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Te pienso

Summary:

En el palacio se expandió la noticia de que hay alguien que tiene una enfermedad en la que tose flores. Maomao se pregunta a qué se debe.

Notes:

Día 12. Flores.

Work Text:

—Maomao, ¿te enteraste? 

Cuando Maomao miró a Xiaolan lucía preocupada. Su expresión la percibía un poco diferente a las otras ocasiones, incluso notó como su mano seguía sosteniendo el dulce que le trajo, lo que implicaba que ocurrió algo de suma importancia dentro del Palacio o tal vez solo actuaba así para dar suspenso y que le diera curiosidad por saber más. 

—¿Qué pasó? —preguntó, mientras veía cómo las compañeras de Xiaolan colgaban en el lazo unas sábanas blancas. 

Xiaolan le hizo una seña para que Maomao se acercara y así hablarle en el oído. 

—Dicen que uno de los eunucos empezó a toser flores. 

—¿Flores? —repitió, confundida por lo que dijo, se preguntaba si eso era posible, tenía que ser algo que viera con sus propios ojos porque no le encontraba ninguna lógica. Lo consideraba como algo bastante irreal. 

—Sí, nadie sabe a qué se debe —dijo ella, asintiendo, sin cambiar su rostro de preocupación—. El médico pensó que se trataba de una gripe, pero luego no supo cómo actuar cuando vio los pétalos de flores. 

En ese momento Maomao ya se había alejado un poco de su amiga cuando empezó a hablar en un tono más bajo para evitar que alguien más escuchara. Tenía que saber que eso era algo imposible porque los rumores dentro del palacio se esparcen muy rápido, es como la pólvora. Ella había dejado de poner atención a lo que le estaba diciendo porque se preguntaba cuál eunuco era el que enfrentaba esa situación, solo uno se le venía en la mente, pero prefirió no pensar en ello, sino en que tenía que volver al Pabellón Granate. 

—Una enfermedad que hace toser flores —repitió Maomao. 

Incluso para ella escuchar sobre eso era algo nuevo, no había visto algo así. Empezó a sentir mucha curiosidad por saber más al respecto, aunque una parte de Maomao decía: “lo que le pase a ese eunuco no es asunto mío.”

—¡Sí! Hay muchas personas preocupadas, no están seguras si es algo contagioso. 

Estaba pensativa. Miró a Xiaolan y comía los dulces de una manera muy lenta. Si no se sintiera muy preocupada ya hubiera terminado de comer y ahora le soltaría muchas exclamaciones a Maomao sobre el delicioso sabor. Hoy no estaba pasando algo así. 

—¿Han dicho algo más? 

—Sospechan que no es una enfermedad, sino una maldición. 

Suspiró. Otro caso en el que sospechaban que lo que ocurría era debido a una maldición, quizás era la superstición, el no saber qué era lo que estaba pasando que les hacía pensar que era ocasionado por un ser paranormal. 

—Xiaolan, las maldiciones no existen. 

Ya le había dicho algo así anteriormente, pero no estaba mal repetirlo. Su amiga negó con la cabeza, parecía ofendida. 

—Si no es por eso, entonces ¿a qué se debe? 

Si decía la verdad, Maomao tampoco lo sabía, así que lo único que hizo fue encogerse de hombros. Prefería que hablaran de otro tema porque había alguien con una gran belleza del que estaba segura que era el que tenía la enfermedad desconocida. 

No quería pensar en él. 

Cuando regresó al Pabellón de Jade todo era un desastre, las damas de compañía de la señorita Gyokuyou estaban de un lado a otro, cargando floreros. 

Ante esa escena, Maomao permaneció en el umbral de la puerta, estaba desconcertada. Ladeó su cabeza para mostrar lo muy extraño que estaba siendo todo. ¿Un caso de envenenamiento del que la única solución era deshacerse de las plantas? Suspiró, no iba a decir nada ante las decisiones tomadas. 

—Maomao, qué bueno que llegaste. —Gyokuyou se acercó hacia donde estaba. 

Cuando escucharon su nombre, las tres asistentes de la consorte se detuvieron para mirarla.

—¿Qué está pasando? 

—Se ha esparcido el rumor que dice que las flores son la causa por la que uno de los eunucos está enfermo. 

Frunció el ceño. Gyokuyou también se veía preocupada, teniendo a su pequeña hija no veía raro que hubiera preferido cambiar de lugar los floreros con tal de preservar su salud. 

Ella seguía sin estar convencida. El hecho de tener flores como decoración no debía ser la causa de la enfermedad del eunuco, sino algo más. Si fuera como los rumores decían, entonces no solo habría una persona afectada, ya que existirían varias. Maomao se mantuvo en silencio, se quería retirar, pero antes de que pudiera avanzar, escuchó una voz familiar. 

—Disculpen, pero ¿se encuentra Maomao aquí? 

Era Gaoshun. Él pertenecía al porcentaje de las personas dentro del palacio que en sus rostros se notaba la preocupación, lo que le confirmaba sus sospechas iniciales. La señorita Gyokuyou y sus doncellas tenían sus miradas sobre ella, ajenas a la razón por la que él llegó. 

—Sí, aquí está —respondió, moviéndose a un lado para que pudiera ver a la mencionada. 

—Ven conmigo, por favor. 

Antes de irse con Gaoshun, miró de reojo a la consorte, ella asintió dando su aprobación. Quizás comenzaba a sospechar de que había un asunto del que necesitaban su ayuda, por lo que no se oponía. 

«¿Hice algo malo?» se preguntó Maomao cuando estaba siguiendo a Gaoshun. Caminaba tan rápido que prefirió seguir en silencio, todas las preguntas que surgieron las haría una vez que ya se hubieran detenido en la puerta donde vio a Jinshi. Si de verdad era él quien estaba enfermo, no lo parecía, o al menos todavía mantenía la belleza en su rostro capaz de enamorar a cualquiera. 

Con tal de no tener esa mirada en ella, miró a la vasija con pensamientos. Las reconocía por ser pequeñas flores compuestas por cinco pétalos, algunos lisos o con arrugas. El hecho de ser un arreglo con las flores de diversas flores hacían que combinara con las paredes de la oficina; quería tomar una y comerla por curiosidad. 

—¿Hay… hay algo en lo que necesite ayuda? 

—Boticaria, ¿conoces algún remedio para la enfermedad que provoca toser flores? 

Directo al grano. 

—No —dijo, estaba siendo honesta—. ¿Ha estado comiendo bien? ¿Ha revisado con cuidado sus alimentos para detectar algún cambio de aroma o en la textura? 

Jinshi frunció el ceño. Podría estar pensando que sus preguntas no tenían ninguna razón de ser, pero si quería que investigara la enfermedad y buscar un remedio, entonces tenía que responder. Así podría descartar posibilidades. 

—No creo que sea por la comida —respondió, mirándola fijamente. Maomao ya quería salir de la oficina para no tener esos ojos fijos en ella, aunque luego se dirigió a Gaoshun—. ¿Me podrías dejar un rato a solas, por favor?

Oh, no. Eso solo significaba un mal presagio, ¿es que había dicho algo malo? Sintió escalofríos en todo el cuerpo, cuando vio a Gaoshun abrir la puerta, Maomao quería decirle que no la dejara sola, no sabía que iba a pasar a continuación. 

—No encuentro otra explicación al padecimiento, así que si me disculpa… 

—No hemos terminado. 

Fue interrumpida cuando ya estaba caminando de lado hacia la salida. Jinshi ya no estaba sentado en la silla, sino que ahora lo tenía muy cerca de ella, ¿cómo fue que camino tan rápido? Ella tenía la espalda apoyada en la pared cerca de la puerta, sentía su corazón acelerado. Estaba nerviosa, no era por tener ese rostro hermoso a pocos centímetros, era porque percibía algo muy diferente en su aura, cómo si estuviera molesto o tal vez solo quería traspasar una línea que él mismo se impuso. 

—¿No? —Fingió no saber de qué hablaba—. Tal vez algún cocinero le echó flores a su comida. 

«¿Qué estoy diciendo?» pensó. Se puso de puntitas y trató de moverse a los lados mientras veía arriba de su hombro para intentar escapar. Iba a ser difícil, tal vez lo mejor era rendirse y esperar a que hablara o podría lanzarse a sus labios; algo que no quería hacer pero traía el beneficio de hacer que bajara la guardia. Lo que hizo fue  mirar el florero. 

Cuando Jinshi se dio cuenta de que Maomao no lo estaba mirando, él dio unos pasos hacia atrás y giró su rostro en la misma dirección que ella. 

—Son pensamientos —dijo. Sí sabía el nombre de las flores, un día su tío Luomen le comentó sobre cómo podían ser utilizadas para perfumes, tenían un aroma que podía resultar como un afrodisíaco para algunas personas. 

Después se quedaron en silencio. Jinshi la dejó salir después de un rato, aunque el tiempo en el que no hablaron, ella pudo notar como ese rostro lucía cansado; triste. Ella supuso que era por no saber nada sobre la enfermedad todavía.

 Sin embargo, a los pocos días después, Maomao se enteró de que él había caído en cama, lo que ahora le dejaba más en claro de que era él quien estaba enfermo. Se preguntaba si sucedió algo en su vida como para que hubiera empeorado hasta ese grado porque ahora no solo tosía pétalos de flores, sino que escupía la flor entera y a veces había sangre; sentía dolor en el pecho, una dificultad para respirar hondo y ningún medicamento parecía alivia su malestar. Lo único que fue un descubrimiento para las personas dentro del palacio fue que podían estar tranquilos, ya que no parecía contagiosa, no hubo otro caso; pero no ignoraba el hecho de que otro pudiera surgir, por lo que era mejor seguir con la investigación. 

—Tose pensamientos —dijo el doctor. Eso fue un dato nuevo para ella—. Son flores de color malva y negros, ¿tú crees que el color tenga alguna relación con la enfermedad que aqueja al señor Jinshi?

—Tal vez —respondió.

—Hay algo que me dijo cuando estuve en la oficina y fue que te quería ver. 

Maomao suspiró. Si iba a su habitación sería la primera vez que conocería más a fondo el palacio, pero pensando en cosas más importantes, lo visitaría. 

Lo primero que pensó fue que todavía seguía conservando su belleza.

Gaoshun la recibió, le contó todo sobre lo que había pasado en los últimos días y ella escuchó con atención, intentó analizar cualquier línea que le resultara sospechosa para determinar la causa. 

Ahora estaba bebiendo té junto a él, mientras Suiren y Gaoshun estaban en los extremos. Esto era extraño, pensó que los dejarían solos. Maomao tenía la impresión de que Jinshi se veía “mejor” cuando ella estaba cerca, por lo que empezó a preguntarse si los sentimientos tenían algo que ver. 

Con la taza entre sus manos, miró alrededor de la sala. Había un florero con pensamientos, esas flores que había visto varias veces y que parecían tener respuestas a sus preguntas, no tenía que ser casualidad su aparición tan frecuente. 

—¿Cómo se encuentra? ¿Hay alguna mejoría? —preguntó, si ignoraba la presencia de las otras dos personas, entonces podía hacer el interrogatorio que quería. 

Sus ojos se enfocaron en Maomao, la miraba con mucho detenimiento hasta que tuvo que voltear hacia un lado y cubrir su boca con un pañuelo al empezar a toser. Bueno, eso podía responder su pregunta. 

—Me gustaría estar a solas con Maomao. 

Para estar con una enfermedad que afectaba las vías respiratorias, Jinshi habló como regularmente hacía, tal vez con un tono más bajo y de una forma muy suave. Ante la petición, ellos se fueron. Esta vez Maomao hizo el esfuerzo por mantenerse tranquila, daba sorbos al té y luego sus miradas se encontraron. 

—¿Hay algo que tenga que decirme?

—¿Conoces el significado de los pensamientos? 

Ella negó con la cabeza, al usar las plantas nunca se había detenido a pensar en el significado, no era algo que le diera importancia. 

—Puede representar el amor que sientes hacia una persona, pero los colores como el malva o negro su significado está relacionado con el desamor. 

«Desamor»

Eso fue lo único que necesitaba escuchar para poder seguir relacionando la enfermedad con los sentimientos. Quería saber más al respecto. 

—¿Es decir que está enamorado de alguien que no siente lo mismo?

Jinshi no respondió. En vez de eso, tomó la taza de té, lo que le dejaba claro que no quería hablar de eso o tal vez solo se estaba pensando qué decir. 

—Sí, a pesar de que no sienta lo mismo, no puedo deshacerme de estos sentimientos… 

—No olvide que solo soy una boticaria, no puedo ayudarle en sus problemas amorosos —interrumpió. Se sorprendía de la facilidad con la que pudo hablarle de lo que sentía. ¿Acaso con ella se sentía seguro? 

—Me estás escuchando —dijo, luego en su rostro apareció una sonrisa. «Si que parece estar bien cuando estoy cerca» pensó—. Eso me resulta suficiente. 

—Lo veo más animado. 

—Es porque estás aquí. —Él se levantó y caminó para sentarse a su lado—. La distancia que había entre tú y yo me resultaba dolorosa. 

Parpadeó. No entendía qué quiso decir o quizás quería actuar como si no lo supiera. 

—Creo que en este momento los dos estamos cerca. 

Decir lo obvio fue intencional. Jinshi se levantó y se sentó a un lado de Maomao, tomó su mano que estaba sobre la mesa y sintió el peso de su cabeza en su hombro. No iba a hacer nada por quitarlo, quería saber lo que iba a pasar. 

—Te quiero. 

Después sintió que levantó su cabeza. La estaba mirando, pero había algo diferente, como si estuviera ocultando la tristeza bajo una sonrisa. Ya comprendía mejor la enfermedad. 

—Lo mejor es que se someta a una operación para remover la flor. 

Si los pensamientos volvían a aparecer una vez que se fuera, significaba que algo estaba ocurriendo dentro de sus pulmones. Esto era lo mejor cuando Maomao no estaba segura de poder corresponder. 

—¿Puedo darte un beso de despedida?

¿Qué? Lo decía como si fuera la última vez que se verían, quizás por no saber lo que pasaría si aceptaba la operación. Suspiró, esta vez fue ella quien se acercó. No podía creer lo que estaba a punto de hacer, al final lo hizo. Maomao dejó que la besara, por una vez no pasaba nada. 

En el momento de separarse, Jinshi no dejó que se fuera, sino que aprovechó el momento para abrazarla. 

—No quiero olvidar lo que siento —susurró, notó la voz quebrada.

 Maomao no entendía que significaba eso, ¿eso era algo que le dijo el doctor? ¿También le comentó sobre una posible operación? 

—Es lo mejor cuando el sentimiento no es mutuo. 

La soltó. En la sala los dos estaban mirándose, pero al final su vista volvía al florero con pensamientos. Encontró una solución, una operación con tal de remover la flor. Tal vez eso implicaba olvidar los sentimientos hacia la persona amada. 

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