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Un gran sueño hecho realidad

Summary:

Oda y Yosano adoptan a los cinco huérfanos.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

 

 

La boda fue una ceremonia sencilla pero emotiva.

Oda no había llevado un traje negro en su vida, ni siquiera para las celebraciones de la ADA, por lo que se sentía un poco raro con él. Vestía una camisa negra con rayas verticales blancas y una corbata negra.

Junto con unos zapatos de vestir, el resultado final fue fantástico. Todo el conjunto oscuro hacía que su pelo rojo y su tez blanca resplandecieran. Su pelo rojo estaba tan alborotado como siempre, a pesar de que Kunikida había usado casi un bote entero de gomina para intentar peinarlo.

Yosano escogió un vestido negro, por encima de las rodillas, escote de hombros caídos y con brillantes en la cintura. A modo de abrigo llevaba una americana negra con rayas, formando conjunto con la ropa de Oda. Los complementos eran plateados, para cerrar el look con los mismos brillos del vestido.

También llevaba el pelo suelto, sin velo, con una tiara de brillantes a juego. Naomi tuvo que luchar con ella para que se quitara la mariposa dorada de la cabeza, que al final Yosano guardó en el bolso por el miedo a perderla de nuevo.

Entre todos en la Agencia consiguieron mantener la tradición de que la novia llevara algo nuevo, algo usado y algo prestado. Al final estaba tan deslumbrante que Oda se quedó con la boca abierta cuando la vio, como si fuera la primera vez.

El resto de la ADA también estaban entusiasmados.

Hasta Akutagawa, con el gesto serio de siempre, había colaborado en la decoración usando a Rashomon. Durante la ceremonia, Kunikida tuvo que usar su libreta para crear pañuelos para todos. Incluso Fukuzawa lloró, aunque por supuesto lo negó y dijo que se le había metido algo en el ojo.

Y es que no era sólo una boda cualquiera. Era una ceremonia de adopción.

Los niños llevaban cuatro meses viviendo en un centro de acogida.

Cuando Pop intentó escolarizarlos, con toda su buena voluntad, las autoridades se enteraron de que los cinco huérfanos estaban viviendo en un restaurante y sin padres. Un delito. Al fin y al cabo, Pop les daba la residencia humilde que tenía, pero no era su tutor legal.

Tanto Oda como Yosano intercedieron en el proceso justificando que los dos cuidaban económicamente de los niños. Tampoco sirvió de nada. De nuevo, necesitaban un domicilio y unas figuras parentales que los mantuvieran de forma legal.

Así que los servicios sociales se los llevaron, mientras Oda gritaba y Yosano amenazaba con reventarles la cabeza. Lo que sólo empeoró las cosas. Los asistentes sociales les dejaron claro que los huérfanos sólo saldrían del centro de acogida si eran adoptados con el procedimiento normal, no con amenazas.

Era muy difícil para Pop, un hombre soltero a cargo de un negocio en ruinas que hacía a la vez de su casa. Oda y Yosano eran la mejor opción para ser tutores legales y, para poder acelerar el trámite, decidieron casarse. De todas formas, ya llevaban cuatro años de noviazgo e incluso habían hablado de ello con anterioridad.

Formar una hermosa familia feliz con padre y madre, domicilio estable, dos sueldos, y cinco niños. Era un sueño para los dos.

Necesitaban adoptar a los pequeños rápido, porque los habían separado en diferentes lugares. En Yokohama existían dos centros de acogida, uno más grande al que se llevaron a los cuatro niños mayores, y uno más pequeño al que se llevaron a Sakura, porque ya no quedaban plazas en el otro.

La niña estaba sola, rodeada de huérfanos como ella y cuidada por unas monjas desconocidas. Oda era un hombre religioso y estaba de acuerdo con ello, en cambio Yosano estaba furiosa con la gestión del centro.

Un mes después de la boda, cuando Oda y Yosano iniciaron el proceso, por fin pudieron ir a visitarlos.

Kousuke, Katsumi, Yuu y Shinji estaban tristes, pero bien cuidados. Al estar juntos y ser mayores, las cosas eran más fáciles para ellos. Sabían que nadie los iba a adoptar a esa edad, por lo que estaban tranquilos jugando entre ellos esperando a que llegara el momento de salir de allí.

Sakura, por otra parte, lloró desconsolada cuando fueron a visitarla. Se sentía abandonada y tenía miedo de que la apartaran para siempre a vivir con una familia que no fuera la suya. Al principio culpó a Pop, Oda y Yosano de haberla abandonado, hasta que le explicaron que estaba allí en contra de la voluntad de ellos.

Nadie se había molestado en explicarle nada. La habían metido en un coche y la habían dejado allí sin que supiera qué estaba pasando.

Les contó que la convivencia era horrible.

Por suerte, sólo tenía una compañera de cuarto, en su habitación de cuatro literas. Era amable con ella pero era mayor. Por lo que no acababan de congeniar del todo. La adolescente estaba más preocupada por los chicos y por el instituto que por el bienestar de la niña, como era habitual a su edad.

Las otras niñas se metían con ella y le robaban la ropa, hasta el punto de tener que poner su nombre en todas las etiquetas. Sakura intentó vengarse y tiró uno de los vestidos de ellas a la basura, el favorito de la líder, pero no obtuvo ningún efecto.

Su compañera de habitación se iba el fin de semana a visitar a unos familiares lejanos y, durante ese tiempo, Sakura se pasaba el día en el jardín escondiéndose de las demás chicas.

El trato de las monjas era cariñoso… pero eran monjas. Pop había decidido no educar a los niños en ninguna fe, para que pudieran creer en lo que quisieran cuando fueran adultos. Sakura tuvo un choque cultural y emocional en el centro de acogida.

Todas las mañanas, se levantaba con la radio de música religiosa que sonaba en los altavoces de las habitaciones. Todos los domingos estaba obligada a ir a misa y besar al cura. Y todas las noches, antes de ir a la cama, la hacían rezar el rosario, que ella desconocía.

Por encima de todo, estaban la culpa y el miedo. Le enseñaron que si hacía las cosas más sería culpable de sus pecados e iría al infierno. Sakura se esforzaba por no discutir, por pasar desapercibida, por no crear conflictos. Pero a veces no sabía si lo estaba haciendo bien.

Cuando las chicas mayores la acosaban, normalmente le echaban la culpa delante de las monjas. Aunque ella fuera la víctima. ¿Contaba eso como su culpa? ¿Iría al infierno por molestarlas? ¿Debería esforzarse más en agradar a los demás?

A parte de la soledad y el abandono, el centro de acogida le estaba creando un trauma religioso.

Oda y Yosano tenían que acelerar su adopción al máximo.

Una vez casados, recopilaron los papeles de su vivienda y los servicios sociales les hicieron varias visitas. Hasta miraron sus cuentas bancarias. Querían asegurarse de que estaban preparados para tener a cinco hijos a su cargo.

Ellos se desesperaban. El proceso era más largo y tedioso de lo que habían imaginado.

Cuando por fin los consideraron aptos para la adopción, a los niños les quedaban sólo tres meses de colegio. Les dijeron que tenían que esperar hasta finalizar el curso escolar, para no causar más daño a los pequeños. Un cambio de familia en medio de las clases sería devastador, dijeron.

Yosano quería de nuevo reventarles la cabeza, pero tuvo que mantener las formas por el bien de todos.

Ellos ya eran una familia antes de la adopción. Los que habían creado el trauma a los huérfanos habían sido las autoridades, no Oda ni ella. Todos llevaban juntos desde hacía años y los niños habían sido lo más felices que podían ser en su situación.

Al cabo de tres meses, tras una última valoración, por fin pudieron reunirse todos.

Fueron a los por los mayores primero, que estaban revolucionados y sonriendo como si no hubiera un mañana. Después fueron a por Sakura, que estaba llorando como cada vez que la veían. Llevaba una cadena con una cruz en el cuello.

Pero los cinco huérfanos, ahora hermanos, se fundieron en un gran abrazo. A ellos se unieron Oda y Yosano, sus nuevos padres. Por fin eran una gran familia feliz. Un gran sueño hecho realidad.

 

 

Notes:

Gracias por leer.

Has hecho el mundo un poco más maravilloso.

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