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En un mundo en donde las almas gemelas eran más que una creencia de alguna parte de la población, existía Mikage Reo.
—Reo, cariño, no olvides ponerte tu collar—su madre lo llamó, pero el pelimorado apareció frente a ella con su collar ya puesto.
—¿Cómo podría olvidarlo, madre?—cuestionó él con una sonrisa.
El collar básicamente era la señal de tu alma gemela. Al cumplir los cinco años, el collar grababa las iniciales de tu alma gemela, se quedaban ahí permanente, y, cuando la encontrabas, el collar brillaba de un color azul.
Reo ansiaba que eso le pasara, desde pequeño que ha querido conocer a su alma gemela. Se imaginaba encontrándose con esa persona, sus collares brillando azul, mientras el tiempo alrededor suyo pasa de manera lenta, enfocados en su propio mundo.
A los cinco años, su collar había grabado las iniciales "S.N" y Reo ya se estaba rindiendo en encontrar a una persona con esas iniciales.
Y cuando la encontraba, su collar no brillaba.
—¿Estás segura de que esta cosa no está rota?—cuestionó Reo agarrando su collar—Quizás ya me topé con mi alma gemela pero esto no brilló.
—No ha habido ningún caso de ese tipo, Reo—le dijo su madre—Tienes que ir con calma, aún eres joven. Hay personas que recién conocieron a su alma gemela a los treinta.
—Quizás mi alma gemela ni siquiera vive acá en Japón—Reo se quejó haciendo un puchero.
—Son almas gemelas por algo. En algún momento de la vida se van a conocer por cualquier cosa que haya surgido, sin importar de donde sean y por más imposible que parezca.
Bueno, eso era cierto, de eso se trataban las almas gemelas.
Los minutos habían pasado, Reo ya se había dirigido a su Instituto en el auto. Su chófer estacionó fuera del gran campus y Reo bajó, caminando para adentrarse en el lugar.
El pelimorado se detuvo al ver al equipo del Instituto jugando fútbol en la cancha. Reo bufó por lo bajo, todos y cada uno de ellos eran realmente malos para el deporte, pero se creían los mejores.
De pronto, un sonido salió de su collar, poniendo sus sentidos alerta. Lo tocó y lo envolvió con una de sus manos, observándolo con preocupación.
—Hey, ¿qué pasa?—cuestionó como si el objeto pudiera responderle.
—¡Oye, cuidado!—un grito llamó su atención y levantó la cabeza.
Se encontró con una escena bastante alarmante. El balón iba dirigido a toda velocidad hacia un chico de cabello blanco que se encontraba jugando en su celular en las gradas.
Reo nunca lo había visto por ahí, y eso que él conocía a todo el Instituto.
Su collar volvió a sonar, pero no pudo prestarle atención ya que su mirada fue totalmente cautivada por el chico albino. El balón había golpeado su celular, pero con un rápido movimiento él se lanzó hacia abajo, haciendo que el aparato cayera sobre su zapato.
—Vaya control...—murmuró Reo para sí mismo y se acercó un poco más.
Y entonces, ocurrió.
Un fuerte destello color azul salió de su collar, haciendo que le dolieran los ojos y que tuviera que entrecerrarlos un poco. El brillo apuntó hacia una persona, a la cual su collar también brillaba del mismo color y apuntaba hacia él.
¿Qué? ¿Era en serio?
El chico se quedó observándolo mientras que sostenía su celular, los jugadores que estaban entrenando se quedaron quietos, observándolos, y los estudiantes que iban llegando al campus dirigieron sus miradas curiosas hacia ellos.
—¿S N?—cuestionó Reo en voz alta para que el contrario lo escuchara.
—Seishiro Nagi—pronunció él y los ojos del pelimorado se abrieron en demasía.
—Eres tú...
Había encontrado a su alma gemela.
Por fin la había encontrado.
—¿Deberíamos celebrar este encuentro?—cuestionó uno de los jugadores y Reo le dedicó una sonrisa, aunque por dentro quería golpearlo.
—No es necesario.
Reo se sorprendió cuando Nagi se dio la vuelta y volvió a subir las gradas, así que lo siguió al instante mientras que el resto volvía a lo suyo.
—¡Oye! ¡Espera!—Reo exclamó subiendo atrás de él—¿Ni siquiera vas a preguntar mis iniciales?
—Son M y R, ¿no?—cuestionó Nagi volviendo a sentarse en lo más alto de las gradas, sin despegar su mirada del celular.
—Mikage Reo, sí, pero no preguntaste para estar seguro.
—Nunca ha habido un error en esto.
Reo soltó un suspiro cansado y tomó asiento a su lado, acercándose más a él para ver lo que estaba haciendo.
—¿Te gustan los juegos?—le preguntó con curiosidad y el contrario asintió con la cabeza.
—Es lo único que no es una molestia para mí.
—¿Una molestia?
Nagi apretó unas cosas en la pantalla y luego unos sonidos salieron del aparato, indicando que había muerto.
El chico se quedó observando un poco más la pantalla durante unos largos segundos y luego volteó a observar a Reo.
—No quiero hacer nada que requieran de esfuerzo, quiero holgazanear toda la vida—explicó de manera simple y el pelimorado lo miró sorprendido.
—Pero tuviste un increíble control al atrapar tu celular, serías una gran estrella de fútbol—Reo pronunció con algo de emoción.
—¿Te ves obligado a hablar conmigo porque somos almas gemelas?—la pregunta de Nagi lo descolocó un poco—No tienes que hacerlo si no quieres y si piensas que soy una persona aburrida.
—¡Claro que no!—Reo negó al instante—Me pareció asombroso lo que hiciste hace poco y lo de que seamos almas gemelas es la cereza del pastel. Me habría acercado a ti para hablarte de igual forma, aunque no lo hayamos sido.
Tenía que admitir que por dentro se encontraba saltando por haber encontrado a su alma gemela, pero estaba tratando de controlarse un poco. Además, era cierto, si Nagi no hubiera sido su alma gemela igual se le habría acercado a hablarle.
—¿Lo dices en serio?—Nagi lo observó con la misma expresión que ha tenido desde que lo conoció, pero en realidad se sentía algo sorprendido por las palabras de Reo.
—Lo digo en serio. Mira, hasta podemos jugar fútbol juntos y así conectamos más—sugirió el pelimorado sin borrar su sonrisa.
—No me gustan las cosas que requieren de esfuerzo—Nagi repitió sus palabras de antes y Reo soltó una risita.
—No te preocupes por eso, yo te ayudaré en lo que necesites.
Nagi abrió un poco la boca, parpadeando varias veces seguidas mientras que lo observaba. Reo era una persona bastante interesante.
—¡Juguemos fútbol juntos y conectemos como almas gemelas!—exclamó el pelimorado rodeando al contrario con uno de sus brazos.
Sorprendentemente, Nagi no quitó su mirada de él, se quedó observándolo con sorpresa mientras que un pequeño sonrojo se situaba en sus mejillas.
—De acuerdo... Pero Reo me consentirá, ¿cierto?
Las palabras de Nagi causaron cierta ternura en Reo.
—Claro que sí, siempre estaré para ti. De ahora en adelante serás mi tesoro.
Nagi volteó para que Reo no viera su sonrojo crecer.
—Creí que era tu alma gemela...—dijo esquivando su mirada y Reo rió un poco.
—Puedes ser ambas cosas si quieres.
—Me gusta como suena eso—admitió Nagi y los ojos de Reo brillaron.
—¡Ese es el espíritu!
—No tengo espíritu.
Reo volvió a reír y dejó de rodear a Nagi con su brazo para no hostigarlo tanto, lo que menos quería era que su alma gemela se sintiera incómodo con él.
Sin embargo, Nagi no estaba prestándole mucha atención a eso, su mente había ido a unos recuerdos que, aunque no quería admitirlo, aún lo atormentaban.
"—Nagi, no puedo creer que ya vayas a cumplir dieciséis años y que aún no hayas encontrado a tu alma gemela—dijo su madre con incredulidad, cruzada de brazos y mirándolo como si se tratara de cualquier cosa".
El caso de sus padres había sido especial, ellos se habían conocido a una muy corta edad y a los cinco, cuando en sus collares se grabaron las iniciales de su alma gemela, de inmediato salió una luz azul ya que se encontraban al lado al ya ser amigos.
Ello sí que eran las verdaderas almas gemelas y tenía sentido que se sintieran decepcionados de él.
—¿No te importa mucho que ya estemos algo mayores como para habernos conocido?
Reo se sorprendió por la pregunta de Nagi, pero después soltó una corta risita.
—¿Algo mayores? ¡La vida es larguísima! ¡Seguimos siendo jóvenes!—exclamó él—Además, mi madre me dijo que hay gente que no conoció a su alma gemela hasta los treinta años. Es una locura, ¿no? Pero todo va a su tiempo y seguro el destino quiso que las cosas fueran así.
Los ojos de Nagi brillaron al oír eso, por fin escuchando unas palabras de que le aseguraron que todo estaba bien, que no era una decepción por no haber encontrado a su alma gemela antes.
—Quiero estar Reo para el resto de mi vida—pronunció Nagi con seguridad luego de unos largos segundos de silencio.
Reo se sonrojó hasta las orejas al oír eso y tosió, desviando la mirada.
—Bueno, como almas gemelas debemos hacer eso, ¿no?
—Sí, pero también es un deseo mío, propio y naciente de mí.
Y Reo se sintió como la persona más feliz del mundo.
Pasaron días, los cuales se transformaron en meses. Nagi y Reo seguían pasando tiempo juntos, entrenaban y jugaban fútbol a petición de Reo, y a cambio, él consentía a Nagi.
Pero así estaba bien, se complementaba el uno al otro y se sentían felices estando juntos.
Reo sabía que lo que sentía por Nagi iba más allá de la amistad, pero por eso mismo no quería arruinarlo, así que prefirió guardar silencio y permanecer a su lado de cualquier manera.
—Te amo, Nagi—susurró Reo acariciando las hebras de un Nagi dormido, apoyado en un escritorio.
—Yo igual amo a Reo—esas suaves palabras salieron de los labios del contrario, haciendo que Reo se quedara congelado en su lugar.
—¿Qué?
Pero no obtuvo respuesta.
¿De verdad Nagi le había dicho que también lo amaba?
No sabía si había sido cierto o su imaginación, pero esa noche durmió con una tonta sonrisa plasmada en sus labios.
