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Language:
Español
Stats:
Published:
2015-12-15
Completed:
2015-12-15
Words:
87,004
Chapters:
11/11
Comments:
14
Kudos:
83
Bookmarks:
9
Hits:
1,693

te tengo y no

Summary:

Llevaba mucho tiempo esperando el empujón que le faltaba para dar el salto a la fama, pero los rumores que lo relacionaban con Jongdae no entraban en los planes de Joonmyun, y mucho menos la estratagema de su empresa para aprovecharlos.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter Text

Empezó a llover cuando estaba en el taxi a mitad de camino hacia casa. Joonmyun contempló por la ventanilla cómo las gotas se deslizaban por los paneles publicitarios que cercaban las aceras y anunciaban el próximo álbum de SHINee, el grupo de idols más popular del momento. Desvió la mirada al CD firmado que llevaba en el regazo. Firmado por una «estrella en ciernes», por «la nueva promesa del rock», como él mismo lo había definido en el programa, a pesar de que todavía no había escuchado ni una canción de dicho álbum. El segundo mini-álbum de Chen prometía ser el disco más innovador del año, con temas que explotarían al máximo la soberbia calidad vocal del misterioso artista que iba a embaucar al país entero.

Joonmyun se preguntó qué habría pasado con el primero, por qué nunca había oído hablar de él. Se preguntó si alguna vez vería a esta promesa de la música coreana en carteles, anunciando un quinto, sexto álbum; o si todo quedaría en eso, en promesa y nada más.

Joonmyun soltó el aire con fuerza por la nariz y se puso la mano en la frente, para masajearla hasta que los síntomas de una incipiente migraña que sentía se atenuaran, o para dejar de mirar al chico de la portada. Tenía el brazo levantado, como si estuviera animando al público a gritar más, a disfrutar más. Llevaba una camiseta de los Rolling Stones, o lo que quedaba de ella, porque los costados estaban totalmente cortados y dejaban ver un tatuaje sobre sus costillas. ¿Sería de verdad? Quizá fuera otra de tantas cosas sobre Chen queparecían, pero no.

El taxista se detuvo frente a su edificio y Joonmyun le tendió su tarjeta para que se cobrase el viaje, agradecido por llegar a casa por fin tras un día que se le había hecho muy largo y que el trabajo no le había puesto nada fácil.

Cuando abrió la puerta, ni siquiera se sorprendió al ver la televisión encendida y la coronilla de Jongin asomando por el respaldo de su sofá.

—Sé que fui yo quien te dio la llave para entrar a casa por si te surgía alguna emergencia, pero a lo mejor voy a tener que empezar a pasarte también el recibo de la luz —dijo, con pesar fingido y una sonrisa que su vecino no podía ver.

—Hyung. Era una emergencia. No me quedaban Doritos —dijo Jongin, y se incorporó para mirar a Joonmyun. Sonaba cansado—. Es tarde. Ya no sabía si ibas a venir a casa.

—¿Y por qué no iba a venir? —preguntó Joonmyun, con calma.

Jongin lo miró con los ojos entornados. 

—Bueno, he estado viendo el stream de tu programa, y no sabía si alguien te iba a entretener... —La mirada que le devolvió Joonmyun fue suficiente para que supiera que no debía seguir por ahí, así que se mordió el labio inferior.

Joonmyun se arremangó la camisa y se dejó caer en una de las dos sillas de la cocina con un profundo suspiro.

—Veo que ha sido un día duro para ambos —murmuró Jongin, con una expresión indescifrable—. ¿Empiezas tú o empiezo yo?

Joonmyun no tenía muchas ganas de hablar, más bien quería darse una ducha, tirarse en la cama y dar por terminada la jornada. Pero charlar con Jongin siempre le venía bien, así que se levantó de la silla y se dirigió al sofá. Cuando lo rodeó, vio a Jongin sacar las patatas fritas de la bolsa con la mano izquierda y se le cayó el alma a los pies al ver que llevaba el brazo derecho en cabestrillo.

—¿Qué te ha pasado? —exclamó Joonmyun, con los ojos como platos. Notaba el corazón acelerado en la garganta, un terror demasiado familiar le atenazaba el pecho.

Jongin levantó la vista, y le dedicó una sonrisa evidentemente forzada.

—Vale, entonces empiezo yo.

Si aún podía sonreír, tomárselo con algo de filosofía aunque fuera obligándose, es que no era demasiado grave. Joonmyun se sentó junto a él, con un alivio que no consiguió contener el temblor de sus manos. Se las llevó a la cabeza, para arreglarse el pelo, masajearse las sienes para mitigar los dolorosos latidos de la dichosa migraña. Cualquier cosa para que Jongin no se percatara de su agitación.

—Estaba entrenando con el cátcher nuevo, el que te comenté hace unas semanas.

—¿El que mira mal a todo el mundo? No lo habrá hecho a propósito... —Joonmyun recordaba que Jongin había comentado el miedo que le tenía. «Inspira respeto», había dicho él. Joonmyun lo conocía lo suficiente para leer entre líneas.

—No, no seas bestia, hyung, ¿cómo lo va a hacer a propósito? Me señaló una bola curva, y ya sabes que nunca lanzo muchas de esas, pero dije, ¿por qué no? Y bueno —dijo Jongin, y levantó el brazo derecho—. Ya ves. El codo.

—Pero... ¿es grave?

—Es un desgarro relativamente grave, o eso han dicho en el hospital —explicó Jongin, y Joonmyun inspiró con brusquedad. Jongin parecía estar hablándole con calma solo para que Joonmyun no se preocupara todavía más, a pesar de lo que estaba diciendo—. Pero no hace falta operar —aclaró, y Joonmyun le puso una mano aún temblorosa en la rodilla y apretó con suavidad. 

—¡Menos mal!

Jongin era como un hermano pequeño para él. Había conseguido entrar a jugar como titular en los Iron Bats de la universidad Yonsei en su primer año, y muchos lo consideraban un prodigio. Joonmyun sabía cuánto amaba el béisbol y sabía que aspiraba a llegar alto. Podía imaginarse perfectamente cómo se estaría sintiendo en esos momentos, lo sentía en los huesos; pero en este momento tenía a Jongin delante, fingiendo ser fuerte cuando se veía en sus hombros caídos que se sentía abatido, como si el peso de la escayola en su brazo fuese insoportable. Así que Joonmyun también fingió no recordar.

—De todas formas —continuó Jongin, con los ojos fijos en sus pies sobre la tupida alfombra—, me llevará un par de meses recuperarme. Nada de béisbol.

—Y nada de videojuegos —añadió Joonmyun, intentando ser gracioso. Jongin lo miró como si acabara de pisar a un gatito—. A no ser que aprendas a jugar con la izquierda. Entrénate para ser ambidiestro.

—Es mi fin. Hasta aquí he llegado. —Jongin se echó hacia atrás, y se pasó la mano izquierda por el pelo, mirándose el brazo derecho como si lo hubiera ofendido gravemente—. Aunque mira, a lo mejor lo hago. Podría aprender a lanzar con la izquierda. ¿Verdad que sería el mejor pitcher, si pudiera lanzar con ambas manos?

—¿Y si te lesionas esa también? —preguntó Joonmyun, y le puso un mechón desordenado detrás de la oreja—. ¿Lo siguiente será aprender a lanzar con los pies?

—Trátame bien, hyung. Estoy convaleciente —se quejó Jongin con un mohín, pero enseguida le cambió la expresión y miró a Joonmyun, inquisitivo. Le puso los pies sobre el regazo y se arrellanó en el sofá—. ¿Y tú qué? Pensaba que estarías más contento. Por los mensajes que habéis recibido, parece que la entrevista de hoy ha ido bien, ¿no? 

Joonmyun suspiró.

—Estoy harto de rockstars. Siempre son los más raros.

—Yo creo que ha sido muy divertida. Sobre todo cuando le has preguntado su edad y te ha dicho que nació en 1601 y que podías llamarlo Chennie Chennie Chen-hyung. —Jongin soltó una risita—. Tendrías que haberte visto la cara, hyung, ha sido genial. 

Como si fuera divertido. Joonmyun aún notaba el calor de la mortificación en las puntas de las orejas. 

—Sí, es divertidísimo entrevistar a alguien que no te dice ni una sola verdad —refunfuñó Joonmyun—. Ha dicho que nació en seis fechas diferentes, en otros programas. —Quizá Joonmyun lo había buscado en Naver, en el taxi de camino a casa. No por intriga. Era un hecho que le gustaba revolcarse en su miseria, Joonmyun ya había aceptado ese rasgo de su personalidad.

—¿Será un mentiroso compulsivo? —dijo Jongin, en tono condescendiente—. El mejor momento ha sido sin duda cuando te ha dicho lo de que le resultaba más interesante saber más cosas de ti que hablar de él. La cara se te ha puesto de un color que no sabía que la piel humana pudiera adoptar. Ojalá hubiera hecho una captura de pantalla. 

Jongin seguía encontrándolo divertidísimo, y no rayano en lo ofensivo como Joonmyun, al parecer. 

—En uno llegó a decir que venía del futuro —continuó Joonmyun.

Decidió ignorar convenientemente lo último que había dicho Jongin, porque no quería darle la satisfacción de ver ese color en directo. Sabía que Jongin no perdería el tiempo y tenía el móvil peligrosamente cerca. Tras una pausa, Jongin volvió a musitar:

—Si viene del futuro, podrías haberle preguntado si seré el pitcher de los Doosan Bears algún día. 

La expresión de Jongin se había vuelto soñadora, como cada vez que se mencionaba la idea general del futuro. Jongin tenía tantos planes, tantos sueños, tantas posibilidades abiertas ante él, que Joonmyun sentía una punzada de envidia en medio de todo el orgullo y el cariño que Jongin le inspiraba. 

—Lo serás —respondió, mirándolo fijamente, aunque Jongin no le devolvió la mirada; seguía fija en el techo, como si en él estuviera dibujado el mapa de lo que le deparaba el futuro—. No me hace falta preguntarle a ningún viajero del tiempo para saberlo. Lo serás. 

Jongin bajó la vista por fin y sonrió, una sonrisa amplia, como si su lesión no fuera más que una piedrecita en su zapato, algo de lo que podía librarse con toda facilidad y seguir su camino. Joonmyun no solía rezar, pero esta vez lo hizo, una plegaria muda al destino para que tratara a su mejor amigo mejor de lo que lo había tratado a él.


Siempre le había resultado fácil culpar al destino de todo lo que no salía como él quería. 

—De todas formas, estoy seguro de que no puede ser mayor que yo... —dijo, para cambiar de tema, volviendo inevitablemente al cantante que había conocido aquella noche. No es que se sintiera intrigado, en serio. Pero Jongin no contestó; empezaba a parecer demasiado soñoliento para pensar en nada que fuera más allá de su cama. El día le tenía que estar pasando factura, igual que a Joonmyun—. Venga, a la cama. 

—No me gusta desobedecer al cátcher, sabes —suspiró Jongin, poniéndose en pie con dificultad y dejando que Joonmyun lo guiara hasta la puerta—. Pero ojalá no hubiera lanzado esa bola curva, hyung. 

Joonmyun apretó los labios, abrió la puerta de Jongin (¿cuántas veces más tendría que decirle que cerrara con llave, aunque solo fuera a la casa de al lado?) y lo acompañó a la cama. Jongin le señaló con un gesto los analgésicos que le habían recetado para su lesión, y se los tendió con un vaso de agua mientras Jongin se desvestía y se metía bajo las sábanas.

—Ya tendrás tiempo de darle vueltas a eso, Jonginnie —dijo, apartándole el pelo de los ojos. Ya estaban cerrados—. Créeme. 

Para cuando salió de la ducha ya se encontraba mucho mejor, más relajado, pero al entrar en la cama comenzó a dar vueltas, incapaz de dormir. Le pasaba más a menudo de lo que le gustaría admitir cuando su madre llamaba, y le preguntaba si descansaba bien, si comía bien, si había recogido su ropa o su dormitorio seguía pareciendo una leonera. Si seguía solo. Joonmyun respondía que sí, sí, sí a todo. Que su madre hubiera aceptado que nunca iba a estar con una mujer no significaba que fuera a aceptar que estuviera solo, y a Joonmyun no le preocupaba demasiado, pero en ocasiones la pregunta era más frecuente de lo que su paciencia podía soportar. 

Harto de dar vueltas, cogió su móvil de la mesita de noche, desenchufó el cargador y abrió la aplicación de su programa de radio. Dudó un segundo antes de abrir el stream guardado del programa de aquella noche, porque de verdad, ¿qué necesidad había? Pero lo hizo: al momento se vio a sí mismo organizando los papeles que tenía delante, con los cascos ya colocados. Frunció el ceño al verlo aparecer por la puerta y sentarse en la silla más cercana, a su derecha.

Chen había sido un invitado... extraño. Como Jongin había dicho, había sido divertido, hasta cierto punto. Tenía una forma de hablar, de responder y de reírse que provocaba una sonrisa fácil en quien lo escuchaba. Tendría éxito en futuros programas, si conseguía reconocimiento suficiente para recibir invitaciones más importantes. También había sido medianamente educado, si Joonmyun obviaba el hecho de que no había contestado ni una sola de sus preguntas con la verdad, y sobre todo, si pasaba por alto que la mayoría de preguntas las había respondido con más preguntas, dirigidas a Joonmyun. 

Cuando Joonmyun había preguntado: «¿Y qué te gusta hacer, Chen-ssi? ¿Algún hobby?», Chen respondió: «¿Qué te gusta hacer a ti, Joonmyun-ssi? Yo me adapto a todo, sabes, podrías hacer conmigo cualquier cosa que se te ocurra», con una sonrisa gatuna que hacía que Joonmyun se sintiera bastante ratón. Cuando con una sonrisa torpe le indicó que estaban ahí para que los oyentes y las fans supieran más cosas de Chen, no de él, Chen soltó una carcajada, se inclinó en la silla para acercarse más a él, le puso una mano en el hombro y dijo «¡no quiero perder mi halo de misterio! Además, estoy seguro de que tú eres mucho más interesante». Joonmyun era consciente de que tenía que cerrar la boca, tenía su rostro más que estudiado y sabía que sus expresiones de sorpresa no eran las más atractivas; pero Chen deslizó los dedos por su brazo, siguiendo con las yemas cada suave curva de sus músculos, sin dejar de sonreír. Por supuesto, Joonmyun no pudo hacer otra cosa aparte de sentirse extremadamente estúpido y seguir el movimiento de Chen con los ojos como ruedas de carro. 

Al ver ese momento en el vídeo, se giró sobre sí mismo y contempló la posibilidad de hundir la cabeza en la almohada hasta que le llegara la dulce liberación de la asfixia. Se arrepentiría de no haber ejercido mejor control de sus músculos faciales, porque el director del programa le dijo después que los índices de audiencia habían sido sorprendentemente buenos, como Jongin también había notado.Genial. Más testigos de cómo se había convertido en una berenjena boquiabierta gracias a Chen. 

Con un poco de suerte, no tendría que volver a verlo más que un par de veces, si Chen de verdad llegaba al estrellato y a él le empezaba a sonreír la suerte y su jefe cumplía sus promesas. Aún tardó un buen rato en quedarse dormido, con los labios apretados y recordando a Jongin con los ojos fijos en el techo, resuelto a recuperarse de su lesión, y el contacto extraño de los dedos de Chen en su piel.


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El sonido del tecleo apresurado disimuló el de los pasos y Joonmyun no se dio cuenta de que alguien se acercaba hasta que tuvo a Sunyoung leyendo por encima de su hombro. 

—¿Qué haces? —le preguntó, con una amplia sonrisa. Sunyoung siempre había sido como un rayo de sol, brillante, alegraba al instante cualquier habitación. 

—Trabajar —replicó Joonmyun, frotándose los ojos—. Tengo que entregar esto dentro de... —miró su reloj— menos tiempo del que me gustaría. 

—Vamos a comer ya —dijo ella, y le tendió la mano para ayudarlo a levantarse—. ¿Qué es? 

—Un artículo sobre un drama que acaba de terminar. Trata sobre la vida en un edificio de varias parejas, y una de ellas es homosexual. —Sunyoung arqueó las cejas, esperando que continuara—. Estoy escribiendo una especie de reflexión como actor, sobre la aceptación progresiva de la homosexualidad en el mundo del entretenimiento nuestro país.

—Vaya —respondió, impresionada—. ¿Para alguna publicación importante? 

Joonmyun sonrió con pesar. Escribía decentemente, y por su trabajo como actor y en la radio, conseguía buenos tratos para escribir pequeños artículos en algunas revistas de entretenimiento, y entrevistaba a idols con relativa frecuencia, aunque fueran solistas recién debutados o grupos no muy famosos. No obstante, era difícil tratar un tema como este en publicaciones «importantes». 

—No mucho, no. 

La sonrisa de Sunyoung, por su parte, no disminuyó en absoluto. 

—¡Pero es un paso! —dijo, y le dio una palmadita en la espalda—. Nuestro Joonmyunnie, cambiando el mundo. Qué orgullosa estoy.

—¿Por qué me hablas así? Te recuerdo que soy mayor que tú —dijo Joonmyun, y le apoyó el codo en la cabeza como recordatorio de que era mayor en edad y también en altura. Sonrió con satisfacción, porque sabía de sobra que no podía hacer eso con muchas personas—. Sí, supongo que es un paso. Es bueno que se hable de esto.

—¡Y es genial que tenga presencia en la televisión! Seguro que poco a poco habrá mucha más gente que se sentirá valiente, como tú —exclamó Sunyoung, y se liberó del codo de Joonmyun—. Los harás capaces de dar el paso. Nuestra sociedad también hará que no tengan tanto miedo, ya lo verás. 

Joonmyun empezó a darle vueltas al hecho de que no le gustaban las chicas con catorce años. En aquel momento tenía la cabeza demasiado llena de otras cosas como para preocuparse por eso. Cinco años después, en el momento más bajo de su vida, encontró la página web de Chingusai, una de las asociaciones activistas de apoyo a los gays más antiguas de Corea. Con dedos temblorosos, se registró en los foros con un pseudónimo, y poco después empezó a asistir a las reuniones que celebraban en la asociación; se sentía cómodo siendo capaz de hablar con los chicos que iban allí sin secretos. A un año de terminar los estudios en la K-ARTS, cuando ya había conseguido un puesto asegurado en una pequeña empresa y decidió que su vida tenía la estabilidad suficiente, reunió el valor de ser sincero con su familia. Se convirtió en uno de los pocos chicos de las reuniones de Chingusai cuya familia había escuchado con mucha sorpresa, pero también con aceptación. 

Y ahora ya no temblaba. Su familia lo apoyaba, y aunque nunca hablaba de eso en el trabajo (detestaba hablar de su vida personal en el trabajo, y Jongin siempre se reía de él diciéndole si no sería porque no había nada de que hablar), había dado pistas suficientes para que el público tuviera una idea. En ese aspecto de su vida, ya no tenía que fingir.

—Pero hay una cosa que no entiendo —continuó Sunyoung, entrando a la cocina delante de él—. Tienes la actuación y lo de la radio, juraría que habías dicho que ibas a conseguir un programa mejor, o algo así. ¿Por qué sigues escribiendo? ¿No estás súper ocupado? 

Joonmyun hizo una mueca de dolor, y miró de reojo a su madre, que había ido al salón a avisar a su padre, para asegurarse de que no lo había oído. 

—Sunyoung, se suponía que eso era algo entre nosotros —se quejó, y la chica se tapó la boca, con gesto culpable—. Aún... aún no he hablado con mi jefe en la estación. Me dijo que las audiencias iban bien y que quizá se podrían hacer algunos cambios en el planteamiento de mi programa, pero... Creo que ya hace meses de eso, así que... 

—¡Pues deberías hablar ya con él! —insistió Sunyoung—. En serio, si dejas que ese tipo de personas se olviden de ti nunca te harán caso, así que tienes que ir y... 

—Venga, Sunyoung —la interrumpió el hermano de Joonmyun, poniéndole una mano en el hombro a su novia—. Sabes tan bien como yo que mi hermano no es de los que se rinden fácilmente. Es más terco que una mula, de hecho. Conseguirá todo lo que se proponga.

Joonmyun le sonrió a su hermano, y como cada vez, le desfilaron por la cabeza todas las ocasiones en las que la debilidad le había podido, todas y cada una de sus rendiciones. 

Su madre entró a la cocina, y observó a su hermano y a Sunyoung sentados uno junto al otro como si fueran lo mejor que le había pasado en la vida (y probablemente lo fueran), para después desviar la vista hacia Joonmyun e, inevitablemente, a la silla vacía que había a su lado. Joonmyun, que la conocía como si el que la hubiera parido hubiera sido él y no al revés, empezó a hablar antes de que pudiera hacerlo ella para decirle cosas que ya había oído mil veces. 

—Mamá, la sopa está estupenda —dijo, con expresión encantada—. Jongin no ha querido decírmelo directamente, pero sé que si le llevara un poco sería como si hubiera llegado una segunda Navidad en julio. 

Hacía tiempo que su madre había dejado de intentar que Joonmyun confesara que Jongin era su novio secreto, y por fin había aceptado que era simplemente su mejor amigo, el que pagaba el alquiler de la casa de al lado pero que, a todos los efectos, vivía en casa de Joonmyun. El halago a su comida funcionó como la seda, de todas formas, y en cuanto terminaron de comer, su madre se dispuso a dejar preparados seis recipientes de plástico con sopa para Jongin encima de la mesa de la cocina.

Como si supiera que estaban hablando de él, el móvil de Joonmyun vibró con la notificación de un nuevo mensaje de su amigo. 

«Creo que deberías echarle un vistazo a esto...» 

El siguiente mensaje era un enlace. Joonmyun lo tocó un par de veces y esperó a que cargara el navegador, preguntándose de qué se trataría. Jongin siempre seguía unos ochenta webcómics al mismo tiempo, así que probablemente fuera algo por el estilo; sin embargo, lo que se abrió fue una publicación de Nate Pann. Un blind item, según el título, y Joonmyun frunció el ceño. 

«Cantante A tiene una relación gay con el actor B» era el título. Por instinto, el corazón de Joonmyun decidió mudarse a su garganta. No tenía sentido, él ni siquiera estaba saliendo con nadie, estúpido corazón. El artículo iba encabezado por una imagen en la que aparecían dos chicos de espaldas, de lejos. La foto estaba muy borrosa, pero no tanto como para apreciar que los dos chicos eran bastante altos, de modo que Joonmyun se relajó al instante. Con la calidad de esta foto, podría ser cualquiera, pero estaba seguro de que no era él (ojalá a él le sobraran tantos centímetros). Además, ¿cómo iba a ser él? No había salido con nadie que no fuera Jongin últimamente, y las veces que habían estado juntos habían pasado el tiempo en casa de Joonmyun, comiendo pollo y viendo Digimon por enésima vez.

Joonmyun bajó por la página, hasta llegar a los comentarios, y la mayoría eran comentarios escépticos, que decían cosas muy similares a las que había pensado Joonmyun, «con esta calidad podría ser cualquiera», «solo están caminando uno al lado del otro, ¿por qué tienen que ser novios? ¿no pueden ser simplemente amigos?». Pero hubo dos comentarios que le helaron la sangre de nuevo.

«¿Podrían ser el DJ de ese programa de música de la SBS, Purple Night, y Chen, el cantante? Chen fue el invitado en el programa de la semana pasada y hubo una química extraña entre ellos. Yo pensé que tenían algo.»

«No sé si serán Kim Joonmyun y Chen, pero ojalá. Harían muy buena pareja.»

Joonmyun releyó los comentarios, incrédulo. ¿Química? ¿Qué química había en ver a una persona con la boca abierta de forma muy poco atractiva y con la cara de un color que preocuparía a cualquier médico, luchando por encontrar palabras para responder cuando se suponía que era él el que hacía las preguntas?

—Joonmyun, ¿estás bien? —dijo su madre, con tono preocupado, y Joonmyun tragó saliva y sonrió de inmediato, intentando normalizar su respiración—. Estás pálido, hijo.

—Estoy perfectamente, mamá, no te preocupes —dijo Joonmyun, y se levantó del sofá—. Tengo que terminar un artículo. 

—¿Ves por qué te digo que trabajas demasiado? —lo regañó su madre, pero él ya estaba subiendo las escaleras, y la verdad, no iba a contestar a lo mismo otra vez—. Siempre grabando, o en la radio, o escribiendo esas cosas. Deberías salir más, conocer gente...

Cuando alguien le preguntaba a Joonmyun cuál era su trabajo, lo que contestaba era «soy actor», aunque a esas alturas ya empezaba a plantearse cambiar de respuesta. Cuando querían saber en qué películas había salido, si lo habían visto en algún drama, Joonmyun se preparaba para los «pues yo vi ese drama, y no recuerdo haberte visto», o «ah, no conozco esa película...». Tampoco es que pudiera enumerar muchas.

Aun así, su madre consideraba que trabajaba demasiado, y a veces Joonmyun llegaba a casa de noche, agotado, y pensaba que no merecía la pena por papeles secundarios y artículos que solo leían dos personas: su revisora y su madre. El programa de radio había sido una oportunidad tremenda, como un sueño que se emitía una vez por semana cuando tenía que pasar meses sin saber si lo llamarían para ofrecerle un papel o una audición. Y a pesar de todo, Joonmyun sabía que todavía no era suficiente. Tenía unas cuantas fans desde hacía mucho, y algunos seguidores de los grupos y cantantes que había entrevistado también se habían aficionado a su programa, pero Joonmyun quería más. No podía evitar seguir queriendo más.

—¡Recuerda lo que te he dicho! —le gritó Sunyoung, como si pudiera leerle la mente.

Joonmyun se giró para mirarla, y Sunyoung le guiñó el ojo y le sonrió. De verdad que se preguntaba si no tendría algún talento especial para recordarle a los demás lo que tenían que hacer de modo que no se sintieran presionados, sino motivados. Si no tuviera ya un mánager genial, se habría planteado convertirla en su representante. Joonmyun le devolvió la sonrisa.

—Lo haré.

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El camino a la estación de radio siempre se le hacía eterno cuando sabía que tenía que hablar con su jefe. Subió las escaleras como si fueran el corredor de la muerte, y dio tres golpecitos en la puerta del director. No le gustaba pedir favores, pero también sabía cuándo era necesario presionar, abrirse paso a la fuerza, porque lo había aprendido de la peor manera.

—Adelante. 

Oír la voz grave del director no hizo sino empeorar sus nervios, pero respiró hondo y entró al despacho. Le sorprendió ver a otra persona dentro, un chico joven con el pelo de un color que le recordó, con pesar, al tono purpúreo de su cara cuando Chen se había acercado a él y le había acariciado el brazo. Creía que habían pasado días suficientes como para dejarlo correr, pero parecía llevar el recuerdo impreso en las retinas y en la piel, porque sintió un escalofrío en la espalda. Muy incómodo. Hizo una reverencia respetuosa y se quedó en la puerta, esperando instrucciones. 

El chico se giró, lo miró con las cejas ligeramente arqueadas durante un segundo. 

—Ya me iba, perdón —dijo, sonriendo. Joonmyun le devolvió la sonrisa con torpeza. 

—Adiós, señor Byun —se despidió su jefe—. Le llamaré cuando considere su propuesta. 

—Perfecto —respondió este, con expresión resplandeciente. 

Joonmyun se apartó para dejarlo pasar, y el tal señor Byun le dedicó una última sonrisa antes de marcharse. Joonmyun se sentó en la silla acolchada frente al escritorio, y juraría que no oyó la puerta cerrarse tras él, pero el director no dijo nada, así que él también guardó silencio. 

—Bien, señor Kim —comenzó el hombre, reprimiendo a duras penas un suspiro, como si le resultara pesado hablar con él. Joonmyun se removió en la silla—. Estoy casi seguro de que puedo adivinar por qué quiere hablar conmigo. 

—Seguro que sí, señor —respondió Joonmyun, con una sonrisa incómoda. Empezaban a dolerle las mejillas, y era raro, porque estaba más que acostumbrado a sonreír incluso cuando no quería.

—Como sabrá, los índices de audiencia han aumentado —comentó, rebuscando entre sus notas. Cuando encontró lo que quería, se ajustó las gafas antes de mirarlo fijamente, como si quisiera imprimirle a su siguiente frase un efecto dramático—. Pero me temo que no es suficiente para las ambiciones que tiene.

Ya había oído eso mismo en otras ocasiones, pero no por ello dolía menos. Era una de las pocas cosas a las que Joonmyun nunca podría acostumbrarse. 

—Sé que me pidió un programa en mejor franja horaria, con más exposición y mejores invitados, pero hay unos requisitos para ello, y usted todavía no los cumple. —Joonmyun agradecía el todavía—. El nicho de audiencia tendría que ser mayor, no es como cuando el presentador es un idol popular, por ejemp... —El hombre se interrumpió, y miró de reojo a Joonmyun, que se mordió la lengua y siguió sin decir nada—. Sin embargo, va por el buen camino. Como le he dicho, los índices han aumentado, hay más interés por parte del público. Si sigue así, no tiene de qué preocuparse.

—Me gustaría... —empezó Joonmyun, y carraspeó antes de continuar—. Quiero crecer. Quiero más público. Si tiene alguna idea, alguna sugerencia para mejorar... 

El director lo miró fijamente, como si pudiera medir su seriedad y sus ganas de brillar con los ojos. 

—La ambición siempre es buena, señor Kim —dijo, con una media sonrisa. Joonmyun siempre tenía miedo de dar ese terrible paso en falso, ese empujón de más que acabara actuando en su contra en lugar de en su favor. Ya lo había vivido, y no era una experiencia que quisiera repetir. Pero fuera lo que fuera que había visto el hombre, no parecía haberle disgustado—. La paciencia también, pero podría llegar lejos con esa insistente actitud suya.

Desvió la mirada a un papel que debía de haber estado leyendo hacía poco, porque lo tenía muy a mano, y se volvió a colocar las gafas para echarle un vistazo rápido antes de volver a clavar los ojos en Joonmyun. 

—El público no se gana por arte de magia, pero puede que tenga el gancho que necesita su programa. —Se recostó en la silla, y alzó una mano para señalar la puerta—. Si esta idea sale como espero, pronto tendrá buenas noticias, se lo prometo. 

Joonmyun sonrió, esta vez de verdad. Ya había oído promesas muchas veces, pero había algo en esta ocasión que le hizo pensar que por fin, por fin las cosas iban a empezar a cambiar. Se levantó e hizo una profunda reverencia. 

—Muchas gracias por escucharme, señor —dijo, con la voz impregnada de seriedad. 

—Que tenga un buen día —obtuvo por respuesta. 

Se alejó hacia la puerta, haciendo otra reverencia antes de salir, y cuando se giró y abrió —efectivamente, la puerta no estaba del todo cerrada—, se dio de bruces con el chico de pelo púrpura que había visto antes, que volvía a entrar en el despacho, con una sonrisa todavía más amplia que cuando salió. 

—¡Ah, señor Byun! —exclamó el director, satisfecho—. Precisamente estaba a punto de llamarle... 

Joonmyun ya no escuchaba. Estaba en el pasillo de una estación de radio y televisión en Yangcheon, pero se sentía en las nubes, pensando en éxito, en un programa famoso, en el futuro prometedor bajo los focos con el que siempre había soñado.


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Al llegar a casa, como de costumbre, Jongin estaba tirado en su sofá mirando el móvil y abanicándose con la mano. Siempre se quejaba del calor que hacía en su casa, y aun así siempre estaba allí. Joonmyun estaba contento, había salido esperanzado de su reunión con el jefe, así que por una vez se ahorró las bromas de si Jongin era un okupa. Pero su amigo asomó los ojos por encima del respaldo del sofá y lo miró fijamente, con gesto grave.

—Hyung, ya es la tercera vez esta semana.

—¿La tercera vez que qué? ¿Que me robas mis Doritos de chili? Aprecio que me avises, pero...

—No, no. Bueno, además de eso —interrumpió Jongin, y levantó su móvil—. Es la tercera vez que veo estos... rumores.

Joonmyun frunció el ceño y se acercó para coger el teléfono que le tendía Jongin. Vio numerosos mensajes en lo que parecía un foro, y notó un desagradable vuelco en el estómago cuando reconoció lo que todos los humanos localizan con mayor rapidez: su propio nombre. «Kim Joonmyun», «el DJ de Purple Night en SBS Power FM», «noviazgo en secreto»... «Kim Joonmyun y Chen».

—Hyung. —La voz de Jongin le llegó amortiguada por los atronadores latidos de su corazón, que sentía en los oídos.

Aunque pasó un minuto en completo silencio, leyendo los comentarios que aparecían en la pantalla, acabó respirando hondo y le devolvió el móvil a Jongin.

—Los rumores son solo eso, rumores —dijo con una sonrisa, intentando que sonara despreocupado. Por cómo Jongin entrecerró los ojos, no había tenido mucho éxito—. No sé si uno de los de esa foto borrosa será Chen, pero el otro, desde luego, no soy yo.

—Eso ya lo sé, hyung, pero los rumores no paran de aparecer, y... Ayer mismo vi tu nombre en los ránkings de búsqueda. ¿Sabes lo que significa eso? —insistió Jongin.

—Significa que pasas demasiado tiempo en internet, Kim Jongin —replicó Joonmyun, y le dio un golpecito suave en la frente—. Se suponía que ibas a hacer cosas útiles, como aprender a escribir con la mano izquierda, o comprar tus propias patatas fritas.

—¡Pero estoy preocupado por ti!

—¡Vaya, y yo que creía que en la cabeza solo tenías pelotas de béisbol! No tienes por qué —lo tranquilizó Joonmyun—. Con el tiempo se olvidarán de esto. Es mejor no hacerle caso, y dejará de aparecer. Él es un idol recién debutado y yo... yo soy yo. No tardarán en hablar de otra cosa.

Jongin había estado a punto de protestar de nuevo, pero cerró la boca esta vez. Sin embargo, no parecía convencido.

—¿Y la empresa de Chen no ha hecho nada? Porque yo creo que el problema es precisamente eso—Jongin lo miró, dudoso—. No saben casi nada de vosotros, sobre todo de Chen, que se empeña en mantener ese «halo de misterio» suyo. La gente adora resolver misterios. ¿No se han puesto en contacto contigo, ni nada? Yo creo que deberían desmentirlo...

Joonmyun suspiró, como si admitiera su derrota.

—De acuerdo, está bien —dijo, pasándose una mano por el pelo—. Si han venido a mi programa, probablemente mi jefe tendrá un teléfono de contacto, de su mánager o de su empresa. Se lo pediré y hablaré con ellos para solucionar esto, ¿vale? ¿Te quedarás más tranquilo así?

Jongin asintió, y Joonmyun se dejó caer a su lado por fin.

—¿Y qué tal tu día? ¿Has hecho algo aparte de desvalijarme la cocina? —preguntó, intentando hacerle cosquillas a Jongin en el costado sin rozar siquiera la escayola de su brazo derecho.

—He intentado desvalijarte el armario, pero no tienes ni una prenda a la que no le falten dos palmos de largo, y tus jerseys son raros —dijo con toda tranquilidad, acomodándose junto a Joonmyun y dejando caer la cabeza sobre su hombro—. Y tus zapatos también.

Joonmyun se echó a reír.

—Mi armario es a prueba de desvalijadores.

Jongin lo miró con lástima, como si fuera «una cruz tener un Mediano por mejor amigo», como ya le había dicho en alguna ocasión.

—Ya... —dijo, sarcásticamente—. En fin, me voy. Mi misión aquí ha terminado.

—¿Comerte mi comida y meterte con mi forma de vestir? —preguntó Joonmyun entre risas mientras lo acompañaba a la puerta. La desfachatez de su mejor amigo no conocía límites.

—Avisarte de que Chen es tu novio, por si no te habías enterado —dijo Jongin antes de abrir la puerta y salir al pasillo—. Pero veo que no te importa nada y que preocuparme por ti siempre es en vano, así que...

Jongin se quedó callado de repente, mirando hacia su puerta. Joonmyun sacó la cabeza para ver qué pasaba, porque su amigo parecía haber visto un fantasma; pero ante su puerta solo había un chico bajo, moreno, vestido completamente de negro y con una bolsa de deporte colgada del hombro. Levantó la cabeza enseguida, y después de dedicarles una mirada seria, insegura, saludó brevemente a Jongin con una inclinación de cabeza. Joonmyun lo miró, esperando una explicación, o que Jongin dejara de parecer petrificado.

—Eh, Jongin —dijo en voz baja, con una sonrisa burlona—. Despierta. Tu amigo te está esperando.

—Es... Es Do Kyungsoo —musitó Jongin—. El cátcher.

Joonmyun arqueó las cejas, sorprendido. Según Jongin, él y el cátcher apenas habían hablado, más allá de los entrenamientos. No es que Jongin fuera muy sociable, pero este chico parecía superarlo. Y a juzgar por el estado de parálisis de Jongin, parecía creer que era mil veces más probable que apareciera Papá Noel con un puesto de pitcher principal de los Bears en su puerta que Kyungsoo. El chico hizo una reverencia respetuosa, para saludar a Joonmyun. Jongin siguió clavado al suelo junto a él.

—Bueno, pues a no ser que vuestro plan sea quedaros aquí, en el pasillo, mirándoos toda la noche... Creo que deberías entrar en casa —le dijo Joonmyun, con una sonrisa que pretendía ser tranquilizadora.

—Sí... Sí —respondió Jongin, y echó a andar, solo para volver sobre sus pasos enseguida. Kyungsoo los miraba con curiosidad mal disimulada—. Y recuerda lo que te he dicho.

Últimamente todo el mundo le recordaba todas las cosas que tenía que hacer.

—Vale, vale. —Últimamente Joonmyun siempre cedía—. Lo haré.


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No es que Joonmyun hubiera olvidado la promesa que le había hecho a Jongin, pero las dos semanas siguientes, por suerte para él, tuvo que trabajar mucho. Había conseguido un papel en una audición como personaje muy secundario en un drama, solo para un par de capítulos, pero pasó cada hora que no estaba en la radio o en el mismo set de grabación preparándolo. Si algo caracterizaba a Joonmyun, era el esfuerzo que invertía en las cosas que hacía, por insignificantes que parecieran.

Por eso, a pesar de que tenía en mente lo que había accedido a hacer, no tuvo tiempo de ponerse a ello hasta que alguien se le adelantó. Estaba preparándose un ramyun cuando su teléfono de trabajo empezó a vibrar. Desconocía el número, pero descolgó igualmente, porque un actor en estado de semi-paro nunca puede dejar escapar una oferta de trabajo potencial.

—¿Kim Joonmyun? —preguntó una voz nasal en cuanto Joonmyun se llevó el teléfono a la oreja. Juraría que le resultaba familiar, pero Joonmyun no conseguía recordar dónde la había escuchado antes.

—Soy yo. ¿Quién es?

—Me llamo Byun Baekhyun. Soy... —dijo, e hizo una pausa dramática que, efectivamente, aceleró un poco el pulso de Joonmyun—. El jefe de Chen, de la empresa OWL Entertainment.

Todo tenía sentido de repente. La empresa de Chen por fin había decidido tomar cartas en el asunto para frenar los rumores. Fue a contestar, pero al otro lado de la línea parecía haberse desencadenado una discusión entre Byun Baekhyun y una voz más chillona que, extrañamente, Joonmyun no tuvo problemas en reconocer como la de Chen. Pudo entender frases como «No eres mi jefe, eres mi mánager, técnicamente yo soy tu jefe» y «¿quién manda aquí? Yo mando aquí, así que silencio o te mando a We Got Married para que pierdas las pocas fans que tienes». Joonmyun carraspeó para intentar recuperar la atención de su interlocutor, que volvió a dirigirse a él con tono obsequioso.

—Imagino que sabes cuál es el motivo de mi llamada.

—Sí, me han... informado de los rumores —contestó.

«Mi vecino lesionado y aburrido a muerte ha adoptado como nuevo hobby recorrer Internet en busca de cualquier publicación que me nombre, mejor dicho». Joonmyun nunca dejaba de sorprenderse de cuántas menciones había en realidad. Cada vez que Jongin le pasaba una captura de pantalla de otra página en la que aparecía el dichoso rumor, Joonmyun se sentía molesto, pero una pequeña parte de él se sentía... satisfecha. Joonmyun tenía que forzarse a acallar esa parte, y se odiaba por ello.

—Estarás de acuerdo entonces en que hay que hacer algo al respecto —dijo Baekhyun, y Joonmyun se dio cuenta con extrañeza de que casi podía oír la sonrisa con la que le estaba hablando Baekhyun. ¿Por qué iba a sonreír por esto? Se suponía que era un problema, que unos rumores así podían llegar a acabar con la carrera de su prometedora estrella.

—Sí, desde luego. ¿Tienen algún plan?

—Oh, sí que tenemos un plan —replicó, y ahora ya no cabía duda, Baekhyun sonaba muy satisfecho consigo mismo. Debía de ser un plan buenísimo—. Pero querría hablarlo con usted en persona. ¿Cuándo podríamos vernos?

—Pues... —Joonmyun titubeó, y echó una breve mirada al cazo que tenía en el fuego antes de alejarse para buscar su agenda.

—¿Qué tal el sábado a las ocho y media? En el Coffine Gurunaru de Sinchon.

—¿Coffine Gurunaru? —repitió Joonmyun. Esperaba una propuesta un poco más privada.

—Su batido de arándanos es sublime. Ningún problema se soluciona del todo si no es con un batido de arándanos de Coffine Gurunaru —canturreó Baekhyun alegremente—. Nos veremos allí. Bye bye bye!

La llamada se cortó sin más. El ramyun se había cocido demasiado y pedía a gritos que lo apartaran de los fogones, pero Joonmyun se quedó ahí plantado mirando el teléfono, intentando comprender qué había ocurrido.


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Como Joonmyun esperaba, ese día, a esa hora, el Coffine Gurunaru estaba lleno de gente. Por suerte, muchas de las personas que hacían cola solo querían comprar café para llevar, así que pudo encontrar una mesa en el segundo piso sin muchas dificultades. Nadie dio muestras de reconocerlo, y no había ni rastro del tal Baekhyun.

Le dio un par de tragos a su americano mientras revisaba su correo electrónico, y apenas abrió el segundo correo en cadena que le había enviado su madre, oyó que alguien le llamaba.

—¡Joonmyun-hyung!

Solo Jongin lo llamaba así, y Sehun y Wonsik, las pocas veces que los veía últimamente. Pero esta voz no correspondía a ninguno de ellos, era una voz más chillona, menos familiar pero a la vez terriblemente conocida, Joonmyun casi podía sentir el recuerdo de esa voz en su oído mientras unos dedos rozaban su brazo...

—¿Hyung? —repitió Joonmyun, más sorprendido que molesto por la repentina confianza—. Pensaba que  eras Chennie Chennie Chen-hyung. ¿No decías que naciste en 1600, o por ahí?

Chen llevaba una gorra negra y una mascarilla que eran productos de merchandising de sí mismo. Muy discreto. Joonmyun miró a su alrededor, pero parecía que nadie los estaba mirando. Junto a Chen estaba un chico con el pelo de color Joonmyun-berenjena, y por fin Joonmyun asoció ideas. «Señor Byun». El hombre que estaba en el despacho de su jefe no era sino el mánager de Chen.

—Bueno, a partir de ahora, para ti nací en 1992 —explicó Chen, y aunque iba tan cubierto, Joonmyun vio cómo se alzaban sus mejillas y sus ojos se entrecerraban—. Pero no se lo digas a nadie. Todavía.

—No adelantemos acontecimientos —señaló Baekhyun con una sonrisa, y le ofreció una mano a Joonmyun que este estrechó con educación—. Soy el jefe de J... de Chen.

Mánager. Técnicamente yo soy tu jefe —volvió a indicar Chen de corrido, como Joonmyun ya había oído por teléfono.

Baekhyun lo miró, exasperado.

—¿De verdad tengo que volver a escuchar esa frase? ¿Cuántas veces más? ¿Es que sí que quieres ir a We Got Married?

—Lo que vamos a hacer tampoco es tan diferent...

Baekhyun le puso una mano en la boca. Joonmyun se sentía extremadamente ignorado.

—He dicho que no adelantemos acontecimientos. —Chen se sentó en la silla que había enfrente de Joonmyun, y Baekhyun se sentó a su lado, volviendo a mirar a Joonmyun con una sonrisa que era, claramente, la que empleaba cuando tenía que pedir favores—. Muchas gracias por venir, Joonmyun-ssi.

—De nada —dijo Joonmyun, porque no sabía qué otra cosa decir. Empezaba a arrepentirse de haber accedido a venir. Algo le decía que dejar correr los rumores le habría acarreado menos dolores de cabeza que tratar con estos dos. Chen volvía a mirarlo como lo había mirado en la radio, como si tuviera bigotes que poder relamerse. La despierta imaginación de Joonmyun casi podía intuirlos bajo la mascarilla, así que procuró mantener la vista fija en Baekhyun y se aclaró la garganta antes de continuar—. La situación se estaba saliendo un poco de control, y había que hacerse cargo, por el bien de nuestras carreras.

Baekhyun lo miró un instante con gesto calculador, como si estuviera sopesando algo, pero enseguida volvió a esbozar una amplia sonrisa.

—Desde luego. Vuestro bienestar y el... éxito de vuestras carreras es mi prioridad —aseguró.

—Muchas gracias —dijo Joonmyun, indeciso al ver que Baekhyun no continuaba—. Y... ¿ya han planeado algo para acabar con los rumores?

Chen desvió la vista inmediatamente hacia Baekhyun, que se limitó a apoyar los codos sobre la mesa con calma y, clavando sus ojos en los de Joonmyun, dijo:

—Nuestro plan no es acabar con los rumores, Joonmyun-ssi. Nuestro plan es alentarlos.

Por el rabillo del ojo podía ver que Chen movía la mirada nerviosamente de uno a otro, pero Joonmyun estaba helado. No sabía cómo reaccionar.

—¿Perdón? —Fue lo único que consiguió articular.

Baekhyun respiró hondo, como si tener que explicarle las cosas a Joonmyun, que evidentemente era de comprensión algo lenta, fuera un horroroso martirio. Separó los dedos que había cruzado sobre la mesa y llevó una mano junto a los pies de su silla, para sacar tres carpetas de un maletín.

—Me he tomado la libertad de preparar un dossier con los detalles —dijo, tendiéndole una fina carpeta de un brillante color rosa chicle, antes de lanzarle una a Chen—. Toma, esta para ti. Y deja de hacer eso con los pies, que estás moviendo la mesa. Al final me vas a poner histérico a mí.

Joonmyun dudaba que algo pudiera poner histérico a Baekhyun, si escucharse a sí mismo cada día no le bastaba. Chen dejó su carpeta sobre la mesa, pero no la abrió; se limitó a tamborilear con los dedos sobre el cartón, mirando a Joonmyun con una mezcla de diversión, expectación y nerviosismo. Joonmyun estaba simplemente estupefacto.

—¿Qué es todo esto? —preguntó con un hilo de voz. La carpeta contenía un delgado fajo de folios en los que había impresas estadísticas, una serie de ránkings en los que Joonmyun veía su nombre y el de Chen en distintas posiciones, y publicaciones en páginas webs que, gracias a la exhaustiva investigación de Jongin, le resultaron muy familiares.

—Todo eso —Baekhyun hizo un gesto con la mano que abarcaba todos los papeles que había sobre la mesa— son las razones por las que nuestro plan... —Chen soltó un carraspeo exagerado y Baekhyun lo miró como si fuera un molusco especialmente desagradable—... miplan es infalible. Pero si tú estás de acuerdo conmigo, no seas hipócrita —exclamó, dándole un golpe a Chen en el brazo. Chen se rió, pero seguía ojeando a Joonmyun, esperando una reacción por su parte que no llegaba.

—¿De qué plan estamos hablando? —preguntó Joonmyun.

—Verás, todo está recopilado en el dossier... —empezó a explicar Baekhyun, pero Joonmyun lo interrumpió.

—Preferiría que me lo explicarais directamente.

—Pero si miras el dossier...

—Me temo que me hará falta más que este dossier para entender a dónde queréis ir a parar —cortó Joonmyun con tono seco.

El mohín en los labios de Baekhyun indicaba lo decepcionado que se sentía, y seguía mirando el dossier con gesto triste, pero suspiró y se inclinó hacia atrás en la silla, sobre las dos patas traseras, como Joonmyun había aprendido a dejar de hacer a los siete años. Joonmyun tenía clara una cosa después de apenas veinte minutos de conversación con Baekhyun: parecía el típico niño revoltoso de la clase, y desde luego, no parecía jefe de nada.

—Ya hace un tiempo que han corrido rumores, infundados, a la vista está, de que Chen y tú mantenéis una relación. A raíz de su invitación a tu programa, y de su naturaleza pegajosa innata, imagino. —Joonmyun recordó las manos de Chen sobre las suyas cuando se dirigía a él en el programa, cómo le había tocado el hombro cada vez que se echaba a reír. «Pegajoso» era una buena forma de definirlo—. Bien, el tema que nos ocupa es que estos rumores han supuesto un foco de atención sobre vosotros, ya no como pareja, sino como individuos. Las ventas del mini álbum de Chen han subido, también ha aumentado la audiencia de tu programa y vuestros nombres aparecen frecuentemente en ránkings de búsqueda. Si no me equivoco, eso es algo con lo que hace unos meses ni habríais podido soñar —Joonmyun acusó el golpe como pudo sin cambiar la expresión de su rostro, que ya era bastante mala de por sí; pero Chen miró con el ceño fruncido a Baekhyun y le dio un manotazo en el costado—. Sí, bueno, es una desgracia que ni el talento ni el esfuerzo sean ingredientes infalibles para triunfar en este país, ¿verdad? Si por mí fuera, quizá las cosas serían de otra manera, pero yo no hago las normas, ¡ojalá! ¡Pero precisamente por eso esta oportunidad es de oro!

—Venga, ve al grano —dijo Chen, mirando a Joonmyun, que parecía a punto de sufrir una combustión espontánea.

—Lo que quiero —explicó Baekhyun, y señaló con el dedo los folios que Joonmyun tenía delante—, lo que os conviene, es aprovechar la oportunidad que ofrece esta situación. Joonmyun-ssi, sé de buena tinta que buscas tener más popularidad, porque no nos engañemos, ¿quién no disfruta de la atención? Yo la disfruto —dijo, y Chen puso los ojos en blanco—. Tampoco es un secreto que te gustan los hombres, será perfectamente creíble. Así que lo que tenéis que hacer es fingir que sí salís juntos. Discretamente, claro; o podemos ir a lo grande, no seré yo quien le haga ascos a un poco de espectáculo. ¿Qué me dices? Por vuestras carreras. ¡Por la ciencia!

Joonmyun se sentía igual que cuando tuvo que tirarse un cubo de agua helada por encima al perder una apuesta. Baekhyun seguía mirándolo como si esperara una ovación.

—A ver si lo he entendido —comenzó, con la voz tan llena de calma como pudo reunir. La incredulidad inicial había acabado por dar paso a la indignación—. ¿Quieres usar mi vida privada, mi sexualidad, como estratagema publicitaria?

Baekhyun abrió un poco más los ojos y su sonrisa se volvió momentáneamente dubitativa, como si no estuviera seguro de por qué Joonmyun no se mostraba entusiasmado y deleitado con su plan maestro. Chen comenzó a levantar las manos para intervenir por fin, como si intuyera lo que estaba a punto de ocurrir.

—Bueno, sí, supongo que es exactamente eso —afirmó Baekhyun, encogiéndose de hombros.

Chen suspiró, derrotado, cuando Joonmyun se puso de pie y cogió su abrigo.

—No, Joonmyun-hyung, espera...

—Quizá encontréis a alguien que preste atención a una idea tan absurda —interrumpió Joonmyun—. Pero no seré yo, desde luego.

Chen se levantó y lo cogió de la mano para intentar retenerlo, pero su agarre no tenía fuerza suficiente y Joonmyun se zafó sin dificultad. Empezó a alejarse de la mesa sin mirar atrás ni una sola vez, pero todavía escuchaba la voz quejumbrosa de Baekhyun al alcanzar la puerta.

—Todo estaba tan bien explicado en el dossier... Y ni siquiera lo ha leído. ¿Sabes cuánto me costó hacer ese dossier?