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De repente la tienda de crepas se ha vuelto un lugar muy deprimente.
No ha recibido su orden todavía, pero solo observar el establecimiento hace que su mente se llene de recuerdos.
Al principio puede sentirse desconcertado, se pregunta con quién solía venir como para provocar que un lugar con colores vivos y que sirven una delicia de postres se convierta en algo en tonos azules, en que sienta que estar ahí es demasiado para él, que se le acaba de abrir una herida que creía cerrada y que no tiene ni idea de lo que necesita como para disminuir el dolor que está creciendo en todo su pecho.
Le recuerda a Suguru. Esboza una media sonrisa de lado cuando piensa en todas las veces en las que solía venir con su mejor amigo y de cómo se convirtió en su lugar habitual para llegar después de clases.
—¿Te gustan las crepas, Suguru?
—Me gusta cualquier cosa.
Esa fue la respuesta de él. Sonrió al escucharlo, aunque le hubiera dicho que no le gustaban, se las arreglaría para convencer a Suguru de acompañarlo por lo menos. Después de un día ajetreado contra las maldiciones, necesitaba algo dulce para recuperar su energía.
—Eso espero —contestó con una seriedad que debió resultar extraña para él, ya que ni en las peleas hablaba de ese modo—, hay una crepa con fresas y helado de chocolate con menta…
—¿Qué combinación es esa, Satoru?
—Una muy deliciosa.
Pudo haber dicho algo para fingir cómo fue afectado por sus palabras, pero en lugar de eso prefirió ignorar lo que dijo. Si consideraba una mala combinación el chocolate con menta era porque no lo había probado antes. Eso lo tenía que cambiar, se conformaba con compartir un poco del helado con un pedazo de la crepa para él.
Lo que vino después fue una mirada de Suguru que parecía decirle “no estarás hablando en serio, ¿o sí?” que Satoru ignoró. No iba a desperdiciar el resto de su energía en hacerle entender que no era una combinación mala, por eso fue que el resto del camino prefirió hablar de otras cosas, tratando de no decir algo que pudiera ser considerado raro o que revelara esos sentimientos de los que sentiría vergüenza si los supiera.
Ahora que lo piensa, hizo un buen trabajo ocultándolos, pero en los días en los que decidieron ir por caminos diferentes, se preguntaba si las cosas hubieran resultado igual al decir aquello que sentía por Suguru. Para cambiar el rumbo que están tomando sus pensamientos, juega con el popote del batido, y pronto baja la mirada hacia la montaña de crema decorada con chispas de colores donde una cereza ha sido colocada perfectamente en la cima.
Es increíble como le está prestando atención a los pequeños detalles. Cuando prueba el batido el sabor se siente un poco diferente, no está seguro si se debe a un cambio en la receta o si ha estado demasiado tiempo ocupado en sus deberes de hechicero que ya no ha visitado la tienda con la misma frecuencia que cuando tenía dieciséis, por lo que piensa en la posibilidad de que sepa igual que siempre y lo “diferente” es solo una sensación suya.
Cuando llega su orden, sonríe en agradecimiento. Sin embargo, no inicia a comer de inmediato al quedarse viendo el plato donde hay dos crepas dobladas en forma triangular, con líneas hechas de chocolate líquido y unas fresas cortadas en rodajas; pensó que faltaba el helado. Eso lo hace formar una línea con los labios, aunque luego suelta un bufido, debe tratarse de las cosas que han cambiado porque es imposible que todo permanezca como antes. Eso es algo que debe saber por cómo la pintura, los letreros, las mesas y sillas, el personal y las recetas de los batidos y crepas son diferentes.
En realidad el motivo por el que no ha empezado a comer es porque extraña a Suguru. Baja la mirada, con el tenedor empieza a picar las fresas, esto es porque hay algo que acaba de recordar.
—Suguru, deberíamos probar la crepa que cada uno pidió.
Lo dijo al mirar varias veces la crepa que él pidió, parecía ser de queso con zarzamora. Satoru había pensado que eran muy seguros dos escenarios: el primero en el que no pediría nada y el segundo en el que pediría algo salado. Sin embargo, se sentía bien que lo hubiera acompañado, más cuando era alguien que le estaba cambiando la vida de una forma tan maravillosa que haría que ese establecimiento tomaría un significado que hasta la actualidad permanece.
—Espero que está combinación sea de tu agrado —respondió, cortando un pedazo y llevando el tenedor cerca de su boca. Con tal de que pudiera hacerlo, desactivó su técnica ritual.
Satoru abrió la boca. La crepa sabía deliciosa, tanto que estuvo masticando despacio para saborear, luego asintió para mostrar su aprobación.
—Lo fue —dijo, después él repitió la misma acción.
Mientras veía cómo estaba asimilando el sabor, Satoru pensó que lo acababan de hacer si era algo que se podría considerar como algo que solo las parejas hacen, solo faltaba que al mismo batido le tomaran del mismo popote. Eso se quedó en su mente.
—Espero que nadie nos haya visto.
Suguru se había encogido un poco de hombros al decirlo, miró a los clientes y después siguió comiendo.
—¿Acaso te importa lo que piensen? —preguntó—. No hemos hecho nada malo.
Satoru es quien estaba más tranquilo, incluso para distraerlo de esos pensamientos quería tomar otro pedazo de la crepa en el plato. Con sus palabras, Suguru parecía más tranquilo, tenía que saber que eran dos amigos pasándola bien en la tienda, si habían pares de ojos curiosos sobre ellos, en realidad no le importaba.
—Solo es extraño.
Rodó los ojos al escuchar esa respuesta. Para no arruinar el ambiente no dijo nada, siguió comiendo la crepa, soltaba comentarios sobre lo buena que estaba para hacerle saber que todo estaba yendo bien.
—Te comparto mi crepa porque eres mi mejor amigo, Suguru.
Dicho esto, Satoru se apoyó en el respaldo de la silla, cruzó las piernas y lo miró de una forma que le demostrara lo muy en serio que estaba hablando.
Un mejor amigo por el que empezaba a sentir cosas. Si le compartió de su postre fue también por sus sentimientos ocultos, pero no iba a decir eso, aún cuando tenía curiosidad por cómo hubiera sido su reacción, la de este momento quería recordarla siempre. Estaba sorprendido, con la boca ligeramente abierta y sujetando el tenedor de una manera en la que no dudaba que caería sobre el plato, ocasionando un ruido que sí llamaría la atención de los presentes.
Ya no quiso seguir recordando, ver el lugar vacío ya le hacía sentir mal. Lo único que pensaba era por qué no pudo darse cuenta de que algo le estaba pasando a Suguru, quizás por estar demasiado ocupado convirtiéndose en el más fuerte.
Satoru empieza a comer la crepa despacio y en silencio. No sabe con certeza si volverá a la tienda después, tal vez crearía una excusa para no regresar al lugar lleno de recuerdos, es difícil cuando ha perdido a un amigo y que ya no hay nadie con el que pueda compartir sus dulces, ni encontrará a alguien que le haga sentir lo mismo que él.
