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ANARQUÍA y ALIANZA — nagireo week

Summary:

Día dos de la nagireo week: royalty au.

Los pueblos de los reinos Uradia y Valmeria están pasando por una difícil situación, así que unos monjes deciden hablar con los reyes de los respectivos reinos para llegar a un acuerdo.

Work Text:

En la junta, los reyes se encontraban en silencio observando a su alrededor para tratar de no prestarle atención a la incómoda situación.

—Lamentamos la tardanza—se disculparon los monjes al llegar al lugar. Los reyes de inmediato se levantaron y los saludaron con respeto.

—Bueno, necesitaban hablar de algo con nosotros, ¿no?

Era extraño que los monjes citaran a una pareja de reyes de distintos reinos.

Los Mikage, reyes de Uradia.
Los Nagi, reyes de Valmeria.

—Ustedes como reyes son conscientes de que su pueblo está pasando por cosas difíciles—comenzó a decir uno de los monjes—Las reinas mujeres están escasas y el pueblo requiere de dos gobernantes, pero se viene el tiempo en el que los herederos tomarán el mando y ninguno de sus hijos tiene una acompañante para ayudarlo a gobernar.

—¿A qué quiere llegar, señor monje?—cuestionó la reina Mikage con el ceño fruncido. Ya veía hacia donde iba la conversación y no le gustaba para nada.

—Quiero proponer una alianza entre ambos reinos para que sus hijos, los herederos del trono, puedan manejar bien los reinos juntos.

Los reyes compartieron una mirada desconcertada, la desaprobación se veía en sus ojos.

—Lo lamento, pero no puedo permitir esto—negó de inmediato el rey Nagi—Nuestros hijos ni siquiera se conocen.

—Para eso vamos a organizar un baile en el que se conocerán.

—¿Una alianza? ¿Entre Uradia y Valmeria?—cuestionó el rey Mikage con incredulidad—Eso suena casi imposible.

—Pero no lo es—replicó uno de los monjes con seriedad—Además la decisión final será tomaba por sus hijos, los herederos, no por ustedes. Simplemente les estábamos compartiendo nuestra idea como ustedes son los reyes actuales.

Las dos reinas quedaron boquiabiertas por la respuesta del monje, mientras que los dos reyes fruncieron el ceño con molestia.

—Eso es todo por la reunión de hoy, deben decirle a sus hijos sobre esto.

Luego de decir eso los monjes salieron del lugar, dejando a las dos parejas de reyes en un ambiente algo tenso.

—No me gusta la idea...—comenzó a decir la reina Nagi—Pero es cierto que nuestro pueblo ha estado pasando por situaciones difíciles, y por las noticias que nos han llegado, el de ustedes igual. Nuestro pueblo es lo más importante para nosotros y haríamos lo que fuera para mantenerlo estable y feliz, así que si esta es la decisión correcta, concuerdo con el plan.

Los otros se quedaron pensativos por las palabras de la mujer.

—Tienes razón—suspiró la reina Mikage—Si es por nuestro pueblo estoy dispuesta a aceptar el plan de la alianza y unión de nuestros hijos.

—Recuerden que la decisión final es de ellos, todavía no sabemos si van a aceptar.

—Mi hijo va a aceptar—declaró con seguridad la reina Nagi.

Los reyes Mikage se preguntaron el porqué estaba tan segura de eso.

Y es que era bastante simple, a Nagi no le gustaban las chicas y este plan era la única forma en la que podía casarse con un chico.

—Esperemos que Reo acepte—comentó el rey Mikage—Aunque a él también le importa su pueblo, si le decimos que es por eso seguro aceptará.

Tal y como lo dijo el rey Mikage, Reo aceptó el plan, al igual que el joven Nagi Seishiro.

Y el día del baile llegó.

Nagi ya estaba preparado, listo en el palacio esperando a la llegada de los Mikage. Llegaron a un acuerdo de que el baile se realizaría en el palacio de Valmeria y eso a Nagi le pareció la mejor idea, ya que siendo sincero, le daba algo de miedo ir a un reino desconocido.

De pronto, toda la gente presente en el lugar guardó silencio y observaron a uno de los sirvientes del palacio aclararse la garganta.

—Los reyes Mikage de Uradia y su hijo heredero del trono—anunció y la gran puerta se abrió, con las tres personas presentadas ahí.

Los reyes se adentraron en la sala con su hijo siguiéndolos y Nagi se quedó embobado ante la vista.

El chico vestía un traje muy elegante color blanco con detalles dorados, su cabello morado estaba bien peinado y atado en una pequeña coleta con decoración de una rosa.

Era hermoso.

Los Mikage se acercaron a los reyes de Valmeria, ubicándose frente a ellos. Le hicieron una seña a su hijo, quien caminó hacia Nagi e hizo una reverencia hacia él.

—Un gusto, soy Mikage Reo del reino de Uradia—se presentó con cortesía.

Nagi imitó su acción, también presentándose.

—Soy Nagi Seishiro del reino de Valmeria, el gusto es mutuo.

Los reyes no pudieron evitar sonreír un poco ante la interacción de sus hijos.

—Bueno, nosotros estaremos por otra parte—les avisó la reina Mikage—Recuerden quedarse juntos y tratar de llevarse bien.

Ambos jóvenes asintieron con la cabeza, viendo como sus padres se alejaban mientras que charlaban ente ellos, intercambiando palabras algo incómodas.

Aún no se acostumbraban a la situación, pero hacían el intento.

—¿Quieres servirte algo para comer o beber?—le preguntó Nagi tratando de ser amable

Reo le echó un vistazo a la mesa con todos los aperitivos y bebestibles.

—De acuerdo.

Ambos se dirigieron a la mesa y sacaron algunas cosas para comer y beber, para luego ubicarse en una esquina, de pie y observando a la gente que charlaba entre ellos y otra gente que los miraba con curiosidad.

—Siento algo incómodo el hecho de que todos nos miran esperando a que hagamos algo...—comentó Reo en voz baja y Nagi lo observó de reojo.

—Si te incomoda podemos ir a otra parte—sugirió y Reo volteó a mirarlo con sorpresa.

—¿En verdad?

—Por supuesto.

Reo aceptó y los dos se perdieron por los pasillos del palacio. Nagi lo guió por la gran estructura, hasta que llegaron a una linda sala que tenía un balcón.

—Por si necesitas aire fresco—señaló el albino y el contrario sonrió un poco por el gesto.

—Te lo agradezco.

Reo se situó en el balcón, apoyándose mientras que comía del trozo de pastel que había sacado. Observó el paisaje, el pueblo se veía bastante bonito a lo lejos, pero algo abandonado, y entonces recordó que estaban teniendo unos problemas y que esa era la principal razón por la que estaban haciendo esta alianza.

—Este baile fue organizado para que nosotros interactuemos—comenzó a decir Reo y Nagi lo escuchó con atención—Entonces... Quería saber si vas a aceptar la alianza.

—Lo más probable es que acepte—respondió Nagi—La alianza es por una buena causa y nuestra unión solucionará muchos problemas... Además, sinceramente, no quería casarme con ninguna chica.

—¿Uh? ¿Por qué?—Reo lo miró con intriga.

—Porque prefiero a los chicos.

El pelimorado no se esperaba esa respuesta, pero aún así sonrió.

—Me alegra que me confíes esto... La verdad es que yo también prefiero a los chicos.

Nagi se sorprendió al oír eso.

—Bueno, comenzamos a entendernos...

Reo soltó una risita por aquel comentario y dejó el plato sobre una pequeña mesa que había en el balcón.

—Siendo sincero, me da miedo ser rey—comenzó a decir el pelimorado observando el paisaje—No sé si lo voy a poder hacer bien, es una responsabilidad muy grande y también hay mucha gente que necesita ayuda, así que no sé si voy a poder satisfacer a todos ellos... Espero tomar las decisiones correctas, pero, siendo heredero, he visto a mis padres con muchos problemas y los han manejado bastante bien, así que me pregunto si seré capaz de hacer lo mismo.

Nagi esperó a que Reo terminara de hablar, y cuando lo hizo, tomó la palabra.

—Entiendo completamente lo que sientes, hemos pasado por la misma situación. Desde pequeños nos han enseñado lo que es ser rey, hemos tenido el peso de ser los herederos del trono y nos la hemos pasado todos estos años preguntándonos si lo haremos bien—Nagi se acercó lentamente a Reo y tomó una de sus manos, dirigiéndola a su pecho—Por eso voy a aceptar esta alianza y esta unión, para que nos podamos apoyar entre nosotros y hacer que nuestros pueblos tengan una maravillosa vida. Claro, eso no significa que todo vaya a ser bueno, pero haremos el intento juntos.

Los ojos de Reo se cristalizaron al escuchar las palabras de Nagi, sus mejillas se sonrojaron y sus piernas temblaron un poco.

Esas eran las palabras que necesitaba oír.

Sin poder aguantar más, Reo se echó a llorar, apoyando su cabeza en el pecho de Nagi, quien lo abrazó y le susurró palabras de apoyo al oído.

—Muchas gracias... Por primera vez me siento comprendido por alguien—habló entre sollozos, sintiendo como la mano de Nagi acariciaba su espalda.

—Sentí lo mismo cuando comenzaste a expresarte.

Reo sonrió un poco y Nagi pudo sentir eso. Ambos se quedaron en esa posición por unos cuantos minutos más, hasta que una figura femenina apareció en la sala.

—Jóvenes herederos, lamento interrumpir—Anri, la asistente de Nagi, habló con expresión apenada. Los dos chicos se separaron de golpe—El baile ya va a comenzar, deben ir al salón principal.

—De acuerdo. Gracias por avisarnos, Anri.

La mujer les dedicó una linda sonrisa y luego se perdió por el pasillo.

—¿Vamos?—le preguntó Nagi a Reo, quien soltó un largo suspiro.

—Vamos.

Y ambos se dirigieron al salón principal.

Ya estando ahí, todas las miradas cayeron sobre ellos. Algunas personas susurraban cosas, probablemente hablando sobre como habían desaparecido juntos.

—Ahora, el baile de los dos jóvenes herederos del trono—anunció el mismo sirviente de antes y los músicos comenzaron a tocar su pieza musical.

Nagi y Reo compartieron una mirada, ubicándose en el centro de la sala y posicionándose para bailar.

—Esto es muy incómodo—murmuró Reo mientras que comenzaban a moverse al ritmo de la música. El pelimorado tenía sus brazos rodeando la nuca del contrario, mientras que el albino tenía sus manos brazos rodeando la cintura de Reo.

—¿Quieres que hablemos de algo? Así el tiempo pasa más rápido—sugirió Nagi y Reo estuvo de acuerdo.

—Bueno... Cuando era pequeño, mientras entrenaba defensa personal, pasé a romperle los dientes a mi maestro—confesó Reo y Nagi lo observó con los ojos muy abiertos.

—¿Qué?—preguntó y luego soltó una risa divertida—Vaya, pobre maestro... Pero al menos te defendiste, ¿no? De eso era la práctica.

—Así es, por eso no me regañó ni nada.

—En realidad, tampoco es como si hubiera podido regañarte—señaló Nagi—El poder que tiene cada uno es distinto, tú eras el heredero y él era un maestro.

No era por ser discriminatorio, pero era la verdad. Las posiciones y los rangos eran algo que se respetaban mucho.

Sus movimientos siguieron el ritmo suave de la música, sus cuerpos estaban pegados y sus miradas estaban fijas en el otro.

—Uh, supongo que tienes razón...

—Cuando era pequeño trataron de asesinarme—confesó Nagi y Reo abrió sus ojos en demasía—Fue un grupo de personas de otro reino que se oponía al nuestro. Por suerte, unos asistentes míos lograron salvarme a tiempo.

—Me alegra que hayan podido salvarte—comentó Reo con preocupación—Lamentablemente eso es algo muy común en los reinos, personas que se oponen atacando a los futuros herederos o a los mismos reyes. Aunque lo último es algo raro, ya que suelen ir a por el eslabón más débil.

Sin darse cuenta, la música ya había terminado y los presentes aplaudieron. Nagi y Reo se detuvieron, pero no se despegaron del otro.

—Chicos—llamaron los reyes—Ya pueden separarse.

Los dos se alejaron de inmediato, enrojeciendo por la vergüenza.

—Ahora viene el momento de la decisión—anunció el sirviente en voz alta—¿Los jóvenes herederos aceptarán la alianza de los reinos y la unión entre ellos?

Reo y Nagi compartieron una mirada para luego hablar.

—Aceptamos—dijeron al unísono, escuchando jadeos sorprendidos de los demás y a algunos celebrando por lo bajo.

Claro que también había gente que no estaba de acuerdo, pero no podían demostrarlo frente a los mismos reyes y herederos.

—Muy bien, la alianza entre Uradia y Valmeria fue aceptada.

Los monjes, quienes estaban de pie en una esquina de la sala, sonrieron con felicidad.

—Será un gusto poder estar contigo, Reo—Nagi dijo tomando su mano y depositando un beso en esta.

El pelimorado, nervioso, se puso rojo hasta las orejas, sin poder pronunciar ni una palabra mientras que observaba a Nagi.

Por el rabillo de su ojo, notó que los reyes les daban miradas sorprendidas y pícaras.

—E-Eh... Digo lo mismo, Nagi.

Y así, la alianza entre Uradia y Valmeria se formó, al mismo tiempo que la unión entre Mikage Reo y Nagi Seishiro.

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