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Cambio de guardia.
Odiaba eso especialmente los fines de semana cuando el hospital era todo un caos; ya fuera por algún borracho que provocase un accidente o algún descuido de unos padres que acabara mal.
Siempre la sala de urgencias era un desastre, estaba listo para eso, para generalmente atender a un montón de idiotas, sufriendo por las consecuencia de su idiotez.
—¿Qué tenemos aquí?
Preguntó a Syzoth; su nuevo practicante. El chico revisó su tabla, dando vuelta a un par de hojas mientras buscaba el registro del paciente.
Shang Tsung recorrió la cortina y prácticamente se le fue el alma del cuerpo (si es que tenía una, cosa que Syzoth y los demás internos se cuestionaban).
Ahí estaba ese… ese idiota.
—Varón, veinticinco años…
Antes de que el joven pudiera seguir hablando, Shang Tsung lo detuvo alzando la mano para hacerlo callar.
—Ve con Liu Kang, seguro le vas a ser más útil de lo que me lo serás a mi. —El paciente en la cama se hubiera reído de haber podido.
—Pero… —Syzoth trató de protestar, aunque no le desagrada la idea de ir y ayudar al doctor Kang en el área de pediatría.
—¿Tienes las orejas de adorno? —Eso fue suficiente para tomar el expediente de las manos del chico y echarlo.
Shang recorrió la cortina para tener más privacidad con su paciente.
—¿Y tú? ¿Eres idiota o algo así? Esta es la tercera vez que nos vemos en el mes, y apenas es el día 12.
El médico se pellizca el puente de la nariz con evidente exasperación, cansado por la rutina.
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—Día 12, eso quiere decir que… quedan 18 días más para vernos de nuevo.
—Bi-Han… no puedes seguir con-
—¡Claro que puedo! Sólo… un par de suturas y estaré como nuevo ¿sí?
Bi-Han parecía un poco ansioso, no necesitaba una niñera, y menos al doctor idiota que tenía por vecino.
—Un par de suturas hace 9 días, otro par hace 5, hoy otras más. Bi-Han si sigues así, no quedará demasiado que pueda remendar de ti.
Habló el mayor un poco preocupado por el chico impetuoso.
Vivía en el departamento que quedaba justo delante del de Bi-Han y los dos hermanos de este, ese par no pasaba quizá de los diecisiete años, y tampoco parecía que alguien más viviera con ellos.
De vez en cuando cruzaban palabras, especialmente cuando Tsung pudo percatarse de que Bi-Han salía por las mañanas a lo que asumió su empleo, y por las noches salía nuevamente, encontrándose más tarde en urgencias.
Peleas clandestinas.
Eso explicaba las lesiones que el chico presentaba habitualmente; se había vuelto una especie de rutina.
Un muñeco roto y deshilado que acudía cada vez a ser reparado. Cada vez con una mirada más agotada; como si el pobre muchacho tuviera demasiadas cargas sobre sus hombros.
Bi-Han ya se lo había explicado brevemente en una charla en el ascensor; tenía un empleo, si, pero el dinero honesto no alcanzaba para dos bocas más que alimentar, aún si Kuai y Tomas tenían empleo también, no servía de mucho.
Así que un par de contusiones que quedaban cubiertas por el seguro de cualquier manera, eran mejor opción que hacer que sus hermanos interrumpieran sus estudios o se quedaran sin comer.
***
Una semana más tarde, algunos paramédicos entraron empujando una camilla, Shang estaba de guardia y solo para descubrir que nuevamente Bi-Han estaba ahí con más que sólo un par de cortes por tantos puñetazos.
Mierda, casi quería llorar al ver las radiografías; la fachada de ser un bastardo frívolo se fue al diablo.
Ese pobre diablo estaba tendido en una cama con una costilla rota y otra astillada ¿valía la pena perforarse un pulmón para llevar un par de billetes más a casa?
Bi-Han fue capaz de abrir los ojos solo hasta la mañana siguiente, cuando el medicamento comenzó a perder efecto.
Despertó con el torso vendado; un suero en su mano que le impidió levantarla del todo por temor a dañar el trabajo de los enfermeros al conectarlo y…
Cuando quiso levantar la otra mano, un peso adicional lo impidió, cuando volvió la vista, Shang Tsung estaba ahí, más no con su bata, sino, simplemente esos trajes ridículamente caros que acostumbraba a usar, recién aseado, durmiendo en la silla que estaba al lado, pero sí, su mano tomando la de Bi-Han.
El joven casi siente como se le escapa el aire de los pulmones al ver la pacífica imagen de su irritante vecino y prácticamente médico de cabecera a su lado, dormitando.
Shang de a poco comenzó a abrir los ojos, su atención fija en Bi-Han, apartando la mano en el acto.
—Yo… estaba preocupado por tu salud.
—¿Te quedas a tomar la mano de tus pacientes cuando duermen siempre?— Bi-Han sonríe con burla.
—Sólo a los que son particularmente estúpidos y se aferran a que los maten a golpes en un pseudo-deporte para salvajes.
Bi-Han entrecierra los ojos, furibundo ¿qué va a saber Shang Tsung de su vida más allá de los comentarios molestos que puedan tirarse uno al otro en cada encuentro?
—Bueno deberías ver cómo quedó el otro…
—¿Y a mí qué me importa el otro? A ese idiota ni siquiera lo conozco —El doctor parecía irritado, más que de costumbre ¿tan difícil era que Bi-Han diera las gracias y cerrara la puta boca?
—¿Por qué molestarse en mi? Tampoco me conoces del todo. —Shang Tsung se quedó un poco pasmado con la pregunta.
Ni siquiera él mismo lo entendía del todo.
—Quizá porque pareces un mapache rabioso que necesita cuidados, tan salvaje y tan…. —Tsung se detuvo. —De cualquier manera ¿porque sigues viniendo a este hospital si sabes cómo acaba esto siempre?
¿Bi-Han estaba ruborizado? Sí, clara y definitivamente lo estaba. Había ocasiones en las que solo llegaba por uno o dos puntos de sutura, siempre buscando desde la sala de espera a ese payaso pedante y pretencioso que se hacía llamar Shang Tsung.
¿Por qué lo hacía?
Definitivamente había más médicos, pero había algo en ese hombre que le hacía querer seguir regresando.
—Bueno, vengo a salvar a tus internos, siempre los echas cuando me ves llegar.
Bi-Han soltó una risa que con la misma prontitud se convirtió en una queja por sus costillas.
—Sí quieres estar a solas conmigo, solo dilo, en lugar de venir con algo roto como excusa.
—Entonces tú admite que dejas todo para venir a atenderme porque no te basta con verme a diario cuando salimos del edificio.
—Preferiría ahorcarme con el estetoscopio antes que hacer eso. —Tsung sonrió con sorna— Solo admitelo, vienes aquí para que te atienda yo personalmente.
—Me abriría la garganta con el bisturí primero. —Replicó el joven.
—¡Oh por los Dioses antiguos! ¿Doctor Shang Tsung, no va contra las normas que salga con su paciente? —Johnny Cage, enfermero en turno que estaba por revisar el suero de Bi-Han, interrumpió.
El mayor de los tres puso los ojos en blanco.
—¡Él no sale conmigo!— Bi-Han se apresuró a explicar.
—Cualquiera diría que parecen casados. Solo digo… que más que una declaración de odio, parecía una declaración romántica.
