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SUGQUENCH

Summary:

Historia basada en la película Saltburn. Crowley y Azirafel deben infiltrarse en la mansión de una familia aristocrática.

** Este fic transcurre en un tiempo anterior a la primera temporada de Good Omens pero también contiene información que aparece en la segunda temporada.

Chapter 1: Azirafel tiene un mal presentimiento

Chapter Text

No había nada que pudiera dar pie a una confusión ni a una interpretación equívoca, ninguna sutileza del lenguaje que pudieran utilizar a su favor. Las instrucciones eran claras y minuciosas. Casi parecía que ambos bandos se hubieran puesto de acuerdo a la hora de redactarlas.

- Bueno… Tampoco es la primera vez que nos vemos en una situación como esta.

- ¿Tú crees?

La voz de Azirafel sonaba lúgubre. No había ni rastro del entusiasmo ni de la luz que eran habituales en él. Incluso su cara parecía oscurecida por una sombra de profunda inquietud. Sus facciones redondeadas estaban crispadas en un gesto que, cualquiera que no le conociera, calificaría como enfado. Mantenía la mirada clavada en la superficie grisácea del estanque y su cerebro parecía estar dando intrincadas vueltas a unos pensamientos nada agradables.

Crowley se revolvió, incómodo, en el banco. No le gustaba nada ver al ángel así. La actitud que estaba mostrando ante las recién llegadas órdenes le provocaba un desasosiego y un peso en el estómago francamente molestos.

- ¿Se puede saber qué te pasa? - Preguntó, irritado - En realidad, la cosa no puede ser más sencilla. Nos colaremos en una mansión, viviremos una temporada rodeados de gente pija, cada uno hará lo suyo sin estorbar al otro y, al final, pasará lo que tenga que pasar.

- No, no será igual - Respondió Azirafel, moviendo sólo los músculos que resultaban imprescindibles para hablar.

- ¿Por qué no? A ver, ¿por qué no va a ser igual? - El demonio acompañó sus preguntas de amplios aspavientos y alzó la voz más de lo necesario para hablar con alguien a quién tenía a su lado - Explícame a qué viene esa cara tan larga porque, francamente, ¡me estás poniendo de los nervios!

Encima, el tiempo no ayudaba nada a mejorar los ánimos. Era un día absolutamente inglés. 

El cielo estaba herméticamente encapotado, las nubes dejaban pasar la luz estrictamente necesaria para diferenciar el día de la noche, hacía frío y el aire era húmedo. Incluso los patos parecían estar de mal humor. 

Azirafel dejó escapar un largo y profundo suspiro antes de responder al demonio y, tampoco entonces, apartó los ojos del agua.

- No lo sé, Crowley. Tengo… Un mal presentimiento.

- ¡Un presentimiento! - Repitió Crowley, con desprecio - ¿Ahora trabajamos así, guiándonos por “presentimientos”? ¡Deja de decir tonterías! Eres un ángel, y los ángeles NO tienen presentimientos - El demonio acompañó sus palabras trazando un arco en el aire con el brazo izquierdo en un enérgico gesto de negación.

- Gracias por recordármelo, Crowley. Me quedo mucho más tranquilo - Respondió Azirafel, con una voz cuya falta absoluta de entonación dejaba claro que estaba siendo sarcástico.

- ¡Bueno, ya está bien! - Saltó el demonio, que no estaba acostumbrado a que Azirafel le hablara con aquel descaro - ¿Por qué te preocupas tanto? Nos han marcado el mismo objetivo, ¿y qué? - Crowley se giró para mirar al ángel mientras hablaba - Te comportas como un paranoico y, la verdad, ¡tu actitud me está tocando mucho las narices! ¿Qué pasa? ¿Acaso sabes algo que yo no sé?

Azirafel volvió a suspirar, compungido, y cerró los ojos como si quisiera evitar la visión de algo profundamente desagradable.

- No, no es eso Crowley. Lo siento, es que… - Volvió a abrir los ojos y frunció el ceño. Se le veía francamente agobiado - Estoy seguro de que va a pasar algo malo. No me preguntes el qué ni por qué, pero… Lo sé.

Esta vez fue Crowley el que soltó un bufido de exasperación.

- Mira, angelito, siento ser yo el que te lo recuerde, pero… Que ocurra algo malo para ti suele ser bueno para mí.

- ¡Tú no quieres que pase ESO! - Respondió Azirafel, ahora indudablemente enfadado, mirándole directamente a los ojos.

- ¡¿Otra vez?! - Crowley se había puesto de pie casi de un salto. Estaba claro que la última afirmación del ángel había terminado con su poca paciencia - ¡Llevas seis mil malditos años con la misma cantinela y estoy harto de tener que repetírtelo! ¡¡TÚ no sabes nada sobre lo que YO quiero!!

- ¡Claro que lo sé! - Azirafel se puso en pie igual de airado que el demonio, y se enfrentó a él - ¡Y si te enfadas es porque sabes que lo sé! ¡Llevas seis mil años demostrándome que lo sé!

- ¡Tonterías! - Chilló Crowley, agarrando al ángel por las solapas. Si hubieran tenido alguna pared cerca, le hubiera estampado contra ella - ¡Te lo repetiré una vez más y espero que sea la última! ¡Soy un DEMONIO! ¡No soy bueno, ni misericordioso, ni ninguna de las chorradas que tú insistes en creer! ¡No queda nada en mí del ángel al que conociste! ¡Soy un demonio y lo que quiero es ver el mundo arder!

- Ya… - Dijo Azirafel, dirigiéndole una media sonrisa y una mirada cargadas de ironía - Seguro que Job estaría de acuerdo sin reservas con lo que acabas de decir. Igual que sus hijos y sus… cabras.

Crowley apretó los dientes e hizo un movimiento brusco con el brazo. Parecía que el ángel corría auténtico peligro de recibir un puñetazo en plena cara pero, en vez de eso, lo que el demonio hizo finalmente fue agarrar con más fuerza el abrigo de Azirafel y acercar su cara a la del ángel hasta que sus narices casi se tocaron.

- Muy bien, angelito. Voy a demostrarte lo equivocado que estás - Siseó, todavía con los dientes apretados - Pienso destrozar a esa familia. Voy a sumirles en tanto dolor y caos, que en el Infierno me recibirán con una alfombra roja.

- Mientes… - Susurró Azirafel - …como el demonio que eres.

Con un fuerte empujón, Crowley le apartó de su lado.

- ¡Te lo demostraré, ángel! - Gritó, mientras se alejaba de él a grandes zancadas - ¡No te vas a creer de lo que soy capaz! ¡Prepárate!

- ¡Muy bien! - Gritó también Azirafel - ¡Hazlo, entonces! ¡Te reto!

Como vio que Crowley seguía caminando sin hacer caso de sus palabras, Azirafel resopló con rabia y dio media vuelta, marchándose en dirección contraria a Crowley.

¡Qué molesta era la costumbre del Cielo y el Infierno de ir tras los mismos objetivos! ¿Acaso no podía ir cada bando a lo suyo y dejar en paz al otro, como hacían él y Crowley? Nada bueno iba a salir de aquello, estaba seguro, pero… Si el demonio había decidido emplearse a fondo en aquella misión, él no pensaba ser menos.




Tres días después, el Sr. Fell se presentó en la magnífica mansión de Sugquench para empezar su nuevo trabajo.

La casa era realmente impresionante, un casoplón construído en la época de la Revolución Industrial, con magníficos jardines, piscina exterior e interior, cancha de tenis privada y unas veinte personas ocupadas en el servicio doméstico. Sólo la puerta principal, de doble hoja, hecha de madera y hierro forjado, ya causaba impresión.

Azirafel no se dejó amedrentar. Subió con decisión y una sonrisa en los labios la escalinata de piedra llevando en la mano izquierda la pequeña maleta que constituía todo su equipaje. Se ajustó la pajarita y se pasó una mano por el pelo para asegurarse de que su aspecto era impecable. Estaba a punto de llamar al timbre pero, cuando levantó el brazo…

- Bienvenido Sr. Fell. Justo a la hora en punto. Le estábamos esperando.

Las puertas se abrieron y en el umbral apareció, con el pelo pulcramente peinado hacia atrás y vestido con una elegante librea negra, su archinémesis.

- Mi nombre es Anthony J. Crowley y soy… El mayordomo de los Fairchild - Dijo, con una amplia sonrisa de satisfacción.

Azirafel frunció los labios en una mueca de fastidio.

- Así que mayordomo, ¿eh?

- Pues sí. El puesto quedó libre y no dudé un instante en ofrecer mis servicios a tan ilustre familia - Dijo Crowley, sin dejar de sonreír - Y ahora, si hace el favor de seguirme, Sr. Fell, le mostraré la casa.

El ángel, todavía con cara de pocos amigos, entró en el majestuoso recibidor. Crowley cerró las puertas y echó a andar con sus pasos cimbreantes. 

- Por aquí, Sr. Fell.

- Ya está bien la broma, Crowley. 

El sonido de los pasos de ambos repiqueteaba en las paredes de piedra y los altos techos. De no haber sido la situación tan incómoda, la decoración hubiera entusiasmado a Azirafel. Muebles de maderas nobles, antigüedades, escudos de armas… 

- Vaya… Noto cierta incomodidad en tu voz, angelito. ¿Se debe, acaso, al hecho de que voy a ser tu jefe?

Azirafel gruñó por lo bajo. Su trabajo iba a consistir en ser el nuevo ayuda de cámara del joven Sr. Fairchild, el hijo mayor de la familia. Como mayordomo, Crowley quedaba al mando de todo el servicio de la casa de modo que, sí, iba a ser su jefe.

- ¿Qué le ha pasado al antiguo mayordomo? 

- Desapareció cierta cantidad de dinero que, finalmente, encontraron en su habitación - Contestó Crowley, sin mirarle - Pillarle robando tras quince años de servicio. ¿Te lo imaginas? Un asunto muy desagradable.

- Qué treta tan vulgar - Respondió Azirafel con desprecio - ¿Y a la familia le parece bien que combines el uniforme con tus gafas de sol?

- Les he dicho que padezco fotofobia. A la señora le pareció adorablemente peculiar y opina que me dan “un aire de misterio muy interesante”. Y, ya que lo has mencionado, ¿qué pasó con el antiguo ayuda de cámara?

- Un desafortunado ataque de apendicitis. Estoy cubriendo su baja médica. Podrá reincorporarse en cuanto yo termine mi misión.

- Muy considerado por tu parte.

Crowley le hizo un pequeño “tour” por la mansión mostrándole las estancias más importantes, la cocina, la lavandería, etc., con un tono altanero que provenía del hecho de haber llegado tres días antes y jugar con cierta ventaja, aunque esta no fuera muy grande. Azirafel se pasó todo el rato intentando encontrar algún comentario sarcástico e hiriente que lanzarle, pero no se le ocurrió nada.

- Vamos, alegra esa cara, angelito. Aún no te he enseñado lo mejor. 

Crowley continuó caminando alegremente seguido por un enfurruñado Azirafel, que esperaba otra nueva broma para fastidiarle, hasta que el demonio-mayordomo se detuvo ante una elegante puerta doble de madera maciza.