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Cuando se enteró de que su casino fue a la bancarrota, pensó que se trataba de un mal sueño.
Ese día quiso imaginar que no era posible porque el Sky Casino era un lugar bastante concurrido; lleno de clientes a quienes no les importaba gastar una gran parte de su fortuna en las apuestas, incluso obtenía cierto porcentaje, por lo que la falta de fondos no era un motivo para que cerrara. Quizás se produjo un robo de una gran cantidad de dinero; algún daño en la estructura del casino que haría imposible arreglarlo debido al alto costo o una gran deuda que era imposible de pagar.
No podía creer que aquel lugar que veía como un hogar, que le había dado muchos momentos felices y que le daba un significado a su vida, tanto que no había algo más que quisiera cuando se sentía a gusto por cómo estaban yendo las cosas. Ahora todo había empeorado. Aún podía recordar la decepción en el rostro de los clientes cuando les dijo que aprovecharan mucho las máquinas de juegos porque tal vez iba a ser la última vez que pudieran asistir, esto por las personas que habían llegado y que le dijeron que el casino sería cerrado bajo el motivo “bancarrota”. Entró en pánico, se sobresaltó y no tuvo ningún miedo en decirles que eran unos idiotas que no estaban informados al respecto. No le dijeron más, solo lo despojaron de su “hogar”.
Todavía seguía triste por eso, aún no lograba entender nada, y quizás nunca lo haría. Le era muy difícil aceptarlo, no podía estar positivo, más bien ya no le veía ningún sentido a su vida. No sabía qué hacer a partir de ahora, ni siquiera ver el cielo azul de la ciudad de Yokohama podía mejorar su estado de ánimo,
Estaba agotado.
—Sigma, ¿eres tú?
No se iba a preguntar de quién era esa voz porque la reconocía, deseaba no hacerlo porque no tenía dudas de que sería muy difícil poder deshacerse de alguien cuya personalidad era muy extrovertida y que si lo veía decaído era capaz de empezar un interrogatorio con el fin de ayudarlo a sentirse mejor. Sin embargo, Sigma quería estar solo, y no pudo hacer nada cuando sintió que se sentaba a su lado en la banca.
—Qué extraño es verte por aquí, ¿te estás tomando un descanso?
Él empezó a dudar sobre si Dazai se dio cuenta de que no tenía ánimos de hablar, o tal vez solo fingía que no sabía cómo se encontraba para poder hacerle olvidar sus problemas aunque fuera por un rato.
—Sí, últimamente quise un tiempo para mí —mintió.
Tuvo que haberse escuchado más alegre para que Dazai no estuviera mirándolo no convencido, él tenía que controlarse para no soltar un “déjame solo”.
—¿De verdad?
Decir que Sigma no sabía por qué hizo la pregunta sería mentir. Tenía la respuesta.
—Sí. —Una respuesta corta con la que se condenó a sí mismo porque si no lograba que él se fuera, ahora menos.
—Creo que si eso fuera cierto, estarías más feliz.
Luego sus ojos cafés se posan en él por unos pocos segundos, ya que después mira enfrente. No entendía por qué había pensado en la posibilidad de mirarse por más tiempo y de una manera diferente. Eso no quedaba bien en ese momento cuando perdió su casino. Tenía que resolver sus dudas sobre lo que haría a continuación en su vida. No podía quedarse todo el tiempo en el parque huyendo de sus problemas, ni mintiendo a Dazai. Bueno, él ya tenía que saber la verdad.
—¿No tienes que estar en el trabajo? —preguntó, molesto por su intromisión.
Dazai estiró los brazos en la banca, sintió como uno estaba detrás de él. No tenía por qué rebuscar mucho a sus acciones, solo se acomodó para seguir la conversación.
—Me escapé.
Y hablaba con una tranquilidad que Sigma envidiaba. Aquel fastidio que tenía en el principio fue desapareciendo, como que le empezó a dar igual si seguía con él. Quizás la compañía era algo que necesitaba. En realidad ya no entendía muchas cosas.
Escuchar que se escapó de su trabajo no se le hacía extraño, él no parecía del tipo que le gustara trabajar. Eso lo confirmó cuando Dazai frecuentaba el casino en las noches y se iba a altas horas, como si no le importara que al día siguiente tuviera que levantarse temprano.
—¿Verme estaba en tus planes? —dijo en un susurro. No estaba mirando a Dazai, sino al suelo.
—Un ángel me lo dijo.
No podía estar hablando en serio. Sigma lo miró de reojo, él tenía la cabeza apoyada en la banca, con la vista fija en el cielo.
—Los ángeles no existen.
Dazai se rió. Debido a la propia burbuja a la que se había encerrado, solo estaban ellos en ese lugar, por lo que pudo escuchar ese sonido que fácil podría pasar desapercibido.
Antes de soltar el hecho doloroso, Sigma respiró profundamente.
—El Sky Casino se fue a la bancarrota —confesó.
Seguía con la mirada baja, luego sintió como una mano descansaba sobre su cabeza, solo faltaba que le diera palmadas para reconfortarlo, aunque eso sería muy inesperado y muy difícil de asimilar.
—¿Cómo? —De nuevo sus miradas se cruzaron. Dazai parecía muy sorprendido por lo que escuchó. Sí, él también tuvo la misma reacción en el primer día—. Pero tu casino era muy popular, con unas ganancias de millones. Es imposible que la razón de cierre fuera la bancarrota.
No sabía si aquella reacción de Dazai era real o solo estaba fingiendo que le importaba. No, si ese fuera el caso ya se habría levantado de la banca, no estaría escuchándolo hablar sobre su casino.
—Yo también pienso lo mismo —respondió—, pero no me quisieron decir la razón exacta.
—Creo que si supieras la razón no podrías hacer nada. —No se molestó por la forma en la que le dijo eso, él también pensaba lo mismo.
—Ya no tengo a dónde ir.
La tristeza volvió a Sigma. Ambos se quedaron en silencio.
—Puedes venir conmigo.
Dazai se levantó de la banca, y extendió su mano para que Sigma la tomara, él lo único que hizo fue fruncir el ceño. ¿Acaso su historia le tocó el corazón? No entendía nada.
—¿Estás bien?
—No te diré que recuperarás tu casino porque eso es imposible, pero sí puedo llevarte a un lugar que puede sentirse como si estuvieras ahí.
«Dazai está diciendo muchas cosas extrañas»
Su mano no dejó de estar extendida, más bien estaba esperando la respuesta. Sigma no sabía qué hacer, ¿cuál era ese lugar donde lo quería llevar? ¿Si está consciente de que cuál sea el lugar al que lo va a llevar no podrá reemplazar su casino? Después de un rato aceptó su mano, en el rostro de Dazai había una sonrisa. No sé la devolvió porque tenía muchas cosas en la cabeza, todavía seguía queriendo estar solo por un tiempo.
—Creeré en lo que dices.
Eso fue lo único que dijo antes de levantarse y empezar a caminar. Se sentía nervioso, no tenía ni idea de dónde lo llevaría.
