Work Text:
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"Para Lady Portia Featherington.
Siempre me pregunte como era posible que una madre sea tan cruel con su hija, con alguien de su sangre, también como es que favorecía a solo dos de sus tres hijas cuando se supone que deberían valer igual. Me dolía tanto hacerme esa pregunta todos los días desde que era una niña y comparaba como las demás madres actuaban con sus hijos. La que mayor comprensión de como debería ser una madre fue Lady Violet Bridgerton. Ella apesar de tenér tantos niños no dudó en tratarme igual que ellos, me acogió como una más. Me consoló cuando estaba triste, me felicito cuando hacía algo bien, incluso me decia lo hermosa e inteligente que era, Lady Violet hacia todo eso cuando la que se supone es mi madre solo me reclamaba por llorar, me insultaba por hacer algo que no era incorrecto, nunca me felicitaba por algo, ni siquiera cuando aprendí a leer mucho mejor que mis hermana mayores.
Trate de no pensar que tal vez mi propia madre me odiaba, pero ¿como no hacerlo? Si incluso llego a decir en mi cara que desearía que fuera diferente.
¿Cómo es posible que otra mujer me tratara mejor que mi propia madre?
Me dolía tanto, hasta que un día escuche a alguien decir que un Lord llevo a su hija bastarda a crecer junto con su esposa e hijos, que la esposa de este Lord odia a la niña por solo existir. Fue entonces cuando me di cuenta que no era su culpa Lady Featherington, pensé erróneamente que usted me odiaba a pesar de ser su hija, pero ahora se que me odia porque en realidad no soy su hija, era imposible que una madre odiara a su propia hija. Me sentí aliviada, y tan rota al mismo tiempo. Usted era incapaz de amarme porque era solo una bastarda que no nació de su vientre.
Así que tome una decisión, no tendra que verme más, ya no tendrá que cargar con un hija que no es suya, solo serán usted y sus dos únicas, y legitimas, hijas. Yo me marchare de Mayfair así no tendrá que verme más.
Aunque no me amaban, y nunca lo harían, me gustó haber tenido a quien llamar madre y hermanas.
Que tenga la felicidad y tranquilidad que arruine con mi llegada.
Atentamente
Penelope (la no grata) Featherington"
Tras leer el final de la carta, Portia, cayó sin gracia en el asiento de su oficina, sin saber que clase de broma era esta. Apretó la carta y le levantó en busca de su hija menor, no sabía que clase de mal chiste quería hacer pero algo como esto era demasiado.
Corrió sin decoro y con ira hacia la habitación de Penelope. Abrió las puertas con furia lista para gritarle cuán disgustada estaba con esta broma horrible, sin embargo se detuvo al no encontrarla en su habitación, la cual parecía más vacía de lo normal, miro rápidamente para darse cuanta que faltaban las plumas y cartas, las cintas, flores y adornos en el escritorio que tanto le gustaban a su hija. Trago saliva cuando camino suavemente hacia el guardarropa, con manos temblorosas abrió las puertas solo para notar que faltaban muchas de las prendas que nunca la dejó usar, capas y zapatos.
Con ahora el corazón desbocado y con el rostro pálida salió apresurada gritando el nombre de su hija menor, miraba de habitación en habitación, inclusos sus otras hijas salieron a ayudarla sin saber la razón de su desesperada búsqueda por su hermana.
Cuando las tres bajaron a la estrada de su hogar, su más confiable doncella, Vardey, les dijo que Penelope salió temprano con una pequeña maleta sin decir nada y se subió a un carruaje de alquiler. Apenas terminó de decir eso todo quedó en silencio, Portia podía ver a sus hijas gritando y preguntando pero ella simplemente no podía escuchar nada. Ni siquiera reaccionó cuando Violet Bridgerton, seguida de su hijo vizconde, irrumpió en su casa y la agarro por un brazo mientras agitaba una carta en su cara con la otra.
—¡Portia Featherington!
La bofetada que recibió la hizo volver en si, incluso asi solo pudo ver a la Viuda Bridgerton antes de caer en el suelo incapaz de sostenerse, antes de abrir nuevamente la carta que encontró en su escritorio.
"... ya no tendrá de verme más..."
Penelope. Su Penelope. Su hija menor. Su niña pequeña...
—Mi bebé ya no esta.
Y lloro, como nunca había llorado, sabiendo que su hija se fue, y fue únicamente su culpa.
