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Embrace the darkness

Summary:

El hombre escoge a su Dios y lo ama incondicionalmente.

El hombre escoge a su DIos y está dispuesto a morir por él y con él.

El hombre escoge a su Dios y el Dios se compadece de éste o lo destruye.

Sin embargo, no todos los DIoses son dioses. Algunos son hombres a quienes les damos el poder a destruirnos esperando, teniendo fé, de que no lo hagan. Entregandonos a ellos en un acto profano y sacrilego.

Notes:

¡Feliz San Valentín, mi sol y estrellas! Perdón por la ligera demora.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Se dice que los hombres nacieron para servir a sus Dioses. De rodillas, los humanos ruegan por milagros y clemencia de sus Divinidades. Culpándolos de sus desgracias e infortunios. Maldiciéndolos en las tragedias a la vez que le temen al Juicio Divino cuando la vida se encuentra en riesgo y uno se enfrente a la incertidumbre de la Muerte. Sin embargo, poco se dice que los Dioses crearon a la humanidad por que necesitan de sus rezos para existir.

¿Qué es un Dios sin un culto que le otorgué su poder?

Nada.

Will nunca fue un fanático religioso y, al ser un adulto, se mantuvo alejado de toda religión. Conocía de teología y ciencias humanas, pero ningún Dios le otorgaba consuelo o satisfacción. ¿Cómo podía creer en un ser Divino cuando presenciaba lo peor de la humanidad todos los días? Incluso, si se permitiese creer en Uno, ¿cómo Éste permitiría la crueldad humana existir?

Por ello, y otras razones, no le había permitido a ningún Dios un lugar en su mente o en su vida. Lo mejor era permanecer alejado, pues, de alguna manera, al permanecer distante a cualquier figura divina, se mantenía a salvo de los seres humanos y de su propia humanidad -Esa ente interna que no deseaba enfrentar-…Hasta que lo conoció a Él.

No era un Dios, ya que Él no era todo poderoso y, a pesar de lo anterior, en sus acciones había una esencia que emulaba la rabia celestial y su justicia. Tampoco era un hombre, pues ningún ser humano podía poseer tal gracia y belleza al cometer los actos atroces que Él había cometido. Ni, mucho menos, era un demonio, porque aún es su oscuridad había benevolencia, así como una apreciación y amor por la humanidad (una que Will no compartía).

Entonces, ¿Qué era Hannibal Lecter?

Él era la perdición de Will. Su pesadilla y destructor. La sombra que lo persiguió hasta llevarlo a la locura. Su salvación en sus peores momentos y el arquitecto de su persona. El artista detrás de su caída y la reconstrucción de su persona, la revelación de su verdadero ser.

Y, de alguna manera, Will lo había convertido en su Dios al otorgarle el poder de destruirlo y reconstruirlo a su deseo y voluntad.

Hannibal era el único Dios que éste podía adorar. Todos los días, no tenía pesar en arrodillarse ante Él y rezar sus oraciones favoritas. Mataría y quemaría el mundo por su felicidad. Sin duda alguna, sacrificaría su vida por su Dios con los ojos cerrados sabiendo que Él no lo dejaría morir, no realmente.

No podrían existir uno sin el otro de la misma manera en que un Dios no puede existir sin su creyente y viceversa…

“¿Will?”, la voz gruesa de Hannibal lo sacó de su cabeza e hizo que volviese a enfocarse en su pareja, quien se encontraba sentado en el sillón frente al suyo; Los dos disfrutaban el calor que emitía la chimenea durante una especialmente noche fría de invierno en Noruega (su hogar temporal). “¿Estás bien?”, le preguntó con sincera preocupación.  

“Sí”, contestó tras unos momentos, perdiéndose en la monstruosa belleza de su pareja (su Dios) ante las sombras y luces provenientes de la hoguera, “Sólo pensaba”.

“¿Puedo preguntar en qué?”, le cuestionó el mayor mientras tomaba su taza de té, la cual había estado reposando en la mesita a su derecha, y bebía un largo trago.

“En ti”, le respondió sinceramente mientras sus ojos seguían el movimiento que hizo su garganta, su manzana de adán subió y bajó con el líquido, al beber su té.

Hannibal sólo arceo la ceja en respuesta, pero Will no dijo nada más y, en su lugar, se levantó de su asiento y caminó los pocos pasos que los separaba. Al estar sentado, el otro tuvo que mirar hacia arriba para verlo a la cara. El castaño levantó su mano y entretejió sus dedos en el cabello de su amado, el mayor cerró los ojos disfrutando del contacto.

El gruñido que salió de los labios de Hannibal cuando Will jaló su cabello con firmeza hizo que la sangre del menor hirviera en deseo. El psiquiatra sonrió al mismo tiempo que permitía que su amante lo moviese como quisiese, dejando su cuello expuesto y vulnerable. El de cabello ondulado no dudo en atacar la piel presentada ante él y tomar asiento sobre el regazo del otro; arreglándoselas para acomodar sus piernas a los costados de su amante ante el pequeño espacio que les otorgaba el sofá.

Su pareja le permitió tomar el control en su sesión de oración. Su adoración privada en cuerpo, menta y alma. Todo dejo de tener sentido y el mundo dejo de importar. Sólo era Hannibal y él.

Su Dios…y el era su más fiel creyente.

Notes:

Espero que les haya gustado. Especialmente a ti, Mono.