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WMV Week - Fluff [FyoZai]

Summary:

“Fyodor y Dazai tienen una disputa familiar en la que su hijo se mira envuelto. Sale mal (para ellos)”



 

#WithMyV4lentineWeek #myv4lentineweek

Notes:

Me iba a morir si no metía un día de ellos con hijo jajaja

¡Que felicidad terminar está Week! ¡Ha sido un verdadero reto! 😊

No confíen que seguiré escribiendo seguido en el futuro. Soy lenta para publicar como no tienen la más mínima idea jaja

Work Text:

Papá, lo pronunciaba bien, aunque tal vez no les complacía del todo que lo usara siempre para referirse a ambos. Mikhail era un niño muy inteligente, digno de sus padres. Aunque todos dijeran que solo era un bebé normal. Ahora con su primera palabra ya dicha, iban por la segunda, porque definitivamente tenía que ser el nombre de alguno de ellos.

—Tienes que decir Fyodor. —y ahora, estaban en medio de una pelea por ver cuándo eso ocurría. Mikhail solo estaba entretenido comiendo su espagueti de la forma tan encantadora como lo hacen los bebés.

—Osamu, Osamu es más fácil. —Dazai jugaba con las marionetas del bebé, en un intento por llamar su atención, sin éxito.

—Fyodor, Fedya, anda di el nombre de quién te dio a luz.

—Osamu, Osa, no decepciones a tu padre.

—Apenas es un bebé y ya hablas de decepcionarte. —regañó el europeo, pasando su atención al vendado.

—Déjame en paz. —se quejó, colocando sus brazos en jarra y dirigiéndole una mirada de fastidio a su marido. Mikhail solo rio, chupándose los restos de salsa de sus gordos deditos. Ambos le miraron, y soltaron un suspiro al mismo tiempo.

—Parece que hoy tampoco vamos a conseguir nada. —se paró del suelo, mirando como Dazai seguía observando fijamente a su hijo, esperando—. No lo va a hacer. —tan solo recibió un “shhhh” molesto en respuesta.

—Papaaa~ —habló Mikhail, mostrando sus manitas sucias a sus padres. Ya había terminado de comer, ahora necesitaba ser limpiado.

—Que niño tan delicado. —refunfuñó Dazai. Dostoyevski cargó a su bebé para limpiarlo con unas toallas húmedas, mientras el vendado se hacía cargo del desastre que este había hecho en su silla y todos los lugares aledaños—. ¿Cuándo has oído de un bebé al que le moleste tener las manos sucias?

—Tiene sentido, es nuestro hijo. —suspiró, apretando las mejillas del pequeño castaño, todo gordito y bonito. Mientras limpiaba sus manitas, se le quedó mirando fijamente, abriendo bien sus ojos, sin siquiera parpadear, y ensanchando su sonrisa. Una visión aterradora hasta para su propio marido, pero a Mikhail le hacía reír. Solo por eso lo hacía. Miró a Dazai de reojo un segundo, asegurándose de que estuviera distraido—. Fyo-dor.

—¡Osamu! ¡Tiene que decir Osamu! —chilló el castaño, volviendo con el bebé.

Mikhail solo observó a sus padres discutiendo sobre lo que sea, más interesado en comerse los nudillos. Sus dedos saben muy bien con los químicos de las toallitas húmedas.


Era día de llevarse a Mikhail al trabajo, a espaldas de Fyodor por supuesto. Cuidar a su hijo en horario laboral no era lo ideal, pero descubrió que cuando lo llevaba no lo sacaban a misiones de campo, y si Kunikida se quejaba por ni siquiera tocar la portátil, solo decía que tenía que cambiarle el pañal y se perdía 20 minutos en donde quisiera.

Mikhail es un bebé tranquilo, así que en realidad pasar tiempo con el no era tan estresante. Tiene sus mañas, lo que lo hace insoportable de cuidar para todos los demás, y se las pone difícil para conseguir niñeras, pero al menos es relativamente fácil de cuidar para ellos dos. Ignoremos por completo cuando empieza a llorar porque le ladró un perro. Ahí tienen que rezarle a todos los santos para que logre calmarse un minuto y coma. Fyodor agredía a Osamu cada día que ocurría porque debía ser culpa suya el temor del niño a los canes. Tal vez él fuera el culpable de su trauma, pero no merecía ese desprecio.

Justo ahora, estaba “cambiando” a Mikhail. Algo que solo le tomó 3 minutos, y ahora aprovechaba para comerse un pastel en la cafetería. Su asco había muerto hace mucho tiempo, cualquier descanso para almorzar era bueno.

Mikhail intentaba robarle la comida desde el asiento que le habían prestado especial para bebés. Sintiéndose generoso, extendió un pequeño trozo de fresa que adornaba el pastel con la cuchara.

—Pa… paaapa… —balbuceaba sonriendo felizmente, tomando el cubierto y acercándolo para comerse la fruta, en lugar de tomarla con su mano. Da igual lo que dijeran, su hijo es especial y no hay nada que decir al respecto.

—Cuando estás así dan ganas de hacerte un hermanito. —Dazai cubrió su boca, riendo para sus adentros. Es demasiado tierno, casi se le olvida que actualmente duerme 4 horas al día por culpa suya. Tal vez por eso pensaba que cuidarlo era fácil.

Aunque, debido a su propio comentario, no pudo evitar recordar el embarazo de Fyodor. Su cuerpo no estaba en condiciones de llevarlo, así que tuvo muchos problemas cuando dio a luz, a tal punto de que no sabrían si Fyodor sobreviviría. Fueron unos días terribles a la expectativa.

Tomó al mini castaño en sus manos, acomodándolo contra su pecho, sujetando sus piernas con un brazo y acariciando su cabeza con su mano.

—Tienes que decir el nombre de Fyodor, Mikhail —murmuró, no queriendo que ningún extraño escuchara su conversación privada con su hijo—. Puso toda su vida en riesgo solo para que tu nacieras sano.

El pequeño solo parpadeó, extendiendo sus manitas en un intento por agarrar el cabello de su padre, mientras lo escuchaba decir el nombre de Fyodor en voz baja.


Día de lavandería, así ya fuera de noche. Dazai no llegaría hoy por una misión en el exterior, cosa que le dejaría más tiempo a solas con su hijo. Mikhail disfrutaba trepando y jugando con la pila de ropa limpia ya seca que Fyodor cuidadosamente recogía, doblaba y clasificaba en otra pila. Un proceso laborioso, pero peor era ver esa ropa desordenada por siempre.

—Papapa… papá… —volteó a verlo, pensando que lo llamaba a él, pero estaba jugando con unas vendas tiradas por allí.

—Lo reconoces muy fácil. —sonrió, pero claro, tuvo que quitárselas. Tratándose de Osamu y de que estaban en el piso, no debía dudar de que tenían mínimo 3 días de sudor y suciedad encima.

Siguió doblando ropa, encontrando uno de los sacos cafés de Dazai. Mikhail lo vio, gateando hasta apoyarse en su pierna e intentar agarrarlo. Fyodor le miró, dejando la prenda de lado para cargarlo.

—¿Cómo eres tan lindo? —murmuró, besando las rosadas mejillas del bebé, quien se rio contento—. Voy a comerte a besos. —entre risas, Mikhail volteó su rostro y volvió a querer sujetar el saco de su otro papá—Lo debes extrañar, ¿no? —susurró, poniendo la prenda sobre Mikhail. Claro que no le cabía, pero lo hacía lucir 100 veces más adorable—. ¿Sabes? Osamu es raro, pero se ha esforzado mucho por dejar sus pensamientos oscuros desde que naciste. —hablaba en voz baja, como un secreto que no quería que fuera descubierto—. ¿Puedes decir su nombre primero, Mishka? Se que lo haría feliz.

El pequeño castaño solo lo miró con sus grandes ojos, y apoyó su cabeza en su estómago, haciendo como si durmiera. Algo que de hecho, Dazai suele hacer cuando llega de trabajar. Incluso balbuceaba imitando las charlas triviales que inicia.

—Eres como Osamu, ¿no? —sonrió, murmurando—. Osamu, di O-sa-mu.

El mini castaño solo se quedó en su sitio, no había lugar más cómodo y tranquilo en donde dormir que en el lugar donde pasó sus primeros 9 meses de vida.


Otro día, otra pequeña pelea diciendo sus propios nombres para que Mikhail los aprendiera. Se rindieron después de un rato, volviendo a pensar que no lograrían nada. Mientras cenaban espagueti los 3 juntos, Mikhail empezó a balbucear más de lo normal, con fuerza.

—¿Va a decir algo? —cuestionó Dazai con la boca llena. Ambos miraron al niño, notando como fruncía el ceño mientras más balbuceaba, como si intentara conseguir el sonido correcto. Incluso había dejado su comida de lado un momento.

—Si. —Fyodor sonrió, incorporándose en la silla. Ambos dejaron lo que estaban haciendo para mirar a Mikhail.

—Pag… po…

—¡¿”Po”?! —hablaron al mismo tiempo.

—Pogueto. —murmuró, llevándose otro bocado de su cena a la boca. Al final, fueron brutalmente derrotados por una pasta sin sal.

Cada uno tuvo que tomar un turno para gritar de frustración en el baño. Se estaban acusando mutuamente sobre quien fue quien sugirió la pasta en su dieta, mientras Mikhail seguía balbuceando.

—Fa… mu… Fa… mu… —extendió sus manitas sucias a sus dos padres, quienes seguían muy ocupados queriendo vengarse de China por crear la pasta y de Italia por perfeccionarla como para prestarle atención.

Nada que un llanto de 5 horas no solucione. No limpiar sus manitas es un crimen comparable solo a que un perro se alze en su contra (le ladre).

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