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A Adam le gustaría comprarse un nuevo telescopio, algo más profesional y moderno que el que tenía desde la secundaria, pero no podía hacerlo por un simple motivo: los telescopios eran carísimos y él se había quedado sin trabajo, por lo que no podía permitirse un gasto así en un objeto no esencial para la vida. Así se lo dijo muy triste a Beth, su vecina y mejor amiga, cuando ella lo invitó a beber y a comer a un nuevo bar que había abierto hacía poco.
-Sé que es tonto preocuparse por un telescopio cuando tengo asuntos más urgentes de que ocuparme, ¿sabes?- le dijo sin apartar la vista de su copa.-Pero no puedo evitarlo, porque este mes habrá un eclipse lunar y sería una ocasión perfecta para estrenar el nuevo modelo que vi en la tienda. Es perfecto, tiene una capacidad de zoom diez veces mayor al que tengo en casa, incluye accesorios de repuesto y garantía por un año. Con algo así podría avanzar mucho en mis estudios, y si quiero presentarme al puesto que te dije en el instituto Halloran, me vendría muy bien contar con una tesis que avale mis conocimientos sobre eclipses y predicciones de eventos astronómicos. ¿Sabías que los eclipses lunares son más frecuentes que los solares debido a…?
-Adam, cariño, de verdad entiendo tu interés en el asunto pero, ¡hemos venido a relajarnos!- lo reconvino suavemente Beth, quien le hizo una seña al camarero para que les tomara el pedido.- Te aceptarán en el instituto con o sin tesis, porque eres el sujeto mejor preparado que jamás he visto en estos temas. Así que, ¿por qué no respiras hondo, comemos y hablamos un poco de otra cosa?
Adam no dijo nada, pero eso no evitó que siguiera pensando en las posibilidades que el nuevo telescopio ofrecía a su interés en el estudio de los fenómenos astronómicos y cuerpos celestes. No se le daban bien las conversaciones que no tuvieran que ver con la astronomía tampoco, por lo que más que hablar escuchó a Beth hacerlo. Y mientras ella parloteaba sobre su empleo temporario como maestra, el camarero se acercó de nuevo y tosió discretamente.
-¿Sucede algo?
-Sí, señor. ¿Ve usted al caballero de aquella mesa, de cabello gris despeinado?
Adam lo miró de reojo. Ropa negra y aspecto de maleante, pero con una sonrisa muy atractiva.
-¿Qué pasa con él?
-El señor Nigel lo invita a beber algo con él en su mesa y a conversar un rato, si le place. Dice que tiene toda la noche para esperarlo si es necesario.
-¡Qué atrevido!- dijo Beth mirando feo a Nigel, cuyo aspecto de gángster no era para nada recomendable.- Dígale que mi amigo no está interesado.
-¿Respondes siempre por otros, nena?- espetó Nigel quien se había acercado a ellos tan rápido que casi no lo habían notado. El camarero se retiró y Adam se removió en su silla incómodo, pues los extraños lo ponían nervioso. Y también las discusiones, y Beth parecía a punto de iniciar una.
-Contesto por él porque lo conozco y sé que no quiere nada con sujetos de tu calaña. Así que haz el favor de irte o llamaré a la policía, ¡hablo en serio!
-Eres muy entrometida, ¿no? Y te gusta juzgar a la gente. Para tu información no soy ningún vago, soy uno de los socios de este bar. Gano mi dinero honradamente y le ofrecí a esta belleza que te acompaña beber conmigo porque me gusta, ¿qué tiene eso de malo, a ver?
-Yo no le gusto a nadie. Usted debe haberse confundido de persona- intervino Adam, mirándole las manos porque no le gustaba ver a la gente a los ojos. Nigel lo notó y sonrió con ternura.
-No me confundí. Desde que entré me dije, "ey, ¿he muerto y estoy en el cielo, o por qué estoy viendo un ángel? Debo hablarle antes que se marche. Las estrellas preciosas son fugaces, así que mejor me apuro".
-Las estrellas fugaces no están hechas de minerales preciosos, de hecho- respondió Adam sin entender. Nigel tosió.
-Era un elogio, cariño. Como no sé tu nombre…
-Adam.
-... Adam pues. No sé mucho de estrellas en realidad, soy un poco bruto. ¿Quieres hablarme sobre ellas mientras bebemos una copa de lo que quieras? No es necesario que tú te quedes- añadió mirando a Beth con una sonrisa torcida.- Pagaré la cuenta de ambos así que ya puedes marcharte si lo deseas.
-Eres un insolente y un atrevido. ¡Adam, vámonos!
-Pero él quiere aprender sobre las estrellas, Beth, ¡sería muy descortés no enseñarle!
Beth suspiró. No sabía si sentía miedo por dejar a su amigo en manos de ese siniestro hombre con pinta de mafioso, o pena por el mafioso por haberse fijado en alguien que claramente no estaba listo para entender el coqueteo. En cualquier caso, no creía que fuera a pasar nada peligroso estando en un sitio público. Y ella podía mantenerse alerta para llamar a la policía en caso de ser necesario, así que devolvió a Nigel una sonrisa cínica y se despidió de Adam. Todo estaría bien, Adam solo tenía un amor en su vida y era el espacio, ¿no? El tal Nigel no tenía la menor chance.
