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Cuestión de confianza

Summary:

Doce años después del 5x13. Brian y Justin viven en Britin con Gus. Son una familia feliz, con la dosis de drama inevitable mientras Brian sea Brian, Justin sea Justin y un adolescente enrede los hilos.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter Text

GUS POV

_Necesito tu ayuda.

Debo sonar bastante angustiado, porque Justin se gira de repente, alargando más de la cuenta la línea amarilla que divide el lienzo casi por la mitad pero no por la mitad. Suelta el pincel. La pintura aún no ha tocado el suelo cuando llega a mi lado arrastrando un taburete.

_Tranquilo_ asiento, aunque sé que personifico la antítesis de ese concepto. Justin me empuja sobre el taburete. Creo que está preocupado. Puede que sea porque mis rodillas se empeñan en temblar de forma embarazosamente visible. O porque la última vez que miré mi cara, reflejada en la ventanilla del coche, estaba tan lívida como si acabara de beber una botella de vinagre_. Cuéntame qué ha pasado.

_Yo… Es que… _Quiero soltarlo. Bueno, no quiero, pero no es el tipo de información que pueda ocultar_. ¡Dios! ¡Voy a morir!

Sollozar cual nenita asustada destroza la imagen de tipo duro y adulto que normalmente me esfuerzo por cultivar, pero, pshhhhh…, no es como si el mundo fuera a seguir girando.

_Vale, vale. Respira. Sea lo que sea, lograremos que sobrevivas. _No afirmes tan a la ligera, rubito_. ¿Quieres que llame a tu padre?

_¡No!

Intercepto la muñeca de Justin a milímetros del teléfono. ¿Diecisiete años es pronto para un infarto?

_De acuerdo. Nada de llamadas. Mantengamos la calma _dice con atisbos de rondar el ataque de nervios. No le culpo, el papel de responsable no es muy envidiable en ocasiones como esta_. ¿Qué ha pasado?

_Yo… bueno… Es que… todo ocurrió… Yo no quería. En ningún momento fue mi intención, lo juro.

_Tendrás que ser más locuaz, para que te ayude a deshacerte del cadáver.

Supongo que cree que una broma quita hierro a la situación. Cree mal.

_En este jardín hay sitio de sobra para enterrar un cuerpo. Ojalá fuera tan fácil como eso.

_Así que no hay cadáver. Al menos descartamos una hipótesis. _Otra nota de humor en saco roto_. ¿Heridos?

_No.

_¿Problemas legales? ¿Multas, detenciones?

_No.

_¿Juego? ¿Apuestas?

_No.

_¿Drogas?

_No. _Es decir, hoy no.

_Fantástico. ¿Dónde está la tragedia entonces?

Está sentado frente a mí, en el suelo, con las piernas cruzadas. Le veo casi confiado, como si pensara que estoy exagerando porque no hay sangre ni policía. Parece tan aliviado que me da cierta lástima sacarle de su error. Quizás especula con que se trata de un lío amoroso o una catástrofe para mi vida social en el instituto. Pensándolo bien, no iría tan desencaminado. Al fin y al cabo, todo empezó por ahí.

_Yo solo quería presumir un poco. Casi todos los de mi curso tienen coche, como tantas veces os he dicho. Normalmente no me importa. O sea, si me importa, pero ¿qué voy a hacer? Papá jura que no habrá coche hasta que consiga ahorrar para uno. Y con la paga de taquillero en el cine, cuando eso ocurra ya no necesitaré conducir porque se habrá inventado la teletransportación.

Reconozco que me estoy haciendo un poco la víctima, para allanar el terreno. El trabajo en el cine no es tan horrible. No me hará rico, pero veo las pelis gratis y cuelo a quien selectamente me apetece. Además, en el fondo sé que papá no pretende que compre el coche con esa miseria de sueldo. Cuando vea que soy capaz de implicarme y ahorrar por mí mismo, él pondrá lo me que falte. O eso espero. O eso esperaba hasta hoy. Ahora me conformo con que elija un método rápido e indoloro para asesinarme.

_Gus, hemos hablado de esto antes. Yo no puedo convencer a tu padre para que te compre un coche.

Corrección: si puedes, pero no te da la gana. No te critico, te comprendo y tal, pero no usemos eufemismos. Aunque no es el tema de este momento.

_El problema es Tim Cerebro-de-rata Dickson.

_El viejo Cerebro.

Justin lleva meses escuchando mis historias sobre Cerebro-de-rata. Famoso entre el grupo de animadoras, capitán del equipo de atletismo y experto en chistes escatológicos. El apodo sólo es oficial entre mis (dos) amigos y yo.  No tengo nada contra él, excepto que necesita alguien a quien humillar y me resisto a ser ese alguien.

_Últimamente manteníamos una mutua y feliz ignorancia, pero hace poco estrenó coche. No es que sea una pasada, un Ford de gama estándar, pero es un coche. Regalo de cumpleaños. Se ve que su padre es uno de esos, de esa gente que compra coches a sus hijos sin obligarles a buscar empleos basura. _Inmune a mi fina ironía, Justin levanta las cejas apremiándome a llegar al meollo_. El coche le proporciona un nueva baza para meterse conmigo.

_Alguien que considera un coche como baremo para medir a una persona, no merece la pena_ sentencia en un muy conseguido doblaje de la Doctora Quinn.

_Por eso es Cerebro-de-rata y no Futuro-premio-nobel. ¿Crees que elegimos los motes al azar? _Adultos. ¿Quién sabe qué pasa por sus cabecitas?_ El lunes yo estaba en la parada del autobús, cuando él pasó con su coche, metiendo sus ruedas de tercera en un charco al borde de la acera. Me empapó hasta las orejas.

_Quizás lo no hizo adrede.

Claro, y Britney Spears es virgen.

_Bajó la ventanilla e hizo esto. _Pliego todos los dedos menos el corazón_. Yo no podía dejar pasar el asunto. Medio instituto lo vio. Algunos lloraban de risa y el resto, aún peor, me lanzaba asquerosas miraditas de lástima. Tenía que responder de alguna manera, o cargar con la etiqueta de pringao hasta el asilo. ¿Me entiendes?

_Sí, pero…

_Pues eso. Como no soy violento, _y dado que Cerebro está bastante más cachas que yo_, busqué una venganza más sibilina.

_¿Concretamente cuál?

_Solo quería fardar un poco. _Saludos de nuevo, amiga taquicardia_. Esta tarde había un partido y todo el mundo estaba allí. Mi plan era simple: aparcar un coche de verdad al lado de su mediocre utilitario, bajar de ese coche y ya. Nada más. Mi honra quedaría a salvo y Cerebro preferiría masticar su propia lengua antes que volver a mentar su coche en mi presencia.

¡Joder, es que realmente era sencillo e inofensivo! Habría devuelto el coche pulcramente al garaje y papá y Justin no se habrían enterado jamás. ¿Quién prevería que algo se torcería un poquiiiito?

_No sigas. Cogiste el coche sin permiso.

_Sé que hice mal y lo siento, es que…

_Bah, tampoco es para tanto. _¿Eing? Piiii, nave nodriza llamando a Justin_. Aunque si necesitabas mi coche, podrías habérmelo pedido.

Vale, no es por ofender, pero un monovolumen que antepone comodidad a diseño, adecuado para transportar materiales de pintura, no es mi idea de “coche para fardar” en el instituto.

_No exactamente tu coche.

_Oh, oh. _Error de calibre, ya que su voz es de “oh, oh, problemilla” y no “oh, oh, debacle”_. Has cogido el corvette a espaldas de Brian y le has hecho alguna pifia.

_¿Y lo dices tan campante? ¿No me aconsejas exiliarme a Mongolia los próximos cuarenta años?

_No es para tanto. _Ríe, para mi desconcierto. Se nota que no es su cuello el que corre peligro_. Tu padre y tú os parecéis en muchas cosas y una es vuestra reina del drama interior. Vayamos a ver el desaguisado. _Le sigo por el pasillo mientras continúa su muy optimista cháchara_. Cierto que Brian ama su coche hasta extremos delirantes, pero tampoco es tan malvado. Yo te ayudaré a ablandarle. _Se gira hacía mí con un guiño de ojo. Abre la puerta del garaje_. Por un rayoncito de nada…

Entra. Le sigo dos prudentes pasos por detrás. Silencio.

_¿Justin?

Más silencio.

_Retiro lo dicho. No puedo ayudarte. Nadie puede. Tramita lo de Mongolia.

_¡Ya eres cómplice! Lo dicen en CSI: si ves al muerto, estás en el ajo.

Una fórmula menos patética que lanzarme a sus pies y suplicar que por favor, por favor, por favor, me ayude a salir de ésta. Justin frota su cara con las manos y separa un poco las piernas, afianzando ambos pies en el suelo. Suspira. Ya lo suponía. Que no me dejaría tirado. Por eso recurrí a él. Nuestras cuatro pupilas clavadas en el corvette. La esquina izquierda del frontal está hundida como un acordeón, provocando que la tapa del capó se levante, asemejándose a un ala de pollo incapaz de acoplarse al cuerpo. Ni rastro de luces o bombillas, cercenadas de los cables que cuelgan en el hueco donde antes hubo un faro.

_Había quejas porque el parking del instituto estaba mal iluminado. Han puesto más farolas.

_Cualquiera puede tener un accidente, no se trata de eso. Se trata de que utilizabas el coche de manera “ilegal”. _Dibuja innecesarias comillas con los dedos_. ¿Por qué diablos no se lo pediste?

Hola, Justin, ¿conoces de algo al tipo con el que te acuestas?

_Una vez le insinué que me dejara conducirlo. Me contestó que por supuesto, y que luego nos acercaríamos a la Casa Blanca para que el presidente nos hiciera una mamada en el despacho oval.

_¿Te dijo no una vez y te rindes? Los jóvenes de hoy sois tan flojos. _Vuelve a suspirar y a pasarse las manos por la cara, como si el corvette fuera a aparecer intacto tras frotarse los ojos_. Coger el coche sin permiso ha sido una estupidez.

¿No fastidies? Me admira tu capacidad de análisis.

_¿Y qué querías que hiciera? Ya te he contado lo que pasó.

_Deberías habernos dicho que ese chico te molestaba. Brian y yo habríamos hablado con el director y…

_¡Eso, mis papis quejándose al director! ¿Quieres convertirme en un paria social?

_No quedará mucho de tus relaciones sociales dentro de mil años, cuando termine tu castigo.

_¡Creía que ibas a ayudarme con eso!

_Confórmate con que salve tu vida. No soy un maldito mago. _Exhalación de aire al unísono_. Haremos lo siguiente: ahora mismo llevamos esta desgracia al taller. Por suerte, Brian estará en Nueva York casi dos semanas. Cuando regrese, su amor motorizado le esperará en el garaje, entero y reluciente como si nada hubiera sucedido.

_¡Perfecto!

¡Sí, sí, sí! Juro que deseo abalanzarme a sus brazos.

_Pero… _mierda_, luego le contarás lo que ha pasado.

_¿Qué? _Retiro lo del abrazo_. Entonces, ¿para qué sirve arreglar el coche sin que se entere?

_No digas tacos. _Estoy a punto de añadir “que te jodan”, pero mi vulnerable situación me aconseja reprimirme_. Sirve para minimizar el impacto. Si Brian encuentra esto, Mongolia no estaría suficientemente lejos para ti. Es muy distinto que vea el coche impoluto y, después, en un momento que tú elijas por su especial buen humor, le cuentes tu particular y ligeramente dulcificada versión.

Primero pulamos la fase de arreglar-el-coche-antes-de-que-papá-regrese y luego ya veremos.

_No entiendo qué ventaja hay en que lo sepa. Una vez que el coche esté reparado, ¿qué más da?

_Es afrontar un problema con inteligencia. Intentar eludir dicho problema, sería una cobardía. _Además de una temeridad, porque papá podría descubrirlo tarde o temprano, por muy perfecto que sea el trabajo del mecánico. Esto último sí es un motivo de peso_. Hazlo como quieras y cuando quieras. Por mí, como si le emborrachas ex professo, pero tienes que contárselo. ¿Lo prometes?

_Como si tuviera alternativa.

_Es más grave de lo que piensas. No por el coche. Alguien podría haber resultado herido.

_Pero no ha resultado.

_Es una cuestión de confianza, joder.

_¿Ser el adulto te da la patente para decir tacos?

Me saca adultamente la lengua.

_Tu padre confía en ti. No puedes engañarle y limitarte a rezar para que no lo descubra. Merece tu sinceridad.

Si hay algo que odio más que el tonito de “tengo razón” de Justin, es que lo utilice cuando realmente tiene razón. Lo que sucede a menudo, siendo sincero. Así que simplemente gruño como respuesta.

_Definitivamente idénticos_ farfulla él.

 

JUSTIN POV

Todo esto me pone bastante nervioso. No es exactamente un engaño, porque Gus ha prometido que se lo contará. Algún día. Tampoco es exactamente mentir, porque Brian no me  preguntará: “Ey, ¿por casualidad estás encubriendo a mi hijo después de que estampe mi coche?” He actuado con responsabilidad. Mi plan es la forma más conveniente de solucionar este entuerto. Así que, ¿por qué no desaparece esta comezón extraña? Una especie de mal presagio de vieja agorera.

Con ánimo de apaciguar a mi revuelto estómago, tengo al fuego una tetera con infusión de “camomila silvestre con suaves notas de lavanda y romero”. Esa tienda delicatesen que frecuenta Brian tiene cosas realmente gays. El borboteo del hervido cesa y oigo a Gus hablar por teléfono en el hall. Raro. Más que charlar, mantiene una sucesión de monosílabos.

_Sí (…) Sí (…) También (…) Como siempre (…) Sí (…) Nada (…) No (…) Sí (…) Sí (…) No (…) Lo sé (…) He dicho que nada, ¿por qué tendría que pasar algo? (…) Sí (…) ¿Justin? Ehhhh, no puede ponerse (…) Porque... está en la ducha (…) Después tampoco (…) Comentó que se iría a dormir enseguida, mejor no le llames (…) Se lo diré (…) Adiós, papá.

_¿Por qué le has dicho que no puedo ponerme?

¿Y por qué me miras como si fuera una obviedad?

_No te enfades, pero no eres precisamente un as de la interpretación. Papá se olería la chamusquina en cuanto cruzarais tres frases. Os conozco.

_Tu tampoco has estado muy brillante_ preciso con una pizca de sarcasmo, porque ha estado incongruente de cojones.

_Yo soy un adolescente. Mis cambios de humor no significan nada en concreto. Eres tú quien no puede hablar con papá. Te pillaría enseguida.

And I Know… tarán tan tannn… It will be… tarán tan tannn… An easy rideeeee…

Mi móvil. Suena “Easy ride” de The Doors(*). Es el tono que tengo asignado a Brian.

And I Know… tarán tan tannn… It will be… tarán tan tannn… An easy rideeeee…

Camino hacia el teléfono, que se desgañita en la cocina.

_¡No lo cojas!

The mask that you wooooore… tarán tan tannn… Cruzo la puerta con Gus en mis talones. My fingers would explooooore tarán tan tannn… Logra adelantarme a centímetros de la isleta de la cocina. Voy a enviarle a su cuarto. Es suficiente con un histérico por planta en esta casa. The costume of controoooollll… tarán ta. Click.

_Lo siento_ se disculpa con el dedo aún en la tecla de colgar_. No hables con él, por favor_ suplica. ¿Tan poca credibilidad tengo como maestro del disimulo?

_Negarme a coger el teléfono durante dos semanas levantaría sospechas.

Arruga la frente. Creo que su súplica se está convirtiendo en frustración.

_Consecuencia de que le hayas acostumbrado a unas veinte llamadas al día.

_No nos llamamos veinte veces al día.

_Perdona si pierdo la cuenta. Son esas llamaditas de jijí, jajá, qué llevas puesto, dónde estás… _Intenta imitarnos, pero parece Emmett cotilleando con la dependienta de su boutique favorita_. ¡Sois peores que las chicas de mi instituto con sus novios!

_Cálmate. Aunque hable con él, no notará nada. Te lo prometo.

_¿No podéis comunicaros por e-mail? _suena a último recurso_. Mediante letra hay menos posibilidades de que te pille.

_¿Brian escribiendo e-mails? _Se me escapa una discreta carcajada. No pretendo burlarme de Gus y sus medidas desesperadas, pero… ¿Brian escribiendo e-mails?_ ¿Por qué no? O mejor, cartas manuscritas perfumadas.

Resopla dándose por vencido.

_No me sorprendería que algún día lo hicierais.

Sus rezongos se pierden escaleras arriba, aunque distingo la palabra “bolleras” en varios puntos de la diatriba. Adolescentes. Y lo de las veinte llamaditas de jijí-jajá-qué-llevas-puesto es una completa exageración. Sólo pasa un par de veces al día. Tres, a lo sumo. Vale, quizás cuatro. ¿Qué más da? Soy el adulto de esta casa. He trazado un plan responsable y apropiado y puedo llevarlo a cabo.

And I Know… tarán tan tannn… It will be… tarán tan tannn… An easy rideeeee…

Para mí The Doors estaba en el Pleistoceno musical, hasta que conocí esta canción cuando Brian puso un disco de ellos en el loft. Llovía a cántaros y fumábamos hierba. Una noche de reír por tonterías, intentar posturas acrobáticas para el sexo, no conseguirlas, volver a reír y acabar follando en el suelo según habíamos caído. Una noche de confidencias al humo de la marihuana. Algunas inconfesables, otras requiriendo salir de su escondrijo. Una noche memorable. A la mañana siguiente asigné el tono a sus llamadas y así continúa más de una década después. Ni siquiera lo cambié durante nuestras diversas ¿rupturas? “Easy ride”. Recuerdo algo que Debbie decía sobre a quién se le ocurrió que el amor fuera un viaje fácil. No importa si el viaje es fácil o difícil, es el camino lo que merece la pena.

The mask that you wooooore… tarán tan tannn… My fingers would explooooore tarán tan tannn…

Cogeré el teléfono. Será una conversación cotidiana y distendida. Voz normal, actitud normal, temas normales. Nada me delatará. Puede que me desvíe hacia el sexo telefónico para mayor seguridad. Ahí sí que no sospechará.

Todo bajo control. ¿Qué podría salir mal?

 

BRIAN POV

Que me cuelguen si no están ambos más raros que Debbie en un traje sin estampados. Renuncio a buscar causas coherentes a los arrebatos de un adolescente, así que con Gus no me devano los sesos, pero Justin superó esa fase hace años. O eso creía yo. Hace cinco días tuvimos una conversación de lo más surrealista. Era…, no sé, como si él leyera un guión de teatro, modulando exageradamente la voz, con preguntas y respuestas cliché. Constantemente propiciaba una sesión de sexo telefónico, aunque yo repetía que era un momento inadecuado para mí y necesitaba contarle algo importante sobre Kinnetik. Más tarde, cómodamente tumbado en mi suite del Trump Soho, con un exquisito whisky a mi vera y una erección prometedora, volví a llamarle para darnos ese orgasmo que tanto parecía ansiar, pero su teléfono estaba apagado. Mi mano y yo nos acordamos de ti, Sunshine, muchas gracias.

No soy un paranoico. Cualquiera tiene una mala noche, pero la situación se ha agudizado. Al día siguiente no conectó el dichoso móvil. Llamé a casa y Gus me dijo que Justin estaba visitando a su madre. Genial, si no fuera porque telefoneé a Jen, que muy amablemente se interesó por mi estancia en Nueva York y nos invitó a cenar a mi vuelta, quejándose porque hace semanas que no ve al descastado de su hijo.

Para rematar, recibí este mail:

“Todo bien. Ayer todo el día con mi madre. Hoy mucho trabajo.

Besos.”

No es sólo por la flagrante mentira, es que Justin no ha sido tan lacónico desde que se quedó afónico por una infección de garganta. He evitado llamarle desde entonces. Por mi salud mental y porque he venido a cerrar un negocio. No puedo distraerme como una colegiala con mal de amores. No es como si hubiera podido quitármelo de la cabeza de todos modos. No es como si no hubiera estado constantemente pendiente de mi móvil, por si acaso.

Hace unos veinte minutos, otra vez en mi suite, otra vez con whisky, pero sin erección y con un molesto reconcome interior, volví a llamar a casa. No quiero que Gus se vea en medio de nuestros jaleos, ni obligado a improvisar excusas, así que no pregunté por Justin. Gus tampoco le mencionó.

Así estoy. Con el vaso recién rellenado en una mano y el móvil en la otra. Sopesando si hacerlo o no. Él no desea hablar conmigo, así que no debería insistir. La libertad siempre ha sido nuestra máxima. Por otro lado, si el hombre con el que vivo huye de mí como de la peste, tengo derecho a saber porqué. Tengo derecho. Joder.

Aprieto su tecla de llamada rápida. Hay tono. ¡Bien! Una alegría desmesurada cosquillea en mis miembros. Uno, dos, tres, cuatro, cinco y me siento ridículo por mi efervescencia anterior. Impropia de mí. Seis, siete, ocho. Imagino “Easy ride” sonando al completo, el timbre aguardentoso de Jim Morrison inusitadamente vivaz en ese tema, alcanzando los oídos de Justin y él decidiendo ignorar. Nueve, diez, once. Buzón de voz.

Por fortuna, el mueble-bar dispone de un surtido abundante de analgésicos emocionales. Lo peor no son los recuerdos del innombrable violinista. Es agua pasada, aunque nadie garantizó que no volvería a suceder. Puede que mi maquinaria interna lo estuviera esperando. Puede que yo tenga parte de culpa. Debería facilitarle las cosas. Que suponga mi Armagedón personal es un daño colateral que escapa de su control. Eso es el dolor; pero el enfado, lo que me enerva hasta las entrañas, es que tras tantos años no tenga arrestos para decirme la verdad sin tapujos. Que me evite y se esconda. Es disculpable actuar así a los diecinueve, pero no pasados los treinta. O quizás espera para contármelo cara a cara.

Sí, eso debe ser. Supongo que no es el tipo de noticia que se da por teléfono.

Dejo mis pupilas vagar a través de la enorme cristalera. Esta habitación da al Este. Abajo chispea la selva luminosa del Soho. Un poco más lejos, una sombra horizontal dibuja el río, interrumpido por las columnas cableadas del puente de Brooklyn. Mi memoria desgrana una tarde con Justin. Un fin de semana de visita y una foto frente al puente. Él rechistaba, mascullando que hay suficientes puentes en Pittsburgh. Acababa de mudarse aquí y yo me esforzaba en convencerle de que aguantara un poco, de que esta ciudad no es tan terrible y, si lo era, él no debía dejarse amedrentar por ella. Ha pasado una eternidad. Sostengo mi mirada, hasta que el skyline de la ciudad se humedece y difumina.

¿Qué mierda espero? Tengo agenda para los próximos días aquí, pero nada inaplazable. Me aclaro la garganta con mi fiel amigo etílico, antes de llamar a Cynthia para que me consiga el primer asiento disponible en un avión hacia Pittsburgh.

Mejor afrontar el golpe cuanto antes.

(*): “Easy ride” de The Door: https://www.youtube.com/watch?v=H14lSg-tx9E