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¿Por qué las cosas fueron de esta manera?

Summary:

Hay alguna razón por la que Elliot no puede alejarse de Leo. Tal vez porque lo ama, a pesar de que su relación no es como antes.

Notes:

Día 11. Abuso.

Work Text:

Hay algo que hace que Elliot no pueda alejarse de Leo. 

Se pregunta si es porque cuando está con él su mente no está tranquila, se convierte en un torbellino de emociones confusas que se mezclan con las advertencias de su familia de las que no puede escapar, sino que se vuelven muy frecuentes, algo así como un eco. Ellos le dicen que la compañía de Leo no le está trayendo nada bueno porque solo se está aprovechando de su pureza para ir llevándolo a la oscuridad poco a poco. 

Él no está tan seguro de estar en la oscuridad, pero tampoco en la luz. Siente que está en un punto medio. No se ha detenido a pensar en las definiciones de lo que su familia considera correcto y lo que no porque no es algo que le importe demasiado, aparte de que no puede alejarse de Leo por el vínculo tan fuerte que tienen. 

Elliot no quiere sentirse vacío si desaparece de su vida, y tampoco quiere que los besos; las noches en las que terminaban siendo uno solo; los momentos felices haciendo cosas divertidas; cuando probó sus cigarros favoritos y luego Leo se rió por la expresión de su rostro; las ocasiones en las que terminan faltando a clases sólo para quedarse en la biblioteca porque quería compañía y le gustaba la forma en la que sus manos estaban entrelazadas sobre la mesa. Todo eso no quiere mantenerlos como un recuerdo, sino como una parte importante. 

Lo que quiere es que Leo tome su mano y nunca la suelte. Le gusta tenerlo cerca, no se ha imaginado ningún día en el que no estén juntos, aunque ahora las cosas ya no son como antes cuando su familia se está decepcionando de Elliot por estar con alguien que no le aporta nada, sino que están creando una relación que lo está dañando. 

—Has cambiado, Elli. 

Ha pasado tiempo desde que Vanessa le dijo eso y no puede olvidarlo. Se le viene a la mente su mirada, los ojos llorosos y como ella se aferraba a las mangas de su saco mientras trataba que la escuchara, no quería que se fuera. Le suplicaba que por favor se alejara de Leo, la consoló al verla tan vulnerable, aún cuando no podía prometerle que le haría caso al encontrar la felicidad al lado de él. 

—Sigo siendo yo —murmuró, acariciaba la cabeza de su hermana para intentar tranquilizarla. 

—Estás mintiendo, quien te quiere realmente no te perjudica —dijo, alejándose de su hermano—. Estás faltando a clases, tu ropa huele a cigarrillos cuando tú no fumabas, ya no tocas el piano y ya no vienes seguido a casa. 

Le resultó increíble que Vannesa pudiera crear una lista de las cosas que cambiaron, lo que respondió aquella vez no lo recuerda o tal vez quiere olvidarlo. Ahora que lo está pensando de una forma fría sí se ha dado cuenta de que ya no es el mismo. Antes se esforzaba por hacer las cosas bien, ser un buen ejemplo para ser el orgullo de sus padres y porque más adelante él sería quien tomaría el lugar de su padre; por lo que no quería decepcionarlos. En el momento en que Leo apareció en su vida todo cambio porque se dejó llevar, no se negaba a nada de lo que le dijera para evitar que dejaran de hablarse. 

«Quien te quiere no te perjudica» esas palabras siguen dando vueltas en su mente. Se lleva las manos a la cabeza y se agacha, es una manera de librarse de lo que sus padres dijeron, es como si le ayudara a olvidar. Tal vez Vanesa tiene razón, es por eso que ya debe de llenarse de valor y decirle a Leo que lo ama, que es muy importante en su vida, pero se ha descuidado a sí mismo y no puede seguir de esa forma. 

Desea que eso fuera fácil de decir. Si lo veo es más probable que llore por como irán las cosas de ahora en adelante. Es muy difícil porque no quiere soltar su mano. No está preparado, y tal vez, nunca lo estará. No quiere escuchar el crujido de su corazón, ni ver que la silueta de Leo desaparecerá de su vida una vez que deje de aferrarse a sus dedos. Solo pensar en eso le produce un dolor en el pecho, quizás su error fue dejar que él entrara a su vida, pero ¿cómo iba a saber que las cosas iban a cambiar?  

Suelen pasear en la habitación donde sus padres resguardan la puerta hacia el abismo. Es el único lugar en el que pueden estar solos sin que sus padres miren en reproche a su hijo por no dar terminada esa relación. Y no es algo que vaya a hacer cuando se ha dado cuenta de lo dependiente que se volvió. 

Algunas veces siente el abuso hacia él cuando Leo es capaz de manipularlo, de crear un montón de razones que termina aceptando para que no se aleje. Le dice que nadie será capaz de hacerle sentir lo mismo y que se verá muy perdido si se separan. También la forma en la que toma su mano se ha vuelto diferente, ese agarre ya no es capaz de hacerle sentir muchas emociones alegres, sino que ahora se siente una fuerza junto a una amargura en su acción que Elliot se pregunta si es Leo o una persona nueva. 

—¿Te parece bien si entramos, Elliot?

Cuando pronuncia su nombre ya lo siente muy ajeno, como si no perteneciera a la persona de la que se enamoró, son esas situaciones en las que se da cuenta de cómo debió hacerle a sus padres; pero si no lo hizo fue por estar con los ojos cerrados y porque su amor es fuerte. 

—Sabes que en el abismo no hay más que oscuridad. 

—Pero solía ser hermoso. 

“Solía”. Una palabra en tiempo pasado. Sobre la belleza del abismo eso es algo que cuentan las viejas historias, no hay nada más que lo confirme. Sin embargo, al ser Leo un Baskerville significa que tiene más conocimientos que él, aún cuando sus familias son conocidas. Ya siente que está empezando a dudar sobre sus conocimientos. 

—Te llevaré conmigo. 

—No quiero ir, Leo. 

—¿Tienes miedo? 

No responde a la pregunta, aunque el silencio en el que se queda no es bueno. Leo pensará que sí tiene miedo. Elliot suspira y se da la vuelta para caminar por la habitación y acercarse a la puerta de la salida. 

—Quiero irme —dijo sin mirar a Leo. No quiere ver su reacción. 

—No te va a pasar nada, podremos regresar. 

No cree en lo que le está diciendo. Debe tener una visión muy alterada de lo que es realmente el abismo como para que no vea ningún problema, ni ningún riesgo a su vida. 

—También quiero decirte algo… 

Esta es la primera vez que levanta su mirada para ver sus ojos violetas a través de los lentes. En su rostro parece tener curiosidad de lo que va a decir, no puede ser que esté actuando como si no supiera. 

—Quieres terminar.

Asiente. Se muerde el labio, luego camina hacia donde él está para colocar sus manos en sus hombros. Si van a terminar, espera que pueda ser esta la última vez que lo pueda abrazar, también quiere sentir el sabor de sus labios o tomar su mano e ir a su habitación. 

—Nuestra relación ya no es la misma. 

Leo no se ve decepcionado, ¿es que ya lo veía venir? La respuesta ya la sabía, por eso le metió tantas ideas a la cabeza para evitar que sucediera. Quizás ya ha asimilado que no puede hacer más para retener a Elliot. 

—¿Entonces no quieres tener una cita en el abismo? 

—Qué idiota. —Elliot le da un leve empujón para estar distanciado de él. 

Alcanza a ver la sonrisa de Leo. No puede creer que mientras él está aguantando mucho las ganas que tiene de llorar por aceptar la idea de no volverlo a ver, está como si nada. 

—Te hice mucho daño.

—No soy un buen novio para ti —murmura. 

Leo extiende su mano y acaricia el rostro de Elliot. Ya no está sonriendo. 

—No, no lo eres —dice, empieza a caminar hacia la salida de la habitación—. Debí haber buscado a alguien mejor. 

Son esas palabras con las que puede escuchar el sonido de su corazón romperse, pero no dice nada porque se ha bloqueado. Ni siquiera voltea al sentir que todo se detuvo para él. No esperaba que fuera capaz de herirlo más. 

 

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