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El cielo se teñía de tonos cálidos en lo que debía ser solo otro crepúsculo habitual cuando el mayor secreto de Gojo salió a la luz, como una pregunta formulada sin malicia por su amiga cuya inexpresividad dejaba entrever su falta de prejuicios.
No estaban hablando de nada en particular, hasta el momento Shoko había estado distraída con un libro sobre anatomía y Satoru solo la acompañaba en un silencio atípico en él, disfrutando de la brisa fresca del otoño mientras aguardaban el regreso de Suguru.
—Gojo —llamó su atención, dejando el libro a un lado y haciendo una pausa para prender un cigarrillo, inhalando y soplando el espeso humo que se disipó rápidamente por el aire. Un olor tan arraigado en ella que tanto Utahime como Gojo odiaban y quizas esa seria siempre la unica cosa en la que podrían coincidir.— ¿Fue cosa de tu clan?
—¿Ah? —inclinó su cabeza hacía un lado en su aturdimiento inicial, confundido. Obligándose a sonreír para guardar las apariencias cuando no fue necesario mucho para entender, cambiando su postura relajada por una más tensa mientras se ahogaba buscando algo que decir en favor de refutar cualquier argumento de Shoko que implicara la confirmación de sus mayores temores.
Tuvo que observarla fumar en silencio, esperando por la respuesta que tenía la capacidad de ponerlo todo de cabeza. Shoko parecía buscar sus palabras, ignorante de la revolución interna y el pánico del gran Gojo Satoru.
Una última calada a su cigarrillo y se giró para observarlo, un rostro que no mostraba emociones pero que era reconfortante de una manera en que solo podría serlo porque Shoko era su amiga.
—Tu como un Omega ¿fue un problema para tu clan?
Cuando Satoru esperaba ser acorralado para confesar su verdad, no espero los ojos comprensivos de su amiga, ni la libertad de juicios, menos alguien afirmando activamente que de hecho Gojo Satoru es un Omega y no un Alfa.
Cualquier respuesta que pudiera darle se quedó atascada en su garganta, tosió y se quitó los lentes oscuros para que no salieran volando con los espasmos de su cuerpo, odiaría tener que pedirle otro par a Yaga solo por su descuido. Cuando se hubo calmado con una profunda y audible exhalación, las lágrimas se acumularon en sus mejillas sonrojadas y quedaron suspendidas en sus largas pestañas, Satoru parpadeó unas cuantas veces para alejarlos, frustrado por haber sido descubierto a pesar de todos sus esfuerzos, de todo el daño que se hacía a sí mismo desde que era consciente de ello por esconder su inherente naturaleza.
Era una cosa de los clanes principales odiar la debilidad en todas sus formas y maneras, a veces la debilidad para ellos se manifestaba en forma de mujeres, Omegas o falta de energía maldita. A menudo, ninguno de ellos salía bien librado porque era sencillo en la práctica desaparecerlos, ya sea con un asesinato o usándolos como monedas de cambio con el fin de mantener la falsa paz entre clanes.
Entonces nació Satoru, corrompiendo el equilibrio del mundo, haciendo que las maldiciones tuvieran que evolucionar para adaptarse al poder masivo que se concentraba en un solo individuo. El clan Gojo se regocijo en la gloria de haber obtenido al aclamado poseedor de los seis ojos y su técnica heredada de ilimitado. Hicieron planes de convertirlo en el líder cuando cumpliera la mayoría de edad y hubo un acuerdo tácito sobre enseñarle todo lo que necesitara hasta que pudiera defenderse por sí mismo, porque los asesinos acechaban a diestra y siniestra.
Y, sin embargo, para eterno disgusto de todos ellos, Satoru se había presentado como un Omega y un Omega no puede ser hechicero. "Era obvio" decían los mayores, quizás tíos o primos, observándolo desde arriba con absoluto desden, porque a pesar de que es el más fuerte todavía lo odian tanto como lo idolatran.
Entonces había sido enviado a Jujutsu Tech como un Alfa en toda regla, porque nadie sospecharia lo contrario. Después de años siendo acondicionado para ser algo que no era, había crecido sin manifestar las características de su segundo género. No es hermoso de la forma convencional, no hay curvas donde deberían haber porque su cuerpo es alto, tonificado y todo ángulos pronunciados, nunca había sufrido un celo, ni había hecho un solo nido...
Y aun así, con todo ello, Shoko todavía lo había descubierto.
—No es saludable negarte a ti mismo la oportunidad de disfrutar de todas esas cosas —dijo, luego de escucharlo despotricar sobre su horrible infancia en el clan Gojo.— Te daré un consejo médico, porque eres mi amigo y te quiero pero tu elijes si tomarlo o no...
Otra calada a su cigarrillo y tiró la colilla para pisarlo, Satoru se alarmó cuando sintió la inconfundible energía maldita de Suguru acercándose. Había estado tan absorto en los malos recuerdos que ni siquiera notó la llegada de su mejor amigo a los campos de la escuela.
—Comienza por armar un nido y luego podemos ver todo lo demás, creo que es momento de que dejes de sentirte atado. Demonios Satoru, ¿dónde quedó todo ese estúpido ego tuyo sobre ser el más fuerte? —ella le sonrió apenas y Satoru le sonrió devuelta porque eran raras las ocasiones en que Ieri Shoko se mostraba tan genuina en algo.
Tanto la energía maldita de Suguru como su intenso olor a incienso y almizcle chocó contra todos sus sentidos con la fuerza de una avalancha. Sus seis ojos se volvieron locos por la sobrecarga sensorial a la que había estado expuesto durante tanto tiempo, así que se puso los lentes y se giró para observarlo, todo fuerza Alfa en la postura segura y las hermosas facciones afiladas de su rostro.
—¿De qué estaban hablando ustedes dos?
Su uniforme estaba apenas desarreglado, pero su chaqueta colgaba de su mano, dejándolo solo con la delgada tela de su camisa. Su desordenado flequillo caía suelto del moño que sostenía el resto de los largos mechones oscuros de su cabello.
Desde su primer año, Satoru siempre había deseado reclamar a este Alfa como suyo. Sin embargo, se conformó con su amistad, anhelandolo desde lejos como el tonto cobarde que era.
—¡Suguru~ ahora que estas aquí puedes elegir la película que veremos en tu habitación esta noche! —exclamó, levantándose del piso para lanzarse sobre él en un abrazo que fue recibido con una risa encantadora del dueño de sus afectos.
Si más tarde Satoru robó sutilmente las prendas de Suguru para empezar su nido, solo Shoko había sido consciente de ello.
