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Cheong Myeong estaba sorprendido de sí mismo por haber sido capaz de cambiar de manera tan drástica desde la llegada de cierto niño a sus brazos.
Desde que tenía memoria, hubo muchas quejas a su alrededor por su personalidad, así como comentarios sobre el momento en que se convertiría en un adulto y finalmente templar su temperamento. Eso nunca había sucedido, incluso cuando habían pasado décadas desde entonces, con edad suficiente para que sus sahyeongjae en el mismo rango de edad tuvieran el cabello negro revuelto con el gris canoso.
O al menos hasta hace poco.
En primer lugar, Cheong Myeong era el tipo de persona que podía vivir fácilmente con sus seres queridos más cercanos y nunca volver a contactar a nadie más, simplemente porque no lo necesitaba. Un puñado no sólo era suficiente, sino que incluso representaba sus propias dificultades en el manejo de las relaciones sociales. Ahora, sin embargo, con un niño en sus brazos, se enfrentó a una horda de discípulos que estaban repentinamente ansiosos por pasar más tiempo de calidad juntos.
Dongryong, el pequeño niño de tres años, señaló con el dedo a Cheong Myeong, rompiendo los corazones de los inmaduros ancianos de la generación Cheong que se reunieron alrededor para discutir quién era el preferido.
—¡No es justo!
—¡Deja que otra persona pregunte!
—¡Otra vez!
—Dongryong-ah, mira aquí, Gong-hyeong trajo un panecillo dulce sólo para ti.
Cheong Myeong abrazó a Dongryong, envolviendo su túnica exterior a su alrededor para ocultarlo de la vista de los codiciosos perros solteros que buscaban robar a los hijos ajenos, y luego añadió una sonrisa presumida.
—Je, qué puedo decir, los niños son buenos jueces del carácter.
Y luego el infierno se desató tras esas palabras.
Aunque los modales en la mesa no eran estelares, había comenzado a comer lentamente para poder alimentar al niño cuando todavía no era capaz de tomar los palillos correctamente, limpiando la papilla que se le pegaba a la boca con una servilleta.
—¿Quieres también pollo picante?
Cheong Myeong separó un bocado y luego lo dividió en dos, sosteniendo el pedazo de pollo que podría atorarse entre las muelas de un adulto frente a la boca del niño pequeño.
—¡Hmmph! —Dongryong masticó el trozo de carne con las cejas fruncidas y los ojos llorosos, haciendo sonidos extraños que mostraron su desagrado por la elección dietética—. Grrrr.
—¿No te gusta? Qué raro, si está tan bien sazonado…
Sólo al pronunciar esas palabras se le hizo agua la boca a Cheong Myeong.
Cheong Jin se arrojó sobre la mesa. —¡No, sahyeong, los niños no pueden comer picante!
—¡Qué!
El alcohol aún fue servido generosamente, sin embargo, se hizo fuera de la vista del niño después de la primera vez en que las manos pequeñas se aferraron a la botella, intentando tomar un gran sorbo antes de que le hubieran terminado de crecer los dientes.
—Niño malo, ¡los niños no deben beber alcohol! —Dongryong hizo pucheros, aferrándose a la túnica de Cheong Myeong con la tela apretada en sus puños, sin saber si realmente entendía el regaño o sólo estaba de mal humor porque le habían retirado el juguete con el que se estaba entreteniendo—. ¿Qué voy a hacer si te emborrachas, ah? ¿Sabes lo malo que es?
Cheong Mun intervino, con la mirada plana. —¿No quiere beber la botella porque el adulto que lo cuida bebe todos los días como si fuera agua? Ten un poco de conciencia, bastardo, ¿no fue por esto que te dije que lo mantuvieras escondido?
Cheong Myeong se sonrojó, apartando la mirada.
—Los adultos son adultos y los niños son niños. Sólo porque un adulto hace algo, no significa que los niños deberían de correr a imitar cada cosa.
—Así es como funciona, ¿no lo acabas de ver?
En vez de andar despreocupadamente por la secta, levantándose por la tarde y durmiendo en la madrugada, Cheong Myeong tuvo que llegar a casa temprano para recordarle al niño la hora correcta para dormir y después el propio Cheong Myeong caería desmayado en la cama por el cansancio. Cuando ambos se despertaron con la salida del sol, se dió cuenta de que se había convertido en un adulto responsable, lo que significaba cumplir con todos los hábitos tediosos de su sahyeong porque el cuerpo lo necesitaba .
—Ay, dios, ¿es por la mañana?
Los párpados se abrieron con pesadez ante la fulminante luz del sol que le quemó las retinas. Debajo de los ojos oscuros, varios pares de ojeras se acumularon. Con un par de maldiciones murmuradas, finalmente se levantó de la cama con cuidado, arrastrando los pies a la sala para rebuscar entre los estantes superiores por una botella de alcohol.
Aprovecharía la oportunidad antes de que Dongryong se despertara para beber al contenido de su corazón.
—¿Cuándo me quedé dormido ayer? —Con un par de bebidas más, Cheong Myeong comenzó a sentirse más despierto, como si hubiera consumido una píldora de ciruelo, cosa que se volvía cada vez más tentadora para deshacerse del cansancio acumulado de los últimos días—. Ni siquiera estaba acostado… Uff.
No, Cheong Myeong se había quedado dormido sentado, con la cabeza inclinada hacia un lado y un cuento en la mano. Malditas sean las sugerencias de Cheong Jin y Cheong Mun sobre necesidades de los niños pequeños. Aunque Dongryong había estado muy feliz con las últimas historias.
—Puaj. Es repugnante lo mucho que hago sólo porque se ve lindo sonriendo —se quejó.
El niño pequeño, que no tenía sentido de la vergüenza a su corta edad, tenía el lujo de correr para aferrarse a la pierna de Cheong Myeong, chillando emocionado después de una corta separación y exclamando: “¡ Dongryong te ama !”
Fue algo muy tonto que su sahyeong le enseñó al niño minetras no estaba mirando, pero el corazón de Cheong Myeong se derritió en un charco pegajoso cada vez, levantando al niño cerca de su corazón para abrazarlo tiernamente.
El día más feliz de Cheong Myeong fue probablemente cuando Dongryong, quien ahora insistía en ser llamado Baek Cheon, hizo florecer sus primeras flores de ciruelo.
Tenía el cuerpo maltratado, con el uniforme sucio aquí y allá, respirando pesadamente después del arduo entrenamiento impuesto por Cheong Myeong. Las gotas de sudor cayeron al suelo, salpicando la tierra seca antes de volver a levantar su espada. El arco elegante volvió a formarse en el aire, con una chispa de energía roja que dejó una estela con forma irregular.
—¡Dobla las rodillas!
Dongryong bajó su centro de gravedad, apretando el agarre en su espada mientras se lanzaba hacia adelante, cortando el aire con todas sus fuerzas. La espada giró en el aire, cada vez más rápida y pasada conforme la rotación añadía fuerza a sus acciones, logrando que la hoja plateada se desdibujara en el aire junto a la energía roja.
En medio de los ataques, la energía inestable comenzó a separarse, como salpicaduras de agua que eran arrojadas de su espada en pequeños copos rosados que desaparecieron antes de tocar el suelo.
Ni siquiera podían llamarse flores de ciruelo, sin embargo, Cheong Myeong sonrió como si hubiera ganado el premio mayor. Con los ojos ardiendo sin motivo aparente, rápidamente se secó la cara antes de que Dongryong pudiera prestarle atención, fingiendo que no sucedió nada.
—Ah, estuvo cerca… ¡Una vez más!
—¡Noooo!
Ya que tenía talento, decidió hacerlo trabajar duro para evitar que se le subiera a la cabeza, tal como alguna vez había hecho el propio Cheong Myeong.
Después de chasquear la lengua por el desperdicio que sería comenzar con las técnicas avanzadas, aunque obviamente podría realizarlas con facilidad, reflexionó sobre la importancia de las bases.
Si Dongryong trabajaba duro en pulir los fundamentos durante los próximos años, su fuerza y destreza serían incomparables a los discípulos de cualquier secta en el mundo.
La parte más importante sería inculcar la disciplina para trabajar todos los días arduamente…
« Ah .»
Cheong Myeong suspiró.
« Soy un desperdicio de talento, ¿no es así? »
El que necesitaba trabajar arduamente todos los días era él mismo.
« Entonces el niño debería de aprender de mi ejemplo, así como casi se bebe mi alcohol, ¿verdad, sahyeong? »
Para colmo, Cheong Myeong ni siquiera podía quejarse como solía hacerlo, gritando armando un alboroto, porque las primeras veces en que Dongryong intentó imitarlo, fue una pesadilla que nunca quiso volver a repetir.
Entonces, Cheong Myeong entrecerró los ojos con una mirada fulminante hacia sus sajaes que se burlaron implacablemente, desatando una débil sensación de intención asesina mientras el niño giraba la cabeza hacia otro lado.
Las manos que cepillaban el cabello corto de Dongryong en una cola de cabello esponjosa continuaron acomodando los mechones oscuros en su lugar, atando el lazo blanco en un moño al final, ajustándolo para que ambos lados quedaran simétricos.
Más tarde se encargaría de golpear a esos discípulos, en un lugar privado y lejos de los niños impresionables.
Afortunadamente, Dongryong se decidió más tarde por imitar el comportamiento de su sahyeong, su querido y confiable Cheong Mun sahyeong. Tal vez nunca crecería fuera de las habituales muecas, la tendencia a actuar impulsivamente y las palabras provocativas que surgieron naturalmente, pero ahora su comportamiento era similar al de un taoísta. Aprendió a plantar una sonrisa política en su rostro y a mantener conversaciones agradables con otros, apaciguando las peleas entre otros discípulos, además de desarrollar una hiperfijación en el orden y la limpieza.
—¿Es este un lugar para que viva la gente? Podría haberlo confundido con la choza de un mendigo —suspiró Baek Cheon, recogiendo la ropa esparcida en el suelo al azar y las botellas vacías de alcohol—. Ah, ¡increíble! Incluso hay comida tirada aquí, ¿hace cuánto tiempo que no limpias el piso?
Cheong Myeong se rascó el oído como si escuchara el zumbido de un mosquito. —Estás aquí para limpiar, así que no hay problema, ¿verdad?
—No me digas que la última vez que este lugar estaba limpio fue cuando vine…
—Claro que no —Cheong Myeong resopló—. Hace unos días tiré las botellas que comenzaron a acumularse y lavé la ropa. No soy un niño.
Baek Cheon abrió el armario, sacando una prenda de ropa para acercarla a su nariz, olfateando. —¡Ja, lo sabía! Simplemente arrojaste la ropa al agua un rato y fingiste que estaba limpio, ¡así no es!
—Uff, ¡lo sé! ¡Adivina quién lavó tu ropa cuando sólo eras un mocoso que no me llegaba a las rodillas! —Cheong Myeong agitó la botella en su mano ferozmente—. Si tienes algo de piedad filial, entonces pasa por aquí más seguido y ayuda un poco a este viejo hombre…
Baek Cheon ocultó su sonrisa mientras tomaba la ropa a toda prisa en sus brazos. —Bueno, supongo que no hay remedio, si necesitas mi ayuda entonces pasaré por aquí para ayudar.
En el momento en que Cheong Myeong bajó la montaña con Dongryong a cuestas, todos aplaudieron al jóven discípulo que lo siguió obedientemente como la imagen del taoísta modelo.
—¡Es la Espada Justa de Hwasan!
—Vaya, realmente le hace honor a su nombre, ¡parece un inmortal que descendió de los cielos…!
—Tonto, por supuesto que es especial, ¡es el discípulo directo del Soberano de la Espada Flor de Ciruelo!
En público, los dos ocultaron sus relaciones personales y en su lugar se presentaron como maestro y discípulo. Aunque Cheong Myeong explicó delante de los discípulos de su secta que era una estrategia para aligerar las expectativas en Dongryong, así como los ataques malintencionados debido a la reputación de Cheong Myeong, en el fondo la razón era más simple: no importa cuánto tiempo pasara, incluso si adoraba a este niño, sabía que no era suyo.
Después de darle muchas vueltas, la conclusión más razonable es que este era su hijo, afirmado en su propio puño y letra.
Un día, muchos años después, este mismo niño fue el único que sobrevivió y un costo indecible había sido pagado para darle otra vida.
Una vida pacífica.
Quién sabe cómo habrían sido las circunstancias en ese futuro.
Lo que era obvio fue el deseo desesperado del Cheong Myeong del futuro para mantenerlo a salvo.
Y aún así, echó un vistazo a la cara suave y limpia, y pensó: « este no podría ser mi hijo ».
Porque era demasiado perfecto.
Sin embargo, estaba orgulloso. Increíblemente orgulloso. Toda la amabilidad, paciencia y esfuerzo que Cheong Myeong nunca había puesto en su vida fueron ejercidos generosamente en Dongryong.
—Tus caracteres están torcidos, si lo escribes así, podría parecer que te refieres a un gato o a un dibujo.
—Mi escritura… —El labio inferior de Dongryong sobresalió y sus ojos se humedecieron—. ¿No te gusta?
La mandíbula de Cheong Myeong se aflojó, echando su cuerpo hacia atrás antes de comenzar a agitar las manos. —No, no, ¡no es que no me guste! Sólo está un poco torcido, ¿ves?
Dongryong se echó a llorar.
Cheong Myeong pegó la hoja de papel de arroz en la pared de su habitación, exhibiendo el caracter con orgullo mientras afirmaba cada día durante las próximas semanas lo bonita que era la caligrafía del escritor. Dongryong infló sus mejillas al principio y se negó a creer sus palabras, suavizándose con cada día antes de finalmente pavonearse con el estómago sobresaliendo y la barbilla apuntando al cielo.
El mal humor del niño era aterrador porque ni siquiera fue culpa suya, sino del adulto que se dió cuenta de lo poco que sabía expresar sus emociones, casi causándole una úlcera gástrica por el estrés y el remordimiento.
A Cheong Myeong le pareció extraño la facilidad con la que su vida se puso patas arriba, atravesando una serie de cambios que nunca habría sido capaz de prever en su vida, derribando todas las creencias que una vez habían erigido su forma de pensar.
La más increíble, por tonto que parezca, fue el momento en que se dió cuenta de que amaba a Dongryong más que a su sahyeong.
—Tienes que decirle ‘te amo’, tu también, o en algún momento dejará de decirlo.
Cheong Mun tomó un sorbo de su taza de té, arrugando las esquinas de sus ojos con travesura mientras impartía un poco más de su conocimiento de vida en su joven sajae.
—Que un adulto como yo ande diciendo cosas así es vergonzoso… —Cheong Myeong apartó la mirada—. Incluso yo tengo sentido de la propiedad.
—Este es el único momento en que preferiría que fueras más infantil —se rió en respuesta—. ¿No te gusta cuando Dongryong te dice esas palabras?”
—Bueno, eso es otra cosa…
—En la familia es importante decirlo —Cheong Mun hizo hincapié—. No hay nada más fuerte que el amor de un padre hacia su hijo, sin embargo, tienes que enseñar a demostrarlo para recibirlo a cambio.
—Padre e hijo, eh.
—No intentes hacer el tonto, se nota en tu cara —Cheong Mun extendió su mano para pellizcarle la mejilla—. Realmente lo amas, ¿no? Es extraño la primera vez que te das cuenta de los extremos a los que llegarías por la persona a la que has criado, pero hay poco que no podrías hacer por alguien así, de alguna manera simplemente lo amas y quieres mimarlo. Depende de ti protegerlo, así que se convierte en tu prioridad, más que cualquier otra cosa o persona.
Cheong Mun parecía hablar por experiencia propia. Miró a Cheong Myeong con cariño, cambiando su agarre a algo suave para acariciarle la mejilla con ternura. Cientos de recuerdos de los últimos años en los que llegó Dongryong y tuvo que descubrir la manera de criar a un niño pasaron por la mente de Cheong Myeong. Parecía que, en algún momento, ese ser se había colado en los huecos de su corazón para llenarlos.
Era cierto que el amor que sentía de las personas que lo habían cuidado, las personas con las que convivió como iguales y al niño al que cuidaba eran muy distintos. Si bien, cada una de las personas anteriores tenían a su propia familia y amigos cercanos, para Dongryong, Cheong Myeong era el único y más cercano. No habría nadie más que pudiera reemplazarlo en su corazón, los ojos inocentes lo admiraron y lo favorecieron descaradamente.
Aún así, Cheong Myeong se olvidó de la parte más importante del discurso de su sahyeong, lamentándolo sólo después de muchos años, cuando el niño se había convertido en un discípulo hecho y derecho.
—Suéltame…
—No hasta que lo digas.
—Por favor, todos están viendo.
—Oh, ¿ahora me ignorarás por eso?
—No se trata de ignorarte —Baek Cheon se sonrojó hasta el cuello—. Es difícil de decir. Es privado. Por favor.
—No me importa —Cheong Myeong apretó su agarre alrededor del cuello de Dongryong, recargando todo su peso en el hombre más pequeño—. Dilo o seguiremos así todo el día.
Baek Cheon se mordió el labio inferior, luchando visiblemente con la vergüenza antes de hablar en voz alta, claro y fuerte para quienquiera que los escuche:
— Te amo .
Cheong Myeong sonrió.
—Yo también te amo, mocoso.
Un día, Cheong Myeong supo que el destino imparable al que se habían acercado con cada segundo, ese que trajo a Dongryong a su vida, se había acercado lo suficiente para llegar a tocar sus puertas.
Fue cuando Dongryong se desmayó por la fiebre, agonizando en cama durante casi dos semanas mientras la energía clara de su cuerpo que siempre había fluido tranquilamente como un arroyo se agitaba violentamente como una tormenta en el mar.
—Cheong Myeong… —Dongryong extendió la mano a ciegas, alcanzando la mano grande y callosa que lo había sostenido innumerables veces antes de caer—. Por favor, quédate aquí…
—No me iré.
Las manos unidas se apretaron con más fuerza.
—No te vayas —Dongryong sollozó—. Te lo ruego.
El corazón de Cheong Myeong se apretó.
¿Por qué tenía que rogar por algo así?
—Aquí estoy —dijo—. No me iré. Lo juro.
—Lo siento.
Las palabras eran el delirio de un enfermo. La fiebre alta no podría dejarle pensar. No podía escuchar correctamente a las personas que le preguntaban por su salud e intentaban animarlo, y seguramente no recordaría nada de esto. Aún así, Cheong Myeong respondió pacientemente a cada súplica.
—No te disculpes.
—Entrenaré más.
—Ya entrenas suficiente, gamberro.
—No mueras.
—Estoy aquí.
—Por favor.
—No me iré, Dongryong-ah —Cheong Myeong agachó la cabeza—... Te amo.
Sólo cuando cayó dormido, pareció tener algún tipo de paz, pese a las cejas que aún permanecían arrugadas. Cheong Myeong alisó el ceño fruncido con su dedo índice, dejando escapar un suspiro tembloroso. Estaba tan preocupado que pensó que necesitaría tratamiento él mismo a ese paso, pero habían logrado sobrellevar la peor parte y pronto despertaría.
Los ojos claros se abrieron un par de días después, nublados por el cansancio y todavía atontados.
—¿... Cheong Myeong-ah?
Era extraño porque Dongryong nunca lo había llamado por su nombre a secas, ni mucho menos había añadido una terminación cariñosa como esa, que estaba reservada para gente como mínimo un poco mayor que Cheong Myeong.
—Estás aquí —afirmó—. Estoy aquí. Vivo . Estamos vivos.
Parecía extremadamente sorprendido por ese único hecho.
—...
Cheong Myeong apretó la mano entre las suyas, temblando.
Tuvo la terrible certeza de que su Dongryong, al que había criado y cuidado con esmero, ya no volvería a ser él mismo.
En el lugar donde Dongryong había florecido espléndidamente como un hermano mayor confiable para los discípulos más jóvenes, Baek Cheon se ubicó al frente para guiar a los niños como un general experimentado, cambiando el régimen de entrenamiento a algo sinceramente salvaje y vicioso.
—¡Parte inferior! Te falta fuerza en la parte inferior, ¿vas a seguir agitando tu espada al azar, esperando al momento en que tu enemigo te apuñale en el estómago? —para ilustrar su ejemplo, Baek Cheon golpeó el estómago desprotegido con la funda de su espada—. ¡Corrige tu entrenamiento!
Cheong Mun hizo una expresión compleja a su lado.
—Últimamente él es.
Cheong Myeong frunció el ceño.
—Es así.
Baek Cheon se había vuelto extremadamente agresivo y saltó a la violencia por las transgresiones pequeñas, siendo especialmente consciente de su espacio personal incluso cuando estaba descansando. Parecía un soldado experimentado que no podía olvidar la guerra. Era el tipo de comportamiento que se esperaba de la gente con la misma experiencia que Cheong Mun en Kangho.
Pero este era un niño con la edad suficiente para convertirse recientemente en un discípulo de segunda clase. Hasta hace poco, Baek Cheon se había emocionado irrazonablemente por la posibilidad de bajar de la montaña por su cuenta y el privilegio de tener una residencia propia.
Ahora, sin embargo, rondó a Cheong Myeong como un perro ansioso, comprobando su estado antes de volver a entrenar a los discípulos. Las palabras de cariño se habían vuelto escasas, las interacciones eran incómodas y los hábitos de entrenamiento eran francamente insalubres. Nunca antes se había preocupado tanto como el día en que Baek Cheon cayó enfermo por la fiebre, pero ahora estaba aquí, mordiéndose las uñas por un jóven perfectamente sano que se arruinaba lentamente.
—Sahyeong.
—Sí.
Tenían que hacer algo.
Los discípulos de la generación Cheong y Myeong les dirigieron miradas preocupadas, algunos se acercaron a ofrecer ayuda y días después organizaron una reunión para discutir los recientes cambios en Baek Cheon. Ni siquiera le habían dicho una palabra en contra de la forma en que trataba a los discípulos más jóvenes porque al menos todavía interactuaba con ellos. Los ancianos, en cambio, habían sido golpeados por la ventisca gélida al ser ignorados.
—No puede ser que entrene de esa manera, ¡se va a consumir a sí mismo!
Cheong Gong golpeó el suelo con frustración.
—Lo importante es por qué comenzó a actuar de esa manera —Cheong Jin se llevó una mano al mentón.
—Comenzó desde su fiebre hace unos días, ¿sabemos lo que lo causó? —Myeong Do añadió.
—Estuvo en la secta todo el tiempo, ¿qué podría haberlo causado? —replicó Cheong Gong—. Ningún otro discípulo fue tan afectado como él, y el médico en jefe no pudo encontrar nada malo en él. No era veneno, una maldición o un efecto secundario de alguna lesión.
Cheong Jin continuó con su hilo de pensamiento anterior. —¿Por qué quiere que los discípulos jóvenes entrenen más? Debe de querer que sean más fuertes, pero ¿por qué?
—Porque hemos fallado como sus mayores —respondió Cheong Myeong, haciendo que la sala cayera en silencio—. Se avecina una guerra y él sólo intenta preparar a los niños, cuando debería de ser nuestra responsabilidad.
—¿Una guerra? —Cheong Mun se enderezó—. Explícate.
—No puedo estar seguro. Sin embargo, sé que se pondrá mal, lo suficientemente malo como para que incluso la secta más grande y fuerte como nosotros estemos acorralados contra la pared. Y supongo que el enemigo será el Culto Demoníaco que ha comenzado a aparecer.
La reunión se alargó hasta altas horas de la noche. Sin embargo, a la mañana siguiente, Cheong Myeong interrumpió por primera vez la sesión de tortura que Baek Cheon llamaba entrenamiento.
—Tú vendrás aquí, mocoso.
Baek Cheon se retorció en el agarre incómodo, tirando de la mano que sujetaba la parte posterior del collar de su túnica.
—¡Ack! Espera, aún estoy ocupado, ¿no puede esperar…?
—El entrenamiento no importa.
—¿Aaaah? ¿No importa? ¿El entrenamiento no importa?
Sí, porque incluso si no estás, alguien más lo hará por ti —Cheong Myeong finalmente le permitió volver su mirada atrás, donde Cheong Gong y Cheong Jin se habían posicionado al frente del grupo de discípulos para impartir la lección ellos mismos—. Así que no tienes que hacerlo todo tú mismo, ¿entiendes?
Baek Cheon se quedó callado, con los puños cerrados y la intención asesina filtrándose de su cuerpo sin poder evitarlo.
—Hipócrita —escupió, con los ojos húmedos—. No quiero escuchar eso de ti.
La cara de Cheong Myeong permaneció estoica, con la máscara de tranquilidad que había aprendido en todos los años en los que tuvo que aprender cómo criar a un niño llorón y a lidiar con las emociones que no entendía del todo.
—Debe ser difícil de creer para ti, ya que en el futuro te llevé a este lugar, mientras todos los demás murieron. Debió de haber sido una acción desesperada sólo para que sobrevivieras, y tú ciertamente no habrías estado de acuerdo.
Baek Cheon se congeló.
—No sé cómo era ese otro yo… Pero sé que he cambiado desde que te conocí —Cheong Myeong apretó sus hombros, nivelando sus miradas—. He aprendido muchas cosas desde entonces, como la manera en que debo pedir ayuda a otros y cómo perdonar.
Cuando Cheong Myeong aún luchaba con un niño pequeño, fue difícil darse la vuelta y pedir la ayuda de muchos de sus sahyeongjae, con quienes había intentado llevarse bien en el pasado sólo para darse cuenta de que le tenían miedo. Era alegre cuando Cheong Myeong hacía algo que los beneficiaba, y era horroroso cuando estaba de mal humor. Era el tipo de aceptación condicional que no podría inducir su confianza e inconscientemente los había resentido por puro despecho.
Si eran menos que el propio Cheong Myeong, entonces el ser rechazado no era motivo de preocupación ni la culpa recaía en sus acciones. Al mismo tiempo, serían personas a las que no valía la pena enfrentar, ya que no lo entenderían. Más tarde se dió cuenta de que era él quien no entendía a los demás. Sólo cuando Cheong Myeong se vió obligado a aceptar a regañadientes las acciones molestas de sus sahyeongjae sin estallar en un ataque de ira moderada debido al niño en sus brazos, se dió cuenta de que todos se rieron con él y el ambiente se volvió ligero y agradable.
Él era el que no los entendía.
Eso no significaba que todo fuera culpa de Cheong Myeong, pero entendió su propia responsabilidad en el prejuicio que había comenzado a atormentarlo. Entonces volvió a empezar como una persona en rehabilitación, entablando conversaciones incómodas y avanzando poco a poco, hasta que se dió cuenta de que sus sahyeongjae estaban tan aliviados como él de poder llevarse bien. Ese fue el momento en que dejó ir su resentimiento.
—No soy la misma persona —afirmó. Estaba seguro de que el Cheong Myeong no tuvo el tiempo suficiente para darse cuenta de esto—. Todavía no soy perfecto, pero quiero ser mejor para ti. Porque te amo.
Te amo , había dicho.
Y como una avalancha, los recuerdos de años anteriores inundaron la cabeza de Baek Cheon.
« ¿Quién es el favorito de Dongryong-ah? »
« N- No, por favor, no llores… »
« ¡Estos caracteres son la escritura más fina y elegante que he visto! »
« Hmm, parece que quedó un poco chueco, pero aún es un peinado bastante lindo, ¿no? »
« ¡Ja, miren todos aquí! Mi Dongryong ha hecho las flores de ciruelo más bonitas de Hwasan!»
« Aigoo, ¿todavía quieres dormir en la misma cama a esta edad? Uff, ven aquí.»
« ¡Yo también te amo! »
« No me iré. Lo juro. »
Plop, plop.
Las gotas cayeron al suelo, una tras otra.
—Lo siento —susurró Baek Cheon, con el rostro rojo y las lágrimas cayendo como ríos. Sin embargo, no hizo nada por detenerlas—. Gracias. Te amo.
Cheong Myeong inhaló bruscamente.
—“Por cuidarme todo este tiempo… Estoy agradecido —sollozó, tallándose la cara con la manga de manera brusca—. Lo siento. Te amo.
—Está bien.
Cheong Myeong finalmente pudo abrazar a su pequeño una vez más.
.
.
.
.
.
—Es extraño.
Dos palabras fueron pronunciadas por el ser de los cielos, dando a conocer por primera vez el timbre de su voz del hombre que ni siquiera se molestaría en echar un vistazo a los ríos de sangre sobre los que caminó y a los cadáveres que se acumularon a su alrededor.
—¿Nos hemos visto antes?
Baek Cheon frunció el ceño, exhalando profundamente para relajar sus hombros tensos, que de nada servirían para desempeñarse adecuadamente.
—Un par de veces —admitió.
Cheon Ma parecía genuinamente curioso.
—¿Cómo?
—Intenté cortarte la cabeza. No funcionó. He vuelto.
Ignorando las palabras escupidas entre los dientes apretados, Cheon Ma asintió como si tuviera sentido, llegando a algún tipo de conclusión.
—Supongo que descubrí algo —reflexionó, dando un paso en su dirección—. Tienes algo que yo desconozco y necesito saber.
Cheong Myeong se estremeció. Su cuerpo, que se había arraigado al suelo con el miedo primitivo recorriéndole las venas, fue capaz de moverse rápidamente como si nunca se hubiera detenido en primer lugar. Fue la feroz furia protectora que lo impulsó a avanzar con su espada en mano y los dientes descubiertos, posicionándose un paso por delante de Baek Cheon. No importa quién fuera o si fuera imposible ganar desde el principio, daría su vida por proteger a este niño.
Cheon Ma agitó la mano como si un insecto lo estuviera acosando, enviando una ola de energía oscura en dirección a Cheong Myeong y casi derribándolo ante el puro poder.
—¡Cheong Myeong!
Con la energía roja fluyendo abundantemente de la espada forjada con una aleación de hancheol, Cheong Myeong detuvo el ataque antes de que pudiera lastimarlos. Baek Cheon había sido empujado hacia atrás nuevamente pese a sus esfuerzos. No podía permitir que Cheon Ma tuviera mejor acceso a su objetivo.
—Ja… Después de criarte todo este tiempo, ¿simplemente me llamas por mi nombre? Tsk, tsk, tsk , los jóvenes de hoy en día.
—Pequeño discípulo de Hwasan —Cheon Ma se dirigió exclusivamente hacia Baek Cheon, aún actuando como si Cheong Myeong fuera un personaje secundario, ignorante de los eventos futuros—. Esta no será la última vez que nos encontremos.
Dándose la vuelta, Cheon Ma volvió a dirigirse hacia el camino del que se había desviado para encontrarse con Baek Cheon, pareciendo haber decidido que ahora no era el momento.
—La próxima vez, será cuando todo sobre la tierra y bajo los cielos me pertenezca, entonces no habrá lugar o persona detrás del cual te puedas esconder.
Las palabras amenazantes flotaron en el aire, dejando que los cuerpos de dos personas tensas esperaran con ansias a que la figura de Cheon Ma desapareciera.
Entonces, finalmente, Cheong Myeong envainó su espada y tomó a Baek Cheon en sus brazos, sintiéndose profundamente asustado.
¿Por qué el futuro parecía tan aterrador?
Nadie se atrevió a decir que todo saldría bien.
