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—¿Por qué siempre me das hortensias? —tenia genuina curiosidad. Ya llevaban 5 meses de relación, y no podía evitar notar que siempre que el albino lo iba a buscar, llegaba con un ramo de hortensias blancas y moradas. Los colores eran en combinación con su cabello, era obvio, pero no entendía porque la elección en las flores.
—Solamente pienso que son lindas. —estaba distraído, mirando las fotos sobre las repisas mientras se llevaba otra fritura a la boca. Llevaban poco tiempo, pero Gogol ya trataba la casa ajena como si fuera la suya propia—. ¿No te gustan?
—No es eso, solo que… —negó con la cabeza. No sabía a dónde quería llegar. Al final, la aptitud tan arrogante de Nikolai en su cuarto era más llamativa. Le molestaba—. ¡Deja de comer en la cama! —le pegó a Nikolai en la cabeza con una revista, empujándolo para que se bajara.
—¡Sigma es malo conmigo! —lloriqueó, sentándose en el piso con la espalda en la cama—. Y eso que hice la hora y media de viaje para venir a verte, ¡tengo hambre!
—Voy a cocinarte algo. —suspiro, limpiando algunas migajas de sus sábanas—. Así que no ensucies mi cuarto.
Ni siquiera tuvo tiempo de volver a pararse de la cama, pues apenas voltearse, ya tenia a su novio abalanzándose encima suyo y haciéndolo caer sobre la cama.
—¡Sigmaaaaa! —chilló felizmente, abrazando su cuerpo con fuerza—. ¡Eres el mejor! ¡Realmente agradezco que seas mi novio!
—¡Ugh! ¡Nikolai! —su boca fue asaltada, haciendo que la temperatura en la habitación empezara a aumentar. Tomó la espalda de Gogol, entrecerrando los ojos, hasta que el finalmente dejó su boca descansar—. Siempre eres tan brusco.
—Lo siento. —suavizó el contacto, dejando pequeños besos en sus labios—. Te amo tanto que no pienso bien.
—Si, si. Solo cálmate. —sonrió en medio del beso—. Yo también te amo.
—Parece que tú relación con Nikolai va de maravilla. —comentó Fyodor, fijando su mirada en la camisa de cuello alto de Sigma. No era un día especialmente frío, y la cafetería en la que estaban almorzando tenía calefacción. Este se sonrojó, acomodándose mejor la prenda.
—Si, el es bastante lindo cuando quiere. —sonrió, aunque no pudo evitar fruncir un poco los labios. Fyodor le preguntó qué pasaba, a lo que esté negó con la cabeza—. Nada, es un problema insignificante.
—Si lo es, ¿entonces porque no decirlo? —señaló con el tenedor, mientras seguía comiendo su tarta. Sigma suspiró, rascándose la mejilla.
—Me gustan mucho los girasoles, Nikolai lo sabe, pero por alguna razón siempre me regala hortensias. —recordó el día de ayer. había querido preguntárselo, pero de nuevo acabaron en la cama—. Si me va a regalar flores diferentes a las rosas, ¿no sería correcto que me regalara unas que me gusten? —hizo un monosílabo como queja—. No se, solo me gustaría que tuviera más en cuenta mis gustos. Lo siento, sueno muy quisquilloso.
—Supongo que es normal cansarse después de 5 meses, pero —Fyodor río un poco— si que Kolya te regale las flores equivocadas es tu mayor problema, tienes una relación envidiable.
—Por eso no quería decirlo. —se quejó, refunfuñando mientras comía una galleta—. Aunque, si me lo dices tú, eso no es un halago. —señaló Sigma, y razón no le faltaba.
Fyodor es novio de Dazai, y podría decirse que su relación es un tanto… complicada. Digamos que ayer se quisieron matar por una partida de ajedrez en la que se acusaban el uno al otro de que uno hizo trampa. Mientras que hoy estuvieron todo el día acaramelados y besuqueándose como recién casados. Generalmente esos cambios ocurrían de un día para otro, que coincidencia.
Fyodor tomó un sorbo de su taza de café, ignorando la acusación en su contra. A veces era así, pero ¿realmente quién lo culparía? Más son los que quieren matar a Dazai que los que lo quieren vivo. Entre ellos, el propio Dazai.
—¿Alguna vez has investigado el lenguaje de las flores? —soltó de repente, llamando la atención de Sigma.
—¿Qué es eso? —Fyodor negó con la cabeza.
—Solamente es una idea. —sonrió, cerrando los ojos—. Era algo de lo que la abuela de Kolya solía hablar, pero yo nunca prestaba mucha atención. Algo sobre que cada flor tiene un significado y eso.
Sigma iba a seguir indagando al respecto, pero tuvo que cortarse cuando una presencia enérgica entró en la cafetería, robándose la atención de Fyodor. Así que ahora, la pared lucía muy interesante, estaba hecha de madera.
“En donde estás?” Envió el mensaje de texto, aún mirando hacia la pared “Dazai y Fyodor no paran de comerse la boca.”
“Y t d enbidia? Ps no boi a djar ke ns ganen.” Suspiró, volteando su rostro detrás suyo a la entrada de la cafetería, y justo como lo pensó, ahí llegaba Nikolai corriendo. Salir en pareja era lo peor por lo competitivos que se ponían sus 3 compañeros, pero era mejor que ser la tercera rueda.
Ahora estaban en la biblioteca, después de separarse de la pareja de ajedrez por excelencia. Dejó a su novio en la mesa, entretenido con un libro sobre pájaros. Si su memoria no fallaba, debería estar en esa zona.
Finalmente, encontró varios libros relacionados. Las palabras de Dostoyevski no habían abandonado su cabeza después de todo.
—Hortensias, hortensias… —buscaba entre las páginas, casi esperando que no significara nada relacionado. Se sentía algo mal por tener que buscarlo porque dudaba que hubiera una razón profunda detrás de la elección en flores de Nikolai—. Las hortensias significan…
“Gratitud”
“¡Realmente agradezco que seas mi novio!” ¿Verdad?
—¿Por qué de repente luces tan feliz? —cuestionó extrañado. Sigma normalmente no estaría contento de que lo viniera a visitar a las 5 de la mañana, porque lo despertaba.
—Quien sabe. —sonrió con algo de emoción, frotándose el ojo por el sueño—. ¿No tienes algo para mí hoy? —miró la inusual cantidad de bolsas que traía el albino consigo.
—¡Oh, cierto! —puso una gran sonrisa, tomando una de sus bolsas, sacando un regalo inesperado.
—¿Una maceta con tierra? —tomó el objeto, confundido.
—No es solo tierra, es un mundo de posibilidades para un agricultor, ¡así ya no te regalaré flores muertas! —casi parecía que empezaban a brotar brillos a su alrededor, cegándolo. El sol no había salido, pero su sol estaba más brillante que nunca—. ¡Te enseñaré todo lo que hay que saber!
Sigma estaba confundido sobre si estar decepcionado o estar más enamorado que nunca.
—¿Me enseñas a cultivar hortensias? —preguntó, dejándolo pasar a su casa.
—Pensé que te gustaban más los girasoles. Hasta compré las semillas. —Sigma rio ante la confusión de Nikolai; claro que lo recordaba. Se acercó, dándole un pequeño beso que fue correspondido con alegría. Tal vez necesitaba dejar de sobre pensar tanto.
