Work Text:
Por la enfermedad de su madre, Atsushi empezó a frecuentar el hospital.
Aquello se había convertido en parte de su rutina. Primero iría a sus clases de 8:00 AM a 2:00 PM, aunque en algunos días la hora de salida variaba cuando tenía que ir a las actividades de su club o a las reuniones del Consejo Estudiantil. Debido a su situación familiar, Kunikida le dijo que no era necesario asistir a todas, ya que algunos de sus compañeros acordaron informarle sobre lo que hablaron. Sin embargo, Atsushi agradeció esa amabilidad, pero no se sentía cómodo faltando.
Después de sus clases, iría directo al hospital para terminar regresando a casa a las 6:00 o 7:00 PM, ese tiempo lo ocupaba para hacer tareas y para hacer algo de comer. Si lo pensaba, podía llegar a ser una rutina agotadora, pero ya había pasado un mes. Un mes en el que su madre seguía internada, sin ninguna señal de que fuera a mejorar. Aún así, él trataba de ser optimista y pensar en que llegaría el día en el que ella pudiera regresar a casa.
—Eh, disculpa, pero ya el tiempo de visitas se ha terminado.
Atsushi no tuvo que voltear para saber que esa voz era de la enfermera. No sé levantó de inmediato porque se quedó un rato sentado en la banca, oyendo el sonido de las máquinas de la habitación. Luego miró a su madre, su piel estaba perdiendo color y en sus ojos cerrados ya podía percibir la tonalidad de unas ojeras. Incluso si nadie se lo decía ya sabía que su recuperación era muy poco probable, tenía que ir hablando con sus familiares para notificarles de su estado.
Tomó sus cosas, salió de la habitación y agradeció a la enfermera. Recorrió los pasillos hasta que llegó a la salida y se encontró con dos personas que parecían ser hermanos. Por tener muchas cosas en su mente no les prestó mucha atención, lo único que quería hacer era llegar a casa y dejarse caer en la cama por un gran largo rato.
…
—Oye, ¿vienes seguido aquí?
Atsushi se preguntó si la voz era de un ángel, se escuchó tan dulce y percibió la preocupación. Del tiempo que llevaba yendo al hospital era la primera vez que alguien que no fuera un doctor o una enfermera le hablaba, alzó la mirada y se encontró con una joven de largo cabello negro vestida con el uniforme que pertenecía a la misma preparatoria a la que asistia. Él tampoco se había cambiado al tratarse de una de sus visitas habituales.
—Vengo cinco veces a la semana —dijo con voz débil.
Ella se sentó a su lado. No iba a decir nada del porqué empezó a hablarle en el hospital habiendo otros lugares, en cierta parte no lo consideraba tan malo porque reconocía el deseo de querer hablar con alguien que no fuera el personal del hospital.
—Yo vengo tres veces al mes —respondió en voz baja, esto para no perturbar la tranquilidad del hospital y que alguien la reprendiera—. Acompaño a mi hermano, él tiene una enfermedad respiratoria.
Atsushi esperaba que no lo viera fruncir el ceño. Se preguntó si estaba bien que le contara eso a alguien a quien apenas conocía, podía ser que tenía confianza o tal vez solo quería hablar con la primera persona que se le cruzara. Sin embargo, el hecho de que mencionara “enfermedad respiratoria” resultó ser algo que se repitió mucho en su mente, quiso hacer memoria porque el uniforme que ella llevaba era el mismo, y supuso que entre los dos no tenía que haber una gran diferencia en edad.
—Creo que he visto a tu hermano antes… —murmuró una vez que recordó el chico de piel pálida, cabello negro con las puntas blancas y ojos grises.
A él lo veía cada vez que pasaba por la enfermería. Quiso desaparecer, o que la chica no viera la vergüenza que empezó a sentir cuando una vez pensó en que parecía vivir entre las paredes blancas.
—¿Sí? —preguntó animada, era increíble la felicidad que emanaba a pesar de estar en el hospital. Tal vez su hermano no estaba enfermo de gravedad con riesgo de irse en cualquier momento—. A veces él me ha hablado de ti.
No sabía cómo tenía que sentirse ante esa revelación. Era inesperado, habría preferido que le dijera eso en un lugar diferente, no en la sala de espera de un hospital. Por lo menos lograba mantener la mente en otro lado para no encerrarse en el dolor de estar presenciando como una vida se desvanece sin poder hacer nada. Ni siquiera había pensado en lo que haría una vez que le dieran la noticia que le daba un terror y un dolor de solo imaginarlo.
Si estuviera solo, las primeras lágrimas ya hubieran salido, pero al tener a un lado a la hermana de un chico que había visto en diferentes ocasiones en la enfermería, supo que no podía llorar, o al menos no lo haría enfrente de ella. No quería preocuparla cuando tenía que estar con mucho peso sobre sus hombros. Ese era el motivo por el que estaba en silencio, si hablaba era probable que escuchara su voz quebrada, conteniendo sus emociones. Solo esperaba el momento en el que el doctor llegara para decirle una actualización sobre el estado de su madre, así podría irse a casa y volver a dejarse caer sobre la cama.
Miró de reojo a la chica, ella empezó a balancear sus pies. Tenía que aceptar que estaba agradecido por la compañía que le brindaba, sus compañeros del Consejo Estudiantil también ofrecieron la alternativa de que se fueran turnando para ir con él al hospital. Sin embargo, Atsushi se negó, no quería causarles molestias; pero ahora que lo pensaba, tal vez lo que necesitaba era un abrazo o alguien a su lado para sobrellevar la tristeza.
—Gin —llamó un joven. La voz hizo que se sobresaltara y levantara su cabeza despacio para confirmar sus sospechas: el chico que había visto varias veces en la enfermería se trataba de su hermano.
Gin dio un brinco para levantarse. Ahora que su hermano había salido de la consulta se veía más tranquila. Incluso notó la sonrisa que se formaba en sus labios.
—Él es mi hermano.
—Ryunosuke Akutagawa —respondió, Atsushi parpadeó repetidas veces cuando se presentó.
—A-Atsushi Nakajima.
—Gusto en conocerte —dijo Gin, dando una pequeña reverencia—. Nos vemos, espero que tu familiar se recupere pronto.
Él agradeció. La chica fue la primera que avanzó, su hermano se quedó un rato mirándolo hasta que también hizo una reverencia y la siguió. Vio como ellos se alejaban, Atsushi ya quería irse, pero tenía que seguir esperando una noticia.
…
La noticia del fallecimiento de la señora Nakajima ocurrió el mismo día en el que volvió a ver a los hermanos Akutagawa.
En ese momento estaba hecho un ovillo sobre una de las bancas afuera del hospital, sentía que el aire frío golpeaba sus brazos, pero no hizo nada para ponerse el suéter. Todo su alrededor acababa de hacerse pedazos, iba a ser una tarea bastante difícil ordenar todas las piezas para arreglar su corazón. Estaba llorando en silencio.
Sabía que algo como esto tenía más probabilidades de ocurrir, y aún así nada lo preparó para recibir el golpe. Era tan doloroso, si de por sí ya la casa en la que vivían se había vuelto un lugar demasiado silencioso y solitario, ahora lo iba a ser más porque ahora ya sabía que su madre no iba a volver. Tendría que ir pensando en cómo darle la noticia a sus familiares, también se ausentaría en algunas reuniones del Consejo Estudiantil, es mejor así antes que fallar en sus actividades.
Se limpió los ojos. Antes de irse se tomó unos minutos, lo primero que hizo fue bajar las piernas de la banca, respiró profundamente y miró el cielo naranja del atardecer. Esperaba que al menos su madre hubiera tenido una oportunidad para ver esa belleza.
—Te trae nostalgia el atardecer, ¿verdad, Atsushi?
Cuando ya se había puesto de pie para irse a casa, una voz conocida le hizo voltear. Era Akutagawa, esta vez estaba solo, a pesar de que antes lo vio junto a Gin. Quizás ella se adelantó, Atsushi estaba muy seguro de haberla visto en los pasillos.
—Solo pensaba en si mi madre vio los colores del atardecer por última vez.
Esperaba que sí, no era algo que pudiera saber con tanta certeza. Akutagawa no respondió, no fue algo que le extrañó porque él parecía del tipo que no brindaba palabras de aliento, no iba acordé a la personalidad que dejaba ver en la escuela.
—Es probable.
Una respuesta corta que tomó desprevenido a Atsushi. Quería decirle algo, pero él ya había empezado a caminar para irse. Aunque se trató de una conversación que terminó demasiado rápido, se sintió un poco reconfortado. Esperaba que pudieran hablar de nuevo, esta vez en un lugar diferente.
