Chapter Text
Aegon sabía que su madre tenía razón.
"Eres el único Alfa entre tus hermanos, Aegon, si tú no los proteges, ¿Entonces quién más lo hará?"
En ese momento el platinado le respondió que los guardias, Ser Criston o incluso ella misma, Alicent sólo lo miró, la resignación y la decepción plasmada en su mirada mientras abandonaba la habitación dejándolo solo.
Habían pasado cuatro días desde esa conversación con su madre, las cosas entre ellos seguían tensas. De hecho las cosas entre él y toda su familia lo estaban.
Aemond lo ignoraba y le daba malas miradas desde la broma que le hizo con el cerdo, Helaena siempre estaba metida en su mundo -y más ahora que su madre había decidido comprometerlos-, Daeron fue enviado a Antigua, su padre demasiado ocupado con sus deberes como rey, su abuelo siempre tratando de prepararlo como heredero y su madre ...
La situación con su mamá ni siquiera era de ahora, Aegon sabe que ni él ni sus hermanos fueron concebidos con amor, está consciente de que a su madre la obligaron a casarse y darle hijos a un rey muchos años mayor que ella, uno al que no amaba.
Aegon lo sabe, pero eso no quita que duela, porque a pesar de todo Alicent parece sólo huir de él, parece que únicamente le molesta su presencia. Y Aegon lo entiende, no es un niño perfectamente obediente como Aemond, no es increíblemente inteligente como Daeron, ni siquiera amable como la dulce Helaena.
Aegon es rebelde, odia ir a clases con los maestres, es tosco, sarcástico, borracho, irresponsable, desinteresado, lujurioso, bromista, no sabe pedir perdón, es perezoso y mimado.
Él puede entender que su mamá no quiera verlo ahora, pero sigue sin entender porque era así incluso cuando era un niño.
--Mierda, será mejor que deje el vino por hoy.
La cabeza le estaba matando, pero beber fue la única manera que encontró para olvidarse de la horrible situación que se vivió en el funeral de Laena Velaryon.
Dioses, lo tensos que estuvieron todos.
Aunque tiene que admitir que de hecho sí sintió pena por las dos niñas -que ahora eran huérfanas-, que lloraban desconsoladas por la muerte de su madre y hermano no nato.
Agh ... mi cabezaaaa.
Poniéndose de pie con dificultad al sentir que toda la habitación daba vueltas, Aegon se apresuró a salir de ella en dirección a la habitación de su hermano menor.
Después de haberlo pensado por un muy buen tiempo se dio cuenta que el sentimiento de culpa por fin había llegado a él, así que buscando que desaparezca -y que tal vez su mamá le dedique una sonrisa- se decidió a pedirle perdón, sólo un par de palabras y la boba promesa de que podrían buscar un huevo de dragón para él.
Sí, eso tenía que bastar.
Convencido entonces de que eso sería suficiente se tambaleó, mientras llamaba a la puerta de una manera no tan discreta.
Sin embargo su hermano parecía estar demasiado cansado, porque no le abrió la puerta, y de hecho él debería respetar que era muy entrada en la noche y volver a su habitación, pero estaba borracho y no se iba a ir de ahí hasta que Aemond aceptara sus disculpas.
Así que empujando las puertas de una manera algo ruidosa, Aegon se adentró a la recámara.
Pero Aemond no estaba.
¿Qué mierda?
Su hermanito menor, el siempre obediente y educado Aemond no estaba en su habitación dormidito como se supone debería de estarlo. Entonces Aegon se rió, soltó una fuerte carcajada mientras pasaba su mano por sus ojos para aclarar su vista, porque al parecer Aemond no es tan perfecto como parece.
Y los dioses saben que eso era un respiro para él.
Dándose cuenta que sus disculpas tendrían que esperar hasta que amaneciera se dispuso a volver a su habitación, y lo estaba haciendo hasta que escuchó el rugido de un dragón.
Y siguiendo él ebrio y siendo curioso por naturaleza no pudo quedarse ahí, buscó la salida más cercana que diera hacia la playa, a la cual le tomó llegar varios minutos por lo mareado que aún se encontraba.
Podía sentir el olor salado del mar, el viento haciéndose más fuerte mientras más avanzaba, la imagen de Rhaenyra y su tío Daemon besándose en un oscuro pasillo ... ¿Qué?
Aegon sacudió la cabeza para despejarse, vaya que el vino realmente lo embriagó mucho esta vez.
Porque no podía ser cierto, ¿Verdad?
Carajo.
Su media hermana sí que no perdía el tiempo.
Decidiendo que después de todo no era su problema en absoluto, siguió caminando hasta llegar a la salida, el olor a mar se sentía más fuerte, el ruido de las olas se escuchaba perfectamente, casi tan perfecto como las voces de sus sobrinos y su hermano.
...
Mierda.
Apresurando su paso y casi cayéndose en el intento, Aegon descubrió lo que pasaba.
Jacaerys, Lucerys, las dos niñas huérfanas, e incluso el pequeño Joffrey estaban ahí.
Peleando.
Contra Aemond.
Doble mierda.
Aegon se quedó quieto sin saber que hacer exactamente cuando vio que su hermano contra todo pronóstico derribaba a su sobrino mayor contra la arena, empujaba a una de las niñas y se levantaba con una roca en la mano como muestra de amenaza.
Fue ahí cuando reaccionó.
--¡Aemond!
Gritó mientras corría al darse cuenta que a la par en que Aemond se levantaba con la roca en la mano, Lucerys alcanzaba una daga que estaba tirada en la arena.
Sabía que no podía llegar a su hermano, así que se tiró a tratar de inmovilizar al segundo mocoso de Rhaenyra hasta que suelte la daga.
Fue cuestión de segundos, Aegon estaba tirado en la arena de espaldas mientras abrazaba al niño de nueve años y este gritaba para que lo suelte.
Ahí fue cuando pasó, escuchó el grito de su hermano, el peso de Lucerys desapareciendo de encima de él y siendo sustituido por un peso mayor ... entonces el dolor horrible y punzante comenzó en su cuello.
El príncipe mayor se quedó unos instantes en shock mientras asimilaba todo el dolor que pronto se expandía por su cuerpo, las lágrimas empezaron a salir de sus ojos incluso antes de que el estruendoso grito que alertaría a los guardias escapara de sus labios.
Por favor que todo esto sea una pesadilla.
