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Hinata quería terminar su relación con Takemichi.
Cuando Emma le dijo que Mikey estaba muy cerca de él, Hinata pensó que era el comentario de alguien a quien no le gustaba su relación y esperaba que se separaran, por eso en esa ocasión no le dio más vueltas al tema, ni siquiera le preguntó nada a Takemichi. Siguió con su comportamiento cariñoso habitual, aunque conforme fueron pasando los días, el hecho de que él llegara más tarde del trabajo, tenía que deberse a algo.
En ese momento las palabras dichas por su amiga estaban muy presentes, sin embargo, no quería afrontarlo. Tenía la certeza de que solo se trataban de unas horas extras o que fue a comer junto a sus amigos. Cada vez que lo veía le costaba un poco sonreír porque había una pequeñísima parte de ella que estaba empezando a preguntarse si Takemichi la amaba, si fuera así entonces no tendría por qué estar con alguien más.
¿Será que el amor ya no era correspondido? Eso era doloroso porque Hinata lo amaba; se enamoró de él desde el día en el que la protegió de ese grupo de niños que la estaban molestando. Incluso recordó la felicidad que sintió cuando lo vio en el mismo instituto, en grupos diferentes, pero al menos podía acercarse a Takemichi.
No tuvo que haber abierto su red social. Si se hubiera mantenido ocupada revisando los comentarios de los socios sobre los nuevos productos que la empresa estaba elaborando, no estaría en medio de una situación que le acababa de romper el corazón en miles de pedazos.
“Salgamos otro día” decía el encabezado de la foto subida por él en la que estaban los dos en un establecimiento que parecía de ramen. Takemichi tenía su cara muy cerca de la mejilla de Mikey. Lo peor fue cuando vio los comentarios.
“Esta vez vayamos a un lugar diferente.”
“Claro! Ya te quiero ver.”
Eran indirectas que sabía muy bien que significaban. Ahora entendía cómo fue que Emma se enteró, su pecho dolía y sentia como sus ojos estaban se aguardaban por las lágrimas que estaba acumulando, entró al perfil y encontró una foto donde tenían sus manos entrelazadas y los comentarios eran coqueteos.
No podía creer que le estuviera siendo infiel con Mikey, se suponía que solo eran amigos. Nunca hubiera imaginado que sintiera algo más.
Dejó el celular sobre la mesa y se pasó la mano por el cabello mientras empezaba a llorar en silencio, agradecia que estuviera en una oficina donde solo estaba ella y que el lugar estuviera repleto del sonido de los teclados y de conversaciones, ya sea en el teléfono o entre sus compañeros, porque así podía evitar las preguntas sobre en porqué estaba llorando.
Una relación de 6 años se acababa de ir por el caño. Sentía como respirar se estaba volviendo una tarea muy difícil, lo que quería hacer era salir del trabajo e ir directo a la casa de Emma en busca de consuelo, quería lanzarse a sus brazos y decirle que le tuvo que hacer caso, Takemichi le estaba siendo infiel con Mikey.
Sus lágrimas hacían que todo se volviera borroso, por lo que tuvo que tocar varias veces la mesa para tomar su celular. Lo desbloqueó, al ver el fondo de pantalla solo aumentó el llanto, era difícil saber que esa mirada y esa sonrisa no era dedicada a ella, sino a alguien más. Entró a la aplicación de mensajes y buscó el contacto de Emma.
Emmaaaa.
Tenías razón.
Takemichi es un maldito infiel.
No puedo creer que me haya hecho esto
Mientras esperaba que le respondiera, entró al chat con Takemichi, el último mensaje dejado era un “Te amo, Hina” que al leerlo solo le trajo el sentimiento de amargura.
«Qué fácil le era decirlo cuando no lo sentía»
Quizás se hubiera ahorrado todo este problema si daba por terminada la relación cuando su padre le dijo que Takemichi no le convenía, en este caso veía a Kisaki como un mejor partido para ella; pero al no tener sentimientos románticos por él no hizo caso. Su corazón le pertenecía a otro hombre, un hombre que la había traicionado de la peor forma.
Su padre no le veía futuro a su relación. Takemichi no se le hacía alguien que aspirara algo en su vida, más cuando en su juventud se dedicó a meterse en peleas con tipos más fuertes que él. Una persona así podía perjudicar la reputación de Hinata. En el caso de su madre, tenía su apoyo, pero le pidió que pensara muy bien las decisiones importantes como casarse o tener un hijo.
Se limpió los ojos y miró su mano, en su dedo tenía el anillo de compromiso. Se mordió el labio cuando volvió a sentir muchas ganas de llorar, ya se había imaginado a sí misma con un vestido hermoso hecho por el diseñador Mitsuya Takashi. Sobre tener un hijo, no era un tema frecuente, solo esperaba encontrar el momento adecuado.
Al escuchar el sonido de un mensaje nuevo, Hinata se apresuró a desbloquear su celular.
Oh!, si quieres desahogarte puedes venir a mi casa. Ya sabes que eres bienvenida.
Lo siento mucho, te mando un abrazo.
En realidad estaba agradecida por haberle dicho sobre la infidelidad, aún cuando no estaba completamente segura. Le era difícil asimilar que en la red social no le importara tirar indirectas que se podían interpretar como algo más aún estando comprometido. Si eran así en un lugar público, no quería pensar en lo que hacían estando los dos solos.
Gracias.
Te veré en la tarde.
Con todo el dolor en su pecho, Hinata abrió el chat con Takemichi y mandó dos mensajes, lo demás eran cosas que le quería decir personalmente.
Tengo que hablar contigo.
Si no me amabas pudiste haberlo dicho.
Primero iría a visitar a Emma y luego regresaría a casa para hacerle preguntas a Takemichi sobre las fotos. Tal vez en su celular tenía alguna donde se besaban, porque ahora que lo recordaba, algunas veces notaba la ropa de él oliendo a otro perfume que no era de los que usaba. En serio que el amor que sentía era tan fuerte que fingió no darse cuenta de lo evidente.
Ya por fin había abierto los ojos, solo esperaba tener la fuerza suficiente como para terminar la relación, también le iba a regresar el anillo de compromiso, no quería nada de él.
Se echó aire con las manos para intentar secarse las lágrimas, lo mejor era salir de su oficina e ir al baño para mojarse la cara y borrar el rastro de que estuvo llorando. Ya su cabeza le empezaba a doler, un dolor que no se comparaba con el que sentía dentro de ella.
Para no encender su celular, lo apagó e intentó concentrarse en el trabajo que tenía que hacer. Quería no pensar en la infidelidad hasta terminar su jornada.
