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Había cosas que Liu Kang no pudo prever con la intromisión del titán Shang Tsung en su línea temporal; como el hecho de que hubiesen algunas líneas temporales paralelas donde sus antiguos aliados eran titanes también; o que al recuperar su poder que Geras había almacenado en la figura de jade habría de perder su inmortalidad.
Sí; ahora, eventualmente moriría pero ¿sería pronto? ¿Tardaría eones?
En realidad no le importaba mucho, había vivido una buena vida, y en su mayoría a su pequeño proyecto de dar vida a cada Reino, había sido algo grato de ver, estaba orgulloso de ellos en su gran mayoría.
Especialmente de Bi-Han y esa jugada maestra al engañar a Shang Tsung haciéndose pasar por su aliado. Ambos reían cuando recordaban el suceso durante sus reuniones cuando plantean algunas estrategias de defensa.
En cierta forma todo aquello había sido como una prueba para el Gran Maestro; si estando en las sombras había seguido fiel a sus principios; ahora con las cosas así, su clan recibiría todo el mérito que merecían.
Liu Kang podía recordar la noche en que habían celebrado; Bi-Han con un elegante atuendo, distinto a su habitual uniforme, relajado; con las mejillas levemente sonrojadas por el licor que había consumido, lo bastante para ponerse a tono con la fiesta, pero no el suficiente como para acabar como Johnny que no le importaba el espectáculo que estaba dando al tratar de… hacer lo que fuera que estaba haciendo al bailar para Takahashi.
—¿Tus campeones hacen regularmente esas cosas? ¿Qué elegiste, guerreros o pavo reales? —Bi-Han dio un sorbo a su botella de sake mientras observaba de reojo al Dios del Fuego.
Había una chispa de diversión en ojos del criomante que no pasó desapercibida para Liu Kang, aunque últimamente nada de lo que el Gran Maestro hacía le pasaba desapercibido.
—Sólo es Johnny siendo… siendo Johnny. —Oh por los Dioses Antiguos; casi agradeció cuando hicieron al par separarse, pues aunque Kenshi tenía una mirada de desaprobación, no hacía el menor intento de apartarse del actor.
Estuvo por decir algo más cuando comenzó a toser.
—¿Estás bien? —Bi-Han acercó un vaso de ponche para que Kang pudiera beber y parar con esa tos ¿siquiera los dioses tosían?
No, no lo hacían.
Liu Kang aceptó la bebida de buena gana, sin embargo cierta sensación de irritación de su garganta no desaparecía. ¿Extraño? Definitivamente sí ¿Imposible? Pues, al parecer no.
El Dios del Fuego no había contemplado como el titán Shang Tsung había creado una visión retorcida para todo; desde sus respectivos campeones, hasta el mismo amor, podía volverlo algo retorcido y desagradable.
No, ni siquiera pensó en la posibilidad de que, a pesar de que ese brujo hubiera sido borrado de la existencia, sus encantamientos funestos habían de permanecer; peor aún, que había acarreado eso a su línea temporal.
*
¿Flor de ciruelo?
Liu Kang miró por unos instantes los pétalos de la flor que descansaban en la palma de su mano; tanto estos como el vendaje de sus manos, cubiertos en pequeñas gotas de sangre, sangre que él mismo había escupido junto a los delicados pétalos.
Estaba desconcertado; tenía conocimiento en su mayoría de cualquier enfermedad, no había una sola que provocara ese malestar que había estado sintiendo en el último par de semanas; claro,el perder condición inmortal era una cosa, pero ¿eso lo volvía vulnerable a las enfermedades también? no estaba seguro, al parecer así era.
Apretó en su puño los pequeños y delicados pétalos antes de incinerarlos, se irguió y regresó al salón de reuniones donde Bi-Han esperaba.
—Contamos con sanadores que pueden revisarlo, Lord Liu Kang. —Ofreció el hermano del Gran Maestro con mirada preocupada; aunque el Dios había salido por el ataque de tos, todos habían logrado escucharlo.
—Estoy bien. —Respondió algo tajante, tono inusual en él, más las pequeñas salpicaduras de sangre en su vendaje no pasaron desapercibidas para el criomante, que una vez acabada la reunión, se acercó a Liu Kang.
—Nunca he visto a un Dios sangrar… —Con total osadía tomó a Liu por la mano, examinando las manchas. El mayor apartó su mano y retrocedió.
—Ya se lo dije a Kuai Liang, estoy bien.
Otro ataque de tos doblegó al Dios del Fuego que arrojó un par de pétalos más al suelo. Sin ningún signo de desagrado, el Gran Maestro se acercó y recogió algunos para examinarlos mejor.
—¿Flor de ciruelo? —Lord Liu Kang parecía sorprendido de que el menor tuviera conocimientos de algo tan delicado como unas flores; sería algo en último plano para un guerrero como él ¿no? — En invierno era lo único vivo que se apreciaba por la ventana. —Explicó el Gran Maestro, poniendo después una mirada entre pensativa y nostálgica. —Eran las favoritas de mi madre. —Sus labios se curvaron en un atisbo de sonrisa. —También las mías.
Ver ese atisbo de vulnerabilidad en Bi-Han sólo aumentó el malestar del Dios, como una especie de correlación entre ambas cosas.
—¿Seguro estarás bien? Puedo traer algún sanador ¿hace cuanto comenzó esto? —Liu Kang negó un par de veces, los bordes de sus ojos con unas cuantas lágrimas por el esfuerzo al toser.
—Estoy bien ¿sí?
*
—¡Dime qué diablos estuviste haciendo con el titán! —La voz del hombre resonó en medio del pasillo oscuro y frío. El hombre en la celda, atado por un desagradable y enmohecido grillete alzó la mirada.
—¡Shang Tsung! Tiempo sin verte ¿qué tal estás? Sí, así es vine a disculparme por darte una vida de mierda en esta línea temporal… —Cualquier otra palabra murió en su garganta antes de poder seguir hablando, pues una mano callosa se envolvía con fuerza en torno a su cuello.
—No estoy para juegos, brujo. Empieza a hablar… —Soltó al brujo cuando esa maldita tos lo hizo escupir más de esas estúpidas flores.
Flores. Ya no eran pétalos solamente, sino flores completas.
El brujo se echó a reír.
—Ah, un Dios enamorado ¿quién lo diría? ¿Es alguien de tu línea temporal o será de otra? —La sonrisa burlona del brujo no hizo sino provocar la ira de Liu Kang.
—¿Qué fue lo que… hiciste? —Su voz sonaba un poco más rasposa por el esfuerzo al toser.
—¿Yo? Nada. Y cuida tu tono, hablas con el único que sabe que te está pasando. —Lord Liu Kang comenzaba a meditar sobre qué tanto desequilibrio podría provocar desaparecer a Shang Tsung de la línea temporal. O quizá hacerlo reencarnar en un gusano.
El silencio del Dios era una invitación a que el brujo siguiera hablando.
—Fue idea del titán Shang Tsung, brillante en realidad, aunque cuando lo dijo creí que no sería posible. Hanahaki. Un invento de él.
Comenzó a explicar cómo poco a poco su amor lo iría matando si el objeto de sus afectos no le correspondía. Morir de amor en su forma más literal; aunque claro, dejando un bonito árbol a su paso que formaría sus raíces en sus pulmones.
*
Liu Kang comenzó a unir los puntos, o bueno, a tratar de reconocer lo que le estaba pasando.
Las flores favoritas de Bi-Han eran exactamente iguales a las que él había comenzado a escupir con cada ataque de tos. El malestar sólo aumentaba cuando estaba cerca del criomante del que se había hecho más cercano en los últimos meses.
Podía recordar la sensación de alivio que le invadió cuando, tras el combate con el titán Shang Tsung había visto que todos sus aliados estaban bien, sí, pero sintió algo más con Bi-Han. Algo que se rehusaba a darle nombre.
Ya antes se había separado de Kitana y ese dolor había perdurado por unos cuantos eones, así que la idea de perder a Bi-Han, ponerse en manos de una criatura efímera…
No.
No lo haría, no podía. Además, si de cualquier maldita manera Bi-Han respondía afirmativamente a una declaración suya ¿cómo podía estar seguro que no lo haría solo por la presión de Liu Kang al ser un Dios? No. Bi-Han merecía compartir su vida con otro ser de existencia tan fugaz como la suya.
*
Una inflorescencia es la manera en que las flores se agrupan en el tallo, o algo así. Liu Kang estaba más preocupado por su salud que por los términos botánicos correctos.
Cada vez respirar era más difícil, y aunque el propio Geras había comenzado a insistir para que el Dios del Fuego confesara sus sentimientos al Gran Maestro de los Lin Kuei, cada intento terminaba en una rotunda negativa hasta llegar al punto en que sólo negaba en silencio mientras veía a Liu lidiar con ese padecimiento.
Kuai Liang entonces lo convocó a reunión.
De otra línea temporal había un Scorpion consumido por su sed de venganza contra el que habían luchado y, a pesar de que había escapado, estaban seguros que aún estaría en la línea temporal creada por Lord Liu Kang.
—¿Y por qué… por qué Bi-Han no ha sido quien me convoca? —La sóla mención de Bi-Han provocó que algo se retorciera en su pecho. EL joven Scorpion agachó la cabeza con pesar antes de romper en llanto.
A diferencia de Bi-Han, Kuai Liang y Tomas no tenían tantas reservas en mostrar sus sentimientos o su lado vulnerable, así que no fue difícil adivinar el resto de la historia.
—Mi hermano… estaba preocupado se que no fueras a considerarlo lo bastante bueno por perder el combate… —Kuai Liang soltó una risa entre todas las lágrimas, parecían una tontería las preocupaciones de su hermano ahora que se había ido.
—Tu hermano era más que “bueno” era excepcional.
Vaya mierda…
Una cosa era no declarar su amor al líder de los Lin Kuei por temor, a no poder hacerlo porque este no podría corresponder o rechazarlo al estar muerto.
Kuai Liang corrió a donde el Dios del Fuego al ver que esa tos ahora empeoraba, que se transformaba en un grotesco vómito de sangre y flores mientras caía sobre sus rodillas, demasiado cansado y débil.
¿Con que así es como se mata a un Dios?
