectativas Dazai pudo decir un poco más.

 

Oda separó las manos de su rostro y lo miró. Directamente a los ojos. Dazai, cuyos ojos siempre parecían apagados, los tenía brillante, un brillo que nunca había visto en él.

 

¿Es porque está muriendo?

 

Oda realmente no quería que fuera eso. No quería que una muerte tan cruel, pudiera hacerlo tan feliz, eso no era correcto. Dazai debería vivir, vivir bien y poder encontrar eso que lo llene de felicidad, porque Oda siempre estuvo equivocado, debía haber algo, algo en este mundo que pudiera lograrlo, solo tenían que descubrirlo y Dazai tenía que vivir para eso. Y solo así, cuando ya sea viejo y canoso puede morir, morir sin dolor y con recuerdos de muchas aventuras alegres. Debería ser así.

 

—Por favor —repitió Dazai.

 

Y Oda entendió.

 

Entendió que era lo que le pedían y no quería.

 

Dazai tenía que vivir, ¿por qué le pide que…?

 

—No puedo —se esforzó por decir.

 

—Por favor —insistió—, no me gusta el dolor.

 

Y Oda entre más lágrimas aceptó.

 

Soltó con delicadeza la mano que sostenía y observó su pistola. No quedaba bala alguna. Él era consciente que así era en todas las armas en ese salón.

 

Era cruel, realmente digno de un castigo si lo de antes no había sido suficiente.

 

Oda trató de calmarse. Ahogar el llanto y acabar con el nudo en su garganta. Cuando creyó que lo había logrado se puso encima de Dazai que lo miraba con dolor. Oda no quería.

 

Era lo único que ahora podía.

 

Con las manos temblantes acarició el cuello delgado cubierto de vendas ahora rojas. Acarició unos segundos y luego presionó.

Presionó con todas las fuerzas que pudo reunir mientras las lágrimas volvían a escaparse de sus ojos y caían sobre el rostro de Dazai.

 

Oda no cerró los ojos, tampoco lo hizo Dazai. Ambos se miraron mientras los segundos pasaban y la respiración de Dazai se volvía cada vez más errática y baja.

 

El cuerpo debajo suyo se tensaba, pero ninguna parte intentó apartarlo. Solo seguía mirándolo y cuando la vida parecía estar por esfumarse de esos ojos, una sonrisa completamente inocente, como la que daría un niño que no ha sido manchado por el mundo haría, una sonrisa que se extendió hasta sus orejas y que solo se deshizo para decirle algo.

 

—Gracias y lo siento, lamento que no podré leer tu libro, sé que sería asombroso —sus labios se abrieron y tomaron unos cuantos segundos de descanso para decir cada sílaba, no tenía aire para hablar seguido y vibrante como siempre. Ya no tenía aire.

 

La sonrisa cálida volvió a Dazai cuando terminó de hablar, pero sus ojos también se cerraron y, aunque Oda imploró, no se volvieron a abrir.

 

Ahí intentó de nuevo: Usar su habilidad.

 

Lo logró.

 

Él nuevamente lloró.

 

 

Notes:

Al final Oda escapa del lugar con ayuda del Ada porque Dazai los contrató y ellos fueron ahí. Se une después. Lo iba a escribir, lo tenía, pero no me gustó como quedaba.

"No quedaban miembros de la PortMafia que estuvieran conscientes, todos habían sido derrotados por esas personas que dicen pertenecer a la Agencia de Detectives Armados. Él ya había escuchado de ella, se había vuelto famosa. Un lugar caótico que ayuda a las personas con sus habilidades. Él piensa que Dazai pudo haber encajado ahí." Eso fue lo único que me convenció un poco, el resto fue un asco total.

Resumen: Oda va a visitar a Dazai al cementerio y le lee el libro que escribió mientras recuerda cómo llegaron a ese punto (por si no se entendió del todo)

Jeje. No quise poner Oda vive porque no quería que fuera notorio al principio. Si lo ponía en etiquetas le quitaba parte de la esencia a la historia.

No he visto todo Bsd, así que hay partes que las vi con la wiki.

Lo escribí en un día! No es largo, pero en un día esto es inconmensurable.

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