Actions

Work Header

Once Upon a Time

Summary:

Érase una vez en una ciudad muy bonita, donde aún no existía el Ladrón de Ángeles, por lo que todos vivían en paz.

En ese entonces los adolescentes tenían vidas tranquilas, aunque algunos pasaron por momentos complicados y otros..., digamos que tuvieron momentos entretenidos.

---------------------------

Serie de oneshots precuela de Angel Thieves

Notes:

Warning | Ligero OoC, slice of life, fluff.

Resumen | Caín le hace una promesa a sus hermanos.

Personajes | Caín, Cid, Aspros, Defteros, Manigoldo, Ilias, Sísifo, Minos, Youma, Dohko, Shion & Bennu.

Chapter 1: Capítulo 00 — Prólogo

Chapter Text

------------------------------------------------------

 


Esa lejana tarde el adolescente caminó por el amplio jardín de la hermosa mansión. Sus pasos lentos lo llevaron por la grava mientras deslizaba la mirada dorada en las distintas flores que decoraban el lugar tan encantador.

Lirios, azucenas, claveles, violetas, rosas, peonías, orquídeas, azaleas, dalias, crisantemos, aves del paraíso, hortensias, bugambilias, la lista era interminable. Las múltiples jardineras parecían a punto de reventar, y los viejos árboles que rodeaban el sitio eran los amables centinelas que les otorgaban sombra.

Como si estuviese enamorado de la vida misma danzó despreocupado con sus brazos extendidos,  apreciando con todos sus sentidos ese remanso de paz. Lo disfrutaba. Cada rincón de aquel jardín era su paraíso personal.

Agotado de dar vueltas se tiró en el césped bien recortado, sonriendo al sentir su frescura en la nuca y extremidades, las cuales no dudó en estirar con languidez y total despreocupación.

Estaba cómodo.

Poco rato después, las risas de la manada de chiquillos invadieron el sitio, eclipsando el sonido de los pajaritos que saltaban de rama en rama y los colibríes que pululaban cerca de las flores. Lejos de enfadarse por el bullicio inesperado, Caín sonrió amplio.

Aspros y Defteros se acercaron corriendo mientras reían por la travesura que acababan de perpetrar. Detrás de ellos iban sus amiguitos inseparables, apoyándolos con sus risas chillonas y gritos agudos, pletóricos por su triunfo en el asalto previo.

—¿Qué te pasó, Bobo? —preguntó un curioso Aspros, cuando vio a su hermano mayor desparramado a mitad del jardín.

—¿Te caíste? —Secundó Defteros, claramente preocupado por la desgracia de su hermano.

Caín empezó a reír con ganas y giró a verlos. Manigoldo, Sísifo, Youma, Shion, Dohko, Minos y Cid lo miraban de vuelta con infinita curiosidad.

—No me caí, Nutrioso, no te preocupes…, solo disfruto —murmuró con una sonrisa encantadora, llamándolo por el cariñoso mote que le puso desde hacía años.

Para él, Defteros era una mezcla adorable de nutria y osezno.

Ilias, que fue el último en unirse al grupo, se acercó a Caín y sin dudarlo se tendió a su lado y lo sostuvo de la mano perdiendo su mirada en el follaje de los árboles. Los chicos, que aún no superaban los once años, de inmediato lo imitaron. Entre risas se tendieron donde mejor les pareció, descubriendo que apreciar el jardín desde esa perspectiva no estaba nada mal.

De nuevo la tranquilidad ocupó su lugar, acompañada del suave murmullo de las ramas de los árboles al mecerse al compás del viento, junto al canto perpetuo de las aves.

Al buen rato Manigoldo se quedó estático, incluso contuvo la respiración cuando una mariposa colorida se posó en su mano. Le encantaba cazarlas, pero era la primera vez que se le acercaba una por cuenta propia. Minos observaba al insecto con curiosidad antes de animarse a acercar el dedito con mucha cautela y sigilo, y lo dejó cerca esperando a que la mariposa decidiera posarse en su falange.

Shion y Dohko empezaron a buscarle formas a las nubes, señalando las mismas con sus deditos llenos de chocolate y migajas, esa poca evidencia que quedaba de las galletas que acababan de asaltar.

Cid cerró los ojos al sentirse tan relajado, ignorando las cosquillas y piquetes que el césped le provocaba en las piernas. De pronto tenía sueño y pensó que ese lugar era excelente para dormitar.

Youma miraba una mariquita paseando sobre las flores blancas que estaban a un costado, entretenido con el paseo errático del vistoso bicho con leves soplidos la empujaba para hacerle cambiar el rumbo.

Sísifo había quedado boca abajo, apoyado sobre sus codos, mientras meneaba con pereza las piernas flexionadas. Un caracol diminuto que escalaba en las hojas de los lirios llamó su atención. Quería ver hasta donde llegaba.

Defteros se tendió usando el abdomen de Caín como almohada, quien distraído empezó a enrollar sus rizos desordenados entre los dedos. Eso le encantaba, el pequeño disfrutaba de la caricia que desde siempre le parecía reconfortante.

—¿Y qué se supone que miramos, Caín? ¿Las flores o las nubes? —preguntó Aspros.

Él también estaba a un costado de Caín y su gemelo, y ya había notado que cada uno se encontraba entretenido con algo distinto.

—Lo que más te guste, Pandachito. Lo único que tienes que hacer es apreciar la belleza de lo que tienes frente a tus ojos —explicó con paciencia al niño que él pensaba era una mezcla de panda con mapache.

El chiquillo se quedó reflexionando por unos instantes mientras distraídamente arrancaba un par de hojitas del césped.

—Lo que más me gusta es verte sonreír —resolvió tras pensarlo bien.

—A mí también me gusta verte feliz —apoyó Defteros, que distraído se rascaba la punta de la nariz.

—Y yo adoro escuchar sus risas —concedió sin perder la expresión risueña—. Por eso quiero que me prometan que siempre serán felices.

Los pequeños gemelos asintieron sin dudarlo. A su lado, en ese instante, esa promesa parecía muy fácil de cumplir.

—Tú también tienes que prometerlo, Bobo —añadió Aspros.

—Se los prometo —dijo sin pensarlo. Caín ensanchó su sonrisa y se quedó mirando al follaje—. Los tres seremos felices y siempre estaremos juntos… Nada ni nadie podrá separarnos nunca.

Aspros y Defteros asintieron mientras aseguraban que jamás romperían esa promesa, por el contrario, pensaban cumplirla a toda costa.

Bennu, el jardinero, observaba la tierna escena desde la parte alta de la escalera colocada a un costado. Desde hacía rato fingía estar ocupado con la poda de algunas ramas de los árboles, eso luego de asaltar el teléfono del adolescente.

Con discreción, sonrió enternecido al pensar que Caín era capaz de cumplir con esa promesa infantil, mientras les tomaba algunas fotografías sin que ellos se dieran cuenta. Cuando tuvo suficientes, bajó de la escalera y tomó otras fotos desde distintos ángulos antes de dejar el teléfono de Caín sobre la mesa.

------------------------------------------------------